El Nombre Eterno

El Púlpito de la Capilla New Park Street

El Nombre Eterno

NO. 27

Sermón predicado el Domingo 27 de Mayo, 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En Exeter Hall, Strand, Londres

«Será su nombre para siempre.» — Salmo 72: 17.

Ninguna persona aquí presente requiere que se le diga que este es el nombre de Jesucristo, que «será para siempre.» Los hombres han afirmado acerca de muchas de sus obras: «permanecerán para siempre;» ¡pero cuánto se han desilusionado! En el período posterior al diluvio, los hombres construyeron ladrillo, recogieron asfalto, y cuando estaban construyendo la antigua torre de Babel, dijeron: «permanecerá para siempre.» Pero Dios confundió su lengua; no la pudieron terminar. Con Sus rayos la destruyó, dejándola como monumento a la insensatez de los hombres.

El viejo Faraón y los monarcas egipcios apilaron sus pirámides, y dijeron: «permanecerán para siempre,» y en efecto, permanecen hasta el día de hoy; pero se acerca el momento cuando el deterioro las devorará aun a ellas. Lo mismo sucede con las más portentosas obras del hombre, ya sea que se trate de templos o de monarquías, él ha escrito «para siempre» sobre ellas; pero Dios ha ordenado su fin, y han desaparecido. Las cosas más estables se han desvanecido como sombras y burbujas de una hora, y han sido destruidas prontamente por el mandato de Dios.

¿Dónde está Nínive, y dónde está Babilonia? ¿Dónde están las ciudades de Persia? ¿Dónde están los lugares altos de Edom? ¿Dónde está Moab, y dónde están los príncipes de Amón? ¿Dónde están los templos o los héroes de Grecia? ¿Dónde están los millones que pasaron por las puertas de Tebas? ¿Dónde están las huestes de Jerjes, o dónde los vastos ejércitos de los emperadores romanos? ¿Acaso no han desaparecido?

Y aunque en su orgullo dijeron: «esta es una monarquía eterna: esta reina de las siete colinas será llamada la ciudad eterna,» su orgullo se ha entenebrecido; y la que estaba sola y decía: «Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda,» ha caído, ha caído, y muy pronto se hundirá como se hunde una piedra de molino en la inundación y su nombre será una maldición y objeto de burla, y su lugar será habitación de lagartijas y de búhos.

El hombre llama a su obra eterna; Dios la llama pasajera. El hombre piensa que sus obras están hechas de piedra; Dios dice: «No, están hechas de arena; o peor aún: son aire.» El hombre afirma que construye sus obras para la eternidad; Dios las sopla un instante, y ¿dónde están? Como el tejido de una visión que se evapora, pasan y parten para siempre.

Es muy reconfortante, entonces, descubrir que hay una cosa que va a permanecer para siempre. Hoy espero poder hablar de ese algo, si Dios me da la capacidad de predicar, y a ustedes les da la capacidad de escuchar. «Será su nombre para siempre.» En primer lugar, la religión santificada por Su nombre permanecerá para siempre; en segundo lugar, el honor de Su nombre permanecerá para siempre; y en tercer lugar, el poder de Su nombre que salva y que consuela, permanecerá para siempre.

I. Primero, la religión del nombre de Jesús va a permanecer para siempre. Cuando los impostores forjaron sus engaños, albergaban la esperanza de que tal vez, en una época distante, podrían arriar al mundo ante ellos, y si veían a unos pocos seguidores congregarse alrededor de su estandarte, ofreciendo incienso en su santuario, entonces sonreían diciendo: «mi religión brillará más que las estrellas y durará toda una eternidad.» ¡Pero, cuán equivocados han estado! ¡Cuántos sistemas falsos han surgido y se han desvanecido! Algunos de nosotros hemos visto, aun en nuestra corta vida, sectas que han crecido en una sola noche como la calabacera de Jonás, y que desaparecieron con la misma prontitud. También hemos visto a algunos profetas que se han levantado y que han tenido su hora: sí, han tenido su día, al igual que todos los perros, pero también como los perros, su día ha transcurrido, y el impostor, ¿dónde está? ¿Y el máximo engañador, dónde está? Ido y cesado.

Puedo decir que esto es especialmente aplicable a los sistemas de infidelidad. ¡Cómo ha cambiado en los últimos ciento cincuenta años el poder jactancioso de la razón! Ha construido algo, y al día siguiente se ha burlado de su propia obra, ha demolido su propio castillo, y ha construido otro, y un tercero al otro día. Una vez apareció con el atuendo de un tonto con sus campanitas, anunciado por Voltaire; otra vez vino en la forma de un buscapleitos bravucón, como Tom Paine; luego cambió su curso y asumió otra forma, hasta que en verdad lo encontramos ahora en el secularismo bajo y bestial de nuestros días, que no mira sino sólo a la tierra, mantiene su nariz al nivel del suelo, y tal como una bestia, piensa que este mundo lo es todo, o espera encontrar otro mundo por medio de la búsqueda de este mundo.

Bien, antes que un solo cabello de mi cabeza se torne gris, el último propugnador del secularismo se habrá marchado; antes de que muchos de nosotros cumplamos cincuenta años, una nueva infidelidad habrá aparecido, y a quienes preguntan: «¿dónde estarán los santos?» les podemos preguntar: «¿dónde estás tú?» Y ellos responderán: «hemos cambiado nuestros nombres.» Habrán cambiado sus nombres, habrán asumido una fresca figura, se habrán vestido con una nueva forma de mal; pero su naturaleza todavía será la misma, oponiéndose a Cristo, y esforzándose por blasfemar Sus verdades.

En todos sus sistemas de religión, o de irreligión (pues ese también es un sistema) puede escribirse: «se evapora: se marchita como una flor, es fugaz como un meteoro, frágil e irreal como el vapor.» Pero de la religión de Cristo se dirá: «Será su nombre para siempre.» Permítanme decir ahora unas cuantas cosas; no demostrarlo, pues no deseo hacer eso; sino darles unas cuantas sugerencias por medio de las cuales pueda algún día demostrarlo a otras personas, que la religión de Jesucristo debe inevitablemente permanecer para siempre.

Y en primer lugar, preguntamos a quienes piensan que pasará, ¿cuándo ha habido un momento en que ese nombre no ha existido? Les preguntamos que si pueden señalar con el dedo algún período cuando la religión de Jesús era algo desconocido: «Sí,» responderán, «antes de los días de Cristo y de Sus apóstoles.» Pero nosotros decimos: «Para nada, Belén no fue el lugar de nacimiento del Evangelio; aunque Jesús nació allí, ya existía un Evangelio mucho antes del nacimiento de Jesús, un Evangelio que ya era predicado, aunque no era predicado con toda la sencillez y la simplicidad con que lo escuchamos ahora. Había un Evangelio en el desierto del Sinaí, aunque puede confundirse con el humo del incienso, y sólo puede ser visto a través de las víctimas sacrificadas. Sin embargo, había un Evangelio allí.»

Sí, más aún, los podemos llevar tiempo atrás, hasta los agradables árboles del Edén, donde los frutos maduraban perpetuamente, y el verano era permanente, y les decimos que en medio de estos bosques había un Evangelio, y les dejamos escuchar la voz de Dios, cuando le hablaba al hombre infiel, diciéndole: «la simiente de la mujer herirá la cabeza de la serpiente.»

Y habiéndolos llevado hasta ese momento en el tiempo, preguntamos: «¿dónde nacieron las religiones falsas? ¿Cuál fue su cuna?» Nos señalan a Meca, o se vuelven en dirección a Roma, o hablan de Confucio, o de los dogmas de Buda. Pero nosotros decimos que ustedes se dirigen solamente a una oscuridad distante; nosotros los llevamos a la primerísima edad; los conducimos a los días de pureza; los llevamos otra vez al tiempo cuando Adán pisó por primera vez la tierra. Y entonces les preguntamos que si no es probable que como Evangelio primogénito, no será también el último en morir; y como nació tan temprano, y todavía existe, en tanto que tantas cosas efímeras se han extinguido, si no parece ser más probable que, cuando todos los otros hayan perecido como la burbuja sobre la ola, solamente nadará éste, como un buen barco sobre el océano, y todavía llevará a millares de almas, no a la tierra de las sombras, sino a través del río de la muerte, a las llanuras del cielo.

A continuación preguntamos, suponiendo que se extinguiera el Evangelio de Cristo, ¿cuál religión va a suplantarlo? Le preguntamos al sabio, que afirma que el cristianismo va a morir pronto, «le ruego que me diga, señor, ¿qué religión vamos a tener en lugar del cristianismo? ¿Vamos a tener los engaños de los paganos, que se inclinan ante sus dioses y adoran imágenes de madera y piedra? ¿Tendrán las orgías de Baco, o las obscenidades de Venus? ¿Verán a sus hijas inclinándose una vez más ante Tammuz, o llevarán a cabo ritos obscenos como los que se hacían antes? No, ustedes no soportarían tales cosas; ustedes dirían: «esto no debe ser tolerado por hombres civilizados.» «Entonces, ¿qué quisieran tener? ¿Quisieran tener al catolicismo romano con todas sus supersticiones?» Ustedes dirán: «No, Dios nos libre, nunca.»

Pueden hacer lo que quieran con Inglaterra; pero este país es muy sabio para aceptar a los Papas de nuevo mientras dure el recuerdo de Smithfield, que conserva uno de los rastros de los mártires; ay, mientras respire un hombre que se considere libre, y que se guíe por la constitución de la Vieja Inglaterra, no podemos retomar el catolicismo romano. Ese grupo puede prosperar con sus supersticiones y su clericalismo; pero al unísono, quienes me escuchan, responderían: «No aceptaremos a un Papa.»

Entonces, ¿qué escogerán? ¿Será acaso la religión musulmana? ¿Elegirían eso, con todas sus fábulas, toda su maldad y su carácter libidinoso? No les voy a hablar de eso. Ni les voy a mencionar la impostura maldita de Occidente, que se ha presentado recientemente. No vamos a permitir la poligamia, mientras haya hombres que amen el círculo social, y no toleren verlo invadido. No desearíamos, cuando Dios ha dado una esposa a un hombre, que éste se agencie veinte esposas, como compañeras de ese hombre. No podemos preferir a los mormones; no queremos hacerlo y no lo haremos.

Entonces, ¿qué tendremos en lugar del cristianismo? «¡Infidelidad!» exclaman ustedes, ¿no es cierto, señores? ¿Qué promueven muchos de ellos? Enfoques comunistas y el desgarro de toda la sociedad tal como está establecida actualmente. ¿Desearían Reinos de Terror aquí, como los tuvieron en Francia? ¿Quieren ver a toda la sociedad resquebrajada, y a los hombres errantes como monstruosos témpanos de hielo en el mar, chocando unos contra otros, y siendo destruidos completamente al final? ¡Dios nos libre de la infidelidad!

¿Qué pueden tener, entonces? Nada. No hay nada que pueda sustituir al cristianismo. ¿Qué religión le vencerá? No hay ninguna que se pueda comparar con el cristianismo. Si recorremos todo el globo terráqueo y buscamos desde Inglaterra hasta el Japón, no encontraríamos ninguna religión tan justa para Dios y tan segura para el hombre.

Le preguntamos al enemigo una vez más. Supongamos que encontráramos una religión que fuera preferible a la religión que amamos, ¿por qué medios aplastarías a la nuestra? ¿Cómo te desharías de la religión de Jesús? Y ¿cómo suprimirías Su nombre? Seguramente, señores, no pensarían nunca en la vieja práctica de la persecución, ¿o sí? ¿Probarían una vez más la eficacia de la pira y de la hoguera, para quemar el nombre de Jesús? ¿Probarían el potro de tormento y los tornillos insertados en los pulgares? ¿Nos aplicarían otros instrumentos de tortura? Inténtenlo, señores, y no apagarán al cristianismo.

Cada mártir, mojando su dedo en su propia sangre, escribiría al morir sus honores en el cielo, y la misma flama que se elevaría al cielo engalanaría las nubes con el nombre de Jesús. Ya se ha probado la persecución. Recordemos los Alpes; dejen que hablen los valles del Piamonte; dejen que Suiza dé su testimonio; que hable Francia, con su noche de San Bartolomé, e Inglaterra con todas sus masacres. Y si no han podido aplastarla todavía, ¿esperan poder hacerlo? ¿Sí lo esperan? De ningún modo. Podríamos encontrar mil personas, y diez mil si fuese necesario, que estarían prestas a marchar a la hoguera mañana: y cuando fueran quemadas, si pudieras ver sus corazones, verías que en cada uno de ellos está grabado el nombre de Jesús. «Será su nombre para siempre;» entonces, ¿cómo podrán destruir nuestro amor por Él?

«¡Ah!» responden, «vamos a intentar unos medios más blandos que eso.» Pues bien, ¿qué intentarían? ¿Inventarían una religión mejor? Los invitamos a que lo hagan, y dígannos de qué se trata; no los creemos capaces de tal descubrimiento. ¿Entonces qué? ¿Van a despertar a alguien que nos engañe y haga que nos descarriemos? Los invitamos a que lo hagan; pues no es posible engañar a los elegidos. Podrán engañar a la multitud, pero los elegidos de Dios no serán confundidos. Ya lo han intentado. ¿Acaso no nos han dado al Papa? ¿No nos han asediado con las doctrinas de Pussey? ¿No nos están tentando con el arminianismo al por mayor? Y ¿acaso por eso renunciamos a la verdad de Dios?

No; hemos adoptado esto como nuestro lema, y por él nos guiamos: «La Biblia, toda la Biblia y únicamente la Biblia,» es todavía la religión de los protestantes; y exactamente la misma verdad que movió los labios de Crisóstomo, la vieja doctrina que cautivó el corazón de Agustín, la vieja fe que Atanasio declaró, la antigua doctrina buena que Calvino predicó, es ahora nuestro Evangelio, y con la ayuda de Dios, permaneceremos en él hasta nuestra muerte. ¿Cómo lo apagarán? Si desean hacerlo, ¿dónde pueden encontrar los medios? No están a su alcance. ¡Ja, ja, ja, nos reímos de ustedes con desprecio!

Pero lo van a apagar, ¿no es cierto? Lo intentarán, dicen ustedes. Y ¿esperan lograr su propósito? Sí; sé que lo harán, cuando hayan aniquilado al sol; cuando hayan apagado la luna con las gotas de sus lágrimas; cuando se hayan bebido todo el océano dejándolo seco. Entonces lo harán. Y sin embargo, ustedes dicen que lo harán.

A continuación, yo pregunto, supongamos que lo hicieran, ¿qué sería del mundo entonces? ¡Ah!, si fuera elocuente esta noche, tal vez se los podría decir. Si pudiera tomar prestado el lenguaje de un Robert Hall podría colgar al mundo en el luto; podría convertir al océano en el mayor doliente, con sus cantos fúnebres de aullantes vientos y con su salvaje marcha mortal de olas desordenadas; yo podría vestir a toda la naturaleza, no con mantos de verde, sino con vestiduras de un negro sombrío; les pediría a los huracanes que gritaran su lamento solemne (ese alarido de la muerte de un mundo) pues ¿qué sería de nosotros si perdiéramos el Evangelio?

En cuanto a mí se refiere, yo gritaría: «¡Dejen que me largue!» No tendría ningún deseo de estar aquí sin mi Señor; y si el Evangelio no fuese verdadero, yo bendeciría a Dios si me aniquilara en este instante, pues no me importaría vivir si ustedes pudieran destruir el nombre de Jesucristo. Pero que un solo hombre fuera miserable no sería todo, pues hay miles y miles que pueden hablar como yo. Además, ¿en qué se convertiría la civilización si pudieran eliminar al cristianismo? ¿Dónde estaría la esperanza de paz perpetua? ¿Dónde los gobiernos? ¿Dónde las escuelas dominicales? ¿Dónde estarían todas sus sociedades? ¿Dónde cualquier cosa que mejore la condición del hombre, reforme su conducta, y moralice su carácter? ¿Dónde?

Dejen que el eco responda: «¿dónde?» Todo eso desaparecería y no quedaría ningún rastro de ello. Y ¿dónde, oh hombre, estaría tu esperanza del cielo? Y ¿dónde el conocimiento de la eternidad? ¿Dónde estaría la ayuda para atravesar el río de la muerte? ¿Dónde un cielo? Y ¿dónde la bendición eterna? Todo eso desaparecería si Su nombre no permaneciera para siempre. Pero estamos seguros de ello, lo sabemos, lo afirmamos, lo declaramos; creemos, y siempre lo haremos, que «Será su nombre para siempre» ay, ¡para siempre! Que trate de impedirlo quien quiera.

Este es mi primer punto; tendré que decir con aliento entrecortado el segundo punto, aunque siento tanto calor interno así como externo, que quiera Dios que pueda hablar con todas mis fuerzas, como debo hacerlo.

II. Pero, en segundo lugar, tanto como Su religión, también el honor de Su nombre permanecerá para siempre. Voltaire decía que él vivía en el crepúsculo del cristianismo. Quería decir una mentira; dijo una verdad. En efecto, él vivía en su crepúsculo; pero era el crepúsculo que precede a la mañana; no el crepúsculo de un anochecer, como quiso decir; pues viene la mañana en que la luz del sol va a irrumpir sobre nosotros con su gloria más verdadera.

Los burladores han dicho que debemos olvidarnos pronto de honrar a Cristo, y que un día, ningún hombre habrá de reconocerlo. Ahora, nosotros afirmamos otra vez, con las palabras de mi texto: «Será su nombre para siempre,» dándole el honor debido. Sí, yo les diré cuánto tiempo va a permanecer. Mientras haya en esta tierra un pecador que ha sido reclamado por la gracia Omnipotente, el nombre de Cristo permanecerá; mientras haya una María lista para lavar Sus pies con lágrimas, y secarlos con los cabellos de su cabeza; mientras respire el mayor de los pecadores que se ha lavado en la fuente abierta que lava el pecado y la impureza; mientras exista un cristiano que ha puesto su fe en Jesús, y que ha encontrado en Él su deleite, su refugio, su albergue, su escudo, su canción, y su gozo, no hay ningún temor de que el nombre de Jesús deje de ser escuchado.

No podemos renunciar nunca a ese nombre. Dejemos que el unitario tome su evangelio sin una Deidad en él; dejemos que niegue a Jesucristo; pero mientras los cristianos, los verdaderos cristianos, vivan, mientras nosotros gustemos que el Señor sea lleno de gracia, y tengamos manifestaciones de Su amor, visiones de Su rostro, susurros de Su misericordia, seguridades de Su afecto, promesas de Su gracia, esperanzas de Su bendición, no podemos cesar de honrar Su nombre.

Pero si todas estas cosas desaparecieran; si nosotros cesáramos de cantar Su alabanza, ¿sería olvidado acaso el nombre de Jesucristo? No; las piedras cantarían, las colinas formarían una orquesta, las montañas saltarían como carneros, y los cerros como ovejas, ¿acaso no es Él su creador? Y si estos labios, y los labios de todos los mortales se volvieran mudos en un instante, hay suficientes criaturas aparte de nosotros en este ancho mundo. Si así fuera, el sol dirigiría al coro; la luna tocaría su arpa de plata, y cantaría acompañando su melodía; las estrellas danzarían en sus rutas preestablecidas; las profundidades sin límites del éter serían el hogar de muchas canciones; y la inmensidad vacía estallaría en una gran exclamación: «Tú eres el glorioso Hijo de Dios; grandiosa es Tu majestad, e infinito Tu poder.»

¿Puede ser olvidado el nombre de Dios? No; está pintado en los cielos; está escrito en las inundaciones; los vientos lo susurran; las tempestades lo proclaman; los mares lo cantan; las estrellas lo brillan; las bestias lo braman; los truenos lo despliegan con estruendo; la tierra lo grita; y el cielo sirve de eco. Pero si todo eso desapareciera, si este grandioso universo se disolviera todo en Dios, de la misma manera que la espuma se disuelve en la ola que la acarrea, y se pierde para siempre, ¿sería olvidado Su nombre? No. Vuelvan sus ojos hacia aquel lugar allá; vean la tierra firme del cielo. «Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?» «Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo.» Y si estos desaparecieran; si la última arpa de los glorificados hubiera sido tocada por los postreros dedos; si la última alabanza de los santos se hubiera extinguido; si el último aleluya hubiera resonado a lo largo de las bóvedas del cielo ya desiertas, vueltas lúgubres para entonces; si el último inmortal hubiera sido sepultado en su tumba (si existieran tumbas para los inmortales) ¿cesaría entonces Su alabanza? No, ¡cielos! no; pues allá están los ángeles; ellos también cantan Su gloria; a Él, los querubines y los serafines entonan himnos sin cesar, cuando mencionan Su nombre en ese coro tres veces santo: «Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos.»

Pero si éstos perecieran; si los ángeles fueran barridos, si el ala del serafín no volviera a agitar el éter; si la voz del querubín no volviera a cantar nunca su soneto ardiente, si las criaturas vivientes dejaran de cantar su coro eterno, si las mesuradas sinfonías de gloria se extinguieran en el silencio, ¿estaría perdido Su nombre entonces? ¡Ah! no; pues Dios se sienta en Su trono, el Eterno, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Y si todo el universo fuera aniquilado, aún se escucharía Su nombre, pues el Padre lo oiría, y el Espíritu lo oiría, y permanecería grabado profundamente sobre el mármol inmortal de la roca de las edades: Jesús el Hijo de Dios; igual con Su Padre. «Será su nombre para siempre.»

III. Y también permanecerá el poder de Su nombre. ¿Quieres saber en qué consiste? Déjame decírtelo. ¿Ves a aquel ladrón allá colgado de una cruz? Mira a los demonios al pie de ella, con sus bocas abiertas, haciéndose ilusiones con el dulce pensamiento que otra alma les dará alimento en el infierno. Mira al pájaro de la muerte, batiendo sus alas sobre la cabeza de ese pobre infeliz; la venganza pasa y lo sella con el sello de su propiedad; en lo profundo de su pecho está escrito: «un pecador condenado;» en su frente hay un sudor pegajoso, colocado allí por la agonía y la muerte. Mira a su corazón: está sucio con la costra de años de pecado; el humo de la lascivia permanece dentro, en negros festones de tinieblas; su corazón entero es el infierno condensado.

Ahora míralo. Está muriéndose. Un pie parece estar en el infierno; el otro se tambalea en vida: sólo sostenido por un clavo. Hay un poder en el ojo de Jesús. Ese ladrón mira: susurra: «Señor, acuérdate de mí.» Vuelve a mirar allí. ¿Ves a ese ladrón? ¿Dónde está ese sudor pegajoso? Allí está. ¿Dónde está esa horrible angustia? Ya no está allí. Hay una clara sonrisa en sus labios. Los demonios del infierno, ¿dónde están? Ya no hay ninguno: más bien un luminoso serafín está presente, con sus alas extendidas, y sus manos listas para arrebatar esa alma, convertida ahora en una joya preciosa, y llevarla a lo alto, al palacio del grandioso Rey.

Mira dentro de su corazón: está blanco de pureza. Mira su pecho: ya no está escrita la palabra: «condenado,» sino: «justificado.» Mira en el libro de la vida: su nombre está grabado allí. Mira en el corazón de Jesús: allí, en una de las piedras preciosas, Él lleva el nombre de ese pobre ladrón. ¡Sí, una vez más, mira! ¿Ves a ese ser brillante en medio de los glorificados, más luminoso que el sol, más claro que la luna? ¡Ese es el ladrón! Ese es el poder de Jesús; y ese poder permanecerá para siempre. Quien salvó al ladrón, puede salvar al último hombre que viva sobre la tierra; pues todavía:

«Hay una fuente que desborda sangre,
Procedente de las venas de Emanuel;
Los pecadores que se hunden en esa sangre,
Pierden todas las manchas de su culpa.El ladrón agonizante se gozó al ver
Esa fuente en su día;
Y allí yo también, tan vil como él,
He lavado todos mis pecados.¡Amado Cordero agonizante! Esa preciosa sangre
Nunca perderá Su poder,
Hasta que toda la iglesia redimida de Dios
Sea salva para no pecar más.»

Su nombre poderoso permanecerá para siempre.

Y ese no es todo el poder de Su nombre. Permítanme llevarlos a otra escena, y ustedes serán testigos de algo un poco diferente. Allí, en ese lecho de muerte, yace un santo; no hay ninguna tristeza en su rostro, ni hay terror en su expresión. Sonríe débil pero plácidamente; gime, tal vez, pero sin embargo canta. Suspira a ratos, pero más a menudo prorrumpe en exclamaciones. Ponte a su lado. «Hermano mío, ¿qué te lleva a contemplar el rostro de la muerte con tal gozo?» «Jesús,» susurra. «¿Qué te conduce a estar en placidez y calma?» «El nombre de Jesús.» ¡Date cuenta que él olvida todo! Hazle una pregunta; no la puede responder. No te puede entender. Aún así, sonríe. Su esposa llega y le pregunta: «¿sabes mi nombre?» Él responde: «No.» Su amigo más querido le solicita recordar la intimidad que habían desarrollado. «No te conozco,» le dice. Sin embargo, si le susurras al oído: «¿conoces el nombre de Jesús?» sus ojos despiden gloria, y su rostro refleja el cielo, y sus labios recitan sonetos, y su corazón estalla de eternidad; pues el oye el nombre de Jesús, y ese nombre permanecerá para siempre. El mismo que llevó a uno al cielo, me llevará también a mí. ¡Ven, oh muerte! Voy a mencionar allí el nombre de Cristo. ¡Oh tumba! Esta será mi gloria, ¡el nombre de Jesús! ¡Perro del infierno! Esta será tu muerte, pues el aguijón de la muerte ha sido extraído: Cristo nuestro Señor. «Será su nombre para siempre.»

Tenía cientos de cosas especiales que les hubiera querido presentar; pero mi voz me falla, así que es mejor que me detenga. No van a requerir nada más de mí hoy, ustedes se dan cuenta de la dificultad con que hablo cada palabra. ¡Espero que Dios las aplique en sus corazones! Yo no estoy particularmente ansioso en relación a mi propio nombre, si va a durar para siempre o no, siempre que esté registrado en el libro de mi Señor. Cuando a George Whitfield le preguntaron si fundaría una denominación, dijo: «No; nuestro hermano Wesley puede hacer como le plazca, pero dejen que mi nombre se extinga; que el nombre de Cristo permanezca para siempre.» ¡Amén a eso! Que mi nombre se disuelva; pero que el nombre de Cristo permanezca para siempre.

Estaré contento si me olvidan cuando se hayan marchado. La mitad de estos rostros, no los volveré a ver otra vez, me atrevo a decir; tal vez no serán persuadidos jamás a entrar dentro de los muros de una asamblea; tal vez considerarán que no es lo suficientemente respetable asistir a una reunión Bautista. Bien, yo no digo que nosotros seamos gente respetable; no afirmamos que lo somos; pero sí afirmamos lo siguiente: que amamos nuestras Biblias; y si no es respetable hacer eso, no nos importa no ser tenidos en estima. Pero no creemos que seamos indignos de respeto después de todo, pues yo creo, si se me permite dar mi propia opinión, que si el cristianismo protestante fuese contado fuera de esa puerta (no solamente cada cristiano verdadero, sino cada persona que profesa) yo creo que los que creen en el bautismo infantil no tendrían una gran mayoría de qué hacer alarde.

Después de todo, no somos una diminuta secta sin reputación. Si sólo toman en cuenta Inglaterra, tal vez lo seamos; pero consideren los Estados Unidos de América, Jamaica, y las Indias Occidentales, e incluyan a quienes son bautistas de acuerdo a sus principios, aunque no abiertamente, y no somos menos que nadie, ni siquiera que la Iglesia de Inglaterra, en lo que a números se refiere. Si embargo este no es un tema que nos preocupe; pues yo digo del nombre de los bautistas: que perezca, pero que el nombre de Cristo permanezca para siempre.

Espero con placer el día cuando no haya ni un solo bautista con vida. Espero que se vayan pronto. Ustedes se preguntarán: «¿Por qué?» Pues cuando todo el mundo reconozca el bautismo por inmersión, nosotros estaremos inmersos en todas las denominaciones, y nuestra denominación habrá desaparecido. Por una vez otórguennos la preeminencia y ya no seremos más una denominación. Un hombre puede pertenecer a la Iglesia de Inglaterra, a los metodistas, o a los independientes, y sin embargo ser un bautista. Así que digo que el nombre bautista desaparezca pronto; pero que el nombre de Cristo permanezca para siempre.

Sí, y debido a mi amor por Inglaterra, yo no creo que perecerá jamás. ¡No, Inglaterra! Tú nunca vas a perecer; pues la bandera de la vieja Inglaterra está clavada al mástil por las oraciones de los cristianos, por los esfuerzos de la escuela dominical, y por sus hombres piadosos. Pero aún así digo que dejen que el nombre de Inglaterra perezca; que se disuelva en una gran hermandad; no tengamos ninguna Inglaterra, ni ninguna Francia, ni Rusia, ni Turquía, pero tengamos una cristiandad; y yo digo de todo corazón, desde lo profundo de mi alma, que perezcan las naciones y las distinciones nacionales, pero que el nombre de Cristo permanezca para siempre.

Tal vez sólo haya una cosa en la tierra que amo más que lo último que acabo de mencionar, y esa es la pura doctrina del calvinismo no adulterado. Pero si eso contuviera error, si hubiera cualquier cosa que sea falsa, yo soy el primero en decir, que eso perezca también, y que el nombre de Cristo permanezca para siempre. ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! Jesús: «¡Que sea coronado Rey de todo!» No me oirán decir ninguna otra cosa. Estas son mis últimas palabras en Exeter Hall, por el momento. ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! «Que sea coronado Rey de todo.»

Los Sentimientos y la Palabra

Iglesia Ozama

Los Sentimientos y la Palabra

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

59/62 – Pablo, un acusado sin causa

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

59/62 – Pablo, un acusado sin causa

Miguel Núñez

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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Regla de Conducta

Iglesia Evangélica Unida

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Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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IRENEO DE LYON: Apasionado apologista contra el GNOSTICISMO

BITE

IRENEO DE LYON: Apasionado apologista contra el GNOSTICISMO

MARCIÓN → https://youtu.be/YEDuaE0Nk5U
POLICARPO → https://youtu.be/XDpShQcmtkE
JUSTINO MÁRTIR → https://youtu.be/Jnedm7mIM1c

En el año 177 d.C., la gente de Lyon, la capital de la Galia, hoy Francia, fue tras los cristianos de la ciudad. Había sido un momento difícil para la gente de la Galia del Sur, que había sufrido frecuentes incursiones enemigas y una plaga mortal. Para los paganos, la negativa de los cristianos a adorar a las deidades había despertado la furia de los dioses. Los prejuicios existentes desde hacía mucho tiempo se convirtieron en disturbios. Los residentes asaltaron a los cristianos y los arrastraron a la plaza pública.

Finalmente, los cristianos fueron condenados por no seguir las demandas de las autoridades. Algunos fueron ejecutados, mientras que otros, como Potino (87-177), el obispo de Lyon, murieron en prisión. A raíz de esta pesadilla, un joven llamado Ireneo, que probablemente estaba viajando, regresó a recoger los escombros. Como sucesor de Potino, se enfrentó a todas las preguntas: ¿cómo cuidar a las viudas y a los huérfanos, consolar el sufrimiento, alentar a los desertores, aliviar los temores y promover la unidad?

En este video, un resumen de la vida de Ireneo de Lyon (130-202).

FUENTE

Irenaeus of Lyon: Passionate Apologist to the Gnostics: http://bit.ly/2WkBLiS

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CRÉDITOS

Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto, Nicolás Díaz, Óscar Pérez y Giovanny Gómez.
Edición del video: Fernando Ordóñez.
Música: Envato Elements.

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Voz en off: Josué Castellón (https://twitter.com/josuekstellon)

5/17 – La Ley

El Proyecto Biblia

Serie: Temas Bíblicos

5/17 – La Ley

En este video, exploramos la importancia de las antiguas leyes en el Antiguo Testamento. ¿Por qué están en la Biblia y qué le dicen a los seguidores de Jesús? Exploramos cómo estas cumplieron un propósito estratégico en una fase clave de la historia bíblica, conduciendo hacia Jesús quién cumplió la ley y la resumió en el llamado a amar a Dios y a amar a tu prójimo como a ti mismo.

https://thebibleproject.com/international/spanish/

5/27 – La niñez de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

5/27 – La niñez de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ninez-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss tiene una sugerencia para nuevos padres. Pídele  a Dios que te dé una visión para los años que tengas con tus hijos.

Nancy Leigh DeMoss: Eso te ayudará a ser más intencional en la crianza y a darte cuenta de que los patrones establecidos en la niñez de tus hijos, las semillas sembradas, tendrá fruto en su edad adulta.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que preceden a la Semana de la Pasión de Cristo y la celebración del Domingo de Resurrección, estaremos enfocándonos en Cristo, meditando en Él, contemplándolo y viendo los diferentes aspectos de Quién es Él, Quién fue, a qué vino a la tierra, y lo que hizo aquí.

Estamos usando una guía, un gran libro devocional titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en inglés]. Algunas de ustedes están siguiendo el estudio con el libro. Hoy estaremos en el capítulo 4, viendo la niñez de Cristo. Quiero recordarles que no es necesario tener el libro para aprovechar al máximo estos programas.

Aparte del incidente que Jesús tuvo a la edad de 12 años (eso lo veremos mañana), casi no tenemos nada registrado sobre Jesús desde que nació hasta que cumplió 30 años, cuando comenzó su ministerio público. Así que, a la luz de ese silencio, no nos sorprende que haya personas que especulen sobre lo que pasó durante todo ese tiempo.

Por ejemplo, a principios del segundo siglo, D.C., la gente escribió libros acerca de este tema, algunos de ellos son conocidos como los libros apócrifos. Uno se llama “El evangelio de la niñez escrito por Tomás”, y es muy especulativo y fantasioso acerca de algunas cosas que el autor pensó que Jesús pudo haber hecho en su niñez.

Y tengo que decirles que, no tiene ninguna relación con los hechos. Son relatos que casi en su totalidad, rayan en la ficción. No son la Palabra inspirada de Dios. Permítanme leer algunas partes de esta obra sobre “La infancia de Jesús” escrita en el siglo 2, D.C., cito:

“El niño Jesús cuando tenía cinco años, jugaba en el vado de un arrollo: reunió las aguas que fluían allí haciendo piscinas, las limpió y les ordenaba tan solo con su palabra.

Y al hacer un barro suave, formó doce gorriones. Y era en sábado cuando hizo estas cosas. Y había también muchos otros niños jugando con él.

Uno de los judíos, cuando vio lo que el niño Jesús había hecho, jugando en día sábado, salió rápido a decirle a su padre José: Mirad, he aquí que tu hijo está en el arrollo y ha tomado barro y ha hecho doce polluelos, y ha profanado el día del Sabbat.”

“Y José vino al lugar y vio: y habló con el niño en voz alta diciendo: ¿Por qué razón haces esto, en sábado, no ves que no está permitido hacerlo? Pero Jesús palmeando sus manos al momento ordenó a las aves: ¡Id! Y los gorriones emprendieron el vuelo y se alejaron cantando.”

“Y al ver esto los judíos se asombraron y se fueron a decir a sus superiores lo que el niño había hecho.” (II, 1-5).

La gente que escribió esto, decía que era cierto. Pero sabemos que no fue así. Tenemos la Palabra de Dios que nos dice lo que necesitamos saber acerca de Cristo, y hay muy pocas referencias en las Escrituras acerca de la infancia de Jesús—casi nada. Lo cual, a propósito, suena muy interesante al ver este mundo en el que vivimos hoy, tan centrado en los niños, donde todo gira alrededor de ellos. Piensan que el mundo gira a su alrededor. Algunos padres de familia también piensan que el mundo se trata todo acerca de sus niños.

Y no es que digamos que los niños no son importantes—porque lo son. Jesús amaba a los niños. Creo que no enseña algo el que las escrituras no mencionen tanto acerca de esos años de Jesús. Fueron años de oscuridad. No que Jesús no haya tenido familia o amigos que le conocieran, pero Él no andaba por ahí haciendo cosas espectaculares. Primero que nada, recordemos que cuando vino a esta tierra, Él restringió el uso de sus atributos divinos. Él se vistió con nuestra humanidad. Era importante que creciera y se desarrollara como un niño normal, como todo ser humano.

Entonces, veamos algo basado en las Escrituras, y no en la ficción. ¿Qué sabemos acerca de Cristo en este periodo de silencio? Primero, sabemos que tuvo una infancia.  Y puedes decir: bueno,  y… ¿qué es lo grande de eso? Bien, hay un gran contraste—algo que seguro no fue pasado por alto entre los griegos del 1er siglo—con la mitología griega, cuyos dioses decían haber venido al mundo ya crecidos y bien armados. Jesús no vino a la tierra como un adulto sino como un pequeño, débil e indefenso recién nacido.

Yo tengo una recién nacida en casa. La primera bebé de una joven pareja, se llama Addie Grace. Mientras yo estudiaba esta serie, yo miraba a Addie con otros ojos, viendo lo desprotegida, dependiente, pequeña y débil que es, y pensaba: así era Jesús cuando se hizo carne. No vino como esos dioses griegos, listo para conquistar al mundo. Él vino al mundo como todos nosotros, débil, pequeño, indefenso y dependiente. Él fue un niño.

Una vez más, cuando lo pones frente a los dioses griegos, Él es el Cristo incomparable. No hay ninguno como Él, ningún líder religioso es como Él. En este mundo pluralista donde la gente nos trata de decir que Él solo fue uno más del montón y que todos los dioses son iguales y del mismo origen… ¡No lo creas! No es verdad. Jesús es el único, Él es el incomparable Cristo. Lo vemos en este pequeño detalle de haber nacido como un bebé y en el haber tenido una niñez normal.

También hemos aprendido de las Escrituras que Jesús nació en un hogar en esta tierra con padres devotos y piadosos, María y José, sus padres terrenales. Sabemos que sus padres fueron fieles adoradores y que se comprometieron a criarlo de acuerdo los mandamientos de la Escritura.

Lucas capítulo 2 nos dice que cuando Jesús nació, “ellos hicieron todo conforme a lo ordenado por la ley de Dios”. (v. 39). Todos los rituales, el ir al templo y ofrecer sacrificios, todo lo ordenado por Dios.

Luego leemos en el versículo 41 de Lucas capítulo 2 que: “Sus padres iban a Jerusalén cada año para la fiesta de la pascua”. No era solo porque les gustaba ir o celebrar la Pascua, (aunque supongo que así era) sino porque Dios había ordenado a los judíos observar esa fiesta. Entonces, Jesús tuvo a Sus padres terrenales que fueron obedientes a la ley de Dios. Él creció en ese tipo de hogar.

Aun así, Su niñez no estaba exenta de problemas. Sólo porque Él era Dios, no estaba exento de las pruebas y las luchas de la vida diaria en un mundo caído. Pensemos en estas cosas. Por ejemplo, Su madre tuvo un embarazo inesperado, podemos suponer que al menos tuvo que enfrentar rumores y malos entendidos. No hay razón para creer que cuando Jesús nació; todos de repente creyeron que este era el Hijo de Dios nacido de una virgen. Estoy segura que hubo gente que juzgo a María como una mujer contaminada y marginada. Así que Jesús creció en un hogar con una mamá rodeada de sospechas, rumores y malos entendidos.

Su madre fue forzada a dar a luz a 120 km de casa. Caminando esa distancia en un ambiente inhóspito. Ella no dio a luz en una maternidad o un moderno hospital, sino en un establo. Donde de inicio su vida tuvo muchos desafíos.

Nació en una era de represión y totalitarismo romano. No era un tiempo fácil para estar vivo. Su vida fue amenazada por un celoso rey cuando todavía era un pequeño infante, por lo que Sus padres tuvieron que huir a Egipto. Aunque ya estaban lejos de casa, recorrieron aproximadamente 480 km, donde se tuvieron que quedar allí cerca de dos años hasta que la amenaza pasara.

Luego tuvieron que regresar a Nazaret. Pensamos de Nazaret como algo muy importante, pero en esos tiempos Nazaret era como algo insignificante, “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” no era un lugar del cual estar orgulloso de pertenecer. No era una ciudad popular. Ni era un área comercial. Era muy pequeña, despreciada,  no era una ciudad apreciada.

Jesús nació también en el seno de una familia pobre. Lo sabemos por el tipo de sacrificios que Sus padres hacían en el templo. Así que no nació en un palacio ni en la riqueza. Ni con pompa. Ni nació con una cuchara de plata en Su boca. Aunque Él hizo toda la plata del mundo. Él fue el creador del mundo pero cuando vino a este mundo vino para humillarse.

El solo hecho de nacer como humano, es lo suficientemente bajo, pero la Escritura dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2ª Corintios 8:9.

De manera que Él nació en una familia pobre. Eso significa que tuvieron que enfrentar desafíos para salir adelante. Solo piensa lo que es el ser pobre al día de hoy. El vivir en pobreza, haciendo hasta lo imposible para poder dar de comer a la familia.

Hablando de familia. Él nació en lo que ahora llamamos una familia grande, por nuestros estándares, claro. En Marcos capítulo 6 versículo 3, se mencionan cuatro hermanos de Jesús y por lo menos dos hermanas. Nacidos de José y María después del nacimiento de Jesús.  Aquí vemos que Él fue el primogénito de sus medio hermanos y hermanas; hubo al menos siete niños en esa familia.

Fueron pobres y no tuvieron una de esas casas de ocho recámaras. Jesús creció en una casa pequeña y pobre, para una familia grande, considerando el tamaño de Su familia.

Creo que nos ayuda el imaginarnos Su niñez. Pensamos en Él como el Rey, (y lo es), y el Señor del universo (y lo es), y el Señor de los ejércitos (y lo es). Pero también nació y creció en estas pobres, simples y oscuras circunstancias.

Hay un versículo en la Escritura que se encuentra en Lucas capítulo 2 el versículo 40, que relata los años de infancia de Jesús y quisiera que lo viéramos por unos momentos. Dice así: “Y el niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría y la gracias de Dios era sobre él”. Ese versículo,  a excepción del incidente que veremos mañana, es todo lo que se no dice sobre la infancia del niño Jesús.

La Escritura dice que el niño crecía. Pero no saltemos esa parte tan rápido. Jesús tuvo que crecer para convertirse en un hombre; tomando la naturaleza humana. Es parte de la humillación de la encarnación. Él no solo tomó la forma de cuerpo humano sino que se sometió Él mismo a esa naturaleza humana, incluyendo a un alma a humana con mente, emociones, capacidades de razonamiento, etc. Tuvo que pasar por las mismas etapas de desarrollo en cada una de esas esferas; física, intelectual, social y psicológica por las cuales todos tenemos que pasar.

A veces hablamos acerca de los niños y sobre cómo piensan de manera concreta, y cómo luego aprenden a pensar de manera más abstracta… Son etapas de desarrollo. Jesús pasó por esas etapas como niño—físicamente, intelectualmente, socialmente y psicológicamente. Él tuvo que hacerlo para representarnos como nuestro Salvador, verdadera y completamente.

Al pensar en el crecimiento del Señor Jesús, permítanme hacer unas cuantas observaciones. Primero que todo, fue un crecimiento balanceado. Fue un crecimiento en todas las esferas—mente, alma, espíritu y cuerpo. Hoy podemos ver algunos niños que son “súper dotados” en algunas áreas. Hay algunos que son sorprendentes atletas, pueden hacer muchas hazañas atléticas, pero no pueden leer o escribir. O hay niños que tienen un gran talento para socializar. Pueden relacionarse muy bien; pero  son débiles en otras áreas. Pueden quizás no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor; aunque son tan orientados hacia las personas.

Bueno, Jesús nos mostró la importancia de crecer en cada área, integralmente—en cuerpo, alma y espíritu. Esa es la forma en que debemos crecer. Esa es la forma en la que hubiésemos crecido de no haber sido por la caída. Así que él vino a vivir nuestra vida, y a modelarnos cómo estaba supuesta a vivirse nuestra humanidad. Un crecimiento integral. Crecimiento físico. Crecimiento racional/intelectual.

Ahora, es difícil de entender que Jesús haya tenido que crecer intelectualmente. Porque como Dios, Él era omnisciente; Él lo sabía todo. Pero como hombre, tuvo que crecer en conocimiento. Tuvo que ir a la escuela. A diferencia de lo que dice el “Evangelio de Tomás” acerca de que Él le gritaba a los maestros por algo que no entendían bien, Jesús tuvo que aprender su alfabeto. Tuvo que aprender a juntar las letras y a leer y a escribir. Tuvo que crecer intelectualmente en conocimiento. Y esto es un misterio, pero es verdad.

También creció moralmente. El versículo 52, de Lucas capítulo 2, nos dice que Él “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.  Aunque Él era Dios, había algún sentido en el que Él tuvo que crecer en su capacidad moral, sus funciones morales—no que hubiera pecado, (porque nunca lo hizo). Pero tuvo que crecer en tomar decisiones sabias y piadosas. Él tuvo un crecimiento balanceado en cada área y así es cómo nosotros deberíamos crecer.

Su crecimiento fue también gradual. ¡No hubo atajos! Él no  saltó ningún grado que sepamos. No saltó ninguna etapa de su vida. No ‘saltó de tener dos a doce ’—por así decirlo, que sepamos. Él fue por esas etapas en un periodo gradual de crecimiento. Le tomó doce años para llegar a esa edad, tú dirás “bueno, pues claro”. Pero creo que es importante el darnos cuenta que cuando Él tomó nuestra humanidad, realmente lo hizo totalmente.

Él tomó nuestra humanidad, Él tuvo que crecer gradualmente tal cual nosotros. Aquí se ve la paciencia. No hay prisa. Nada de  “¡Date prisa que tengo que llegar a los 30 y comenzar mi trabajo!” No, hay que pasar las etapas para llegar allí. Es el proceso del crecimiento. No sucede de la noche a la mañana en nosotros no sucede de la noche a la mañana en nuestros niños. Tampoco pasó así para Jesús.

Requirió tiempo y entrenamiento y una familia con disciplinas. Él obtuvo el conocimiento de la misma forma que nosotros lo obtenemos. Observando, preguntando y siendo enseñado. Esto nos muestra la humildad de Cristo.  El incomparable Cristo, quien sería reducido a esto sin sacrificar nada de Su deidad. Pasó por un crecimiento gradual como hombre. Por un crecimiento balanceado y gradual.

Fue un crecimiento fructífero y con propósito. Fue un crecimiento con un objetivo. Tenía una meta. Hubo un resultado y ese resultado fue la madurez. Se supone que ese debe ser el resultado de todo crecimiento; pero tristemente, para mucha gente hoy, pueden crecer físicamente, pero no intelectual, moral o psicológicamente o relacionalmente. Su crecimiento como que se paraliza. El crecimiento de Jesús nunca se detuvo. Él procedió a ese nivel de madurez, físico y espiritual. Dice que “se fortalecía y se llenaba de sabiduría”. No sucedió de la noche a la mañana, pero sucedió.

Estos años de niñez fueron años de preparación para Su llamado, aprendiendo la Ley y la Palabra de Dios. Aprendiendo los caminos de Dios. Se adaptó a nuestras limitaciones y a nuestra humanidad. Asistió a la escuela hebrea. Se le enseñaron las Escrituras hebreas.  Aprendió estas cosas. Aprendió obediencia. Cada paso de crecimiento lo estaba preparando para cumplir la misión eterna de Su Padre. Un crecimiento balanceado. Un crecimiento gradual. Un crecimiento fructífero y con propósito, que le llevaba finalmente a la madurez.

Vemos perseverancia durante los años de la niñez. Y creo que es significativo el hecho de que la Escritura no nos dice mucho—nos dice poco, realmente, sobre estos años de niñez—. Eso nos dice que fueron años lentos. Sucedieron de la manera que sucedieron y no podemos ignorarlos.

Dice que durante este tiempo, la gracia y el favor de Dios estaban sobre Él. Eso es básico para crecer. No podemos crecer como Dios quiere que crezcamos,  si estamos alejadas de la gracia y el favor de Dios. Vemos a Jesús como un hombre que depende de la gracia de Dios. A pesar de sus circunstancias, algunas de ellas tan adversas. A pesar de las disfunciones, en su entorno y en el mundo en el que vivía, a pesar de los desafíos que tuvo que enfrentar en esa época, el favor y la gracia de Dios estaban con Él.

Él es el Hijo de Dios. Su favor estaba sobre Él; ya Dios le estaba dando el crecimiento aun en medio de esta ciudad corrupta llamada Nazaret, nacido de padres pecadores, nacido en un mundo y una época decadente y pecaminosa.

Y algunas de ustedes que están criando hijos en este mundo, ¿no se sienten desanimadas?  Pensamos: ¿Cómo podrán lograrlo estos niños? La presión de este mundo es tan fuerte. Recordemos que Jesús creció es este tipo de mundo. Pero el favor y la gracia de Dios estaban sobre Él. El favor y la gracia de Dios pueden estar sobre ti y sobre tus hijos, si tú buscas crecer en este mundo caído y fracturado.

Su niñez era congruente con su humanidad y con su deidad.

  • El pasó por etapas ordinarias de su niñez.
  • Tuvo que aprender a desarrollarse y crecer.
  • Fue humano.
  • Tuvo nuestras limitaciones.
  • Tuvo nuestras debilidades.
  • Pero también Él fue Dios. ¡y nunca pecó!

Así que la niñez de Jesús nos demuestra algunas cosas que tienen que ser reales en nuestras vidas. El objetivo de crecimiento gradual y con propósito. La meta de llegar a ser fuerte y sabio. ¡Qué meta para nuestra vida! Jesús llegó a ser fuerte, sabio y espiritualmente maduro en toda faceta por Su dependencia en la sola gracia de Dios. Sin importar lo que leamos sobre Su infancia, en el “Evangelio de Tomás”, Jesús no hizo uso de Sus poderes sobrenaturales para hacer pájaros ni para destruir a las personas que no estaban de acuerdo con Él. Él puso todo esto a un lado y creció—tal y como nosotros debemos crecer—en dependencia de la gracia de Dios.

Y para ustedes que son padres cristianos y que buscan criar a sus hijos para la gloria de Dios, no subestimen la importancia, la necesidad y el valor de esos años de la niñez. No traten de poner a su niño en la edad de doce años cuando todavía tiene tres. Es un proceso. Hay un crecimiento. Toma tiempo toma paciencia. Disfruten cada tiempo. Cada momento. Quizás algunas de ustedes tienen nietos… recuerden esto.

Pídele a Dios que te de una visión. Un sentido de propósito para su infancia. Reconoce que hay patrones que se establecen en su niñez, que hay semillas que deben ser sembradas en este tiempo, y verás cómo dan fruto en su edad adulta.

Lo que tus hijos hacen a la edad de dos, tres, seis, ocho y diez, importa. Importa que estén creciendo, que seas intencional en ayudarles a formarse en la dependencia y gracia de Dios. Porque ellos están siendo formados en la persona que serán de adultos.

Cuando ores por tus hijos,  no ores sólo por protección y seguridad. Claro que quieres eso, pero también ora creyendo que Dios les dará el crecimiento en cada área de sus vidas—desde la infancia, la niñez,  hasta que sean adultos, para la gloria de Dios.

Gracias Señor porque viniste a este mundo como un bebé y creciste como todo niño. Tú creciste hasta la madurez para mostrarnos cómo debemos crecer. Yo oro que hagas una obra de gracia, que Tu favor esté sobre nosotras al buscar nuestro crecimiento,  y sobre nuestros hijos,  representados aquí en tantos hogares y familias, y entre aquellos que amamos, así como también aquellos que pueden escuchar este mensaje lejos de aquí por medio de Aviva Nuestros Corazones.

Oh Señor, que podamos ver niños que crezcan para ser sabios y fuertes como lo fue Jesús.  Que podamos crecer en sabiduría y fuerza nosotras también. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss, dándonos una perspectiva sobre la niñez de Cristo a los padres y abuelos. El mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. Si te has perdido algunos programas de esta serie, los puedes escuchar al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo comenzaste a escuchar Aviva Nuestros Corazones? Nancy regresa para hablar de cómo algunas mujeres descubrieron el programa.

Nancy: Hemos oído de muchas mujeres que se “toparon” con el programa mientras escuchaban la radio. Ellas nos cuentan de los cambios que se han producido en sus vidas desde que comenzaron a exponerse a estas verdades. Eso fue lo que le sucedió a una mujer de nombre Tina. Ella nos escribió:

“No puedo expresar lo mucho que Aviva Nuestros Corazones ha cambiado mi vida.”

Como siempre, nosotros aclaramos que es Dios quien cambia las vidas, solo que usó a Aviva Nuestros Corazones en el proceso. Tina comenzó a escuchar Aviva Nuestros Corazones en la radio varios años atrás. Ella comenta:

“Yo era una nueva creyente, y apenas empezaba a crecer. Estaba pasando por ataques de pánico, angustia, depresión y ansiedad.”

Luego ella explica como Dios usó este ministerio para conectarla con las Escrituras. Todas las luchas por las que ella estaba pasando, fueron disipadas al escudriñar las Escrituras. La transmisión de Aviva Nuestros Corazones continúa animando a Tina y ella y su marido han tomado un paso de fe para ser padres sustitutos a cargo de niños abandonados, por lo que están ahora teniendo nuevos desafíos.

Cuando donas a Aviva Nuestros Corazones nos estás ayudando a ayudar a mujeres como Tina. Si deseas ser parte de lo que Dios está haciendo, haz tu donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie: ¿Cómo impartes sabiduría a un adolescente? Nancy Leigh DeMoss nos mostrará cómo al ver la vida de Jesús. Mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

13/63 – El temor que echa fuera todo temor | Marcos 4:35-41

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

13/63 – El temor que echa fuera todo temor | Marcos 4:35-41

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

¿Qué significa ser esclavo del pecado?

Got Questions

¿Qué significa ser esclavo del pecado?

Todo el mundo es un esclavo en el sentido espiritual. O bien somos esclavos del pecado, que es nuestro estado natural, o somos esclavos de Cristo. Los escritores del nuevo testamento declararon voluntariamente su condición como esclavos de Cristo. Pablo comienza su carta a los Romanos al referirse a sí mismo como «un siervo de Jesucristo» (Romanos 1:1) y en su carta a Tito se llama a sí mismo un «siervo de Dios» (Tito 1:1). Santiago inicia su epístola de la misma manera, «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (Santiago 1:1). La mayoría de las traducciones dicen «siervo» o «sirviente» en estos pasajes, pero la palabra griega doulas literalmente significa «esclavo».

En Juan 8:34 Jesús le dice a los incrédulos fariseos, «De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado». Jesús usa la analogía de un esclavo y su amo para hacer la observación de que un esclavo obedece a su amo porque es de su propiedad. Los esclavos no tienen voluntad propia. Están literalmente bajo el yugo de sus amos. Cuando el pecado es nuestro amo, somos incapaces de resistirlo. Pero, por el poder de Cristo para vencer el poder del pecado, «siendo libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia» (Romanos 6:18). Una vez que venimos a Cristo en arrepentimiento y recibimos el perdón de pecados, somos empoderados por el Espíritu Santo que viene a vivir dentro de nosotros. Es por su poder que somos capaces de resistir al pecado y convertirnos en esclavos de la justicia.

Los discípulos de Jesús le pertenecen a él y quieren hacer las cosas que a él le agradan. Esto significa que los hijos de Dios lo obedecen y viven libres del pecado habitual. Podemos hacer esto porque Jesús nos ha liberado de la esclavitud del pecado (Juan 8:36) y, por tanto, ya no estamos bajo la pena de muerte y separación de Dios.

Romanos 6:1-23 profundiza aún más en esta idea de un esclavo y su amo. Como cristianos no estamos llamados a continuar en el pecado usual porque hemos muerto al pecado. Romanos 6:4 dice que, puesto que hemos sido sepultados y resucitados con Cristo, ahora podemos caminar en novedad de vida, a diferencia del inconverso que todavía es un esclavo del pecado. Romanos 6:6 dice que, ya que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, ya no debemos servir más al pecado. Y en Romanos 6:11 dice que debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Dios nos ordena que no dejemos que el pecado reine en nuestros cuerpos, obedeciendo sus deseos, sino que por el contrario nos presentemos a él como instrumentos de justicia (Romanos 6:12-14). En Romanos 6:16-18 se nos dicen que somos esclavos a aquel que obedecemos, ya sea obediencia al pecado o la obediencia a la justicia. Vamos a ser esclavos de Dios, de quien recibimos nuestros dones de santificación y la vida eterna. Esto lo hacemos porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23).

El apóstol Pablo, el autor de Romanos, dice que él sabe cuán difícil puede ser no vivir en pecado, porque él luchó con eso incluso después de que se convirtiera en un seguidor de Cristo. Esto es importante que sepan todos los cristianos. Mientras que ahora estamos libres de la pena del pecado, todavía vivimos en la presencia del pecado mientras que estamos vivos en esta tierra. La única manera en que podemos ser libres del poder del pecado es por el poder del Espíritu Santo que le es dado a los creyentes en el momento en que llegamos a la fe a Cristo (Efesios 1:13-14), y esto nos sella en Cristo como la garantía de nuestra herencia como hijos de Dios.

La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas significa que, a medida que crecemos en nuestra fe y llegamos a amar a Dios cada día más, tendremos la fuerza para resistir cada vez más el pecado. A través de la obra del Espíritu Santo, estamos empoderados para resistir el pecado, no ceder a la tentación y vivir según la palabra de Dios. Los pecados usuales los vamos a detestar cada vez más, y nos encontraremos de no querer hacer nada que pueda obstaculizar nuestra comunión con Dios.

Romanos 7:17-8:2 es un maravilloso estímulo para los creyentes porque nos dice que, aun cuando pequemos, ya no hay ninguna condenación porque estamos en Cristo Jesús. Y 1 Juan 1:9 nos asegura que, cuando pecamos aun siendo cristianos, si confesamos nuestros pecados cada día al señor, él es fiel y justo y nos limpiará a fin de que podamos seguir viviendo en una correcta relación con él. A lo largo de todo el libro de Efesios, el apóstol Pablo nos exhorta y alienta a caminar como hijos de la luz, a amarnos como Cristo nos amó, y aprender lo que al señor le agrada y a ponerlo en práctica (Efesios 2:1-10; 3:16-19; 4:1-6; 5:1-10). En Efesios 6:10-18 Pablo nos muestra cómo ser fuertes en el señor colocándonos toda la armadura de Dios cada día para poder resistir las artimañas del Diablo.

Como seguidores de Cristo cuando nos comprometemos a crecer y madurar en nuestra fe, leyendo y estudiando la palabra de Dios cada día y pasar tiempo en oración con él, nos encontraremos que cada vez seremos capaces de mantenernos en el poder del Espíritu Santo y resistir el pecado. Las victorias diarias sobre el pecado que tenemos en Cristo, nos alentará, nos fortalecerá y demostrará de una manera poderosa que ya no somos esclavos del pecado, sino que somos esclavos de Dios.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Episodio 12 – Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Episodio 12

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.