Así que!, estás pensando plantar una iglesia?

Así que!, estás pensando plantar una iglesia?Nathan Knight

No puedes plantar una iglesia si no sabes lo que es una iglesia

¿Qué piensas que necesitas? ¿El evangelio? Si. ¿Ser habilitado por el poder del Espíritu? ¿Una iglesia enviadora? Si. ¿Otros que vayan contigo? Si. ¿Algo de dinero? Probablemente. ¿Pero qué hay acerca de una eclesiología robusta?

La eclesiología no puede ser asumida o no debería ser considerada una distracción para la misión del plantador de iglesia. Tampoco puede ser un tipo de añadidura que incluyes aquí o allá según la necesidad. En cambio, la eclesiología debería informar, instruir, y aún ejercer la misión de plantar iglesias para la gloria de Dios.

En otras palabras: plantador de iglesias, necesitas una eclesiología robusta que se encuentre bien colocada antes de intentar comenzar a plantar una iglesia.

Una iglesia es más que una reunión de personas alrededor de un punto de predicación y cánticos. Hay líneas muy definidas que han sido dadas a nosotros por el Señor. Estas líneas distinguen a los cristianos del mundo así como ilustran una mejor ciudad en la cual todos viviremos por la eternidad. Debemos tomar el tiempo para pensar en estas líneas y cuidadosamente instituirlas para el bien de nuestros vecinos y la gloria de Dios.

Plantamos la iglesia Restauración aquí en el Distrito de Columbia en el año 2010. Permíteme dirigirte a través de cuatro de las preguntas que fueron útiles para nosotros conforme iniciamos nuestro trabajo.

  1. ¿Qué es una iglesia?

Suena ridículamente simplista, pero responder esta pregunta probó ser una de las cosas más útiles que hicimos.

¿Era nuestro estudio bíblico una iglesia? ¿Era la reunion de las personas con música y predicación una iglesia? ¿Cómo sabíamos que habíamos «tenido éxito» en plantar una iglesia?

Simplemente desglosando la palabra «iglesia» (ekklessia) en la Biblia aprendimos que la iglesia era un asamblea de «llamados».

También encontramos la definición clásica muy práctica. Esta definición requiere tres cosas antes de considerar una reunión de cristianos como una «iglesia».

  • La predicación apropiada de la Palabra de Dios (Proclamar el Evangelio)
  • La administración apropiada de las ordenanzas (Retrato del Evangelio)
  • Ejerciendo la disciplina de iglesia restauradora (Proteger el Evangelio)

Armado con esa definición y esas tres descripciones, sabemos que tanto nuestros objetivos como nuestros éxitos se parecen.

  1. ¿Quién forma parte de la iglesia?

La respuesta a esta pregunta pudiera parecer fácil excepto para aquellas advertencias en la Biblia de los falsos maestros, profesores que no perseveran, y aquellos que hacen cosas en el nombre del Señor pero nunca eran conocidos por Él. Por lo tanto, Él sabía que necesitábamos ser cuidadosos acerca de quien se identificaba con la iglesia.

Textos como Mateo 16:13-20 y 18:15-20 eran muy instructivos para nosotros. Nos ayudaban a ver la necesidad para definir apropiadamente tanto el mensaje del evangelio como los poseedores de ese mensaje atando y desatando a las personas según su doctrina y vida del evangelio.

Debido a esto, también pasamos mucho tiempo enseñando sobre el evangelio y lo que significaba vivir como un cristiano. Sólo después de hacer todo esto entonces comenzamos a darle la bienvenida a aquellos alrededor nuestro a la membresía de la iglesia que estábamos formando con oración (1 Corintios 12).

  1. ¿Quién toma las ordenanzas?

Una vez que la definición de una iglesia y las personas que hacen la iglesia es clarificado, comenzamos a discutir la relación entre la iglesia y las ordenanzas del bautismo (Mateo 28:19-20, Romanos 6:1-4) y la Cena del Señor (Marcos 14:22-25; 1 Corintios 11:17-33).

Las ordenanzas fueron dadas a la iglesia como señales o marcas de los embajadores del reino. Por lo tanto, sabíamos instintivamente no practicarlas hasta que nos hayamos convertido en iglesia.

El 28 de marzo de 2010 tuvimos una ceremonia donde miembros convinieron juntos en acuerdo con nuestra declaración de fe y pacto de iglesia. Otro hombre y yo fuimos subsecuentemente instalados como ancianos y sólo después de eso practicamos el bautismo y tomamos la Santa Cena juntos.

Puedes imaginar el gozo de aquellas 18 personas esa noche conforme nos reunimos y nos convertimos en iglesia. Eso por lo que habíamos estado orando, enseñando, y hablando por muchos meses finalmente se hizo realidad. Había sido plantada una iglesia, y Cristo era exaltado mientras otra reunión de cristianos era sacada del mundo a través de las líneas brillantes y valientes de la membresía, el bautismo y la Cena del Señor.

  1. ¿Cuál es mi trabajo como pastor?

Fuimos instalados como pastores porque nuestra gente había sido instruida sobre que buscar en las epístolas pastorales (1 Timoteo 3:1-7, Tito 1:5-9). Una vez que nos convertimos en iglesia y fuimos oficialmente llamados como pastores, tomamos nuestras indicaciones de Hechos 6:1-6 y 20:17-35.

Estos pasajes nos dijeron que la mayor parte de nuestro trabajo era predicar, orar, estar alerta ante los lobos, pastorear el rebaño, cuidarnos a nosotros mismos, cuidar nuestras familias y hacer discípulos. Hebreos 13:17 se destacó también en nuestra mente: responderemos a Dios por la manera como hemos dirigido a estas personas.

La Eclesiología es importante

Una clara eclesiología establecida desde el inicio definió nuestra orientación para la plantación de iglesia. Nos dirigió, motivó y mantuvo enfocados en el plan de Dios para estas personas. El trabajo era duro, y continúa siéndolo, pero nunca nos hemos arrepentido empuñando la Palabra de Dios en la difícil labor de plantar iglesias.

La eclesiología es una de las metodologías de Dios para gloria. No nos frena o desvía de la misión. En cambio, alimenta la misión de la iglesia sacando del mundo al pueblo de Dios. Pablo le escribió a una iglesia local y le dijo que ellos eran «luces… en medio de una generación incrédula y perversa» (Filipenses 2:15).

Plantador de iglesia, piensa ahora en estas preguntas. No esperes para instituir convicciones claras hasta que hayas reunido una multitud, sino ordénalas cuidadosamente a medida que avanzas. Explica a aquellos alrededor de ti lo que haces y lo que no haces, para que puedan estar informados por el bien de su comunidad y la gloria de Dios.

Nathan Knight es el pastor de Restoration Church en Washington, D. C., Estados Unidos.

No puedes plantar una iglesia si no sabes lo que es una iglesia

«Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles.»

1 JULIO

Carson, D. A.

Josué 3 | Salmos 126–128 | Isaías 63 | Mateo 11

El primer versículo del Salmo 127 suele citarse hoy día: “Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles.” Sin embargo, en esta época de superpoblación, no citamos tanto el versículo 3: “Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa.” Podemos obtener una perspectiva útil si observamos cuatro cosas.

Primero, en hebreo, el salmo utiliza varios juegos de palabras que se pierden en la traducción y estos recursos literarios nos pueden ayudar a leerlo mejor. La palabra casa (127:1) puede referirse a un edificio. Por extensión, esto se aplica entonces a la ciudad en un sentido metafórico (127:1b–3). Más importante aún, casa también podría referirse a un hogar, edificado en este caso mediante la bendición de los hijos (127:3–5). Además, las palabras edificadores e hijos suenan de forma muy parecida en hebreo.

Segundo, esto nos sugiere el tema que unifica las distintas partes, aparentemente desconectadas, del salmo: que en cada esfera de la vida, sólo la bendición y provisión de Dios pueden provocar un resultado exitoso. En relación al aspecto más mecánico de la construcción de una casa, esto es verdad. Dios da fuerzas a los trabajadores; los sostiene en vida; evita enviar una tormenta catastrófica que arrase la estructura; puede impedir un sinnúmero de sorpresas (cemento inseguro, un lodazal bajo la superficie del terreno, “accidentes” que lastimen a los obreros, entre muchas otras). El mismo principio es cierto en la operación defensiva básica de velar sobre la muralla de una ciudad o proteger una nación con un sistema de radar: si Dios te sostiene, tu defensa será suficiente y si no, no importa cuán profesional y costosa sea, resultará inadecuada. En el hogar, la procreación es una función “natural”, pero, en un mundo ordenado providencialmente, los hijos son herencia del Señor. La lección a aprender no es la pasividad, sino la confianza y el descanso, una reducción divina de la afanosa labor (127:2).

Tercero, el Salmo 127 se ubica dentro de los cánticos de ascenso precisamente porque el peregrinaje a Jerusalén para observar las fiestas ordenadas en el pacto ofrecía un momento excelente para reflexionar sobre la gracia y provisión de Dios en todas las áreas de la vida (se puede comparar también con el Salmo 128).

Cuarto, entre los cánticos de ascenso, sólo este se atribuye a Salomón. Tristemente, Salomón es una figura que no siempre aplicó su gran sabiduría a la propia vida: su propio programa de edificación, tanto física como metafórica, se tornó insensato (1 Reyes 9:10–19), su reino se convirtió en una ruina (1 Reyes 11:11–13; ver también la meditación del 8 de octubre) y su hogar- particularmente sus múltiples matrimonios paganos- llegó a ser una negación sistemática de las alegaciones del Dios vivo (1 Reyes 11:1–9). ¡Cuán importante es pedirle a Dios la gracia de vivir conforme a lo que entendemos!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 182). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El escudo de Dios en contra del desánimo

1 Julio 2017

El escudo de Dios en contra del desánimo
por Charles R. Swindoll

Salmo 5

Algunas veces sufrimos desánimo debido a circunstancias difíciles que no son causadas por alguien en particular. Por ejemplo, los desastres naturales, la enfermedad, los debacles económicos o una lesión. No obstante, con frecuencia sufrimos cuando nuestros enemigos nos hieren.  Ese fue el lamento de David en el Salmo 5. Él sabía que su desánimo podía convertirse rápidamente en resentimiento, amargura, odio y finalmente en venganza. Él tenía miedo de volverse igual que sus opresores. Por esa razón, David reflexionó en el carácter de Dios y le pidió la oportunidad de realizar cosas pero en la voluntad de Dios. David entonces considera el carácter y las acciones de sus enemigos (Salmo 5: 9-10).

Porque no hay sinceridad en su boca;
sus entrañas están llenas de destrucción.
Su garganta es un sepulcro abierto,
y con su lengua hablan lisonjas.
Decláralos culpables, oh Dios;
caigan por sus propios consejos.
Échalos por la multitud de sus rebeliones,
porque se rebelaron contra ti.

David decide deliberadamente entregar sus enemigos a Dios, quien es la única autoridad que puede hacer justicia y misericordia. También le pide a Dios que ellos «…caigan por sus propios consejos». Cuando lidiamos con aquellos que se oponen a la justicia, debemos recordar que ellos están luchando contra Dios, no contra nosotros. Consecuentemente, usted puede estar seguro que Dios no permitirá que las obras malas continúen para siempre. Él limitará el pecado y responsabilizará a los pecadores. La Biblia dice que si ellos siguen sus propios consejos, caerán por sí mismos.

Pablo, el apóstol, lo dice claramente en Romanos 12: 17-19.

No paguen a nadie mal por mal. Procuren lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, tengan paz con todos los hombres. Amados, no se venguen ustedes mismos sino dejen lugar a la ira de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor.

El afán del desánimo se minimiza cuando confiamos que el Señor peleará nuestras batallas.

Finalmente, después de celebrar el carácter justo de Dios, después de pedir la capacidad de mantenerse del lado de Dios en el asunto, y después de considerar el destino final de los malignos, David se refiere al gozo futuro del justo (Salmo 5: 11).

Se alegrarán todos los que confían en ti;
para siempre gritarán de júbilo,
pues tú los proteges.
Los que aman tu nombre se regocijarán en ti.

El concepto clave de este versículo es el gozo. ¿Cómo es su rostro? ¿Es un rostro gozoso? ¿Vive usted por encima de las presiones? ¿Existe evidencia de paz en su rostro? Si usted intenta pelear sus batallas sin el Señor, usted se volverá una persona amargada, gruñona y finalmente su rostro mostrará las marcas de la batalla.

¿Alguna vez usted ha examinado la respuesta de Caín cuando Dios rechazó su ofrenda? Hay una frase muy significativa que aparece en Génesis 4: 5: “Por eso Caín se enfureció mucho, y decayó su semblante». El texto en hebreo se puede traducir también de una forma más dramática: «…y Caín ardía de enojo al punto que su rostro lo mostraba». Si tenemos enojo y resentimiento, nuestros rostros lo demuestran. Nuestra quijada se tensa, apretamos los dientes. Es imposible esconder el desánimo interno. Los rostros «caídos» revelan un corazón desanimado. David quería que Dios se llevara esa carga interna y la remplazara con el gozo.

Finalmente, el compositor menciona la promesa que frecuentemente olvidamos:

Porque tú, oh Señor, bendecirás al justo;
como un escudo lo rodearás con tu favor. (Salmo 5: 12)

David concluye su canción mirando al Señor y alejado de las causas de su desánimo. Él le ha entregado a Dios su carga en la mañana, el desánimo de David se ha ido. El escudo que él menciona al final de su canción en el versículo 12, se refiere a uno de esos escudos grandes que los guerreros tenían y que les cubría todo el cuerpo. Entonces, ¿cuál es la promesa?

Dios bendecirá a aquél que busca su protección. ¿Cómo lo hará? Lo hará mediante su favor y su escudo. Un escudo invisible amplio y protector. ¡Tomemos el escudo y deshagamos del desánimo!

Afirmando el alma

Durante su tiempo con el Señor, preferiblemente en la mañana, y mientras ora para vencer el desánimo, las siguientes directrices del Salmo 5, le serán muy útiles:

  • Descríbale su actitud y cuanto le duele.
  • Medite en los atributos de Dios.
  • Pídale la oportunidad de realizar cosas de acuerdo con la voluntad de Dios.
  • Sea específico en sus oraciones.
  • Recuérdese asimismo que Dios le defiende.
  • Recuerde las promesas de Dios.

Y cuando usted se sienta muy desanimado para orar por usted mismo, pídale alguien más que ore por usted.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El placer de Dios en hacernos bien

JULIO, 01

El placer de Dios en hacernos bien

Devocional por John Piper

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)
Jesús no se quedará de brazos cruzados, dejándonos en la incredulidad, sin antes dar batalla. Él toma el arma de la Palabra y la pronuncia con poder para todos aquellos que luchan por creer.

Su fin es derrotar al temor de que Dios no es el tipo de Dios que realmente quiere ser bueno con nosotros, o en otras palabras, que Él no es verdaderamente generoso y ayudador y amable y tierno, sino que básicamente está irritado con nosotros —enojado y con mala predisposición—.

En ocasiones, aunque creamos en nuestra mente que Dios es bueno con nosotros, es probable que sintamos que su bondad es de alguna manera forzada u obligada. Quizá como si fuera un juez acorralado por algún abogado astuto debido a un tecnicismo de procedencia jurídica, de modo que el juez tuviera que retirar los cargos contra el prisionero, a quien realmente preferiría enviar a la cárcel.

Pero Jesús se esfuerza para que no nos sintamos de esa manera hacia Dios. En este versículo, él está tratando por todos los medios de describirnos el indescriptible valor y la excelencia del alma de Dios al enseñarnos el placer ilimitado que le da el entregarnos el reino.

«No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». Cada palabra de esta maravillosa oración es intencionada y busca quitar el temor con el que Jesús sabe que luchamos: que Dios nos da con resentimiento sus beneficios; que él se siente forzado y obligado cuando hace cosas buenas por nosotros; que en el fondo está enojado y ama ventilar su enojo.

Esta una oración acerca de la naturaleza de Dios. Acerca del tipo de corazón que Dios tiene. Es un versículo acerca de lo que hace feliz a Dios —no meramente acerca de lo que Dios hará o tiene que hacer, sino más bien de lo que él disfruta hacer, lo que ama hacer y lo que le da placer hacer—.

Cada palabra cuenta.Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

 

El Dios vivo

sábado 1 julio

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

Salmo 42:2

Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti.

Salmo 63:1

El Dios vivo

Tener “sed de Dios”. ¡Qué intensa necesidad; qué sorprendente expresión! Es la necesidad que hay en lo más profundo del corazón de cada uno de nosotros. Pero, ¿de qué Dios tenemos sed? ¡Del Dios vivo! Este no es solo un Dios que existe, sino el Dios que da la vida, que habla y escucha; es el Dios que actúa en la historia de los hombres y en nuestra propia historia. No es un Dios lejano que no se interesa en los hombres, sino un Dios muy cercano que se revela a la fe.

Orar a Dios como al Dios viviente es reconocer que tiene el poder de liberarnos del miedo y del mal. También es tomar conciencia de que él conoce todo lo que hacemos e incluso lo que pensamos. ¡No podemos esconderle nada!

Pensar en el Dios vivo puede atemorizar al que no está en regla con él, e incluso aterrorizarlo. ¡Pero qué fuente de paz y de confianza para el que va a Dios por medio de la fe! Dios se revela de una manera tan real, tan profunda, que la expresión “Dios viviente” viene a los labios del creyente cuando expresa su ardiente deseo de comunión con su Dios (Salmos 42 y 84).

Cuando por la fe experimentamos la presencia de Dios, nos inclinamos con respeto y amor, cautivados por su grandeza.

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42:1).

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Salmo 84:2).

Daniel 4:1-18 – 1 Juan 2:18-29 – Salmo 78:21-31 – Proverbios 18:13

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¡Despierte!

¡Despierte!

John MacArthur

6/30/2017

Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. (Efesios 5:14)

El versículo de hoy cita lo que el profeta Isaías dijo en Isaías 60:1: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”. Ese versículo era la esperanza del Mesías, y la interpretación de Pablo es una reflexión de lo que Cristo ha hecho.

Muchos comentaristas bíblicos creen que Efesios 5:14 es un verso de un himno de resurrección cantado por la iglesia primitiva. Lo ven como una invitación; una presentación del evangelio. El pecador es el que duerme, y la invitación es a que despierte y resucite. El Salvador es Cristo, que alumbrará la vida.

Al igual que Rip Van Winkle, los hombres y las mujeres están durmiendo a través del tiempo; un tiempo de gracia. Cuando despierten, será demasiado tarde. Por eso Pablo los exhorta, como debemos exhortarlos nosotros, a que despierten y se levanten de los muertos.

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¡Confianza!

30 de junio

Spurgeon, C. H.

«¡Ah, SEÑOR DIOS! He aquí tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; nada es imposible para ti».

Jeremías 32:17 (LBLA)

Al mismo tiempo que los caldeos cercaban Jerusalén, y cuando la espada, el hambre y la pestilencia habían desolado la tierra, Dios ordena a Jeremías que compre un campo y tenga la escritura de transferencia sellada y atestiguada. Era extraño que un hombre cuerdo hiciera una compra así. La prudencia no podía justificarla; pues suponía comprar con escasa probabilidad de gozar alguna vez de su posesión. No obstante, para Jeremías era suficiente que su Dios se lo mandara, pues él sabía bien que el Señor será justificado por todos sus hijos. El Profeta razonaba así: «¡Ah, Señor Dios, tú puedes hacer que esta parcela de tierra sea de utilidad para mí; puedes librar a esta nación de sus opresores; puedes aun hacer que me siente debajo de mi vid y debajo de mi higuera en la heredad que he comprado. Porque tú hiciste los cielos y la tierra y nada hay difícil para ti». El que se atrevieran a hacer cosas que la razón carnal condenaría otorgó dignidad a los santos antiguos. Ya sea un Noé (que tiene que construir un arca en tierra seca), o un Abraham (que debe ofrecer a su único hijo en sacrificio), o un Moisés (que ha de despreciar los tesoros de Egipto), o un Josué (que tiene que cercar Jericó por siete días, sin el uso de armas, sino solo con el sonido de las bocinas de cuernos de carnero), todos ellos obedecieron a la orden de Dios, que era contraria a los dictados del razonamiento carnal y, como resultado de su obediencia, Dios les dio un rico galardón. Quiera Dios que tengamos en la religión de estos tiempos modernos una infusión más abundante de esa fe heroica en el Señor. Si nos aventurásemos más a confiar en las simples promesas de Dios, entraríamos en un mundo de maravillas que aún desconocemos. ¡Ojalá la actitud de confianza de Jeremías sea también la nuestra: nada es demasiado difícil para el Dios que creó los cielos y la tierra!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 191). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Tiene la Biblia errores?

Coalición por el Evangelio

¿Tiene la Biblia errores?

R.C. Sproul

“La Biblia es la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Desde la venida de la teología neo-ortodoxa a principios del siglo XX, esta afirmación se ha convertido en un mantra entre aquellos que quieren tener una visión elevada de la Escritura y a la vez evitar la responsabilidad académica de afirmar la infalibilidad bíblica y la inerrancia. Pero afirmar esto es un oxímoron por excelencia.

Volvamos a examinar esta fórmula teológica insostenible. Si eliminamos la primera parte, “La Biblia es”, obtenemos “la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Si lo analizamos más y tachamos “la Palabra de”, y “la cual”, llegamos a la conclusión final:

“Dios se equivoca”.

Pensar que Dios se equivoca de alguna manera, en algún lugar, o en alguna cosa que haga es repugnante tanto para la mente como para el alma. Aquí la crítica bíblica alcanza el punto más bajo del vandalismo bíblico.

¿Cómo podría una criatura sensata concebir una fórmula que habla de la Palabra de Dios como errante? Parecería obvio que si un libro es la Palabra de Dios, no pudiera (en efecto, no puede) errar. Si se equivoca, entonces no es (de hecho, no puede ser) la Palabra de Dios.

Atribuir a Dios cualquier error o falibilidad es teología dialéctica extrema.

Tal vez podamos resolver la antinomia diciendo que la Biblia se origina en la revelación divina de Dios, que lleva la marca de su verdad infalible, pero esta revelación es mediada por autores humanos que, en virtud de su humanidad, manchan y corrompen esa revelación original por su inclinación al error. Errare humanum est (“Errar es humano”), gritó Karl Barth, insistiendo que al negar el error, uno se queda con una Biblia doceta, es decir, una Biblia que simplemente “parece” ser humana, pero que en realidad es el producto de una humanidad fantasmal.

¿Quién argumentaría en contra de la propensión humana al el error? De hecho, debido a esa propensión existen los conceptos bíblicos de la inspiración y la superintendencia divina de la Escritura. La teología clásica ortodoxa siempre ha sostenido que el Espíritu Santo supera el error humano al producir el texto bíblico.

Barth dijo que la Biblia es la “Palabra” (verbum) de Dios, pero no las “palabras” (verba) de Dios. Con esa gimnasia teológica quería resolver el dilema insoluble de llamar a la Biblia la Palabra de Dios, que al mismo tiempo se equivoca. Si la Biblia es errante, entonces es un libro de reflexión humana sobre la revelación divina, solo otro volumen humano de teología. Puede tener un profundo conocimiento teológico, pero no es la Palabra de Dios.

Los críticos de la inerrancia argumentan que la doctrina se inventó en el escolasticismo protestante del siglo XVII, donde la razón superó la revelación, lo que significaría que no era la doctrina de los reformadores magisteriales. Por ejemplo, señalan que Martín Lutero nunca usó el término inerrancia. Eso es correcto. Lo que dijo fue que las Escrituras nunca se equivocan. Juan Calvino tampoco usó el término. Dijo que deberíamos recibir la Biblia como si escucháramos las palabras audibles viniendo de la boca de Dios. Los reformadores, entonces, no usaron el término inerrancia, pero articularon claramente el concepto.

Ireneo vivió muchos antes del siglo XVII, al igual que Agustín, el apóstol Pablo, y Jesús. Ellos, entre otros, enseñaron claramente la veracidad absoluta de la Escritura.

La defensa de la inerrancia de parte de la iglesia descansa sobre la confianza de la iglesia en la visión de la Escritura sostenida y enseñada por Jesús mismo. Queremos tener una visión de las Escrituras que no sea ni más alta ni más baja que el punto de vista de Jesús.

La plena confianza de las Sagradas Escrituras debe ser defendida en cada generación, contra toda crítica. Esa es la genialidad del libro The Inerrant Word: Biblical, Historical, Theological, and Pastoral Perspectives [La palabra inerrante: Perspectivas bíblicas, históricas, teológicas, y pastorales]. Debemos escuchar atentamente a esta reciente defensa.


Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Hugo Ochoa.
Imagen: Lightstock.

Dejemos que Dios sea Dios

30 JUNIO

Carson, D. A.

Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

Una vez oí a un erudito, que era sociólogo, confesionalmente evangélico, explicar con autoridad académica por qué ni siquiera un gran avivamiento, en caso de que el Señor escogiese darlo a un país como América, podría lograr una transformación rápida del país. El problema no sería solamente el grado de analfabetismo bíblico de los niveles más poderosos de la sociedad, ni la medida en la que el espíritu secularista ha penetrado los medios de comunicación, ni la historia de las decisiones del Tribunal Supremo que han influido en el contenido de los programas educativos y en los libros de texto de nuestras escuelas, sino también la manera como estos elementos se ven entrelazados los unos con los otros. Aun cuando, digamos, un millón de personas se convirtiesen, ninguna de estas estructuras sociales interdependientes ni de estos valores culturales se desmontaría por ese solo hecho.

Para ser justos con el estudioso en cuestión, estaba intentando, al menos en parte, advertirnos contra una manera de pensar que alimenta una concepción simplista de la religión y de los avivamientos –como si un buen avivamiento nos eximiera de la responsabilidad de pensar con profundidad y con amplitud a fin de ir cambiando la cultura.

El elemento fundamental que falta en esta clase de análisis es el enorme alcance de la soberanía de Dios. El análisis de este sociólogo es reduccionista. Parece como si pensase casi únicamente según categorías naturalistas, dejando al mismo tiempo un pequeño rincón para el fenómeno de la regeneración que, aunque sobrenatural, resulta más bien impotente. No estoy diciendo en absoluto que Dios no suela actuar a través de medios que se conforman a las estructuras regulares que Dios mismo ha creado. Pero es de suma importancia que insistamos en el hecho de que Dios no queda restringido por estas regularidades. Ante todo, la Biblia habla repetidamente de períodos cuando, por un lado, él sumerge a naciones enteras en la confusión y la angustia, o, por otro transforma a los seres humanos de tal manera al escribir su Ley en sus corazones, que anhelan por encima de todo lo demás, complacerle. Estamos ante un Dios que no queda limitado por las maquinaciones de los medios de comunicación. Es perfectamente capaz de intervenir de tal forma, sea con juicio o con gracia, que ejerza un control soberano sobre la manera de pensar de la gente.

Esto lo vemos en el Éxodo, a través del cántico de Miriam y Moisés, Dios se exalta por la manera en que desata el pavor entre las naciones a lo largo de las fronteras por las que Israel debe pasar en su camino hacia la Tierra Prometida (Éxodo 15:15–16). De hecho, esto es precisamente lo que Dios promete que hará (Éxodo 23:27). Y promete lo mismo con respecto a los Cananeos (Deuteronomio 2:25). Por tanto, no nos debería extrañar encontrarnos con pruebas inequívocas de tales intervenciones, cuando, por ejemplo, los israelitas se acercan a su primera ciudad amurallada (Josué 2:8–11; ver también 5:1).

Puede que Dios suela obrar normalmente a través de medios ordinarios. Pero no se halla limitado por dichos medios. Es por esto por lo que todo el poderío militar del mundo por sí sólo es incapaz de garantizar la victoria, e igualmente toda la secularización, todo el postmodernismo, el materialismo y el paganismo del mundo no puede por sí solo impedir el avivamiento. Dejemos que Dios sea Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 181). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Puedo donar mis órganos cuando muera?

¿Puedo donar mis órganos cuando muera?

Pablo Gutiérrez

En las distintas etapas históricas en las que se escribió la Biblia no existían los avances científicos y tecnológicos para llevar a cabo trasplantes de órganos, así que la Escritura no se pronuncia a este respecto y guarda silencio (al igual que en muchos otros temas). Así, no hay una prohibición expresa ni tampoco una autorización expresa, simplemente no hay nada al respecto.

Entonces, ¿de qué manera debemos afrontar estas preguntas razonables?

Es cierto: la Biblia no da una respuesta directa a esta situación. Sin embaego, existen principios contenidos en ella que nos arrojan luz para nuestro caminar (Sal. 119:105). La Biblia no es un manual de “Haga/No Haga”, sino una revelación específica, clara y directa sobre quién es Dios, su carácter, y las formas en que Él se ha relacionado con la humanidad a lo largo de la historia.

Debemos tener eso en mente cuando nos encontramos con cuestionamientos como estos. Conocer a Dios tendrá como consecuencia, entre otras, una repercusión en la forma que entendemos nuestro entorno y nos relacionamos con nuestro prójimo.

A la hora de responder si debemos o no donar órganos de nuestro cuerpo, hay al menos dos situaciones que merecen ser observadas: (1) La moralidad de la práctica (bioética) y, (2) Cuestiones sobre la resurrección.

Cuestiones éticas

En la cuestión bioética debemos decir que aun cuando la acción de donar órganos no es moral o inmoral en sí misma —no contraviene principio bíblico alguno—, quien desee hacerlo deberá documentarse de manera nutrida y tomar una decisión informada. Por un lado, puedes y debes considerar cuánto beneficio temporal pudiera traer tu donación a la vida de otro ser creado a la imagen de Dios. A la vez, puedes y debes considerar cómo tu familia puede verse afectada por esta decisión.

De más está decir que es sabio pedir consejo directo a aquellos creyentes con quienes se está en constante comunión y comunidad. En este caso, la donación es más una cuestión de conciencia. Si tu conciencia te acusa, la Biblia es muy clara sobre cómo proceder al respecto: no lo hagas (Romanos 14:22-23).

Cuestiones de la resurrección

La segunda “pregunta detrás de la pregunta” se relaciona con la resurrección. Dado que la esperanza que todo creyente en Cristo tiene es precisamente la resurrección (1 Cor. 15:12-19), tiene mucho sentido que surjan dudas acerca de la misma, y propiamente acerca de nuestros cuerpos al resucitar. ¿Será necesario para un cuerpo resucitado un páncreas, un hígado, o un estómago? ¿Serán necesarios en la eternidad los riñones y las córneas?

A este respecto, la Biblia sí se pronuncia abiertamente y nos dice que nuestro cuerpo será uno distinto a este cuerpo terrenal (1 Corintios 15:40-50); que resucitará en semejanza al cuerpo glorioso de Jesucristo (Efesios 3:20-21); que en la eternidad ya no habrá llanto, tristeza, muerte ni, por ende, enfermedad (Apocalipsis 21:3-4).

Ambos puntos son temas que se deben abordar con delicadeza y con respeto, pero siempre a partir de la sabiduría que la propia Palabra de Dios nos revela, en concordancia con la búsqueda oportuna del consejo correspondiente.

Amar al prójimo siempre

A través de su Palabra, Dios nos revela que amar al prójimo como a nosotros mismos no es una opción, sino un mandato (Levítico 19:18; Marcos 12:31; Lucas 10:27). Si se permite, en un sentido amplio y extensivo, la donación se puede considerar como una forma de amor póstumo hacia el prójimo.

Al hacer entrevistas para preparar esta respuesta, un amigo pastor me dijo algo que merece la pena analizar: “Dios es tan sabio, que al crearnos nos dio dos riñones, sabiendo que podemos funcionar perfectamente solamente con uno”. Esa afirmación me hizo pensar en los casos en que padres han donado un riñón a hijos, hermanos a hermanos, tíos a sobrinos, etcétera.

Tanto donador como receptor pueden seguir llevando vidas normales (con los respectivos cuidados) con un solo riñón. Creo, a título personal, que amar al prójimo no se limita únicamente a tratar bien a alguien, o a no murmurar en contra de alguien, o a servirle a alguien que muchas veces nos ha ofendido. ¿Podría ser la donación de órganos una forma más de amar al prójimo?

En la eternidad será distinto

Como consecuencia de la caída, todos vamos a morir. Sin embargo, como creyentes sabemos que seremos levantados un día en semejanza a la gloria del Unigénito de Dios, en quien, y a través de quien hemos sido adoptados, y que nuestros cuerpos ya no tendrán las necesidades que actualmente tenemos.

Sobre la base que se considera en Romanos 14:22-23, se puede proponer que la decisión final la debe tomar en lo personal cada creyente, luego de haberse informado y haber buscado sabiduría en el consejo bíblico de sus hermanos, tomando en cuenta que, en la eternidad, nos bastará la presencia de aquel que nos llamó de tinieblas a luz y la realidad será que no necesitaremos absolutamente nada más.

Pablo Gutiérrez es Abogado y Notario en Ciudad de Guatemala; apasionado por la música y las artes, apologeta en ciernes y apasionado por la Gran Comisión. Puedes seguirlo en Twitter.