La fe implica riesgos

17 Junio 2017

La fe implica riesgos
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:9

Algunas personas se cuidan tanto, que no se arriesgan por nada. Todo tiene que estar cuidadosamente regulado y bajo control… su control.  Los límites están definidos, las normas bien detalladas, cada céntimo justificado, nada de sorpresas. Y después de haber gastado tanto tiempo y tantos esfuerzos tratando de vivir sin problemas, terminan su vida sin haber hecho nada de valor duradero. No construyeron nada, no probaron nada nuevo, no invirtieron en nadie.

¡Pero Abraham no fue así! Su fe había madurado al punto de que su absoluta confianza en el carácter de Dios le había dado la libertad de echar la precaución por la borda, y arriesgarlo todo para obedecer. ¡Qué lección de teología tan perfecta para su hijo!

Ahora bien, el hijo que crió Abraham no era ningún tonto. Isaac sabía lo que podía pasar, y eso es lo que sucede después, a medida que avanza la historia. Leemos que llegaron al lugar que Dios le había dicho a Abraham, y levantó allí el altar, arregló la leña, y luego se puso a buscar a su hijo, que había huido para esconderse de su padre. ¡No! Isaac no hizo esto.

He escuchado incontables veces predicar sobre este pasaje, pero nunca he oído que alguien hable de la fe de este excelente joven. Vino a sacrificar ¡pero se dejó atar y colocar sobre el altar! Es obvio que este joven había aprendido bien su teología de su padre; un padre que renunció a su hijo porque tenía plena fe en su Dios. A propósito, Isaac no aprendió esa fe mientras subía la montaña esa mañana. La había estado cultivando por años, gracias al ejemplo permanente de su padre.

Es posible que algunos de ustedes, que son padres, se encuentren en una situación parecida mientras leen estas páginas. Puede ser que su relación con su hijo haya llegado a un punto en el que la única alternativa que le queda es encomendarlo totalmente al cuidado de Dios. A usted le gustaría ocuparse de los detalles, pero ya no puede hacer nada. Sabe que el Señor es bueno, y ha orado por una solución, pero nada ha cambiado. Sólo Dios puede intervenir, y porque eso es verdad, puede aprender algunas cosas de Abraham.

Ponga hoy en el altar esa relación con su hijo o hija. Entréguelos al Señor como una ofrenda. Tome el riesgo. Mentalmente, coloque a su muchacho o muchacha encima de la madera, y retírese del altar. Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.

Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.—Charles R. Swindoll

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 El tipo de oración que le agrada a Dios

JUNIO, 17
 El tipo de oración que le agrada a Dios

Devocional por John Piper

Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra. (Isaías 66:2)
La primera marca de un corazón recto es que tiembla ante la Palabra del Señor.

Isaías 66 lidia con el problema de que algunas personas adoran a Dios de una manera que a él le agrada y que otras lo adoran de una manera que no le agrada. El versículo siguiente describe al malo que le presenta sacrificios: «El que mata un buey es como el que mata a un hombre, el que sacrifica un cordero como el que desnuca un perro». Sus sacrificios son abominación a Dios: van a la par con un asesinato. ¿Por qué?

En el versículo 4 Dios explica: «Porque llamé, mas nadie respondió, hablé, mas no escucharon». Sus sacrificios eran abominación a Dios porque el pueblo no prestaba oídos a su voz. Pero ¿qué hay de aquellos cuyas oraciones Dios escuchaba? Dios dice en el versículo 2: «Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra».

Por consiguiente, concluyo que la primera marca de los justos, cuyas oraciones son una delicia para Dios, es que tiemblan ante la Palabra de Dios. Esas son las personas a quienes el Señor mirará.

Por lo tanto, la oración del recto que agrada a Dios viene de un corazón que en un principio se siente frágil en la presencia de Dios. Tiembla al oír la Palabra de Dios, porque se siente tan lejos del ideal de Dios, tan vulnerable a su juicio, tan indefenso y arrepentido por sus fallas.

Eso es justamente lo que dijo David en Salmos 51:17: «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito;
al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás». Lo primero en la oración aceptable delante de Dios es el quebranto y la humillación de la persona que ora.

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Lo que nos frena

sábado 17 junio

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1

Sois estrechos en vuestro propio corazón… ensanchaos también vosotros.

2 Corintios 6:12-13

Lo que nos frena

Un mensaje para los jóvenes cristianos

Quizá tenga la impresión de que lo que le frena en su vida cristiana son las condiciones de vida, las obligaciones sociales y profesionales, o incluso sus limitaciones físicas, su salud, sus capacidades. Esto puede ser cierto en algunos puntos, y si puede remediarlo, al menos en parte, vale la pena hacerlo. El apóstol Pablo escribió a los cristianos esclavos de Corinto: “Si puedes hacerte libre, procúralo más” (1?Corintios 7:21).

Pero en cuanto a esto, también hay una gran parte de ilusión, de la cual debemos ser conscientes, de otra manera nunca disfrutaremos de una verdadera libertad. ¿Qué piensa de ello? Si toda obligación exterior desapareciera, ¿sería suficiente para que usted encontrase la plena libertad a la que aspira?

En este ámbito, como en muchos otros, nuestras dificultades tienen su origen no fuera de nosotros, sino en nosotros. El problema está en nuestro propio corazón; ahí está el origen de nuestra falta de libertad. Nuestro corazón es prisionero de su egoísmo, de sus miedos y pasiones. Es él el que debe cambiar, dejándose educar por Jesucristo. Pidámosle a Dios, quien ha hecho de nosotros sus hijos, que abra nuestros corazones para que tomen consciencia de su amor y de su gracia. Entonces nuestra mente será liberada de todo lo que nos carga y nos frena. Tendremos una visión más abierta, más justa y más benevolente de los demás, y quizá también más justa de nosotros mismos.

2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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Palabras de edificación

Palabras de edificación

6/16/2017

La que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

(Efesios 4:29)

Si permite que Cristo guarde sus labios, todo lo que diga ha de beneficiar a otras personas. Usted debe estimular y fortalecer espiritualmente a las demás personas. ¿Es eso lo que ocurre cuando habla con ellas? ¿Se van edificadas en Jesucristo? Madres, cuando están con sus hijos durante todo el día, ¿los edifican las palabras de usted? Padres, cuando saca a pasear a sus hijos, ¿sus conversaciones con ellos son edificantes y estimulantes?

El versículo de hoy también indica que debemos dar a los demás la “necesaria” edificación, lo que significa que nuestras palabras satisfagan la necesidad. Cuando yo era niño, cada vez que le decía a mi mamá “¿Sabes lo que hizo fulano?”, ella me respondía: “¿Es necesario saberlo?” A menudo lo que yo quería decir era interesante, pero sin duda no era necesario.

Por último, nuestras palabras deben “dar gracia a los oyentes”. ¿Bendicen sus palabras a quienes las oyen? ¿Hay gracia en lo que usted dice? Puede estar seguro de que, si permite que el Señor ponga guarda a su boca y deja que su Palabra more en usted, entonces sus palabras serán las palabras de gracia de Dios.

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¡El SEÑOR es mi luz!

16 de junio

«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida, ¿de quién tendré temor?».

Salmo 27:1 (LBLA)

¡El Señor es mi luz y mi salvación! He aquí un interés personal: «mi luz», «mi salvación». El alma se siente segura de ello y, por consiguiente, lo proclama resueltamente. Cuando nacemos de nuevo se derrama sobre el alma la luz divina precursora de la salvación. Donde no hay suficiente luz que revele nuestras tinieblas y nos haga ansiar al Señor Jesús, no hay prueba de salvación. Después de la conversión, nuestro Dios es nuestro gozo, consuelo, guía, maestro y, en todo sentido, nuestra luz. Él es luz dentro y alrededor de nosotros; luz reflejada por nosotros y luz que tiene que ser revelada a nosotros. Observa que no se dice meramente que Dios proporcione luz, sino que Dios es luz; ni que él dé salvación, sino que él es salvación. El que por fe se aferra a Dios tiene en su poder todas las bendiciones del pacto. Una vez sentado esto, el argumento que se desprende está expresado en forma de pregunta: «¿A quién temeré?». Una pregunta que tiene en sí misma su respuesta. No hay que temer a los poderes de las tinieblas, pues el Señor, nuestra luz, los destruye; no debemos temer a la condenación del Infierno, porque el Señor es nuestra salvación. Es este un desafío diferente del que hizo el jactancioso Goliat, pues no descansa sobre el arrogante vigor de un brazo de carne, sino en el poder real del omnipotente «YO SOY». «El Señor es la fortaleza de mi vida»: he aquí un tercer término brillante para indicar que la esperanza del autor estaba asegurada con un triple cordón que no podía romperse. Bien podemos acumular palabras de alabanza allí donde el Señor prodiga hechos de gracia. Nuestra vida deriva todo su poder de Dios; y si él se propone hacernos fuertes, todas las maquinaciones del adversario no podrán debilitarnos. «¿De quién tendré temor?». La clara pregunta mira tanto al futuro como al presente: «Si Dios es por nosotros», ¿quién puede estar contra nosotros tanto ahora como en lo porvenir?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 176). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Exaltado seas, oh Dios!

16 JUNIO

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

El Salmo 108 se distingue algo de los otros salmos. Aparte de algunos cambios menores, está compuesto de partes de otros dos salmos. El salmo 108:1–5 sigue el salmo 57:7–11; salmo 108:6–13 sigue salmo 60:5–12. No obstante, el sentimiento que despierta el conjunto es asombrosamente diferente.

Tanto en los Salmos 57 como en el 60 encontramos a David bajo una presión enorme. En el caso de aquel primero, el subtítulo que introduce el salmo sitúa a David en plena huida de Saúl, y refugiándose en una cueva; en este segundo, David y sus tropas han sufrido una derrota. En ambos casos sin embargo, el salmo acaba en canto de alabanza y confianza – y estos cantos de alabanza respectivos se encuentran para constituir el salmo 108. Aunque dicho salmo, alude a una situación angustiosa que incluye cierta experiencia de castigo infligido por Dios (108:11), el tono del salmo en su conjunto se aleja de los tintes sombríos de las primeras partes de los dos otros salmos y acaba rebosando de adoración y confianza.

Este hecho sencillo nos obliga a reconocer algo muy importante. Los dos salmos anteriores, el 57 y el 60, nos resultarán sin duda particularmente apropiados cuando nos enfrentamos a algún peligro – sea individual o colectivo – o cuando hayamos sufrido alguna derrota humillante. El presente salmo, en cambio, resonará en nuestros oídos cuando en el momento de hacer alguna pausa para recordar las múltiples bendiciones de Dios, y para traer otra vez a la mente la grandeza de su soberanía y el hecho de que es absolutamente digno de recibir nuestra adoración. Puede que sea especialmente provechoso para cuando estemos a punto de emprender una nueva iniciativa para la cual nuestra fe deba anclarse de nuevo. Esta perspectiva de una aplicación nueva y diferente ocurre porque las mismas palabras se encuentran en dos contextos diferentes. Y de esto se trata, justamente.

Aunque todas las Escrituras sean verdaderas y de crucial importancia, mereciendo el estudio, la reflexión y el pensamiento aplicado con rigor, el Señor nuestro Dios, en su sabiduría, no nos ha dado una Biblia compuesta de principios abstractos, sino un tejido de textos muy diversos, cada uno de ellos fruto de vivencias muy diferentes. Pese a la diversidad, por supuesto, sigue habiendo un hilo conductor que lo engloba todo, y una única Mente detrás de ella. El rico entramado de experiencias humanas variadas que se refleja en los diferentes libros, y pasajes, de la Biblia – particularmente en los salmos – permite que la Biblia nos hable con una fuerza y poder singulares allí donde el encaje entre la experiencia del autor humano y la nuestra sea especialmente íntimo.

Gracias a esta asombrosa riqueza, Dios merece que lo adoremos con reverencia. ¿Qué otra mente que no sea la suya, qué amplitud de comprensión, qué benevolente soberanía en la composición de los escritos, podría dar lugar a una obra tan unificada y al mismo tiempo tan profundamente diversa? Aquí también hay razones para añadir nuestro “amén” a las palabras del 108:5: “Exaltado seas, oh Dios, por encima de los cielos más altos. Que tu gloria brille sobre toda la tierra”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 167). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un día triste

16 Junio 2017

Un día triste
por Charles R. Swindoll

1 Samuel 10

1 Samuel 11:15

Cuando la gente dio con el nuevo rey lo celebraron. ¿Y por qué no? Era un día glorioso. Saúl era alto, fuerte, modesto y tenía el apoyo de toda su nación. Desde el punto de vista humano, era el inicio de una nueva era. Pero desde el punto de vista de Dios, fue un día triste. Su pueblo lo había rechazado a Él como rey sustituyéndolo por alguien tan impresionante como un apuesto actor de cine. A diferencia de toda esa gente alborozada, Dios sabía que este no era el comienzo de los días de gloria de Israel. Pronto comenzaría a producirse un desastre.

Casi de la noche a la mañana, Saúl rompió todos los índices de popularidad. Había demostrado que era un guerrero valiente y capaz, un competente general y un líder vigoroso. Cuando los amonitas atacaron, Saúl actuó con arrojo y firmeza, y lo hizo con honra. Esto le ganó la confianza del pueblo, y también unas excelentes palabras de apoyo de Samuel. Pero no olvide que esta historia es una tragedia. La vida de Saúl era como el perfil de los techos, y había llegado al punto más alto de este perfil.

Después de su desbordamiento de gloria, la vida de Saúl comenzó a trastornarse. Se convirtió en una víctima de sí mismo: se llenó de orgullo, impaciencia, rebeldía, celos y de intentos de asesinato. Después de varios años muy dolorosos, se convirtió en un tipo cruel, maniático y digno de lástima que finalmente se suicidaría. La iniquidad había comenzado a invadir su vida, como se vierten las aguas servidas en un botadero, muy por debajo de la superficie, bajo el manto de la noche. A esa iniquidad nadie podía verla. De hecho, por mucho tiempo nadie pudo siquiera olerla, pero lentamente contaminó las aguas de su alma.

Una de las principales cualidades que yo busco en un miembro o empleado potencial de nuestro personal es la modestia. Quiero que la persona esté segura de sus capacidades, pero también que considere su trabajo un poco amedrentador. Esto me dice si la persona tiene una perspectiva saludable del cargo que estamos tratando de llenar. ¡Que sea amedrentador! Una persona modesta estará más inclinada a confiar en el Señor para su éxito, y mucho menos propensa a fracasar. Siempre me causan recelo las personas que buscan ser el centro de atención.

Una persona modesta estará más inclinada a confiar en el Señor para su éxito.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Sirvamos a Dios con nuestra sed

JUNIO, 16

Sirvamos a Dios con nuestra sed

Devocional por John Piper

Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. (2 Corintios 5:9)
¿Qué tal si descubrimos (como le ocurrió a los fariseos) que hemos dedicado toda la vida en tratar de agradar a Dios, pero todo el tiempo hemos estado haciendo lo que a los ojos de Dios era abominación? (Lucas 16:14-15)

Alguien podría decir: «No creo que eso sea posible, Dios no rechazaría a una persona que ha tratado de agradarle». ¿Se dan cuenta de lo que esta persona está preguntando? Ha basado su convicción acerca de lo que agrada a Dios en su propia idea de cómo es Dios. Precisamente por eso, debemos comenzar por el carácter de Dios.

Dios es un manantial en la montaña, no un estanque. El manantial se renueva naturalmente, se desborda y abastece a otros de continuo; mientras que a un estanque hace falta llenarlo con una bomba o cubetas de agua.

Si queremos exaltar el valor de un estanque, tendremos que trabajar arduamente para mantenerlo lleno y en funcionamiento. Por el contrario, si queremos exaltar el valor de un manantial, lo que haremos es arrodillarnos con manos y pies en el suelo y beberemos hasta que nuestro corazón quede satisfecho, y hasta conseguir el refrigerio y las fuerzas que necesitamos para descender por el valle e ir a contar a otros lo que hemos encontrado.

Mi esperanza como pecador desesperado, depende de esta verdad bíblica: que Dios es el tipo de Dios que se deleita con lo único que puedo ofrecerle —mi sed—. Es por eso que la libertad soberana de Dios y su autosuficiencia son tan preciosas para mí: son el fundamento de mi esperanza de que Dios no se deleita en la inventiva de recursos como bombas y cubetas, sino en pecadores quebrantados que se arrodillan con manos y pies en el suelo para beber de la fuente de gracia.

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Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca.

El lenguaje inútil

6/15/2017

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca.

(Efesios 4:29)

Las frutas podridas huelen muy mal y son inservibles. No queremos estar cerca de ellas, y mucho menos comerlas. Lo mismo ocurre con el lenguaje corrompido. Sean chistes de color subido, palabras obscenas, cuentos sucios o lenguaje grosero, de ninguna manera debe caracterizar eso a un cristiano.

El Salmo 141:3 nos dice cómo eliminar tal lenguaje: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”. Si Jesucristo es el guarda de nuestros labios, Él será quien determine lo que sale por ellos.

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El que abre y ninguno cierra

15 de junio

«El que abre y ninguno cierra».

Apocalipsis 3:7

Jesús es el Guarda de las puertas del Paraíso: él ha puesto delante de toda alma creyente una puerta abierta que ningún hombre ni ningún demonio puede cerrarle. ¡Qué gozo será descubrir que la fe en él es la llave de oro que abre las puertas eternas! Alma mía, ¿estás llevando por todas partes esta llave en tu pecho o confías en alguna llave falsa que, al fin, fracasará? Oye esta parábola del predicador y recuérdala: El gran Rey ha hecho un banquete y ha proclamado por todo el mundo que ninguno entrará en él, salvo los que traigan la flor más hermosa del mundo. Los espíritus de los hombres se adelantan por millares a la puerta y cada uno trae una flor que estima ser la reina del jardín; pero son arrojados en tropel de la presencia regia y no pueden entrar en la sala del banquete. Algunos traen en sus manos la mortal hierba mora de la superstición, o la pomposa adormidera de Roma, o la cicuta de la justicia propia; pero como estas flores no agradan al Rey, a los que las llevan, se les cierran las puertas de perla. Alma mía, ¿has arrancado tú la rosa de Sarón? ¿Llevas en tu pecho constantemente el lirio de los valles? Si es así, cuando llegues a las puertas del Cielo conocerás su valor; pues solo tienes que mostrar la más selecta de las flores y el Portero abrirá. Ni por un momento te negará la entrada, ya que el Portero siempre le abre a aquella Rosa. Tu camino al trono de Dios lo hallarás con la Rosa de Sarón en las manos; pues el Cielo no posee nada que sobrepase su radiante belleza, y de todas las flores que crecen en el Paraíso, no hay ninguna que pueda rivalizar con el lirio de los valles. Alma mía, toma en tus manos, por la fe, la roja rosa del Calvario; llévala por amor, presérvala por la comunión, haz de ella tu todo en todo por una diaria vigilancia, y serás grandemente bendecida, feliz por encima de toda imaginación. Jesús, sé mío para siempre: mi Dios, mi Cielo, mi todo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 175). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.