La Carrera Más Difícil: Ser Madre

La Carrera Más Difícil: Ser Madre

Autor: M.Gayo

a1La maternidad es una hermosa etapa que todas las mujeres pasan. Las chicas solteras suelen soñar con ser madres algún día, y las casadas que fueron madres por primera vez, recuerdan con dulzura ese tiempo.
Te estoy hablando a ti, mujer. ¿Qué dirías si al llegar a esta etapa, muchas personas te preguntasen si volverías al trabajo que dejaste por cuidar a tu bebé? ¿Alguna vez lo hicieron?  ¿Lo harían? Y de hacerlo, ¿cuál sería tu reacción?, ¿tristeza, enojo o desearías que la tierra te tragase en ese momento?… Nadie más que tú tiene las herramientas para criar a tus hijos.

Poca gente considera la labor de ser madre una Carrera; sin embargo, no es solamente una carrera, es una labor que impacta en todas las generaciones; no existe trabajo más difícil ni de mayor influencia. Mira la siguiente historia:

Una amiga tuvo una incómoda conversación en la que se le preguntó, si ya había vuelto a trabajar (su chiquito apenas tenía dos meses de vida). Le dijo que no, que no había vuelto a trabajar pues tenía la determinación de amamantar a su bebé y éste se rehusaba a tomar biberón; luego, con una “sonrisa”, le llegó la segunda pregunta: “¿Pero, sí se plantea regresar a trabajar, no?” No pudo negarse a sí misma, en que lo que más quería era alejarse de esa mujer. Se sintió apenada, enojada, y desechando cualquier sentimiento de culpa, pensó: ¿acaso el ser madre no es un trabajo?, o ¿acaso ella creía que no hacía nada durante el día? Respiró profundo y le dijo que con el tiempo regresaría, pero que pretendía que fuera solo dos días a la semana, ya que su responsabilidad más importante era su hijo. La conversación terminó en ese momento, pero no dejó de pensar en ella, ya que no era la primera vez que se le preguntaba si iba a regresar a trabajar. Ahora, con más experiencia y seguridad, puede afirmar que el ser madre es un trabajo, y un trabajo mucho más importante del que puede hacer dentro de su oficina.
Es mucho más fácil desarrollar nuestro trabajo que el ser madre; por lo tanto, ninguna respuesta a la pregunta «a qué se dedica» debería decirse con más orgullo que «soy madre».
Algunos intelectuales feministas ven la ciencia del hogar con rotundo desprecio, argumentando que degrada a la mujer y que las implacables exigencias de criar a los hijos son una forma de explotación machista. Ellas ridiculizan a las mujeres que optan por quedarse en casa para criar a sus hijos. Ni es justo ni correcto.
Quizá te has sentido muy juzgada al decidir emprender la carrera como madre en lugar de ampliar tu carrera profesional. No se trata de infravalorar los logros que las mujeres logran en cualquier empresa o carrera, sino de reconocer que no hay nada que sea de más beneficio que la maternidad…No hay oficio superior, y ninguna cantidad de dinero, titulación o distinción pública excede a las recompensas de atención a la familia.
Puede ser que existan otras personas que desarrollen tu trabajo, pero recuerda que nadie en el mundo criará a tus hijos como tú lo harías.
No cabe duda que el ser madre es una carrera, y una carrera que requiere de toda tu energía, inteligencia, motivación, paciencia y determinación. Es tiempo de que las mujeres no devalúen lo que hacen dentro de las paredes de su hogar, sino que lo expresen con orgullo y no den explicaciones ni justificaciones de su decisión de ser madres.
No te intimides por aquellas personas que tienen una carrera fuera del hogar, porque ninguna carrera requiere tanto de lo que una persona es como lo es ser madre; exprésalo con orgullo y no dudes en manifestar este mensaje a otras madres.
A veces ellas mismas degradan lo que hacen durante el día, pensando que no es suficiente o importante; pero la labor de criar a los hijos es tan importante que la sociedad misma depende de sus esfuerzos, lo que evidencia la suma importancia de esta labor. Tú estás criando a futuros abogados, ingenieros, doctores, etc., con valores y principios importantes ¡Qué gran responsabilidad!
Nunca dejes de explicarles a tus hijos, sean niños o niñas, la importancia de ser madre, pues este es el mensaje que se transmitirá a generaciones por venir.
Vuestros esfuerzos como madres son dignos de considerarse una carrera, pues tenéis que estar mejorando y aprendiendo continuamente. Y además, hacéis esto sin ninguna remuneración monetaria, aunque vuestro pago es mucho mayor: múltiples besos, abrazos y caricias; ver crecer a nuestros pequeños, verlos algún día, convertirse en un buen hombre y una buena mujer, dignos de llevar nuestro legado a las siguientes generaciones. Sin lugar a duda, ellos os lo agradecerán mucho.
Es un gran privilegio ser madre, pero implica una gran responsabilidad: sufrir, gozar, esperar, confiar, anhelar,… es la carrera más difícil, pero con Dios todo se puede.
http://iglesiaevangelicabautistaourense.blogspot.com/

Confusión e impaciencia en el matrimonio cuando se conversa acerca de las diferencias

a1Autor: David Hormachea

Confusión e impaciencia en el matrimonio cuando se conversa acerca de las diferencias

Todos sufrimos confusión y muchos actuamos inadecuadamente, cuando nos damos cuenta de que nos hemos casado con alguien inmensamente diferente. El problema no es lo que sentimos, sino cómo actuamos por lo que sentimos.
Hay momentos en que enfrentar la realidad es realmente difícil. Sin embargo, es mucho más lamentable y peligroso vivir tratando de ignorarla. Si usted ha elegido el matrimonio para poder vivir en el mundo de la fantasía o muy pronto terminará su fantasía o lamentablemente terminará su matrimonio. Es verdad que generalmente somos atraídos por personas diferentes, pero la historia es totalmente diferente cuando tenemos que vivir con ellas. Esa es una razón por la que la mayoría de las parejas tienen serios conflictos cuando descubren lo diferentes que son.

Muy pronto terminará su fantasía o lamentablemente terminará su matrimonio.
Todo cónyuge en determinado momento comenzará a vivir temporadas de antagonismo al notar lo diferente que es la persona con quien eligió casarse. Todo matrimonio tarde o temprano tendrá uno de esos diálogos que en vez de traer esperanza, nos deja con un sabor amargo y que en vez de ayudarnos a encontrar respuestas, nos crea un sinnúmero de signos de interrogación. Es posible que alguna vez usted haya escuchado algunas de la siguientes declaraciones: «Somos tan diferentes que lo mejor sería separarnos», «Somos demasiado diferentes, y aunque no creo que es bueno separarse, creo que de aquí en adelante debes hacer las cosas a tu manera porque yo las haré a la mía», «Cuando yo pienso blanco, tú piensas negro», «Estas diferencias nunca terminarán». Por supuesto que no son palabras fáciles de escuchar y mucho menos si éstas salen de los labios de aquella persona con quien nos comprometimos a permanecer juntos para toda la vida.
Por dolorosas que sean estas palabras, sin duda, expresan grandes verdades. Lo desagradable es que nos anuncian que vienen consecuencias que ningún ser racional desea. Separarse o divorciarse por las diferencias, es tan ridículo como querer casarse con alguien que sea igual a uno. Resentirse y no aceptar las diferencias es como querer tener a su lado un robot. Alguien que hable, piense, haga y diga todo lo que uno le mande. Pero, ¿es realmente eso lo que busca el cónyuge que está haciendo estas declaraciones? Mi respuesta enfática a esta pregunta es un rotundo no. Lo que generalmente la persona busca es ser entendida, y en medio de su frustración expresa su desaliento. Obviamente este cónyuge siente que sus puntos de vista, sus formas de hacer las cosas, sus anhelos, sus deseos, no se están tomando en cuenta en la medida que espera.
Hoy, a diferencia de lo que pensaba antes, y después de muchos años de matrimonio, pienso que tras estas declaraciones se encuentra oculto un buen mensaje que se está entregando con el propósito de que sea comprendido. Debo reconocer que no siempre he pensado tan positivamente, pues hubo momentos en que al escuchar estas declaraciones de preocupación de mi esposa, sentí que todo mi mundo familiar se desmoronaba. Cada vez que escuchaba estas palabras me parecía oír el anuncio de una separación, sobre todo cuando concluíamos que no valía la pena seguir hiriéndonos. Era amenazante pensar que no tenía sentido seguir juntos si cada vez que yo hacía algo que a ella no le agradaba, o cada vez que ella hacía algo que a mí no me agradaba, volvíamos a discutir acaloradamente acerca del problema, y una vez más, después de conversar y expresar cada uno sus puntos de vistas, llegaríamos a la repetida y decepcionante conclusión: «Somos demasiado diferentes».

Cada vez que escuchaba estas palabras me parecía oír el anuncio de una separación.
En determinados momentos y queriendo entender nuestras diferencias, tanto mi esposa como yo, tomamos el tiempo para pensar en el pasado y estudiar los antecedentes familiares de cada uno. Después de analizar las respectivas familias, llegamos a la conclusión de que una de las razones por la cuales somos tan diferentes es por la forma tan diferente en que fuimos criados. Creo que todos estamos de acuerdo con esta conclusión, pero una conclusión no es una solución, sobre todo cuando sabemos que tal vez nuestras diferencias nunca terminen y que algunas de ellas nos acompañarán toda la vida. El resultado de este frío análisis ha sido la frustración de mi esposa, su desesperanza y su respectiva declaración comunicándome que ella no podía vivir tranquila con estas diferencias. Precisamente en aquellos momentos aparecía en mi mente una gran incógnita. Si no podemos vivir tranquilos con nuestras diferencias, ¿cuál debería ser la solución o cuál debería ser el siguiente paso? Me pregunté muchas veces, ¿qué debe hacer una pareja que no sabe cómo vivir con sus diferencias?
Soy de las personas que piensan que determinaciones tan importantes como estas de ninguna manera deben ser producto de una decisión emocional, abrupta y sin profunda meditación. Esa es la razón por la que, cuando tuvimos estas dificultades en nuestro matrimonio, decidí pensar seriamente sobre el asunto. Tomé la decisión de investigar lo que Dios desea que todos nosotros hagamos cuando nos encontremos en esas circunstancias. Me repetí constantemente a mí mismo: Si Dios nos creó diferentes y permitió que con diferentes antecedentes, deseos, costumbres, anhelos y metas lleguemos a ser un matrimonio que está supuesto a convivir en la relación interpersonal más cercana e íntima de este mundo, es imposible que Él no tenga una respuesta, no es posible que no haya dejado un camino para poder convivir. Mi conclusión una vez más me daba esperanza pues Dios es el autor del matrimonio, Él creó la familia y sin duda tiene respuestas a nuestras más grandes interrogantes.
Creo que la mayoría de los cristianos, cuando buscamos el consejo divino, actuamos de la misma manera. Generalmente estamos esperando que Su consejo coincida con nuestras expectativas, pero muy pronto me di cuenta de que las respuestas que yo esperaba no eran las que la Biblia me entregaba. Una vez más tenía que ser recordado que las respuestas divinas no siempre son las que los orgullosos y egoístas seres humanos esperamos. Si las respuestas hubieran sido lo que mi esposa y yo esperábamos, Dios habría tenido que darnos dos respuestas diferentes y al aplicar sus consejos, en vez de terminar nuestros conflictos más bien nos habríamos metido en otros mayores porque tanto mi esposa como yo, esperábamos que la Biblia nos diera la razón.
La fórmula divina que descubro en las páginas de la Biblia realmente me resulta paradójica porque rompe los ideales humanos de la misma forma que lo hacen muchos de sus principios. En la historia podemos notar que cada vez que una sociedad ha encontrado una desarmonía entre sus valores y los valores divinos, ésta ha tratado de ridiculizar los categóricos principios y mandamientos divinos. A través de los siglos, los hombres han rechazado los altos valores divinos, porque sin duda, éstos se salen de las expectativas humanas. Las fórmulas divinas no son fácilmente aceptadas por nosotros los humanos. Es difícil aceptar que si nos humillamos, seremos exaltados y si sufrimos seremos bienaventurados. Estas son fórmulas que no encajan en nuestro orgulloso corazón. Pero, Dios no se ha equivocado. Estos fueron los principios que rigieron la vida de Jesucristo, y aunque a los ojos de sus contemporáneos puede haber terminado como un perdedor, ante los ojos de Dios-Padre, su humillación le llevó a la exaltación y su actitud de siervo a la posición de Rey.

Es difícil aceptar que si nos humillamos, seremos exaltados.
Después de pensar en todo lo expuesto, creo que fundamentalmente el éxito de la relación conyugal radica en aceptarnos tal como somos. Ninguno debe intentar cambiar a su cónyuge, más bien cada uno por sí solo debe determinar hacer todos los cambios que sean indispensables para la adecuada relación matrimonial.
Estos cambios serán efectivos siempre y cuando se tome en cuenta las necesidades de la persona amada y cuando nuestra determinación de cambiar no esté basada exclusivamente en la opinión humana sino en el consejo divino, aunque éste vaya en contra de los anhelos humanos.

 
Hormachea, D. (1994). Para matrimonios con amor (pp. 8–14). Miami, Florida: Editorial Unilit.