¿CÓMO PUEDO SER SALVO?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

¿CÓMO PUEDO SER SALVO?

a1A través de este libro se ha hecho referencia al hecho de que un hombre no puede ser la clase de esposo que Dios requiere aparte del poder habilitador del Espíritu Santo. Tú puedes estarte preguntando, “¿Cómo sucede esto? ¿Cómo recibe una persona el poder necesario para vivir una vida agradable a Dios?” Este apéndice procura responder esta pregunta.

El Espíritu de Dios habita sólo en aquellos que, por gracia, han puesto su fe en la muerte sustitutiva del Señor Jesucristo. Ellos son salvos por gracia por medio de la fe.

Todos los versos citados en este apéndice se encuentran en el Nuevo Testamento. Escúchalos por un momento:

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Ef. 2:8–9).

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3).

Dios dice que nuestros pecados nos han separado de Él. Dios es santo y justo. Su santidad le hace odiar el pecado. Su justicia le demanda castigar el pecado. La paga o el castigo del pecado es muerte (Rom. 6:23). Para Dios, tolerar el pecado sin requerir el castigo apropiado sería una violación de su justicia.

Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron (Rom. 5:12).

Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 6:23).

Porque escrito está: SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO (1 Pedro 1:16).

Trata de verlo de esta manera: ¿Considerarías justo a un juez si, por parcialidad para con un asesino convicto, lo sentenciara sólo a 30 días en la cárcel en lugar de la sentencia mínima requerida por la ley? ¿Se le debería permitir a ese juez injusto sentarse en la banca de la corte? ¿Qué acerca de Dios? ¿Debería Dios, “el juez de toda la tierra,” simplemente no castigar a los pecadores que transgreden su ley? ¡Por supuesto que no! Si Dios eximiera a los hombres y mujeres pecadores sin demandar que paguen al menos la pena mínima por sus crímenes, esto lo volvería injusto. La sentencia mínima para el pecado de acuerdo a la Biblia es la muerte. Dicho simplemente: Dios tiene que castigar el pecado porque Su justicia se lo requiere.

Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio (Heb. 9:27).

El Señor, entonces, sabe rescatar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos bajo castigo para el día del juicio (2 Pedro 2:9).

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda: el lago de fuego (Ap. 20:11–14).

Por otro lado, Dios es amoroso y misericordioso. Él “es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” ¿Cómo puede entonces Dios perdonar a los pecadores en amor y misericordia cuando su justicia requiere que los castigue por sus pecados?” ¡La respuesta es encontrar un sustituto!

Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que era imposible que Él quedara bajo el dominio de ella (Hechos 2:22–24).

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras (1 Cor. 15:3).

Si Dios pudiera encontrar a alguien que estuviese dispuesto a pagar el precio por la pena del pecado y que no tuviese que morir por su propio pecado, entonces Él podría castigar al sustituto en lugar del pecador. ¿Pero quién es sin pecado? Sólo Dios. Así que Dios, en Su amor y misericordia, se hizo hombre en la persona de Jesucristo (Fil. 2:7), vivió una vida sin pecado y luego murió en la cruz como sustituto por los pecadores que eran incapaces de redimirse a sí mismos. Luego, después de ser sepultado se levantó de entre los muertos y al hacerlo demostró Su poder sobre la muerte.

Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu (1 Pedro 3:18).

El mismo poder de la resurrección está disponible para aquellos que creen verdaderamente en el evangelio de la gracia de Dios. Para los que creen, el evangelio no es sólo poder sobre la muerte, sino también sobre el pecado – el mismo pecado que nos esclaviza y por el cual Cristo murió para salvarnos de él. Como ves, es sólo cuando alguien se convierte en cristiano que el Espíritu Santo habita en él dándole el poder para cambiar y obedecer a Dios.

¿Eres cristiano? ¿Qué te impide serlo? Oye de nuevo las buenas nuevas que son proclamadas a ti y a todos los que escuchan:

Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación … porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERÁ SALVO (Rom. 10:9–10, 13).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna … El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él (Juan 3:16–36).

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 259–262). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

4 abr 2016

«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

por Carlos Rey

a1Durante siete años prosperó el negocio. Sus dueños multiplicaron sus ganancias. Tenían una funeraria en Pasadena, California, en la que vendían servicios de honras fúnebres. Embalsamaban muertos. Incineraban muertos. Enterraban muertos. Y transportaban muertos a otras ciudades. Pero lamentablemente también profanaban a los muertos.

Al amparo de tarjetas de donación de órganos, que falsificaban, vendían ojos, riñones, corazones y huesos. Vendían además, cuando lograban robarlas, piezas de oro, tales como anillos y brazaletes, e incluso empastes de oro de las dentaduras. Y para colmo de males, incineraban los cadáveres en masa, por montones, de modo que las cenizas que entregaban a los familiares no eran de ningún difunto en particular.

Durante siete años cometieron estas atrocidades con impunidad, hasta abril de 1987. Ese mes las autoridades de California hicieron una redada en la funeraria Lamb en Pasadena luego de descubrir en la localidad de Hesperia, a más de una hora de distancia en el condado de San Bernardino, un enorme crematorio oculto al que se había hecho pasar por un horno para cerámica usado para curar paneles resistentes al calor para el transbordador espacial.

De ahí que los tres miembros de la familia dueña del negocio —Laurieanne Lamb Sconce, su esposo Jerry Sconce y su hijo David— tuvieran que afrontar una demanda por quince millones de dólares. Al concluir el juicio, a la madre la declararon culpable de ocho acusaciones, y al padre, de robo y de maltrato de restos humanos. En 1989 el hijo, David Sconce, se confesó culpable de varios cargos, incluso de robo de tumbas, y lo condenaron a cinco años de cárcel. Lamentablemente, lejos de satisfacer la demanda de los familiares de los cinco mil muertos procesados por la familia Sconce, esa condena por el ultraje póstumo perpetrado contra ellos, que representaba apenas un año de cárcel por cada mil difuntos, no surtió más efecto que recordarles amargamente las palabras tajantes de la abogada Elizabeth Joan Cabraser, que dijo: «¡Cinco mil muertos piden venganza!»

El juez del caso, por su parte, comentó con sabiduría salomónica: «La dignidad de una sociedad se mide por la dignidad que ella les concede a sus muertos.» De hecho, el sabio Salomón mismo, consciente de que toda sociedad se dignifica o se envilece según sus valores morales, planteó los siguientes valores que a la sociedad actual le convendría adoptar:

Vale más el buen nombre
que el buen perfume.
Vale más el día en que se muere
que el día en que se nace.
Vale más ir a un funeral
que a un festival….
El sabio tiene presente la muerte;
el necio sólo piensa en la diversión….
Quien teme a Dios
saldrá bien en todo.1

14-PERSISTE FIRME

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Catorce

PERSISTE FIRME

a1¿Te has sentido alguna vez como si tu matrimonio fuese una caja donde estás atrapado y que se hace más pequeña con cada día que pasa? ¿Te has preguntado si acaso esa caja te va a apretar tanto que te sofocará o te aplastará? Yo he conocido a muchos que se han sentido así. Es para ellos que se escribe este capítulo. Por supuesto, tú te vas a beneficiar leyéndolo aun si la caja donde Dios te tiene ahora no tiene que ver con tu matrimonio. También te vas a beneficiar si te has sentido tentado a tirar la toalla intentando hacer que tu matrimonio funcione, así que por favor quédate conmigo por las siguientes páginas finales.

Poner a dos pecadores juntos en la cercanía íntima de una relación matrimonial puede, por momentos, producir mucha presión. ¿Cómo has manejado esa presión?

Aquí estás tú en una caja. Estás encerrado, incómodo y progresivamente más frustrado con cada hora que pasa. Tú quieres que esa presión que sientes se levante para tener algún alivio. ¡Quieres que Dios te saque de esa caja de una vez por todas! La Biblia tiene algunas cosas importantes que decir acerca de esa caja.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla (1 Corintios 10:13).

La primera cosa que Dios quiere que conozcas es que tú no eres el único que has estando encasillado en esta clase de caja. El problema en que estás no es nuevo, es “común a los hombres.” Es decir, aunque pueda tener algunos componentes únicos; sin embargo, es una clase de problema que ha encasillado o aprisionado a muchos antes de ti. Ciertamente, mientras lees esto hay otros (sí, aun otros cristianos) que están básicamente en la misma caja que tú, ahora mismo.

Otra cosa que Dios te dice en este verso acerca de tu caja es que Él ha puesto límites al problema en que estás, y lo ha hecho de dos maneras muy importantes. Esta promesa divina; sin embargo, sólo se aplica a los cristianos. Es decir, a aquellos que por la fe dependen sólo de la obra redentora de Cristo en la cruz para su salvación.1 Para ellos, Dios ha limitado la extensión y la duración de sus problemas.

La fidelidad de Dios hacia ti significa, primero, que Él “no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar.” Es decir, Él no permitirá que la tentación se vuelva tan difícil que no seas capaz de lidiar con ella bíblicamente. En otras palabras, ¡Él no dejará que tu caja se vuelva tan pequeña que te aplaste o te sofoque!

Segundo, la promesa de la fidelidad de Dios es que como cristiano tu prueba tendrá fin. Él “proveerá también la vía de escape a fin de que podáis resistirla.” Dios promete que algún día, de alguna manera, tu prueba terminará; que El te va a dejar salir de la caja.2 Él no te dice cómo, o cuándo, sólo que lo hará.

La “caja” en la que estás:

Tarde o temprano Dios va a sacarte de la caja. Él puede proveer tu vía de escape enviando un tractor que derribe la pared. O podría oprimir un botón que disparara silenciosamente una puerta de escape en el piso de la caja. Él puede enviar un abridor de latas gigante que rompa la tapa de la caja y lanzarte una escalera para que te subas de allí y salgas. Quizás podría enviar un ejército de ángeles que marche alrededor de tu caja y que con un grito las paredes caigan como los muros de Jericó. O con un simple chasquido de Sus dedos Él puede hacer desaparecer la caja.

La pregunta que quiero hacer es “¿Qué estás haciendo mientras estás allí?” Mientras esperas que Dios te saque, ¿estás cooperando con su plan o, como muchos, has sacado impacientemente tu navaja tratando de romper la caja y salirte a tu manera antes de que Dios te saque por medios legítimos y justos a su manera?

Puesto que he tratado de referirme en este libro a cada pasaje del Nuevo Testamento que contenga un mandamiento específico a los esposos, voy a incluir también una explicación de 1 Corintios 7:11b: “que el marido no abandone a su mujer.”

Tú, esposo cristiano, no debes abandonar a (divorciarte de) tu mujer aunque sea incrédula: “si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone” (1 Cor. 7:12).3 El debate sobre el divorcio y el re-casamiento continúa en este día. Con frecuencia produce más calor que luz. Pero una cosa en la que casi todos concuerdan es que el matrimonio es muy difícil de disolver.

Nada sino la infidelidad marital o la deserción de un cónyuge incrédulo constituye un divorcio bíblico (es decir, no pecaminoso).4 Aunque estés casado con una mujer que no profesa ser cristiana, mientras ella quiera vivir contigo, tu llamado es: “persiste” y trata de que tu matrimonio funcione.

En mis 13 años de profesión como consejero matrimonial, nunca he visto que un divorcio anti-bíblico cause menos dolor y sufrimiento de lo que causaría “reparar” el matrimonio. Ciertamente, es difícil resistir. Requiere mucha tolerancia y trabajo arduo. Pero por difícil que sea estar casado, es mucho más difícil proseguir con un divorcio pecaminoso porque “el camino de los [‘traicioneros’ RVA] transgresores es duro” (Prov. 13:15 RV60).

Cuando aconsejo a una persona que está pensando iniciar un divorcio anti-bíblico, usualmente le hago dos preguntas:5 La primera es: ¿Quieres lo mejor de Dios? La mayoría de la gente responde, “¡Por supuesto!” pero nunca se han detenido a considerar que su rebelión egocéntrica de iniciar un divorcio no sólo es un serio pecado contra el Dios Todopoderoso sino que tendrá un profundamente calamitoso impacto en su vida y felicidad futuras. El pecado causa miseria temporal y eterna. La gracia no es, como muchos suponen, pecado sin consecuencia. Tú no debes esperar que Dios bendiga tu desobediencia removiendo todas las consecuencias naturales (y sobrenaturales) de tu pecado. No importa cuán miserable piensas que eres en tus circunstancias actuales, si buscas un divorcio anti-bíblico serás, a largo plazo, más miserable de lo que eres ahora, aunque experimentes algún alivio momentáneo de tu sufrimiento. Recuerda la advertencia de Gálatas 6:7: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.”

La otra pregunta que me gusta hacer a los que quieren desertar innecesariamente de su matrimonio es, “¿Estás dispuesto a demostrarle a Dios y todo el mundo que tienes un corazón duro?” La mayoría de cristianos entienden las claras implicaciones de esta pregunta. Jesús, cuando fue cuestionado por los fariseos sobre las regulaciones del divorcio, demostró que el pacto del matrimonio no es un contrato tan fácil de abandonar como algunos de ellos creían.

Y se acercaron a Él algunos fariseos para probarle, diciendo: ¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? Y respondiendo Él, dijo: ¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio LOS HIZO VARÓN Y HEMBRA, y añadió: “POR ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE”? Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Ellos le dijeron: Entonces, ¿por qué mandó Moisés DARLE CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARLA? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero no ha sido así desde el principio. Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio (Mat. 19:3–9).

Cuando un cristiano inicia un divorcio anti-bíblico es siempre porque ha endurecido su corazón contra Dios.

Un tiempo atrás yo estaba en mi oficina tratando de convencer a una mujer que ella no tenía base bíblica para divorciarse de su esposo. A pesar de mi esfuerzo por hacerle ver lo que las Escrituras enseñan, ella no se convenció. Cuando comencé a presionar la autoridad de las Escrituras tratando de convencerla con ellas (“toda Escritura es inspirada por Dios y útil para … corregir … 2 Tim. 3:16), ella parecía ser inmune. Aunque le estaba lanzando todo lo que hay en el Libro, ella parecía impenetrable; no podía hacer llegar la verdad de la Palabra de Dios a través de los bloques que parecía haber levantado en su corazón. Finalmente, trató de justificar su pecaminoso plan diciendo, “Usted no conoce mi corazón, sólo Dios, y Él entiende.” A lo cual respondí, “¡Usted está en lo cierto, Dios conoce su corazón y entiende que es duro!”

Ahora, como hombre, tú podrías decir, “Yo se que sería un pecado, pero creo que Dios me perdonaría si me divorcio de mi esposa.”

¡No te apresures! Pensemos bien esto por un momento. Supón que tú eres el presidente de un banco y que entrando en tu oficina con una mirada sombría en mi rostro yo te preguntara, “¿Recuerda cuando su banco fue asaltado hace tres semanas?”

“Ciertamente sí,” replicas tú con un tono sospechoso en tu voz y una mirada suspicaz en tus ojos.

“Bueno, no sé como decirle esto exactamente pero … Bueno, eh, yo vine para confesarle el crimen y pedirle que me perdone. De verdad, de verdad lo siento mucho. Mire, yo sé que no lo merezco, pero ¿cree que podría perdonarme de corazón? ¡Por favor!”

“Ya veo. Bueno, ¿Dónde está el dinero que se robó?”

“¿El dinero?”

“Sí, quiero que me devuelva mi dinero”

“Pero yo vine a pedirle que me perdone. Yo no quiero regresarle el dinero. ¿No puede perdonarme y olvidarse del dinero?”

“Por supuesto que no, usted tiene que estar dispuesto a restituir lo que se robó antes de comenzar a pensar que lo voy a perdonar.”

¿Ves ahora cuán necio es esperar que Dios perdone tu divorcio pecaminoso sin primero estar dispuesto a arrepentirte y (si es posible) reconciliarte con tu esposa?

“¡Pero es que si sigo casado con esa mujer me voy a volver loco!”

“Es más probable que te “vuelvas loco” desviándote de la voluntad revelada de Dios que obedeciendo su Palabra y sufriendo por la justicia. Abandonar el lugar donde la Palabra de Dios dice que debemos estar es una cosa seria: “Como pájaro que vaga lejos de su nido, así es el hombre que vaga lejos de su hogar” (Prov. 27:8). El egoísmo y el descontento es lo que hace que un hombre abandone a su esposa y a su familia, separándose de ellos para buscar su deseo pensando que hay pastos más verdes en otro lugar (Prov. 18:1).

Yo he aconsejado a muchos hombres cristianos del otro lado de un matrimonio pecaminoso, quienes no quisieron reconciliarse con la esposa que desecharon antes de entrar en un matrimonio posterior. Pero no recuerdo ni uno que, después de todo, esté mejor ahora de lo que habría estado si hubiese estado dispuesto a persistir, a enfrentar la dificultad envuelta en enderezar su vida y a reconciliar su matrimonio.

Recientemente, un hombre que estaba separado de su esposa vino a mí de otra iglesia en el área para consejería. Le pregunté por qué venía conmigo en lugar de ir con el consejero de su propia iglesia. Su respuesta me enfureció.

“Ese consejero,” replicó, “me dijo que un buen divorcio es mejor que un mal matrimonio.”

El problema es que muchos cristianos no están dispuestos a sufrir por la justicia. Ellos parecen haber olvidado, si es que alguna vez lo supieron, que parte del paquete que viene cuando te comprometes con el cristianismo bíblico es que Dios te llama a sufrir (Mat. 5:10–12; 16:24; 2 Tim. 3:12; 1 Pedro 2:19–25). Algunas veces ese sufrimiento viene en la forma de un matrimonio difícil que hay que soportar. A menos, y hasta que Dios te provea una ventana bíblica por la cual puedas salirte (por ejemplo, la infidelidad sexual o la deserción matrimonial de tu esposa) mejor planea mantenerte allí a largo plazo.

La persistencia es otro de esos conceptos bíblicos que ha eludido de alguna manera a los cristianos hoy. El sufrimiento y la persistencia van mano a mano en la Biblia. Un importante efecto de la persistencia es la habilidad de soportar una prueba sin recurrir a medios pecaminosos de liberación (1 Sam. 24:1 y siguientes). Es decir, cuando Dios te pone en una caja, si tienes persistencia, no vas a sacar tu pecaminosa pequeña navaja para tratar de librarte a ti mismo con maneras que deshonran a Dios. Más bien, “persistirás allí” hasta que Dios te provea una manera honrosa a Él para salir de la caja. En relación a la dificultad del matrimonio, usualmente implica aprender a hacer funcionar un matrimonio. Para comenzar, primero debes sacar la viga de tu propio ojo (Mat. 7:5), esforzándote por ser un esposo bíblico integral.

Otro elemento de la persistencia que me gustaría mencionar tiene que ver con la forma en que percibes la prueba; en como ves el hecho de estar en una caja. Una persona persistente tiene la habilidad de mantener una perspectiva bíblica sobre sus problemas. Él o ella hacen esto rehusando magnificar una prueba tolerable para que parezca intolerable e insoportable.

Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre (Heb. 12:3–4).

Con toda probabilidad, las dificultades que estás atravesando y que te tien tan a tirar la toalla en tu matrimonio, no son en lo mínimo tan intolerables como te las imaginas. Seguramente son dolorosas, pero tienes que tener cuidado de no quejarte de una herida en la piel como si fuese un puñal atravesado en el corazón. También harás bien en considerar que Dios puede estar usando las pruebas de tu matrimonio para castigarte y santificarte para bien tuyo y la gloria de Su nombre. Él quiere producir en ti el fruto de justicia que sabe a paz.

Además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: HIJO MÍO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR ÉL; PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO. Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia. Heb. 12:5–11

Cuida de no pensar como Caín, quien neciamente se quejó de que su castigo era demasiado grande para ser soportado (Gen. 4:13). ¡La verdad es que tú aún no has recibido todo lo que mereces por tus pecados! Cristo ha tomado ese castigo sobre sí mismo. Si estás siendo castigado es para tu propio beneficio y para la gloria de Dios. Considera también que si Dios está usando tu matrimonio para disciplinarte, ¿Qué bien te hará evitarlo? Dios irá detrás de ti y te disciplinará más severamente – probablemente con una tabla más grande (y más dolorosa). Si te divorcias de tu esposa en contra de la Biblia y te casas con otra, no sólo estarás cometiendo adulterio, sino te estarás exponiendo a que Dios continúe el proceso de disciplina en tu próximo matrimonio. Créeme y cree en la Biblia: no vale la pena. A menos que tengas verdaderas bases bíblicas para el divorcio, es mucho más fácil soportar lo que sea para reparar tu matrimonio que abandonarlo y comenzar todo de nuevo.

Si lo que quieres es comenzar de nuevo, ¿Por qué no comienzas siendo la clase de esposo que la Biblia requiere de ti? Si en verdad eres cristiano tú puedes aprender a hacer cualquier cosa que la Biblia requiera. Puedes aprender a vivir con tu esposa “de manera comprensiva.” Puedes aprender a amar a tu esposa “como Cristo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella,” soportando su pecado (vea Luc. 9:41; Rom. 5:8). Puedes aprender a amarla con la misma intensidad que te amas a ti mismo. Puedes aprender a reemplazar cualquier amargura en tu corazón hacia ella con la generosidad, ternura y perdón de Cristo. Puedes aprender a honrarla como a “vaso más frágil.” Puedes aprender a “santificarla” y “limpiarla” lavándola con “el agua de la Palabra.” Puedes aprender a mejorar tu vida sexual y dejar de defraudarla a ella (y a ti mismo) en esta área. Puedes aprender a ser el líder espiritual y dirigente de tu casa que Dios quiere que seas. Y si lo haces, tarde o temprano tendrás la clase de matrimonio que no sólo será placentero para ti sino que agradará y glorificará a Dios; tendrás un matrimonio que realmente demostrará a todos la espectacular y amorosa relación que existe entre Cristo y su iglesia.

Al llegar al final de este libro, me gustaría tomar un momento para usar un poco de imaginación santificada. Imagina lo que será cuando, por la gracia de Dios, puedas presentar, a ti mismo y a Cristo (en el cielo), a tu esposa “en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante” (Ef. 5:27b) porque ella es “santa e inmaculada” (Ef. 5:27c). Que el Señor bendiga tu esfuerzo de llegar a ser, por el poder del Espíritu Santo y con la infalible asistencia de las Escrituras, un esposo integral.

1 Si estás inseguro acerca de lo que esto significa o acerca de si eres o no un verdadero cristiano, si aún no lo has hecho (este es tu recordatorio final), por favor toma un momento para leer el apéndice A “Cómo Puedo Ser Salvo.”

2 Aun aquellos cristianos que están sufriendo alguna enfermedad terminal o incurable tienen esperanza de que algún día Dios les sacará de la caja de su carpa carnal (su cuerpo físico) y los conducirá a la libertad de su casa celestial (Romanos 8:12–22) (“un edificio de Dios, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos” 1 Cor. 5:1–4).

3 De una serie de dos partes en cassette titulada “Cómo Vivir con un Esposo Incrédulo” (Título en inglés: “How to Live with an Unbelieving Spouse”).

4 Aunque todo divorcio es resultado del pecado, no todos los divorcios son pecaminosos. Para una explicación más completa sobre la posición protestante tradicional vea Matrimonio, Divorcio y Re-Casamiento, por Jay Adams (Grand Rapids: Zondervan, 1980) – Título en inglés Marriage, Divorce and Remarriage in the Bible.

5 Desde que yo recuerdo más mujeres cristianas profesantes inician divorcios anti-bíblicos de lo que lo hacen los varones cristianos profesantes. Esto es una realidad solemne. No pienses, “a mí y a mi esposa nunca nos sucederá.” El matrimonio es una cosa preciosa y debe ser tratado con cuidado.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 247–256). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

CREER EN CRISTO O CREERLE A CRISTO, PERSONAS DESTINADAS PARA CONDENACIÓN

CREER EN CRISTO O CREERLE A CRISTO, PERSONAS DESTINADAS PARA CONDENACIÓN

David Logacho
2016-03-31

a1Por medio del correo electrónico se ha comunicado con nosotros una amable oyente para hacernos la siguiente consulta: He encontrado dificultad en evangelizar a algunas personas no creyentes. Me dicen que ellos también creen en Cristo y que reciben milagros y que sus oraciones son contestadas. Cuando yo les hablo de las obras de la ley y de la fe en Cristo, me salen con que ellos tienen fe en Cristo, pero lo dicen sólo de palabra, sin entender lo que están afirmando. ¿Cómo puedo hacerles entender claramente el error en el que se hallan? ¿Qué palabras bíblicas se aplican a este problema tan delicado?

Gracias por su consulta amiga oyente. Comienzo por felicitarle por su deseo de compartir el Evangelio con otras personas. Habrá algunos que oyen el mensaje, no lo entienden en absoluto, y muy pronto se olvidan de lo que oyeron y siguen viviendo sin pensar siquiera en su condición espiritual. Habrá otros que oyen el mensaje, y al momento lo reciben con gozo, pero cuando vienen las pruebas de la vida, se desaniman y rehúsan seguir al Señor. Habrá otros que oyen el mensaje, parece que lo aceptan, pero muy pronto se nota que no pasó nada, porque más les interesa los afanes de este mundo y el engaño de las riquezas. Habrá otros que oyen el mensaje, lo entienden totalmente y de todo corazón, con sinceridad reciben a Cristo como su Salvador y esta decisión transforma totalmente sus vidas. El Señor Jesús habló de estas cuatro diferentes respuestas al mensaje del Evangelio, en lo que se conoce como la parábola del sembrador. Usted se siente algo frustrada porque algunas personas a quienes ha compartido el mensaje del Evangelio han dicho que ya creen en Cristo, y que sus oraciones son contestadas y hasta han recibido milagros. Bueno, existe la posibilidad de que estas personas sean ya creyentes y por eso han respondido de esa manera, pero también existe la posibilidad de que no sean creyentes aunque esté convencidas de que lo son. Esto último es lo que Usted piensa en cuanto a las personas a quienes compartió el Evangelio. Lo que pasa es que mucha gente piensa que cree en Cristo por el sólo hecho de ser miembro de alguna religión que tiene algo que ver con Cristo, no importa cuál religión sea. Mucha gente piensa que debe tener comunión con Dios porque cuando le pide algo, recibe lo que pide. Mucha gente piensa que Dios está con ellos porque han sido librados milagrosamente de algún peligro. Pero no debemos olvidar lo que dice Santiago 2:19 donde leemos: Tú crees que Dios es uno;  bien haces.  También los demonioscreen,  y tiemblan.

Hasta los demonios creen que Dios es uno, y no sólo eso, sino que tiemblan, pero no por eso dejan de ser siervos de Satanás y por tanto enemigos de Dios. Una cosa es creer en Dios o creer en Cristo y otra muy diferente es creer a Dios o creer a Cristo. Creer a Cristo significa conocer lo que Él ha dicho y hacer lo que Él ha dicho. Aquí radica la falla de muchos que dicen que creen en Cristo o que creen en Dios. El Nuevo Testamento presenta un episodio por demás trágico de personas que profetizaban, hacían obras sobrenaturales y todo en el nombre de Cristo, pero sin tener a Cristo en su vida. Ponga atención a lo que dice Mateo 7:21-23 No todo el que me dice:  Señor,  Señor,  entrará en el reino de los cielos,  sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mat 7:22  Muchos me dirán en aquel día:  Señor,  Señor,  ¿no profetizamos en tu nombre,  y en tu nombre echamos fuera demonios,  y en tu nombre hicimos muchos milagros?

Mat 7:23  Y entonces les declararé:  Nunca os conocí;  apartaos de mí,  hacedores de maldad.

No es cuestión de invocar al Señor de labios para afuera para poder entrar al reino de los cielos. Es algo más que eso. Implica un nuevo nacimiento, que hace posible el que cumplamos con la voluntad del Padre que está en los cielos. El Señor Jesús dijo que llegará un día, el día que el mundo llama el día del juicio, cuando no pocos, sino muchos estarán ante la persona del Señor y sabiendo que están en condenación, dirán al Señor: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Note, eran personas como las que Usted menciona en su consulta, que dicen que creen en Cristo, que reciben lo que piden en oración y que hasta milagros reciben. Pero estas personas no eran salvas, porque jamás habían sometido su voluntad a la voluntad de Dios, jamás habían recibido al Señor Jesucristo como Salvador. Por eso, estas personas escucharán las fatídicas palabras del Señor: Nunca os conocí. Apartaos de mí, hacedores de maldad. Estas personas profetizaban en el nombre del Señor, echaban demonios en el nombre del Señor, hacían milagros en el nombre del Señor, pero no hacían la voluntad del Señor sino la voluntad de Satanás. Nunca tuvieron una relación íntima y personal con el Señor y prueba de ellos es que su vida estaba caracterizada por hacer el mal. Cuando nos encontramos con personas que no quieren obedecer lo que dice Dios en su palabra, porque según ellos ya creen en Cristo y Dios les contesta las oraciones y reciben hasta milagros, es necesario reconocer que Dios necesita intervenir en estas personas haciendo su obra de quitar la venda espiritual que no les permite ver su triste condición espiritual como pecadores separados de Dios. Nosotros podemos orar a Dios pidiendo por esto, pero Dios tiene la última palabra. Él sabrá como lo hace y cuando lo hace. Algo que sí podemos hacer, además de orar, es compartir con estas personas el plan de salvación, poniendo énfasis en que el hombre es pecador, según Romanos 3:23, señalando que el hombre está en peligro de recibir eterna condenación por el hecho de ser pecador, según Romanos 6:23, indicando que Dios ama al pecador conforme a lo que dice Juan 3:16 y que por ese amor Dios envió a su Hijo unigénito para que muera en lugar del pecador, según Romanos 5:8 y finalmente invitando al pecador a reconocer que Cristo murió por él y por tanto debe recibirlo por la fe como Salvador personal, para llegar a ser hijo de Dios, según Juan 1:12. La palabra de Dios, y el poder del Espíritu Santo pueden derribar cualquier obstáculo que pueda poner el enemigo para evitar que el pecador halle salvación en Cristo Jesús.

La segunda consulta de nuestra amiga oyente que hizo la consulta anterior dice así: En Judas 4 dice el texto bíblico que algunas personas han sido desde antes destinadas para condenación, y he leído que Dios no quiere que ninguno se pierda, sino que todos sean salvos. ¿Cómo puedo explicar esta aparente contradicción? No puedo creer que Dios destine a alguien para perdición.

Gracias por su consulta. Usted tiene toda la razón al afirmar que la voluntad de Dios es que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:9 dice: El Señor no retarda su promesa,  según algunos la tienen por tardanza,  sino que es paciente para con nosotros,  no queriendo que ninguno perezca,  sino que todos procedan al arrepentimiento.

Siendo así, es de esperarse que Dios no predestine a nadie para condenación, como efectivamente se ve en la Biblia. Lo que la Biblia presenta es una paradoja en la salvación. Los que somos salvos hemos sido elegidos para ser salvos antes de la fundación del mundo, pero los que no son salvos, se condenan, no por no haber sido elegidos para ser salvos antes de la fundación del mundo, sino porque voluntariamente rechazan la oferta de salvación en Cristo. Con esto en mente permítame leer el texto que se encuentra en Judas 4. La Biblia dice: Porque algunos hombres han entrado encubiertamente,  los que desde antes habían sido destinados para esta condenación,  hombres impíos,  que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios,  y niegan a Dios el único soberano,  y a nuestro Señor Jesucristo.

Leído a la ligera, parecería que este versículo está diciendo que Dios ha predestinado, o decidido de antemano que algunos hombres terminen en condenación. Estos hombres son los apóstatas. Pero no hay tal. La Biblia nunca enseña que alguien sea predestinado para condenación. Cuando los hombres se salvan es por la soberana gracia de Dios. Pero cuando los hombres se condenan es por su propio pecado y desobediencia. Lo que este versículo está diciendo es que la condenación que van a recibir los apóstatas ha sido decidida por Dios con anticipación. El versículo no está hablando de que Dios ha determinado con anticipación quien va a ser apóstata. Lo que está diciendo el versículo es que cuando alguien por su propia voluntad se desvía del camino de la verdad y por su propia voluntad decide ser un apóstata, entonces lo que le espera es la condenación que de antemano Dios ha determinado para todo apóstata.

 

3. LA CRÍTICA DESTRUCTIVA

SERIE GIGANTES AL ACECHO

3. LA CRÍTICA DESTRUCTIVA

David Logacho
2016-03-30

a1Doy gracias al Señor por la oportunidad de compartir este tiempo con usted, amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada Gigantes al Acecho. Al hablar de gigantes nos estamos refiriendo a enemigos como el desánimo, la crítica, el chisme, la culpa, el miedo, la soledad, los celos. En nuestro último estudio bíblico vimos cuan poderoso es ese gigante llamado desánimo. Es tan poderoso que ha sacudido países, familias, iglesias, ministerios cristianos y vidas de personas. Todavía retumba en nuestros oídos el triste final de toda una generación de hijos de Israel en el desierto, quienes, en cierta ocasión, presa del desánimo, se rebelaron contra Moisés y Aarón y llegaron a dudar de la persona y propósitos de Dios. En esta ocasión hablaremos de otro poderoso gigante al acecho. Este gigante se llama la crítica.

La crítica puede ser buena o mala. Una crítica buena, también llamada crítica constructiva es aquella que tiene como propósito hacer una evaluación objetiva y razonada de cierto asunto buscando siempre una mejoría de aquello que ha sido materia de la crítica. La crítica constructiva busca construir mas no destruir. Esta crítica constructiva es muy necesaria. Cada uno de nosotros debería tener un espíritu crítico en el buen sentido de la crítica. Es decir, debemos ser capaces de dar una opinión cuidadosa, inteligente y razonada de lo que percibimos con nuestros sentidos. No deberíamos aceptar cualquier cosa sin mayor explicación. No hay nada de malo con realizar una crítica constructiva. Pero existe otro tipo de crítica, que en esencia es mala. Es la crítica destructiva. Aquel que hace una crítica destructiva es el que emite su opinión despiadada, irreflexiva y a menudo prejuiciada en cuanto a cierto asunto o cierta persona. El que hace crítica destructiva lo ve todo negativamente, busca trivialidades y arma con ellas un escándalo mayúsculo. Colecciona todos los errores insignificantes, y basándose en ello se apresta a condenar irreflexivamente. Una persona así se convierte en una persona desconfiada y llega a creer que toda conducta humana está motivada por un interés egoísta de buscar el beneficio propio. Este tipo de persona desconfía de las motivaciones de las demás personas y mira a casi todo con una incredulidad que raya en el desprecio; y muy especialmente hacia aquello que le hacer sentirse o aparecer inferior. Este gigante, llamado crítica destructiva impulsa el descontento, destruye todo lo que halla en su camino y deja atrás un reguero de personas destrozadas. Ahora bien, este poderoso gigante tiene dos caras. Parece que fuera uno solo, pero en realidad son dos, a manera de hermanos gemelos. Uno es el gigante de la crítica destructiva que recibimos de otros y su hermano gemelo es la crítica destructiva que nosotros lanzamos contra otros. En nuestro estudio bíblico de hoy nos limitaremos a esa crítica destructiva que recibimos de otros. Cuando alguien habla mal de nosotros, esto puede destruirnos rápidamente a menos que sepamos como controlar a este gigante. Este gigante siempre anda persiguiéndonos. Si todavía nunca se ha encontrado con él, no dude que en algún momento tropezará con él. Todos los que nos hemos encontrado con este gigante nos hemos sentido lastimados, confundidos, preocupados, indignados, airados. La crítica destructiva nos sacude sin misericordia y nos deja lamiéndonos las heridas, muriéndonos de miedo. Hablando sobre esto, un poema dice lo siguiente: El hombre, con el aliento que le dio el cielo, habla palabras que ensucian la blancura de la vida. Es igual que un asesino, porque igual se mata con la lengua que con un cuchillo. Cuando alguien hable mal de usted, se sentirá como si le traspasaran el alma con un cuchillo. Este gigante se meterá en su vida y enredará todas las cosas. Atacará desde muchos frentes. Serán tiempos de prueba para su alma. No será capaz de entenderlo, se sentirá confundido, frustrado, perplejo y abrumado. Si dejamos que este gigante nos domine, viviremos amargados el resto de nuestros días. La clave está entonces en conquistar a esta poderoso gigante. ¿Cómo hacerlo? Primero, reconociendo que no es del todo extraño que recibamos crítica destructiva, especialmente si estamos esforzándonos por vivir vidas santas delante de Dios o si Dios nos ha puesto en alguna posición de liderazgo. Moisés fue objeto de la crítica destructiva una cantidad de veces. Josué y Caleb fueron objeto de la crítica cuando dieron un buen reporte acerca de lo que vieron en la tierra prometida. David fue objeto de la crítica destructiva tantas veces que perdió la cuenta. En su angustia por la crítica destructiva, exclamó las palabras que se hallan en textos como Salmo 64:1-6. La Biblia dice: Escucha, oh Dios, la voz de mi queja;

Guarda mi vida del temor del enemigo.

Psa 64:2 Escóndeme del consejo secreto de los malignos,

De la conspiración de los que hacen iniquidad,

Psa 64:3 Que afilan como espada su lengua;

Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,

Psa 64:4 Para asaetear a escondidas al íntegro;

De repente lo asaetean, y no temen.

Psa 64:5 Obstinados en su inicuo designio,

Tratan de esconder los lazos,

Y dicen: ¿Quién los ha de ver?

Psa 64:6 Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta;

Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo.

Todos los hombres y mujeres que han hecho algo de bueno por el Señor, han sido víctimas de la crítica destructiva. Pero nadie ha sufrido tanta crítica destructiva como el Señor Jesús. Él fue criticado por comer con pecadores, fue criticado por echar fuera demonios, fue criticado por haber sanado a un hombre en un día de reposo, fue criticado por enseñar con autoridad, fue criticado por perdonar pecados. Así que, no piense que usted es la única víctima de la crítica destructiva. Es natural que los hijos de Dios seamos objeto de la furia del enemigo. Segundo, agradezca al Señor por la crítica destructiva en su contra. Esto suena extraño, pero cuando considera a la crítica destructiva como una oportunidad para crecer espiritualmente, estará dispuesto a agradecer al Señor por ello. Quizá cuando más rápidamente creció David en su relación con el Señor, fue cuando se encontró en la hoguera encendida por sus críticos. Tercero, no se esfuerce por dar su merecido a quien ha lanzado la critica destructiva en contra suya. Si está a su alcance el desmentir la crítica destructiva, hágalo, pero no tome la justicia en su propia mano para vengarse de quien ha hecho crítica destructiva en su contra. Ni siquiera piense por un momento en contrarrestar la crítica destructiva en su contra por medio de criticar destructivamente a la persona que le ha criticado. Es mejor poner todo en la mano del Señor y confiar en que Él castigará a os que le han criticado injustamente. Romanos 12:19 dice: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Cuarto, no permita que la crítica destructiva altere su estilo de vida, si está haciendo bien las cosas, por supuesto. El que critica para destruir busca justamente eso, destruir. Si se desanima y se abandona a usted mismo y piensa que lo mejor es no hacer nada para no se objeto de una crítica destructiva, habrá sido derrotado por ese gigante de la crítica destructiva. A pesar de lo que digan sus críticos, si sabe que está limpio delante del Señor de cualquier cosa que haya sido acusado injustamente, siga adelante con fe y determinación. Recuerde que los que hemos sido víctimas de la crítica destructiva hemos sido personas que estamos caminando hacia la madurez en nuestra vida cristiana. Esto me trae a la mente un pasaje de El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Un día, Sancho Panza, su fiel escudero, se quejó de que los perros les ladraban. El Quijote le respondió: No te preocupes Sancho Panza, si los perros ladran, eso significa que estamos caminando. Así es mi querido amable oyente. Si está siendo víctima de la crítica destructiva, eso significa que está caminando hacia la madurez. Deje que los perros que critican para destruir sigan ladrando. Quinto, dependa del Señor para que Él proteja su integridad. Deje que el Señor luche por usted. Salmo 3:3 dice: Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;

Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

Si en su propia fuerza se embarca en desvanecer las críticas destructivas en su contra, terminará frustrado y mal herido. Mejor es confiar en el Señor. Él sabe hacerlo bien. Espero amable oyente que estas ideas sean de ayuda para conquistar al gigante de la crítica destructiva en nuestra vida.

13-“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Trece

“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

a1¿Qué significa ser un líder espiritual?

En lugar de dar una respuesta corta a esta pregunta tan común, voy a pedirte que pienses acerca del liderazgo espiritual desde varias perspectivas. Como una pizza que se corta en varios pedazos, cada pedazo correspondiendo a una parte de la pizza entera, el liderazgo espiritual puede ser definido una parte a la vez.

De hecho, sin darte cuenta tú ya haz cortado al menos seis “pedazos” en el proceso de arribar a este capítulo. Cuando te detengas a analizarlo, la mayoría de los capítulos de este libro tienen que ver con varias responsabilidades del liderazgo espiritual. Déjame explicártelo analizando brevemente lo que hemos considerado en los capítulos previos sobre tu responsabilidad de ser un líder espiritual.

• Capítulos Uno y Dos: Un Líder Espiritual es un hombre que vive con su esposa de manera comprensiva.

• Capítulos Tres y Cuatro: Un Líder Espiritual es un hombre que sabe cómo comunicarse bíblicamente.

• Capítulos Cinco, Seis y Siete: Un Líder Espiritual es un hombre que ama a su esposa como Cristo ama a la iglesia.

• Capítulo Nueve: Un Líder Espiritual es un hombre que puede discernir la condición espiritual de su esposa y guiarla amorosamente hacia la madurez espiritual.

• Capítulo Once: Un Líder Espiritual es un hombre que está consciente de los peligros que enfrenta su esposa y que sabe cómo protegerla de esos peligros.

• Capítulo Doce: Un Líder Espiritual es un hombre que honra a su esposa como a un vaso más frágil (es decir, la trata como a un vaso frágil).

A estas definiciones activas del liderazgo espiritual sólo voy a agregar dos más. La primera se enfoca en un aspecto que tiene que ver con que seas cabeza de tu esposa.

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo (Ef. 5:23).

¿Qué significa que seas cabeza de tu esposa? Ser cabeza de tu esposa significa que eres responsable. Eres responsable de presidirla y de proveerle. Ultimadamente tú eres el responsable de lo que sucede en su vida. Eres responsable de estar enterado de lo que tu esposa está haciendo y de cómo lo está haciendo. Eres responsable, como ya lo he explicado, de vivir con ella con conocimiento para santificarla y protegerla. Pero más que todo, como su cabeza, eres responsable de amarla.

Como suele suceder, Jay Adams lo dice bien:

Mira de nuevo Efesios 1:22, donde Pablo describe cómo es que Cristo es cabeza de la iglesia. Si un esposo quiere saber cómo ser cabeza de la esposa y cómo eso es paralelo con la forma en que Cristo es cabeza de la iglesia, lo puede encontrar en este verso. Dice: “Y todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a [o mejor, por] la iglesia, la cual es su cuerpo.” En otras palabras, todas las cosas que han sido dadas a Cristo Jesús son dadas a Él para su iglesia, y Él ejerce como cabeza sobre Su iglesia para su bendición, para su beneficio, para su bien. El poder, autoridad, gloria, honor y posición de cabeza a la diestra del Padre le fueron dadas a Él para que pueda ejercer y mediar para Su iglesia. Su función como cabeza está orientada hacia la iglesia. La Iglesia es Su cuerpo. La cabeza alimenta al cuerpo, nutre al cuerpo y se preocupa por el cuerpo. La cabeza no anda por sí misma sino que se preocupa siempre por el cuerpo. Siempre está enviando los mensajes que traen restauración y proveen para la seguridad y bienestar de las varias partes del cuerpo, la cabeza preserva y se hace cargo del cuerpo.

La posición de Cristo como cabeza envuelve un interés profundo por la iglesia. Esta es la clase de liderazgo que los esposos son llamados a ejercitar con sus esposas. Ellos son cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de Su iglesia, lo cual significa que no ejercen independientemente su tarea de cabeza colocados remotamente en un pedestal mientras sus esposas abajo se arrodillan y raspan el suelo. Más bien como cabeza ministran a su esposa pues son una cabeza que se preocupa de ella. Es una cabeza en amor orientada a hacer todo lo que pueda por la esposa. Cristo amó a la iglesia suficiente para morir por ella. ¿No le dará gratuitamente todas las cosas entonces? Por supuesto, dice Pablo. Y así debe ser con nuestras esposas. Ser tiranos y arbitrarios como cabeza no está permitido. Ser cabeza significa amor; es decir, entregarse uno a sí mismo [énfasis agregados].1

Al darte la posición de “cabeza,” Dios te ha dado un uniforme. Es un uniforme que probablemente te queda muy grande, para el cual tienes aún que crecer en tu plenitud. Todavía te falta amar a tu esposa como Cristo ama a la iglesia. Sí, es cierto que tu esposa tiene que aprender a distinguir entre tu posición como su cabeza y tu personalidad, la cual aún estás tratando de agarrarle el paso a la posición. Claro que sí; ella tiene que respetar ese uniforme aun si es siete tallas más grande que tú. Pero tú tienes que continuar haciendo todo lo que puedas para llenar ese uniforme. Tienes que aprender a ser el líder amoroso que Dios requiere que seas. Mientras más hagasmientras más te ajustes a ese uniforme viviendo a la altura de la posición de honor que Dios te ha dado por su gracia-más fácil le será a tu esposa hacer las dos cosas más difíciles que Dios le requiere: ser sumisa a ti (Ef. 5:22–24; 1 Pedro 2:1) y respetarte (Ef. 5:33; 1 Pedro 3:4–5).

Un Líder Espiritual es un hombre que asume la responsabilidad de dirigir su casa

La escritura registra las características de la clase de hombres que son calificados para el liderazgo de la iglesia. Tanto a los pastores como a los diáconos se les requiere demostrar eficiencia como administradores de su casa.

Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?) … Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas (1 Tim. 3:4–5, 12).

Todos los hombres tienen que gobernar su casa. Los oficiales de la iglesiatienen que hacerlo bien. Un líder espiritual es entonces un administrador.Él maneja su familia de acuerdo a los principios bíblicos. No es que Él lo hace todo sólo sino que vela para que cada miembro de la casa cumpla con su responsabilidad bíblica. Tampoco es un micro-administrador que tiene que meter la mano en cada proyecto. Más bien está enterado de todo lo que sucede en su casa. Él sabe lo que se tiene que hacer, pero también sabe cómo delegar responsabilidades a los que son capaces de cumplirlas.

“Ser cabeza” no significa aplastar los talentos y dones de la esposa. No significa hacer todas las decisiones sin tomarla en cuenta a ella o a tus hijos, o no darle el poder de tomar decisiones o hacer algo por su cuenta. Precisamente lo opuesto es la verdad de la imagen bíblica. Un buen director sabe cómo poner a trabajar a otra gente. Un buen director sabe también cómo mantener a sus hijos y a su esposa ocupados. Ciertamente ese hombre que se sentaba entre los ancianos a la puerta era un buen director. Él había reconocido en su esposa toda clase de habilidades y dones de Dios, los cuales le había motivado que desarrollara y usara. Y ella estaba usando éstos para el beneficio de su esposo y de toda la casa. Esto es lo que hace un buen director. Él será cuidadoso de no descuidar o destruir las habilidades de su esposa. Más bien, usará estos dones al máximo. El buen director reconoce que Dios le ha provisto a su esposa como una ayuda. Él recordará que la Escritura dice “el que halló esposa halló el bien.” Él no considerará que ella deba ser arrastrada. Más bien, pensará de ella como una ayuda útil y dejara que le ayude. Él la motivará a que sea ayuda.2

En su libro, Manual de Tareas para la Consejería Bíblica (A Homework Manual for Biblical Counseling), el Dr. Wayne Mack tiene una sección titulada, “Distribuyendo Responsabilidades.” Yo he dado este material como tarea incontables veces a través de los años a parejas para ayudarlas a hacer eso mismo. Wayne, amablemente, me ha dado el permiso para reproducir esta hoja como un apéndice en este libro. Yo te animo a que te sientes con tu esposa y juntos revisen el material. Esto será un gran paso para que seas un buen administrador que sabiamente delega responsabilidades a su “ayuda idónea.”

Cuando hay problemas dentro de la casa, un buen administrador se encarga de que se resuelvan escrituralmente. Cuando hay conflictos en su casa, se encarga de que se resuelvan bíblicamente. Él ayuda a la coordinación del horario. Ve que cada uno en casa sea tratado con justicia y equidad. Además, si alguien es temporalmente incapaz de llevar su carga, él está dispuesto a arremangarse la camisa y “sustituir” al que no puede. Dicho de manera simple, un buen administrador está dispuesto a hacer cosas que no caen dentro de sus responsabilidades usuales tales como cambiar pañales, cocinar, pasar la aspiradora o ir a hacer las compras.

De acuerdo a la Escritura, él también tiene que poder “controlar” su casa. Cuando yo estaba en la universidad bíblica tuve una interesante conversación con la esposa de uno de mis profesores. Esta querida señora tenía una aversión a la palabra “control” en referencia a la relación del esposo y la esposa. Como consejero, y habiendo aconsejado a muchos hombres que habían abusado de su autoridad volviéndose tiranos, dictadores y abusadores dominantes que herían a sus esposas terriblemente, yo podía ciertamente simpatizar con tal sentimiento. Como un estudiante de la Biblia, sin embargo, no podía escapar del hecho de que la Escritura enseña que el hombre tiene que gobernar sobre su esposa:

Genesis 3:16 A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.

Para entender mejor el significado de este texto, veamos más detenidamente la frase “tu deseo será para” tal como aparece un capítulo después en Génesis 4:7:

Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.

Los académicos están en desacuerdo sobre el significado exacto de este texto. Algunos sostienen que el tema del cual Dios está hablando es el de la primogenitura (los derechos dados al hijo mayor). Esta opinión afirma que por la virtud de su primogenitura, Caín no debería haber tenido envidia de Abel porque tenía los privilegios de la primogenitura. Su hermano, entre otras cosas, tendría que haberse sujetado a esta regla. Esto parece ser la interpretación de los traductores de la versión Reina Valera: “a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

La otra opinión, que yo favorezco, conecta esta oración a la frase previa, “el pecado yace a la puerta.” De acuerdo a esta interpretación, el pecado debería regir (controlar) a Caín, pero Caín debería ser responsable de dominarlo (controlarlo). Por supuesto, ya que “ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal) (2 Pedro 1:20), sólo es un significado el que la Biblia intenta. Sólo una de estas dos opiniones (si es que alguna está correcta) es la que la que el Espíritu Santo transmite. Ambas interpretaciones, sin embargo, hacen esencialmente lo mismo con la frase “deseo será:” ambas lo interpretan como “regir sobre” alguien o algo.

Ahora, al poner ese matiz en el significado de Génesis 3:16 podemos decir que su significado básico es: “tu deseo será controlar a tu esposo, pero él se enseñoreará de ti.” Yo creo que como resultado de la caída, la proclividad de la mujer es controlar a su esposo. Pero Dios ha dicho que no debe ser de esa manera. El esposo debe controlar (dirigir) a su esposa. Déjenme apresurarme a decir, no sea que te vuelvas altivo en tu función de cabeza, que como resultado de la caída, tu proclividad como dirigente de la casa será la de ser intolerante, dominante y dictatorial como autoridad. Esto es algo contra lo cual debes estar constantemente en guardia porque es abuso de poder. También va contra la segunda definición activa del liderazgo espiritual que prometí que iba a darte en este capítulo.

Cuando piensas en ser dirigente, talvez visualizas a alguien que es el jefe y tiene el derecho de dar órdenes. El problema con este concepto de liderazgo es que es más pagano que cristiano. Es cierto que en un sentido, como cabeza de tu familia, técnicamente tú eres “el jefe.” Sin embargo tú no eres el dueño de la familia; es Dios, y Él tiene algunas instrucciones bastante rígidas acerca de la clase de “jefe” que tú debes ser. Sí, tú tienes el derecho de dar directrices, pero tienes la responsabilidad de hacerlo sólo de acuerdo a los principios bíblicos (ver el apéndice F: “Guía Para Darle Directrices a Tu Esposa,” para las limitaciones que Dios le pone a tu “derecho” de darle instrucciones a tu esposa). Sí; tú puedes “imponerte” sobre sus decisiones, pero sólo si tus motivos son puros, no-egoístas y si lo haces por razones bíblicas.

Un Líder Espiritual es un hombre que ha aprendido a ser un servidor de su esposa

Si tú eres realmente un servidor de tu esposa, no te convertirás en ese insoportable, dominante y dictatorial acosador del cual te he advertido. Ser un siervo y ser un acosador son mutuamente exclusivos. Examinemos una mirada a una importante lección que el Señor enseñó a sus discípulos acerca del liderazgo y entonces hagamos algunas aplicaciones a tu papel como líder amoroso de tu esposa:

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Y Él le dijo: ¿Qué deseas? Ella le dijo: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero respondiendo Jesús, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: Mi copa ciertamente beberéis, pero sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre. Al oír esto, los diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:20–28).

¿Qué es exactamente lo que Juan y su hermano están pidiendo aquí? Respuesta: ¡La posición preeminente de honor en el reino de los cielos sobre todos los santos de Dios que hayan vivido antes y después de ellos! ¡Eso es ambición!

Jesús, después de explicarles a los hermanos que tal posición requeriría un sacrificio personal tremendo y que sólo Dios el Padre puede otorgarlo, llama a todos sus discípulos. ¿Por qué hizo eso? Para enseñarles a todos una lección. La indignación de los otros diez discípulos (v. 24) destaca el deseo obvio por preeminencia de parte de Juan y Santiago. Pero esta indignación de parte de los otros diez revela también el conflicto de ellos con la codicia por la preeminencia. Note que Mateo dice que ellos no estaban “preocupados con” o “turbados por” sino que “se indignaron contra” los dos hermanos. El Señor Jesús les respondió diciendo, “Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos.”

Durante el tiempo de Cristo, prácticamente cada gobernante gentil tenía como sistema de administración alguna forma de dictadura. Los discípulos estaban bien familiarizados no sólo con la autocracia, pero también con el abuso de poder que frecuentemente le acompañaba. El término “enseñorearse sobre” es una palabra en griego. Literalmente se puede traducir, “regir subyugando.” La palabra significa “someter al poder de uno” o “mantener en sujeción,” y “ejercer señorío o dominio sobre alguien.”

El término “los gobernantes de los gentiles” se refiere a quienes tiene posiciones de autoridad gubernamental, mientras que el término “los grandes” se refiere a los que han obtenido posiciones de honor y distinción en la sociedad por otras razones. Ellos han logrado el status de “grandes” por su riqueza, linaje, intelecto, educación o personalidad carismática. Pero como sea que lo hubiesen logrado, eran tenidos en alta estima por la sociedad y usaban su “grandeza” para influenciar y controlar a otros de una manera que Jesús censura fuertemente.

El verbo traducido “ejercen autoridad” conlleva la idea de ejercer la autoridad contra alguien (es decir, antagonística u opresivamente). Estos grandes hombres usaban su influyente posición para ejercitar una clase de autoridad opresiva, dominante, dictatorial y aprovechada. Sin embargo, ésta no era la forma en que los discípulos debían de ejercer la autoridad dada a ellos por Dios.

Jesús continuó: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.” Jesús está explicando a sus discípulos que tanto ellos como los gentiles estaban equivocados. Sus motivos egoístas habían invertido y pervertido la única manera real de obtener grandeza.

Cuando Jesús dijo, “el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor,” Él estaba hablándole a su ambición no mortificada. “es una cosa desear ser grande o aun el primero en el reino de los cielos cuando, de hecho, tienes también la disposición de ser el siervo y el esclavo de todos,” dijo Jesús. “Sin embargo, es una cosa diferente amar el primer lugar entre todos los ciudadanos del reino de los cielos porque deseas enseñorearte sobre todos.”

Entonces Jesús procedió a mostrarles dos puntos cruciales. El punto uno se halla en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Por supuesto esta grandeza es desde el punto de vista de Dios. John Mac-Arthur lo explica así:

[Jesús … estaba hablando de una clase de grandeza enteramente diferente a la que Juan y Santiago buscaban y que el mundo promueve. Esta clase de grandeza es agradable a Dios porque es humilde y sacrificada, no altiva y auto-complaciente. El camino a la grandeza es agradándole a Él y sirviendo a otros en Su nombre. A los ojos de Dios, el que es grande es el que es siervo voluntario.3

Note este espíritu humilde, no dictatorial, en el apóstol Pablo. Pablo le recuerda a los tesalonicenses que él y sus colaboradores en el evangelio no estaban “buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad” (1 Tes. 2:6). De nuevo, cuando le escribió a Filemón y lo urgió a perdonar a su esclavo fugitivo Onésimo y a recibirlo de regreso como a un hermano, Pablo le dice a su amigo, “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte hacer lo que conviene, no obstante, por causa del amor que te tengo, te ruego” (Filemón 1:8–9).

Un “siervo” es uno que deja a un lado sus derechos y que ejecuta los mandamientos de otro. En los días de nuestro Señor, este término describía a una persona de posición inferior que realizaba una labor pagada, parecido a una persona que limpia casas.

El segundo punto que Jesús hace en Mat. 20:20–28 se encuentra en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Escuche unas pocas definiciones de la palabra que se traduce “esclavo” en el léxico griego: Uno que se entrega a la voluntad de otro; uno que se dedica a otro sin considerar sus propios intereses; uno que esta en una relación permanente de servidumbre a otro cuya voluntad es consumida totalmente por la voluntad de otro.

La humillación personal de uno mismo a la posición más baja entre los santos se halla en el mero corazón de los que nuestro Señor está enseñando aquí. Si tú quieres ser considerado “grande” por Dios, si quieres complacerlo a Él más que a los hombres, tú, como nuestro Señor, te convertirás en un siervo. Hombre cristiano, si quieres ser un “gran” líder espiritual para tu esposa, te harás su siervo. Es así de simple.

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo (Fil. 2:5–7).

Esta emulación de la “actitud” o “mentalidad” de Cristo es el punto exacto que Jesús enfatiza cuando concluye su lección a sus discípulos interesados en sí mismos: “Así como” dijo Jesús. ¿“Así como” qué? “Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mat. 20:28). Jesús está diciendo: “sigue mi ejemplo. Yo no vine a buscar una posición. Yo no vine para que otros pudieran satisfacer mis necesidades, sino para satisfacer las de ellos.” Si alguien tenía el derecho de demandar el servicio de otros, Él lo tenía. Pero en lugar de insistir en Su derecho a ser servido, Él dio Su vida para servir a otros. Esa es la clase de liderazgo que Dios está buscando. Esta es la clase de líder que tú debes ser para tu esposa – un siervo líder.

Wayne Mack ha capturado el corazón de este pasaje bastante bien:

De acuerdo a este pasaje, un líder es primero y sobre todo un siervo. Su interés no es él mismo; su interés no es dar órdenes, ser el jefe de la gente a su alrededor o imponer su opinión. Su interés es llenar las necesidades de otros. Ciertamente, si los mejores intereses de otros no están en su corazón, si no está dispuesto a sacrificarse a sí mismo – sus necesidades personales, anhelos, deseos, aspiraciones, tiempo, dinero – si las necesidades de otros no son más importantes que la propias, él no está calificado para dirigir.

Este mismo concepto de siervo-líder se puede ver en otros lugares del Nuevo Testamento (1 Pedro 5:3; 1 Tes. 2:5–11). En el capítulo trece de Juan, Cristo puede ser visto “tomando forma de siervo” mientras lava los pies de sus discípulos.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis (Juan 13:12–17).

Cómo Ser un Siervo de tu Esposa

Ahora que entiendes la necesidad de servir (ministrar a) tu esposa, veamos algunas de las maneras específicas en que puedes llegar a ser más un siervolíder.

1. Haz una lista de las maneras en que has abusado de tu autoridad sobre tu esposa. Aquí hay algunas comunes con las que puedes comenzar:

• Pidiéndole que haga cosas pecaminosas.

• Pidiéndole que haga cosas que violan su conciencia.

• Prohibiéndole que haga cosas por egoísmo más que por amor.

• Siendo irrazonable y luego escondiéndote en tu posición de cabeza (“no tengo por qué estar explicándote porque yo soy la cabeza de la casa”).

• Tomando decisiones sin contar con su criterio.

• No permitiéndole apelar tus decisiones.

• Pidiéndole que haga cosas sin tomar en consideración sus flaquezas.

• No tratándola como un vaso más frágil.

• Dándole un número excesivo de órdenes y prohibiciones.

• Gritándole órdenes en lugar de pedirle con amabilidad.

• Usando formas de comunicación groseras o con actitud de superioridad.

• Usando reprimendas y críticas recriminatorias cuando hace algo errado en lugar de consolarla y animarla de forma amorosa para que cambie sus caminos.

• Siendo físicamente abusivo con ella.

• No buscando la asistencia del consejo de otros sobre los conflictos no resueltos, y prohibiéndole a ella que lo haga.

2. Pídele perdón por las formas específicas en que haz impuesto tu autoridad sobre ella y por no tener un corazón de siervo. Recuerda usar el formato discutido en el capítulo cuatro:

Primero: Reconoce que has pecado contra ella.

Segundo: Identifica tu pecado específico con su nombre bíblico.

Tercero: Reconoce el daño que le ha causado tu ofensa.

Cuarto: Identifica una conducta bíblica alternativa para demostrarle arrepentimiento.

Quinto: Pídele perdón.

3. Ora regularmente por ella y por tu actitud hacia ella, pidiéndole a Dios que te dé sabiduría y humildad para ser un siervo.

• Ora por su salvación (si ella no es creyente).

• Ora por su salud y seguridad.

• Ora por su crecimiento espiritual.

• Ora para que sea orientada a la obediencia antes que orientada a los sentimientos.

• Ora para que tenga discernimiento.

• Ora para que sea protegida de malas influencias y que sea una influencia piadosa sobre otros.

• Ora para que sea una madre piadosa para sus hijos.

• Ora para que su carácter desarrolle aspectos específicos que sean consistentes con el carácter de Cristo.

• Ora que Dios le dé la gracia de ser más como la mujer de Proverbios 31 y de Tito 2.

• Pregúntale regularmente por peticiones adicionales que ella pueda tener para oración.

4. Proponte ayudarla a lograr sus metas que honran a Dios.

Entusiásmate en ayudarla a ser exitosa. Pregúntale sus metas y cómo puedes ayudarla a lograrlas. Determina y escribe esas metas y busca ayudarla a cumplirlas por la gracia de Dios.

5. Busca oportunidades para ministrarla en otras maneras. Invierte tu tiempo, esfuerzo, pensamientos y dinero en ministrarle; descubre lo que necesita y usa tus recursos para satisfacerla.

6. Asístela en cumplir sus tareas y otras responsabilidades.

Algunos esposos piensan que hay algo no masculino en lavar los platos, limpiar la casa, cuidar a los niños o hacer compras … [ellos] no levantarían un dedo en hacer nada que consideren trabajo de la mujer. Él puede estar en el cuarto donde el bebé comienza a llorar, y la esposa puede estar en el otro lado de la casa, pero el esposo no sabrá por qué está llorando el bebé. En lugar de eso grita, “Juanita, el bebé está llorando. Ven y haz algo.” Y ella tiene que dejar lo que está haciendo y venir hacia donde él está.

Esta clase de esposos no entienden el verdadero liderazgo bíblico.

7. Aprende a estimarla más de lo que te estimas a timismo.

• Mira las características virtuosas de ella de las cuales tú mismo tienes más necesidad y pídele que te ayude a adquirirlas.

• Cuando hagas una decisión considera como esta afectará tus intereses y los de ella.

• Elógiala por sus cualidades que son bíblicamente dignas de reconocimiento. Recuérdaselo frecuentemente.

• Guarda tu corazón de desarrollar un patrón de pensamientos críticos, condenatorios, acusatorios y fiscalizadores. Tales pensamientos te harán muy difícil (si no imposible) estimarla más que a ti mismo.

Al cerrar este capítulo, me gustaría conectar estas dos definiciones activas del liderazgo espiritual mostrándote cómo se relacionan una a la otra. Talvez tú te preguntaste, mientras leías sobre tu responsabilidad de ser un dirigente (definición #1), “¿Cómo voy a lograr que mi esposa se ponga bajo mi autoridad? ¿Cómo voy a traerla y mantenerla bajo mi ‘control’?” La respuesta a esta frecuente pregunta se encuentra en la definición #2: Tú la controlarás siendo un siervo de ella; amándola de la manera que Cristo ama a la iglesia. Esta es realmente la mejor manera de motivarla a que sea sumisa a ti. A medida que seas un siervo (a medida que te pongas ese uniforme), ella, con toda probabilidad, paulatinamente encontrará más fácil someterse a tu autoridad. Ella, como la iglesia hace con Cristo, te amará porque tú la amaste primero.

Maneras Específicas en Que Puedo Servir a Mi Esposa

1. Asístela con algunas de sus tareas.

2. Asístela con algunas de sus otras responsabilidades.

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Agrega a esta lista algunos ejemplos adicionales de cómo puedes servir a tu esposa …

1 Jay E. Adams, Christian Living in the Home (Phillipsburg, New Jersey: Presbyterian and Reformed Co., 1972), pp. 95–96.

2 Ibid, p. 91

3 John F. MacArthur, The MacArthur New Testament Commentary, Matthew 16–23 (Chicago: Moody Press, 1988), p. 24.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 229–246). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-30

a1La famosa carrera de Maratón hace referencia al acto heroico en el cual Domedrión, general ateniense, corrió 42 kilómetros para dar la noticia al Gran Alejandro Magno sobre la victoria del ejército heleno en dicha ciudad: Marathon. Cuando los atletas griegos se disponían a correr la Maratón cada año lo hacían  conmemorando aquel suceso y a aquel soldado. De alguna manera cada competidor era poseído por ese espíritu de héroe y sólo pensaba en llegar primero. Sumado a este estímulo interior había otro externo que era el observar al podio, el estrado, los laureles, la corona que, intencionalmente, se ponía en el miso lugar de la partida. También hoy, en las carreras modernas, muchas veces el lugar de la largada coincide con el de la llegada. Esta misma táctica de los organizadores de eventos deportivos se observa, por ejemplo, en competencias deportivas a nivel internacional como el fútbol o el tenis donde se ubica el trofeo a conquistar en la salida misma de los competidores por el túnel. Ellos pasan al lado del trofeo, miran de reojo y sus espíritus se cargan de una dosis extra de energía porque saben que deben obtenerla a cualquier costo. Aun durante la carrera el recuerdo del trofeo y la imagen del momento de la llegada están grabados delante de él y en momentos de desánimo le inspira a continuar.

Jesús, en los tramos finales de su carrera de redención, estuvo al límite de sus fuerzas: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”, fueron sus palabras, pero dice el Autor de la epístola a los Hebreos que: “Por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, menospreció el oprobio y llegó y se sentó en el estrado de premiación, al lado de su Padre”. Todo humano que intente correr la carrera de la vida sin este estímulo interno de imitar  a nuestro máximo héroe: Jesús, el Autor y Consumador de la fe, y sin el estímulo externo, esa mirada de fe que me permite vislumbrar aquel día cuando lleguemos a la meta, quedará postrado a la vera del camino como tantos.

Pensamiento del día:

Si no te importa triunfar en la carrera de esta vida ¿para qué la corres?…

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

2 abr 2016

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Me casé sin amar a mi esposa. Llevamos dos años de casados. Cuando éramos novios, su compañía y amistad me parecían los elementos suficientes para algún día llegar a amarla; pero eso no es así. Vivo frustrado porque no tuve el valor de desistir a tiempo. Lo llegamos a platicar, pero al verla llorar siento que fui cobarde al permitir que llegáramos hasta el matrimonio. Quisiera corresponder a ese amor, pero no lo siento así. Ella lo ha percibido y sufre. Me duele verla así.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Si usted algún día tiene un hijo, ¿espera que ha de amarlo? ¿Qué tal que no sea así? ¿Qué tal que nunca llegue a sentir nada por él? Tal vez su respuesta sea que lo ha de amar porque es su hijo y no por lo que usted siente.

»No siempre sentimos amor por nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres o aun nuestro cónyuge. Y sin embargo los amamos porque están ligados a nosotros mediante la relación que tenemos. No siempre nos hacen felices ni satisfacen nuestras necesidades. A veces hacen que nos sintamos frustrados o enojados, pero no por eso dejamos de amarlos. El amor es el lazo que nos ata a ellos.

»Usted esperó sentir alguna sensación con relación a su esposa. Las películas y los cuentos de hadas nos predisponen a sentir algo muy especial y a oír el repicar de las campanas. Pero la vida no es, en realidad, una película ni un cuento de hadas.

»Un matrimonio que tiene como base una sólida amistad y el compañerismo tiene la posibilidad de ser mucho más satisfactorio y duradero que un matrimonio basado en la atracción física o en emociones muy estimulantes….

»Usted hizo sus votos. No importa ahora por qué lo hizo o si fue la decisión acertada. Cambie su enfoque del pasado al futuro. Los lazos del amor y del matrimonio lo han atado a una mujer maravillosa, y usted puede tomar la decisión de fortalecer esa relación en lugar de ponerla en tela de juicio constantemente. Muestre amor mediante sus acciones, y verá que sus sentimientos se ajustarán. Resuelva que hará lo que sea para que triunfe su matrimonio.

»¿Sabía que Dios quiere ayudarlo en su matrimonio y en todos los demás aspectos de su vida? Dios quiere que cada uno de nosotros cultive una relación con Él, pero nos separan de Él nuestros pecados. Así que, por el amor que nos tiene, dio a su Hijo Jesucristo como un sacrificio en la cruz para pagar el castigo de nuestro pecado. Cuando aceptamos a Cristo y decidimos caminar con Dios, Él nos da sabiduría y fortaleza para cada una de nuestras otras relaciones.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 245.

http://www.conciencia.net/

2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

SERIE GIGANTES AL ACECHO

2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

David Logacho
2016-03-29

a1Qué gozo saludarle nuevamente amiga, amigo oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Gigantes al Acecho. En nuestro último estudio bíblico tocamos el tema del desánimo y vimos que es un gigante muy agresivo, capaz de causar enorme daño. Tanto es así que destruyó por completo a toda una generación del pueblo de Israel en el desierto, según el relato que tenemos en el Antiguo Testamento. Todos nosotros hemos sido víctimas de este poderoso gigante en nuestra vida, tal vez unos más que otros. Es posible que usted, amable oyente, este preciso instante esté siendo víctima de este agresivo gigante. Si ese es el caso, le invito a seguir en sintonía porque vamos a hablar acerca de cómo librarnos del dominio de este gigante.

El desánimo ha causado estragos en países, familias, iglesias, ministerios cristianos y vidas de personas. Puede ser que usted sea hoy mismo una víctima más del despiadado gigante llamado desánimo. Si ese es el caso, no es extraño que se sienta como que ha entrado a un callejón sin salida, su vida estará a punto de derrumbarse, su gozo se habrá esfumado. No sabrá dónde poner su mirada. El gigante del desánimo le tendrá contra las cuerdas. El gigante del desánimo le gritará en su cara: Eres un inútil, no sirves para nada. No es sencillo levantar cabeza cuando se ha perdido el valor y la confianza. El gigante del desánimo hace que el alma languidezca, que el corazón desfallezca y que la mente se oscurezca. En estas condiciones, cualquier obstáculo, por más insignificante que sea, aparece como una elevada montaña. Cuando somos presa del desánimo, nos parece que hemos entrado en un círculo vicioso, donde todo se vuelve aburrido. La luz brilla por su ausencia, la esperanza se desvanece, el deseo agoniza y hasta llegamos a pensar que Dios nos ha abandonado. Una de las particularidades del desánimo es que es contagioso. En Números 32 Moisés advierte a las tribus de Rubén y Gad en el sentido que no desanimen a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que Jehová les ha dado. Los descendientes de Rubén y Gad querían quedarse al otro lado del río, en donde la tierra era buena para la ganadería. Rubén y Gad tenían grandes rebaños y la tierra del lado del desierto era ideal para ellos. Moisés tuvo que decirles que debían tener cuidado porque podían desanimar y destruir a los Israelitas. Leo en Números 32:15. La Biblia dice: Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
Moisés estaba preocupado porque el desánimo podía contagiar a todo el pueblo y así, el desánimo podía destruir a toda la nación. No hay lugar a dudas en cuanto a que los resultados del desánimo pueden ser fatales. Bueno, ahora que hemos visto cuan devastador puede llegar a ser el desánimo, pensemos en la solución. Lo primero que tenemos que hacer para no dejarnos dominar del desánimo es reconocer que estamos desanimados. Parece algo sencillo, pero no lo es en realidad. Todos tenemos nuestro orgullo, el cual se opondrá a que admitamos alguna debilidad en nosotros. Pero si deseamos dominar al poderoso gigante del desánimo, debemos recurrir al Señor en oración para decirle: Señor, reconozco que estoy desanimado, pero no quiero que desánimo controle mi vida, quiero vencer mi desánimo. Una oración de esta manera puede ser perfectamente el primer paso para derrotar al desánimo. Segundo, debemos reconocer que por estar desanimados, miramos a los obstáculos de una manera desproporcionada. El mínimo problema nos parecerá como una barrera insalvable. Eso fue justamente lo que pasó con el pueblo de Israel. Cuando dejaron que el desánimo inunde su ser, note como vieron a los obstáculos. Deuteronomio 1:28 dice: ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.
Algo de esto era verdad. Las ciudades en la tierra prometida eran grandes, pero no tanto, la gente era mayor y más alta, pero no tanto, las ciudades tenían murallas, pero de ninguna manera las murallas llegaban hasta el cielo, como a ellos les parecía. Los hijos de Anac eran gigantes, pero también había gente normal. El desánimo amplifica los obstáculos para obligarnos a retroceder. Igual puede pasar con usted amable oyente. Si está desanimado, verá a los obstáculos como montañas, pero reconozca que eso no es real y decídase a enfrentar las dificultades y verá que como en su tiempo dijeron Josué y Caleb sobre los gigantes de Canaán, los comerá como pan. Tercero, debemos poner nuestra mirada en el Señor. En eso consistió el mayor de los fracasos de Israel. Ellos tenían por un lado la palabra de Dios, quien les prometió darles en heredad perpetua la tierra de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, pero por otro lado tenían la palabra de los diez espías, quienes decían: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Allí vimos gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes, y éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos. A causa del desánimo, el pueblo quitó la mirada del Señor y puso su mirada en los problemas. Para salir del desánimo tenemos que hacer el proceso inverso. Tenemos que quitar la mirada de los problemas y ponerla de nuevo en el Señor. Eso fue lo que Josué y Caleb pedían a gritos al pueblo de Israel. Números 14:9 dice: Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.
Si quiere dominar al gigante llamado desánimo, no se fije en lo grande de los problemas, fíjese en el Señor quien es más grande que el más grande de sus problemas. Como bien afirma el dicho: No le digas a Dios cuán grande es tu problema, sino dile a tu problema cuán grande es tu Dios. Quitar la mirada del Señor es fatal amable oyente. ¿Recuerda lo que le pasó a Pedro cuando caminaba sobre el agua? Mientras tenía su mirada puesta en el Señor, podía caminar sobre el agua, pero cuando quitó su mirada del Señor y la puso en las olas del mar, comenzó a hundirse. Igual es con nosotros, amable oyente. Si nuestra mirada está en el Señor nos mantendremos a flote pero si ponemos nuestra mirada en los problemas, muy pronto comenzaremos a hundirnos en el mar del desánimo. Cuarto, invierta tiempo en la palabra del Señor y la oración. Estas actividades que antes nos llenaban de gozo, a causa del desánimo llegan a parecer vacías y aburridas. Pero si sinceramente desea abandonar su desánimo, separe un tiempo durante el día para estar a solas con la palabra de Dios y con el Dios de la palabra en oración, aún cuando todo su ser se resista a hacerlo. Notará que poco a poco entrará un rayo de luz a la lúgubre morada en la que se halla a causa del desánimo. Quinto, evite los momentos de soledad. Busque oportunidades para servir al prójimo. Esto hará que quite la mirada de sobre usted mismo y la ponga sobre otros. Verá como esto le ayuda a evitar la autocompasión que casi siempre acompaña al desanimado. Quizá me dirá que no se siente con ánimo ni para ayudarse a usted mismo, peor para ayudar a otros. Bueno, si ese es su caso, tome a esto de servir a otros como una terapia necesaria para su restauración. Los remedios no siempre son agradables, pero es necesario tomarlos si se quiere salir de algún problema de salud. De modo que aunque todo su ser se resista a servir al prójimo, oblíguese a hacerlo. En cuestión de poco tiempo su desánimo habrá quedado a un lado al ver como Dios le usa para el bien de otros. Sexto, dé atención a un problema a la vez, no se deje abrumar por la cantidad de problemas que tenga que resolver. De uno en uno puede resolver todos sus problemas. Mientras esté resolviendo un problema, olvídese del resto de problemas. Uno a la vez. Esto le ayudará a no sentirse ofuscado ante la aparente o real gravedad de sus dificultades. Séptimo, evite automedicarse con medicinas o químicos para recuperar el ánimo. Estas medicinas podrían conducirle a la adicción y no curarán en realidad su problema de desánimo. Lo único que harán es maquillar el problema haciéndole creer que todo marcha bien. Octavo, agradezca al Señor por la restauración que pronto llegará y por la victoria sobre ese tan agresivo gigante del desánimo.

12-¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Doce

¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

a1Nota: Las Feministas Están Mortalmente Equivocadas

Yo estaba un poco incrédulo meses atrás respecto a la cobertura de los medios sobre la más grande vigilia de oración de hombres realizado en Washington D.C. Mi incredulidad se debía a la cantidad de tiempo dada a varias feministas “Cristo-fóbicas” para promover su idea de que la doctrina bíblica de la sumisión de la esposa a su esposo es de alguna manera una amenaza peligrosa para las mujeres. La verdad es que a través de la historia el cristianismo ha elevado consistentemente el lugar de la mujer en la sociedad donde ha sido introducido. Ha sido a causa del reciente ataque del humanismo secular que muchos se han vuelto sospechosos del cristianismo bíblico en lo que se refiere al papel de los géneros.

Fue un avance importante para la sociedad cuando la religión cristiana le dio una dirección como ésta [de darle honor a la esposa], pues en todas partes entre los paganos y bajo todos los sistemas falsos de religión, la mujer ha sido tenida como digna de poco honor o respecto. Ella ha sido considerada como una esclava, o un mero instrumento para gratificar las pasiones de los hombres. Es una de las doctrinas elementales del cristianismo; sin embargo, que la mujer debe ser tratada con respeto; y uno de los primeros y evidentes efectos del cristianismo en la sociedad ha sido elevar a la esposa a la condición en la cual ella es digna de estima.

El Cristianismo ha hecho mucho por elevar el sexo femenino. Ha enseñado que la mujer es heredera de la gracia de la vida tanto como el hombre; que aunque sea inferior en vigor corporal, es igual en el aspecto más importante; que es una compañera de viaje con él hacia la eternidad y que en todo aspecto tiene tanto derecho como el hombre a todas las bendiciones que confiere la redención. Esta sola verdad ha hecho más que todas las otras cosas combinadas para enaltecer al sexo femenino, y es todo lo que se necesita para elevarla de su degradación en todo el mundo. Por lo tanto, aquellos que desean la dignificación del sexo femenino en aquellas partes oscuras de la tierra donde se le ve ignorada y degradada, deberían ser amigos de todos los esfuerzos bien dirigidos para enviar el evangelio a las tierras paganas.1

Si tú has sido instruído en los principios elementales de las responsabilidades domésticas delineadas en la Biblia, probablemente ya sabes que una de las principales responsabilidades trazadas en el Nuevo Testamento para tu esposa es que ella debe honrarte y reverenciarte (su otra responsabilidad predominante es que sea sumisa a ti). Lo que puedes no haberte dado cuenta es que a ti se te manda a honrarla.2

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo (1 Pedro 3:7).

Antes de ampliar mi explicación, déjenme señalar que es precisamente esta ausencia de honor a la esposa la que frecuentemente predispone al esposo a ser dominante, dictatorial e insensible en su propósito de ser cabeza de casa. Un esposo que no honra a su esposa como la Biblia lo manda tiende a ser déspota en lugar de “líder amoroso.” Si tu esposa te acusa de abusar de tu liderazgo espiritual, deberías leer este corto capítulo con especial interés. Puede ser que tu falta de respeto por ella, y por la posición y lugar que Dios le ha dado en tu vida, esté estorbando tu capacidad de guiarla eficazmente.

Para explicar mejor lo que está envuelto en tu responsabilidad de honrar a tu esposa, regresemos a nuestro ejemplo del vaso frágil. ¿Tomarías un caro vaso de cristal marca Waterford y lo arrojarías en un lavadero lleno de agua grasosa? No, lo tratarías como un valioso vaso cuidándolo más de lo que cuidas vasos más comunes y menos atractivos y delicados. Lo lavarías y secarías cuidadosamente con tus propias manos para luego ponerlo en un lugar prominente en tu casa. Lo honrarías así porque es valioso y más precioso.

La palabra traducida “honor” en 1 Pedro 3:7, se traduce ‘precioso” en 1 Pedro 2:7:

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo.

Por ser Cristo quien es y por lo que Él ha hecho por nosotros, le honramos y le estimamos altamente. Él es precioso para nosotros los creyentes. ¿Cuán preciosa es tu esposa para ti? ¿En que medida la honras y estimas altamente por ser quien es y por lo que ha hecho por ti?

Pedro dice que deber honrar tu vaso frágil tratándola como si fuese preciosa-y en verdad lo es-no sólo para ti, pero también para Dios. Ten en mente que tu esposa creyente ha sido comprada con la preciosa sangre de Cristo y tiene que ser honrada como una de las herederas de Dios. Como explica un comentador:

El honor o la preciosidad que un esposo debe conferir a su esposa no es sólo el de reconocer su lugar en la ordenanza divina del matrimonio; es el honor que le corresponde como parte del precioso y santo pueblo de Dios.3

Como regla general, mientras más frágil o débil sea tu esposa, más ternura debes usar en la forma de tratarla. Si la fragilidad de tu esposa es el resultado de su inmadurez espiritual, tienes, por supuesto, que ayudarla a salir de esa fragilidad superflua (revisa el capítulo nueve, “Cariño, Necesitas una Ducha” para sugerencias sobre como ayudarla a crecer espiritualmente). Tú tienes, sin embargo, que continuar tratándola con la gentileza que corresponda a la medida de su debilidad. Si, por el otro lado, su fragilidad tiene que ver más son su constitución (no el resultado de pensamientos o motivos anti-bíblicos) tienes que enfrentar eso a su lado por toda la vida, pidiéndole a Dios que te dé la habilidad de honrar tiernamente su debilidad.

Tu esposa no es calificada como vaso “frágil,” sino como vaso “más frágil.” Tú no eres el “fuerte” sino el “más fuerte.” Tú puedes ser más fuerte que ella, pero siendo pecador, eres débil a tu propia manera. Ten esto en mente y te ayudará a caminar en humildad delante de tu esposa.

Otro elemento para honrar a tu esposa como un vaso mas débil tiene que ver con el hecho de que ella es el vaso o instrumento de bendición especial de Dios en tu vida. Una de las definiciones de la palabra “vaso” es la de “un implemento o instrumento diseñado o adaptado especialmente para un propósito o uso particular.” Dios te ha dado a tu esposa para ser tu ayuda y como tal Él la usa en tu vida de maneras variadas. Ella es el vaso que Él ha creado e instruído para que sea tu compañera, para cuidar de tu casa, para satisfacer tus muchas necesidades y deseos físicos y para compartir tus alegrías y tristezas. Ella es el vaso de Dios a través del cual tú puedes tener hijos y guiarlos y darles sustento y protección espiritual. Ella es el vaso a través del cual Él se propone darte los más grandes placeres terrenales. Como Salomón explica: Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz que Él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad, porque ésta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol (Ecl. 9:9). Tú debes honrarla porque ella es el instrumento ordenado por Dios para tu bien. Ella está diseñada para ser tu más grande recompensa en este lado de la gloria y tu coheredera en la gracia de la vida. Como cristiano tienes también el llamado a mostrar esta misma clase de honor a hermanos en la fe en la iglesia:

Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros (Romanos 12:10).

Cuando tú “das preferencia” o “prefieres” a otros con honor, les estás dando la eminencia que merecen. En cada área donde es legítimo hacerlo, debes preferir darle honor a otros antes que a ti mismo. En las áreas donde ellos son más dotados, capaces, hábiles y eficientes, debes ceder y permitirles que reciban la honra que les corresponde recibir. Aun si realmente crees que tú te mereces tanto o más que ellos esa honra, no debes resentirte con ellos o envidiarlos. Más bien, regocíjate en que Dios sea complacido esta vez en darles a ellos ese honor antes que a ti.

Si otros se merecen esa honra y no se les da como se te ha dado a ti, tú deberías buscar sacar a la luz sus obras buenas. En lugar de esperar que otros te honren, tú deberías ganarles procurando honrarlos a ellos primero. Deberías procurar ponerlos a ellos antes que a ti mismo en el centro de la atención. Así es como Pablo nos dice que debemos ‘honrar” a otros cristinos en nuestras vidas.

Pedro, usando la misma palabra, te manda como esposo a mostrar esta clase de honor a esta “otra” hermana en Cristo, que es la mujer con quien estás casado. De hecho, debes honrar a tu esposa de esta forma, como un vaso más frágil, aunque no sea cristiana. Debes colocarla en un lugar de honor así como colocas un vaso de cristal marca Waterford en un lugar especial en tu casa. Visualízala, por decirlo así, detrás de un gabinete de vidrio, o en un pedestal con una lámpara arriba de ella iluminando su multifacética belleza.

¿Cuán valiosa es tu esposa para ti? ¿Cuánto valor le atribuyes? ¿De qué manera la estimas como merecedora de más honor que tú? ¿Cuán agradecido estás al Señor por habértela dado? ¿Cuán mejor estás ahora de lo que estabas antes de casarte con ella? ¿Cuántas de las necesidades y deseos, que tú das por hecho, te ha satisfecho ella? ¿Cuánto más bendecido (y menos miserable) eres ahora de lo que eras siendo soltero? Las respuestas a estas preguntas son mayormente cognitivas, pero son extremadamente importantes. Las cosas que te dices a ti mismo sobre el valor que tu esposa tiene para ti (qué tanto valor le atribuyes) determinará mayormente el grado de honor y gloria que le asignas en maneras tangibles cada día de tu vida.

Así que, lo primero que debes hacer si no has estado honrando a tu esposa de forma práctica, es cambiar la manera que piensas acerca de ella. Debes comenzar a valorarla más de lo que lo has hecho. Probablemente deberías recordarte a ti mismo con más frecuencia cuánto hace ella por ti y cuán egoístamente tú la has dado por hecho; también deberías considerar cuán bendecido eres de que Dios te la ha dado. Sólo entonces podrás mostrarle de forma genuina, a ella y a los demás, el honor que la Biblia dice que ella merece.

Aquí hay algunas preguntas más que podrías hacerte a ti mismo una vez que te hayas arrepentido de cualquier actitud malagradecida que hayas desarrollado hacia Dios y tu esposa. ¿Cómo puedo honrar a mi esposa? ¿Cómo puedo exactamente mostrarle a otros lo que ella vale para mí? ¿Qué formas usar para asegurarme que ella reciba esa honra? Si no tienes muchas respuestas para estas preguntas, te recomiendo que examines la siguiente lista que te sugiere formas que puedes practicar para darle a tu esposa la honra que se merece. Podrías incluso considerar revisar esta lista con ella, pidiéndole que comente sobre cada opción y que agregue a la lista cualquier forma adicional en que a ella le gustaría que la honraras.

Maneras específicas en que los esposos pueden honrar (mostrar respeto por) a sus esposas

• Aprendiendo a usar una etiqueta adecuada.

• Rehusando usar formas rudas o displicentes de comunicación al hablarle.

• Enalteciéndola delante de otros (especialmente tus hijos).

• Siendo atento cuanto te habla (deja lo que estás haciendo, si es posible, mírala a los ojos–y escucha con atención lo que te dice).

• Siendo considerado de su tiempo y sus planes para que cumplasus otras prioridades bíblicas además de la de ser tu esposa.

• Pidiendo y tomando en cuenta su opinión, especialmente al hacer planes que la involucren a ella.

• Proveyéndole suficientes recursos financieros para facilitarle sus responsabilidades bíblicas.

• Protegiéndola del pecado y la tentación.

• Siendo considerado de (y ayudándola a priorizar) sus planes.

• No avergonzándola frente a (o revelando sus debilidades a) otros.

• Enfocándose en sus cualidades positivas tanto como sea posible, y encubriendo sus idiosincrasias negativas.

• Hablando bien de ella y aprobándola frente a otros (Prov. 31:29).

• Ayudándola a establecer y mantener su “buen nombre” de acuerdo a Proverbios 22:1.

• No permitiendo a tus hijos que le hablen irrespetuosamente (Ef. 6:2).

• Usando ternura y amabilidad en tu trato con ella (Col. 3:12–13; 1 Cor. 13).

• Atribuyendo los mejores motivos posibles a sus acciones (1 Cor. 13:7: “el amor todo lo cree”) especialmente cuando ella no sigue tus instrucciones claras.

Quiera Dios capacitarte para que cada vez honres más a tu esposa de esta manera y en todo lo que sea conforme a las claras directivas de la Palabra de Dios.

¿Cómo Debe Ser Honrada mi Esposa?

• ¿Qué formas debo preferir para honrar a mi esposa?

• ¿Cuáles son las áreas de su vida que merecen especial honor?

• ¿En qué formas debe ser mi esposa considerada un vaso más frágil?

• ¿Cómo exactamente debe ser ella tratada como un vaso frágil y precioso?

• ¿En qué otras maneras puedo mostrar mi respeto por ella? ¿Qué mas puedo hacer para honrarla?

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Agrega otras maneras a esta lista …

1 Barnes, Albert, Notes on the New Testament, Vol 10, (London: Blackie & Son, 1884), pp. 162–164.

2 La palabra griega “honrar” usada por Pablo para exhortar a la esposa a “respetar a su marido” en Efesios 5:33 es una palabra que tiene la connotación de un temor reverencial. La palabra griega usada por Pedro en el capítulo 3:7 de su primera epístola tiene que ver más con el valor asignado a (o cuán precioso es) un objeto tal como un “vaso frágil.” Las implicaciones prácticas de estas dos clases de honor con frecuencia parecen ser similares, si no idénticas, en la vida cotidiana.

3 Edmund P. Clowney, The Message of 1 Peter (El Mensaje de 1 Pedro) (Leicester, England: Inter-Varsity Press, 1988), pp. 134–135.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 219–227). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.