PIEDAD SUPERFICIAL

PIEDAD SUPERFICIAL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-29

a1Prometemos lealtad en todos los ámbitos de nuestra vida. A veces incondicional y perpetua (como los votos maritales), otras condicionadas y cotidianas como mi compromiso laboral diario o mis obligaciones familiares. Algunos se esfuerzan por cumplirlas con responsabilidad  haciendo honor a sus palabras, otros viven vidas displicentes e irresponsables faltando a sus obligaciones y rompiendo sus votos a cada paso.  Esto es trágico, pero mucho más trágico se torna aun cuando esas promesas incumplidas van direccionadas a Dios. El texto arriba citado es tajante al respecto: “Vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.” Son palabras de Dios y se pueden oír con cierto dejo de tristeza y melancolía. Como si Dios nos estuviera diciendo: “Confié en ti, invertí en ti, te rescaté, fui y sigo siendo fiel a mis promesas y ¡mira cómo me pagas!… Creo que no exagero con esta paráfrasis, ¿verdad? La analogía con el rocío o la niebla matinal es perfecta, porque esta se desvanece al instante que el sol comienza a calentar la tierra. En la simbología bíblica el sol y el calor representan a los momentos de prueba y de crisis en la vida. Esos capítulos inesperados e indeseados que nos toca atravesar. Es justamente allí cuando se comprueba la verdadera vida de piedad, es entonces cuando los piadosos de alma y no de lengua se mantienen de pie.

Es fácil prometer fidelidad incondicional a nuestro Dios en medio de un día de fiesta, o en medio de un culto de alabanza rodeado de hermanos que también cantan promesas, muchos de ellos sin saber lo que dicen las letras de esas canciones. El tema es ver si esas palabras de lealtad a Dios se expresan con tanto fervor cuando sale el sol con su calor. Cualquiera de nosotros es capaz de proferir votos para con Dios, esa es la parte fácil. La parte difícil es mantenerse fiel a ellos cuando la vida te invite a desestimarlos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La lealtad legítima se comprueba en la adversidad, no en la abundancia.

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

1 abr 2016

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

por el Hermano Pablo

a1Durante cinco años y medio estuvo haciendo lo mismo. Cada vez que llegaba el tren a la estación, iba a esperar a los pasajeros. No necesitaba leer los horarios. No le importaba ni el calor tórrido del verano ni el frío gélido del invierno. Cuatro veces al día, con cada tren que llegaba, ya fuera del norte o del sur, iba y esperaba pacientemente en el andén. Era un perro, un perro pastor alemán.

Tiempo atrás se habían llevado, en tren, el cadáver de su amo, y desde entonces Shep, que era el nombre del perro, había ido a esperarlo a la estación a ver si volvía. Viejo ya, un día calculó mal sus pasos y lo arrolló un tren. Esto ocurrió en un pequeño pueblo de Canadá en 1942. Muchos años después, el pueblo aún celebraba al perro pastor alemán, Shep. Lo llamaban «ejemplo de fidelidad.»

La fidelidad no sólo es una gran virtud, sino que es además indispensable para el desenvolvimiento correcto de la vida diaria.

Supongamos que el reloj despertador no nos es fiel, y en vez de llamarnos a las seis de la mañana nos deja dormir hasta las nueve, y perdemos un importante negocio. ¿Qué si la pastilla de aspirina, el gran remedio universal, no nos es fiel, y en vez de quitarnos el dolor de cabeza nos provoca fuerte hemorragia gástrica? ¿O qué si nuestro banquero no nos es fiel, y de repente desaparece con todo el dinero que tenemos en el banco?

Desgracias indecibles ocurren cuando hay falta de fidelidad. Un ejemplo clásico se da cuando el marido le es infiel a la esposa, o cuando la esposa le es infiel al marido. Todo el hogar se hunde en la desgracia. Los dolores más grandes del corazón los provoca la infidelidad conyugal. Lo cierto es que la sociedad entera depende de que haya fidelidad en todo.

¿Y qué de lo espiritual? ¿Qué sería de este mundo si el hombre no le fuera fiel a su Dios? La respuesta es muy evidente. La desgracia de familias destruidas, de esposos y esposas infieles, de hijos abandonados y de vidas deshechas es prueba suficiente de lo que es este mundo cuando el hombre no le es fiel a su Dios.

Sin embargo, la Biblia nos dice acerca de Dios que «si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:13). Cristo es fiel aun cuando nosotros no lo somos. En Él podemos encontrar un seguro y fiel Salvador, Uno que no falla, que no engaña, que no desilusiona y que no fracasa. Él es el Salvador que todos necesitamos en estos tiempos de cruda infidelidad.

http://www.conciencia.net/

 

1. DESÁNIMO

SERIE GIGANTES AL ACECHO

1. DESÁNIMO

David Logacho
2016-03-28

a1Saludos cordiales, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Se dice que dentro de cada uno de nosotros, sin importar si somos o no creyentes, existen gigantes que blandiendo sus espadas nos acorralan privándonos del gozo de vivir, del ánimo para hacer cosas y lo que es peor, privándonos de sacar provecho de lo que Dios nos ha prometido a los que somos sus hijos, mientras estamos en este mundo. ¿Cuáles podrían ser esos gigantes en su vida, amable oyente? ¿Tal vez el desánimo? ¿A lo mejor el temor? ¿Qué tal un sentimiento de culpa? ¿Los malos pensamientos? ¿Los celos? ¿La mentira? ¿La desilusión? ¿La ansiedad? Solamente Dios y usted sabe cuál o cuáles son esos gigantes en su vida. Pero no hay necesidad de vivir amedrentados por esos gigantes en su vida. Es justamente con este propósito, que a partir de este estudio bíblico vamos a iniciar una serie que la hemos titulado: Gigantes al Acecho.

Gigantes en nuestras vidas. Y lo que es peor, gigantes al acecho. Gigantes listos para caer sobre su presa y hacerla pedazos. Tal vez usted se mira a usted mismo y dice: Yo no veo ningún gigante por aquí. Bueno, lo que pasa es que estos gigantes al acecho son expertos en ocultarse muy bien, allí, en lo más profundo de nuestra personalidad, pero el momento menos pensado salen de su escondite para caer sobre nosotros y dejarnos mal heridos. Eso fue justamente lo que hizo uno de los muchos de estos gigantes, llamado desánimo. La historia aparece en el Antiguo Testamento, en el libro de Números capítulo 13. Lamentablemente no tenemos el tiempo suficiente para leer todo este capítulo, pero allí se registra la historia de doce espías, uno por cada una de las doce tribus de Israel, quienes fueron enviados desde el desierto, por Moisés a Canaán, la tierra prometida, para espiar la tierra que el Señor había dado como heredad al pueblo de Israel. Estos doce espías obedecieron, espiaron la tierra por cuarenta días, trajeron muestras del fruto de esa tierra y la conclusión a la que llegaron es que ciertamente es una tierra que fluye leche y miel tal como Jehová les había dicho. Pero eso no fue todo. Los espías dijeron además que el pueblo que habitaba esas tierras era fuerte y que las ciudades eran muy grandes y fortificadas y que también allí vieron a los descendientes de Anac, raza de gigantes. Los obstáculos para tomar posesión de la tierra prometida, hicieron despertar a ese gigante al acecho llamado desánimo y esto afectó la moral del pueblo de Israel. El pueblo se puso inmediatamente a temblar. El pánico les invadió mientras escuchaban a diez de los doce espías que decían: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. El gigante llamado desánimo estaba logrando su objetivo. No contentos con esto, los diez espías pasaron a hablar mal de la tierra que habían reconocido. Antes dijeron que era tierra que fluye leche y miel, pero después estaban diciendo que la tierra por donde pasaron para reconocerla era tierra que tragaba a sus moradores y que todos los viven en esa tierra son hombres de gran estatura. Todo esto era una exageración, producida por el desánimo. Los diez espías estaban tan desanimados que finalmente dijeron: Éramos nosotros, a nuestro parecer como langostas: Así les parecíamos a ellos. Solamente dos espías, Josué y Caleb dijeron: Subamos luego, y tomemos posesión de la tierra, porque más podremos nosotros que ellos. Pero esta declaración sensata se diluyó en el desánimo reinante entre el pueblo. El desánimo ganó la batalla. El capítulo 14 de Números es uno de los capítulos más tristes de toda la Biblia, y todo fue a causa del desánimo. Presa del desánimo, el pueblo de Israel lloró a mares y se quejó contra Moisés y contra Aarón. Fue tal la debacle producida por ese gigante llamado desánimo, que el pueblo dijo: Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto, o en este desierto ojalá muriéramos. Luego el pueblo preguntó a Moisés y Aarón: ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Acto seguido vino lo peor. Se armó una rebelión. Dijeron: Designemos un capitán, y volvamos a Egipto. Fue lo más insensato que se puede imaginar, pero para el pueblo, por el desánimo que les embargaba, les parecía lo más sensato. Dios intervino y castigó severamente a los que se dejaron dominar por el desánimo. La decisión de Dios fue que ninguno de ellos verá la tierra prometida, excepto Josué y Caleb, los dos únicos espías que no desanimaron al pueblo. En su ira, Dios dijo que caerían en el desierto los cuerpos de todos los que murmuraron contra él, de veinte años arriba. En cumplimiento de esta palabra de Dios, el pueblo vagó por el desierto cerca de cuarenta años, hasta que todos los rebeldes de más de veinte años murieron. Según cálculos conservadores, murieron como un millón de personas durante esos cuarenta años. Esto significa que murieron unas 25000 personas por año, o lo que es lo mismo, unas 70 personas por día. Prácticamente, se marcó con tumbas el camino que Israel vagó por el desierto esos cuarenta años. Todo por el desánimo, amable oyente. El desánimo condujo a toda una generación de un pueblo numeroso a la ruina total. Ahora bien, toda esta debacle, causada por el gigante llamado desánimo, ¿No ilustra la actitud de mucha gente hacia la vida, inclusive hacia la vida cristiana? Claro que sí. Muchos creyentes tienen esa misma actitud. Ya han confiado en Cristo como Salvador, saben que sus pecados han sido lavados, sin embargo, sus vidas distan mucho del gozo y la paz, que son características de la vida cristiana genuina. Estos creyentes contemplan las cosas hermosas de la vida cristiana y luego dicen: Es ciertamente tierra que fluye leche y miel, hay hermosas promesas en las Escrituras, paz, amor, gozo, seguridad, esperanza, perdón, sin embargo, hay gigantes, y no estoy seguro que podré dominarlos. Quizá un mal hábito persistente, o el mal genio, o los celos, o el rencor, o la amargura. Pero Dios, amable oyente, no ha prometido eliminar de la vida cristiana a gigantes como estos. Más bien, lo que Dios ha prometido es capacitarnos para conquistar a estos gigantes y tenerlos bajo nuestro control. Sí. Hay gigantes en la vida cristiana. ¿Y qué? Taparnos los ojos para no verlos y pretender que no están allí no es sensato. No se gana nada pretendiendo que no los vemos. Son tan reales como la vida misma. Esos viejos gigantes son tan persistentes como la muerte. Gigantes burlones, embaucadores, engañosos, ríen con sorna que causa temor. A voz en cuello nos gritan lo que podemos o no podemos hacer. Son gigantes que nos infunden terror, y cada uno de nosotros tiene que hacerles frente. Se podría huir de ellos, como pretendió hacer el pueblo de Israel, pero viéndolo bien, huir de ellos, es equivalente a darles la victoria en bandeja de plata y sufrir por el resto de nuestros días la disciplina de Dios por no haberlos conquistado. Si llegamos a huir de los gigantes, ellos se reirán de nosotros por el resto de nuestra vida, burlándose y diciendo: Por supuesto que hay una tierra que fluye leche y miel, pero ustedes no pueden hacer nada, porque nosotros estamos aquí. En lugar de huir de los gigantes, debemos hacerles frente, y buscar la manera de conquistarlos. Esto es lo sensato, de lo contrario, estos gigantes nos convertirán en sus esclavos, nos atarán y nuestra vida se tornará miserable. Habrá poca bendición, todo parecerá sombrío, no habrá consuelo ni esperanza. Así es como operan estos poderosos gigantes al acecho. Por esto tenemos que saber quienes son y luego tenemos que saber como conquistarlos. Todos estos gigantes son conquistables. 1 Corintios 10:13 dice: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

A menudo pensamos que nuestros gigantes son únicos, pensamos que nuestras tentaciones son algo especial, que solamente nosotros las experimentamos, que el diablo nos dedica más de su tiempo a nosotros que a otros y que usa de más astucia, mejores planes, más programas y mejores ideas para atacarnos nosotros, pero no hay tal, amable oyente. Los gigantes que tenemos o los problemas que nos aquejan son comunes a todos nosotros y cada uno de nosotros que somos creyentes hemos sido capacitados para conquistarlos. En nuestro próximo estudio bíblico plantearemos algunas sugerencias para conquistar al primer gigante al acecho en nuestra vida, me refiero al desánimo. Espero su sintonía.

PERMANECER DE PIE

PERMANECER DE PIE

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-28

Los árboles se quiebran como palillos de dientes o vuelan hacia arriba, arrancados de la tierra. Techos enteros navegan a la deriva, automóviles dan volteretas como si fueran juguetes, paredes se derrumban y una montaña de agua salta desde la playa y sepulta la tierra. Un huracán corta y hace pedazos, y sólo los cimientos sólidos sobreviven a su furia incontrolable. Pero esos cimientos pueden usarse para la reconstrucción después de la tormenta. Para cualquier edificio, los cimientos son críticos. Deben ser lo suficientemente profundos y sólidos para soportar el peso del edificio y otras presiones. Las vidas son como los edificios, y la calidad de sus cimientos determinará la calidad del resto. Con demasiada frecuencia se usan materiales de calidad inferior y, cuando vienen las pruebas, la vida se desmorona. Tenemos cientos de historias en las páginas del relato bíblico que fueron probadas. Con una vida llena de prestigio, posesiones, y personas, de repente fueron asaltadas por todos lados, devastados, desmantelados hasta sus cimientos. Pero su vida estaba construida en Dios, y resistieron. Son historias de  hombres de Dios. Dramas interesantes sobre la riqueza perdida y luego recuperada, un tratado teológico acerca del sufrimiento y de la soberanía divina, y un ejemplo de fe que perdura. Analiza tu vida y revisa tus cimientos. Y quizás, cuando todo haya desaparecido y sólo quede Dios, podrás decir: «Él es suficiente».

Muchas veces se le permite  a Satanás probar a los hijos de Dios hasta situaciones límite. Es muy fácil pensar que tenemos todas las respuestas pero en realidad, sólo Dios sabe exactamente por qué las cosas suceden de un modo determinado, y debemos someternos a Él como nuestro Soberano.  Nada de lo que llegue a tu vida sucede sin el permiso de Dios. Pensar en esto te llena de una paz inconfundible.  Dice Pablo que no nos ha sobrevenido ninguna situación que humanamente hablando sea irresistible. Además el mismo Dios que te expone a pruebas te da la salida para permanecer de pie.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Revisa tus cimientos de vida. La tormenta puede asomar cuando menos lo imagines

«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

31 mar 2016

«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Soy fruto de una relación pasajera entre dos amigos solteros. Mi padre siempre me negó. Ahora está casado y tiene tres hijos, los cuales no me quieren, siendo que yo nací cuando ellos todavía no estaban junto a él. Toda la familia de él se enteró de mi existencia hace poco, pero para no quedar mal me ignoran.

»¡Los odio! ¡Quiero vengarme! ¡Quiero que mueran para cobrar yo la herencia, ya que me niegan amor! Pero a la vez me hace falta un padre. Lo necesito. ¿Qué hago?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»¡Sentimos mucho la pérdida que usted ha sufrido! Ha perdido no sólo un padre, sino también el sueño de tener un padre…. Ahora le toca afrontar una dura realidad inflexible. ¡Es cruel y es injusto!

»… Tiene razón para estar enojada. El problema es que la ira y el enojo sólo perjudican a la persona que alberga esos sentimientos. El deseo suyo de venganza le produce sustancias químicas en el cerebro que fluyen por todo su cuerpo. Esas sustancias la pueden hacer más susceptible a problemas de la salud y aun a graves enfermedades. Cada vez que piensa en el odio que siente y la injusticia que ha sufrido, su cuerpo produce más sustancias químicas negativas. Así que, lamentablemente, es usted quien sale perjudicada….

»Hay una sola solución. Usted necesita que Jesucristo le dé la capacidad sobrenatural que Él tuvo para perdonar. Él perdonó a quienes lo crucificaron. Enseñó que también nosotros debemos perdonar si queremos que se nos perdonen nuestros pecados. Él dijo: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.”1

»¿Merece su padre el perdón suyo? ¡De ninguna manera! El perdonarlo no significa que él lo merezca o que esté libre del castigo divino por su conducta.

»Los que crucificaron a Cristo tampoco merecían el perdón. Como tampoco lo merecemos nosotros cuando quebrantamos las leyes de Dios. Pero Cristo perdonó a quienes lo crucificaron, y nos perdona a nosotros cuando se lo pedimos. Así que su ejemplo nos enseña que es posible perdonar incluso cuando el perdón no es merecido.

»Pídale a Dios en oración que le dé la capacidad sobrenatural que usted necesita para perdonar. Cuando la invadan los pensamientos negativos, busque la manera de convertirlos en pensamientos positivos. Si usted tuvo una buena madre, piense en lo agradecida que está por haberla tenido. Si tiene abuelos que la aman, dele gracias a Dios por ellos. Convierta cada pensamiento negativo en uno positivo para que pueda transformar las sustancias químicas en el cerebro y proteger su salud. Deje que sea Dios quien juzgue. Él sabe perfectamente cómo hacerlo.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 382.

http://www.conciencia.net/

 

10-RELACIONES SEXUALES EN EL MATRIMONIO

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Diez

RELACIONES SEXUALES EN EL MATRIMONIO

a1¿Te sorprendería saber que tener relaciones sexuales con tu esposa no es un acto menos honorable a los ojos de Dios que leer tu Biblia u orar? La Biblia no es escrupulosa en sus muchas proclamaciones sobre el sexo. De hecho, el primer mandamiento dado a Adán y Eva en el jardín del Edén tuvo que ver con el sexo: Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructifi cad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Más aun, hay un libro entero en la Biblia, el Cantar de los Cantares, que toca bastante gráficamente el tema de las relaciones sexuales en el matrimonio.

Pero tristemente, muchos cristianos creen que las relaciones sexuales en el matrimonio son sucias o son tabú. Ellos parecen haber olvidado que Dios no sólo creó el sexo, sino que lo hizo de tal forma que fuera una de las experiencias más placenteras en la vida.

Por supuesto, la pecaminosidad del hombre ha pervertido el diseño de Dios y con frecuencia ha convertido una tremenda bendición en una mal dición. Lo que Dios ha diseñado para ser un deleite, el hombre, por causa de su corrupción, ha encontrado que es una profunda decepción.

Las dificultades sexuales en el matrimonio encuentran su camino a la agenda de los consejeros matrimoniales con bastante regularidad. Difícilmente una en diez de las parejas que vienen por consejería matrimonial no experimentan alguna clase de problema sexual en su relación. Lo que la mayoría de estas parejas fallan en entender es que las dificultades sexuales son típicamente sintomáticas, es decir, ellas no son usualmente el verdadero problema, sino que son un producto derivado de otros problemas en la relación.

La alarma sonó a las 5:45 a.m. Tom y Shirley luchan por levantarse de la cama. Están especialmente cansados esta mañana porque la noche anterior discutieron hasta la madrugada sobre una decisión que tenían que tomar, pero terminaron yendo a dormirse enojados y sin resolver con éxito su conflicto. En lugar de estar contentos esta mañana, están lacónicos y críticos. Su conversación está llena de sarcasmo, falsas acusaciones, epítetos y otros comentarios peyorativos. Su comunicación verbal y no-verbal revela el enojo y la amargura que han invadido recientemente sus corazones.

Lo que Tom y Shirley no se dan cuenta es que con cada comentario hiriente que hacen y con cada expresión ofensiva que exhiben, están saboteando su relación sexual. Es como si estuvieran ensuciando su lecho matrimonial con toda clase de desechos y basura. Los pijamas con los que durmieron, las toallas mojadas que usaron en el baño por la mañana, los desechos del percolador de café, los platos sucios del desayuno y las varias secciones del periódico matutino, todos termina tirados en la cama antes de las 7:30 a.m. Mientras Tom camina hacia la puerta, en lugar de su usual beso de despedida, murmura, “no sé como terminé casado con esta indomable y contenciosa esposa.” En esencia, él está abriendo la puerta de su cuarto y lanzando otra libra de basura sobre lo que ya se ha acumulado. Durante todo el día, mientras Tom y Shirley revisan en sus mentes los eventos de las pasadas horas, continúan ensuciando su lecho matrimonial. Cuando Tom llega a la casa desde la oficina, el montón de basura sobre la cama tiene tres pies de alto.

Mientras avanza la tarde, el montón crece aun más como resultado de que el uno se muestra indiferente hacia el otro. Cuando llega la noche, si alguno de ellos deseara tener relaciones sexuales tendría que hacer el amor encima de toda esa basura. Sus “problemas” sexuales en realidad no son sexuales para nada, son relacionales. Los consejeros matrimoniales saben que con mucha frecuencia los problemas sexuales en el matrimonio son indicadores de otros problemas en la relación. Cuando estos otros problemas en la relación son resueltos bíblicamente, los problemas sexuales tienden a desaparecer casi por si mismos.

Hay una actitud en particular que afecta adversamente la relación sexual entre un hombre y su esposa, la cual he observado una y otra vez en muchos de los hombres que conozco. Yo mismo he luchado con ello de tiempo en tiempo. Por años, me he preguntado por qué muchos esposos dan a sus esposas por hecho. R. C. Sproul, en su libro “El Matrimonio Íntimo” aborda sucintamente esta cuestión común:

Es demasiado fácil para los hombres casados ver a sus esposas con una persistente disminución de su importancia una vez que la boda ha pasado. Antes de casarse, el hombre invierte una enorme cantidad de energía para cautivar y conquistar a su esposa. Él inicia la relación de cortejo con el celo y la dedicación de un atleta olímpico. Le da a su chica su atención completa haciéndola el centro de su devoción. Una vez el matrimonio se ha consumado, nuestro atleta vuelve su atención a otras metas. Se imagina que el aspecto romántico de su vida ya está bajo control y se dedica a escalar nuevas alturas. Le dedica menos y menos tiempo a su esposa y la trata como si fuese menos importante. Mientras tanto la mujer, habiéndose acostumbrado al proceso del cortejo, entra al matrimonio esperando que esto continúe. A medida que el matrimonio avanza, ella le dedica más y más atención a su esposo, mientras él le dedica menos. Ahora ella le lava su ropa, le cocina su comida, le hace la cama, limpia la casa–quizás hasta le haga su maleta; mientras tanto, él se vuelve menos afectuoso (aunque quizás mas erótico) saliendo menos con ella y generalmente poniéndole menos atención.

Cuando este síndrome continúa sin control, el resultado es, frecuentemente, una aventura extramarital. Estas aventuras, popularizadas por las novelas y romantizadas por Hollywood y la televisión, se han convertido en una epidemia. En cierto momento de mi ministerio yo aconsejé a dieciséis parejas que estaban teniendo problemas con una tercera persona. En cada caso le hice a la parte infiel la misma pregunta, “¿Qué te atrajo de la otra persona?” En cada caso la respuesta fue esencialmente la misma, “él me hizo sentir como una mujer,” o “ella me hizo sentir como un hombre de nuevo.” Es fácil hacer sentir a una mujer como mujer durante el cortejo. No es tan fácil durante el matrimonio. Simplemente no puede hacerse si la esposa es considerada secundaria en importancia. Cuando Pablo habla de la necesidad de un esposo dándose a sí mismo a su esposa como Cristo se dio a sí mismo por la iglesia, él esta tocando el verdadero corazón del matrimonio.1

Una de las claves para mantener el romance en el matrimonio y no dar por hecho a tu esposa es nunca cesar de cortejarla. Esto es talvez el mejor consejo sobre la sexualidad que puedo ofrecer. Talvez has oído que se dice que “el juego amoroso para el coito comienza cuando te levantas por la mañana, no cuando te acuestas por la noche.” ¿Recuerdas lo que leíste en el capítulo nueve?

Contrario a lo que pudieras pensar, cuando te “enamoraste” de tu esposa no fuiste impactado con alguna clase de estímulo externo como una “flecha de cupido” o la descarga de algún otro mediador matrimonial. Mas bien creaste (internamente) los sentimientos románticos a través de lo que te dijiste a ti mismo sobre ella y lo que hiciste a, por y con ella. Es decir, tu propio corazón produjo esos maravillosos sentimientos como resultado de tus pensamientos y acciones. Muy probablemente tú desarrollaste esos cálidos sentimientos amorosos durante el cortejo. Si ahora sientes amargura hacia ella es porque de una u otra manera has dejado de cortejarla. Tu falta de cortejo ha aminorado el “generador emocional del amor” (por decirlo así) en tu corazón. Además, los pensamientos innobles y la falta de perdón que tienes hacia ella (en contraste con los nobles y amorosos pensamientos que experimentabas durante el cortejo), han lanzado un alicate en el generador y evitan que esos sentimientos amorosos se desarrollen. Es así de simple.

Si quieres revivir el romance que tuviste una vez con tu mujer, tendrás que cambiar la forma en que piensas de ella y las cosas que haces por ella. Tendrás que comenzar cortejándola de nuevo y hacerlo-aunque aún hubiese en tu corazón sentimientos de amargura contra ella.

Aquí esta el punto central: si quieres reavivar la pasión que una vez hubo en tus relaciones sexuales y que probablemente se han perdido, tendrás que cortejar a tu esposa diaria y regularmente.

La actitud amorosa que muestres hacia tu esposa (1 Cor. 13:4–7; Col. 3:12–14) desde el momento que la saludas al levantarse hasta la forma en que la halagas por la cena que te preparó, muy probablemente determinará el placer que ambos disfruten la próxima vez que tengan relaciones sexuales.

Principios Bíblicos Para el Sexo2

Los siguientes siete principios están en su mayoría basados en un entendimiento correcto de 1 Corintios 7:1–6. Examinemos este pasaje antes de desenvolver su significado (otros pasajes Escriturales serán citados cuando sea necesario).

En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Más esto digo por vía de concesión, no por mandamiento (1 Cor. 7:1–6).

Principio # 1: Las relaciones sexuales dentro del matrimonio son santas y buenas. Dios alienta esas relaciones y nos advierte contra su interrupción.

Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios (Heb. 13:4).

La versión Reina-Valera destaca correctamente la construcción gramatical imperativa de este verso. Los cristianos tienen que ver el matrimonio como una institución honorable diseñada por Dios. Ellos no deben hacer nada que le robe al lecho matrimonial su honor y bondad (sea de pensamiento, palabra o hecho). Cuando tú dejas de cumplir tus obligaciones conyugales en el área sexual, la Biblia dice que estás defraudando a tu esposa y exponiéndola innecesariamente a la tentación (1 Cor. 7:5). Recuerda que de acuerdo a este pasaje hay dos soluciones bíblicas para el problema de la inmoralidad sexual–dos maneras para que puedas evitar la fornicación. Una es el auto-control (vv. 5 y 9), y la otra es la relación sexual regular entre esposos (v. 2).

Principio #2: El placer en las relaciones sexuales no es pecaminoso sino asumido (los cuerpos de los cónyuges se pertenecen el uno al otro).

Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre (Prov. 5:18–19).

El propósito de Dios es que seas sexualmente saciado por tu esposa. Supongamos que hoy es el Día de Acción de Gracias. Tú has estado esperando este día por semanas porque tu madre prometió hacerte tu postre favorito. Cuando la fiesta del Día de Acción de Gracias comienza, tú estás ansioso por llegar al final de la comida para poder saborear ese delicioso postre. Mientras masticas la deliciosa porción de tu comida con acrecentado placer, de repente pierdes de vista el hecho de que tienes que dejar lugar en tu estomago para aquel delicioso postre. Tú sigues disfrutando plato tras plato hasta que finalmente quedas totalmente saciado. Cuando traen el postre de la cocina estás tan lleno que tienes que explicarle a tu madre que “no puedes comer ni otra mordida.”

Ésa es la clase de satisfacción que la Biblia implica cuando dice: “Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.” Tú debes estar tan satisfecho con tu esposa que no podrías ser fácilmente tentado por nadie más. Tanto las palabras “satisfagan” como “recréate” en este verso conllevan la idea de estar intoxicado. Éste es el único verso en la Biblia que yo sé que nos incita a embriagarnos–no con alcohol sino con el placer que viene de tener las relaciones sexuales ordenadas por Dios con tu esposa.

Principio # 3: El placer sexual debe ser regulado por el principio de que la sexualidad no debe ser egocéntrica (en el matrimonio “los derechos” de nuestro cuerpo le pertenecen al cónyuge). La homosexualidad y la masturbación van en desacuerdo con este principio fundamental. La idea aquí, como en otros lugares, es que “es más bienaventurado dar que recibir.”

Probablemente la manera más grande en que un esposo cristiano falla en el rol sexual en su matrimonio es siendo egoísta. Vivimos en una sociedad de auto-erotismo, es decir, una sociedad que ve el sexo primariamente como algo de lo cual se recibe placer más que como una oportunidad para dar placer. La masturbación es vista no sólo como aceptable, sino en algunos casos como terapéutica. Muchos hombres, aun hombres cristianos, ven las relaciones sexuales con sus esposas como un poco más que una oportunidad para masturbarse. Su preocupación es complacerse a sí mismos. No se dan cuenta que Dios les dio sus órganos sexuales no primariamente para su propio placer, sino para el placer de sus esposas (1 Cor. 7:4). Nunca han aprendido que en las relaciones sexuales, como en las otras áreas de la vida, es más bienaventurado dar que recibir (Hech. 2:35).

Aunque la masturbación no es identificada por nombre en la Biblia, deber ser vista como pecaminosa al menos por tres razones. Primero, porque es una perversión del propósito del sexo. Es más egoísmo que amor–es tomar, no dar. Dios no te dio los órganos sexuales para que te complazcas a tí mismo con ellos, sino para que le des placer a tu esposa y que ella pueda expresarte su amor dándote placer sexual. Segundo, porque casi siempre envuelve una lascivia pecaminosa. Jesús hizo esto absolutamente claro: Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mat. 5:28). Tercero: porque es una actividad que hace experimentar culpabilidad a los cristianos que la practican. La Biblia también es muy clara acerca de la pecaminosidad de los cristianos que participan voluntariamente en cualquier actividad por la cual su conciencia los condena.

¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Rom. 14:22–23).

En todos mis años de consejería a hombres cristianos, nunca he conocido aún a uno a quien su conciencia no le perturbe cuando sucumbe ante esta actividad. Muchos hombres cristianos han sucumbido tan habitualmente a esta tentación que han sido atrapados por su transgresión y consecuentemente han perdido la comunión con Dios. En lugar de confesar su conflicto y buscar ayuda de algún consejero piadoso y/o de su esposa (que con frecuencia están en la posición maravillosa de “ayuda idónea” para apoyarlos a través de varios medios), estos hombres viven con su culpa por años, atados por su concupiscencia y privándose del gozo y los frutos prometidos por Dios a los que tienen una limpia conciencia (Hechos 24:16; 1 Tim. 1:5–7, 18–20).

Principio # 4: Las relaciones sexuales deben ser regulares y continuas. No se aconseja un numero exacto de veces por semana, pero el principio es que ambos cónyuges provean una satisfacción sexual tan adecuada, que tanto el ‘quemarse’ (con deseo sexual) como la tentación de buscar satisfacción sexual en otra parte sean evitadas.

“Tu asignación para esta semana es tener relaciones físicas con tu cónyuge al menos X veces-y cuando lo hagas quiero que te concentres más en complacerla (o) a ella (o a él) que a ti mismo (a).”3 Yo he dicho esto a quienes he aconsejado más veces de las que recuerdo. Recientemente, “advertí” a dos parejas que si la frecuencia de sus relaciones sexuales no mejoraba en las próximas semanas, les iba a asignar como una tarea las veces que deberían tener sexo. La construcción gramatical del mandato en 1 Corintios 7 asume que algunos de los lectores estaban en el proceso de defraudarse sexualmente mutuamente y el mandato es “no os neguéis el uno al otro.”

Contrario a la creencia popular, no todos los esposos tiene mayor deseo de relaciones sexuales que sus esposas. En realidad, un porcentaje de mujeres más grande que el que uno esperaría, desean más encuentros sexuales por semana que sus esposos. Cada persona es diferente y cada pareja tiene su propia serie de factores internos y externos que afectan tal deseo. El principio bíblico requiere que cada cónyuge conozca y responda a los deseos de su esposo o esposa. Parte de tu responsabilidad como hombre que vive con su esposa de una manera sabia, es que conozcas esa información sobre “tu esposa” y respondas adecuadamente. Parte de la responsabilidad de ella para serte “ayuda idónea” (o complemento) es hacer lo mismo para contigo. Generalmente hablando, el cónyuge con el menor deseo debería estar dispuesto a ceder a los deseos de la pareja con el mayor deseo para que no se “queme” (“Pero si no tienen don de continencia [los solteros o viudas] cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Cor. 7:9). Por supuesto, como el próximo principio implica, el cónyuge con el mayor o más frecuente deseo debe estar también dispuesto (a) a limitar algunas veces la frecuencia de sus encuentros sexuales por amor y en deferencia a su pareja. La clave principal para ambos cónyuges se halla en Filipenses 2:3–4:

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

Si tu esposa desea más frecuencia en las relaciones sexuales que tú, debe haber veces cuando debes estar dispuesto a ministrarle sexualmente-aun cuando pudieras no tener interés, estar cansado, absorto en otros intereses o responsabilidades, desanimado o molesto. Si tú eres el cónyuge con el mayor deseo sexual y tu esposa está dispuesta a ministrate sexualmente cuando ella no está tan amorosa como tú o no tiene ganas, debes tener cuidado de no mostrarte decepcionado o dejar que tus sentimientos se hieran porque el encuentro no fue tan apasionado, excitante o placentero como esperabas. En lugar de decepcionarte, deberías estar agradecido por tener una esposa dispuesta a ministrarte sin egoísmo.4 En lugar de pensar, “si ella realmente me amara, me estaría haciendo el amor salvaje y apasionadamente,” recuerda que en realidad es una manifestación más grande de su amor por ti cuando sin egoísmo ella te hace el amor aun sin sentir esa pasión enloquecedora.

Por supuesto, tú siempre debes prepararla sexualmente (con suficiente afecto y juego amoroso anticipado) de modo que ella pueda tener también un tiempo placentero. Pero si ella está simplemente interesada en complacerte, ¡no lo tomes personalmente! Sólo disfrútalo y da gracias por tener una esposa que sin egoísmo se preocupa así por ti. Muestra tu aprecio con palabras de afirmación y agradecimiento y con otras expresiones físicas de afecto. Recuerda que muchas mujeres parecen experimentar mucha más “satisfacción sexual” que los hombres aun cuando no logran un orgasmo. Esto puede parecerte difícil de comprender porque como hombres nos cuesta concebir el tener un encuentro sexual placentero que no termine con un orgasmo. La manera en que muchos hombres razonan es “el sexo sin orgasmo es como un banquete sin comida.” Esta noción, sin embargo, no se basa en la Escritura. Probablemente ésta no es la manera en que tu esposa piensa sobre el sexo y tampoco debería ser la tuya.

Principio # 5: El principio de la satisfacción significa que cada cónyuge debe proveer placer sexual (que es “debido” a él o a ella en el matrimonio) tan frecuentemente como el otro lo requiera. Por supuesto, hay otros principios bíblicos que entran en juego (la moderación, complacerse el uno al otro antes que a sí mismo, etc.). La consideración a nuestro cónyuge debe regular nuestro requerimiento del sexo. Pero esta consideración no debe ser excusa para fallar en satisfacer las necesidades legítimas. Por otro lado, los requerimientos sexuales no deben ser gobernados por una lascivia idólatra.

La moderación (autocontrol) debe ser ejercido en todas las cosas (1 Cor. 9:25), incluyendo el sexo marital.

Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna (1 Cor. 6:12)

Así como tienes que controlar tus deseos por la comida, el dinero y otras actividades buenas y placenteras evitando los excesos, debes aprender a moderar tus deseos por el sexo para que no ocupen un lugar más grande en tu vida que el que es debido. Recuerda que casi cualquier buen deseo (como la comida, el techo, el sueño, el respeto y el sexo), pueden convertirse en idolatría si los deseamos excesivamente.

¿No es la vida más que el sexo? No para algunos hombres que he conocido. Sus mentes están tan excesivamente consumidas por el sexo que piensan poco en sus otras responsabilidades bíblicas en la vida como ministrar a su esposa, a sus hijos y a su prójimo. Si esto te sucede a ti, te recomiendo que ores diariamente para que el Señor te ayude a reemplazar esos pensamientos y deseos con otros que estén en línea con la realidad bíblica. Considera también buscar la ayuda de tu esposa y de los líderes de tu iglesia.

Así como tu esposa debe “considerar” la intensidad de tu deseo sexual (si éste es más grande que el de ella), tú debes considerar las cosas que pueden interferir con el deseo o la habilidad de ella para ministrarte a ti. Pueden haber ocasiones cuando tu esposa se ofrezca para satisfacer tus necesidades sexuales, pero tú tendrás que considerar si es realmente lo mejor para ella el hacerlo o no.

“¿Está ella demasiado cansada?” “¿Será más placentero para ella si yo espero hasta mañana cuando esté más descansada?” “Si posponemos nuestro encuentro, ¿le dará eso a ella una sensación más grande de privacidad?” “¿Ha sido su día tan lleno de tensión que sería egoísta de mi parte esperar que ella haga esto?” Un esposo amoroso se hace estas preguntas antes de aceptar el ofrecimiento que su esposa le hace de tener relaciones sexuales.

Principio # 6: De acuerdo con el principio de los “derechos,” no debe haber negociaciones sexuales entre los esposos (“Yo no voy a tener relaciones a menos que …”). Ningún cónyuge tiene derecho de hacer tales negociaciones.

Cuando te casas tú cedes el derecho de usar tu cuerpo como te parezca. Ya no posees la autoridad única sobre tu propio cuerpo-tu esposa lo posee.5 Ahora ustedes son una sola carne. Tu cuerpo le pertenece a ella y viceversa. No le corresponde a ninguno condicionar la entrega de su cuerpo al otro sólo si (o hasta que) ciertos deseos egoístas se cumplan.

¿Eres más amable, gentil, generoso, atento, tierno y afectuoso con tu esposa cuando deseas tener relaciones sexuales que otras veces? Si es así, puedes tentarla a usar el sexo como una herramienta de negociación. Si ella intenta usar el sexo como una herramienta para negociar, debes considerar si la estás amando verdaderamente como Cristo amó a la iglesia. La pregunta que te debes hacer es “¿estaría ella usando el sexo para obtener lo que desea si yo estuviera realmente llenando sus necesidades y satisfaciendo tantos de sus deseos legítimos como me sea posible sin tener que pecar?

Principio # 7: Las relaciones sexuales son iguales y recíprocas. Pablo no le da al hombre derechos superiores que a la mujer. Es claro entonces que el estímulo y la iniciación mutua en las relaciones son legítimas. Ciertamente, la doctrina de los derechos mutuos implica también la de las responsabilidades mutuas. Esto incluye, entre otras cosas, la participación activa mutua en el acto sexual.

Muchos tabús no Escriturales abundan entre los cristianos acerca de las relaciones sexuales en el matrimonio. Entre éstos está la idea de que la mujer no debe iniciar o ser agresiva en la relación. Puesto que el cuerpo de cada cónyuge pertenece al esposo o esposa, se deduce que el estímulo, la iniciación y la participación activa mutua en el acto sexual son legítimos.

Por otro lado, Dios diseñó al esposo más adecuadamente para ser el iniciador y a la esposa para ser la que responde. ¿Cuán bien puedes iniciar el acto del amor sexual con tu esposa? Aquí hay algunas preguntas de auto-examen que puedes hacerte en relación a tus intentos:

• ¿Inicias la relación sexual con suficiente frecuencia?

• ¿Resientes el hecho de que tu esposa no inicia las relaciones sexuales tan frecuentemente como deseas?

• ¿Te sientes incúmodo cuando tu esposa toma la iniciativa en el acto del amor?

• ¿Cómo inicias las relaciones sexuales? ¿Lo haces usualmente pidiéndoselo verbalmente?

• ¿Usas siempre la misma invitación “enlatada”?

• ¿Tratas a veces de omitir la invitación rutinaria y tratas de estimularla románticamente sin pedírselo o sin palabras?

Las preguntas al final de este capítulo son una continuación de las sugeridas al final del capítulo dos. Éstas deberían ayudarte a entender y ministrar mejor sexualmente a tu esposa. No todas las preguntas pueden ser adecuadas o necesarias para tu situación. Ten cuidado de no ser demasiado sensitivo o de ofenderte con sus respuestas. A largo plazo tu vida sexual mejorará como resultado del tiempo que uses discutiendo y resolviendo bíblicamente estos problemas. Es aconsejable que no guardes ningún registro escrito de sus respuestas a estas preguntas. He incluido también en el Apéndice J, “Indicaciones, Sugerencias y Ayudas para la Actitud Sobre el Sexo,” algunos pensamientos adicionales que te pueden ayudar a ser un amante más completo para tu esposa.

Preguntas Que Me Gustaría Hacerle

1. Si pudieras cambiar tres cosas en nuestra vida sexual, ¿Qué cambiarías?

2. ¿Crees que he sido sexualmente egoísta? Si ha sido así, ¿Cómo?

3. ¿Tengo algún olor, manerismo o hábito que te impide disfrutar nuestras relaciones sexuales?

4. ¿Hay algo de lo que hemos hecho sexualmente que te ha hecho sentir incómoda?

5. ¿Hay algo que no hemos hecho sexualmente que crees que disfrutarías haciéndolo?

6. ¿Te brindo suficiente afecto y juego sexual previo al coito?

7. ¿Te sientes presionada a actur de cierta forma por lo que hago o digo?

8. ¿Soy suficientemente proactivo (agresivo) sexualmente?

9. ¿Hay algo de mi apariencia que te disgusta tanto que estorba tu capacidad de disfrutar el sexo?

10. ¿Hay alguna parte de tu anatomía con la cual te sientes tan desagradada que estorba tu capacidad de disfrutar el sexo?

11. ¿Has alcanzado el orgasmo alguna vez? (quizás ya conoces la respuesta, pero si tienes alguna duda deberías preguntárselo).

12. ¿Hay algún otro problema marital o personal que estorba tu capacidad de disfrutar el sexo conmigo?

13. ¿Me esfuerzo lo suficiente para brindarte una atmósfera placentera, confortable y segura en la cual hacer el amor?

14. ¿Qué hora del día y en qué situaciones preferirías más / menos hacer el amor?

15. ¿Te sientes cómoda con la frecuencia que hacemos el amor?

16. ¿Soy suficientemente creativo en mis intentos de iniciar el amor contigo?

17. ¿Hay algo más que puedo hacer, sea de palabra, actitud o hecho que podría darle más sentido a nuestra relación?

Agrega más preguntas aquí.…

1 R. C. Sproul, The Intimate Marriage (El Matrimonio Íntimo), pp. 42–43.

2 Los siete principios bíblicos del sexo en este capítulo fueron impresos originalmente en The Christian Counselor’s Manual (El Manual del Consejero Cristiano) por Jay Adams (Grand Rapids: Zondervan, 1973), p. 392. Usado con permiso.

3 “X” usualmente es un número derivado como resultado de mis preguntas a ambos cónyuges acerca de la frecuencia con la cual ellos prefleren tener relaciones sexuales.

4 La idea de ‘sentimientos heridos’ no es exactamente bíblica. En realidad no son tus sentimientos los que son heridos. Mas bien tus pensamientos, que son los que en parte producen tus emociones, no están en armonía con la Escritura. Como he aludido en una nota previa, si tu esposa peca realmente contra ti y termina “hiriendo tus sentimientos” es ella la que tiene que arrepentirse por su pecado. Sin embargo, si tus “sentimientos son heridos” por algo que ella hace que no es pecaminoso (como ser ocasionalmente menos apasionada que tú por el sexo), eres tú quien debe arrepentirse de tus pensamientos anti-bíblicos que son los que producen esa emoción.

5 En realidad, tú hiciste eso en un grado aún mayor cuando te convertiste. Los que promueven el derecho al aborto parecen haber olvidado estos dos puntos—si es que alguna vez los conocieron.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 179–195). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

 

«YO MATÉ A UN HOMBRE»

30 mar 2016

«YO MATÉ A UN HOMBRE»

por el Hermano Pablo

a1Hace veinte años, yo maté a un hombre. No, no es cierto. Sólo es alegoría. Pero permítame seguir con la figura.

Me descubrieron con el arma en la mano y el cuerpo del delito a mis pies. Como no tenía coartada alguna, me llevaron de inmediato a la cárcel. El juez no tardó en seguir el proceso jurídico, y el jurado me halló culpable.

Ahora tenía que pagar el precio de mi maldad porque fui yo quien cometió el delito. Sólo esperaba la hora de mi ejecución.

El día designado, y a la hora precisa, el carcelero llegó a mi celda, metió la llave en el cerrojo y abrió la puerta. El chillido de hierro contra hierro me hizo sentir aún más terror. Pero sucedió algo extraño.

El carcelero me dijo:

—Señor, usted está libre. Puede irse.

—No juegue con mi vida —le respondí—. Yo sé a qué ha venido.

—Señor —repitió el carcelero—, usted está libre.

Dicho esto, se fue, dejando abierta la puerta de mi celda, así que me asomé a la puerta. El patio de la cárcel estaba vacío. Con cierto temor crucé el patio y me encaminé hacia la calle. Varios oficiales me vieron, pero nadie dijo nada. Recuerdo haber escuchado unos balazos cuando llegué a la calle, pero nadie me detuvo.

Cuando llegué a casa me explicaron que mi defensor había indagado en libros jurídicos antiguos y había descubierto que otra persona podía tomar el lugar del culpable. Así que había hecho correr la noticia, y un joven se había ofrecido para que se le aplicara mi sentencia.

Si bien este relato es alegórico, lo cierto es que ilustra algo que no lo es. Yo, como todo ser humano, soy pecador. Mi pecado merece el infierno. No hay nada que yo pueda hacer para librarme de esa pena. Estoy eternamente condenado, y eso no es alegoría.

Un día Dios, en la persona de Jesucristo, vino al mundo. Aunque Jesús llevó una vida santa, lo acusaron de malhechor y lo condenaron a morir en una cruz. Pero su muerte fue sustitutiva. Él murió en mi lugar, y eso no es alegoría.

«Gracia» es una palabra que no cabe en la mente humana. Quiere decir perdón inmerecido, amor incondicional, salvación sólo por el favor de Dios. El apóstol Pablo explica que Dios ofreció a su Hijo Jesucristo como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, y que es por su gracia divina que nos justifica gratuitamente mediante esa redención (Romanos 3:24,25).

Aunque nuestra vida sea un desastre, podemos ser salvos mediante la muerte de Cristo en nuestro lugar. Lo único que tenemos que hacer es rendirnos a sus pies. Él pagó el precio de nuestro pecado. El castigo que era nuestro, Jesús lo tomó. Ahora sólo tenemos que creer en Cristo y recibirlo como Señor y Salvador. Ese es el significado de la cruz del Calvario. No rechacemos el amor de Dios.

http://www.conciencia.net/

9-“CARIÑO, NECESITAS UNA DUCHA”

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Nueve

“CARIÑO, NECESITAS UNA DUCHA”

a1“Mi esposa y yo hemos estado casados por cinco años y ella aún no ha aprendido cómo tratarme con el respeto y honor que la Biblia demanda que la esposa muestre a su esposo.”

Cuando escucho a un esposo quejándose de alguna deficiencia de carácter largamente establecida en su esposa, mi respuesta usual es pedirle que considere su liderazgo. “¿Cómo es que has estado casado con esta mujer por tanto tiempo y ella no ha cambiado? ¿Qué es exactamente lo que has hecho para ayudarla con sus problemas?”

R.C Sproul enfoca este problema de manera bastante similar:1

“Una vez casados, la más grande influencia en el desarrollo de la personalidad y el carácter de una esposa es el esposo. Cuando un hombre viene a mí y se queja de cómo su esposa ha cambiado desde que se casaron, yo le respondo ¿Quién supones que la ha cambiado? En un sentido, la esposa que un hombre tiene es la esposa que él ha producido. Si lo que tiene es un monstruo, quizá debería examinar su propia naturaleza.

En el pasaje de Efesios es claro que el esposo está llamado a ser el sacerdote de su hogar. El hombre es responsable del bienestar espiritual de su esposa. Su santificación es su responsabilidad. Probablemente no hay responsabilidad masculina que haya sido más descuidada que ésta.

La búsqueda del Señor por la santificación de la Iglesia es en un sentido el Señor buscando cambiar a su esposa. Así, el esposo está llamado a cambiar a su esposa. El cambio tiene que ser hacia una semejanza mayor a la imagen de Cristo. ¡Debemos buscar presentar a Cristo a nuestras esposas, santas y puras, sin mancha y sin arruga!”

Examinemos Efesios 5:25–27. Esta porción de la Escritura tiene algunas cosas interesantes que decir sobre tu papel en el crecimiento y desarrollo espiritual de tu esposa.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.

Mientras que el verso 26 (“para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra”) se refiere al trabajo santificador de Cristo por su esposa en este mundo (en la tierra), el verso 27 (“a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada”), se refiere a su trabajo santificador por su esposa en el mundo venidero (en el cielo). La primera oración del verso 28 (“Así también deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos”) es dada para que los esposos puedan aplicar lo que Cristo ha hecho por la iglesia a ellos mismos en su relación con sus esposas. El adverbio “Así que” apunta a la relación entre lo que Cristo ha hecho por la iglesia y lo que los esposos deben hacer por sus esposas.

“¿Cómo es que estas evidencias sobrenaturales del amor de Cristo por la iglesia se puedan aplicar a mí? ¡Sólo soy un ser humano! ¿De verdad Dios espera que un mortal como yo haga estas cosas por su esposa?”

Esta pregunta fue hecha y respondida hace más de 375 años por un hombre llamado William Gouge, en su libro llamado Treatise Of Domestical Duties2 (Tratado de las Responsabilidades Domésticas). Gouge indica que aunque no es posible para un esposo amar a su esposa como Cristo ama a la iglesia en la misma medida (en el mismo grado o extensión), sí lo puede hacer en similitud.

“En esta declaración del amor de Cristo, hay dos puntos generales que deben ser notados.

1. Que la iglesia en sí misma no era merecedora de tal amor.

2. Que Cristo se entregó por ella para hacerla merecedora de su amor.

Ésta debe ser la mentalidad de los esposos en cuanto a sus esposas.

1. Aunque ellas no merezcan ser amadas, ellos deben amarlas.

2. Ellos deben esforzarse con toda la pericia y sabiduría que tengan para hacerlas merecedoras de su amor. Digo esforzarse porque simplemente ningún esposo tiene el poder para realizar esto; sin embargo, el esfuerzo fiel de su parte es aceptado como si lo hubiese realizado.”

Lo que Gouge está diciendo es que ames a tu esposa, no como el rey Asuero amó a Ester (después de buscar laboriosamente a la mujer más bella para luego seguirla embelleciendo por doce meses más)3, sino como Cristo amó a la iglesia, sabiendo que estaba llena de manchas, arrugas y cosas similares. Gouge también explica que aunque tú no puedes santificar a tu esposa de la misma manera que Cristo lo hace (sobrenaturalmente), debes usar todos los medios que Dios da para hacerla merecedora de tu amor.

Como lo señalé anteriormente, Cristo amó a la iglesia primero. Mientras aún era pecadora, Él derramó sobre ella su amor.

Él no escogió amarla porque hubiese algo atractivo en ella que lo haya cautivado. Por el contrario, Su amor brotó exclusiva y enteramente de Él mismo. No había nada que ella poseyera de antemano que moviera a Cristo a amarla – ninguna belleza, ninguna bondad, ninguna riqueza. ¡Nada en absoluto! Tampoco había nada en ella que Él quisiera o necesitara. Él no tenía la esperanza de que ella le devolviera algo, excepto lo que Él le había dado primero a ella. Él se deleita en la justicia con la cual, como una gloriosa túnica, ella está vestida; y en esas gracias divinas, como joyas preciosas, con las que ella está adornada. Pero esa justicia y esas gracias son las suyas propias – son los regalos gratuitos con los que Élla viste para presentársela a sí mismo en toda Su gloria.

Es así como los esposos deben amar a sus esposas. Aunque no haya nada en una esposa que haga que su esposo la ame, está el hecho de que es su esposa; y aunque él sepa que no obtendrá ningún beneficio en el futuro de parte de ella, él debe darle su amor. El verdadero amor se enfoca en la persona amada y en el bien que éste le pueda hacer a ella, no en la persona que ama y en el bien que éste pueda recibir por amar, pues el amor no busca lo suyo. Esta clase de amor debe mover a los esposos a hacer lo que esté en su poder para embellecer a sus esposas y hacerlas merecedoras del amor que reciben.4

Aunque muchos comentaristas están en desacuerdo con el significado exacto5 de la frase “por el lavamiento del agua con la Palabra” (vs. 26), los pocos que intentan aplicarlo parecen estar de acuerdo en que la aplicación práctica de este pasaje es alguna forma de ayuda que el esposo da a la esposa en el proceso de su santificación progresiva. Como su líder espiritual, tü debes “separarla” (o hacerla santa), purificándola mediante las Escrituras. Debes ayudarla por medio de la Palabra a remover sus manchas, arrugas o cosas semejantes (vs. 28) que no se conforman a la imagen de Cristo. La manera de hacer esto es obedeciendo y usando la Palabra en todos tus tratos con ella.

Es asombroso como muchos cristianos creen que pueden crecer espiritualmente sin un regular (quiero decir diario) estudio de la Palabra. Muchos parecen pensar que pueden crecer, desarrollar un carácter y resolver sus problemas con ningún o poco tiempo invertido para leer, estudiar, memorizar, y meditar en la Palabra de Dios. Parecen haber olvidado porciones de la Escritura como:

La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo. (Salmo 19:7)

Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: “NO SÓLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS.” (Mateo 4:4)

Desead como niños recién nacidos, la leche pura de la Palabra, para que por ella crezcáis para salvación. (1 Pedro 2:2)

Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu. (2 Corintios 3:18)

En este último pasaje leemos que el Espíritu Santo nos transforma a la imagen de Cristo mientras contemplamos Su imagen en el espejo de la Palabra de Dios. De esta manera somos “transformados en la misma imagen de gloria en gloria” (de un nivel a otro de madurez espiritual).

Ahora, el Espíritu Santo puede trabajar de la manera que Él desee, pero nosotros debemos esperar que Él trabaje en nuestras vidas como la Biblia dice que Él lo hace, es decir, a través de la Biblia. Realmente no importa cuánto ores, cuánto testifiques de Cristo, o cuán frecuentemente participes de la cena del Señor, si no estás involucrándote en la Palabra de Dios (o para decirlo de una manera más precisa, si la Palabra de Dios no está morando dentro de ti; cf. Col. 3:16), te estás privando a ti mismo de uno de los recursos más poderosos e indispensables para el crecimiento espiritual. Dicho de otra manera, si la palabra de Cristo no habita en ti, no estás dándole al Espíritu Santo su más poderosa arma: “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” Ef. 6:17.6

La Teología de la Transformación Súbita: El Síndrome de “Un Beso y Todo Arreglado con Dios”

¿Has batallado alguna vez para vencer un mal hábito en tu vida? ¡Seguro que sí! Todos lo hacemos. Sin embargo, muchos cristianos, que “luchan” contra el pecado, en realidad no luchan. Lo que hacen es simplemente confesar su pecado, oran para que Dios los cambie y se levantan de sus rodillas esperando que Él súbitamente les infunda una medida especial de gracia o los impacte con un poder que los hará dejar de pecar sin ningún esfuerzo de su parte. A esto se le puede llamar el síndrome de “un beso y todo arreglado con Dios.”7

Desde luego, la santificación progresiva es algo que Dios hace, pero también es un proceso que requiere nuestra cooperación. No es suficiente orar que Dios nos cambie; debemos hacer lo que la Biblia dice que es necesario hacer, es decir, debemos despojarnos del pecado y luego revestirnos de Cristo. El cambio es un proceso doble: tenemos que despojarnos de nuestro pecado y vestirnos de su antítesis bíblica. Dicho de otra manera, los cristianos no “rompen” con sus hábitos como hacen los paganos. Los cristianos sustituyen los malos hábitos con buenos hábitos.

No es suficiente para el cristiano que habitualmente miente dejar de mentir. Él debe fijarse la meta de decir siempre la verdad. “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros” (Ef. 4:25). No es suficiente para un ladrón sólo dejar de robar. Él debe despojarse del hábito de robar, pero también debe adoptar el hábito de la diligencia y la generosidad. “El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad” (Ef. 4:28). Esta dinámica de despojarse y revestirse sólo sucede cuando la mente es renovada por la Escritura.

Que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad [énfasis añadido]” (Ef. 4:22–24)

La Palabra de Dios es indispensable para que permanezca el cambio en tu vida. El Espíritu Santo toma las Escrituras que tienes morando dentro de ti (a través de la lectura, el estudio, la memorización, y la meditación, etc.) y te cambia (transforma) desde el interior. “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto” (Rom. 12:2). No puedes ser santificado apropiadamente sin la Palabra de Dios.

Tampoco tu esposa puede hacerlo. Ésta es la razón por la que debes aprender a utilizar las Escrituras eficientemente en cualquier ambiente de la vida diaria. Debes usarlas para enseñar, convencer, corregir e instruir en justicia. “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16).

Antes de explicar más esto, debo advertirte sobre una doctrina en particular que ha estado ganando influencia en los círculos cristianos por lo menos desde hace dos décadas. Variedades de esta enseñanza se encuentra en libros, revistas, seminarios e iglesias locales. Es algo como esto: los cónyuges cristianos no deben nunca aconsejarse uno al otro porque la consejería presupone un problema y por lo tanto coloca a alguno de los cónyuges sobre el otro (o daña la auto-estima del compañero).

Popular o no, este concepto no es bíblico. La Biblia abunda en versos que hablan de que los creyentes deben aconsejarse uno al otro (Rom. 15:14; Col. 3:16; 1 Tsl. 5:11–14; Heb. 10:24). Como de vez en cuando les digo a mis aconsejados, “Sólo soy un limosnero mostrándole a otro limosnero donde está el pan. Mañana quizá tú estés de este lado del escritorio (aconsejándome) y yo del otro.”

Más aun, Efesios 5:26 (“para santificarla, habiéndola purifi cado por el lavamiento del agua con la palabra”) implica el consejo de parte del esposo hacia la esposa. Por otra parte, Génesis 2:18 (Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea) deja mucho espacio para que una mujer aconseje a su esposo. Si hay algo en lo que Dios desea que una esposa ayude a su esposo, es a que sea un mejor cristiano. El uso de las Escrituras para confrontar amorosamente es una puerta que se abre de ambos lados en el contexto de un matrimonio bíblico.

“¿Cómo hago esto?”

Enseguida te ofrezco una lista con algunas ideas específicas de santificación para tu consideración. Al final de este capítulo encontrarás una hoja de trabajo para ayudarte a ti y a tu esposa a decidir la mejor manera de “lavarla con el agua de la Palabra.” Ella quizá decida modificar algunas de las opciones que menciono o añadir algunas ideas propias.

Maneras Específicas en las Que un Esposo Puede Santificar a su Esposa con la Escritura

• Asegúrate de que tu esposa tiene tiempo suficiente en su agenda diaria para el estudio de la Biblia y la oración personal. (quizá esto implique levantarte más temprano o reorganizar tu agenda para cuidar de los niños durante ese tiempo).

• Pasa tiempo con ella de manera regular (por lo menos una vez a la semana) estudiando la Biblia.

• Anímala a que busque tu ayuda para responderle preguntas sobre doctrinas bíblicas o aplicaciones.

• Pídele que memorice porciones de la Escritura junto contigo y ríndanse cuentas de esto el uno al otro.

• Haz y explica tus decisiones en base a la Escritura.

• Elógiala por las características bíblicas virtuosas que posea (reverencia, autocontrol, discreción, amor, gozo, paz, etc.)

• Haz el esfuerzo necesario para ofrecerle razones bíblicas válidas cuando no puedes darle lo que ella quiere (explícale esas razones).

• Está atento aun a la más mínima indicación de crecimiento espiritual y aprueba eso.

• Asegúrate de nunca criticarla (reprobarla) si no es en base a la Escritura y anímala a que haga lo mismo contigo.

• Aprende cómo restaurarla cuando peca, en base a pasajes como Mateo 18:15; Lucas 17:13 y Gálatas 6:1.

• Anímala a ser fiel en su asistencia a la iglesia donde pueda sentarse a escuchar la predicación y la enseñanza fiel de la Palabra de Dios. Sé un buen ejemplo de fidelidad en tu asistencia también.

• Busca otras oportunidades para que pueda estudiar la Escritura (individualmente o con otros).

• Provéele de música basada en la Escritura para que pueda disfrutarla mientras esté en casa o en el carro.

• Provéele herramientas bíblicas (y enséñale a usarlas si no sabe hacerlo).

• Aprende cómo relacionar la Escritura a la vida y la vida a la Escritura. Habla de ellas en toda circunstancia cotidiana (Deut. 6:7).

• Si ella disfruta de la lectura, invierte en literatura bíblicamente sana y en biografías cristianas.

• Haz la hora de la comida un tiempo agradable donde discutan verdades bíblicas y aplicaciones escriturales.

• Determina que áreas de su vida ella desea cambiar más y por qué desea cambiarlas. Usa estas áreas como la base para buscar juntos la respuesta de Dios en la Escritura. (Asegúrate de mencionarle las cosas que tú quieres cambiar en tu propia vida y pídele que te ayuda con sus oraciones).

“¡Pero mi esposa sabe más de la Biblia que yo! ¿Cómo voy a enseñarle?”

Buena pregunta. Pero recuerda que Dios te ha hecho el líder espiritual de tu casa y te ha encargado la responsabilidad de lavar a tu esposa con la Palabra. Esto debería responder a tu pregunta. Tú puedes enseñarle por qué Dios demanda de ti que lo hagas como la cabeza espiritual de tu hogar (cf. 1 Cor. 14:35). Como cristiano debes aprender a hacer todo lo que Dios demanda de ti. Es como si Dios te hubiese dado un uniforme con el que debes vestirte. Puede que el uniforme te quede un poco grande y hasta le quede mejor a tu esposa. Pero te lo ha dado a ti, no a ella. Si ella es cristiana, es necesario que ella respete ese uniforme aun si es demasiado grande para ti. Mientras vas creciendo conforme al tamaño del uniforme, pueda ser que ambos se sientan un poco incómodos con este arreglo, pero tú tienes que aprender a funcionar de acuerdo a él.

Por otra parte, ser el líder espiritual para tu esposa no requiere necesariamente que sepas más de la Biblia que ella – al menos no para empezar. Sé de algunos hombres cuyas esposas los aventajan tanto en el conocimiento de la Biblia, que quizá ellos nunca puedan saber más que ellas. El verdadero punto de ser un líder espiritual no es cuanto conocimiento bíblico poseas (por útil que éste sea), sino la dirección en la vas.

La siguiente ilustración demuestra este principio8:

¿Qué esposo está más cerca de Dios?

“Eso es fácil de contestar. ¡Por supuesto que el número uno!” El diagrama que estás viendo es una gráfica, no una película. Supongamos que te digo que el esposo número uno ha pasado los últimos cuatro meses alejado del Señor. El esposo número dos ha estado en el mismo lugar durante los últimos tres años. Pero el esposo número tres ha estado creciendo espiritualmente por los últimos dos años. ¿Cuál de estos esposos está “más cerca de Dios?.”

No te intimides por tu ignorancia de las Escrituras. Puedes aprender todo lo que necesitas saber de la Biblia para ser un líder eficaz. Además, es probable que no sea la falta de conocimiento bíblico lo que te impide santificar a tu esposa con las Escrituras, sino tu falta de iniciativa. ¿Por qué no te propones desde ahora usar las Escrituras como deben ser usadas en tu trato con tu esposa – para santificarla, limpiarla, y embellecerla – y así presentársela a Cristo (por no decir a ti también) en toda su gloria?

Como “Limpiar” a mi Esposa con las Escrituras

Muchos esposos se preguntan cómo pueden animar a sus esposas a crecer espiritualmente. La manera más práctica de hacerlo es saturarla (lavarla) con la Palabra de Dios. Usa como punto de partida la lista titulada “Maneras específicas en las cuales un esposo puede santificar a su esposa con las Escrituras.” Registra con tus propias palabras lo que puedes hacer para fortalecer a tu esposa y tu matrimonio con las Escrituras. Pídele a ella que te ayude a modificar cada punto y te dé sugerencias adicionales.

1 Sproul, R.C The Intimate Marriage, Wheaton: Tyndale House Publisher, Inc., pp. 45–46.

2 William Gouge, Of Domestic Duties, London 1622, pg. 76.

3 Ester 2:2, 12.

4 Estoy en deuda con William Gouge y su ensayo de of Domestic Duties del cual material he adaptado y explicado en los siguientes párrafos (pg. 415)

5 La mayoría creen que esta frase hace referencia al bautismo (i.e., el cual se fundamenta o basa en la palabra predicada). Otros creen que hace referencia a alguna forma de lavamiento ceremonial como se menciona en Ezequiel 16:9. El pasaje presenta otras dificultades exegéticas que están más allá de lo que este libro busca explorar.

6 Incidentalmente, el término para “palabra” en este pasaje es rhema, “la palabra hablada” (vs. Logos, “la palabra escrita”). Rhema es también el término para “palabra” en Efesios 5:26: “para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra.” Cada vez que le hablas la Palabra a tu esposa durante el transcurso de cada día, ésta tiene un efecto santificador en ella, y con eso la estás amando y santificando como Cristo lo hace con la iglesia.

7 Este término es usado por Jay Adams en varias conferencias y conversaciones personales en las cuales he tenido el gusto de estar presente.

8 Estoy en deuda con Bill Gothfard por este diagrama el cual aprendí hace algunos años en uno de sus seminarios avanzados.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 165–177). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

«SI SUPIERA… EL DÍA DE MI MUERTE»

29 mar 2016

«SI SUPIERA… EL DÍA DE MI MUERTE»

por Carlos Rey

a1«¿Se ha imaginado lo que podría ser una celebración de despedida cuando muera? … ¿Qué tal si de la misma forma en que se anuncia la llegada de un bebé a la familia, también se nos anunciara la partida del abuelo nueve meses antes? —pregunta el humorista colombiano José Ordóñez en su obra titulada Primer libro de José Ordóñez a los aburridos—. Lo primero que harían las mujeres de la familia, incluso la esposa, las hijas y las nietas, sería organizar una “fiesta de despedida”», responde el talentoso cómico, que ha batido repetidas veces su propio récord mundial de chistes. Y luego describe la fiesta, dando vuelo a su fecunda imaginación:

«Para la ocasión, el lugar se vería lleno de letreros alusivos a la celebración, como por ejemplo: “¡Que te vaya [bien]!” “¿Vuelves?” “¡Nos vemos al otro lado!”… Globos y serpentinas colgarían para la alegre celebración, mientras que algunos gladiolos se repartirían con buen gusto por toda la casa. Una torta grande de pasas y ciruelas negras se encontraría sobre el ataúd…. Se cambiaría el gélido minuto de silencio por la música preferida del futuro finado; él podría escuchar lo que siempre le encantó mientras espera la muerte.»

Si supiéramos el día de nuestra muerte, «se verían entierros con orquestas, grupos de vallenatos [y] mariachis… cantando alegres… —continúa Ordóñez—. En lo más álgido de la fiesta entrarían de sorpresa los mariachis cantando:

»Estas son las mortajitas que le dieron a David
el día, que de estar tan viejo, a él se le dio por morir.

»¡Morite, viejo, morite! Mira que ya anocheció.
Y ya los grillos se aprestan a cantarte en tu panteón….

»Otra de las ventajas de saber la fecha en que vamos a fallecer es que podríamos escoger el lugar. Si los papás nos escogen dónde es que nacemos, nosotros decidimos dónde moriremos….

»… Si supiera que hoy es el día de mi muerte, llamaría a esos que sé que he ofendido y les pediría que me perdonaran, pues me daría tristeza saber que no me podrían recordar con agrado.

»Si hoy fuera el día de mi muerte, dejaría todas mis cuentas canceladas, pues no me gustaría que mis hijos tuvieran que responder por las mismas, [y] miraría a mi esposa a los ojos y con un sonoro beso le diría: “¡Gracias, ha sido un placer compartir la vida contigo!”

»Querido Dios… si hoy vinieras por mí, te agradecería por haberme enviado aquí a conocer a gente maravillosa, a beber con sed, a comer con hambre, a besar con entusiasmo, a sentir arrepentimiento, a luchar sin fuerzas, a vivir con pasión. Te pediría que me dejaras ver por última vez a mi familia de pie en la puerta de mi casa, para que se despidieran con la mano mientras admiro que el sol está en el poniente y refleja la cruz sobre mi casa.

»¡Quizá éste no sea el día de mi muerte, quizá haya muchos más, pero hoy viviré como si fuera el último de mis días!

»¿Y tú qué harás?»1


1 José Ordóñez, Primer libro de José Ordóñez a los aburridos (Miami, Florida: Editorial Vida, 2009), pp. 47-50.

http://www.conciencia.net/

8-POSIBILIDADES DE COMPLACE

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capitulo Qcho

POSIBILIDADES DE COMPLACE

a1¿Cuándo fue la última vez que pensaste en cómo agradar a tu esposa? Como lo mencioné anteriormente, la Biblia asume que un hombre casado será cuidadoso de estas cosas.

Pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer.” (1 Cor. 7:33)

Sin duda alguna cuando la cortejabas usabas bastante tiempo averiguando cómo agradarla. Pero ahora que estas casado, ¿Cuánto tiempo te dedicas activamente a pensar en cosas especificas que puedes hacer y decir para agradarla?

“Bueno, aun pienso en cómo agradarla sexualmente.”

Eso está bien. Pero ¿cuándo fue la última vez que conscientemente apartaste tiempo para planear agradarla en formas que no necesariamente te proveen a ti el mismo tipo de placer? Lo sabes, ¡Lo hacías cuando estabas cortejándola! Hablando de esto ¿Recuerdas esas maneras no-sexuales en las que a ella le gusta que la agrades? ¿Has aprendido nuevas maneras desde que se casaron?

Antes de continuar revisando las aplicaciones específicas de 1 Corintios 7:33, examinemos este pasaje en su contexto:

En cuanto a las doncellas no tengo mandamiento del Señor, pero doy mi opinión como el que habiendo recibido la misericordia del Señor es digno de confianza. Creo, pues, que esto es bueno en vista de la presente aflicción; es decir, que es bueno que el hombre se quede como está. ¿Estás unido a mujer? No procures separarte. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer. Pero si te casas, no has pecado; y si una doncella se casa, no ha pecado. Sin embargo, ellos tendrán problemas en esta vida, y yo os los quiero evitar. Mas esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran; y los que lloran, como si no lloraran; y los que se regocijan, como si no se regocijaran; y los que compran, como si no tuvieran nada; y los que aprovechan el mundo, como si no lo aprovecharan plenamente; porque la apariencia de este mundo es pasajera. Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos. Y la mujer que no está casada y la doncella se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.” (1 Cor. 7:25–34)

El capitulo siete de 1 Corintios es uno de los textos más importantes de la Biblia acerca del matrimonio. Pero frecuentemente se ha malinterpretado (especialmente por personas que no toman en cuenta el contexto histórico del Nuevo Testamento ni el de la Escritura en su totalidad).

En primer lugar, comparemos escritura con escritura. Pablo menciona (en el verso 26) que es bueno que el hombre se quede soltero. La aparente dificultad con esto es que parece contradecir lo que Dios dijo en Génesis 2:18, “Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.” ¡Pablo dice que es bueno que el hombre se quede soltero; Dios dice que no es bueno! ¿Hay una contradicción en la Escritura? ¿Está Pablo en desacuerdo con Dios? La solución a este aparente dilema está en la frase “en vista de la presente aflicción.” Pablo aclara su afirmación con esta advertencia. Generalmente hablando la regla es que “no es bueno que el hombre este solo,” pero Pablo, hablando como profeta, está haciendo una excepción a la regla.1 La excepción tenía que ver con la gran persecución que había comenzado y que habría de hacerse cada vez peor.

Revisemos por un momento el contexto histórico. Bajo Nerón, Los Cristianos iban a ser torturados y a morir de las maneras más horribles que pudiéramos imaginar. Algunos de ellos habrían de ser crucificados. Otros serían sumergidos en brea y colgados en estacas en el jardín de Nerón donde él le prendería fuego para luego celebrar sus orgías salvajes bajo la luz de sus cuerpos siendo calcinados. Otros habrían de ser envueltos en pieles de animales salvajes para ser destrozados por perros. Otros serían exhibidos ante multitudes en los anfiteatros como alimento para los leones hambrientos o serian juguete de los gladiadores para luego despedazar su cuerpo miembro por miembro ante las enardecidas multitudes en el Coliseo Romano.

Esta era la “presente (o inminente) aflicción” a la cual Pablo, de manera profética, se refería cuando dijo que en vista de estas extraordinarias circunstancias, “es bueno que el hombre se quede como está (sin casarse).” En otras palabras estaba diciendo: “estoy tratando de evitarles este tipo de problemas en su vida.” Pero, aun bajo estas circunstancias hostiles Pablo dice (en el verso 28), “Pero si te casas, no has pecado.”

Es en este trasfondo histórico que debemos interpretar lo que Pablo les digo a los Corintios acerca sobre las responsabilidades del matrimonio.

Antes de regresar al tema de este capítulo (que es el de cómo agradar a tu esposa), debo mencionar, aunque sea brevemente, otro versículo en este pasaje porque tiene que ver con tu responsabilidad como esposo.

Mas esto digo, hermanos: el tiempo ha sido acortado; de modo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran” (1 Cor. 7:29)

Pablo dice que “el tiempo ha sido acortado.” La palabra traducida tiempo denota un periodo especial u oportunidad. Desde luego, la vida de los hombres en su totalidad ha sido acortada en el sentido de que “sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Santiago 4:14). La duración de la vida de algunos en tiempos duros de persecución es aún más corta. Lo que Pablo en efecto está diciendo es, “el periodo de tiempo asignado a algunos de ustedes para servir al Señor ha sido acortado. De manera que a la luz de lo poco que les queda de vida, los que tienen esposa vivan como si no la tuvieran”

Con esta declaración Pablo no está invalidando los otros mandatos para los esposos claramente expuestos en el Nuevo Testamento y en este libro. Lo que está haciendo es advirtiendo a los casados que no dejen que sus responsabilidades maritales interfieran con sus otras responsabilidades de servir al Señor (cf. Lucas 14:20). Él está diciendo, “quienes están casados deben servir al Señor con el mismo fervor y celo que los solteros aunque tendrás mas distracciones por causa de sus responsabilidades familiares”

“Entiendo, pero ¿cómo exactamente puedo agradar a mi esposa?”

El verbo griego usado en el verso 33 el cual es traducido agradar es una palabra cuyo significado tiene diversos matices Su raíz puede significar: “encontrar lugar.” también puede significar “conformarse,” “adaptarse,” “satisfacer,” “ablandar el corazón,” “encontrarse aprobado” o “acomodarse.” La palabra implica una relación previa entre la persona que busca agradar y la persona siendo agradada.

Mientras que el cristiano soltero debería enfocar su mente casi exclusivamente en cómo agradar al Señor, el casado tiene que enfocarse no solo en agradar al Señor, sino también tiene en agradar a su cónyuge. La Biblia asume que los casados tendrán sus intereses divididos entre agradar a Cristo, lo cual es su más alta prioridad, y agradar a su cónyuge. Aunque agradar a la esposa es algo que la Biblia da por sentado muchos esposos nunca se detienen a considerar cómo pueden agradar a sus esposas (excepto, como lo he implicado, en el área sexual). Aquí te ofrezco algunas preguntas que pueden ayudarte a considerar algunas maneras concretas en las que puede cumplir esta responsabilidad implícita de todo esposo cristiano.

• ¿Cómo puedo complacer a mi esposa antes de complacerme a mí mismo?

• ¿Cómo puedo alterar mis planes para que se ajusten a los de mi esposa?

• ¿Cómo puedo conformarme a lo que le gusta y lo que le disgusta?

• ¿En qué maneras (no-sexuales) satisfago a mi esposa?

• ¿Cómo puedo “ablandar mi corazón” con ella respecto a sus deseos?

• ¿Hasta que punto lo que yo hago tiene la aprobación de mi esposa?

• ¿Que adaptaciones estoy dispuesto a hacer para agradar a mi esposa.

• ¿Cómo puedo acomodarme a sus anhelos y deseos?

Una de las inversiones obvias que un hombre tiene que hacer para con su esposa es tiempo. ¿Qué tanto tiempo dedicabas a hablar con tu esposa antes de que se casaran? ¿Inviertes ahora más o menos tiempo hablando con ella diariamente de lo que lo hacías tiempo atrás (antes de llegar a ser “una sola carne” con ella)?

“Bueno, la principal razón por la que pasaba mucho tiempo hablando con ella durante el cortejo es porque estaba tratando de convencerla de que se casara conmigo. Esa era mi prioridad principal. Ahora que estamos casados, tengo otras prioridades – como conseguir la provisión para sus necesidades.”

Tal razonamiento es común pero es egoísta también. Ahora que estás con ella, ¿haces bien en olvidar y descuidar las cosas desinteresadas que hacías por ella cuando estabas cortejándola? ¡Desde luego que no! Ahora que es tu esposa, una de las más altas prioridades de tu agenda diaria debería ser agradarla. Esto usualmente involucra llenar sus necesidades no-materiales y satisfacer algunas de sus deseos no financieros. Para hacer esto de manera efectiva debes invertir cierto tiempo regularmente (personalmente recomiendo por lo menos 20 minutos por día) para una comunicación ininterrumpida. Por “ininterrumpida” me refiero a que sea sin teléfono, sin niños, sin televisión u otra distracción. Si tu horario te lo permite te recomiendo hacerlo por la mañana. Este quizá sea uno de los mejores momentos del día para la mayoría de la gente. Si en la mañana no es posible, en la noche, cuando los niños estén en la cama (u ocupados en alguna otra cosa) quizá podría ser mejor. Te sugiero que discutas esto con tu esposa y planeen verse a la misma hora cada día (si es posible, hagan una cita diaria a una hora especifica).

Otra inversión que puedes hacer si quieres agradar a tu esposa es la del esfuerzo. Piensa de nuevo en los días cuando la cortejabas. Te gastabas gran cantidad de energía física y mental aprendiendo sobre sus gustos, disgustos, intereses, sueños y deseos. Te esforzabas no solo en estudiarla sino en hacer lo que ibas aprendiendo que le agradaba. Probablemente gastabas en ella una energía que no gastabas en otras cosas como tus pasatiempos favoritos, tus amigos o tus responsabilidades. Quizá hasta te privabas del sueño normal y necesario – todo porque querías agradarla.

Lo último que quiero mencionar en cuanto a inversiones relacionadas con agradar a tu esposa es la inversión de tus pensamientos. ¿Cuánto de tu tiempo libre dedicas a pensar cómo agradarla? Recuerda una vez más cuando la cortejabas. ¿No pasabas horas y horas pensando en formas específicas de serle agradable? Quizá pediste el consejo de algunos de tus amigos o de los amigos de ella para aprender lo que le complacía. ¿Acaso no se te ocurrían pequeños detalles creativos que sabías que iban a deleitarla más allá de lo que te imaginabas? ¿Recuerdas cuánto te estremecía pensar en la expresión de su rosto o la emoción de su voz mientras planeabas sorprenderla con ese “algo” que sabías que le iba a gustar? ¿Qué ha pasado que haz dejado de pensar de esa forma tan maravillosa?

Hay muchas posibles respuestas a esta pregunta, pero me gustaría sugerir una que creo es la más común. ¿Será que en relación a tu matrimonio has dejado tu primer amor? ¿Recuerdas lo que dijimos en el capítulo siete sobre lo que Cristo le dijo a la iglesia de Éfeso que caído de su primer amor?

Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor.” (Ap. 2:4)

¿Recuerdas El Consejo que les dio Cristo?

Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes.” (Ap. 2:5)

Como mencionamos anteriormente, el consejo de Cristo para quienes han perdido su primer amor es triple. Primero, Él dice, “Recuerda … de dónde has caído” (recuerda cómo solían ser las cosas cuando me amabas). Segundo, les dice que se “arrepientan” (cambia tu manera de pensar y la dirección de tu vida). Y por último les manda que “hagan las obras que hicieron al principio” (las cosas que solías hacer cuando te convertiste en cristiano – cuando verdaderamente me amabas).

Para que comprendas las cosas especificas de lo que significa “agradar” a tu esposa, miremos cómo es usada esta palabra en otros dos pasajes del Nuevo testamento. Primero consideremos Romanos 15:1–3.

“Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación. Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: los vituperios de los que te injuriaban cayeron sobre mi.”

El contexto de este pasaje es la advertencia de Pablo a los Romanos para que eviten dos extremos pecaminosos concernientes a los pensamientos, opiniones y motivos de otros. Estos dos extremos son el juicio pecaminoso y el menosprecio pecaminoso (acompañado de pensamientos y sentimientos de desdén). El hermano débil cuya consciencia no ha sido completamente programada de acuerdo a los preceptos bíblicos, es mandado a no juzgar al hermano más fuerte cuya conciencia ha desarrollado madurez bíblica como pecador (“¡Que pecador es este hermano por comer comida pagana!”). El hermano maduro que sabe acerca que no es necesariamente pecaminoso participar de ciertas cosas si hace con acción de gracias es mandado a no menospreciar o tener en poco al hermano débil (“¡No puedo creer que este hermano tenga escrúpulos por lo que a mi me gusta comer! ¿Por qué no crece y vive su propia vida?”).

Después de advertirles a ambos lados en contra de ese comportamiento poco caritativo, Pablo se dirige de nuevo al hermano maduro.

“Así que, ustedes que son maduros (y conocen la verdad),” dice, “deben sobrellevar las flaquezas de los hermanos débiles limitándose en su libertad Cristiana si saben lo que los hace tropezar. Si ellos participan sin que sus consciencias hayan sido reprogramadas bíblicamente van a pecar porque estarán participando de algo que piensan que podría ser pecado. Cuando participen habrán pecado porque no lo han hecho en fe – y tú que los animas a hacerlo les pones tropiezo haciéndolos pecar, y por lo tanto tú también eres hallado culpable de pecado. Cuando te agradas a ti mismo en vez de agradar y hacer bien a tu hermano débil llevando su carga, ¡estas siendo egoísta!”

La aplicación para ti como esposo cristiano es que cuando no agradas a tu esposa es probablemente porque estás siendo egoísta. Yo sé por experiencia personal que lo que más hace que relegue mis pensamientos de agradar a mi esposa es la preocupación egoísta por mis propios intereses y planes. Con más frecuencia de lo que quisiera admitir, desperdicio tiempo pensando y haciendo cosas que realmente no le importaban tanto el Señor como le importa que me dedique a agradar a mi esposa.

¿Qué me dices de ti? ¿Qué es lo que ocupa más tu mente en tu tiempo libre? ¿Pasas ahora siquiera la mitad del tiempo que solías pasar antes de casarte con tu esposa pensando en cómo agradarla? ¿Haces ahora la mitad de las cosas que hacías por agradarla antes de casarte con ella?

Otro principio que vemos en este pasaje es que agradar a otros involucra sobrellevar sus cargas. Recuerda que debes de tratar a tu esposa como si fuera un “vaso más frágil” (1 Pedro 3:7). Por implicación esto significa que tú eres el más fuerte de los dos. Tú (cómo el más fuerte) debes de sobrellevar las cargas de tu esposa interesándote más en cómo agradarla a ella que en agradarte a ti mismo. ¿Cuán a menudo sobrellevas sus cargas escogiendo agradarla?

Un tercer matiz en este pasaje sobre el tema de agradar a otros tiene que ver con tu motivación.

¿Por qué quisieras agradar a tu esposa?

“¡Porque si ella es feliz, yo voy a ser feliz! ¿Correcto?”

¡Errado! Aunque probablemente serás más feliz en la medida en que la agrades (“El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” Efesios 5:28), no debes tratar de agradarla por motivos egoístas. En vez de eso, “cada uno de nosotros” debe “agradar a su prójimo por su bien, para su edificación.” Así que tu motivación para agradar a tu esposa debe ser para su bien, para su edificación.

“¿Cómo es que agradar a mi esposa le hace bien y cómo la edifica?”

• Modela para ella un amor sacrificial genuino como el de Cristo el cual ella puede imitar (cf. 1 Juan 4:19)

• Crea un ambiente a su alrededor que le hace más fácil obedecer a Dios.

• Le ayuda a evitar que se vuelva resentida por tu egoísmo.

Desde luego, como todo en la vida, tu mayor motivo para hacer todo lo que hagas debe ser agradar y glorificar a Dios (1 Cor. 10:31).

El segundo pasaje en el que se habla de agradar a otros en un buen sentido es 1 Corintios 10:32–33.

“No seáis motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios; así como también yo procuro agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.”

Nuevamente, el contexto tiene que ver con la comida que se come (que en este caso había sido sacrificada a los ídolos). Aquí también, Pablo urge a su audiencia y a los lectores de esta carta a ser cuidadosos de que su libertad Cristiana no ofenda innecesariamente a otros (haciéndoles pecar). Pero en este caso expande el territorio de los posibles “ofendidos” incluyendo no solamente a los creyentes (“La iglesia de Dios”) sino también a los no creyentes (“judíos o griegos”). Pablo estaba dispuesto a dejar de lado sus derechos y libertades para agradar a “todos los hombres” (otra referencia a los creyentes y no creyentes) en todas las cosas. ¿Qué tan dispuesto estás tú a dejar de lado tus derechos y libertades para agradar a tu esposa? Pablo está otra vez desinteresadamente poniendo los beneficios de otros antes que los suyos. ¿Qué tan frecuentemente sacrificas tus propios placeres para agradar a tu esposa?

Déjame mencionar una cosa más acerca de los motivos. Tu motivación en este sentido es lo que determina más que cualquier otra cosa si estás agradando a los hombres de manera correcta o incorrecta (cf. Gal. 1:10; Ef. 6:6; 1 Cor. 10:33). ¿Quieres agradar a otros porque buscas el favor de los hombres y “amas más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios” (Juan 12:43), o porque los quieres ganar para Cristo o beneficiarlos bíblicamente de alguna otra forma?2

Otro elemento sobre agradar a tu esposa que quisiera tratar tiene que ver con tu conocimiento sobre las cosas que son importantes para ella. Probablemente hay muchas cosas que para ella son más importantes que para ti – cosas que ella aprecia más que tú. Mi esposa, por ejemplo, le da más valor que yo a tener nuestro hogar organizado para que todo sea hecho “decentemente y con orden.” Quizá esto esté relacionado con su responsabilidad bíblica de ser “hacendosa en el hogar” (Tito 2:5). Un poco de desorden no es tan perturbador para mí como lo es para ella. Mantener la casa ordenada, bien arreglada, sin desorden alguno es algo mucho más importante para ella que para mí. Si yo quiero agradarla, trataré, tanto como me sea posible de acomodarme a sus deseos.

A la luz de esto, quisiera darte un consejo que te ayudará a aprender un buen número de cosas que son importantes para ella. Cada vez que tú y tu esposa tengan un conflicto, pregúntate, “¿Qué es lo que ella espera de mi que piensa que no le estoy dando?” Desde luego, tienes que preguntárselo si ella no te lo hace saber de manera clara en el conflicto. La respuesta a esta pregunta usualmente te mostrará la esencia de lo que ella evalúa y la sustancia de lo que es más importante para ella.

Usualmente cuando tu esposa inicia el curso de una conversación que termina en conflicto es porque ella desea algo que no le estás dando, o que de alguna manera estás impidiendo que lo tenga. Ahora esos deseos pueden ser justos o injustos, pueden ser razonables o irrazonables. Quizá fundamentalmente son buenos deseos o quizá sean deseos desordenados, es decir, buenos deseos que ella desea con demasiada intensidad – quizá hasta el punto de llegar a la idolatría, pero todos estos deseos, son deseos de su corazón, y debes tratar de entenderlos. Tú, como su líder espiritual, debes de ayudarla a desarraigar (destronar) esos deseos que se han convertido en ídolos. (En el capítulo nueve, Cariño, necesitas una Ducha, encontraras ayuda adicional para trabajar junto con Dios en el proceso de la santificación progresiva de tu esposa). Aquellos deseos que son legítimos debes de hacer un esfuerzo para satisfacerlo como parte de tu responsabilidad de agradarla. Mientras aprendes las cosas que son importantes para ella (aquellas cosas que ella valora y en los cuales muy probablemente están basados sus deseos) y mientras empiezas a complacer esos valores y deseos que no son pecaminosos, estarás agradando a tu esposa de una manera muy loable. Así que, la próxima vez que tengan un conflicto no consideres haberlo solucionado hasta que hayas descubierto al menos alguna cosa que ella quiere, desea o valore.

Al final de este capítulo se encuentra una hoja de trabajo titulada Cosas Que Son Importantes Para Mi Esposa para que registres las cosas que ella valora más que tú. Quizá querrás escribir algunas cosas que hayas aprendido acerca de ella que deben estar en la lista. Después de escribir las primeras cosas empieza a registrar lo nuevo que aprenderás durante los conflictos que tendrás con ella en el futuro.

También al final de este capítulo encontraras una segunda hoja de trabajo que tiene por título Cosas Que Puedo Hacer Para Agradar A Mi Esposa. Esta es para que registres lo que hayas pensado sobre cómo agradar a tu esposa mientras leías este capítulo, como también otras formas en las cuales has pensando para el futuro.

Cosas Que Son Importantes Para Mi Esposa

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Cosas Que puedo Hacer para Agradar a Mi Esposa

1. Darle un tiempo especial de atención diario por al menos  minutos.

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1 Jesús en Mateo 19:10–12 da otras tres excepciones a la regla cuando habla de los tres tipos de eunucos en los cuales Él de manera deliberada pone en medio estas afirmaciones. “No todos pueden aceptar este precepto, sino sólo aquellos a quienes les ha sido dado” Estas dos afirmaciones directamente implican que Jesús estaba dando una excepción a la regla citada en Gen. 2:18

2 Hay tres secciones de una serie titulada, “Cómo Vencer el Deseo de ser Aprobado” que están disponibles en Calvary Press y que puedes obtener llamando al número 1-800-789-8175.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 151–164). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.