La batalla contra el diablo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el diablo

R.C. Sproul

Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión. 

Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos.  Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?». 

Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso. 

Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?».  Ellos dijeron, «No, no, no.  Esa no es la razón». 

Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí».  Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?» 

Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más? 

Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.  

Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás.  Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal». 

Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado». 

Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás. 

Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera.  Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados.  Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?

Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo? 

Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».  

Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».

Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz. 

Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso.  Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo».  La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.  

Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa.  «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos.  Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham. 

Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.  

Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás. 

Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida.  Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes». 

El cristianismo es completamente sobrenatural.  Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha.  Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural. 

¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas.  Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.  

Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal. 

La batalla contra la carne

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Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

En la carta de Pablo a la iglesia de Roma en el capítulo 13, él hace este comentario: «La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Ahora, estoy seguro de que muchos de los que acaban de oírme leer este texto, saben de un incidente histórico poco usual que está asociado con este pasaje. ¿Cuántos de ustedes tienen una idea en su mente de lo que estoy hablando? Déjenme ver esas manos. Veo a algunos. 

Hace siglos había un joven que era muy brillante y que era muy desenfrenado; cuya madre era cristiana y cuya madre oraba por él todos los días, esperando que este joven viera el error de sus caminos y así sucesivamente. En una ocasión, después de haber estado supuestamente toda la noche de parranda, se encontraba en un estado de estupor – una especie de resaca. Mientras caminaba junto a un jardín, he aquí estaban algunos niños jugando en el jardín. Estaban jugando un juego de niños donde se utiliza un estribillo que los niños se dicen los unos a los otros; y el estribillo era el siguiente: «Tolle lege, tolle lege, tolle lege», que literalmente, aunque no era el propósito del juego, pero literalmente se podía traducir como: «Recoge y lee», «Toma y lee». 

Aquel hombre que pasaba por ahí se detuvo en seco y tuvo una abrumadora sensación de que la divina providencia se entrometía en su vida. Pues allí, en el jardín, vio una copia del Nuevo Testamento y acababa de oír a estos niños gritar: «Recoge y lee. Recoge y leer». Así que se acercó, recogió las Escrituras y permitió que el texto se abriera dondequiera que lo hiciera. Cuando lo hizo, sus ojos cayeron sobre estas palabras: «no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Cuando leyó esas palabras, fue como si cada palabra de este texto fuera una flecha que atravesaba su alma. Su conciencia estaba tan convulsionada por la lectura, que en aquel lugar se convirtió al cristianismo. Su nombre, el cual estoy seguro de que ya lo reconocieron, fue Aurelio Agustín, más tarde obispo de Hipona y considerado por casi todos los historiadores como el más grande teólogo de los primeros 1000 años de la iglesia cristiana.  

Agustín se convirtió por un pasaje que hablaba directamente del conflicto en la vida entre la carne y el espíritu. Recuerdo que hace unos años, Rod Serling, el creador de «La dimensión desconocida», entró en una relación comercial con Bennett Cerf y un grupo de otros hombres, quienes estaban tratando de encontrar maneras de descubrir nuevos talentos en el mundo literario, y probaron…  crearon diferentes concursos para que los jóvenes escritores se involucraran en esta iniciativa en particular; y como parte de este esfuerzo de muchos de estos hombres, cada uno tomó uno de los clásicos de la literatura inglesa y escribió una reseña crítica de la misma. Bennett Cerf tal vez escribiría sobre Shakespeare, y otro sobre Milton, y así por el estilo. Bueno, en todo caso, a Rod Serling se le asignó la tarea de escribir una reseña crítica de la famosa obra de San Agustín, «Las confesiones». 

Por cierto, ¿Cuántos de ustedes han leído alguna vez «Las confesiones» de San Agustín? Bien, ese es un número muy pequeño en este grupo, y si el número es el mismo en televisión, permítanme amonestarles ahora mismo y decirles esto: lo que mi madre solía decir en una situación como esta es que ella tomaba un dedo de esta mano y un dedo de esta mano, y ella los juntaba de esta manera y decía: «Debería darte vergüenza». Ahora escuchen, si has sido cristiano durante un año y no has leído «Las confesiones» de San Agustín, debería darte vergüenza.  Ese es un clásico al que necesitamos estar expuestos.  Ahora, aquí tenemos a Rod Serling, quien leyó el libro y dijo – en su evaluación hizo comentarios críticos y sarcásticos, de que a su juicio este libro era uno de los libros más sobrevalorados en la historia de la literatura occidental. Él dijo: «Simplemente no merece la posición y la fama que ha disfrutado a lo largo de los siglos».

En esta crítica, el punto que hizo que fuera tan severo fue que él estaba convencido de que el libro fue escrito por alguien que tenía una preocupación neurótica por la culpa y llamó la atención sobre un pasaje en «Las confesiones» que ilustraría su convicción, de que Agustín tenía esa preocupación neurótica y adolescente por la culpa.  Se refiere a la historia cuando Agustín recordó, ya anciano, las cosas que había hecho en su vida de las que estaba más avergonzado. Recordó un incidente que tuvo lugar cuando era adolescente, en el que se involucró con otros jóvenes en una broma de muchachos, cuando los muchachos entraron en el huerto privado de alguien y dejaron pelado un árbol de peras. Se quedaron con las peras que pertenecían a otra persona, robaron todas esas peras y luego se fueron.  

Ahora Agustín, cincuenta años después, lamenta esta broma de la infancia; y Rod Serling dice, «¡Por favor, Agustín! ¡Es decir, ¿qué te pasa?! ¡Es decir, allá afuera hay gente culpable de adulterio y de asesinato y de grandes robos, cosas realmente serias, y aquí tenemos a este tipo todo angustiado por robar unas cuantas peras cuando era un niño!» Pero Agustín explicó qué fue lo que le hizo sentirse tan arrepentido. No fue el simple acto de robar esa fruta, sino que él dijo: «Al examinar mi vida, y considerar las cosas malas que he hecho, que eran malas, puedo ver que había ciertos pecados en los que caí, que, aunque no eran excusables, ciertamente eran comprensibles». 

Sí, Agustín confesó todo tipo de pecados sexuales cuando era joven – engendró hijos ilegítimos y más – y tuvo remordimiento por eso. Él dijo, «Pero puedo entenderlo. Existe un fuerte impulso biológico a involucrarse sexualmente y esa tentación puede sucederle a una persona cuando está en un momento de debilidad, así que cualquiera puede sucumbir a ella».  Él dijo, «Eso lo puedo entender.  No lo excusa, pero puedo entenderlo».  Él dijo, «Puedo entender a un hombre muerto de hambre, que robe una rebanada de pan. No creo que un hombre que se muere de hambre tenga derecho a robar una rebanada de pan», dijo Agustín, «pero puedo entender la fuerza que lo tentó a hacerlo». Él dijo: «Sin embargo, yo robé peras cuando no me gustaban las peras. Es decir, no había nada que estimulara mis pasiones a robar esas peras excepto una cosa, el simple placer de hacer algo que sabía que estaba mal». Lo que Agustín lamentaba era el ejercicio de su naturaleza caída, de su carne, por el puro placer de hacerlo.  

Se ha dicho que uno de los delitos más egoístas jamás cometidos es el vandalismo, porque el vandalismo no beneficia a la persona que realiza la acción, sino que se hace por el puro placer de hacer daño a la otra persona o a la propiedad ajena, y por lo general son personas que ni siquiera las conocen.  Tan solo la semana pasada a Juan le dispararon por la ventana posterior de su auto. Cuando llegó la policía dijeron: ¿cuántos casos hay en el vecindario? Había algo así como 50 casos, en los que unos chicos conducían de forma temeraria y usaban sus rifles. Solo estaban vaciando sus armas en los autos de la gente, gente que no conocían, gente que no les había hecho nada. No había una enemistad, sino que los jóvenes lo hicieron por el puro placer de hacer algo malo a otros o probablemente – no lo sé – causaron varios miles de dólares en daños a la propiedad de otras personas. 

Pero damas y caballeros, eso no es algo que lo hace simplemente la gente salvaje, desenfrenada y malvada.  Anoche estaba leyendo una vez más la historia del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y particularmente estaba leyendo sobre lo que sucedió en Polonia, justo antes de que se estableciera el gueto de Varsovia y se creara el Campo de Treblinka, donde se estaban creando las etapas iniciales de la solución final del genocidio. Leí de mujeres que estaban embarazadas, en su noveno mes, que se vieron obligadas a ir a los vagones de ganado y dar a luz a sus hijos allí, sin siquiera tener la posibilidad de acostarse; donde la madre y el niño morían. Leí estas atrocidades una y otra vez, y me mantenía diciéndome a mí mismo «¿Cómo es posible que un ser humano pueda hacerle estas cosas a otro ser humano?» Por sorprendente que sea, me dije «En el caso del holocausto, no era un ser humano haciendo esto a otros seres humanos. Eran ocho millones de seres humanos que sufrían a manos de una red de personas que estaban involucradas en eso». 

Diariamente, sistemáticamente, en Auschwitz se cremaban ocho mil personas cada día.  Es decir, fueron cremados y asesinados. ¿Se dan cuenta de cuánta gente se necesita para asesinar a ocho mil personas cada día? ¿Se dan cuenta? Esto no se trata tan solo de un Charles Manson aislado. Esto fue algo que reveló el lado oscuro del corazón del ser humano, lo que Joseph Conrad llamó el «corazón de las tinieblas». Pablo habla de un estado de la humanidad que él llama «la carne», y ya hemos visto que Lutero dijo que los tres – la gran tríada de enemigos para el crecimiento cristiano se trata del mundo, la carne y el diablo. 

Ahora, cuando hablamos de la carne, quiero que entendamos, sin entrar en los tecnicismos de esta, que cuando la Biblia habla de la lucha que sostenemos con la carne, no está simplemente hablando del cuerpo – que la lucha entre la carne y el espíritu no puede compararse con la lucha entre el cuerpo y el alma o el cuerpo y la mente. Antes bien, de lo que el Nuevo Testamento está hablando cuando menciona esta feroz lucha, que continúa en la vida cristiana entre la carne y el espíritu, es la lucha entre el poder del pecado en nuestra naturaleza humana caída, en contra de la influencia de Dios el Espíritu Santo en nuestras vidas. 

De modo que toda la lucha y el proceso de santificación involucra lo que Pablo llama una «guerra». Hay una guerra en marcha, y es una guerra entre la carne del hombre y el Espíritu de Dios. Ahora, me molesta mucho cuando escucho a predicadores levantarse y decir, ya saben: «Ven a Jesús y todos tus problemas habrán terminado», porque eso simplemente es una mentira. Mi vida se complicó cuando me convertí en cristiano. Antes de ser cristiano, aunque no era feliz, tenía un grado relativo de paz.  Sabía que estaba haciendo cosas que no debía hacer. Me refiero a que, no había aniquilado totalmente mi conciencia, pero estaba en camino a lograrlo. Es decir, repitiendo ciertas acciones puedes cauterizar la conciencia y poner callos en el alma, donde alguna vez quizás sentiste un poquitito de – remordimiento – de culpa, ahora puedes hacer estas cosas, repitiéndolas y ya no te afectan. . . y experimentas lo que la Biblia llama «dureza de corazón». 

Pero cuando llegué a Cristo, encontré una nueva conciencia y ahora las cosas de las que antes no me preocupaba, se convirtieron en motivos de preocupación ética, y la vida se volvió complicada.  ¿No habría sido lindo si hubiera dicho: «Bueno, lo que hice cuando me convertí fue que cambié mi carne, fui comprado por el Espíritu y ahora vivo feliz para siempre?». Esa es la lucha de la santificación. Aunque el poder de la carne está roto y ahora el poder de la carne está sometido al Espíritu de forma muy real en el proceso de la regeneración; la carne, damas y caballeros, no queda totalmente aniquilada en la conversión.  La guerra continúa.  Ahora, escucha lo que dice el apóstol en el capítulo 8 de Romanos.  Dice en el versículo 4, «para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que – escucha esto – «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios». 

¿Cuál es el tema de esta serie de clases? Cómo agradar a Dios. Aquí el apóstol dice, «los que están en la carne no pueden agradar a Dios».  Que Dios no está complacido – Él nunca ha estado complacido por un estilo de vida dominado por la carne.  Ahora, cuando nos dice esto, ¿se refiere a que Dios odia las cosas físicas? Muy a menudo esa es la forma en que este versículo ha sido interpretado, entre este y otros pasajes parecidos; así que los cristianos creen que ser espirituales significa negar el cuerpo y que cualquier cosa que tenga algo que ver con lo físico necesariamente está mal.  Por eso es que hemos visto que surgen incidentes en la historia de la iglesia, donde los cristianos se han involucrado en todo tipo de formas rigurosas de ascetismo, formas de abnegación y autoflagelación, donde vas y te escondes en una celda como un ermitaño, te golpeas a ti mismo y dejas de comer y te pones flaco como un alfiler y tomas todo tipo de votos para el celibato y, porque el sexo está mal, no solo fuera del matrimonio sino también dentro del matrimonio. La comida está mal.  Cualquier cosa que traiga placer físico se considera incorrecta. Damas y caballeros, eso fue inventado por el maniqueísmo no por el cristianismo. 

La primera afirmación del Dios que hizo el mundo físico, ¿cuál fue? Él mira ese orden físico y dice: «Eso es bueno». Platón llegó a la conclusión de que todo lo físico está tan lejos del espíritu puro, que por su propia fisicidad es imperfecto y por lo tanto el ideal de los griegos para la redención era el ser liberado del cuerpo. El cuerpo es visto como la prisión del alma. El mundo judeocristiano no lo veía así. El cristianismo no cree en la resurrección desde el cuerpo, sino en la resurrección del cuerpo; por lo que, cuando la Biblia habla de la guerra entre la carne y el espíritu, no está diciendo que la materia sea mala y que el espíritu sea bueno. No, no, no. Si miras en Gálatas donde Pablo expone las obras de la carne, ¿qué dice? «Las obras de la carne incluyen cosas tales como borrachera, inmoralidad, impureza». 

Ahora, hagamos una pausa ahí por un momento.  Esas cosas indicarían ¿qué? Pecados físicos. La borrachera es algo que sucede cuando tenemos apetito físico, un deseo físico de alcohol, nos excedemos en esas cosas y nos emborrachamos. Sin duda podemos ver la conexión entre el cuerpo y la acción allí. El adulterio es un pecado físico.  Es sucumbir, otra vez, a los instintos biológicos y pasiones donde Dios ha dicho, «No». Pero si miras esa lista, él sigue y habla de mentir, envidiar, odiar. Ahora, obviamente no puedes mentir, envidiar y odiar fuera de tu cuerpo, pero esas no son acciones físicas, ¿no es cierto? Tienen que ver con actitudes y disposiciones del corazón.  Observa esto. . . la envidia.  

Mencioné antes el pecado del vandalismo. ¿Por qué crees que ocurre el vandalismo? El vandalismo es simplemente la acción externa de la envidia interna.  La actitud básica del vándalo es la siguiente: «Si no puedo disfrutar de lo que posees -no lo haré, me aseguraré de que tú tampoco lo puedas disfrutar». No lo roba solo para sí mismo, sino que lo destruye para que nadie más pueda disfrutarlo.  En un sentido esto es incluso peor que el robo en sí mismo, porque surge de un espíritu de envidia hacia las pertenencias de otras personas. ¿Tienes idea de qué tan destructiva, por ejemplo, es la envidia para las relaciones humanas? ¿De cuántas formas las personas infringen la ley por estar motivadas por la envidia? ¿Cuántas veces te han calumniado o has sido atacado injustamente debido a la envidia de alguien? ¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios, en su orden de prioridades, Dios pone la envidia en los primeros 10 puestos de la ley? «No codiciarás». 

 El Nuevo Testamento nos enseña que si alguien más recibe un beneficio – algo bueno le sucede – se supone que debemos alegrarnos de su buena fortuna, en lugar de alegrarnos por su caída. Hay una expresión, una expresión cínica, en el golf.  No me gusta, pero dice así: «Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Si alguien manda la bola al agua, no lo hace feliz a él, pero ciertamente, sí hace feliz a su oponente».  Lo que me gusta ver en un torneo de golf es cuando todo el mundo está animando a los demás participantes para que todos jueguen lo mejor posible y lograr que alguien gane en vez de que alguien pierda. Hay una diferencia porque no estás deseando que a la otra persona le vaya mal. Eso es lo que hacemos cuando caemos en la envidia.  

Así que, a lo que trato de llegar es a esto, que la carne se refiere a la antigua naturaleza caída. En el tiempo que queda, les hago esta pregunta: La Biblia dice que «la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios», Pablo sigue, «vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu». Pero aquí está el problema, pueden estar en el Espíritu, damas y caballeros, pero todavía mienten y tienen envidias y sí, incluso aún cometen adulterio y aún se emborrachan. En otras palabras, seguimos realizando las obras de la carne a pesar de que estamos en el Espíritu.  

Ahora, sé que hay algunos que dicen, «O estás en la carne o estás en el Espíritu», que no puedes ser un cristiano carnal. Ahora, cuando Bill Bright dice esto, lo hace de forma muy pastoral; él le dice a la gente: «Mira, tienes estas cosas que te influencian, tienes esta guerra que está delante tuyo. ¿Quién va a estar en el trono? ¿Quién va a ser el vencedor? ¿Vas a vivir en dependencia del Espíritu Santo o vas a complacer a la carne por el resto de tu vida?» Él está hablando de una vida llena del Espíritu, que hace un énfasis a nivel espiritual, en lugar de darle más espacio a la carne. Pero algunas personas han creado a partir de eso y de otros, las teorías de que hay diferentes tipos de cristianos. Un cristiano carnal que no tiene el Espíritu de Dios y un cristiano espiritual que ya no es carnal.  

Damas y caballeros, cualquiera que no tenga el Espíritu de Cristo no es un cristiano carnal. Es un no cristiano carnal, ¿de acuerdo? Así que, en ese sentido, un «cristiano carnal» es una contradicción de términos. Si una persona es solo carne – lo que el Nuevo Testamento llama carne – sin el Espíritu Santo viviendo en él, entonces está fuera del reino de Dios. No tiene cómo agradar a Dios. Sin embargo, si una persona tiene el Espíritu Santo viviendo en él, esa persona puede hacer cosas carnales. Esa persona aún puede luchar con su carne, pero es una persona espiritual.  Ahora, se convierte en un asunto de grado, de cuánto estamos dispuestos a someternos al Espíritu Santo.  La persona que agrada a Dios es una persona que busca el fruto del Espíritu en su vida.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

La batalla contra el mundo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el mundo

R.C. Sproul

Estoy seguro de que voy a tener algunas reacciones interesantes de nuestra última sesión donde vimos la diferencia entre la forma superficial y externa de la justicia que caracterizó la vida de los escribas y fariseos y la forma auténtica de justicia a la que estamos llamados. Algunas personas van a escribir y decir, «RC, yo estaba tan inmerso en esa lección que para mí el tiempo realmente se detuvo». Otros escribirán y dirán: «Ustedes son tan hipócritas, como los fariseos de los que hablaban, porque usan un reloj aquí que obviamente es un engaño ya que da la misma hora todo el tiempo».  ¿Notaron eso? Estoy seguro de que todo tipo de personas estarán enviando cartas.  Bueno, quiero que todo el mundo sepa que ese es un reloj de verdad.  Es un reloj auténtico.  Solo que está dañado, eso es todo.  Pero esto podemos decir al respecto: Da la hora correcta dos veces al día todos los días.  

Martín Lutero dijo que el cristiano, en su lucha por la obediencia, tiene muchos obstáculos que superar, pero básicamente estamos inmersos en una guerra que se lleva a cabo no en uno o dos frentes, sino en tres frentes y que la tríada de enemigos que se enfrentan a los cristianos es, como Lutero dijo, el mundo, la carne y el diablo. Esa es una cita muy famosa de Lutero, y por supuesto, Lutero entendió que cuando hizo esa lista del mundo, la carne y el diablo que, aunque hizo distinción entre esos tres enemigos particulares, entendió que los tres estaban íntimamente relacionados el uno con el otro – que el espíritu de la carne del cual habla la Biblia es esa parte de nuestra naturaleza que es cautivada y seducida por el espíritu de este mundo, y este mundo es la esfera sobre la cual Satanás tiene un nivel particular de influencia e incluso, a veces, una especie de dominio.  Y aunque hay una distinción entre estos tres, no queremos separar el uno del otro, pero veremos cada uno de estos en orden. 

Y en esta sesión vamos a considerar la lucha que el cristiano tiene con lo que el Nuevo Testamento llama «el mundo».  Ahora, obviamente el término «mundo» en el Nuevo Testamento se utiliza en más de una forma y a veces en algunos casos el término «mundo» simplemente se refiere a este planeta.  No hay nada peyorativo, nada negativo en el término cuando se usa de esa manera.  Es solo una ubicación geográfica.  Este lugar se diferencia de Marte o Júpiter o los cielos de arriba; pero también el término «mundo» se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a la esfera caída de este planeta, a una especie de punto de vista, o perspectiva que es anti-Dios, que está más centrada en el hombre que centrada en Dios.  Permítanme leer una breve porción del Evangelio según San Juan para ver cómo Jesús hace este tipo de distinción con respecto al mundo.  

Vamos a partir en Juan, en el capítulo 17 versículo 12. Por cierto, al leer esta breve porción del Evangelio de Juan, permítanme recordarles que esto proviene de un segmento muy largo del discurso en el Aposento Alto que Jesús tuvo con sus discípulos la noche antes de que Él fuera muerto, y también incluye un texto de expresiones que Jesús hace en la oración más larga que está registrada y que proviene de Jesús en el Nuevo Testamento. Este es el registro de lo que se llama la «gran oración sumosacerdotal de Jesús» o «la oración intercesora de Jesús».  Es la única vez que oran por ti en el Nuevo Testamento porque Jesús ora no solo por sus discípulos que están con Él en ese momento, sino que habla, ora e intercede por aquellos que creerán en las generaciones futuras a través de su enseñanza. 

Y noten lo que Él dice en el versículo 11 del capítulo 17.  De ahí vamos a partir, y Él dijo: «Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti». Aquí ves que «mundo» se refiere claramente a este lugar, ¿cierto? Él dijo: «Estoy a punto de salir de este lugar, del mundo, pero ahora, Padre, estoy orando por mis amigos y mis discípulos que se van a quedar aquí, activos en este mundo». Pero, sin embargo, continúa diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». 

Ahora, ¿ven cómo el término «palabra» – o «mundo» – está empezando a asumir ese matiz ligeramente diferente para referirse no solo a la ubicación geográfica, sino a la perspectiva o al punto de vista de uno con respecto a las cosas de Dios? El mundo es esa esfera, o ese grupo de personas, que no tiene afecto por las cosas de Dios.  El mundo existe en este sentido, en antítesis y oposición y tensión contra el reino de Dios, por lo que Él dice: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad, tu palabra es verdad». Es una declaración muy cargada, ¿cierto? Jesús dijo: «No estoy pidiendo, Padre, que los saques del mundo».  Ah, ojalá prestáramos atención a la oración de Cristo en esa parte, porque en cada generación de la historia cristiana siempre hay ese tira y jala dentro de la comunidad cristiana para distanciarnos de todo lo que tiene que ver con este mundo, que terminamos retirándonos en aislamiento a fin de mantenernos puros.  

Si solo leyéramos atentamente, por ejemplo, el Evangelio según San Lucas.  Porque en el Evangelio de Lucas vemos un motivo que Lucas recalca una y otra vez, en términos de la enseñanza de Jesús, contra, de nuevo, los fariseos. Una de las doctrinas que surgió entre los fariseos fue esta doctrina: salvación por segregación. Recuerden, una de las cosas de la cual los fariseos se indignaron tanto con Jesús fue que Jesús, según creían ellos, se contaminó a sí mismo al pasar tiempo con publicanos y recaudadores de impuestos y pecadores, algo que los fariseos no harían ni en sueños. Recuerdo una vez, caminando por la calle, que conversaba con un amigo mío que era un sacerdote anglicano y estaba bastante orgulloso de su consagración al sacerdocio; y estábamos en las calles de Filadelfia, y un niño apareció.  Estaba vendiendo periódicos o algo así.  Era como un niño de la calle.  Estaba muy sucio. 

Ya se imaginan, tenía helado o algo por toda la cara y su camisa estaba sucia y tenía puesto unas prendas rotas y él se acercó, y tomó una manga del sacerdote y comenzó a tirar de ella diciendo, «Señor, señor», y ya saben, estaba tratando de venderle una revista o algo así, y estaba tirando de su manga.  Y de repente el sacerdote se dio la vuelta y le quitó la mano al niño y le dijo: «¡Cómo te atreves a tocar el brazo de un sacerdote de Dios!».  Y yo quería detenerme ahí mismo y mirar a mi amigo el sacerdote y decirle: «¿Cómo te atreves a actuar como si el brazo de un sacerdote fuera intocable para un ser humano?» Es decir, Jesús hubiera abrazado a ese chico en la calle.  Él jamás habría aceptado esta idea de separación tan radical del mundo donde uno, de cierta manera, manifiesta un espíritu de desprecio hacia el mismo entorno que es el punto central de la redención de Dios.  Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo». Jesús no estaba iniciando una nueva comunidad de Esenios.  

¿Recuerdan a los Esenios, que fueron aquellos cuya obra se encontró en los Rollos del Mar Muerto? Eran personas que se alejaba de la civilización para vivir en total aislamiento a fin de mantenerse puros para la venida del Mesías, y mientras se escondían allí en las cuevas a lo largo del Mar Muerto, llegó el Mesías y no lo vieron.  Estaban tan ocupados manteniéndose fuera del mundo que no vieron al Mesías cuando el Mesías vino al mundo para redimir al mundo, por eso Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno». – es decir, que los preserves mientras viven su fe y viven sus vidas en medio del mundo.  Ahora, creo que eso es coherente con lo que el apóstol Pablo enseña en el punto cumbre de su aplicación práctica del libro de Romanos luego de este extenso despliegue de doctrina pesada y de teología. 

¿Recuerdan cómo empieza el capítulo 12? Donde dijo: «Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios que es vuestro culto racional». Y luego ¿qué dice? «Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente». Echemos un vistazo a esas dos palabras: conformidad y transformación.  Vemos la misma raíz en ambas palabras: la palabra ‘forma’, que se refiere a la estructura o el sistema, y la única diferencia realmente que encontramos en estas palabras es el prefijo, ¿cierto? ¿El prefijo «con» significa ¿qué? «Chili con carne» significa «frijoles con carne», ¿verdad? Así que «con» aquí significa «junto», por lo que «conformarse» es literalmente «estar con algo» – ser parte de las principales estructuras aceptables del sistema mundial actual.

Recuerdo cuando estaba en sexto grado, creo, que mi madre me llevó al centro de Pittsburgh a comprar un par de zapatos.  No sé por qué esto está grabado en mi mente, pero mientras el vendedor me probaba estos zapatos elegantes. . . y uno solía mirar por una pequeña máquina de rayos X.  Mirabas y veías tus dedos al final de los zapatos.  Creo que ya no existen los fluoroscopios, pero eso era grandioso cuando era niño.  Eso era alta tecnología; y este vendedor de zapatos era muy agradable, y me estaba hablando de la escuela y del sexto grado, y lo miré, y me dijo: «Bueno, ¿cómo va todo en la escuela?» Medio que me paré de la silla.  «Bueno», le dije: «Soy el chico más popular de mi clase».  ¡Mi madre estaba absolutamente horrorizada! 

Es decir, tan pronto como ese hombre se fue, ella me tomó a un lado, y me dijo: «¡No puedes hablar así con la gente!» Ella dijo, «¡Eso es terrible! Eso es tan egoísta, arrogante y grosero.  Nunca, nunca debes hablar así». Y ella me dio esta gran cátedra sobre las virtudes de la humildad, pero ¿saben qué? No me importaba porque mi objetivo en la vida cuando estaba en sexto grado no era ser humilde.  Mi objetivo cuando estaba en sexto grado era el mismo que el de cualquier otro chico de sexto grado en este mundo, y ¿cuál era ése? Ser la persona más popular que pudiera llegar a ser; porque cuando entramos en la adolescencia, y en nuestros años juveniles, cuando finalmente nos damos cuenta de que hay un mundo más allá de nuestros padres, tíos y tías y demás, y que hay una sociedad en la que estamos siendo evaluados y juzgados y aceptados o rechazados, la popularidad entre nuestros compañeros a los 13 años se convierte en una de las pasiones más importantes de nuestras vidas, y si no recibimos una cierta medida de popularidad, eso es tan aplastante para el espíritu humano que puede afectar nuestra psique el resto de nuestras vidas.  

Todo el mundo anhela ser querido por otras personas, pero aprendemos de niños – como aprendí cuando estaba en sexto grado – que si iba a ser popular había un precio que debía ser pagado y el precio más importante para la popularidad era la conformidad.  Si yo iba a ser el señor Popularidad en mi escuela, tenía que saber todas las letras de las últimas canciones, los últimos éxitos en el ranking musical.  Tenía que saber todas las estadísticas deportivas y cosas así. Tenía que ser capaz de hacer las cosas que haces para probar que realmente eres un hombre.  

Tuve que escuchar a los que me desafiaban y aceptar sus desafíos y ver si podía robar algo en la farmacia sin ser atrapado e involucrarme en esas cosas que juegas por la noche, donde la policía te persigue por la ciudad y te aseguras de que no te atrapen.  Y pasé por todos esos juegos porque eso es lo que tenías que hacer para ser popular y recuerdo que la cátedra que recibí de mi padre todo el tiempo cuando era adolescente fue, «Hijo», escucha, «se necesita más coraje para decir ‘No’, que para decir, ‘Sí’». ¿Alguna vez te sermonearon así? O el que el director solía dar siempre: «Joven, ¿no sabes que estás apuñalando a tu madre por la espalda?».  Ya saben, y todo este tipo de cosas.  Y yo dije, «Pero no lo entiendes, no estoy tratando de complacer a mi madre. No estoy tratando de ajustarme a los valores de mi madre. Aquí es donde me juzgan, en la esfera de mis compañeros».  

Así que, como niños jugamos todos esos juegos con el fin de lograr el tan buscado objetivo de la popularidad. Pero, por supuesto, ese es solo uno de esos fenómenos adolescentes a corto plazo que tan pronto nos convertimos en adultos guardamos las cosas infantiles, y ya no nos preocupamos por ser populares, ¿cierto? Saben, dicen que la única diferencia entre hombres y niños es… ¿qué? El precio de sus juguetes.  Los juegos cambian, y los precios cambian, pero el objetivo de ser aceptados por nuestros compañeros es algo que nos atrae todos los días de nuestras vidas.  Y así el poder seductor de este mundo es conformarse, conformarse a él. Pero ¿qué es lo que nos atrae a la conformidad? Los alemanes tienen una palabra para eso.  

Ya saben cómo dicen los alemanes. . . El idioma alemán es… Ellos toman dos buenos sustantivos concretos y simplemente los estrellan entre sí y sacan una palabra de ahí.  Sin ánimo de ofender, Olga, a la lengua holandesa, nunca pensaría en hacer algo así; pero los alemanes toman dos palabras y las ponen juntas y obtienen la palabra «Zeitgeist».  Todos han oído la palabra «Geist», estoy seguro, en el idioma español, porque han oído hablar de poltergeist.  Los poltergeists son como fantasmas que hacen ruido en la noche.  Bueno, «Zeit» es la palabra alemana para «tiempo» y «Geist» es la palabra alemana para «espíritu»; entonces, esta palabra compacta «Zeitgeist» significa literalmente «el espíritu de los tiempos» o «el espíritu de la era». Y lo que quieren decir los alemanes por zeitgeist es básicamente esto: ¿En qué estamos ahora? ¿Qué está de moda? ¿Qué es aceptable? ¿Qué es lo que hay que hacer? 

Ahora, en el siglo XIX un hombre se volvió muy importante, no solo como una figura literaria en Alemania, sino como filósofo, y llegó a ser uno de los críticos más importantes de su generación, y su nombre era Friedrich Nietzsche, y ya saben que Nietzsche es famoso por su declaración de la muerte de Dios y por su defensa de lo que llamó heroísmo biológico, en el que buscaría la construcción de una súper raza, y Hitler fue tras eso y lo llevó a un extremo.  Pero Nietzsche se quejó de la decadencia de la Europa del siglo XIX y en esa queja dijo que básicamente la gran mayoría de la gente vive, lo que él llamó, «según el dictamen de una moralidad de rebaño».  Es decir, la crítica de Nietzsche fue la siguiente: «En su mayor parte, la gente es como las ovejas, y se limitan a seguir sin criticar y sin osadía alguna, lo que sea que se espera de ellos en su situación actual».  

En otras palabras, se convierten en esclavos del Zeitgeist o el espíritu de la era, y es por eso que pidió un superhombre, el «Ubermensch».  Él dijo: «El Ubermensch será conocido como una persona que dejará la manada y se atreverá a pensar por sí mismo».  En otras palabras, el superhombre de Nietzsche sería el supremo inconformista.  Ahora, al menos eso, el Nuevo Testamento tiene en común con el nihilismo de Nietzsche.  Ambos nos llaman a una especie de inconformidad.  No es el mismo tipo de inconformidad, les adelanto, pero Pablo dice: «No os conforméis a este mundo».  Ahora, si alguna vez hubo un pasaje de las Escrituras deformado por los cristianos, es ese; porque miramos eso y solo leemos la mitad del pasaje, y decimos: «Oh, bueno, lo que Dios quiere de nosotros es que, si vamos a ser realmente justos, vamos a ser conocidos por nuestra inconformidad».  ¿Te das cuenta, por un lado, cuán difícil es no conformarse, tal como ya lo he indicado? Somos atraídos por la aceptación de grupo, y cosas así.  

Por otro lado, ¿te das cuenta de lo fácil que es ser un inconformista cualquiera? Lo que pasa, lo que tiende a suceder entre los cristianos es que dicen: «Bueno, vamos a mostrar al mundo que somos diferentes y lo que vamos a hacer es que vamos a mostrar lo diferentes que somos del mundo al negarnos a participar en la mundanalidad del mundo, lo que quiere decir que no bailaremos y no usaremos maquillaje y no iremos al cine y no jugaremos a las cartas». Recuerdo cuando fui a mi primer trabajo, a enseñar en una universidad cristiana.  Me contrataron para enseñar la Biblia y antes de que las clases iniciaran, hacían un picnic en la playa, y algunos estudiantes sacaron una baraja de cartas y empezaron a jugar Bridge, y el decano vino y confiscó las cartas; y esa fue mi iniciación para descubrir, para mi horror, que el único juego de cartas que este grupo de cristianos tenía permitido era Rook, el juego de cartas cristiano. Le dije, «¿Rook?» Dije, «¿Rook? Dejé de jugar Rook cuando tenía ocho años», y le dije: «¿Qué van a hacer cuando se enteren de que su profesor de biblia juega en torneos de bridge duplicado?».

Nunca se me ocurrió que había algo espiritual o poco espiritual en el bridge de contrato.  ¡Imagínate! Es absolutamente increíble que ese tipo de cosas surjan en una subcultura, pero lo que sucede es que miramos a nuestro alrededor y vemos cosas que la gente en el mundo secular hace, y queremos asegurarnos de que no lucimos de ninguna manera como personas seculares, entonces establecemos estas formas artificiales de no-conformidad.  Damas y caballeros, el reino de Dios no tiene nada que ver con Rook. Esos son tipos superficiales de no-conformidad.  Si quieres no conformarte en el sentido bíblico, sé alguien de cuya palabra se puede confiar.  Sé alguien que hará lo correcto, aunque eso cueste dinero.  Eso es diferente.  

No se trata de que, si todo el mundo está usando sombreros blancos, empezamos a usar rojos.  Ese no es el no conformarse del que está hablando el Nuevo Testamento, pero leemos el resto del versículo y vemos que no se trata simplemente de no conformarse por el hecho de no conformarse, sino que debemos transformarnos.  Y aquí el prefijo lo dice todo.  Transformarse significa «ir por encima, por arriba, más allá» de las estructuras del mundo actual.  Cuando recién me convertí en cristiano, el amigo que me llevó a Cristo me hizo una declaración en las primeras dos semanas.  Le dije: «¿Qué significa para ti ser cristiano?» Él dijo, «Lo que significa para mí el ser cristiano es que voy a superarte en trabajo, a superarte en esfuerzo, y a superarte en amor».  Ya saben, él entendió que ser cristiano significaba un llamado a la excelencia, un llamado a la excelencia que iba más allá de los estándares de lo que era aceptable en el mundo.  

La mayoría de los cristianos de hoy toman su guía ética de lo que es legal o de lo que es aceptado en el resto del mundo; o queremos que los magistrados civiles hagan cumplir la ética cristiana.  ¡Ves espera un minuto! ¡La ética cristiana es la misma sin importar lo que la Corte Suprema haga o lo que la Corte Suprema diga! No voy al compás de ese ritmo.  Tenemos un Señor que nos da nuestra ética y Sus mandamientos.  Él dijo: «Obedeced mis mandamientos».  Esa es nuestra responsabilidad –

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Guardaos de la levadura de los fariseos

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

Guardaos de la levadura de los fariseos

R.C. Sproul

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

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Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?»  Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos.  ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana?  Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta.  Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.  

Ahora, lo resalto por una razón.  Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?»  Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga.  Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?»  Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Veamos por un momento este texto que todos hemos oído.  Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia.   Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia. 

Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto?  Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello.  Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa.  Él da una condición necesaria: si-entonces.  A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios. 

Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo.  Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.  

Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios.  Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’.  Todos conocen esa frase, ¿cierto?  ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos. 

Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia.  Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia. 

Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido.  ¡Eso es recontra fácil, por favor!  Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos.  Fueron lo peor de lo peor.  ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad?  La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento.  Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.  

Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos.  Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’. 

En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia.  Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo.  Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.

Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo. 

Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas.  ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado.  Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida.  Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos». 

Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar.  Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos?  «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!  Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas». 

Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores.  No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento.  Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal.  Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios.  Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?» 

Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas».  Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento.  ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes?  Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel.  Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general. 

Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer?  Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios.  Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien?  Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así:  Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda.  Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.  

Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf!  Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez!  Ese era un asunto menor de la ley.  Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo.   El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».  

Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento.  Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento.  El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo.  Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe».  Me pregunto cómo nos iría con eso.  Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores. 

¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura.  La memorizaban.  Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias.  El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto?  ¿Ven por qué esto es tan espantoso?  

Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia.  Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho?  Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.  

Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica.  Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.  

De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro.  Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no.  Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu.  Es lo externo y lo interno.  Es el exterior y el interior.  No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios. 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

4-Preguntas incorrectas

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Aviva Nuestros Corazones

Serie:  Rut: El poder transformador del amor redentor 

4-Preguntas incorrectas

Nancy DeMoss Wolgemuth: Te encuentras en alguna situación o estás enfrentando alguna dificultad con una persona, quizás un inconveniente en el trabajo, o una circunstancia particular en la iglesia que ha sido muy dolorosa, y que no puedes resolver, y te preguntas: «¿Qué hice para merecer esto?» 

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth.

Nancy: Tal vez no hayas hecho nada. Realmente no necesitas la respuesta a esa pregunta, lo único que necesitas saber es que Dios tiene un propósito y un plan que es mucho más grande que tú. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy nos desafía a hacer las preguntas correctas y a buscar las respuestas en el lugar adecuado, como continuación de la serie titulada, Rut: El poder transformador del amor redentor.

Nancy: Una de las cosas que más me impresionan del corazón y de los caminos de Dios, es que apenas fallamos y nos alejamos de Su voluntad, Él inmediatamente está orquestando circunstancias que nos traigan de vuelta hacia Él.

Eso fue lo que sucedió en el jardín del Edén. El pecado de Adán y Eva no tomó a Dios por sorpresa. No lo tomó desprevenido. No se sentó en el cielo y dijo, «¡oh no! Mi plan se ha estropeado, ¿qué voy a hacer ahora?»

Dios ya tenía un plan para redimir al hombre de sus pecados desde antes de la fundación del mundo, un plan para traerlo de regreso y restaurarlo a un lugar de obediencia y de comunión con Él.

En estos días hemos estado estudiando el libro de Rut, y estamos en el capítulo 1. Hemos visto en los primeros dos versículos que Elimelec tomó a su familia en un tiempo de hambre, llevó a su esposa y a sus dos hijos de Belén y se fue al lejano país de Moab, pensando que las cosas serían mejores allí. No se dio cuenta de que estaba llevando a su familia a un lugar donde enfrentarían dificultades, problemas y luchas aún mayores. 

Así que hoy llegamos al versículo 3, y vemos que «Elimelec, el esposo de Noemí, murió». Y ahora ella se encuentra en una tierra extranjera, un lugar a donde su esposo la había llevado. No sabemos si ella colaboró con esta decisión de ir a este lugar, o si simplemente siguió a su esposo por obediencia, pero independientemente de eso, Dios sigue siendo el Rey. Dios todavía está en Su trono.

Noemí estaba en Moab, viuda, y con dos hijos. En el versículo 4 vemos que sus dos hijos, «se casaron con mujeres moabitas, una llamada Orfa y la otra Rut. Y vivieron allí unos diez años». Tengamos en cuenta que cuando fueron por primera vez a Moab tenían la intención de quedarse allí solo por un corto tiempo.

Pero como el pecado hace a menudo, los había llevado a un lugar donde terminaron lejos, en un país extranjero, Moab, fuera de la voluntad de Dios, durante mucho tiempo, ya había pasado una década.

«Y luego de vivir allí por diez años», esta mujer viuda con sus dos hijos y sus dos nueras, leemos en el versículo cinco: «Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó privada de sus dos hijos y de su marido».

Ahora vemos una circunstancia en la que Noemí queda totalmente desamparada y sola, se encuentra en una situación desesperante, difícil y dolorosa.

Y pienso que en este caso, estas circunstancias fueron evidencia de la mano de Dios en la vida de esta familia, tratando de restaurarlos de Moab, la tierra a donde habían huido, para traerlos de vuelta al lugar al que pertenecían, Belén, en Judá.

Permítanme decirles rápidamente que no todas las circunstancias dolorosas en nuestras vidas son resultado de algún pecado. Algunas personas podrían decirte tras alguna pérdida, ya sea de una pareja, de un padre, de un hijo, o alguna otra pérdida en particular, que eso sucedió porque has pecado contra Dios. 

Esto fue lo que los amigos de Job trataron de decirle. El hecho es que a veces es y otras veces no es el resultado de nuestro pecado. Un ejemplo de esto es la muerte, que es siempre el resultado del pecado en algún sentido, porque vivimos en un mundo pecaminoso, pero muchas veces esta ocurre como consecuencia directa de nuestras malas decisiones. Algunas veces hemos estado viviendo una vida de obediencia y de todas formas tenemos que caminar por estos tiempos difíciles. Lo asombroso de los caminos de Dios, es que Dios tiene pleno control de todo lo que sucede, y está llevando a cabo Sus propósitos y tiene planes para tu vida, sin importar cómo llegaste a esa situación que estás atravesando.

Y regresando a la historia, vemos que Noemí y su familia habían dejado de lado la voluntad de Dios, huyeron del hambre, de Belén hacia Moab. Y Dios inmediatamente empezó a crear circunstancias que los trajeran de regreso a Belén. Estas circunstancias, por muy dolorosas que fueran, eran una expresión del amor de Dios hacia esta familia y su compromiso con esta familia. 

Y podrías decir, «esa es una forma extraña de demostrar amor, es una forma inusual de mostrar Su compromiso con ellos». Pero Dios sabía exactamente lo que era necesario para que esta familia regresara a casa.

De esa misma manera, Dios sabe exactamente lo que necesita tu vida para ser moldeada, santificada y conformada a la imagen de Cristo. Algunas veces las circunstancias son el resultado de tu pecado. En otras ocasiones son el resultado de vivir en un mundo caído, donde las enfermedades y la muerte son una realidad. A pesar de esto, Dios está obrando y expresando Su amor.

Esas circunstancias difíciles en las que nos encontramos son diseñadas por Dios para traernos de regreso a casa, nos llevan a arrepentirnos de nuestras malas decisiones, y nos llevan a ver menos atractivo el lugar donde nos encontramos, y nos permiten ver que nuestro hogar es el mejor lugar donde podemos estar. 

En esos tiempos puede venir la tentación de ver esas circunstancias como si vinieran de la mano de un Dios airado, en vez de ver todo esto como parte del amor y la misericordia de Dios al crear estas circunstancias en nuestras vidas.

Vamos a ver dos cosas que trajeron de regreso a Noemí a Belén. La primera la veremos el día de hoy y la segunda el día de mañana.

La primera fue la mano disciplinaria de Dios. Noemí tuvo que llegar a ver, al igual que nosotras, que las circunstancias a las que se enfrentaba no eran un castigo, eran entrenamiento y enseñanza. Ese es el propósito de la disciplina.

Cuando estamos en tiempos de adversidad, presión y problemas, la pregunta más importante no es, «¿por qué me está sucediendo esto?», sino más bien, «¿qué quiere enseñarme Dios a través de esta circunstancia?»

A menudo, lo que Él quiere enseñarnos está relacionado con algún área en la que nos hemos desviado y necesitamos ser restauradas. 

Necesitamos que nuestro corazón vuelva a casa. Podemos haber estado ciegas a nuestra necesidad o a nuestro fracaso, y Dios quiere abrir nuestros ojos para enseñarnos.

En este caso, la muerte de Elimelec no fue suficiente para que Noemí volviera a casa. Ella continuaba en Moab. Tal vez pensó, «no estoy tan sola. No puedo hacer ese viaje de regreso. He hecho amigas aquí. Pienso que mejor me quedaré aquí». No sabemos lo que pensó, pero sí sabemos que Dios sabía exactamente lo que se necesitaría para llevarla de vuelta a su país de origen.

Hemos visto que Noemí se quedó en Moab lo suficiente como para que sus hijos tomaran esposas de entre las mujeres moabitas. No estaba expresamente prohibido por Dios que los judíos se casaran con moabitas. Ellos sí tenían prohibido casarse con cananeas.

Dios no había dicho que no podían casarse con moabitas, pero había advertido a Su pueblo: «Si te casas fuera de tu fe, es probable que seas arrastrado por la idolatría y por las religiones paganas».

Así que esta fue definitivamente una elección insensata, fue falta de sabiduría por parte de esos jóvenes. Y a propósito, aplicando esto a las madres, cuando llevas a tus hijos a vivir en el sistema del mundo, cuando permites que estas cosas entren en tu hogar y llevas a tu familia a pensar y practicar las cosas del mundo, no te sorprendas que tus hijos crezcan atraídos por las cosas terrenales y no por las cosas espirituales y eternas.

Al parecer, los dos hijos de Noemí estaban lo suficientemente cómodos en Moab como para decidir establecerse allí y tener sus esposas. Madres, esto es algo que deben enseñar a sus hijos e hijas -–la falta de sabiduría o insensatez que hay en casarse fuera de su fe, en yugo desigual y cómo muchos han hecho naufragar su propia fe por casarse con una persona que no tiene un corazón para Dios.

En este caso en particular, los hijos de Noemí perdieron sus vidas. Pero quiero que veas que aun esto es un acto de la misericordia de Dios. ¿Qué era lo que Dios quería hacer? Él estaba tratando de llevar a Noemí y a su familia de regreso a casa, de regreso al lugar de obediencia, y no solo por el bien de ellos.

Dios tenía un plan mayor, un propósito mucho más grande que tenía que ver con la redención. Se trataba del Mesías. Todo apuntaba a una línea familiar de santidad y pureza que Dios quería crear para traer la salvación al mundo.

Recordemos que Dios tiene propósitos mayores que mi comodidad y mi bienestar. Debo estar dispuesta a rendirme para que Dios cumpla Sus propósitos, sin importar el costo que tenga en mi propia vida.

Cuando los hijos de Noemí murieron, ella quedó en una situación en la que ya no tenía heredero para el nombre de su esposo. La línea familiar se detuvo. 

No había forma en la que esos nombres tuvieran continuidad. No había manera en la que su herencia fuera garantizada. Estas dos cosas, la herencia y el nombre de la familia, y las tierras de la familia, eran muy importantes en la cultura judía.

Noemí lo perdió todo. Alguien ha dicho que un buen resumen de esta parte de la historia, es que el pecado te lleva más lejos de lo que quieres ir, te retendrá más tiempo del que quieres quedarte y te costará más de lo que quieres pagar.

Así que en la vida de Noemí, vemos que ella experimentó el dolor y la pérdida. Vemos que las decisiones tienen consecuencias. A veces son nuestras consecuencias y otras tenemos que sufrir las consecuencias de las elecciones equivocadas de otras personas. Pero a pesar de todo, Dios tiene propósitos en medio de todo esto.

El objetivo de Dios es restaurar. Su meta es construir una línea familiar, un legado piadoso, una herencia santa. Noemí pensó que lo había perdido todo, y parecía que así era.

Me pregunto si alguna vez te has encontrado en una posición, en un momento dado en tu vida, en la que parecía que por tus propios fracasos o por los fallos de algún miembro de tu familia, ya no había posibilidad de tener una línea familiar piadosa.

Tal vez has pensado: simplemente no podemos ser una familia piadosa. De la misma manera, parecía que toda esperanza se había perdido en el caso de Noemí. Pero esta es la historia de cómo Dios toma una línea familiar destruida, impía, con decisiones equivocadas, muchos fracasos, y la redime para que se convierta en una línea familiar que llevaría a Cristo.

Hay esperanza para tu familia. Eso implica que tienes que estar dispuesta a abrazar las circunstancias que Dios utiliza para restaurarte. Pueden ser dolorosas. Pueden traer lágrimas. Pueden implicar incluso a veces algo tan severo como la muerte. Pero recuerda que siempre es una expresión del amor de Dios, que esas circunstancias en nuestras vidas son en realidad expresiones de Su misericordia, que están destinadas a nuestra instrucción.

Eso no significa que los resultados de nuestras decisiones sean culpa de Dios. Vivimos en un mundo caído, donde hay pecado, y recibimos las consecuencias de esto. Pero significa que cuando nosotras pecamos, u otros pecan contra nosotras, o cuando enfrentamos circunstancias y situaciones difíciles en la vida que parecen estar fuera de control, aún ahí Dios gobierna, Él gobierna sobre todas las circunstancias.

Pienso en una joven mujer que conozco que perdió a su padre a la edad de ocho años, y cuando era adolescente su hermano fue asesinado. Cuando estaba en la universidad, un día antes de regresar a casa para las vacaciones de Navidad, un hombre entró a su apartamento y la asaltó –una terrible y horrible experiencia.

Parecía que había una cosa tras otra en la vida de esta joven. Bueno, han pasado unos doce años desde ese último episodio, y si pudieras conocer a esta joven ahora, dirías que por muy difíciles y dolorosas que fueron las circunstancias que llegaron a su vida –sobre las cuales ella no tuvo ningún control– ahora miras a esta mujer y dices: «Aquí hay una joven que conoce a Dios».

Esta joven ha sido instruida en los caminos de Dios. Hay una libertad y una fragancia que ha surgido en ella como resultado de algunas de las circunstancias difíciles y dolorosas que ha atravesado en su vida.

Dios usa la aflicción con el propósito de disciplinar y corregir. Vemos esto en Hebreos capítulo 12, aquí el autor del libro se dirige a los creyentes que están atravesando persecución y tiempos difíciles por causa de su fe. Les da palabras de aliento, y les exhorta: «Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón». De hecho, continúa diciendo: «Porque todavía, en su lucha contra el pecado, ustedes no han resistido hasta el punto de derramar sangre» (Heb 12:3-4).

Así que mantén tus ojos en Jesús, pon tus ojos en Cristo. Más adelante, el escritor de Hebreos nos brinda una perspectiva más amplia acerca de la disciplina de Dios. Nos dice en el capítulo 12 versículo 5: «Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige». 

Es muy cierto que existen momentos en la vida donde necesitamos palabras de exhortación. (Así como vimos en el capítulo 1 de Rut, donde Noemí se encontraba en un momento en el que necesitaba de estas palabras). Algunas de ustedes también necesitan una palabra de exhortación para lidiar con las diversas circunstancias que están atravesando en sus vidas. El escritor de Hebreos dice aquí: «Has olvidado algo y necesitas que te lo recuerden».

Veamos a continuación esas palabras de exhortación en Hebreos 12:5-6, esta es una porción que también se encuentra en el Antiguo Testamento, y dice: «Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo».

Esto significa que la disciplina es una expresión del amor de Dios. Quizás se lo has dicho a tus hijos, «estoy haciendo esto porque te amo». Y no es una tarea fácil, disciplinar no es algo sencillo, pero como madre sabes esto, que cuando amas a tus hijos, los disciplinas. (Esto lo vemos también en Proverbios 3:11-12).

La Escritura nos está diciendo aquí en Hebreos 12, que tenemos un Padre amoroso que disciplina a Sus hijos, y esta disciplina es una expresión de Su amor. Dice que Él disciplina a todo aquel que ha aceptado como a un hijo.

Cuando llegas al versículo 8, dice, «a todos sus hijos disciplina», todo hijo de Dios. De hecho, el hecho de que experimentes aflicción, corrección y disciplina es una evidencia de que eres una hija de Dios.

Si no has experimentado la disciplina en tu vida, sería bueno que te preguntes, «¿soy una verdadera creyente?», porque las Escrituras nos dicen que Dios disciplina a todo aquel que ha recibido como hijo.

Tú no disciplinas a los hijos de tu vecino, disciplinas a tus propios hijos; y Dios disciplina a Sus hijos. Si somos una de Sus hijas, vamos a experimentar Su disciplina.

Ahora, este pasaje nos enseña cómo debemos responder en esos tiempos de disciplina. Dice en el versículo 7, que es para su corrección que sufren la disciplina. No dice cuál es la razón por la que se encuentran en esa dificultad. 

No dice que la corrección fue el resultado de algún pecado personal o el pecado de otra persona. En cierto sentido no importa, Él dice: «Estás sufriendo y es difícil. ¡Soporta la disciplina! Acéptala, no huyas de ella. No la resientas. No la resistas, permanece firme».

Resistir sugiere que hay un largo recorrido involucrado. Significa que existe una carrera que no es de velocidad sino a campo traviesa. Esta es una forma distinta de responder. 

Eso me recuerda una caminata que hice con una amiga que me pidió que nos fuéramos a hacer senderismo. Fuimos a una montaña cercana y no pudimos tomar la ruta más fácil ya que estaba en construcción y esa parte estaba cerrada. Así que rodeamos la montaña por detrás, e hicimos lo que yo no consideraría como senderismo. Yo diría que fue más bien una escalada de montañas.

A mitad de camino estábamos sofocadas, y algunos de nosotros nos preguntábamos si sobreviviríamos a esa penuria. Mirábamos lo que faltaba y esperábamos que fuera la cima y decíamos: «Parece que hay un cielo ahí arriba». Pero en el proceso de llegar desde abajo hasta la cima, hubo dificultades. Había necesidad de resistir.

Continuamos en el versículo 9, pero permítanme comenzar desde el inicio del versículo 7: 

«Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?» (Heb 12:7-9).

¿Cuál debería ser nuestra respuesta? No solo resistir, perseverar, sino también respetar a Dios en ello, y rendirnos a Él si queremos ser vivificadas a través de esa disciplina. Someternos a Él. Esto es lo que les dices a tus hijos cuando los disciplinas.

Sométete a la instrucción. Sométete a la disciplina. Rinde tu voluntad. Cuando disciplinas a tus hijos, si es una disciplina efectiva, los llevarás a un lugar en el que sabes que su voluntad será quebrantada.

Y Dios pone disciplina en nuestras vidas hasta que nuestra voluntad sea quebrantada, dejemos de patalear y de resistirlo, y donde seamos dóciles, mansas y tiernas en Sus manos.

Dice en el versículo 10: «Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía», nuestros padres terrenales, «pero Él (Dios) nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad».

Esto se refiere al propósito de Dios con todo esto. Es importante que lo mantengas en mente cuando atravieses por la disciplina. ¿Cuál es la meta de Dios?

Sabemos que ¡es para nuestro bien! Es para nuestra bendición, para nuestro beneficio. Y el propósito final es que podamos ser partícipes de Su santidad.

Dios está comprometido en hacer que tú y yo seamos más como Jesús. Y eso implica un proceso, porque no empezamos así. Hay tanto en mi corazón, en mi actitud, en mi forma de tratar a las personas, hay tantas cosas en mi forma de responder a la vida que no reflejan el carácter de Cristo.

Entonces, ¿qué hace Dios? Envía dificultades. Y esas dificultades pueden tomar muchas formas diferentes. Pueden ser las pequeñas cosas de la vida, las que nos hacen tropezar en el transcurso del día. Pueden ser crisis grandes y monumentales, pero el objetivo siempre será que lleguemos a ser partícipes de la santidad de Dios, que lleguemos a ser como Jesús.

Continuamos leyendo en el versículo 11: «Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza». Entonces, si no es dolorosa, no es disciplina. No nos importaría que Dios nos disciplinara si no nos doliera. Pero la naturaleza de la disciplina es que es dolorosa. No es placentera. Ninguna disciplina parece ser causa de gozo en el momento.

Tus hijos no te dirán, «quisiera ser disciplinado. Dame alguna dificultad. Quiero más tareas. Dame alguna reprensión». No pedimos disciplina. No es placentera, pero las Escrituras dicen que produce algo agradable. Algo que hace que merezca la pena toda esa dificultad. Él dice, «sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia» (Heb 12:11).

Todo esto significa que esto no ocurre inmediatamente. No se ponen semillas en la tierra y de repente aparece una cosecha. Nos dice, «por un tiempo, tenemos que atravesar esta disciplina y luego producirá frutos».

Y podrías preguntarte, «¿por cuánto tiempo? ¿Qué tanto durará?» No lo sé. Tampoco tú lo sabes, pero conocemos a alguien que sabe, Dios lo sabe, y Él está diciendo: «¡Mantente firme! Persevera, resiste, no te desalientes, cobra ánimo, y recuerda que esto producirá frutos de justicia».

Tenemos la certeza de que si permanecemos, si estamos dispuestas a ser entrenadas por la disciplina y nos sometemos a ella, tendremos frutos apacibles de justicia.

Ahora bien, la disciplina no siempre tiene los resultados que nosotras esperamos. Si nos resentimos, si nos resistimos, si huimos, entonces tendremos la disciplina, pero no produciremos frutos apacibles de justicia.

Cuánto mejor es decir: «Sí, Señor. Acepto esto». Tal vez fuiste responsable de las consecuencias recibidas; o tal vez no fue tu culpa. Quizás fue alguien más que te llevó a este problema. Tal vez fueron circunstancias que no pudiste controlar, pero aún así decides tener un corazón enseñable que dice: «Señor, quiero llegar a conocerte a Ti y a Tus caminos a través de esta circunstancia. Me someto a esta disciplina. Estoy dispuesta a ser entrenada». Es entonces con esta actitud, que alcanzarás la promesa de que se producirán frutos apacibles de justicia y paz.

Mirarás hacia atrás y dirás: «Gracias, Señor. Tú sabías algunas cosas que yo no sabía. Tenías un plan en mente. Tenías el propósito de transformar mi vida conforme al carácter de Cristo. Gracias por todas las decisiones que tomaste, a pesar de lo dolorosas que fueron, como resultado ahora puedo tener una comunión y una intimidad contigo, que es más abundante y más dulce de lo que hubiera podido disfrutar sin la disciplina».

¿Estás pasando por algún tipo de disciplina en estos momentos? Pienso que todas podemos recordar algún tiempo en el que estuvimos ahí, pero me pregunto si hay alguien que esté pasando por algún tipo de disciplina ahora mismo. Sé que yo lo estoy. Incluso el desarrollo de Aviva Nuestros Corazones es una disciplina en mi vida. No está relacionada al pecado, no lo creo, pero es una expresión del amor de Dios y Su misericordia. Hay aspectos en los que Dios me ha puesto en un nuevo tipo de ministerio que son desafiantes, que son dolorosos.

La pregunta no es, «¿pasaré por estas cosas?» Porque la realidad es que va a haber dificultades. La pregunta que debes hacer es «¿realmente resistiré? ¿Someteré mi voluntad a la voluntad de Dios? ¿Soportaré la prueba? ¿Soportaré Sus propósitos, y dejaré que Dios me enseñe a través de la disciplina?»

¿Dejarás que Dios te enseñe en medio de la disciplina, las dificultades y los retos? En alguna situación con una persona, un inconveniente en el trabajo, o una circunstancia particular en la iglesia que ha sido muy dolorosa, y que no puedes entender, y te preguntas: «¿Qué hice para merecer esto?» Tal vez no hayas hecho nada. Realmente no necesitas la respuesta a esta pregunta, lo único que necesitas saber es que Dios tiene un propósito y un plan que es mucho más grande que tú. 

Es más grande de lo que puedes ver. Él lo está llevando a cabo. Él cumplirá Sus propósitos. Y cuando hayas sido probada, saldrás de ahí tan pura como el oro.

Annamarie: ¿Has visto el amor de Dios por ti en medio de la disciplina? ¿Confías en que Él tiene buenos y mayores propósitos aún en medio de la dificultad? Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a reflexionar en estas cosas. 

Si te has alejado de Dios hoy es un buen día para volverte a Él, para acercarte a Él. Y si te encuentras en medio de una situación que no entiendes, pregúntale al Señor en oración, «¿qué quieres enseñarme a través de esto?» Aquí está Nancy para orar con nosotras.

Nancy: Padre, quisiera detenerme y agradecerte por Tu mano que nos disciplina. Usualmente no me gusta la disciplina, pero hoy te amo más a causa de ella. Sé que existen áreas en mi vida que son más parecidas a Ti hoy en día por causa de Tu disciplina en mi vida.

No me agrada precisamente la idea de más disciplina, pero estoy segura de que esto también es parte de la expresión de Tu amor, una expresión de Tu relación, de Tu compromiso conmigo. Señor, quiero en esos momentos de disciplina poder permanecer, someter mi voluntad a la tuya, ser enseñable, ser humilde y ser transformada a Tu imagen.

Y quiero orar por las hermanas que están enfrentando tiempos de aflicción o disciplina, quizás por sus propias decisiones erróneas, tal vez por las malas decisiones de otros. O quizás han sido circunstancias que vienen de Ti, con el propósito de conformarlas y moldearlas a la imagen de Cristo. ¿Alentarías sus corazones? ¿Les darías fortaleza? Ayúdales a mirar más allá de la disciplina y cosechar frutos apacibles de justicia y paz, como lo has prometido a aquellos que han sido entrenados en ella. ¡Oro en el nombre de Jesús, amén! 

Annamarie: Amén. Asegúrate de acompañarnos mañana para la continuación de esta serie. 

Conociendo el poder del amor redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

56 – La frivolidad de anunciar días de milagros

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 56

La frivolidad de anunciar días de milagros

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

La meta de la vida cristiana

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

Si todavía no tienes la guía de estudio de Cómo agradar a Dios, por favor escribe tu correo electrónico en el siguiente formulario para recibirla.

Episodio 1

La meta de la vida cristiana

 La fe conlleva responsabilidades. ¿Qué pasos estás dando en tu vida para honrar a Jesucristo? En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul enseña la importancia de la planificación y la perseverancia al procurar el propósito de nuestras vidas como cristianos.

Por R.C.Sproul

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar con un amigo mío que es un hombre de negocios en Orlando, y me estaba contando todo sobre los últimos acontecimientos en el mundo internacional de las finanzas, y me dijo de un estudio que se había hecho sobre corporaciones internacionales en términos de su planificación futura, y mencionó que había corporaciones japonesas que no solo tenían planes de tres años o cinco años para sus negocios, 

sino que algunas de ellas extendían sus planes de negocios a un tiempo de cien y doscientos años, a fin de que tuvieran un objetivo general que se mantuviera a través del tiempo, para así poder comprobar periódicamente y asegurarse de que todo lo que estaban haciendo en su empresa iba según el objetivo. Después de que este hombre de negocios me relató todo esto sobre lo que estaba pasando en el campo internacional de las finanzas, me miró, y me dijo: «Ahora sobre la vida cristiana, RC», me dijo, «dime por favor, ¿cuál es la gran idea?»  ¿Cuál es la gran idea del cristianismo?  Ahora, tengo que admitir que cuando me miró directamente a los ojos y me dijo: «RC, ¿cuál es la gran idea?» Me estremecí un poco, y me vino a la mente la imagen de mi madre allí de pie, cuando yo era niño, con las manos en la cintura, y luego ella tomaba su mano derecha y apuntaba hacia mí y me decía: «¿Cuál es la gran idea, jovencito?»  

Ahora, obviamente esa no era en sí una pregunta que ella estaba tratando de averiguar lo que yo pensaba que era el propósito por excelencia de mi vida, pero ella realmente estaba dando una acusación ligeramente velada como: «No tienes ninguna justificación para lo que acabas de hacer con tu comportamiento.  ¿Cuál es la gran idea?»  Pero desde otra perspectiva, esa es una pregunta crucial. Escuchamos sermones, leemos las Escrituras, nos vemos atrapados en el laberinto de los detalles de la teología, pero anhelamos la oportunidad de cortar todos los puntos finos, los detalles del cristianismo y llegar hasta el fondo, la esencia misma de lo que es la vida cristiana. A eso nos referimos con discernir la gran idea.  Así que cuando este hombre de negocios dijo, «RC, ¿cuál es la gran idea?» Lo pensé por un momento, y la respuesta que me vino a la cabeza salió de la Reforma del siglo XVI cuando los reformadores protestantes de la época tuvieron que definirse así mismos ante un mundo que observaba, y así tuvieron que cristalizar la esencia de lo que su ministerio y movimiento se trataba, y de ese proceso de cristalización salió una frase – por supuesto que era en latín – que fue introducida y utilizada con frecuencia por Martín Lutero para declarar la esencia de la vida cristiana, y Lutero utilizó esta frase: que la esencia de la vida cristiana es vivir la vida «coram Deo».  Esa puede ser una frase extraña para ti: «coram Deo». 

 Literalmente lo que esto significa es «delante del rostro de Dios», y lo que Lutero estaba diciendo simplemente era esto: que la vida cristiana significa vivir toda tu vida en la presencia de Dios.  Algunas veces nos comportamos y actuamos con nuestras vidas no como para Dios, sino como para el público que lo ve y que nuestro comportamiento, cuando estamos en secreto, puede ser diferente de cómo nos comportamos cuando estamos en presencia de personas cuyo juicio o aprobación buscamos. Pensamos, por ejemplo, en el hijo pródigo cuando suplicó a su padre para recibir su herencia adelantada; cómo despilfarró ese dinero.  Pero antes de despilfarrar esa herencia, ¿qué hizo?  Se fue a un país lejano donde era anónimo, donde nadie lo conocía, donde no sentía que tenía que vivir bajo el escrutinio de alguien que posiblemente podría desaprobar lo que estaba haciendo.  Ahora, Lutero dice que debemos vivir toda nuestra vida, no como personas que buscan la sombrilla de las tinieblas, donde tenemos una vida secreta, una vida privada que está oculta a la mirada de nuestros amigos o de las autoridades, sino que nuestras vidas deben ser vividas abiertamente en presencia de Dios, delante del rostro de Dios, practicando una especie de ser conscientes de Dios en cada instante.  

Ahora, a eso le añadimos un par de otras ideas, pero la gran idea del cristianismo es vivir «coram Deo», es vivir toda la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, y para la honra y la gloria de Dios.  Déjame repetirlo.  La gran idea – «coram Deo» – es vivir la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, para la honra y la gloria de Dios.  De eso se trata todo. Jesús lo dijo brevemente de esta manera: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos», es decir, «Si quieres agradarme, me complaces haciendo lo que he mandado que tú hagas». Pero vivir este tipo de vida, obviamente al principio suena bastante idealista, ¿no?  No hay nadie que viva toda su vida en un constante sentido de estar en la presencia de Dios, y ninguno de nosotros es tan justo que todo lo que hace está en sumisión a la autoridad de Dios, ni lo hace para su honra y para su gloria.  Podemos decir eso religiosamente y definirlo teológicamente, pero poner eso en práctica viva real no es algo sencillo de hacer. Podemos emocionarnos y entusiasmarnos emocionalmente y tener experiencias espirituales donde hacemos votos y promesas– «Oh Dios», ya saben, «mi vida es tuya.  Mi corazón está en el altar.  Te voy a complacer y voy a vivir para ti». Pero a través de las actividades cotidianas y las presiones que se nos vienen encima, ese celo y esa emoción empiezan a desvanecerse, y caemos de nuevo en nuestros patrones anteriores donde vivimos en ausencia de Dios, desafiando a Dios y para nuestra propia gloria. Entonces, lo que significa agradar a Dios no es simplemente hacer un compromiso o un voto, sino seguir adelante a través de esos momentos y períodos en los que estamos paralizados y frustrados en nuestro crecimiento espiritual.

Déjame hacer esta pregunta a la audiencia. ¿Cuántos de ustedes han tomado clases de piano?  Levanten su mano si han tomado clases de piano. Alrededor de tres, de cada cuatro en el público, han respondido y han dicho que han tomado clases de piano algún momento en sus vidas. A propósito, ¿alguno de ustedes, ejerce actualmente como concertista de piano?  No encuentro a ninguno de esos aquí. ¿No es extraño que cada año – bueno no cada año, sino en el transcurso de años – que literalmente millones de personas en los Estados Unidos de América empiezan clases de piano, pero hay muy, muy pocos que alguna vez llegan a ser concertistas de piano como Van Cliburn o incluso grandes pianistas de jazz famosos – pianistas – como Thelonious  Monk u Oscar Peterson o  Scharinger  o uno de los  otros. Recuerdo que cuando empecé a tomar clases de piano mi madre tuvo una gran idea, y ella dijo, «Jovencito, vas a empezar a tomar clases de piano», y así que me mandó a esta mujer que tenía como 110 años, y ella vivía en una casa que tenía 150 años y era muy tenebrosa, y crujía, y aterraba, y yo tenía que caminar cerca de dos kilómetros a través del bosque y a través de una carretera para llegar a la casa de esta maestra de piano cuyo nombre, por cierto, era Srta. Felicidad.  

¿Sabes lo que es un nombre equivocado?  Ese es un nombre equivocado.  El nombre de esa mujer era Srta. Felicidad, y ella trajo cualquier cosa menos felicidad a mi vida haciendo todos estos ejercicios; pero recuerdo vívidamente mi primera lección.  Entré en esta casa aterradora, espeluznante, vieja y tenebrosa, y me senté en ese banco junto a esta mujer que era tan aterradora y espeluznante y tenebrosa como la casa, y ella abrió la primera lección de la serie de libros para piano de John Thompson; y me mostró en el teclado donde se encontraba «Do central», y luego me dijo que tocara «Do central» con mi dedo índice, y seguí la primera lección en la página. Incluso recuerdo las palabras.  En la medida que tocaba «Do central» repetidamente con mi dedo índice de mi mano derecha, la canción iba así: «Estoy tocando ‘Do central’».  Los que tienen un tono perfecto saben que no estoy cantando en «Do central», pero así fueron las palabras. «Estoy tocando ‘Do central’» Entonces la mano izquierda – tocaba la misma nota. «Puedo tocarla bien, ves.» Yo dije, «Oye, esto es pan comido».  Empecé las clases de piano con un frenesí, con gusto.

Fue simple, y arrasé hasta la primera mitad de la serie de John Thompson en sólo unas semanas, y tuve visiones de convertirme en un gran pianista. Cinco años más tarde, dejé de tomar clases de piano, y sólo llegué hasta la mitad del libro del segundo curso de John Thompson.  Mi desarrollo como pianista se detuvo.  Quedó paralizado.  Llegó a un punto de dificultad que indicaba una meseta donde quedé atascado, así que renuncié.  Varios años más tarde, después de casarme, estaba en el Seminario. Teníamos una amiga muy querida en nuestra comunidad que era un excelente profesor de piano y cuyos estudiantes estaban ganando el premio Volkwein Studio «Pianista del Año» en Pittsburgh, y fui donde ella, y le dije, «Señora Winnerling», le dije, «¿podría darme algunas lecciones de piano?»  Ella dijo, «Oh, absolutamente.  Me encantaría darte clases de piano»; así que fui a mi primera lección con la señora Winnerling, y me senté.  

Ella dijo, «Bueno, ¿qué quieres estudiar?»  Y yo dije «Oh, señora Winnerling», le dije: «Me he enamorado de la música de Chopin, así que lo primero que quiero hacer es aprender el Nocturno en Mi bemol mayor de Chopin. Y ella me miró y sonrió.  Y dijo, «Bien».  Ella preguntó, «¿Cuánto entrenamiento de piano tienes?» Le dije: «Bueno, llegué hasta la segunda mitad de John Thompson, la primera mitad del libro del segundo curso de John Thompson», y ella sonrió y se rió, y ella dijo: «Bueno cariño», dijo, «no hay manera que puedas tocar el Nocturno de Chopin en Mi bemol mayor.  Tienes que tener – tienes que estar como en el sexto curso. Tendremos que retomar donde lo dejaste, y partir de ahí en adelante, y tal vez en un par de años podamos intentar con el Nocturno».  Le dije: «No, no entiende, señora Winnerling.»  Le dije: «Quiero aprender el Nocturno ahora, ahora mismo». Y de nuevo sonrió.  Ella me conocía, conocía mi impetuosidad y todo lo demás, y ella dijo, «Está bien».  Ella dijo, «Voy a hacer un trato contigo. Trabajaremos con el Nocturno ahora mismo siempre y cuando prometas hacer estos ejercicios que son correctivos entretanto», por lo que me asignó el primer compás del Nocturno para la primera semana.  Y después de seis meses finalmente pude tocar la pieza, pero luego mis estudios de piano se interrumpieron al ir a Europa a la escuela de posgrado, y llegué a otra meseta de tocar el piano donde quedé atascado.  Quedé paralizado. No pude seguir adelante.  Quince años más tarde conocí a un hombre que era un músico de jazz, y lo escuché tocar jazz, y me dejó boquiabierto.  

Y él me dio el incentivo para empezar de nuevo, así que empecé una vez más a tomar clases, y de nuevo pude llegar a otra meseta. Bueno, no quiero aburrirlos con la historia de mi participación en las clases de piano, pero lo que aprendí de la vida, estudiando piano, es esto: 

que tenemos una tendencia a iniciar rápidamente ciertos proyectos e involucrarnos y estar absortos en aquello que estamos tratando de aprender o tratando de lograr o tratando de hacer y tan pronto como nos encontramos con un obstáculo, o llegamos a una de esas mesetas difíciles donde quedamos temporalmente paralizados, ahí es donde renunciamos. Decimos: «He llegado al límite de mi habilidad.  Ya no puedo mas», pero la única manera de avanzar en cualquier proyecto es perseverar a través de ese nivel de parálisis para que podamos superar el bloqueo y seguir adelante. De hecho, si nos fijamos en algo, verán que cuanto más alto vayamos en nuestros intentos de dominar un procedimiento, más fácil es mejorar y mejorar después de aprender a superar esas mesetas. Ahora, ¿qué tiene que ver eso con agradar a Dios? Obviamente no todos estamos llamados a ser pianistas clásicos, pero todos estamos llamados a agradar a Dios.  He hablado muchas veces sobre la prioridad de la vida cristiana, tal como Jesús la declara en su enseñanza cuando Él les dice a sus discípulos que busquen primero el reino de Dios y su justicia y todas las otras cosas les serán añadidas.  En otra parte, Jesús hace una declaración muy extraña y enigmática sobre este reino de Dios.  Habla de la aparición del reino de Dios, y llama a sus discípulos a ir y contar del reino de Dios, y dice que los violentos la conquistan por la fuerza.  Ahora bien, eso, tal vez, puede ser una idea negativa que sugiere que los enemigos del reino de Dios utilizan la violencia para tratar de oponerse al reinado de Dios, o puede significar – y creo que significa – que lo que Él está diciendo es que aquellos que se toman en serio lo de agradar a Dios no son casuales o negligentes en su búsqueda del reino de Dios, sino que son como hombres violentos que asaltan las murallas del enemigo hasta que las derriban. 

Jesús dijo: «Así es el reino.  Es como una mujer que ha perdido una moneda y ella barre toda la casa y la pone de cabeza.  Ella está obsesionada hasta que encuentre esa moneda. «No puedo imaginar cómo Jesús fue lo suficientemente ingenioso en el siglo I como para contar una historia basada en la vida de mi esposa. Si vieras lo que sucede en mi casa cuando mi esposa pierde su bolso, sabrías lo que Jesús tenía en mente cuando él hablaba de esta mujer barriendo la casa de lado a lado para encontrar esa moneda. Mi esposa siempre está escondiendo cosas para mantenerlas a salvo de ladrones o – No sé de qué las está escondiendo, pero ella tiene estos escondites insólitos para sus joyas y para su bolso.  El único problema es que después de que ella los esconde, se olvida dónde los esconde, y han sido escondites tan insólitos que no puede encontrar lo que ha escondido, y luego tenemos que pasar por el proceso de levantar las alfombras, sacar los cajones del armario, revisar la ropa de invierno, todo para tratar de encontrar esa cosa.  

Jesús dijo: «El reino de Dios es como un hombre que encuentra una perla extraordinaria tan preciosa y tan valiosa – singular en su magnificencia – que esa persona tiene una pasión tan profunda por poseer esa perla – la cual es más costosa que cualquier otra perla – que él va y vende todo lo que tiene para poder poseer esa sola perla». Jesús dijo: «El reino de Dios es como un hombre que perdió a su hijo».  Ya mencioné que ese hijo, el hijo pródigo, que va al país lejano y desperdicia la herencia de su padre.  Tú ves estas casas rodantes en las carreteras con calcomanías en el parachoques posterior y ves a esta linda pareja jubilada conduciendo esta linda casa rodante por la carretera, y diciendo en la parte de atrás: “Estamos gastando la herencia de nuestros hijos. Bueno, cómo verías que tus hijos gasten la herencia por adelantado, antes que tú mueras, y cómo verías – si hay un letrero en el auto del hijo – en la parte posterior del auto que dice, «Estoy gastando el dinero de la jubilación de mi padre.»  Eso es lo que hizo el hijo pródigo.  Él fue y desperdició todo lo que su padre trabajó tan duro para ganar, y luego deshonró a la familia con su vida desenfrenada.  Ya conocen la historia; pero, sin embargo, cuando volvió en sí, y en total degradación y humillación después de vivir con los cerdos y oler terrible, con la cabeza inclinada, y en ruinas, empezó su camino a casa.  

Él se dijo a sí mismo: «Me levantaré e iré a mi padre».  Pero el punto de la historia es que cuando ese hijo todavía estaba lejos, el padre ansioso, ya que no sabía nada de lo que le había sucedido a su hijo desde que se fue, vio venir a su hijo a lo lejos, y se nos dice que el padre saltó de donde estaba y corrió a su encuentro por el camino – es decir, en aquellos días, los patriarcas judíos llevaban túnicas. Ahora, sólo puedo ver a este hombre, con las rodillas descubiertas, corriendo por el camino para encontrar a su hijo, y cuando alcanzó a su hijo, puso sus brazos sobre su cuello y lo abrazó, y ordenó a sus sirvientes que mataran al ternero engordado, que consiguieran el anillo familiar y le dio honor a su hijo.  Él dijo: «Porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Todas esas parábolas – el hijo pródigo, la moneda perdida, la perla de gran precio – son parábolas que enfatizan la importancia de avanzar en pos del reino de Dios – de avanzar más allá de los puntos de parálisis, la meseta donde las cosas se vuelven tan difíciles que nos detenemos. Ahora, ustedes, que son cristianos, recuerden los inicios de su experiencia cristiana, el celo, el fuego y la pasión que tuvieron.  Probablemente alejaste a todos tus amigos porque eras odioso y demasiado insistente, y estabas tan emocionado que querías contarle a todo el mundo lo que te pasó.

Todos pasamos por eso, pero luego hemos aprendido a adaptarnos para acomodar a nuestros amigos, y hemos aprendido a ajustar nuestras metas hacia abajo, porque al comenzar a crecer, como una especie de brote de pubertad, de repente llegamos a esa meseta, y nos calmamos.

Dijimos, «Oh, voy a leer la Biblia de principio a fin.»  Pasamos por Génesis, pasamos por Éxodo, y luego llegamos a Levítico, y muchos de nosotros paramos cuando llegamos a Levítico. Algunos perseveraron a través de Levítico hasta llegar a Números, y después de empezar Números, dijeron: «No puedo más», y entonces renunciaron.  Y esto es lo que pasa: Empezamos, pero no terminamos lo que empezamos.  Damas y caballeros, lo que agrada a Dios es alguien que se anota por toda la vida, alguien que ora todos los días, «Venga tu reino»;

alguien que pasa su vida – no sólo el comienzo de su vida – pasa su vida buscando el reino de Dios. De nuevo, Edwards hizo esta declaración: que, «La búsqueda del reino de Dios no es algo que los incrédulos hacen.  La búsqueda del reino de Dios es el interés principal del cristiano», y es una tarea para toda la vida. Es una búsqueda permanente, y creo que eso es lo que significa ser discípulo, es estar bajo la disciplina de alguien más maduro. Si yo quería superar mis períodos de parálisis en los que estaba estancado en la música, tenía que recurrir a un maestro, un maestro que estaba al otro lado de esa meseta y que podía ayudarme a cruzar el umbral hacia una nueva liberación y una nueva libertad, y creo que lo mismo es cierto en la vida espiritual y en el crecimiento espiritual. Por último, permítanme darles esta ilustración de cómo Dios está complacido por aquellos que buscan su reino.  Otra vez, cuando era niño, fui al cine, y no recuerdo ni siquiera el título exacto de la película o incluso quién protagonizó la película.  

Tenía que ver con las aventuras de Robin Hood, y no sé si fue Errol Flynn o Douglas Fairbanks, Jr.: creo que fue Douglas Fairbanks, Jr. quien tocó en esa versión en particular, donde Basil Rathbone era el Sheriff de Nottingham; y vi esa historia mágica de Robin Hood en la pantalla, y me cautivó.  ¡Qué historia tan tremenda!  El rey de la tierra – Ricardo – tiene que partir e ir en una misión espiritual, y mientras él se ha ido, su reinado y su poder y su autoridad es usurpado por el malvado príncipe Juan, su hermano menor.  Ahora, Robin Hood es leal al rey, pero el rey se ha ido, por lo que Robin Hood y sus hombres se ven obligados a vivir en el bosque, encontrando refugio allí en el campo.  Entonces, le ponen precio a su cabeza, y tú ves el conflicto a lo largo de toda la historia, de alguien que es leal a un rey foráneo, al rey que se ha ido, y que no se someterá al usurpador que ha suplantado al rey legítimo.  Robin Hood vive para agradar al rey Ricardo, no al príncipe Juan. Y luego al final de la película, Sir Richard hace caballero a Robin Hood, convirtiéndolo en el conde de Loxley porque él perseveró. 

Vivió – Robin Hood vivió en la presencia de su rey, bajo la autoridad de su rey, para la honra y la gloria de su rey.  No veo mejor paralelo al llamado del cristiano, quien agradará a su Dios antes que servir al que ahora está entronizado como rey de reyes; y en su ausencia procurará complacerlo, honrarlo y obedecerlo.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

55 – La trivialización de la gloria de Dios

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 55

La trivialización de la gloria de Dios

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

11 – A la Mesa de la Gracia

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

11 – A la Mesa de la Gracia

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.