El pecado es una elección de situarnos en el lugar de Dios y esa es la peor desición que podemos tomar. El pecado nos alejará de la voluntad de Dios. No elijámos pecar, elijamos a Dios, obedezcamos a Dios no obedezcamos al pecado.
Si quieres experimentar la dicha y no ser culpable de pecado, debes número uno reconocer que has pecado y que sólo Cristo puede ayudarte, ya que el murió en la cruz y resucitó al tercer día para darnos perdón y número dos pídele que te salve, confiesa tus pecados a Dios y pide a Cristo que te salve. Gracia y Paz
Bienvenidos una vez más a nuestro estudio sobre el matrimonio cristiano. Esta será nuestra última sesión juntos. He guardado el material controversial para este momento, porque, vamos a estar viendo el papel del hombre y de la mujer en el matrimonio. Creo que es importante que prestemos atención a este tema tal como se aborda en el Nuevo Testamento debido al gran nivel de controversia que ha rodeado este asunto en los últimos años. Así que, me gustaría dirigir su atención, si me permiten, a la instrucción que recibimos en el capítulo 5 de la carta de Pablo a los Efesios. Voy a empezar en el versículo 21, donde leemos estas palabras, «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Esto suele entenderse como el enunciado que conecta lo que Pablo había enseñado antes en esta epístola con lo que seguirá después.
Algunos ven en este versículo un indicador clave de cómo se debe entender lo que sigue. Dicen que ese versículo nos llama a la sumisión mutua, el uno al otro; entonces, luego menciona que las esposas se sometan a sus esposos, los hijos a sus padres y así por el estilo. Algunos dicen que lo que realmente dice el texto es que todas nuestras relaciones como cristianos, empleadores-empleados, dueños-esclavos, hijos-padres, implica una postura de sumisión mutua. De modo que la forma en que realmente debemos leer este texto es la siguiente, «Mujeres, estén sometidas a sus maridos; maridos, sométanse a sus mujeres». No tengo tiempo ahora para ver todos los tecnicismos que están involucrados en la comprensión y manejo de este pasaje, pero solo déjenme decirles cuál es mi posición al respecto.
Creo que es una distorsión grave de este texto bíblico, que implica lo que llamaríamos una exégesis desesperada. No creo que nadie se inclinaría a tratar el texto de esta manera, si no tuviéramos el tipo de controversia que tenemos en nuestra cultura, en este momento, sobre los papeles de los hombres y de las mujeres, porque si lo aplicamos consistentemente a lo largo del texto tendríamos que decir, «Padres, obedezcan a sus hijos, ya saben; así como Cristo es la cabeza de la iglesia y la iglesia es la cabeza de Cristo» – si revirtiéramos todo, terminaría en una extraña locura y el pasaje no tendría sentido. Más bien, creo, como ha sido el consenso a través de la historia de los intérpretes bíblicos, que, lo que el apóstol está diciendo aquí es que todo cristiano en algún momento está llamado a someterse. Ninguno de nosotros es soberano en sí mismo.
Hay todo tipo de lugares donde debo someterme a la autoridad y al liderazgo de los demás; y hay lugares donde también estamos llamados a ser sumisos. Pero miremos, entonces, a lo que el apóstol nos manda aquí, observemos que él lo introduce diciendo: «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Francamente lo que me aterroriza de la controversia que rodea este texto es que veo a la gente enfurecida diciendo: «¿Quién se cree el apóstol Pablo, diciéndole a las esposas que tienen que someterse a sus esposos y cosas así?» Se enojan tanto por esto y yo digo: «Espera un minuto. Espera un minuto». Si esto fuera simplemente Pablo el apóstol, mostrando su lado machista y su conocimiento humano, entonces sería una declaración de arrogancia suprema y no culparía a ninguna mujer en el mundo por estar indignada por ello. Pero tengan cuidado. Si Cristo es quien Él dijo que era y Él estaba diciendo la verdad cuando dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra».
Es decir, que, si la autoridad de Dios es dada a Jesús y luego Jesús entrega esa autoridad a Sus apóstoles; entonces, con lo que estamos luchando en este texto no es contra las ideas de algún rabino judío, sino que estamos luchando contra la ley de Dios. Si esta es la Palabra de Dios, entonces tenemos que escuchar humildemente, en el temor de Dios. Bueno, habiendo dicho eso, vamos a observar y ver qué pasa con este texto que es tan controversial. En la parte inicial, donde Pablo dice: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor», ahora la segunda frase no molesta a muchas mujeres cristianas, están perfectamente dispuestas a someterse a la autoridad y al liderazgo de Cristo, pero aquí Pablo está diciendo que debe haber una analogía, que una esposa debe someterse a su esposo de una manera análoga a la forma cómo ella se sometería a Jesucristo. Ese es un nivel poderoso de sumisión. Eso es darle al esposo un nivel significativo de autoridad.
La analogía continúa. «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia», de modo que de una forma similar a la que Cristo es la cabeza de la iglesia, el hombre es llamado a ser la cabeza de la esposa, y he visto todo tipo de malabares que los comentaristas hacen con ese texto para sacar un significado por debajo de la manga. Pero el significado obvio de ‘ser cabeza’ en el Nuevo Testamento y en el idioma griego es estar en la posición de preeminencia y en la posición de liderazgo. Lo que entiendo que este texto está diciendo es que en el hogar, el esposo debe ser la cabeza del hogar. Esto no es una licencia para ser tirano. Esto no es una licencia para degradar a la mujer o para tratar a la mujer como una esclava. Pero la responsabilidad de la autoridad final y del liderazgo en el hogar está conferida al esposo. Si una mujer se resiste a eso, si esa interpretación es correcta, obviamente; si la mujer se resiste a eso, ella se está resistiendo a Dios. Es Dios quien da esa directriz. Por esto digo que me asusta cuando oigo a una mujer protestar tan vehementemente contra esto.
Una vez más, si protestan contra mí, está bien. Si están protestando contra otros seres humanos, está bien; pero si la protesta es contra Dios, entonces ese es un asunto muy, muy serio. Ahora, otra pregunta surge inmediatamente y es esta: ¿Debe una mujer, siempre y en toda circunstancia, someterse a su esposo? He visto enseñanzas que se dan sobre el mundo cristiano evangélico que hablan de una cadena de mando y dicen que esa cadena de mando es tan sólida, que una mujer es responsable de obedecer a su esposo, sin importar lo que su esposo le pida que haga. Si el esposo le dice que se involucre en la prostitución, ella debe seguir con sumisión piadosa ese rol. Si el esposo le dice que no puede ir a la iglesia los domingos por la mañana, ella debe abstenerse de ir a la iglesia el domingo por la mañana. Damas y caballeros, eso va en contra de todo lo que la Escritura nos dice sobre la obediencia a Dios.
Sí, hay un nivel de autoridad que Dios delega en las Escrituras. Dios es supremo. Él le delega a Cristo, Cristo le delega a los apóstoles y se nos dice que toda autoridad en este mundo en última instancia proviene de Dios. Estamos llamados a ser sumisos a los reyes y a honrar a los príncipes, a obedecer a los jueces civiles y demás. Pero, en otra parte, la Escritura deja en claro que debemos obedecer a quienes tienen autoridad sobre nosotros solo bajo estas dos condiciones: cuando esa autoridad nos ordena a hacer lo correcto o nos prohíbe hacer lo que está mal. Permítanme decirlo de otra manera: una mujer, o cualquier persona, puede desobedecer a la autoridad cuando sea que esa autoridad le ordene hacer algo que Dios prohíbe o le prohíba hacer algo que Dios manda.
En esas dos instancias, si hay un conflicto entre la autoridad de Dios y el conflicto de la autoridad humana, no solo podemos desobedecer a la autoridad humana, debemos desobedecer a la autoridad humana. Vemos eso en el Nuevo Testamento cuando Cristo le ordena a Sus apóstoles que prediquen el Evangelio. Ellos empiezan a predicar el Evangelio y las autoridades vienen a ellos y les dicen que dejen de predicar el Evangelio; ¿y qué dicen ellos? «¿Debemos obedecer a Dios o debemos obedecer a los hombres?» y la respuesta es obvia. Si hay un conflicto entre lo que Dios manda y lo que el hombre manda, debemos obedecer a Dios.
Entonces, si un esposo ordena a su esposa que se involucre en la prostitución, ella no solo puede desobedecerlo, sino que debe desobedecerlo. Si ese esposo le exige que se abstenga de ir a la iglesia, cuando Dios ha mandado a cada creyente a no descuidar la reunión y comunión entre los santos, ella debe desobedecer a su esposo y estar allí. ¿Pero qué pasa si él le ordena o le prohíbe ir al servicio de los miércoles por la noche? Ella está incomoda, está molesta, decepcionada, etcétera, pero Dios no ordena estar en la iglesia el miércoles por la noche. Esa no es la asamblea semanal de los santos, en ese momento ella debe reconocer el liderazgo de su esposo y ser una esposa sumisa, no una alfombra, sino que debe mostrar su compromiso con Dios y con Cristo en su disposición a someterse, ella misma, al liderazgo de su esposo.
Hay un consuelo aquí para las mujeres, creo que quizás Dios tiene sentido del humor, porque Él dice, «mujeres estén sometidas a sus propios maridos». No es que tengas que someterte al esposo de otra y que cada hombre tenga autoridad sobre toda mujer. Eso no es lo que dice. «Sométanse a sus propios maridos», me gusta la palabra «propio» allí, porque propio, la palabra propio en griego es la palabra idion, de la que obtenemos la palabra «idiosincrasia», que indica las peculiaridades propias de una persona; algo que es único para esa persona. Pero también es la palabra griega de la que proviene la palabra «idiota» en español. Así que, con un poco de flexibilidad en la traducción, podemos leerlo así, donde Dios dice: «Mujeres, sométanse a sus esposos idiotas; es como: Yo sé que son idiotas, pero quiero que, por mí, ustedes se sometan a ellos de todos modos».
Siempre escuchamos en nuestra cultura el mito del matrimonio ‘mitad y mitad’. No se me ocurre nada peor porque en esa situación de ‘mitad y mitad’, donde no hay autoridad final, lo que los seres humanos caídos tienden a hacer en esa situación es enfrascarse en una lucha perpetua de poder donde todos están buscando conseguir el 51% de las acciones para tener el control. Dios soluciona eso. Dios dice que la última palabra, autoridad y liderazgo han sido conferidos al hombre. Ahora, no estoy tan seguro de que eso sea un privilegio, sino más bien una responsabilidad de muchísimo peso. Me gustaría decir algo a las mujeres. Sé que las mujeres han clamado en las últimas décadas, sufriendo por la forma en la que hemos interpretado este pasaje, donde los hombres han comprado el mito de que la única forma en que Dios podría decir a las mujeres que se sometan a sus esposos, es si ellos fueran naturalmente superiores a las mujeres. Eso no es cierto, en lo absoluto.
La sumisión, cuando hablamos de división de trabajo en la Biblia, nunca lleva consigo la idea de inferioridad. Incluso nuestra doctrina de la Trinidad dice que el Hijo se somete al Padre y que el Espíritu Santo está sometido tanto al Padre como al Hijo y ante eso no podemos deducir que se trata de inferioridad o que hay menos dignidad para el Espíritu Santo de la que hay en el Hijo o en el Padre. Así que en el matrimonio no hay menos dignidad ni menos importancia, no hay menos valor para la mujer que para el hombre, y si es el hombre el que enseña eso, entonces eso es una mala interpretación de lo que la Biblia está diciendo; son los hombres los que están distorsionando su papel y lo están usando como excusa para ser tiranos. Eso es lo que ha sucedido y las mujeres han gritado: «¡Basta ya!» Así que, hemos escuchado el lamento de las mujeres y pienso que sí necesitamos escucharlas. Pero mujeres, creo que hay algo que necesitan escuchar de los hombres. La razón por la que quiero mencionar esto es porque los hombres no lo dirán.
Se hicieron algunos estudios psiquiátricos y se descubrió que el hombre estadounidense en promedio tiene 5 veces más pesadillas que la mujer estadounidense. Ustedes dirán, «¿qué tiene que ver eso con esto?» Esto es lo que tiene que ver: el principal, el miedo número uno que aparece en las pesadillas del hombre estadounidense es el miedo a proveer para su familia. No creo que todos, en verdad, entendemos la importancia de eso. También se dice que cuando los hombres se reúnen y hablan en privado entre sí, hablan libremente sobre deportes, negocios y de mujeres; pero no se sentarán allí en un grupo y dirán, «Tengo miedo. No sé si seré capaz de manejar esta responsabilidad». Porque a los hombres se les enseña desde que son niños, que en el momento en que están en esa iglesia frente al pastor y frente a la congregación y dicen, «Tomo a esta mujer para que sea mi legítima esposa», ellos están asumiendo, sienten la responsabilidad, en última instancia, por el bienestar de su esposa y por el bienestar de sus hijos.
Me parece, y no estoy orgulloso de admitir esto, me parece que el punto… una de las cosas que más me preocupan en la vida, es el dinero. El asunto que me preocupa no es si puedo tener suficiente dinero para comprar un auto nuevo. Lo que me preocupa es: ¿tendré suficiente dinero para que, si muero, mi esposa pueda quedar bien? ¿Tengo suficiente dinero para que mis hijos estudien, para que mis hijos tengan con qué comer, para que. . . ? Ya saben. Solo siento el peso de esa responsabilidad, porque eso es lo que la cultura me ha impuesto; pero no es solo esta cultura. Son generaciones de la humanidad, desde el Huerto del Edén en adelante. La mujer fue creada para ser una ayuda idónea, no una sirvienta. Fue creada como la reina del paraíso. Adán es el rey y no es que Eva sea la esclava. Ella es la reina, ella es la pareja, ella es una compañera de trabajo, pero ella es la ayuda idónea. A él se le da la responsabilidad principal, en última instancia, de asegurarse de que el huerto sea cuidado.
Bien, eso puede ser difícil de comprender para una mujer, porque ella dice, «¿Eso significa que no tengo neuronas? ¿Eso quiere decir que no tengo nada?», ¡Por supuesto que no! No puedo pensar ni siquiera en 3 oportunidades, en 25 años, en mi propio matrimonio, en las que mi esposa haya estado de acuerdo con mi entendimiento de este texto. Ella cree que delante de Dios, yo debo ser cabeza del hogar, y estamos en desacuerdo con respecto a decisiones todo el tiempo. Pero ella no es un palo ni una roca, ella es un ser humano y estoy llamado a respetar su juicio. Estoy llamado a respetar su perspectiva. Estoy llamado a respetar su persona y si ella no está de acuerdo con una política en la que creo que debiéramos participar, sería impío de mi parte ignorarla y simplemente decirle: «Oye, las mujeres son para verlas y no para escucharlas». Esa no es la actitud que vemos en las Escrituras.
Nosotros lo conversamos, y yo diría que la gran mayoría de nuestras decisiones se toman en conjunto. Tal vez 3 veces en 25 años hemos tenido un impase donde no pudimos estar de acuerdo. Entonces le dije, «Bueno, cariño, tenemos que tomar una decisión, y yo me hago responsable; así que tendré que pedirte que te sometas». Ahora, soy afortunado, esas tres veces dijo, «Está bien». Pero puedo entender la dificultad en esto, aún así esta es la forma en la que Dios ha ordenado Su creación. «Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo». Por lo que a mí respecta, esa es la parte fácil del pasaje, pero por supuesto la hierba siempre es más verde del otro lado. Creo que a las mujeres les toca desempeñar el papel más fácil. Ojalá solo tuviese que someterme y dejar que mi esposa ejerza la posición de liderazgo y autoridad en la casa. La parte difícil viene ahora.
Escucha lo que Dios le dice al hombre: «Maridos, amad a vuestras mujeres». Ahora, si allí se detuviera, no sería tan malo, pero escucha lo que dice, «amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella». Nunca he conocido a una mujer que dijera que le costaría someterse a la autoridad de su esposo si su esposo fuera Jesús. Ella nunca tendría miedo de ser explotada por Jesús. Nunca sería víctima de un tirano. Nunca sería víctima de abuso. Nunca sería una esposa maltratada. Nunca sería una esposa abusada, ¿verdad? Lo que Dios me dice como esposo y para ti como esposo, es que eres responsable de amar a tu esposa, así como Jesús amó a la iglesia. ¿Cuánto ama Jesús a la iglesia? Pues mira, Jesús es elevado por Dios a la mano derecha del Padre. Eso significa que Él está en el lugar de la autoridad cósmica. Él es responsable de dirigir el universo porque en Él, por Él y para Él son todas las cosas. ¿Entiendes la pesadilla administrativa que significa organizar, operar y administrar el universo todos los días?
Si alguna vez un esposo tuviese una excusa para decir, «Estoy demasiado ocupado con asuntos importantes como para hablar con mi esposa», ese sería Jesús. Pero este mismo Jesús que es responsable de manejar el universo, promete y cumple la promesa, de escuchar toda oración que venga de Su novia. Él escucha a Su novia. Se preocupa por Su novia. Tanto es lo que le preocupa Su novia que Él da Su vida por Su novia. Tiendo a ser más líder que seguidor, porque he encontrado muy pocas personas en este mundo a las que estoy dispuesto a seguir. Pero es emocionante cuando encuentro a alguien a quien admiro lo suficiente y respeto lo suficiente y confío lo suficiente como para seguir. Una cosa es importante para mí antes de seguir a alguien, no quiero seguir a alguien y ser sorprendido. No quiero ser leal a alguien solo para que esa persona me traicione y me dispare por la espalda, en la espalda.
¿Pero puedes imaginar lo liberador que es seguir a alguien que sabes de antemano que está preparado para morir por ti? Esa es la responsabilidad que tengo con mi esposa, que voy a amarla, no solo con abrazos tiernos, sino que debo vivir de tal manera que ella entienda que estoy dispuesto a sacrificar mi vida por ella. ¿Ahora entiendes cómo es que esto funciona para ambos? Es difícil para mí comprometerme con cualquiera, con una mujer, para decir: «Estoy listo para morir por ti, por tu propio bienestar». Es particularmente difícil para mí amar a mi esposa a ese nivel cuando mi esposa está peleándome en cada paso del camino. Pero, por otro lado, es muy, muy difícil para una mujer someterse a un hombre en el que no confía. ¿Qué pasaría con nuestros matrimonios si me tomara mi responsabilidad en serio?
Es decir, «voy a dejar de leer lo que le toca a ella y solo prestaré atención a lo que a mí se me manda a hacer y me ocupo de mis propias responsabilidades y empiezo a amar a mi esposa tal como Cristo ama a Su iglesia. No creo que tendría problemas con la sumisión. Por el contrario, creo que, si ella se dedicara a ser mi ayuda idónea, encontraría en respuesta a eso un amor sacrificial de mi parte y nunca se sentiría oprimida. Realmente creo eso. Realmente creo que eso pasaría. Sé que hace algunos años, un libro que conmocionó al mundo cristiano y tuvo gran éxito, incluso en la sociedad secular, fue el libro de Marabel Morgan, Mujer Total, que hablaba, ya saben, de ser creativa y todas las distintas cosas que hacer con tu esposo – como recibirlo en la puerta arreglada y bien vestida. Esto se convirtió en la broma del momento, a todos los hombres les gustó, pero a las mujeres no.
Todo el mundo –pobre Marabel recibió todo tipo mensajes y llamadas de odio. Se quedó en cama dos días después que el libro salió y lloró por el recibimiento que tuvo. Pero ella hizo una declaración en ese libro, yo lo leí a través de los ojos de un hombre y la declaración en ese libro, Mujer Total, que nunca he olvidado fue – no – fue la declaración…, ella le estaba hablando a las esposas y les dijo, «Mujeres, aquí está el secreto», les dijo, «Sus maridos no quieren su consejo. Quieren su admiración». Ahora, me puedo imaginar a una mujer leyendo eso y enfurecerse. Ella dice, «¡Mira! ¡No valora mi consejo! Todo lo que quiere es que exalte su ego. Todo lo que quiere, es que lo haga sentir como un héroe». Puedo entender cuán degradante puede ser para una mujer leer ese tipo de consejo en un libro. «Oigan, señoras, su esposo no quiere su consejo; él quiere su admiración».
¿Pero adivina qué? Él quiere – no sé si él quiere tu consejo, pero sí sé que quiere tu admiración. Cuando leí eso, dije: aquí hay una mujer que entiende a los hombres, porque los hombres tienen los egos más frágiles del mundo. Lo más frágil en la creación es el ego humano y de los dos egos, creo que el del hombre es el más frágil. Sé que si hablo con mil personas y 999 de ellas me dicen que hice un trabajo estupendo, pero mi esposa me dice, «Mmm, estuvo casi excelente», estaré devastado. Quiero que mi esposa me admire y ella quiere que yo la ame. Ella quiere que yo la valore. Ella quiere que yo la honre y hay un sentido al que Dios me ha llamado – y esto podría ser fácilmente distorsionado – a ser Cristo para ella, no solo para ser su príncipe encantado, sino para ser su sacerdote, porque el apóstol continúa aquí y dice: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra».
Aquí no dice que solo debo limpiarla y rehacerla y cambiarla, sino que debo proteger su integridad y que debo ofrecerla a Cristo al final de nuestra vida y decir, «Aquí está la novia que me diste. No encuentres moretones en ella, por favor. No la encuentres herida a causa de mi tiranía», solo espero que la novia que le presente a Jesús, al final de mi vida, sea una que esté completa. Eso es lo que Él quiere. Esto no es una batalla. Esto no es un concurso de autoridad. Este es ese lugar que Dios creó, que vimos originalmente, donde los dos serían una sola carne. Pablo continúa diciendo, «Este es el misterio, que los hombres amen a sus mujeres como a sus propios cuerpos, porque ningún hombre aborreció su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida». Ese es mi trabajo, sustentarla y cuidarla y, al hacerlo, Cristo es honrado y los matrimonios son perfeccionados.
El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.
Una vez más quisiera darles la bienvenida a esta serie de sesiones sobre el matrimonio cristiano. La última vez estuvimos hablando de los problemas en la armonía y ajustes sexuales dentro del matrimonio, y en esa ocasión mencioné que según las últimas encuestas y sondeos que se han realizado entre los investigadores, la razón número uno, dada en los Estados Unidos, para la ruptura del matrimonio, ha sido el problema del sexo. En esa ocasión dije que desafiaría ese argumento en algún momento de nuestras discusiones, y ese momento ha llegado.
Antes de decir y proponer el desafío, permítanme darles todas las razones que se dan. La razón número uno que nos dan los investigadores es el sexo. El segundo problema más grande, según los investigadores, que destruye la armonía en el hogar, es el dinero; y la tercera razón que se da con frecuencia es el problema de la interferencia de los suegros. Ahora, ciertamente reconozco y concedo que esos tres problemas han causado estragos en los matrimonios en este país. Pero creo que hay algo que es aún más grave en su alcance para herir y destruir matrimonios.
Yo diría que el problema número uno en los matrimonios es la lengua humana. Es lo que nos decimos el uno al otro, lo que creo que contribuye más que cualquier otra cosa a la ruptura de la confianza, la ruptura del amor y la ruptura del respeto entre dos personas en la relación matrimonial. Ese problema puede manifestarse sexualmente, o en el área del dinero; podemos entender cómo esos problemas ocurren, así como la intrusión de suegros; pero no hemos aprendido a dialogar, no solo el uno con el otro a través de la comunicación, sino que a menudo hemos sido crueles y desconsiderados, haciéndonos daño el uno al otro con comentarios imprudentes.
Por el contrario, permítanme leerles una breve sección del Antiguo Testamento que implica una celebración del amor, que se encuentra en el Cantar de los Cantares. El capítulo 4 de Cantar de los Cantares comienza así, el autor dice, «Cuán hermosa eres, amada mía. Cuán hermosa eres. Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; tu cabellera, como rebaño de cabras que descienden del monte Galaad». Ahora, puede que no suene a cumplido decir que tu cabello me recuerda a un rebaño de cabras que se pasean por la ladera montañosa de Galaad, pero en la antigüedad eso, por supuesto, era una expresión romántica, de hecho, era una expresión poética de la belleza.
Luego dice, «Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas tienen mellizas». No dirían eso de mí, no hay dos como tú iguales, pero aquí se describe a la persona como que tiene dientes, así como los mellizos que cada uno es idéntico e igual el uno con el otro. «Y ninguna de ellas ha perdido su cría», es decir, no hay huecos entre los dientes. «Tus labios son como hilo de escarlata, y tu boca, encantadora. Tus mejillas, como mitades de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes. Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti».
Ahora, la tradición dentro de los grupos cristianos dice que lo que encontramos en Cantar de los Cantares es una forma simbólica de expresión extendida, una alegoría del amor perfecto de Cristo por Su iglesia, que lo que tenemos aquí es un canto espiritual que celebra el amor que Cristo tiene por Su novia. Queridos amigos, creo que eso representa más de lo que podría señalar, la distorsión y la intrusión en la fe cristiana de la postura griega de la que les hablé, la cual ve la atracción y el amor físico como algo que es intrínsecamente malvado. Yo diría, solo de paso, pues no hay tiempo para defender eso desde una perspectiva académica. Es simple, no hay justificación alguna para interpretar Cantar de los Cantares solo como una alegoría del amor de Cristo por la iglesia. Lo que tenemos aquí es una canción de amor divinamente inspirada, donde el Espíritu Santo está celebrando el romance entre dos personas. Creo que eso es fantástico.
Ahora, debido a que este tema nos incomoda, tenemos que reinterpretarlo y sacar de ahí una lección espiritual. Pero piensa en esto: para que esto pudiera calificar como una alegoría del amor espiritual, primero tendría que ser aceptable a Dios por el contenido que tiene. Así que, ¿por qué no lo tomamos por lo que dice? Pero lo que quiero que veamos aquí, es que, en esta expresión de amor divinamente inspirada, la relación verbal entre el hombre y la mujer es de cumplidos. No escuchas en esta canción de amor, en esta celebración del romance, al hombre diciéndole a la mujer, «¿Por qué no haces esto?» o la mujer diciéndole al hombre, «Siempre llegas tarde, nunca lograrás nada por ti mismo». En otras palabras, la lengua está siendo usada para honrar a la pareja.
En el Nuevo Testamento se nos dice que la lengua es un pequeño miembro que se jacta de grandes cosas y tiene la capacidad de, con solo una chispa, incendiar bosques enteros, que la lengua es el miembro más destructivo del cuerpo humano. Con ella alabamos a Dios, pero con ella también traemos maldiciones el uno al otro. Recuerdo cuando era niño que había un chico en nuestra comunidad que era un hostigador y él solía burlarse de mí. Solía ir a la calle a jugar con los chicos y él decía, «Aquí viene el dientón». Así se burlaba de mis dientes, eso me afectó mucho. Él era mayor que yo y yo, quería ser aceptado por los niños mayores, poder jugar con ellos. Cada vez que yo aparecía, este mismo chico seguía hablando de mis dientes grandes.
Un día llegué a casa llorando y mi madre me encontró en la puerta posterior. Me dijo, «¿Qué pasa?» Y yo le dije, «Esto y el otro y me volvió a decir dientón». Mi madre sintió lástima por mí, ella intentó ayudarme a lidiar con este tipo de cosas que le sucede a todos en la vida. Ella me dice, «Hijo, déjame decirte cómo responder cuando alguien te dice algo que no es muy agradable. Solo diles: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Yo dije: «Ok, eso suena bien». Así que volví a salir, llegué a la calle y aquí viene el mismo chico, me dijo: «Aquí vienen los dientes gigantes otra vez». Lo miré y le dije: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Y yo pensaba en mi cabeza, «Esa es una mentira, porque sí me duele» y descubrí que lo que mi madre me dijo no era verdad.
Una vez me rompí la cabeza en una roca. Había sangre por todas partes. Llegué a casa, pensé que iba a morir. Vino el doctor y tomó unos sujetadores y los apretó en la parte superior de mi cabeza y en un par de días, yo estaba bien. En otra ocasión, un tipo viene, me rompe el brazo, me ponen un yeso y seis semanas después mi brazo está bien. Pero un insulto, una palabra desconsiderada, puede penetrar donde ninguna piedra puede llegar, o donde ningún palo puede tocar, porque puede llegar al alma. Tuve una experiencia en consejería, la cual es mi ilustración favorita sobre esto.
Una mujer vino a verme porque su matrimonio estaba en problemas. No pude evitar notar, cuando esa mujer entraba a mi oficina, que era una mujer extraordinariamente atractiva. Ella realmente lo era. Y comenzó a contarme sobre los problemas que estaba teniendo en su matrimonio y luego me contó toda su historia y dijo que no podía responderle a su marido porque sabía que no era atractiva. Pensé, «Oh, no. Aquí estoy otra vez. Igual que mi madre». Mi madre solía ir a comprar su ropa en una tienda en el centro y en un centro comercial y luego iba al salón de belleza y luego entraba en la casa con el aspecto de Lady Di, recién salida de la revista ¡Vanidades! o algo así, y decía: «Ay, me veo horrible esta noche». Y nosotros decíamos siempre, «Ay, ¿vas a insistir con eso, mamá?», porque ella estaba buscando cumplidos. Porque mi respuesta se suponía que debía ser, «Ay, no mamá, te ves increíble. Eres la madre más hermosa del vecindario».
Entonces, cuando esta mujer me dijo eso en el salón de consejería, que no podía responder a su marido porque sabía que no era lo suficientemente atractiva, quería decirle: «Basta, señora. No juegue conmigo». Pero esta vez me di cuenta de que ella hablaba en serio. Así que empecé a explorar su pasado y esto es lo que dijo. Ella dijo que cuando era una joven adolescente, entrando a la adolescencia, luchó con su apariencia por varias razones. Lo primero que le afectó fue el acné adolescente, acné de jovencita, granos, bien, y tuvo que ponerse una crema en la cara todas las noches. Además de eso, cuando le salieron sus dientes adultos le salieron todos torcidos y por lo tanto sus dientes se veían raros, y ella era una de las primeras chicas de su clase en tener que usar lentes, su medida era tan fuerte que sus lentes eran como el fondo de una botella.
Así que aquí está esta chica andando, con frenillos en los dientes, crema para los granos, lentes de fondo de botella con los que va mirando a su alrededor mientras está caminando, no es muy bonita, ¿cierto? Sin embargo, al mismo tiempo, la naturaleza la dotó de un cuerpo muy hermoso. Ella fue una de las primeras en desarrollarse y los chicos se dieron cuenta. Un día ella estaba caminando por el patio de la escuela cuando tenía 13 o 14 años y el joven que era el súper atleta y el chico famoso en el campus la vio venir, él se rio y le dijo a otro dentro de su grupo: «Miren a fulanita si pones una bolsa sobre su cabeza, ella sería genial».
¿Qué pasó en los años siguientes? Los frenillos hicieron su trabajo, sus dientes se enderezaron, superó al acné adolescente, los lentes de contacto reemplazaron los lentes de botella de vidrio y el patito feo emerge como una hermosa joven. Todos los que la vieron notaron su belleza, excepto ella. O sea, 25 años después, todavía estaba convencida de que todo lo que le faltaba para ser una buena esposa, era una bolsa sobre su cabeza. La lengua humana puede devastar a otra persona.
Una vez estuve en un aeropuerto y buscaba algo para leer, estaba viendo los libros de bolsillo y vi este libro que me llamó la atención y el título del libro simplemente fue Crítica. Lo tomé del estante, lo miré y no pude reconocer el nombre del autor, y la editorial nunca la había oído. Abrí las páginas, el papel era papel barato y la impresión estaba en líneas onduladas y pensé: «Esta es una imprenta sencilla, alguien lo imprimió en su sótano», pero como no tenía nada más que leer, entonces compré el libro y lo llevé al avión. El libro comenzó con una historia en la que este hombre contaba sobre su visita a la ciudad de Nueva York, ese fue su primer error y decidió conocer la ciudad de noche. Ese fue el error número dos. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando decidió entrar por un callejón por la noche, en la ciudad de Nueva York.
Entonces, así empieza caminando por este callejón en la noche, en Nueva York, cuando llega a la mitad del callejón y hay luna llena, ve a dos tipos salir por detrás de la basura con cuchillos brillando a la luz de la luna y empiezan a caminar hacia él. En este punto, el autor interrumpió su propia narrativa y le dice al lector: «¿Qué crees que hizo este hombre en esa circunstancia? ¿Qué harías tú?» Si fueras algo inteligente, ¿qué harías? ¡Corre, corre tan rápido como puedas! Quiero decir, si vieras a dos tipos caminando hacia ti, con cuchillos, en la ciudad de Nueva York, en un callejón y pudieras salir corriendo de ahí, eso es lo que harías, ¿verdad? La auto preservación, es un instinto natural. Dijo, sabemos que tenemos que huir de eso, pero no sabemos cómo huir de esto.
¿Qué haces cuando alguien se te acerca y te dice: «Me gustaría hacerte algunas críticas constructivas?». La Biblia nos dice, y es parte de la introducción a este programa, que debemos decir la verdad en amor. Cuántas veces has tenido a un amigo cristiano que se acerca y te dice: «Hermano o hermana, quiero decirte algo en amor». El mejor consejo que puedo darte es que si alguien se te acerca y te dice que quiere decirte algo en amor, lo mejor que puedes hacer 95 veces de 100 es dar la vuelta y correr, corre por tu vida. Existe tal cosa como la crítica constructiva, lo sé y no sé cuáles son los porcentajes exactos, pero mi mejor apuesta es que al menos 95 de cada 100 críticas que recibes y oyes de la gente, son críticas destructivas y no se hacen en amor.
Pero se nos ha enseñado toda la vida que aceptemos las críticas con gratitud. Le damos a la gente licencia para criticarnos. Cuando alguien se acerca y te dice, «Hermano quiero decirte algo en amor», y te clavan el cuchillo, como cristianos, esto es lo que se supone que tenemos responder, «Ay, gracias. Necesitaba escucharlo. Eso realmente va a ayudarme en mi santificación y si realmente me amas, hazlo de nuevo. Húndelo todavía más para que yo pueda crecer en el Espíritu», mientras te matan. Cuando si tuviésemos un poco de cerebro, nos daríamos la vuelta y correríamos. Una vez más, hay formas y maneras de experimentar críticas constructivas y todos las necesitamos.
Recuerdo que cuando escribí un libro hace unos años para la editorial Harper and Row, se lo entregué a mi editor y me lo devolvieron después de que él lo editó y conté más de diez mil correcciones que había que hacer. Eran cambios menores, una coma aquí y allá, pero miré y – mi manuscrito regresó con tanta tinta roja en él, que parecía un árbol de Navidad. Yo estaba tan deprimido, y luego recordé algo que alguien me había dicho, una señora me había dicho una vez, «R.C., nunca dejes que nadie te diga que no puedes escribir». Una experiencia que tuve allí sucedió así, un consultor vino a mí y me dijo, «R.C., quiero que escribas en un pedazo de papel los 5 elogios más significativos que hayas recibido en tu vida».
Entonces dije, «Bueno, ese es un ejercicio divertido, ¿no? Es decir, puedo sentarme aquí, recostarme y tratar de recordar cosas bonitas que la gente dijo de mí». Me esforcé por recordar. Todo el mundo ha tenido al menos 5 cumplidos en su vida, entonces escribí los primeros 5 que vinieron a mi mente… y me sorprendió mucho lo que vi. Si ese hombre hubiera venido y me hubiera dicho, «R.C., anota en un papel, las 50 personas que han tenido la influencia más positiva en tu vida», no sé qué nombres habría escrito para completar esas 50 personas, pero sé que nunca hubiera soñado con incluir a esta mujer, cuyo nombre apareció dos veces en esa primera lista de 5 cumplidos.
Era mi profesora de inglés de 8vo grado. Nos había dado una tarea, la más memorable; , nos había dado la tarea de escribir un ensayo descriptivo. Fue nuestra primera experiencia con la escritura creativa. Así que escribí este pequeño ensayo que inventé sobre una montaña, lo entregué, ella llevó los papeles a su casa. Cuando los calificó, los trajo de vuelta. Los iba a entregar a toda la clase y repartirlos cuando dijo, «Alumnos, ahora vamos a repartir estos papeles, pero antes de hacerlo, quiero leer uno a toda la clase» y leyó mi artículo a toda la clase, y luego, cuando terminó fue a la pizarra de anuncios que estaba por encima de la pizarra negra, tomó un alfiler y puso mi ensayo en la pizarra de anuncios.
Tienes que entender que este era el 8vo grado y por lo general lo único que subió en ese panel de anuncios en nuestro salón de clases fueron obras de arte, y yo sólo obtenía D’s en primer grado. Fui terrible. Sé que fui el único chico de toda esa clase que nunca tuvo ningún trabajo de arte en esa pizarra. O sea, era realmente malo y me daba cuenta de ello. Pero ahora en 8vo grado, no fue algo que dibujé, sino algo que escribí fue lo que llegó a la pizarra de arte. En ese papel decía, «A+, no dejes que nadie te diga que no puedes escribir». ¿Tienen idea de cuánta gente ha intentado decirme que no puedo escribir? ¿Saben cuántas personas han tratado de disuadirme de hacer lo que quería hacer artísticamente con un lapicero? Me he aferrado hasta el alma, algunas veces hasta he tomado con mis uñas aquella amable declaración que esa mujer me hizo porque creía en su cumplido.
Sé que lo dijo en serio y confié en su autoridad. Ese sería un buen ejercicio para ti. Es decir, si realmente quieres averiguar sobre ti mismo, vete a casa y haz lo mismo. Anota los 5 elogios más significativos que crees haber recibido. Luego, cuando termines, si quieres hacer un ejercicio de terror, dale vuelta a la hoja y anota las 5 críticas más dolorosas que hayas recibido y quién las ha dicho. Eso te dará acceso directo al centro de tu propio dolor emocional, el lugar donde estás sufriendo y te sorprenderás, estoy seguro, al ver lo que aún estás cargando en tu vida; comentarios que la gente hizo hace años, años, años y años y que todavía te paralizan y todavía te duelen. Entonces, recién empezarás a ver el poder de la lengua humana. Tenemos que entender eso, porque lo que nos decimos el uno al otro en el matrimonio es lo que crea el ambiente de confianza, de intimidad y de amor.
Cuando me casé con mi esposa, juré cuidarla. Sé que las mujeres de hoy no quieren que las pongan en un pedestal, porque sienten que así son cosificadas; son objetos y cosas así. No estoy seguro de entender todo eso porque soy un hombre y no estoy seguro de que entienda a las mujeres. Nunca entenderé a las mujeres. ¿Ok? Pero nunca he conocido a una mujer que no quisiera ser apreciada. Nunca he conocido a un hombre que no quiera ser apreciado, y lo que digo con mi boca es lo que comunica cuánto aprecio a mi esposa. Por supuesto que lo que hago también comunica, pero nada puede destruir más rápido, su sentido de ser apreciada, que un comentario cruel, desconsiderado y cortante que sale de mi boca.
La Biblia nos dice una vez más, que en cualquier tipo de relación saludable, no solo entre esposo y esposa, sino también con amigos y compañeros, es que estamos llamados a edificarnos unos a otros, a fortalecernos unos a otros, a no separarnos unos a otros. Pero lo que pasa en un matrimonio es que nos enojamos el uno con el otro y tú me dices algo que duele.
¿Cuál es mi respuesta natural? Fuego con fuego, herida por herida, represalias, contraatacar y muy pronto se convierte en una guerra y luego decimos estas terribles palabras, «Cariño, no quise decir eso» y ella desea decir, «¿Entonces por qué lo dijiste?».
¿Saben qué? La Biblia dice que hay ciertas cosas a las que no puedes dar marcha atrás: la flecha lanzada, una vez tiras hacia atrás el arco y sueltas esa cuerda y la flecha comienza a volar, no puedes llamarla de vuelta. E incluida en esa lista de la Biblia está la palabra hablada. Una vez lo digo, puedo disculparme por ello, puedo fingir que exageré, pero lo dije y ella lo escuchó y ahora está almacenado; podría estar haciendo daño por otros 30 años. Pero donde hay amor, hay bondad. Y cuando hay bondad, hay un deseo de hacer lo que Cristo nos ha dicho que hagamos, presentar a nuestras novias a Él sin mancha, estar dispuestos a dar nuestra vida para honrar a quien amamos.
Soy un hombre que está en el ojo público y tengo mujeres que se me acercan de vez en cuando, mueven sus pestañas y me dicen «Ay, eres tan lindo» y todo eso. Me miro al espejo, sé que eso no es cierto. Pero empiezan a jugar estos juegos, entonces puedo responder en una de dos maneras. Puedo responder y dejarme halagar por eso y, por lo tanto, ser tentado; o puedo verlo como una amenaza a lo que amo. La adulación es vana. Incluso tenemos la expresión, de halagos no se vive. Con esto no le estoy diciendo a las parejas que se mientan unas a otras sobre sus talentos y sus fortalezas. Decirle a tu esposa que es una gran cocinera cuando es una pésima cocinera no es de lo que estoy hablando. Ella sabe que es una pésima cocinera y no confiará en ese cumplido si le dices que es una buena cocinera cuando no es una buena cocinera.
Pero cuando un cumplido es auténtico, es creíble; cuando te tomas el tiempo para encontrar algo de valor en tu pareja y cristalizarlo, ponlo en palabras y dile – dile – de lo que te has dado cuenta. Cuando nos honramos unos a otros de esa manera, podemos sanar el daño que nos hemos hecho. Los psicólogos nos dicen que se necesitan 9 cumplidos auténticos para superar el dolor de una crítica. Así que tenemos que ser lentos para hablar y herir, y mantener nuestra ira a raya, para que esa lengua no le prenda fuego al bosque.
Vamos a analizar el problema que las investigaciones muestran como la razón número uno que la gente da para el quiebre y ruptura del matrimonio; y como ustedes lo imaginarán, el problema número uno en Norteamérica para los pleitos y la disolución de los matrimonios en Estados Unidos es: el sexo –la falta de armonía, la falta de comunicación, la falta de intimidad y la adaptación a las dimensiones sexuales del matrimonio. Eso puede parecer como una sorpresa para nosotros, dado que en las últimas décadas hemos pasado por una explosión, no solo en el interés, sino en la literatura de las relaciones sexuales y su armonía.
Pueden ir a cualquier tienda de libros, a la sección de autoayuda de la librería, o incluso a secciones separadas sobre sexo y matrimonio, y encontrar docenas de manuales de matrimonio, libros de instrucciones y consejería sobre cómo tener una gran vida sexual en tu matrimonio. Pero aún así, todavía estamos experimentando problemas graves de armonía sexual en el matrimonio. También tengo que decir en este punto, que aunque la investigación indica que esta es la razón número uno para la ruptura de los matrimonios en nuestro país, personalmente no creo que sea la razón número uno. Creo que es la razón número uno que la gente dice, pero creo que hay una razón subyacente más profunda aún que la dimensión sexual, la cual veremos en otra sesión. Pero como esta es una que tiene a la gente muy, muy preocupada, creo que tenemos que pasar un poco de tiempo en eso.
Uno de los mayores problemas, por supuesto, que enfrentamos al adaptarnos a la dimensión sexual del matrimonio, en especial como cristianos, es hacer la transición de vivir en una condición de vida en la que hasta llegar al matrimonio, Dios nos decía: «No», y luego, de repente, se espera que entremos en una relación donde lo que una vez estaba prohibido, ahora no solo está permitido, sino que, en términos bíblicos, se nos ordena. Eso es muy difícil de entender para muchas personas, que lo que está prohibido en un contexto está ordenado por Dios de manera absoluta dentro del vínculo del matrimonio. Ahora, la iglesia ha luchado durante siglos con esa dimensión. La semana pasada, por ejemplo, estaba leyendo un ensayo del gran teólogo, San Agustín, que es uno de mis escritores y teólogos favoritos de todos los tiempos.
En ese ensayo, en particular, estaba argumentando que la única justificación moral para el matrimonio –para las relaciones sexuales dentro del matrimonio– es con un propósito específico de concebir y tener hijos. Es decir, Agustín no vio lugar dentro del matrimonio y la relación matrimonial para el disfrute del sexo como un vínculo físico, que implica placer físico entre un esposo y una esposa. En otras palabras, era una especie de mal necesario por el que uno tenía que pasar para propagar la especie. Ahora, estoy convencido de que ese punto de vista, que incluso el gran San Agustín defendió, es uno que no se encuentra en la Escritura, sino que tiene sus raíces en antiguas creencias griegas y orientales que depreciaron el valor de cualquier cosa física.
Sabemos cuál es el pecado del materialismo en este mundo, donde las personas buscan toda la vida y todo su significado a través de cosas físicas, a través del dinero, la comida, el vino, mujeres y música, a través de la satisfacción del cuerpo, y llamamos a eso materialismo. Sabemos que eso es una distorsión de la realidad que Dios ha hecho y a veces al contrarrestarlo nos vamos al otro extremo y caemos en el error de lo que se puede llamar espiritualismo, donde lo único que tiene valor es la dimensión espiritual, el alma. Pero creemos en un Dios que hizo un mundo físico, que hizo al hombre, no solo como un espíritu desencarnado, sino como una persona que tiene un alma y un cuerpo; y el Nuevo Testamento, por ejemplo, en la enseñanza de Jesús, muestra una profunda preocupación por el bienestar material del hombre, estamos llamados a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a dar refugio al que no tiene hogar.
Esas son preocupaciones físicas y entonces, aún el apóstol, nos dice que el cuerpo del hombre le pertenece a la mujer en el matrimonio y el cuerpo de la mujer le pertenece al hombre; y no debemos privarnos el uno al otro. Así que, no encontramos esta visión negativa de la dimensión física de nuestra humanidad en las Escrituras. Pero Dios es muy claro sobre el contexto en el que el sexo se puede disfrutar. Recuerdo, no hace mucho, que hice un estudio de cómo el Nuevo Testamento aborda el tema del sexo y simplemente aislé esos pasajes en el Nuevo Testamento donde Jesús y los apóstoles hablan sobre el sexo; y en mis estudios, fui a lo que se llama el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, que fue producido por un grupo de estudiosos alemanes que no tienen nada de cristianos evangélicos y no son para nada conservadores en su forma de ver las cosas.
Y el estudioso específico que había hecho su análisis de la postura del Nuevo Testamento sobre el sexo, llegó a esta conclusión, a pesar de que él mismo no adoptó la posición: «No podemos negar que el Nuevo Testamento enseña claramente que a la vista de Dios, el sexo premarital y el sexo extramatrimonial, son ofensas graves contra Su santidad», de modo que el apóstol, por ejemplo, nos dice que nunca, nunca, nunca; debemos ser hallados en fornicación. Si lees a los apologistas del siglo I, a finales del siglo I y hacia inicios del siglo II, cuando tratan de defender la fe cristiana contra los ataques provenientes de círculos paganos, no solo defienden filosóficamente las afirmaciones de la verdad del cristianismo, sino que dicen: «Si realmente quieres ver de qué se trata el cristianismo, mira nuestras vidas» y él dijo: «Examina el comportamiento moral de los cristianos. Examina nuestra comunidad. Ve si encuentras adulterio. Ve si encuentras fornicación». Imaginen eso.
Nunca me enfrentaría hoy a un secularista del siglo XX y le diría: «Si quieres ver pruebas de la fe cristiana, mira el comportamiento sexual de los cristianos», porque los cristianos están tan atrapados en el adulterio y la fornicación, en algunos casos, tanto como los incrédulos. Pero si vemos el Nuevo Testamento, encontramos esa prohibición. Es tan severa, que forma parte de los Diez Mandamientos. «No cometerás adulterio». Ahora, esto no se debe a que Dios esté en contra del placer o que Dios esté en contra de la realización humana, sino que, Dios entiende la santidad de esa intimidad, que se da cuando dos personas pueden estar desnudas y sin vergüenza dentro del contexto del matrimonio.
Así es que Dios no está diciendo que el sexo está mal. Él lo crea. Él lo ordena, pero Él lo regula. Él dice, «En esta circunstancia no es bueno. No lo permito aquí. Es destructivo. En esta circunstancia es hermoso. Es expresivo. Es parte de lo que he hecho para tu disfrute». Así es como los cristianos tenemos ese problema al hacer la transición. Bueno, ahora que la transición ya pasó. Entonces, ¿qué problemas descubrimos en términos de satisfacción sexual en el matrimonio? Los dos mayores problemas que encontramos en el matrimonio con respecto al sexo son, en el caso de los hombres, la impotencia – ¿lo deletreé bien? – y en el caso de las mujeres, usamos términos como frigidez. Esos términos me molestan porque ninguno de ellos es preciso en términos absolutos. Nadie es absolutamente impotente y nadie tiene absoluta frigidez.
Estos términos representan una gama, grados que se refieren a cuán libres nos sentimos para expresarnos sexualmente en la unión matrimonial, por lo que tenemos que pensar en términos de grados de impotencia o grados de frigidez. Ahora la impotencia, por supuesto, solo significa una falta de fuerza o una falta de poder. La palabra frigidez es un término interesante porque sugiere frialdad. Sugiere que alguien está congelado. Lo que ambos términos están describiendo es un cierto nivel de parálisis en la actividad sexual. Lo que hemos estado pasando por alto en matrimonios saludables es el problema de la parálisis sexual, y se ha vuelto tan significativo que ahora vemos clínicas que surgen en todo Estados Unidos, dirigiendo la atención médica a una investigación científica de lo que se llama disfunción sexual, con el fin de ayudar a quienes tienen problemas que están destruyendo sus matrimonios.
El problema es serio, lo tengo que decir, son pocas, si es que hay, las clínicas cristianas notables que investiguen la disfunción sexual, porque si alguien debe ser consciente de lo grave que es esto en los matrimonios, esa debe ser la iglesia. El pastorado tiene que lidiar con eso todos los días y tenemos muy pocos recursos a los que podamos orientar a las personas que tienen problemas serios como ese y que puedan asistir sin comprometer sus propios sistemas de valor y ética cristiana. Pero necesitamos ayuda para hacer frente a estas formas de parálisis. Ahora, cada vez que encuentro una forma de parálisis, busco de inmediato una de dos cosas. Hay dos cosas en nuestras experiencias emocionales que contribuyen una y otra vez a todo tipo de parálisis y son – las escribiré en la pizarra – miedo y culpa y estas dos, por cierto, a menudo están muy relacionadas.
Solemos decir que alguien está paralizado de miedo, congelado de miedo. Se detiene en su andar. No puede moverse. No puede gritar. Duda. El miedo paraliza, por lo que descubrimos que en problemas sexuales hay una enorme cantidad de miedo en el dormitorio cristiano. ¿En qué consisten esos miedos? ¿A qué le tememos? Bueno, hay muchas cosas. Creo que, tanto en el caso de la impotencia como de la frigidez, uno de los elementos más significativos del miedo es el miedo a cómo nos desempeñamos. Esta es una de las consecuencias al problema de la explosión de la literatura sexual, donde ahora abunda el mito de que para que alguien sea sano y normal, tiene que ser capaz de tener súper sexo, tanto la mujer como el hombre. Tenemos todas estas imágenes, que son imágenes mitológicas, que Hollywood muestra, del súper atleta sexual masculino y la mujer que es una modelo de pasarela, ya saben. Simplemente no es cierto, pero no se le puede decir eso a esa persona cuando está entrando en la relación y están sintiendo la presión para desempeñarse bien.
El año pasado vi una lista de las diez fobias más comunes de los estadounidenses. ¿Sabes cuál era la fobia número uno en los Estados Unidos? No sé dónde estaba la muerte. El miedo a la muerte llegó 4 o 5, en algún lugar de la lista. Me sorprendió. ¿Sabes cuál era la fobia número 1 en los Estados Unidos de América? Miedo a ponerse de pie frente a un grupo y hablar. Eso es lo que asusta a más gente que cualquier otra cosa, damas y caballeros, puedo identificarme con eso. Todos ustedes han vivido la situación en la que alguien se levanta para hablar y abre la boca, pero nada sale porque han sido paralizados por su miedo. Cuando siento miedo a hablar no es porque voy a enseñar lo incorrecto o porque voy a olvidarme las palabras, sino es por la presión para hacerlo bien. Uno pensaría que cuanto más hables, más fácil se le hace a uno hablar.
En cierto sentido, sí; pero cuanto más hablas, alcanzas una reputación por cómo hablas y mayor es la expectativa del público, y mientras mayor sea la expectativa, más presión hay sobre ti y más presión, de hecho, creo que pararé ahora mismo y saldré de aquí porque no lo soporto. Saben, casi estoy ahogado. Hablamos de ahogarnos y ahogarse es una parálisis del cuello traída y provocada por el miedo. Lo vemos con los atletas bajo estrés porque tienen miedo de no rendir al nivel de la expectativa que se espera de ellos. Bueno, nuestra relación sexual no está en exhibición. Nadie está llevando la cuenta. Es para la intimidad de dos personas que están involucradas y debe afianzarse sobre la base del amor; eso no significa solo un sentimiento emocional. Eso significa un fundamento donde el sexo no es arrancado de la relación de amor, sino que el sexo se convierte en una expresión del amor. Escucho a la gente decir, «Tuvimos sexo dos veces la semana pasada», como si el sexo fuera algo distinto al amor. El sexo fue simplemente una actividad física.
Bueno, para los hombres – parece más fácil – separar el sexo del amor. Eso es lo que las investigaciones indican, que los hombres pueden disfrutar del sexo sin amor. Es por eso que existen las prostitutas y es por eso que es la profesión más antigua, para que los hombres puedan tener placer sin amor y cada mujer lo sabe. Cada mujer duda cuando el hombre dice: «Te amo», porque al traducirse, la mujer escucha: «Quiero sexo contigo y para tener sexo contigo, tengo que decirte que te amo». Se espera que la mujer, entonces, muestre su amor por su marido, no dándole amor, sino dándole sexo y eso acumula resentimientos y mala comunicación que estrangula y paraliza la relación.
Pero si el sexo es una expresión de amor, y entiendo que mi esposa está comprometida conmigo y ella entiende que la amo, entonces la presión para desempeñarse disminuye. Mientras más demuestro mi amor, más libre se sentirá mi esposa para relajarse sexualmente. Mientras más me demuestre amor mi esposa, más podré vivir sin miedo porque es el perfecto amor, dice la Biblia, el que echa fuera el temor. ¿Qué otras cosas están involucradas en el temor al sexo? Una de las cosas que cada vez son más evidentes en nuestra sociedad, en especial para la mujer, es el miedo a ser lastimada físicamente. El maltrato a la mujer no es solo una rara incidencia en nuestra sociedad. No puedo decirles cuántas mujeres he tratado en consejerías que han sido maltratadas como esposas o cuando eran niñas. Han sido abusadas sexualmente. Han resultado heridas. Los hombres han utilizado su fuerza para obligar a las mujeres a someterse a sus insinuaciones y ellas tienen miedo de ser lastimadas físicamente.
También oímos hablar del hombre que es tosco, pero no tierno. Juntas a mujeres y les preguntas: «¿Cuáles son las cualidades que quieres en un esposo?» Sí, quieren que sean seguros; sí, quieren que tengan confianza; pero también ponen muy alto en la lista, la sensibilidad. Uno de los mayores problemas de madurez sexual en nuestra nación es la falta de sensibilidad masculina en el acto del amor. Él tiene que probar su hombría viviendo el viejo mito cavernícola, el cual lastima físicamente a la mujer. No es de extrañar que ella no quiera estar involucrada en el sexo más a menudo, dado que es una experiencia dolorosa para ella en lugar de algo tierno y amoroso. Tenemos que recordar que el miedo al dolor puede ser una fuerza paralizante.
Bueno, hay otros miedos. Hay miedo a ser descubiertos, ese es uno muy real. He hablado con innumerables parejas donde la mujer dice, por ejemplo, que disfruta mucho más de la relación sexual, disfruta de la relación sexual con su esposo cuando están lejos de su casa, cuando están de vacaciones en un hotel o algo así, donde estén solos. Empiezas a explorar eso, empiezas a ver que ella tiene miedo, o puede ser que él; podría ser el hombre, que tiene miedo de que los niños entren, o los escuchen, o lo que sea. Así que una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu matrimonio es una cerradura a la puerta de tu dormitorio. Una vez más, este es el lugar donde puedes estar desnudo y sin vergüenza, pero no vas a estar desnudo y sin vergüenza si en cualquier momento entra alguien, porque tu hija no es tu esposa, el vecino de al lado no es tu esposo; y si la gente tiene miedo de que alguien los vea, entonces están inhibidos. Y luego la pareja toma eso como un acto de rechazo personal.
El miedo al embarazo es otro temor importante y podríamos seguir enumerando estos temores que la gente tiene y que los inhibe. Es aquí donde necesitamos comunicación, donde el esposo y la esposa necesitan hablar, tenemos que expresarnos el uno al otro ¿a qué le tienes miedo? ¿Tienes miedo de algo? ¿Cómo puedo ayudar? No voy a ayudar a mi esposa obligándola a hacer cosas a las que ella teme. Ahora el segundo es el que casi nadie habla: la culpa. Me gustaría expresar un patrón que me resulta familiar en la consejería matrimonial. Cuando un hombre entra a mi oficina y me dice, ya saben, «Quiero divorciarme de mi esposa. Nuestra relación se ha deteriorado, ella ya no me responde sexualmente y todo eso», le hago la siguiente pregunta directamente, directo y sin titubear, «Dime, aquí en la privacidad de la oficina, ¿tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?»
Ahora, mi experiencia en consejería no puede ser una prueba suficiente de todo el universo, como para darte un porcentaje que cubra toda la nación, pero te contaré mi experiencia. No sé a cuántos hombres les he hecho esta pregunta, ¿cien? A cada hombre que he aconsejado sobre esta pregunta, le he preguntado, «¿Tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?», cada uno de ellos me dijo que sí. Todos. El esposo virginal es casi inexistente, así como la esposa virginal. Así que, después de que me dijeran esto, que sí tuvieron relaciones sexuales con su esposa antes de casarse, les hago esta pregunta: «En tu opinión, ¿tu esposa era más receptiva sexualmente o menos receptiva sexualmente antes de casarse?» Sus ojos se iluminan y dicen, «Ella era más receptiva antes de casarnos» y me mira como si yo fuese un médico brujo que hace vudú. Él dice, «¿Cómo sabías eso?», «Lo sé porque lo he oído tantas veces, por eso estoy haciendo la pregunta».
¿Por qué tantos hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas hacia ellos, les correspondían, antes de casarse que después de casarse? ¿Es porque simplemente han idealizado los viejos buenos tiempos? Puede ser. ¿Es porque el sexo era más emocionante como novedad de lo que se ha vuelto ahora a lo largo de los años? Esa es otra posibilidad y hay una tercera posibilidad, de que la mujer solo puede responder cuando se encuentra en una situación tabú, cuando le es permitido desenvolverse sexualmente se aburre y no le importa. Hay todo tipo de razones que explicarían por qué los hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas antes, pero un factor que tenemos que considerar aquí: es que puede ser cierto. De hecho, sí puede ser que la mujer fuese más receptiva y de repente sea menos receptiva, puede que lo sea porque llevó al matrimonio toda carga de culpa y resentimiento, porque el marido la manipulaba y persuadía para hacer lo que estaba tratando de no hacer antes de casarse.
Ahora ella lleva ese resentimiento, pero lo que es peor, sigue cargando la culpa. ¿Qué haces en un caso así? Bueno, de nuevo, podemos recibir todo tipo de terapia médica del mundo, de consejeros seculares y de ministros, y la terapia habitual en nuestros días es algo como lo siguiente: Tienes que entender que lo que hiciste antes de casarte estaba bien. Todo el mundo lo hace. El Informe Kinsey, el Informe Chapman indican que la abrumadora mayoría de la gente lo hace y dado que la abrumadora mayoría de la gente lo hace, eso indica que es normal y si es normal, es saludable. Y esto es solo parte de tu proceso de maduración para convertirte en un ser humano responsable. Hemos oído esa frase un millón de veces.
Hice que una mujer que estaba a punto de casarse viniera a verme. Ella había estado comprometida durante más o menos, un año; cuando vino, ella se sentía con mucha culpa y me dijo: «¿Qué voy a hacer?» me dijo, «Me siento tan culpable». «He estado teniendo relaciones sexuales con mi prometido». Ella me dijo: «Y fui a ver a mi ministro y mi ministro me dijo: «Mira, la manera de superar esto, es entender que la razón por la que te sientes culpable es que has sido víctima de esta cultura estricta, rígida, victoriana, puritana con sus tabúes y ahora- tienes que crecer, madurar y entender que no eres promiscua. Tú solo has sido un adulto responsable. » Y ella dijo: «He intentado eso, pero todavía me siento culpable».
Entonces le dije, «Bueno, la razón por la que todavía te sientes culpable es porque eres culpable». Le dije: «La prohibición de las relaciones sexuales prematrimoniales no fue inventada por Jonathan Edwards o por la reina Victoria. Fue Dios quien dijo que no, y tú has ofendido a Dios. Has transgredido Su ley. No importa el hecho de que todos los demás lo estén haciendo. La ley no viene de los psiquiatras. No viene de los ministros. No viene de los consejeros. Viene de Dios y Dios dijo que no, aún así lo hiciste de todos modos.
Así que eres culpable y lo único que sé es que no lo curará la racionalización. Tu culpa es real y si quieres sanarte, tienes que ser realmente perdonada. La única manera que sé cómo conseguir eso, es que vayas a tu casa, te pongas de rodillas, le digas a Dios lo que has hecho y confieses tu pecado. Entonces, «Dios te perdonará de eso. ¿Entiendes que puedes ser virgen de nuevo a la vista de Dios?» De modo que necesitamos limpiar el matrimonio, lidiando con la culpa no resuelta. Y Dios nos hará libres.
Serie: El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte
La batalla contra la carne
R.C. Sproul
Antes de empezar formalmente esta serie breve de enseñanza, hay un par de cosas que quiero decir a todos ustedes. En primer lugar, reconozco que entre la amplia audiencia de toda la región hay personas en diferentes ocupaciones, doctores, empleados, pastores. Personas en diferentes actividades.
Y, en un grupo de gente tan variado, es habitual que el orador se dirija de una manera más abstracta y académica, quisiera pedirles de su paciencia, si es posible, para aclarar que estoy dirigiendo estas charlas a los que padecen alguna enfermedad, y luego a los amigos y familiares que han tenido que enfrentar de primera mano niveles profundos de dolor, de incertidumbre, de aflicción y en muchos casos hasta la muerte misma.
Y lo otro que quiero decir a manera de prefacio es que en la medida que toco estos asuntos tan delicados, no voy a estar hablando como doctor, ni como sicólogo, ni como filósofo como aún podría suponerse; pero estaré hablando desde una perspectiva doble, primero como teólogo, pero más importante como ser humano, porque el problema del sufrimiento es algo que inmediatamente nos saca del mundo de lo abstracto y nos toca en el punto de nuestra propia humanidad.
Y cada vez que me encuentro con este tema del sufrimiento, ya sea como una pregunta filosófica o como un grito de dolor de alguien que está en medio de ese sufrimiento en el momento que la hace, la pregunta que escucho en mi profesión es inevitablemente: “¿Dónde está Dios en todo esto?”
Y luego, la siguiente pregunta es una a la que todo teólogo teme oír, y la pregunta es: “¿Por qué?”. Cuando estoy afligido, cuando tu estás afligido, cuando el dolor invade tu vida y llega la amenaza de muerte, lo primero que preguntamos es “¿Por qué?, ¿Por qué yo?, ¿Por qué pasó esto?, ¿Cómo pudo permitir Dios que estas cosas sucedan?”
Ahora, cada vez que hacemos esta simple pregunta “¿por qué?”, estamos haciendo una pregunta acerca del propósito. Las preguntas de “por qué” son las preguntas sobre el propósito. Las preguntas de “por qué” preguntan sobre el significado.
No estamos preguntando “cómo”, no preguntamos “cuándo”, no preguntamos “qué”; preguntamos “por qué”. Y creo que hay una razón por la cual hacemos esa pregunta. Una cosa es experimentar dolor, pero otra cosa es anticipar que mi sufrimiento y mi dolor no valen nada.
Si voy a tener que pasar por el dolor, si voy a tener que pasar por el sufrimiento, tengo que saber dentro de mi mismo que hay algún tipo de razón para eso, que no se trata solo de un ejercicio inútil.
Esto vino a mi mente de una manera muy vívida y muy personal hace solo unas semanas atrás. Mi esposa, Vesta, y yo habíamos regresado a Orlando después de un viaje y habíamos estado hablando en… ni siquiera recuerdo dónde estábamos, pero cada vez que estamos lejos del hogar y volvemos a casa, es una experiencia de gran alegría.
Recuerdo que mientras entrábamos al estacionamiento le dije a mi esposa, dije: “Al fin en casa”, “qué maravilla”. Seguimos estacionándonos y ya en el garaje mientras apagaba el motor, salía del auto y daba la vuelta por detrás del auto, la puerta de nuestra cocina se abrió y mi hija apareció en la puerta.
Tan pronto como ella nos vio, se echó a llorar y soltó de golpe estas palabras: “Papi, acabo de perder a mi bebé”. Y ella se acercó a mí y yo solo extendí mis brazos a ella y me agarró y la abracé mientras lloraba en mi hombro. Y le tomó unos minutos el reponerse de la impresión de vernos regresar y de explicarnos lo que había sucedido.
Ella acababa de empezar su noveno mes de embarazo, un embarazo que había sido muy difícil y que había involucrado un período largo de náuseas matutinas y algunas dificultades con hemorragias. Pero justo ese día ella sintió la ausencia de vida en su interior y fue a ver a su médico, el doctor la examinó, le hizo varios exámenes y le dio la noticia, con tristeza, de que el bebé había muerto.
Bueno, por supuesto, eso siempre será algo realmente difícil de oír para cualquier futura madre. Pero además de eso, el médico le explicó que el procedimiento que era necesario que ella siguiera sería este: que la llevarían al hospital a la mañana siguiente e inducirían el parto; hablamos de eso y ella dijo: “Papi, ellos quieren que pase por el trabajo de parto, pero mi bebé está muerto”.
A menudo me he quedado profundamente admirado por la fuerza de las mujeres para pasar por el trabajo de parto y a menudo me he preguntado cómo después de haber pasado por eso toman la decisión de hacerlo de nuevo, y algunas veces, muchas veces más.
Y mientras hablo con mujeres de esto, les digo: “¿Cómo pueden soportar pasar por este proceso que eufemísticamente llamamos trabajo de parto?”
Y ellas dicen: “es por lo que sabemos que nos espera al final del dolor”. Es una mujer que está dispuesta a soportar el dolor del parto porque espera con ansias el momento en que una vida emergerá. Y una vez que esa vida está allí y sostiene a su bebé por primera vez, el dolor queda en el olvido, al menos por ese momento, y ella dice: “vale la pena, lo haría de nuevo”.
Pero ¿cómo vas al hospital a dar a luz y pasar por el trabajo de parto sabiendo que lo que te espera al final de tu dolor es muerte? Y de eso es de lo que mi hija y yo tuvimos que hablar; ella buscaba en mí al teólogo, no solo al padre. Ella quería tener algunas respuestas de peso a su pregunta y francamente no tenía ninguna.
Así que fuimos al hospital al día siguiente, su esposo, su madre y yo, la ingresaron y le indujeron el parto. Nos sentamos allí en la sala de partos junto a ella contando las contracciones y ella estaba siendo heroica, pensé. Estaba orgulloso de ella.
Y después que habían pasado varias horas ella dijo: “Papi, por qué no bajas un rato y comes algo y luego regresas en unos minutos ya que me siento bien”. Entonces, me excusé. Me alegré por el respiro, bajé las escaleras y pedí algo rápido para comer. Solo me tomó 15 o 20 minutos y luego regresé apurado para continuar con la espera.
Y mientras me acercaba, abriendo puertas que llevaban a la sala, de repente me quedé paralizado por un grito largo y espeluznante. Me tomó unos momentos para darme cuenta de que era mi hija la que estaba gritando de esa forma. Y para serles honesto, yo estaba aterrorizado de avanzar por esas puertas y llegar a la sala, y en lo que me acercaba al lugar, una enfermera me detuvo, levantó sus manos y me dijo: “Ya viene el bebé”.
Así que corrí de vuelta hacia el pasillo por unos momentos y luego finalmente la enfermera salió y me dijo: “Está bien, ya puede entrar”.
Entonces entré y vi algo que nunca olvidaré; mi esposa nunca olvidará, mi yerno nunca olvidará, y yo sé que mi hija nunca olvidará mientras yo viva.
Mi hija estaba en la cama y estaba sosteniendo en su seno una pequeña niña de 8 meses que no tenía vida. Y yo estaba preocupado por los procedimientos médicos, los reglamentos. ¿Cómo se les ocurre dejar a este bebé sin vida en los brazos de una madre?
¿Por qué no se la llevaron y procedieron de la manera que ellos lo hacen? Y mientras discutía eso con las enfermeras, me dijeron: “La madre necesita ver el fruto de su trabajo de parto”.
Ella sostuvo al bebé por 45 minutos, por una hora. Entraron y tomaron fotos, un mechón de cabello, le pusieron nombre e hicieron todas esas cosas; y mi hija lloraba, yo lloraba, su esposo lloraba y todos lloraban. Pero, mientras hablamos de esto hoy, en las últimas semanas, ella me dijo: “Papi, tenía que cargar a mi bebé porque tenía que saber que mi trabajo de parto no fue en vano, que mi dolor no fue en vano”.
Justo este lunes recibía en mi oficina la noticia, de que la esposa de una figura deportiva muy famosa en Estados Unidos había fallecido. Judi, esposa joven de Bob Griese, el ex mariscal del campo de los delfines de Miami murió esta semana después de luchar contra el cáncer por varios años.
Ahora, no soy un amigo personal cercano de la familia Griese, pero estuve en Miami hace un mes dando una serie de conferencias y después de una de ellas, una mujer se me acercó, atravesando a toda la gente, llegó a mí y me dijo: “RC”, ella dijo, “Quiero pedirte un favor personal”. Y yo dije: “¿De qué se trata?”. Ella dijo: “Tengo una amiga muy querida que está luchando contra el cáncer por varios años y ahora se encuentra realmente deprimida”.
Y pasó a contarme algo de la historia de Judi Griese. Y me dijo: “Judi ha estado escuchando tus grabaciones y te conoce, no en persona, pero a través de ese material educativo”. Luego dijo: “Estoy segura de que significaría mucho para ella si tú, de alguna manera, pudieras ir y verla”. Y yo dije: “Claro, iré”.
Y seré honesto con ustedes, no recuerdo haberme sentido más incapaz que cuando me subí a ese auto para ir a visitar a esa mujer que había estado luchando con esa enfermedad por varios años. Y nos dirigimos a esta hermosa sección de Miami y vi el hogar de los Griese. La casa de los Griese es una casa muy bonita, y la ironía era que al otro lado de la calle estaba la casa de la familia Buoniconti, y ustedes recordarán, aquellos de ustedes que miran los deportes profesionales, saben que Nick Buoniconti fue un jugador profesional en Miami que ha estado en las noticias durante los últimos años porque su hijo, quien era un atleta muy talentoso, quedó paralizado por una lesión y ahora está parapléjico.
Así que una nube de sufrimiento se cernía sobre estos vecinos, estos amigos de mucho tiempo. Bueno, esta señora me llevó a la casa y tocó el timbre. Bob abrió la puerta y me hizo entrar a la sala de estar donde Judi estaba sentada en una silla. Entré y me senté junto a ella en la silla, y, queridos amigos, no tenía idea de qué decirle.
Ella me miró y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y me dijo: “RC, no creo que pueda resistirlo mas”. Yo no sabía qué decir. O sea, ¿qué puedes decir? ¿Acaso dices: “No digas eso”? o dices: “Tú tienes que soportar, no te rindas, tienes que resistir”.
Y pensé, ¿quién soy yo para decirle a esta mujer cuánto tiene que soportar? Así que no dije nada. Solo tomé su mano y me senté allí sintiéndome cada vez más y más incapaz en ese momento mientras sostenía su mano por cerca de 45 minutos y solo la escuchaba hablar.
Y cuando terminamos, tuvimos un tiempo de oración y me retiré. Al día siguiente recibí la noticia de que ella se había caído por las escaleras y la llevaron de urgencia al hospital, y ella nunca regresó a casa del hospital. Fue básicamente el fin.
Pero esta señora vino a verme al día siguiente y estaba muy emocionada y me dijo: “Oh”, ella dijo, “no te imaginas cuán maravilloso fue anoche cuando visitaste a Judi Griese”. Respondí: “Yo no dije nada”. Le dije: “Estaba tan avergonzado”; le dije: “Yo sé que ella estaba esperando que yo le diera algunas palabras de consuelo y sabiduría y que le explicara el consejo secreto del Dios Todopoderoso, para lo cual no estoy preparado, no importa cuánto de teología he estudiado”. Y le dije: “Yo no hice nada, todo lo que hice fue sentarme allí y sostener su mano por 45 minutos”. Ella me dijo: “Pero, eso era todo lo que ella quería y era todo lo que necesitaba”.
Ella ha escuchado todos los sermones y ha escuchado todos los temas, pero ella solo quería que alguien le mostrara que ella importaba. Y me dijo: “Te guste o no, porque eres un ministro, representas la presencia de Cristo para ella”.
Yo dije: “Ey, es una pobre representación”. Y pensé en ese momento en una declaración que Martin Lutero hizo alguna vez. Él dijo: “Es deber de todo cristiano el ser Cristo para su prójimo”. Ahora, Lutero era muy bueno como teólogo como para afirmar eso de manera literal. Martín Lutero entendió que a todos nosotros nos quedaban muy grandes los zapatos de Cristo, pero ser cristiano significa representarlo, llevar su consuelo, su paz, su comprensión y no su juicio a las personas que están en dolor.
No tengo muy a menudo la oportunidad de escuchar a los televangelistas, esa es la nueva palabra que se ha acuñado este año, los predicadores televisivos, pero escuché, no hace mucho, escuché a uno de estos predicadores, ni siquiera podía recordar en ese momento quién era, pero él estaba de pie e hizo esta declaración a la gente que estaba viendo la televisión.
Él dijo: “Quiero que entiendan que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento y que Dios, Dios no tiene nada que ver con la muerte. La muerte es algo que se entromete en la creación de Dios.”
Y, por supuesto, este ministro continuó diciendo y asignando todo dolor, todo sufrimiento, toda enfermedad y toda muerte al diablo. Y mientras escuchaba eso, para ser honesto con ustedes, quería arrojar algo a través de la pantalla del televisor. Y ahora intento… trato de entender qué pasa por la cabeza de un ministro, ya sea un ministro de televisión o cualquier otra clase de ministro, para ponerse de pie y decir a la gente que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento o que Dios no tiene nada que ver con la muerte y la única cosa que se me ocurre es que este ministro de alguna forma quería responder a los problemas que las personas tienen cuando les sobreviene el sufrimiento, porque algunos se enojan con Dios.
Mucha gente se enoja con Dios. Dicen: “Oye, tú sabes que esto no es justo, ¿cómo puedes dejar que estas cosas me pasen a mí? Otra vez, ¿por qué? ¿Dónde está Dios en todo esto? Lo que el ministro televisivo estaba tratando de hacer con tanto cuidado, era absolver a Dios de toda culpa y toda responsabilidad por permitir que algo desagradable le ocurra a una de sus queridas criaturas.
Así como los filósofos solían decir, que si Dios es realmente amoroso y si Dios es realmente poderoso, entonces no podría permitir que suceda toda la tragedia, dolor, sufrimiento y tristeza que suele suceder en este mundo.
Así que, el ministro televisivo lo envolvió todo en papel de regalo y dijo: “Dios simplemente no tiene nada que ver con esto”. Ahora, estoy seguro de que lo que él estaba tratando de hacer era lograr que las personas se sintieran cómodas, porque ellos no podían… ellos no querían pensar en un Dios que, de hecho, podía estar involucrado en su dolor.
Pero dos cosas vinieron a mi mente en ese momento. Lo primero que pensé fue: “me pregunto si este hombre alguna vez ha leído el Antiguo Testamento”. “Me pregunto si este hombre alguna vez leyó el Nuevo Testamento” porque el Dios del judaísmo, el Dios del cristianismo es un Dios que se especializa en sufrimiento.