Gozo sin restricciones

Octubre 02/2021

Solid Joys en Español

Gozo sin restricciones

John Piper

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El pequeño camión verde

Lunes 4 Octubre

(Jesús dijo a sus discípulos:) La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.Lucas 10:2

El pequeño camión verde

Sucedió en 2015 en Madagascar, una isla del Océano Índico donde las condiciones de vida son muy difíciles. Una iglesia del sur de la isla pidió Biblias a la biblioteca cristiana de Antananarivo. Un pequeño camión de color verde cargado con 1300 Biblias emprendió el trayecto de 700 km. para llegar a su destino. Los responsables querían aprovechar para vender parte de las Biblias en los pueblos por los cuales pasaban. El vehículo se detuvo muchas veces, pues las carreteras estaban en pésimo estado. Afortunadamente el teléfono portátil funcionaba muy bien, y de un pueblo a otro se avisaba la llegada del camión verde. En cada pueblo la gente se amontonaba para comprar a bajo precio ese precioso libro. Era tanta la demanda que a mitad del camino ya no quedaban más Biblias y el conductor tuvo que dar media vuelta para ir a buscar más.

Amigos cristianos, tal vez en nuestro país no vemos tanto interés por la Biblia, y quizá nuestro celo por la evangelización disminuye. Pero este ejemplo nos muestra que “la palabra de Dios no está presa” (2 Timoteo 2:9) y que las necesidades son inmensas. ¡Estemos listos para responder! Incluso sin ir como misioneros, hay muchas formas de participar en este trabajo. Podemos orar para que estas Biblias sean leídas, y mostrar nuestro interés por los evangelistas, como lo hicieron los filipenses con respecto al apóstol Pablo (Filipenses 1:3-8). Recordemos también que esas Biblias tienen un costo que a menudo sobrepasa la capacidad económica de quienes las quieren comprar. ¡Pensemos en esto, para ayudar según nuestras posibilidades!

Sofonías 3 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

CHINA es el mayor FABRICANTE de BIBLIAS, pero las restringe en su territorio

BITE

CHINA es el mayor FABRICANTE de BIBLIAS, pero las restringe en su territorio

China es un país que se reconoce oficialmente ateo desde el ascenso del partido comunista al poder en la década de los cuarenta.

Sin embargo, a pesar de que es el país con el mayor número de ateos en todo el planeta, tiene una gran paradoja en su interior: China es el principal fabricante de biblias del mundo, aún así al interior de su territorio, el gobierno impone fuertes restricciones a la distribución del texto bíblico y grandes barreras a la práctica de la fe cristiana y de otras confesiones religiosas.

¿Cómo ha llegado China a esta paradoja? ¿Por qué al gobierno chino parece no importarle beneficiarse económicamente del crecimiento de la fe cristiana a nivel mundial, mientras que impone fuertes restricciones a la práctica de la fe al interior del país?

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Conductor: Giovanny Gómez Pérez.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
Edición del video: Fernando Ordoñez.
Apoyo gráfico: Nayi Gómez.
Música: Envato Elements.

Dios no está deprimido

Octubre 02/2021

Solid Joys en Español

Dios no está deprimido

John Piper

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Ante una pared

Sábado 2 Octubre

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.Hebreos 11:3

Que… os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.Hechos 14:15

Ante una pared

“(Dios) todo lo hizo hermoso en su tiempo… sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11). Investigadores y filósofos se cansan elaborando hipótesis para explicar qué hizo Dios. Esas teorías tratan de retroceder en el tiempo hasta unas mínimas fracciones de segundo después de esa famosa “explosión”, el Big Bang, que sería el origen del universo. Curiosamente es como si esas hipótesis chocasen contra una pared; ellas no pueden explicar lo que sucedió justo en esos instantes.

El hombre no puede comprender la obra de Dios.

Para el creyente, ¡cuán elocuente es la Palabra de Dios en su simplicidad! “Lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (versículo de hoy). “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos” (Salmo 33:6). “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). ¡Qué majestuoso testimonio de sabiduría y de poder! Pero, si lo único que está en juego es la razón del hombre, ese testimonio permanecerá sin efecto, como cualquier otro conocimiento. Por su medio nos revela no solo las obras de Dios, sino a Dios mismo, si lo recibimos por la fe.

¡Para el creyente ya no hay pared! Dios se reveló no solo mediante la creación, sino aún mejor: en la persona de su Hijo Jesucristo y a través de las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Sofonías 1 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Escoger a Dios

Viernes 1 Octubre

El Señor se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3

En cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Dios el Señor mi esperanza.Salmo 73:28

Escoger a Dios Testimonio

“Cuando tenía 8 años me hice amiga de una compañera de clases cuya familia era cristiana. En nuestra casa no se hablaba de Dios, pero desde muy pequeña me hacía muchas peguntas sobre él.

Más tarde mi amiga me invitó a un encuentro de jóvenes cristianos. Allí aprendí que Dios vino a la tierra para salvar a los hombres, que Jesucristo llevó sobre sí mismo nuestros pecados sufriendo en una cruz, en nuestro lugar, que resucitó y sigue vivo. También comprendí que si creía en él, me convertiría en la hija de ese Padre que me amaba. ¡Qué cambio! Cuando volví a casa me arrodillé y lo invité a entrar en mi vida.

Empecé a leer la Biblia. Entonces comenzaron las dificultades: mis padres, muy cariñosos y comprensivos hasta ese momento, me prohibieron leer la Biblia y volver con ese grupo de creyentes. Una noche, en mi cama, triste debido a tal incomprensión, oré a mi Padre celestial: “¡Por favor, dame lo que quieras darme!”. De repente me invadió un gran gozo… Desde entonces, en tiempos felices como en la dificultad, él ha sido mi refugio, mi consejero, mi consuelo…

Más tarde mis padres me pusieron a escoger entre ver las cosas a su manera, o seguir a mi Dios, lo que suponía irme de casa. Escogí la segunda opción, lo cual no fue fácil.

Hoy mi marido y yo damos gracias al Señor porque cada día renueva nuestro ser interior según sus promesas y nos permite vivir en el gozo de su presencia”.Josette

Habacuc 3 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Un cristianismo consistente

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Un cristianismo consistente
Por Jim E. Kim

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

on frecuencia, en la Biblia se trata el tema de la hipocresía pero rara vez se menciona de manera diplomática. Originalmente designaba a un actor actuando con una máscara pero luego la palabra adquirió la connotación negativa de una inconsistencia entre lo que uno cree y cómo actúa. Esta inconsistencia se puede entender de dos maneras. Algunas inconsistencias son pretensiones de justicia propia, actuando como si uno fuera justo y virtuoso de manera exterior, mientras se carece de convicción interior. Hay muchos ejemplos de esto en los Evangelios. Jesús criticó deliberadamente a muchos que estaban más interesados ​​en la alabanza pública por sus actos religiosos de orar, ayunar y dar limosna (Mt 6:2, 5, 16), aquellos que condenaban los pecados de otros mientras ignoraban los suyos propios (7:5) y aquellos que adoraban de labios y externamente pero sin sinceridad (15:8-9). Jesús llamó la atención sobre la hipocresía de muchos líderes religiosos de Su tiempo comparándolos con vasos y platos que están limpios por fuera mientras permanecen sucios en su interior, y con «sepulcros blanqueados», como algo hermoso por fuera que cubre la muerte por dentro (23:25-28). Esta inconsistencia —pretensión espiritual externa o falsa espiritualidad— es la descripción más común de hipocresía.

Pero la hipocresía también puede referirse a una inconsistencia de otro tipo: pretender no tener convicciones internas cuando ejercitarlas es inconveniente o difícil. En Gálatas 2, Pablo relata una interacción importante que tuvo con Pedro y Bernabé (vv. 11-14). Cuando Pedro se unió a Pablo en Antioquía, inicialmente disfrutó de la compañía y hermandad de los cristianos gentiles sin vacilar ni dudar. Esto es totalmente consistente con la creciente comprensión de Pedro del mensaje del evangelio, que rompe las tradiciones y distinciones que separaban a los judíos de los gentiles (ver Hch 10-11). Sin embargo, cuando llegaron otros llamados «los de la circuncisión», que mantenían las distinciones tradicionales entre judíos y gentiles, Pedro «empezó a retraerse y apartarse» (Gal 2:12). ¿Por qué? Por su temor a los hombres. Cuando Bernabé y muchos otros judíos comenzaron a seguir a Pedro, Pablo se enfrentó a Pedro y lo reprendió por su hipocresía (v. 13). Pedro debió haberlo sabido. Aunque realmente creía en el poder del evangelio para derribar las barreras humanas, siguió las costumbres de los hombres por temor al juicio de ellos. Sus acciones externas eran incompatibles con sus convicciones internas.

Si somos honestos, luchamos contra ambas formas de inconsistencia. En la Iglesia, a menudo buscamos la aceptación y el reconocimiento de otros creyentes hablando, actuando y sirviendo en maneras que nos hagan parecer más fieles, más conocedores y más maduros de lo que realmente somos. Además, en nuestra vida diaria, con frecuencia buscamos la aceptación y el reconocimiento del mundo silenciando nuestras convicciones y ocultando nuestros compromisos en la forma en la que hablamos, actuamos y servimos. Nada de esto es aceptable.

Las Escrituras nos exhortan a ser cristianos consistentes, con una vida de fe informada y motivada por el evangelio. Claro, esto es más fácil decirlo que hacerlo. Tal vez la iglesia de Colosas nos instruya. Cuando Pablo escribió su carta a esa congregación, la iglesia de Colosas era pequeña y nueva, y muchos de sus creyentes estaban luchando para vivir su fe en un mundo confuso y hostil. Por todos lados había filosofías, sabidurías y religiones que animaban a estos creyentes a silenciar, mezclar y, en ocasiones, a abandonar su fe. A estos cristianos que luchaban para vivir su fe, ¿qué les dijo Pablo? Les recordó enfática y repetidamente a los colosenses que Cristo es supremo sobre todas las cosas y que todos los creyentes le pertenecen (Col 1:15-20). Como dice de manera muy bella el Catecismo de Heidelberg: «Que yo en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo» (pregunta y respuesta 1). Además, si le pertenecemos, entonces como creyentes debemos andar «como es digno del Señor» (Col 1:10; ver 2:6).

Pablo consideró la idea de vivir «como es digno del Señor» lo suficientemente importante como para repetirla en otros lugares con ligeras variaciones, ya que instó a los creyentes a vivir de una manera digna «del evangelio de Cristo» (Flp 1:27), «de la vocación con que habéis sido llamados» (Ef 4:1) y de «Dios» (1 Tes 2:12). Esta es una vida tan transformada por Cristo que ya no busca mayor identidad ni mejor estatus pretendiendo ser algo más que pecadores salvados por gracia. Esta es una vida tan conformada a Cristo que seguir la voluntad de Dios en Cristo ya no es un sacrificio, sino un gozo persistente, incluso cuando seguirlo fielmente implique persecución y sufrimiento. Esta es una vida tan centrada en Cristo que agradarle a Él es el primer y único propósito en la vida, de modo que ya no seamos tentados a agradar a otros pretendiendo ser más o menos de lo que realmente somos. Como dijo de modo provechoso Juan Calvino:

Por lo tanto, si se pregunta qué clase de vida es digna de Dios, tengamos siempre presente esta definición de Pablo: que es una vida tal que, dejando las opiniones de los hombres, y dejando, en suma, toda inclinación carnal, está regulada de manera que queda sujeta únicamente a Dios.

Esto significa que ya sea en privado o en público, en la Iglesia o en el mundo, ante un amigo o enemigo, o en persona o en línea, vivimos consistentemente de una manera digna de alguien que es amado por Cristo, salvo por Cristo y que pertenece a Cristo.

Un cristianismo consistente es lo que la Palabra enseña y lo que el mundo necesita. Nuestras iglesias no necesitan cristianos con egos inflados sino creyentes que a diario entiendan que «es necesario que Él crezca, y que yo disminuya» (Jn 3:30). Nuestras comunidades y sociedades no necesitan cristianos que se desvanezcan en el trasfondo de la cultura y la vida actuales; en cambio, necesitan de aquellos que con fidelidad y consistencia en lo ordinario den testimonio de una vida y una realidad que no son de este mundo. Esto no es algo que podamos hacer por nosotros mismos, pero damos gracias «Porque Cristo, que nos ha redimido y liberado por Su sangre, también nos renueva a Su propia imagen por Su Espíritu Santo, para que así demos testimonio, a través de toda nuestra conducta, de nuestra gratitud a Dios por Sus bendiciones, y para que Él sea alabado por nosotros» (Catecismo de Heidelberg, 86).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jim E. Kim
Jim E. Kim

El Rev. Joel E. Kim es presidente de Westminster Seminary California. Es el co editor de Always Reformed [Siempre Reformado]

 Nuestro bien es su gloria

Septiembre 21/2021

Solid Joys en Español

Nuestro bien es su gloria

John Piper

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Dio su vida por su hermano

Martes 28 Septiembre

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:13

Dio su vida por su hermano

En enero de 2011, grandes tormentas azotaron el estado de Queensland, en Australia. Los ríos transformados en impetuosos torrentes provocaron graves inundaciones. Donna Rice estaba en el automóvil con sus dos hijos, Jordan (13 años) y Blake (10 años), cuando su vehículo fue rodeado por el agua y quedó inmovilizado. Alguien trató de ayudarlos. Por su ubicación, Jordan era más fácil de alcanzar, por eso debía ser sacado primero, pero insistió para que salvasen a su hermano menor antes que a él. En el instante en que Blake fue sacado del peligro, una nueva ola arrasó el automóvil. Jordan y su madre se ahogaron.

En los titulares de los periódicos se podía leer: “Jordan murió por su hermano”. Este adolescente siempre había manifestado gran amor por su hermano. Y lo demostró cuando no dudó en dar su vida por él.

Estos hechos conmovedores nos recuerdan a Jesucristo, el buen Pastor que dio su vida por sus ovejas (Juan 10:11). Por amor, un amor imposible de comprender, tomó mi lugar bajo el juicio de Dios. Se dejó crucificar para llevar el castigo que mis pecados merecían. Cuando exclamó en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, no obtuvo respuesta, nadie vino a rescatarlo (Salmo 22:1-2). Desamparado por un Dios santo que cargó sobre él el peso inmenso del pecado, dio su vida por todos los que le tenderían la mano para ser salvos.

Tomar su mano es creer en lo que él hizo por mí. Me liberó de mis pecados, de Satanás, quien me tenía cautivo, y de la muerte eterna. Me dio la vida eterna, y estoy unido a él para siempre.

Oseas 13-14 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

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Guerra en la Iglesia

Evangelio Blog

Guerra en la Iglesia

Por John MacArthur

El posmodernismo es, en su esencia, un ataque a toda la verdad. Y el evangelio de Jesucristo -que es «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6, énfasis añadido)- es un claro enemigo de esa agenda. No es de extrañar que los posmodernos se hayan empeñado en las últimas décadas en infiltrarse en la iglesia de Cristo y derrocar su mensaje exclusivo y sus pretensiones de verdad absoluta.

Pero esta no es, ni mucho menos, la primera vez que la guerra de la verdad se inmiscuye en la iglesia. Ha sucedido en cada época importante de la historia de la iglesia. Las batallas por la verdad se libraban dentro de la comunidad cristiana incluso en los tiempos apostólicos, cuando la iglesia apenas comenzaba. De hecho, el registro de las Escrituras indica que los falsos maestros en la iglesia se convirtieron inmediatamente en un problema significativo y generalizado dondequiera que el evangelio fuera.

Prácticamente todas las principales epístolas del Nuevo Testamento abordan el problema de una u otra manera. El apóstol Pablo luchaba constantemente contra las mentiras de los «falsos apóstoles [y] obreros engañosos que se disfrazan de apóstoles de Cristo» (2 Corintios 11:13). Pablo dijo que eso era de esperar. Después de todo, es una de las estrategias favoritas del maligno: «No es de extrañar, pues hasta Satanás se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de extrañar que también sus siervos se disfracen de siervos de justicia» (2 Corintios 11:14-15).

Hay que ser muy ingenuo para negar que algo así pueda ocurrir en nuestra época. De hecho, está ocurriendo a gran escala. Ahora no es un buen momento para que los cristianos coqueteen con el espíritu de la época. No podemos permitirnos el lujo de ser apáticos respecto a la verdad que Dios ha puesto en nuestra confianza. Es nuestro deber guardar, proclamar y transmitir esa verdad a la siguiente generación (1 Timoteo 6:20-21). Los que amamos a Cristo y creemos en la verdad plasmada en sus enseñanzas debemos despertar a la realidad de la batalla que se libra a nuestro alrededor. Debemos hacer nuestra parte en la antigua guerra de la verdad. Tenemos la sagrada obligación de unirnos a la batalla y luchar por la fe.

En un aspecto estrecho, la idea que impulsó el movimiento de la Iglesia Emergente era correcta: el clima actual del posmodernismo representa una maravillosa ventana de oportunidad para la iglesia de Jesucristo. El racionalismo arrogante que dominó la era moderna ya está agonizando. La mayor parte del mundo está atrapado en la desilusión y la confusión. La gente está insegura acerca de prácticamente todo y no sabe a dónde acudir en busca de la verdad.

Sin embargo, la peor estrategia para ministrar el evangelio en un clima como este es que los cristianos imiten la incertidumbre o se hagan eco del cinismo de la perspectiva posmoderna, y de hecho arrastren la Biblia y el evangelio a ella. En cambio, debemos afirmar contra el espíritu de la época que Dios ha hablado con la mayor claridad, autoridad y finalidad a través de su Hijo (Hebreos 1:1-2). Y tenemos el registro infalible de ese mensaje en las Escrituras (2 Pedro 1:19-21).

El posmodernismo es simplemente la última expresión de la incredulidad mundana. Su valor central -una dudosa ambivalencia hacia la verdad- no es más que el escepticismo destilado a su pura esencia. No hay nada virtuoso ni genuinamente humilde en ello. Es una rebelión orgullosa contra la revelación divina.

De hecho, la vacilación del posmodernismo sobre la verdad es exactamente antitética a la audaz confianza que las Escrituras dicen que es el derecho de nacimiento de cada creyente (Efesios 3:12). Esa seguridad la produce el propio Espíritu de Dios en los que creen (1 Tesalonicenses 1:5). Debemos aprovechar al máximo esa seguridad y no temer enfrentarnos al mundo con ella.

El mensaje del Evangelio, en todos los hechos que lo componen, es una proclamación clara, definitiva, confiada y autoritativa de que Jesús es el Señor y que da vida eterna y abundante a todos los que creen. Nosotros, los que verdaderamente conocemos a Cristo y hemos recibido ese don de la vida eterna, también hemos recibido de Él una comisión clara y definitiva de entregar el mensaje del evangelio con valentía como sus embajadores. Si no somos claros y distintos en nuestra proclamación del mensaje, no estamos siendo buenos embajadores.

Pero no somos simplemente embajadores. Al mismo tiempo somos soldados, encargados de librar una guerra por la defensa y la difusión de la verdad frente a las innumerables embestidas contra ella. Somos embajadores, con un mensaje de buenas noticias para las personas que caminan en una tierra de tinieblas y habitan en la tierra de la sombra de la muerte (Isaías 9:2). Y somos soldados, encargados de derribar los baluartes ideológicos y echar abajo las mentiras y los engaños engendrados por las fuerzas del mal (2 Corintios 10:3-5; 2 Timoteo 2:3-4).

Observe bien: Nuestra tarea como embajadores es llevar las buenas noticias a la gente. Nuestra misión como soldados es derribar las ideas falsas.

Debemos mantener estos objetivos; no tenemos derecho a librar una guerra contra la gente ni a entablar relaciones diplomáticas con ideas anticristianas. Nuestra guerra no es contra carne y sangre (Efesios 6:12); y nuestro deber como embajadores no nos permite comprometernos o alinearnos con ningún tipo de filosofías humanas, engaños religiosos o cualquier otro tipo de falsedad (Colosenses 2:8).

Si estas parecen tareas difíciles de mantener en equilibrio y en la perspectiva adecuada, es porque lo son.

Judas ciertamente entendió esto. El Espíritu Santo le inspiró a escribir su breve epístola a personas que estaban luchando con algunos de estos mismos asuntos. No obstante, les instó a contender fervientemente por la fe contra toda falsedad, al tiempo que hacía todo lo posible por librar a las almas de la destrucción: «arrebatándolas del fuego . . aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne.» (Judas 23).

Así que somos embajadores-soldados, llegando a los pecadores con la verdad, incluso mientras hacemos todo lo posible para destruir las mentiras y otras formas de maldad que los mantienen en una esclavitud mortal. Este es un resumen perfecto del deber de cada cristiano en la guerra por la verdad.

Martín Lutero, ese noble soldado del evangelio, arrojó el guante a los pies de cada cristiano en cada generación después de él, cuando dijo:

Si profeso con la voz más alta y la exposición más clara cada porción de la verdad de Dios, excepto precisamente ese pequeño punto que el mundo y el diablo están atacando en ese momento, no estoy confesando a Cristo, por más que lo esté profesando audazmente. Donde se libra la batalla, allí se prueba la lealtad del soldado; y estar firme en todo el campo de batalla además, es mera huida y desgracia si flaquea en ese punto.

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