¿Por qué Discipular?

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 2

¿Por qué Discipular?

Introducción

¿Por qué quieres discipular a alguien? Porque tienes que, es decir, ¿sientes que es una obligación? Porque quieres, es decir, ¿por qué has encontrado alguna forma de motivación que te hace desear hacerlo?

La semana pasada mencionamos que todo cristiano está llamado al ministerio de discipulado, independientemente de que te encuentres siendo discipulado por un creyente más maduro o alguien más joven en la fe, o ambas cosas.  Antes de comenzar este ministerio de discipulado queremos entender cuáles son los fundamentos bíblicos para una motivación cristiana de hacer discípulos. Hoy vamos a considerar dos razones por las cuales discipular.

Razón #1. ¿Por qué discipular? ¡Para tu gozo!

A algunas personas puede parecerles extraño decir que un motivo principal de nuestro discipulado hacia los demás es el gozo que recibimos al hacerlo. Suena egoísta, ¿no es así? Y aunque pueden haber muchas maneras en que podríamos buscar este gozo equivocadamente, el hecho está en que la Escritura presenta nuestro gozo como un motivador legítimo para los cristianos discipuladores.

Escucha estos versículos (selecciona personas para que lo lean en voz alta):

«Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora.» (Fil. 1:3-5)

«Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.» (Fil. 2:1-2)

«Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.» (Fil. 4:1)

«Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal.» (Ro. 16:19)

«Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros. Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo os hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó verdad. Y su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor. Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.» (2 Co. 7:4; 13-16)

«Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo.» (1 Ts. 2:19-20)

«Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.» (2 Jn. 1:4)

Pregunta – En todos estos versículos, ¿cuál era el fundamento del gozo de Pablo y Juan? ¿Puedes escoger algún tema en común en estos versículos que explique su motivación para el discipulado?

Respuesta – Ellos escribieron acerca de su propio gozo. Dios busca producir gozo en ti cuando eres usado para ayudar a otros a prosperar y crecer.

Explicación – A partir de estos textos vemos que Pablo y Juan reciben una motivación especial del conocimiento que ELLOS personalmente estaban utilizando para ayudar a edificar a los cristianos a quienes escribían. ¿Esto te sorprende? Esta es una razón bíblica por la que no debemos avergonzarnos de cultivarlo. Los cristianos pueden de manera natural encontrar mucho placer en ver a otros creyentes crecer y prosperar. Pablo frecuentemente se referirá a sus oidores como sus «hijos en el Señor» y él parece disfrutar verlos prosperar a través del fruto de su ministerio y la labor continua de los demás. El gozo de Pablo es que los hijos se encuentren caminando en la verdad.

Pregunta – ¿Es este tipo de gozo egoísta? ¿Es que el gozo de ayudar a alguien a madurar discípulos nos lleva a enfocarnos en el hombre o es algo bueno?

Respuesta – Si este fuera el total de lo que Pablo y Juan (y otros) disfrutaran entonces si podría llevar a una dependencia equivocada, pero esa no es la ilustración que tenemos. Ellos se estaban deleitando al verse a sí mismos como los medios utilizados en el discipulado cristiano, específicamente porque luego traía gloria al Dios que amaban mucho.

Pregunta – ¿Esto lleva al orgullo?

Respuesta – El hecho de que puedes hacer algo mal no es un argumento contra hacerlo bien.

Resumen:

  1. Los cristianos se regocijan al ver otros creyentes crecer, y se gozan en ver que ese crecimiento ocurre como resultado de su involucramiento. Este placer de trabajar para ver a otros prosperar espiritualmente a través de tu involucramiento en sus vidas, es uno de los gozos más importantes del corazón de un verdadero discípulo cristiano.
  2. Ver crecer a los creyentes como un fruto de tu ministerio es parte de tu gloria y recompensa ante Cristo. Lejos de ser algo equivocado, diría que si no disfrutas ser usado por Dios para exhortar y edificar a otros creyentes, entonces hay algo incorrecto en tu entendimiento.
  3. Nuestro placer en ver a Dios usarnos para exhortar y edificar a otros creyentes es una motivación importante y bíblica, pero no es la motivación suprema.

Razón #2: ¿Por qué discipular? ¡Para la gloria de Dios!

Aprendemos de la Palabra de Dios que el resultado de discipular es el mayor fruto de nuestras vidas que lleva a la gloria de Dios. Para considerar esta idea de forma cuidadosa, pasaremos el resto de los próximos minutos observando una sección de la Escritura que explica este concepto con muchos detalles- Juan capítulo 15, versículos del 1 al 17.

Lee Juan 15:1-8. Aquí Jesús enseña a sus seguidores diciendo:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

En las próximas semanas tendremos tiempo para pensar más acerca de lo que significa permanecer en Cristo como una vía de fructificación. Pero ahora mismo quiero que prestemos más atención a la idea final de esta sección.

Pregunta – ¿Qué es lo que Cristo describe de la vida del creyente que traerá más gloria al Padre?

Respuesta – Que llevemos mucho fruto. Discutiremos lo que es ese fruto en un momento.

Pregunta – ¿Y que demostrará ese fruto al mundo que nos observa?

Respuesta – Que somos verdaderos discípulos de Jesucristo, para la gloria de Dios el Padre.

Pregunta – Entonces, ¿cuál es ese fruto del que Jesús está hablando?

Respuesta – El texto no especifica lo que significa exactamente, si solo es una cosa o muchas cosas a las que nos referimos aquí. Sin embargo, podemos obtener buenos conocimientos del significado que se busca simplemente continuando con la lectura de los versículos del 9 al 17. Aquí vemos ejemplos del tipo de fruto que Jesús tiene en mente, el fruto que debe fluir de forma natural de nuestro ser «en Cristo» y cómo ese fruto trae una gran gloria al Padre.

Lee los versículo del 9 al 17.

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.

Juan capítulo 15 está claramente enfocado en la necesidad de morar en Cristo y en el amor que Él nos ha mostrado. Pero también hay un mandato claro para nosotros en este pasaje… se nos dice que debemos amarnos unos a otros como Cristo nos amó. Por tanto, parece obvio que por lo menos parte del fruto del que se habla aquí es el amor, es decir, un amor por Dios que se manifiesta a través de amarnos unos a otros. Sin embargo, pensemos acerca de como Cristo nos ha amado y cómo eso puede darnos pistas hacia el tipo particular de «amor fructífero» que estamos llamados a reflejar.

Jesús entregó su vida por nosotros

Primero, en los versículos 12-13 leemos que Cristo nos amó al entregar su vida por nosotros. Él nos ordena a nosotros (seguidores de Cristo) hacer lo mismo—para nosotros el amor es definido al imitar a Cristo, por ejemplo, amando a nuestros hermanos al entregar nuestra vida en su nombre.

La semana pasada mencionamos que no podemos entregar nuestra vida por otro de la manera en que solo Cristo pudo hacerlo. Cristo es el unigénito Hijo de Dios y su muerte cumplió una gran obra redentora de lo cual solo podemos maravillarnos pero nunca si quiera imitar. Aun así, parece que Cristo desea que pasemos nuestra vida dedicada a los demás de la misma manera que Él lo hizo. Por tanto, piensa más específicamente acerca de lo que podría ser entregar tu vida.

Pregunta: Con relación a hacer el bien a la humanidad, ¿cuál fue el objetivo principal de Jesús al entregar su vida por nosotros? ¿Qué estaba Él cumpliendo para aquellos que había escogido al entregar su vida?

Respuestas – llevarnos al Padre.

  • Para que pudiéramos compartir el gozo que Cristo disfruta con el Padre
  • Para que podamos llevar fruto
  • Para que nuestro gozo sea completo
  • Para que nuestra enemistad hacia Dios sean reemplazada por una relación de amor

¡Así debe ser con nosotros! Debemos entregar nuestra vida por los demás con la intención deliberada de convertirnos en medios que Dios pueda utilizar para hacer estas cosas buenas en la vida de otras personas. La mayoría de nosotros nunca será llamado a morir por otros cristianos. Solo un grupo selecto es llamado a entregar su vida como libación sobre el altar del martirio. Pero el resto de nosotros está también llamado a entregar su vida, una gota a la vez. Día a día, entregando nuestro tiempo y nuestra energía al bien eterno de los creyentes que Jesús ha colocado a nuestro alrededor. Jesús entregó su vida para hacer un bien eterno por aquellos que amaba, y nosotros debemos entregar nuestra vida por los demás no simplemente para ayudarles en algún sentido terrenal sino para ayudarles eternamente. Nuestro fruto debe ser uno que permanezca para siempre.

Jesús nos dio a conocer todo lo que aprendió de su Padre

Segundo, leemos que otra marca del amor de Cristo por sus discípulos es que él les dio a conocer lo que aprendió del Padre. Él les proporcionó la verdad y los propósitos de Dios para ellos. Él compartió con ellos el conocimiento que venía del Padre.

Es trágico que en nuestra cultura arrogante e individualista muchos han perdido el entendimiento bíblico de que enseñar no es algo autocrático o rudo. Lejos de ser arrogante, enseñar amorosamente a otra persona acerca de las verdades de la Escritura es una señal fuerte de que realmente los amamos y consideramos nuestros amigos. Nosotros, que hemos aprendido algunas cosas de Dios, debemos amar a los demás al compartir la verdad de la Palabra con ellos como Cristo lo hizo con nosotros graciosamente.

Por tanto, una segunda manera de imitar a Cristo y mostrar amor a nuestros hermanos es compartir voluntariamente la verdad que hemos aprendido de la Palabra de Dios con los demás.

Esto no significa que necesitas ser un experto en la Biblia, como un profesor de seminario. A cada cristiano que está aquí se le ha otorgado la verdad de Dios, independientemente de si es a través de tu propio estudio personal de la Palabra o de la enseñanza pública que recibimos en esta iglesia, o de buenas conversaciones espirituales que has tenido con amigos, o de buenas lecturas que hacemos a través de muchos libros que son vendidos o que llegan a esta iglesia. Tienes la responsabilidad de mostrar amor a los demás al no retener esa verdad. Estás llamado a ser un canal de verdad—para comunicar los demás lo que has aprendido de Dios.

Resumen:

Si determinar relacionarte deliberadamente con otro cristiano con el fin de hacerle un bien espiritual, estás amándole al entregar tu vida por ellos y al comunicarle voluntariamente verdades de la Palabra de Dios.

CONCLUSIÓN:

  1. Para ser fructífero en el discipulado debemos enfocarnos en la motivación fundamental del mismo—nuestro gozo en la gloria de Dios.
  2. Desear ver a otros crecer es obligatorio para los cristianos.

COSAS QUE HACER:

  1. Meditar en la manera como el discipulado te trae gozo, edifica la iglesia, y trae mucha gloria a Dios.
  2. Si encuentras que aun no estás motivado a pasar tiempo exhortando a otros creyentes a crecer, entonces toma tiempo esta semana para contemplar, cambiar, «sumergirte» en las razones por las cuales discipular que hemos establecido en la lección de hoy. Mientras consideras las razones bíblicas, esperamos que encuentres que la Palabra comienza a motivar tu corazón.
  3. Determina hoy cultivar un gusto por el gozo de ser un medio que Dios utiliza para motivar a otros.

Te exhorto a comenzar a pensar en cómo puedes crecer en tu propio discipulado de Cristo, al convertirte en un contribuidor intencional y deliberado de la cultura de discipulado de Capitol Hill Baptist Church.

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

¿Qué es un TIPO y un ANTITIPO?

Teología Express

¿Qué es un TIPO y un ANTITIPO?

 Jeremy Meeks

Jeremy Meeks es pastor en la iglesia Hope Community Church, en Tennessee (EUA) y además es director del ministerio «The Charles Simeon Trust» en español. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es un tipo y un antitipo?

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

02 – Mirar a Dios

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Mi experiencia con Dios

02 – Mirar a Dios

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

Como el relámpago sale del oriente

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

Como el relámpago sale del oriente

Por Kenneth L. Gentry, Jr.

Los cristianos están muy conscientes del significado histórico-redentor sin paralelo de la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión de Cristo. Estamos igualmente bien informados de Su victorioso derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Pentecostés. Sin embargo, muy pocos creyentes están apercibidos del significado del derramamiento de la santa ira de Cristo sobre Jerusalén en el año 70 d. C.

El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo.

Aún así, los acontecimientos del año 70 d. C. ocupan un lugar importante en la profecía del Nuevo Testamento, sirviendo como una dramática consecuencia de la primera venida. El holocausto del año 70 d. C.  aparece en varias profecías en el Evangelio de Lucas (Lc 13:32-35; 19:41-44; 21:20-24 y 23:28-31). Además, no solo es el tema de muchas de las parábolas del Señor (por ejemplo, Mt 21:33-45; 22:1-14), sino que es incluso la causa de Su triste lamento por Jerusalén (Mt 23:37). Y ese lamento introduce uno de Sus más largos discursos registrados, uno que inicialmente se centra en ese trágico año (Mt 24–25).

Consideremos el significado del año 70 d. C. en cuatro áreas:   

Corrobora la autoridad de Cristo 

La catástrofe del año 70 d. C. es el resultado de la palabra profética de Cristo, lo que corrobora Su autoridad mesiánica de una manera dramática. El año 70 d. C. demuestra que Su profecía no es solo una palabra verdadera de Dios (Dt 18:22) sino una palabra de juicio contra el pueblo de Dios.

La petición de los discípulos de una «señal» que marcara «la consumación de este siglo» (Mt 24:3) es lo que suscita el Discurso de los Olivos en Mateo 24 y 25. Hasta el 24:34, Jesús se enfoca en la destrucción de Jerusalén: la devastación de la ciudad santa y la conflagración de su santo templo se convierten en «la señal del Hijo del Hombre en el cielo» (v. 30, RV60). De modo que, cuando el holocausto del primer siglo estalla sobre Israel, definitivamente manifiesta la autoridad divina de Aquel que está ahora en el cielo (ver Mt 26:59-64; Lc 23:20-31).

Muchos cristianos no entienden el significado de la venida de Jesús sobre las nubes en Mateo 24:30 por dos razones. Primero, no están familiarizados con los pasajes apocalípticos del Antiguo Testamento en los que los juicios divinos se manifiestan con venida de nubes (Is 19:1). Segundo, pasan por alto las pistas interpretativas en Mateo 24: la mención de la destrucción del templo (v. 2), el enfoque en Judea (v. 16) y la proximidad temporal de todos los eventos entre los versículos 4 y 34 (v. 34). De hecho, Jesús advierte a los mismos hombres que lo juzgaban: «Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo» (Mt 26:64b).

Ciertamente, así es como la Iglesia primitiva leía Mateo 24. Refiriéndose al año 70 d. C., Eusebio destaca «el pronóstico infalible de nuestro Salvador en el cual Él expuso proféticamente estas mismas cosas» (Historia eclesiástica, 3:7:1). 

Concluye la antigua economía 

El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo. Sin embargo, la naturaleza misma de esa era tipológica exige que esta fuera un paso temporal hacia la plena conclusión redentora e histórica que Cristo propició , una etapa pasajera que avanza hacia un gran clímax. En efecto, la vitalidad del nuevo pacto no podía estar contenida en las restricciones del antiguo pacto de un pueblo étnico, una tierra geográfica y un templo tipológico, ya que «nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden» (Mt 9:17a). 

El Nuevo Testamento frecuentemente señala este cambio inminente en la administración pactual. Por ejemplo, Hebreos 8:13 declara: «Cuando Él dijo: «Un nuevo pacto», hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer». De hecho, el libro de Hebreos advierte a los judíos conversos que no se regresen al judaísmo, especialmente «al ver que el día [año 70 d. C.] se acerca» (Heb 10:25). Tal apostasía los regresaría a una copia material y a punto de  desaparecer de la verdad, porque Cristo ha llevado al pueblo de Dios a «un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos» (Heb 9:11; cp. 9:24). Dejando a un lado las estructuras del antiguo pacto, el año 70 d. C. asegura el esquema final del nuevo pacto. 

Confirma el ministerio a los gentiles    

La Iglesia primitiva estuvo tentada a descansar satisfecha en la misión judía (lo atestigua la experiencia de Pedro en Hechos 10-11). Con el creciente ministerio de Pablo, esto comienza a cambiar. Este importante cambio de enfoque de una misión judía palestina a una misión gentil mundial es finalmente sellada en el año 70 d. C. 

Regresando a Mateo 24, vemos que a raíz de la destrucción del templo, Cristo enviará a Sus «mensajeros» (angeloi en griego, aquí son mensajeros humanos) «con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos» (Mt 24:31a). Así que, en la caída de Jerusalén, el jubileo final (ver Lv 25), la salvación eterna, será declarada para todo el mundo. Ahora que las restricciones del antiguo pacto son eliminadas para siempre, el mundo se convierte en el campo de misión para la Iglesia. 

Ciertamente, Pablo relaciona proféticamente el éxito final de la misión a los gentiles con la «caída» de Israel, es decir, su tropiezo con Cristo y la consecuente destrucción del año 70 d. C. Porque su caída es «riqueza para el mundo» y su fracaso es «riqueza para los gentiles» (Rom 11:12). En verdad, el «excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo» (Rom 11:15a). 

Nos confronta con Su severidad 

El año 70 d. C. enfatiza la realidad, no solo de la bondad de Dios, sino también de Su severidad. Pablo advierte a los que se autodenominan el pueblo de Dios: «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en Su bondad; de lo contrario también tú serás cortado» (Rom 11:22). 

La «severidad» que cae sobre los judíos en el año 70 d. C. muestra el juicio de Dios sobre su incredulidad y rebelión. Aunque Israel tenía una herencia gloriosa (Rom 9:3-5), aunque su «raíz es santa» (Rom 11:16), esta severidad ilustra trágicamente las consecuencias de fallar en una responsabilidad santa. Todos debemos aprender la lección aquí expuesta: «A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él» (Lc 12:48b). El juicio de Israel en el año 70 d. C. enfatiza la impresionante obligación que resulta del llamamiento divino. Pero mientras Israel se marchita bajo el calor abrasador de la severa ira de Dios, los gentiles florecen en las frescas aguas de la buena misericordia de Dios (Rom 11:12,15; Hch 13:46-47). Tal es la bondad de Dios. No obstante, los gentiles también deben tomarse en serio la lección, «porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará» (Rom 11:21). 

El fantasma del año 70 d. C. persigue el registro del Nuevo Testamento (siendo profetizado frecuente y vigorosamente). Su ocurrencia impacta dramáticamente la historia del primer siglo (siendo uno de sus eventos más fechables y catastróficos) y confirma importantes verdades históricas y redentoras (la autoridad suprema de Cristo, la conclusión de la economía del antiguo pacto, la naturaleza universal del Evangelio y el juicio de Israel) e imparte importantes lecciones prácticas para nosotros (nuestro alto llamado conlleva obligaciones santas). Haríamos bien en aprender de los caminos de Dios entre los hombres.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kenneth L. Gentry, Jr.
Kenneth L. Gentry, Jr.

El Dr. Kenneth L. Gentry, Jr. es un ministro presbiteriano jubilado, autor de numerosos libros de teología y estudios bíblicos y conferencista que ha hablado en toda América, en el Caribe y en Australia. Es un cristiano conservador, evangélico y reformado.

Escogidos en Cristo

Momento de Gracia

John MacArthur

Escogidos en Cristo

En la voz de Henry Tolopilo

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

https://www.oneplace.com/ministries/momento-de-gracia/

Carta a un amigo confundido (1)

Miércoles 7 Julio

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.1 Juan 5:13

Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.Romanos 4:5

Carta a un amigo confundido (1)

Usted me pregunta cómo es posible estar absolutamente seguro de que Dios lo perdonó, pues está asustado pensando en todo el mal que hizo anteriormente.

La Biblia dice que Dios lo perdona con base en el sacrificio de su Hijo Jesucristo, no porque usted haya hecho esfuerzos para ser mejor o para cumplir ciertas reglas religiosas. Dios lo buscó cuando usted estaba lejos de él, y lo salvó porque lo ama, aunque detesta el mal que usted hizo. Él lo perdona gratuitamente, por gracia.

Pero como Dios es justo, no puede simplemente olvidar el mal, como nosotros lo hacemos a menudo. Dios preparó un medio para justificar a un culpable sin recursos. Él mismo ofreció el sacrificio que nos da la paz. El Señor Jesús se hizo hombre (pero sin pecado) y sufrió en nuestro lugar, de parte de Dios, el juicio que nosotros merecíamos (1 Pedro 1:18-21).

Así, lo único que cada hombre debe hacer es creer lo que Dios dice en su Palabra. Todo aquel que se arrepiente ante Dios y acepta al Señor Jesús como su Salvador, Dios lo perdona y lo considera como justo. Entonces él le da la posibilidad de comenzar una vida nueva con él. Puede creerlo, pues Dios no miente. Poner en duda el valor de la salvación es hacer de él un mentiroso, y también es ultrajar su amor.

Ponga su entera confianza, su fe en lo que Dios hizo… y reciba la paz, amigo mío. Dios lo llama a tener una relación de confianza con él. ¡Él nunca lo defraudará!(mañana continuará)

Daniel 9:1-19 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Actualización vacuna Coronavirus

Iglesia Bautista Internacional

Actualización vacuna Coronavirus

Dr. Miguel Núñez | 30 mayo 2021

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

SOLO LOS HOMBRES PUEDEN SER PASTORES

Lumbrera

SOLO LOS HOMBRES PUEDEN SER PASTORES

TOM HICKS

Publicado originalmente en inglés, Only Men May be Pastors

A pesar del hecho de que parece cada vez más de moda en nuestros días decir que las mujeres pueden ser pastoras, la Biblia es clara de que el liderazgo pastoral está restringido a hombres bíblicamente calificados. Este post examinará 1 Timoteo 2:12-14, uno de los textos bíblicos clave sobre el liderazgo pastoral solo para hombres, y responderá a algunos de los esfuerzos feministas evangélicos más populares para socavar la enseñanza de estos versículos.

La Enseñanza Bíblica

En 1 Timoteo 2:12-14 Pablo dice:

No permito que una mujer enseñe o ejerza autoridad sobre un hombre; más bien, debe permanecer callada. Porque Adán fue formado primero, luego Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer fue engañada y se convirtió en transgresora”.

Pablo escribe estas palabras en el contexto de una epístola pastoral. Él está escribiendo a Timoteo para enseñarle acerca del ministerio pastoral en la iglesia, lo que significa que estos versículos necesitan ser leídos bajo esa luz. Se aplican al liderazgo de la iglesia, específicamente al liderazgo pastoral.

Dos prohibiciones

Pablo dice que a las mujeres se les prohíbe enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia. Es importante entender que Pablo no prohíbe a las mujeres enseñar en todos los contextos (Tito 2:3; Hechos 18:25-26), solo enseñar la Biblia a los hombres en la iglesia.

Note que Pablo prohíbe a las mujeres hacer dos cosas distintas. Primero, las mujeres no pueden enseñar la Biblia a los hombres en la iglesia. Segundo, las mujeres no pueden ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia. Enseñar y ejercer autoridad en la iglesia son las dos responsabilidades principales de los ancianos, pastores u obispos. Por lo tanto, las mujeres no deben ocupar el cargo de pastor, pero tampoco deben desempeñar estas funciones particulares de pastor sobre los hombres en la iglesia.

Un comando positivo

Además de las dos prohibiciones de Pablo, da un mandato positivo a las mujeres en la iglesia. Él dice en el versículo 12 que las mujeres deben “permanecer calladas”. Pablo no le está diciendo a las mujeres que tal vez nunca hablen en la iglesia en absoluto. Más bien, sus palabras deben entenderse en contexto. Quiere decir que cuando se trata de enseñar y ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia, las mujeres deben “permanecer calladas” (1 Tim 2, 12). Esto es similar a la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 14:34-35, donde dice:

“Las mujeres deben guardar silencio en las iglesias. Porque no se les permite hablar, sino que deben estar en sumisión, como también dice la ley. Si hay algo que deseen aprender, que pregunten a sus maridos en casa. Porque es vergonzoso que una mujer hable en la iglesia”.

Muchos han entendido mal estos versículos para decir que las mujeres no deben hablar en la iglesia en absoluto. Pero el contexto de 1 Corintios 14 se trata de hablar en lenguas proféticas y la necesidad de interpretarlas en el servicio de adoración de la iglesia. En los versículos 34-35, Pablo está diciendo que las mujeres no deben estar involucradas en la profecía o la interpretación de la profecía en el servicio de adoración de la iglesia. En estos asuntos, deben “guardar silencio”. En otras palabras, no deben ser parte del ministerio de enseñanza de la iglesia, ni deben ejercer autoridad sobre los hombres, cuando la iglesia se reúna. Pablo está diciendo lo mismo en 1 Corintios 14 que dice en 1 Timoteo 2.

Los dos terrenos lógicos del comando

Pablo proporciona dos motivos distintos para que su mandato a las mujeres permanezcan calladas cuando se trata de enseñar y ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia. La palabra “para” en el versículo 13 significa que si queremos saber las razones por las que Pablo está argumentando de la manera en que es, debemos continuar leyendo.

  1. El orden de creación es la primera razón que Pablo da para prohibir a las mujeres enseñar o ejercer autoridad en la iglesia. Pablo no basa su mandato en consideraciones culturales o en un problema particular con las mujeres en la iglesia de Éfeso. Más bien, basa su mandato en la creación. Él dice que la razón por la que las mujeres no deben enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia es que “Adán fue formado primero, luego Eva” (1 Tim 2:13). Pablo quiere decir que Dios estableció a Adán como la cabeza y autoridad de su esposa, Eva. Dios diseñó a los hombres para guiar (1 Cor 11:3, 8-9).
  2. La naturaleza de las mujeres es la segunda razón que Pablo da para prohibirles enseñar o ejercer autoridad en la iglesia. Pablo dice: “Adán no fue engañado, sino que la mujer fue engañada y se convirtió en transgresora” (1 Tim 2, 14). Pablo está diciendo algo sobre la constitución natural de hombres y mujeres, que los hombres como clase están naturalmente más preparados para enseñar y tienen autoridad en la iglesia, pero las mujeres no lo están. Wayne Grudem dice: “Este es, con mucho, el punto de vista más común en la historia de la interpretación de este pasaje” (Feminismo Evangélico y Verdad Bíblica 70).

Pero, ¿por qué las mujeres son naturalmente más propensas a ser engañadas que los hombres? Es cierto que no todas las mujeres tienen más probabilidades de ser engañadas que todos los hombres. Y es cierto que algunos hombres tienen más probabilidades de ser engañados que algunas mujeres. Pero la mayoría de los intérpretes en la historia de la iglesia han entendido este pasaje para enseñar que, en general, las mujeres tienen más probabilidades de ser engañadas que los hombres. En “Una historia de la interpretación de 1 Timoteo 2”, Dan Doriani dice:

“Ambas partes [feministas y tradicionalistas] señalan que las mujeres tienden hacia el enredo, lo que implica una falta de voluntad para ver y condenar duras verdades sobre sus seres queridos. Conscientes de muchas excepciones individuales a la regla, [tanto feministas como tradicionalistas] a veces dicen que las mujeres generalmente tienen más interés en las personas y menos interés en el análisis racional separado de las ideas. Pero la capacidad de evaluación desprendida y crítica es absolutamente esencial para discernir y erradicar la herejía, para llevar a cabo la disciplina en la iglesia… También podemos reconocer la variedad en la naturaleza humana, sin etiquetar nada inferior o superior. En este punto de vista, debido a que las mujeres generalmente se centran en las relaciones más que en el análisis racional abstracto, el enredo en las relaciones podría comprometer la voluntad de una mujer de arrancar de raíz la herejía en la iglesia” (264-265).

Por lo tanto, Pablo explica que las mujeres no deben enseñar la Biblia ni ejercer autoridad sobre los hombres en la iglesia por razones del orden de la creación y la naturaleza humana. Dios creó a Adán primero, y luego a Eva, estableciendo a Adán como la cabeza y autoridad sobre su esposa. Además, Eva fue engañada por la serpiente, no por Adán.

Algunas objeciones feministas evangélicas

Habiendo examinado brevemente el significado del pasaje, consideremos algunas de las principales interpretaciones erróneas feministas de 1 Timoteo 2:12-14. Estos se extraen su mayoría del libro de Wayne Grudem, Countering the Claims of Evangelical Feminism, y las referencias de la página citadas a continuación son de ese libro.

Las mujeres estaban enseñando falsa doctrina (161-167). Algunas feministas afirman que las mujeres estaban enseñando falsa doctrina en Éfeso, por lo que Pablo les prohibió enseñar. Las feministas continúan argumentando que el comando de Paul era situacional y no se aplica a nosotros hoy en día. El problema con este punto de vista es que los únicos maestros falsos nombrados en 1 Timoteo son los hombres, Himeneo, Alejandro y Fileto (1 Tim 1:19-20; 2:17-18). Otro problema con este punto de vista es que hace que Pablo sea injusto. Hubiera sido un error prohibir a todas las mujeres enseñar porque unas pocas mujeres estaban enseñando falsa doctrina. Además, si Pablo prohibió a todas las mujeres enseñar porque algunas mujeres estaban enseñando herejía, entonces la coherencia exigiría que Pablo también prohibiera a todos los hombres enseñar porque algunos hombres también estaban enseñando herejía (1 Tim 1:19-20).

Las mujeres no fueron educadas (168-174). Algunas feministas argumentan que Pablo prohíbe a las mujeres enseñar a los hombres en la iglesia en 1 Timoteo 2 en Éfeso porque carecían de una educación formal. El problema más evidente con este punto de vista es que la Biblia en ninguna parte requiere educación formal como requisito previo para enseñar en la iglesia. Además, la mayoría de las personas en los días de Pablo tenían una educación básica, pero pocos hombres o mujeres tenían educación más allá de eso. Por lo tanto, si Pablo prohibiera a las mujeres enseñar en la iglesia por falta de educación, entonces tendría que prohibir a los hombres también.

Las esposas no deben enseñar o tener autoridad sobre sus propios esposos (175-178). Algunos han argumentado que Pablo solo está prohibiendo a las esposas enseñar o ejercer autoridad sobre sus propios esposos en 1 Timoteo 2:12-14. Mientras que las palabras griegas para “hombre” y “mujer” se pueden traducir como “marido” y “esposa”, eso es muy poco probable en este pasaje por dos razones. Primero, el contexto de estos versículos es una epístola pastoral en la que Pablo está explicando la conducta adecuada dentro de las iglesias, no los matrimonios. El pasaje en cuestión viene justo antes de una discusión de los oficiales en la iglesia local; por lo tanto, tiene más sentido tomar 1 Timoteo 2:12-14 como refiriéndose al liderazgo de la iglesia. En segundo lugar, cuando las palabras griegas para “hombre” y “mujer” se traducen como “marido” y “esposa”, el contexto proporciona pistas que indican tal traducción. Este pasaje no contiene tales pistas.

Un comando temporal (179-182). Algunas feministas argumentan que cuando Pablo dice: “No lo permito” en 1 Timoteo 2:12, está usando un mandamiento en tiempo presente, que debe entenderse como “Ahora no lo permito”. Pero este argumento malinterpreta cómo Pablo usa los mandamientos en tiempo presente. Hay muchos ejemplos de Pablo usando mandamientos en tiempo presente que están lejos de ser temporales. “Osto [tiempo presente] a que súplicas” (1 Tim 2, 1), “Os ruego [tiempo presente], pues, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo” (Rom 12, 1), “Yo, pues, preso por el Señor, os ruego [tiempo presente] que andéis de una manera digna de la vocación a la que habéis sido llamados” (Ef 4, 1). Claramente, el tiempo presente de un comando no implica que sea temporal.

Nadie prohíbe las joyas o las trenzas (199-201). Algunas feministas argumentan que la mayoría de los intérpretes toman las instrucciones de Pablo sobre joyas y trenzas en los versículos 9-10 como que ya no son aplicables hoy en día. Por lo tanto, dicen las feministas, no debemos tomar las instrucciones de Pablo en los versículos 11-14 sobre las mujeres que no enseñan o tienen autoridad sobre los hombres como corresponde hoy en día tampoco. El problema con este punto de vista es que 1 Timoteo 2:9-10 no prohíbe las joyas o el cabello trenzado. Dice que las mujeres no deben “adornarse” con ropa, como joyas o trenzas, sino con piedad. Pablo está advirtiendo contra las mujeres que hagan de cualquiera de sus ropas su adorno (literalmente kosmos o “mundo”), en lugar de piedad y buenas obras. Estos versículos se aplican tanto hoy como lo hicieron en el tiempo de Pablo.

Las mujeres no eran respetadas como líderes religiosas. Algunas feministas han argumentado que Pablo prohibió a las mujeres enseñar y ejercer autoridad en Éfeso para acomodar a la iglesia a la cultura de su época. Argumentan que las mujeres en los días de Pablo no habrían sido aceptadas como maestras religiosas; por lo tanto, para evitar ofender a los hombres, Pablo prohibió a las mujeres enseñar para llegar a los hombres de la cultura para Cristo. Un problema importante con este punto de vista es que las mujeres eran líderes religiosas aceptadas en los días de Pablo. Las sacerdotisas paganas eran comunes. Otro problema es que sugiere que la iglesia debe acomodar sus prácticas a creencias falsas y dañinas del mundo.

El problema general con todas estas interpretaciones erróneas feministas es que surgen de la especulación o las conjeturas subjetivas y carecen de cualquier apoyo real del texto o del trasfondo histórico. Además, todas estas interpretaciones erróneas ignoran los motivos reales que Pablo mismo proporciona para el mandato que da, que involucran las realidades fijas del orden de la creación y la naturaleza humana.

En conclusión, la Biblia es clara en que solo los hombres deben ser pastores en una iglesia local y solo los hombres deben realizar los deberes de enseñar la Biblia a los hombres y ejercer autoridad sobre los hombres dentro de la iglesia. Las razones de las interpretaciones feministas evangélicas de 1 Timoteo 2:12-14 no surgen del texto en sí, sino de compromisos extranjeros que no se encuentran en el pasaje.

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¿Cómo mi orgullo afecta a mis hijos?

Soldados de Jesucristo Blog

¿Cómo mi orgullo afecta a mis hijos?

Por Heber Torres

Hace algunos años, la prensa internacional se hacía eco del fallecimiento de un acaudalado joven portugués. Además de lo precoz de su partida (solamente tenía 42 años), lo que más llamó la atención de los periodistas fue la historia que este hombre escondía detrás. Una suculenta fortuna figuraba a nombre de Luis Carlos de Noronha Cabral da Camara, un enigmático individuo que nunca se casó ni tuvo hijos. Solo y sin herederos, el excéntrico millonario había escogido una fórmula verdaderamente disparatada para determinar quiénes serían los beneficiarios de su patrimonio. Ni corto ni perezoso, agarró una guía telefónica y de entre el total de los inscritos seleccionó a setenta ciudadanos “anónimos” como legítimos herederos. La sorpresa para todos y cada uno de los premiados el día en que los citaron para el reparto fue mayúscula. Pero la variedad de bienes legados no resultó menos insólita: lujosos apartamentos, coches, dinero y hasta pistolas de coleccionista.

Los que somos padres no necesitamos recurrir a la guía telefónica –¡si es que todavía existen! – para escoger a nuestros herederos. La cuestión no es tanto a quiénes, sino cuál será el legado que dejaremos a nuestros hijos. No estoy pensando en bienes materiales. Estos vienen y van, se deprecian y se devalúan, y por mucho que nos afanemos nunca podrán trasladarse más allá de la esfera de lo efímero y lo temporal. Seamos ricos o pobres, tengamos más o menos posibilidades económicas, los padres ejercemos una influencia tan poderosa como duradera en la vida de aquellos sobre los que Señor nos ha puesto. Salomón era muy consciente de que no es necesario, ni sabio, confiar y esperar al testamento para comenzar a influir en la vida de nuestros hijos (Proverbios 22:6). En ese sentido, cada día “repartimos” nuestra herencia haciéndoles receptores y consignatarios de nuestras decisiones, reacciones, instrucciones, así como de nuestras palabras. Como aprendices natos que son, ellos observan y se empapan de lo que somos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Al punto que cada interacción que tenemos con ellos impacta, moldea y configura su carácter. ¡Qué gran responsabilidad!

En 2 Timoteo 3, Pablo advierte a su pupilo Timoteo acerca del tipo de hombres que abundarán en esta era en la que nos ha tocado vivir, particularmente refiriéndose a aquellos que ocupan una posición de liderazgo e influencia. Entre otras muchas “lindezas” los describe como calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno…. Pero en toda esta lista cada vez más degradante también coloca a los que manifiestan actitudes aparentemente menos “escandalosas” y que se encuentran estrechamente ligadas a lo que conocemos como “orgullo”. El apóstol comienza por los que son amadores de sí mismos, y, del mismo modo, incluye a los jactanciosos, a los soberbios o a los envanecidos. Y es que, finalmente, los que tienen tal alto concepto de sí mismos, terminan también por tener una mente depravada y ser reprobados en lo que respecta a la fe (2 Timoteo 3:7). Definitivamente no quisiéramos que esta clase de personas, ejercieran influencia alguna en la vida de nuestros hijos. Mucho menos ser nosotros los que actuaran de un modo tan orgulloso. Pero, tristemente, se trata de un comportamiento habitual en muchos hogares. Ya sea por alardear nuestros logros buscando la adulación y las lisonjas de nuestra familia, o porque somos incapaces de reconocer nuestros errores y limitaciones, los padres podemos estar actuando de manera orgullosa. Y, por ende, lanzando un mensaje a nuestros hijos que dista mucho de ser el adecuado como súbditos del Rey de reyes.

  1. El orgullo ante el éxito

La Biblia nos enseña que hemos de esforzarnos en aquello que emprendemos, como esa hormiga que es responsable aun cuando nadie la vigila ni le obliga a ello (Proverbios 6:6–8). En un mundo orientado al entretenimiento y dónde muchos viven entregados a la ley del mínimo esfuerzo, como padres debemos ser un ejemplo de dedicación y empeño en todo lo que el Señor traiga a nuestro camino. Pero lejos de jactarnos en aquello que logramos, cuando conocemos a Aquel que nos da la vida queremos vivirla según Su voluntad (Jeremías 9:23–24). El Espíritu de Dios nos recuerda que es Dios mismo el que produce en nosotros tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13). Por eso lo hacemos todo para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). En palabras de Jerry Bridges:

“Desde el punto de vista humano podría parecer que hemos triunfado como resultado de nuestra gran tenacidad y trabajo arduo. Pero ¿quién nos dio ese espíritu emprendedor y buen juicio para lograrlo? Dios. A los corintios orgullosos Pablo les escribió ‘Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?’ (1 Corintios 4:7). Por lo tanto, ¿qué tienes que no hayas recibido? Nada. Todo lo que tienes es un regalo de Dios. Nuestro intelecto, nuestras habilidades y nuestros talentos naturales, la salud y las oportunidades para triunfar vienen del Señor.”

No importa cuán imponente llegue a ser nuestro logro. Por más atractivo que resulte a la vista, el orgullo, cual ponzoña imperceptible, lo contamina hasta convertirlo en un fruto venenoso. Aquello que podría haber despertado el respeto o la admiración de nuestros seres queridos; eso en lo que hemos invertido tiempo, esfuerzo y dedicación; lo que, en definitiva, el Señor nos permite alcanzar, queda oscurecido y mancillado en el momento en el que nos hinchamos ocupando el lugar que no nos corresponde. Nuestra altanería, en lugar de elevarnos, nos hace descender al terreno de lo mediocre, esto es, allí dónde la insolencia y la vanidad campan a sus anchas. Sin embargo, bien sea en lo extraordinario o en lo recurrente, hemos de recordar cuál es nuestra verdadera posición, sabiendo que aun el aire que respiramos es resultado de la gracia de Dios. En lo mismo que el Señor Jesucristo instruyó a sus discípulos, debemos enseñar a nuestros hijos. Una vez, eso sí, que sea una realidad para nosotros primero: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: Siervos inútiles somos, hemos hecho solo lo que debíamos haber hecho”. (Lucas 17:10).

Cada conquista, cada objetivo cumplido, nos proporciona una doble oportunidad de trasladar un ejemplo piadoso a nuestros hijos. Por un lado, siendo responsables ante lo que el Señor nos ha encomendado y, al mismo tiempo, dándole la gloria a Aquel que nos ha permitido llevarlo a cabo.

  1. El orgullo ante el fracaso

Pocos escritores bíblicos han expuesto el peligro del orgullo con la claridad con la que Salomón lo hace en el libro de Proverbios. Además de insistir en la importancia de mantener una actitud humilde delante de Dios (y el prójimo), repetidamente nos advierte del peligro de dejarnos seducir por el orgullo. Resulta significativo que tanto su padre como su hijo experimentaron una gran paliza como resultado de su altivez.

El rey David es, sin duda, uno de los personajes bíblicos más conocidos. A pesar de sus talentos y la admiración que despertaba en sus contemporáneos, este hombre mantuvo una conducta humilde durante gran parte de su vida. Sin embargo, ya casi al final de su trayectoria la magnitud de su dominio lo deslumbró. En 1 Crónicas 21 se nos relata como David, incitado por Satanás y desoyendo las advertencias de sus colaboradores más cercanos, quiso censar al pueblo con la idea de cuantificar su grandeza. Algunos años más tarde, su nieto Roboam, heredero de un reino todavía mayor, se creía infinitamente superior a todos sus gobernados. Al igual que lo había hecho su abuelo, desoyó el consejo de los sabios, pero fue mucho más allá, hasta oprimir al pueblo sin miramientos a fin de imponer su hegemonía (2 Crónicas 10).

Ambas decisiones fueron motivadas por un orgullo ciego y las consecuencias resultaron fatales, tanto para el pueblo como para las familias de estos hombres. Sin embargo, sus respuestas al fracaso resultaron diametralmente distintas. Roboam se afirmó en su dictamen y terminó por dividir un reino que nunca más se volvería a juntar. David, en cambio, reconoció su maldad, y concluyó aquel incidente ofreciendo holocaustos a Dios en la era de Ornán. Pero no solamente eso. Toda aquella situación lo movió a poner en marcha lo necesario para la construcción del Templo– obra que finalmente encargaría a su hijo Salomón– y a hacer esta confesión: “Él ha entregado en mi mano a los habitantes de la tierra, y la tierra está sojuzgada delante del Señor y delante de su pueblo” (1 Crónicas 22). ¡Qué actitud tan sumisa! Salomón fue testigo del fracaso de su padre, pero también de su sincera humillación. Una humillación que lo impulsó a invertir sus mejores recursos en la mayor construcción que el pueblo de Israel jamás ha conocido, haciendo a su hijo parte integral de ese proceso.

Evita la jactancia en tus triunfos y el engreimiento en tus fracasos. Y en todo lo que emprendas da a Dios la gloria debida a Su Nombre. De esa forma, además de vivir en obediencia, estarás legando a tus hijos un tesoro formidable con valor en este mundo y en el venidero.

Heber Torres

Heber Torres

Heber Torres (M.Div.) es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. Está casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

22 – SOBERANO SOBRE EL CLIMA

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

22 – SOBERANO SOBRE EL CLIMA

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 38:19-38
Dios continúa haciendo preguntas que Job no puede responder. Tal es la grandeza, la sabiduría, y el control soberano de Dios que, al finalizar este programa, no tendremos más palabras que las del salmista cuando dijo, «Al ver Tus cielos, obra de Tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el ser humano, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?»

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/