¿Perdona Dios al más grande pecador? (2)

Martes 22 Junio

Por amor de tu nombre, oh Señor, perdonarás también mi pecado, que es grande. Salmo 25:11

¿Perdona Dios al más grande pecador? (2)

Respondimos al preso, cuya carta leímos ayer. Unas semanas después recibimos la siguiente contestación:

“Usted no se imagina con cuánta alegría recibí su carta, pero más gusto me dio su contenido. A medida que iba leyendo, mis ojos se llenaban de lágrimas, pero creo que no eran lágrimas de tristeza, sino de alegría, porque supe que Dios me perdonaría. ¿Verdad que sí?

Desde que recibí su carta la he leído y la sigo leyendo día y noche, para que cada una de sus palabras me quede grabada; he pedido perdón a Dios por todos mis pecados, aunque le confieso que hasta la fecha nunca me había arrodillado. No puedo contener mis lágrimas cada vez que lo hago, porque Dios es bueno y yo soy muy malo; me siento indigno de pronunciar el Nombre de Dios con mis labios…

Hoy le contesto su carta con alegría, porque he encontrado dos verdaderos amigos: Dios y usted. Ya no me importa haber perdido mis amistades.

Aprovecho esta correspondencia para darle una noticia: mi esposa también leyó su carta, y los dos lloramos pidiéndole a Dios el perdón de nuestros pecados. Ahora, estudiando la Biblia que usted me mandó, mi esposa y yo esperamos comprender el verdadero camino”.

Y usted, ¿ya experimentó el perdón de Dios? ¡No espere más tiempo!

“El publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado… porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:13-14).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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La Verdadera Iglesia

Evangelio Blog

La Verdadera Iglesia

J.C. Ryle

Yo deseo que pertenezcas a la única Iglesia Verdadera: a la Iglesia fuera de la cual no hay salvación. No pregunto a dónde asistes los domingos sino pregunto si ‘¿Perteneces a la única Iglesia Verdadera?” 

¿Dónde se encuentra esta única Iglesia verdadera? ¿Cómo es esta Iglesia? ¿Cuáles son las características por las cuales se puede reconocer esta única Iglesia verdadera? Quizás me hagas tales preguntas. Escucha bien y te daré algunas respuestas al respecto. 

La única Iglesia verdadera se compone de todos los creyentes del Señor Jesús. Se compone de todos los elegidos de Dios -de todos los hombres y mujeres convertidos -de todos los cristianos verdaderos. A cualquier persona que se le manifiesta la elección de Dios el Padre, la sangre vertida de Dios el Hijo, la obra santificadora de Dios el Espíritu, lo consideramos como un miembro de la Iglesia verdadera de Cristo. 

Es una Iglesia en la cual todos los miembros poseen las mismas características. Todos son nacidos del Espíritu; todos poseen “un arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo,” y santidad de vida y conversación. Todos odian el pecado y todos aman a Cristo. Adoran en diferentes maneras; algunos adoran con una forma de oración, y otros sin ninguna; otros adoran hincados y otros en pie; pero todos adoran con un sólo corazón. Todos son guiados por un mismo Espíritu; todos edifican sobre el mismo cimiento; todos derivan su religión de un sólo libro la Biblia. Todos están unidos a un mismo eje-Jesucristo. Todos aun ahora pueden decir con un corazón, “Aleluya;” y todos pueden responder con un corazón y una sola voz, “Amén y Amen. 

Es una Iglesia que no depende de ningún ministro aquí en la tierra, aunque sí estima mucho a aquellos que predican el evangelio a sus miembros. La vida de sus miembros no depende de la membresía oficial de la Iglesia, ni del bautismo ni de la cena del Señor aunque también estiman mucho estas cosas cuando, se pueden practicar. Pero sólo posee un Líder Supremo un Pastor, un obispo principal -y ese es, Jesucristo. Sólo Él, por medio de su Espíritu, da la entrada a los miembros de esta Iglesia, aunque los ministros les pueden indicar la entrada. Hasta que Él abra la puerta ningún hombre en la tierra la puede abrir-ni obispos, ni presbíteros, ni convocaciones, ni sínodos. Una vez que un hombre se arrepiente y cree en el evangelio, se convierte en ese momento en un miembro de esta Iglesia. Es posible que como el ladrón penitente no tenga la oportunidad de bautizarse, pero él sí tiene aquello que es mucho mejor que el bautismo en el agua eI bautismo del Espíritu. Puede ser que no pueda recibir el pan y el vino en la Cena del Señor; pero él come del cuerpo de Cristo y bebe de la sangre de Cristo todos los días de su vida, y ningún ministro en la tierra se lo puede impedir. Puede ser excomulgado por hombres ordenados y cortado de las ordenanzas externas de la Iglesia protestante: pero ni todos los hombres ordenados en el mundo lo pueden sacar de la única verdadera Iglesia. 

Es una Iglesia cuya existencia no depende de formas, ceremonias, catedrales, iglesias, capillas, púlpitos, bautismales, vestimentas, órganos, fundaciones, dinero, reyes, gobiernos, magistrados ni de ningún favor de parte del hombre. Muchas veces ha sobrevivido y continuado cuando todas estas cosas le han sido quitadas. Muchas veces se ha escapado de aquellos que debían de ser sus amigos al desierto y a las cuevas en la tierra. Su existencia no depende de nada sino la presencia de Cristo y de su Espíritu; y como éstos estarán siempre con ella, la Iglesia no puede morir. 

Esta es la Iglesia a la cual pertenecen los títulos bíblicos de honra y privilegio presentes, y sus promesas de gloria futura; éste es el cuerpo de Cristo; éste es el rebaño de Cristo; ésta es la casa de fe y la familia de Dios; éste es el edificio dc Dios, el cimiento de Dios, y el templo del Espíritu Santo. Esta es la Iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo; éste es el sacerdocio real, la generación escogida, el pueblo escogido, la posesión adquirida, la habitación de Dios, la luz del mundo, la sal y el trigo de la tierra; ésta es “la santa Iglesia Católica” del Credo de los Apóstoles; ésta es la “única Iglesia Católica y Apostólica” de Credo de Nicea; esta es la Iglesia a la cual Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella,” 5 y a la cual dice, “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 16:18; 28:) 

Esta es la única Iglesia que posee una verdadera unidad Sus miembros están completamente de acuerdo respecto a los asuntos más importantes de la religión, porque todos son enseñados por un mismo Espíritu. En cuanto a Dios, a Cristo, el Espíritu, al pecado, a sus propios corazones, a la fe, al arrepentimiento, a la necesidad de la santidad, al valor de la Biblia, a la importancia de la oración, a la resurrección y al juicio venidero están de acuerdo. Escoge a tres o a cuatro de ellos, sin conocerse, de las regiones más aisladas de la tierra y examínalos individualmente sobre estos puntos y verás que serán de un mismo corazón. 

Esta es la única Iglesia que posee la verdadera santidad. Todos sus miembros son santos. No sólo son santos en palabra, en nombre o en el sentido de caridad; todos son santos en acto y hecho, en realidad, en su vida diaria y en la verdad. Todos están más o menos conforrnados a la imágen de Jesucristo. Ningún hombre impío pertenece a esta Iglesia. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente católica. No es la Iglesia nacional de alguna nación o raza: sus miembros se encuentran en cada región del mundo donde el evangelio es recibido y creído. No está limitada a las fronteras de cierto país ni encerrada dentro de la estructura de formas particulares ni de un gobierno externo. En ella no hay diferencia entre judío o griego, negro o blanco, piscopaliano o Presbiteriano pero la fe en Cristo es todos. Sus miembros serán juntados del norte, del sur, y del oriente y del occidente, y todos tendrán dife rentes nombres y lenguas-pero todos serán uno en Jesucristo. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente apostólica. Está edificada sobre los cimientos echados por los Apóstoles, y sostiene las doctrinas que ellos predicaban. Las dos metas que sus miembros; procuran realizar son, la fe y la práctica apostólicas; y ellos consideran que el hombre que sólo habla de seguir a los apóstoles sin poseer estas cosas, no es mejor que un metal que resuena o címbalo que retiñe. 

Esta es la única Iglesia que con certeza perdurará hasta el final. Nada puede vencerla o destruirla del todo. Sus miembros pueden ser perseguidos, oprimidos, encarcelados, golpeados, decapitados, y quemados, pero la verdadera Iglesia nunca es eliminada; vuelve a surgir nuevamente de sus aflicciones sobrevive el fuego y el agua. Cuando la aplastan en un país brota en otro. Los Faraones, los Herodes, los Neros, las Marías sangrientas, han luchado por eliminar esta Iglesia; ellos matan sus miles y luego se mueren y van a su lugar. La verdadera Iglesia dura más que todos ellos, y es testigo de la muerte de éstos. Es un yunque que ha quebrado muchos martillos en este mundo, y aún seguirá quebrando más. Es una zarza que arde muchas veces pero no se consume. 

Esta es la única Iglesia de la cual ningún miembro perecerá. Una vez que uno se matricula en’ esta Iglesia, sus pecados están perdonados por la eternidad; nunca son echados fuera. La elección de Dios el Padre, la intercesión continua de Dios el Hijo, la renovación diaria y el poder santificador de Dios el Espíritu Santo, los rodea y los encierra como en un jardín. Ningun hueso del cuerpo místico de Cristo será roto; ningún cordero del rebaño de Cristo le será arrebatado de la mano. 

Esta es la Iglesia que desempeña el trabajo de Cristo en la tierra. Sus miembros son un pequeño rebaño y pocos en número, comparados con los hijos del mundo: uno cuantos aquí, otros tantos allá-unos cuantos en esta parroquia y otros tantos allá. Pero estos son los que sacuden el universo; éstos son los que cambian el destino de gobiernos con sus oraciones; éstos son los que son los obreros activos para difundir el conocimiento de la religión pura y sin mácula; éstos son los que son la misma vida de un país, el escudo, la defensa, la resistencia y el apoyo de cualquier nación a la cual pertenecen. 

Esta es la Iglesia que será verdaderamente gloriosa al final Cuando toda la gloria terrenal se termine entonces esta Iglesia será presentada sin mancha delante del trono de Dios el Padre. Los tronos, los principados, y los poderes en la tierra llegarán a la nada todos los dignatarios, los oficios y las fundaciones pasarán; pero la Iglesia de los primogénitos brillará como las estrellas al fin y será presentada con gozo delante del trono del Padre en el día de la apariencia de Cristo. Cuando las joyas del Señor se preparen y suceda la manifestación de los Hijos de Dios, no se mencionarán el Episcopalianismo ni el Presbiterianismo ni el Congregacionalismo sino una sola Iglesia y ésa será la Iglesia de los elegidos. 

Lector, esta es la iglesia verdadera a la cual uno necesita pertenecer si has de ser salvo. Hasta que pertenezcas a ésta no eres nada mas que un alma perdida. Puedes tener la forma, la cáscara, la piel y la semblanza de la religión pero no posees la substancia y la vida. Sí, puedes gozar de muchos privilegios y puede ser que estés dotado con mucha luz y conocimiento pero sino perteneces al Cuerpo de Cristo, tu luz y tu conocimiento y privilegios no salvarán tu alma. ¡Ay, cómo hay ignorancia sobre este punto! Los hombres se imaginan que si se unen a esta iglesia o a aquella y se convierten en miembros y hacen ciertos ritos que sus almas están bien. Es un engaño total y es un error muy grave. No todos aquellos que se Ilamaban Israel eran de Israel, ni tampoco todos aquellos que profesan ser cristianos son miembros del cuerpo de Cristo. 

Nota bien; puede ser que seas Episcopaliano, Presbiteriano Independiente, Bautista, Metodista o Pentecostal y aún un pertenecer a la iglesia verdadera. Y si no perteneces, al final seria mejor que no hubieras nacido. 

Apartado para morir y vivir

Esclavos de Cristo

Apartado para morir y vivir — Burk Parsons

Abraham Serey

«Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena venir y morir». Dietrich Bonhoeffer tenía unos treinta años cuando escribió estas palabras en su obra clásica El Precio del Discipulado. Ocho años más tarde fue ejecutado por sus crímenes contra el Tercer Reich. El médico de la prisión quién fue testigo de la ejecución de Bonhoeffer escribió, «En los casi cincuenta años que trabajé como médico, difícilmente he visto morir a un hombre tan completamente sumiso a la voluntad de Dios.» Las palabras del médico no podrían haber sido más apropiadas para describir no sólo la manera en que Bonhoeffer se sometió a Dios en la muerte sino también la manera como se sometió a Dios en vida. Durante su vida y en su muerte, Bonhoeffer se aferró a una verdad fundamental: ser apartado para Dios es ser apartado para morir, morir al pecado, al libre albedrío, y a la vida misma – a tomar diariamente nuestras cruces y vivir para Cristo y abrazar la verdadera libertad que sólo viene cuando Cristo llama a un hombre a morir y vivir en abundancia en El.

La santificación es una doctrina bíblica muy simple, sin embargo, es tal vez la doctrina más difícil de comprender. En cierto sentido, la santificación es tan simple como entender el lenguaje bíblico de serpuesto aparte, consagrado, o santo. Y en otro sentido, es tan amplio como la aplicación de la Sagrada Escritura a toda la vida y a la adoración. La Asamblea de Westminster nos proporcionó una de las explicaciones más útiles y concisas acerca de la santificación (CSM 35), aún quedan preguntas sobre la naturaleza precisa de la obra de Dios y nuestro trabajo en el Espíritu-el trabajo forjado de la santificación. Mediante la sola gracia a través de la sola fe porque solamente a través de Cristo, es que somos santificados posicionalmente, aunque de alguna manera misteriosa, Dios ha elegido trabajar soberanamente en nosotros, a través de nosotros, y con nosotros para santificarnos progresivamente por Su libre gracia, por medio del arrepentimiento, la fe y la obediencia, que nosotros, podamos morir más y más al pecado y vivir para la justicia.

Sin embargo, a pesar de esto puede existir un cierto grado de misterio con respecto a la forma en que somos santificados en la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, lo que sí sabemos es esto: Nuestra santificación se establece en él quién no conoció pecado, pero que se hizo pecado por nosotros y quien murió por nosotros para que nosotros, estando muertos en Él vivamos para él, para que podamos reinar con Él sin el poder o la presencia del pecado en nosotros. Es sólo entonces que nuestros rostros revelan nuestra verdadera y permanente alegría en Aquel que ha hecho una oferta a nosotros para venir y morir, y vivir en él.

Por Burk Parsons sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk. Traducción por Jaime Duran.

98 – » El Aborto ¿Crimen o Derecho?»

Entendiendo los Tiempos

Primer Temporada

98 – » El Aborto ¿Crimen o Derecho?»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

Las parábolas de la oveja y la moneda perdidas

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús

Las parábolas de la oveja y la moneda perdidas

Por Josh Moody

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El contexto de estas dos famosas parábolas, que conducen a la aún más famosa parábola del hijo pródigo, es que Jesús está siendo criticado por pasar tiempo con «pecadores». Él los está recibiendo y comiendo con ellos. Jesús está pasando tiempo con aquellos a quienes los fariseos y los escribas, esos archilegalistas de Su época, consideraban como marginados de la sociedad, fuera de los límites, no deseados e inaceptables para Dios. El problema era este: si Jesús es lo que dice ser (que, según lo veían los fariseos, era al menos un hombre santo que hablaba por Dios), ¿cómo es que puede pasar tiempo con estos insoportables «pecadores»?

Cuando Jesús responde a sus críticas por medio de estas parábolas, reposiciona la conversación de manera magistral (y como Maestro): lejos de ser cuestionable, lo que Jesús hace verdaderamente representa el latido mismo del gozo del cielo. 

Si nos falta gozo en nuestra vida cristiana o en nuestras iglesias, el primer remedio es comenzar a buscar a los perdidos.

Veamos primero cómo reposiciona la conversación en cada una de las parábolas y luego apliquemos eso a nuestro contexto del ministerio del siglo XXI. 

Comencemos con la parábola de la oveja perdida, que es bastante conocida. Un hombre que tiene cien ovejas, pierde una. ¿Qué hace? ¿Se olvida de la que ha perdido y se concentra en la mayoría que sí está a su cuidado y a salvo? ¿O se olvida de las noventa y nueve y va tras la una? ¿O hay alguna técnica intermedia que pueda adoptar, delegando en otro el ministerio a esa una o a las noventa y nueve para así multiplicar el impacto? Dado que el representar al pueblo de Dios como ovejas era algo muy familiar para todos en ese momento, los oyentes originales habrán comprendido inmediatamente que Él estaba hablando de personas, no de ovejas. La insinuación radical de Jesús parece inevitable porque Su pregunta expone cómo habrían actuado Sus oyentes en relación con ovejas reales. Dejarían las noventa y nueve e irían tras la una. 

Para aquellos que han pasado su vida en entornos urbanos —la gran mayoría del mundo en estos días— vale la pena un breve repaso sobre lo tontas que son las ovejas. Se pierden fácilmente. Se caen y parecen incapaces de ponerse de nuevo en pie. Si hay una descripción adecuada de lo que es hacer ministerio pastoral, esa es pastorear. Todos somos como ovejas que tienden a extraviarse. Esta primera parábola enfatiza que incluso cuando alguien se ha descarriado, cuando alguien ha «pecado» y se ha marginado de la sociedad y ha extralimitado los estándares de las reglas religiosas y los rituales del momento, es la responsabilidad del pastor concentrarse en esa una, no en las noventa y nueve. Más aún, el gozo que hay en los cielos es la recompensa para aquellos que se enfocan en la una. 

La segunda parábola, la de la moneda perdida, en términos generales, enseña lo mismo. El contexto, sin embargo, nos es menos familiar. ¿Por qué una mujer tendría «diez monedas de plata»? La mayoría de los comentaristas a lo largo de los años han estado de acuerdo en que esta mujer es una joven soltera y las diez monedas de plata representan su dote, que ha guardado cuidadosamente y tal vez ha adherido a su cabellera como señal de su disponibilidad para el matrimonio. Entonces, perder una moneda de plata es el equivalente a perder, no solo una gran cantidad de dinero, sino también la posibilidad de casarse pronto. El énfasis de esta historia, entonces, no está tanto en el «dejar atrás» (aparentemente, ella podía guardar las nueve monedas restantes en algún lugar seguro mientras buscaba), sino en el esfuerzo y la diligencia requeridos para encontrar la moneda perdida. Una vez más, el punto principal es el gozo que viene como resultado, esta vez tanto en su comunidad de amigos como en los atrios del cielo mismo, representado por los ángeles de Dios. 

¿Qué debemos aprender de estas parábolas respecto al ministerio de hoy en día? En primer lugar, que la gran división que existe en el ministerio contemporáneo, entre aquellos que se enfocan en ser «buscadores» y aquellos que apuntan a enseñar solamente a los cristianos, es una división antibíblica y que no nos permite ver una dinámica y un desarrollo de la narrativa bíblica más amplios. ¿No urgía Pablo a Timoteo, un pastor que enseñaba a los cristianos, a hacer el trabajo de un evangelista? Y en segundo lugar, que si nos falta gozo en nuestra vida cristiana o en nuestras iglesias, el primer remedio es comenzar a buscar a los perdidos.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Josh Moody
Josh Moody

El Dr. Josh Moody es pastor principal de College Church en Wheaton, Illinois, y es presidente de God Centered Life Ministries. Es autor de varios libros, incluido How the Bible Can Change Your Life [Cómo puede la Biblia cambiar tu vida].

 La gracia es perdón ¡y poder!

Soldados de Jesucristo

Junio 21/2021

Solid Joys en Español

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John Piper

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Carta desde una cárcel en México

Lunes 21 Junio

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.1 Timoteo 1:15

¿Perdona Dios al más grande pecador? (1)

Carta desde una cárcel en México

“No tengo palabras para explicarle lo que en realidad he buscado en mi vida. Hoy, por cosas del destino, vi en la basura un folleto titulado “Una Carta para usted”, el cual me llamó la atención. Lo recogí por ironía, pero también para saber qué decía en su interior. Y cuánta fue mi sorpresa al detener mis ojos en las palabras: “El fallo condenatorio”. Empecé a leer: “Dios conoce todo el mal que usted ha cometido; y no solo tiene en cuenta los hechos; sino también los pensamientos pecaminosos. A causa de todos sus pecados usted ha sido condenado a la cárcel”. A medida que iba leyendo, mis ojos se llenaban de lágrimas y de un temor que no podía descifrar, porque todo lo que este librito dice es verdad.

Hoy, en medio de las cuatro paredes de esta prisión, he analizado mi vida y he llegado a esta conclusión: nunca he hecho el bien a nadie. Hoy me he armado de valor y le escribo esta carta con lágrimas en mis ojos, y a la vez con temor, para hacerle esta pregunta: ¿Perdonaría Dios al más grande pecador? Pues yo me considero este pecador… ¿Puedo alcanzar el perdón de Dios? He sido procesado por cometer fraude, y por este delito he perdido amistades, amigos, todo… Y le confieso que he estado a un paso de quitarme la vida…”.(mañana continuará)“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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Un recordatorio para los padres en el día de los padres

Coalición por el Evangelio

Un recordatorio para los padres en el día de los padres

SUGEL MICHELÉN 

No sé cuántos países celebran el día de los padres en la misma fecha que nosotros lo hacemos en RD (es decir, el último domingo de Julio). Pero sea cual sea la fecha de este evento en el calendario de cada país, no quise dejar pasar la oportunidad sin traer una nota de recordatorio para todos los que somos padres.

Tanto en Ef. 6:1-4 como en Col. 3:20-21, el apóstol Pablo escribe unas palabras sobre el deber de los hijos de obedecer a sus padres, y el deber de los padres de criar a sus hijos en el marco del evangelio. El pasaje de Efesios es el más extenso de los dos, así que voy a tomarlo como punto de partida:

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

Aunque en los versículos 1 y 4 aparece la palabra “padres” en nuestra versión RV60, en el original griego son dos palabras distintas. La del versículo 1 puede ser traducida como “progenitores”, e incluye tanto al padre como a la madre. Es por eso que Pablo se vale del quinto mandamiento del Decálogo para recordar a los hijos que debían honrar a su padre y a su madre. De manera que ambos padres tienen una responsabilidad en la crianza de sus hijos, y ambos poseen la misma autoridad sobre ellos.

Sin embargo, el término que Pablo usa en el vers. 21 es la palabra griega páteres que parece señalar de manera especial a los hombres, a los padres. Ellos son los que tienen la responsabilidad primaria de guiar a la familia, incluyendo a sus esposas en el papel de madres.

Contrario al pensamiento del mundo en ese sentido, Dios coloca sobre los hombres la responsabilidad del liderazgo de su familia. Por supuesto, nosotros sabemos que las madres juegan un papel vital en la crianza de los hijos. Generalmente ellas pasan más tiempo con ellos y ejercen una influencia determinante en sus vidas. Pero el hombre es responsable ante Dios de proveer a su esposa y a sus hijos la guía, el sostén y la protección que necesitan en un clima de amor y servicio.

Ser cabeza de la familia no es contemplado en la Biblia como una ventaja, sino como una gran responsabilidad. Nosotros tenemos un trabajo que debemos hacer de manera intencional, procurando el bien espiritual y físico de nuestra esposa y nuestros hijos. Dios nos ha llamado a hacer un trabajo, un trabajo que está muy por encima de nuestras capacidades naturales y que solo puede ser hecho en dependencia de Él. Él nos contrató, Él nos da los recursos que necesitamos cada momento para poder ser los padres que Él quiere que seamos, y Él nos pedirá cuentas algún día por esa mayordomía que nos fue confiada.

Lamentablemente, la influencia del mundo ha tenido un impacto profundo en la iglesia de Cristo en este asunto. En muchos hogares cristianos es la mujer y no el hombre la que va delante en la vida espiritual de la familia y la crianza de los hijos. Leí recientemente que un autor cristiano fue a proponerle a una casa publicadora un libro sobre la paternidad. ¿Saben lo que el encargado la respondió? Que los libros dirigidos a los padres no venden. “Nuestros estudios nos han mostrado que el 80% de los libros sobre crianza son comprados por las madres. Ellas los leen y se los pasan a sus maridos, que apenas los leen. Es difícil mercadear la paternidad a una audiencia femenina”.

Y el impacto que ese matriarcado está produciendo en las iglesias y en la sociedad es sencillamente devastador, sobre todo para el desarrollo de un verdadero liderazgo. La masculinidad es algo que se produce mayormente en un ambiente en el que las mujeres se comportan como mujeres y los hombres se comportan como hombres (lean bien: no como “machos”, sino como hombres).

De manera que tanto el padre como la madre tienen la responsabilidad de criar a los hijos en el temor de Dios, pero el padre es el principal responsable de ese deber.

Apreciamos todo comentario que pueda complementar este artículo para edificación de los lectores de este blog.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

La gracia es perdón ¡y poder!

Soldados de Jesucristo

Junio 20/2021

Solid Joys en Español

 La gracia es perdón ¡y poder!

John Piper

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12 – Paciencia y Oración

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

12 – Paciencia y Oración

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.