Cristo es como la luz del sol

Soldados de Jesucristo

Octubre 24

Solid Joys en Español

Cristo es como la luz del sol

John Piper

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JOHN HARPER

BITE

Serie: Biografías

JOHN HARPER

El último héroe del TITANIC

El trágico día

El domingo 14 de abril de 1912, el día del fatídico accidente, el clima estaba agradable y el mar estaba en calma. Harper asistió al servicio de la iglesia para los pasajeros. Una persona allegada contó posteriormente que en la tarde de ese domingo vio a Harper hablar con la gente sobre el Evangelio.

El Titanic golpeó el iceberg ese mismo día a las 11:40 p.m. Cuando se emitió la llamada para que los pasajeros abandonaran sus camarotes, Harper envolvió a su hija en una manta, le dijo que algún día la volvería a ver y se la encargó a un familiar que viajaba con ellos.

Los sobrevivientes luego informaron que cuando el Titanic comenzó a hundirse, Harper advirtió a las personas que estuvieran preparadas para morir. Se aseguró de que su hermana y su hija estuvieran en un bote salvavidas mientras él continuaba compartiendo el Evangelio con quien quisiera escuchar.

Un sobreviviente recordó claramente haber escuchado gritar a Harper: «¡Mujeres, niños e inconversos en los botes salvavidas!». Harper luego corrió a lo largo de la cubierta suplicando a la gente que se volviera hacia Cristo. Reuniendo a la gente a su alrededor en la cubierta se arrodilló, y levantó los brazos en oración. Cuando el barco comenzó a hundirse, saltó a las aguas heladas.

Un informe dice que Harper, sabiendo que no podría sobrevivir mucho tiempo en el agua helada, se quitó el chaleco salvavidas y se lo arrojó a otra persona diciéndole: «¡Necesitas esto más que yo!».

Finalmente, cuando comenzó la hipotermia, John Harper se hundió bajo las aguas y pasó a la presencia del Señor; él tenía 39 años.

El sobreviviente salvado

Pero la historia no termina aquí. Cuatro años después, un joven escocés llamado Aguilla Webb se puso de pie en una reunión en Hamilton, Canadá, y dio el siguiente testimonio:

Soy un sobreviviente del Titanic. Cuando estaba a la deriva solo en un mástil esa noche horrible, la marea trajo al Sr. John Harper de Glasgow cerca de mí. ‘Hombre’, me dijo, ‘¿Eres salvo?’ ‘No’, dije ‘No lo soy’. Él respondió: ‘Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo’. Las olas lo llevaron lejos; pero, por extraño que parezca, lo trajeron de vuelta un poco más tarde, y él me dijo: ‘¿Eres salvo ahora?’ ‘No’, le dije, ‘no puedo decir aún con certeza que lo soy’. Volvió a decirme: ‘Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo’, «y poco después él se hundió; y allí, solo en la noche, en medio de un inmenso mar alrededor de mí, creí. Soy el último convertido por la predicación de John Harper.

Aparentemente, Dios quería que el increíble testimonio de Webb fuera compartido, porque el fue una de las pocas personas que fueron sacadas del agua esa noche para unirse a los sobrevivientes en los botes salvavidas.

Antes de desaparecer bajo el mar helado, John Harper compartió, por última vez, el mensaje de salvación.

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25/42 – Lee la Biblia: Miqueas

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

25/42 – Lee la Biblia: Miqueas

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Miqueas, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Miqueas anuncia que la justicia de Dios vendrá para crear un nuevo futuro de amor y fidelidad al final del pecado y el exilio de Israel.

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ST500S Teología Sistemática, Lección 7.1

Serie: Introducción a la Teología Sistemática

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ST500S Teología Sistemática, Lección 7.1

Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.

Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.

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Después es mejor

Sábado 24 Octubre


(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 5:24

¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
Hebreos 10:31

Después es mejor

Sin reflexionar bien, un médico preguntó a una paciente de edad avanzada: «¿Cómo están sus padres?». Ella respondió, con cierta ironía: «¡Ahora mucho mejor, pues ya murieron!».

Para muchos no hay duda: «Después es mejor». Los que ven partir a un ser querido que estaba sufriendo mucho, se consuelan así: «Dejó de sufrir. Es mejor para él».

«Es mejor…» ¿Estamos seguros? ¿Quién puede decirlo?

Jesús vino del cielo a la tierra (Juan 3:11-13). ¿Quién, mejor que él, puede hablarnos de este tema esencial? Sin embargo, varias veces hizo alusión a un lugar de tormento (Mateo 22:13; 25:46). Presentó la parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31), explicando que no todos tienen el mismo destino después de la muerte. El rico, atormentado en el lugar de los muertos, suplicó que alguien fuese a sus hermanos para advertirles. Pero la respuesta fue contundente: tienen la Palabra de Dios (en aquella época Moisés y los profetas). ¡Esto debía bastarles!

Hoy tenemos la Palabra de Dios, plenamente suficiente. ¿Qué dice?

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Pero también dice: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

«Es mejor…». ¡Terrible ilusión para el que se acerca al juicio divino, pero preciosa seguridad para el que ha creído en Jesucristo!

“Estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”, decía el apóstol Pablo (Filipenses 1:23).

Deuteronomio 18 – Juan 11:17-37 – Salmo 119:33-40 – Proverbios 26:3-4
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Sumisión Bíblica – 2

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

2 – Sumisión Bíblica

Juan Manuel Vaz

¿Qué significa que el hombre es cabeza de familia? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Qué características tiene un buen cabeza de familia?

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La Palabra final y decisiva de Dios

Soldados de Jesucristo

Octubre 23

Solid Joys en Español

La Palabra final y decisiva de Dios

John Piper

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La obra del Espíritu Santo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 16/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, ¿por qué Shai se sorprendería de eso? ¿Y qué es la regeneración del Espíritu Santo? Bueno, permíteme continuar y resumir la obra del Espíritu Santo; este será el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó así: «El Espíritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creación».

Ahora bien, quizá no sea necesariamente el resumen más pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta útilmente la obra del Espíritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del Espíritu está divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El Espíritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bíblicamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no están haciendo cosas diferentes. Por el contrario, están resolviendo el único plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26: «Pero cuando venga el Consolador (el Espíritu), a quien yo (Jesús) os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». En términos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el Espíritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es útil: resalta la obra del Espíritu como cristológica. En otras palabras, la obra del Espíritu se centra en Jesús. El rol principal del Espíritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Él nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Cristo (Ro. 8,9; 1 P. 1,11) y el Espíritu del Hijo de Dios (Gá. 4,6). Tener al Espíritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del Espíritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al Espíritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bíblicamente qué es el Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

Génesis 1:1-3: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».

Observemos dos cosas que el texto dice que están presentes: número 1) el Espíritu de Dios y número 2) la Palabra de Dios. Dios habla: «Sea la luz» y se hace realidad por el poder de su Espíritu. Dios crea por su Palabra[1] a través de su Espíritu. El Espíritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (Génesis 1:2, Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del Espíritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo Espíritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Éxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el día y de fuego por la noche (Éxodo 13:21-22)–, era el Espíritu Santo (Isaías 63:10-14). Es el Espíritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del Tabernáculo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento está lleno de referencias de la obra del Espíritu, pero por lo general, la actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento era «enigmática, esporádica, selectiva y externa». Los profetas anhelaban días mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de Moisés de Números 11:29 en tu folleto: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos». Moisés anhelaba el día en que todo el pueblo de Dios poseería el poder del Espíritu de Dios.

¿Significa esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseían el Espíritu? ¿Qué crees? ¿Los creyentes del Antiguo Testamento poseían el Espíritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al Espíritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de «morada» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de Edén. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el Tabernáculo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu estaba predominantemente reservada a los líderes: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que Moisés deseaba –que todas las personas posean el Espíritu de Dios– se  cumpliría. ¿Sabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».

Joel 2:28-32: «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado».

Jeremías 31:33-34: «Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El Espíritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espíritu Santo en Cristo a través de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el ángel que habla con María dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el Tabernáculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a «la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del Espíritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia»[5]. Y luego, «lleno del Espíritu», leemos que Jesús es conducido a través de una repetición del Edén: correcto, Satanás tienta a Jesús como lo hizo con Adán. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al Espíritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo Adán, Jesús, ¡tiene éxito! Jesús, lleno del Espíritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a Satanás y ser tentado durante 40 días y 40 noches. Él lucha por su pueblo y gana. Después de derrotar a Satanás, exige: «Vete, Satanás» (Mateo 4:10), y el diablo huye. ¡No es de extrañar que Jesús infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del Espíritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de Jesús. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión también son obra del Espíritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de Jesús «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos». Y 1 Pedro 3:18 dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentándolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del Espíritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de Jesús prepararon a su pueblo para el Espíritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¿Dónde se cumplió lo prometido? En el día de Pentecostés. Miremos el primer punto, el don del Espíritu.

A. El don del Espíritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allí: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leímos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33: «Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del Espíritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. Más bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le había dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del Espíritu a Cristo y luego el otorgamiento del Espíritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra». Bueno, en el día de Pentecostés vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se está cumpliendo y se está cumpliendo principalmente por la obra del Espíritu.

También en Pentecostés tenemos la inversión de Babel. ¿Recuerdas esa historia? En Génesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersándolas. Aquí, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reúnen en Jerusalén. Los efectos del pecado se están revirtiendo en una nueva comunidad de judíos y gentiles, unidos por… ¡el Espíritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Después de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que Moisés encontró en el monte Sinaí. Allí Moisés ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en Pentecostés baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio Espíritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. Aquí está el cumplimiento de Jeremías 31 y la gran esperanza de Moisés que vimos en Números 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del Espíritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayoría, hombres y líderes, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueños. Estas visiones y sueños eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del Espíritu, todo el pueblo del Señor posee el conocimiento de Dios. Jeremías 31:34 espera con ansias este punto, dice: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová».

Entonces podrías decirme: «Isaac, eso es mucho». Esto es lo que quiero que veas, ¡El día de Pentecostés es la culminación de la obra de Jesús! Recuerda lo que Jesús dijo en Juan 7:37-39: «En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno más, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadáveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del Espíritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20: «Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas». Esta unción del Espíritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; más de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultáneamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es «nacido de nuevo».

En segundo lugar, la obra de regeneración del Espíritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a Jesús, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del Espíritu de la regeneración implica limpieza y renovación. Así, cuando Jesús le dice a Nicodemo que «el que no naciere de agua y del Espíritu», está aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias… Os daré corazón nuevo». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto también).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ¡Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho más que cubrir acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del Espíritu, la oración del Espíritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el día de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] Véase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] Véase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] Así como Dios se preocupó por su «hijo» (Éxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ff, Ez. 16:1ff), asimismo Dios continúa a través del Espíritu cuidando de su Hijo encarnado (también llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5] Mateo 3:17

https://es.9marks.org/

Mark Dever

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

Nota del editor: Esta es la introducción a la serie de artículos de Tabletalk Magazine referente al tema de la controversia. Un pastor, a punto de escribir un artículo criticando a otro pastor por su falta de ortodoxia, le escribió a John Newton sobre sus intenciones. A continuación, la respuesta de Newton.

Estimado señor,

Puesto que probablemente que te veas envuelto en una controversia, y tu amor por la verdad está acompañado de un temperamento fuerte, mi amistad me hace preocuparme por ti. Tú estás del lado más poderoso; porque la verdad es grande y debe prevalecer, una persona con habilidades inferiores a las tuyas podría salir al campo confiado en la victoria. Por lo tanto, no estoy angustiado por la batalla en sí; sino que quiero que seas más que un vencedor, y que triunfes, no solo sobre tu adversario, sino sobre ti mismo. Si no puedes ser derrotado, puede que seas herido. Para librarte de aquellas heridas que podrían hacerte llorar por tus conquistas, te presentaré algunas consideraciones que, si las observas debidamente, te servirán como una gran cota de malla; una armadura tal, que no necesitarás quejarte, como lo hizo David de la armadura de Saúl, de que esta sea más incómoda que útil; pues fácilmente percibirás que ha sido extraída de ese gran arsenal provisto para el soldado cristiano, la Palabra de Dios. Doy por sentado que no esperas ninguna disculpa por la libertad que me tomo y, por lo tanto, no te la ofreceré. Por cuestión de metodología, limitaré mi consejo a tres encabezados: respecto a tu oponente, al público y a ti mismo.

Si actuamos en un espíritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos.

Considera a tu oponente

En cuanto a tu oponente, deseo que antes de que pongas la pluma sobre el papel en su contra, y durante todo el tiempo que estés preparando tu respuesta, puedas encomendarlo con una oración fervorosa a las enseñanzas y la bendición del Señor. Esta práctica llevará tu corazón a amarlo y a compadecerse de él; y tal disposición tendrá una buena influencia en cada página que escribas.

Si lo consideras como un creyente, aunque muy equivocado en el tema sobre el cual debaten, las palabras de David a Joab acerca de Absalón, son muy pertinentes: «Por amor a mí tratadlo bien». El Señor lo ama y es paciente con él; por lo tanto, no debes despreciarlo, ni  tratarlo con dureza. El Señor es paciente contigo de la misma manera, y espera que muestres compasión a los demás, considerando el mucho perdón que tú mismo necesitas. Dentro de poco se verán en el cielo; entonces él te será más querido que el amigo más cercano que tienes ahora en esta tierra. Ten presente ese periodo en tus pensamientos; y aunque puede que consideres necesario oponerte a sus errores, velo personalmente como un alma gemela, con quien serás feliz en Cristo por siempre.

Pero si lo ves como una persona inconversa, en estado de enemistad contra Dios y Su gracia (una suposición que, sin buena evidencia, no deberías estar dispuesto a admitir), él es un más apropiado objeto de tu compasión que de tu enojo. Desafortunadamente, «él no sabe lo que hace». Pero tú sabes quién te ha hecho tener una opinión diferente. Si Dios, en Su soberana voluntad, así lo hubiera ordenado, tú podrías haber sido como él es ahora; y él, en vez de ti, podría haber sido escogido para la defensa del Evangelio. Ambos eran igualmente ciegos por naturaleza. Si te consideras esto, no le reprocharás ni le odiarás, porque el Señor se ha complacido en abrir tus ojos, y no los suyos.

De todas las personas que se involucran en la controversia, nosotros, que somos llamados calvinistas, estamos más expresamente obligados por nuestros propios principios al ejercicio de la mansedumbre y la moderación. Si, en efecto, los que difieren de nosotros tienen el poder de cambiarse a sí mismos, si pueden abrir sus propios ojos y ablandar sus propios corazones, entonces podríamos, con menos incoherencia, sentirnos ofendidos por su obstinación; pero si creemos lo contrario, nuestra parte consiste en, no luchar, sino en instruir con mansedumbre a los que se oponen. «Por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad». Si escribes con el deseo de ser un instrumento de corrección de errores, por supuesto que tendrás cuidado de no poner tropiezos en el camino de los ciegos o de no usar expresiones que puedan exasperar sus pasiones, reafirmarlos en sus principios y, por lo tanto, hacer que su convicción, humanamente hablando, sea más impracticable.

Considera a tu público

Al publicar tu escrito, captarás la atención del público, en el que tus lectores pueden estar divididos en tres clases: En primer lugar, aquellos que difieren de ti en principio. Con respecto a ellos, te dirijo a lo que ya he dicho. Aunque tienes los ojos puestos en una persona principalmente, hay muchos que piensan como él, y por eso el mismo razonamiento se mantendrá, ya sea con respecto a una persona o a un millón.

Habrá también muchos a los que les importa muy poco la religión, como para tener una opinión propia establecida, y que, sin embargo, están comprometidos de antemano a favor de aquellos sentimientos que son al menos repugnantes para la buena opinión que los hombres tienen de sí mismos de manera natural. Estos son muy incompetentes como jueces de doctrina; pero pueden formar una opinión tolerable del espíritu de un escritor. Saben que la mansedumbre, la humildad y el amor son las características de un temperamento cristiano; y aunque tienden a tratar las doctrinas de la gracia como meras nociones y especulaciones que, suponiendo que las adoptaran, no tendrían ninguna influencia saludable sobre su conducta; sin embargo, de nosotros, que profesamos estos principios, siempre esperan las disposiciones que corresponden a los preceptos del Evangelio. Son rápidos para discernir cuando nos desviamos de tal espíritu, y se aprovechan de ello para justificar su desprecio por nuestros argumentos. La máxima de las Escrituras de que «la ira del hombre no obra la justicia de Dios», es verificada mediante la observación diaria. Si nuestro celo está exacerbado por expresiones de ira, invectiva o desprecio, podríamos pensar que estamos sirviendo a la causa de la verdad, cuando en realidad solo traemos descrédito sobre ella. Las armas de nuestra contienda, y las únicas que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, no son carnales, sino espirituales; argumentos tomados claramente de las Escrituras y de la experiencia, y respaldados por un discurso tan moderado que persuada a nuestros lectores de que, ya sea que los convenzamos o no, deseamos lo mejor para sus almas y luchamos solo por amor a la verdad. Si podemos convencerlos de que actuamos conforme a estos motivos, hemos ganado la mitad del argumento. Estarán más dispuestos a considerar calmadamente lo que ofrecemos; y si aún así discrepan de nuestras opiniones, se verán obligados a aprobar nuestras intenciones.

Tendrás una tercera clase de lectores, quienes, teniendo el mismo sentir que tú, aprobarán fácilmente lo que propongas, y podrán ser establecidos y confirmados aún más en sus puntos de vista sobre las doctrinas de las Escrituras, por medio de una clara y magistral elucidación de tu tema. Puedes ser instrumental para su edificación si la ley de la bondad y de la verdad regula tu pluma, de lo contrario puedes hacerles daño. Hay un principio del yo que nos dispone a despreciar a los que difieren de nosotros; y a menudo estamos bajo su influencia, cuando pensamos que solo estamos mostrando un celo cada vez mayor por la causa de Dios.

Yo estoy convencido de que los puntos principales del arminianismo surgen del orgullo del corazón humano y se nutren de él; pero me alegraría si lo contrario fuera siempre cierto: que abrazar lo que se llama las doctrinas calvinistas fuera una señal infalible de una mente humilde. Creo que he conocido a algunos arminianos, es decir, personas que por falta de una luz más clara han tenido miedo de recibir las doctrinas de la gracia gratuita, que sin embargo han dado evidencia de que sus corazones estaban en cierto grado humillados ante el Señor.

Y me temo que hay calvinistas que, aunque lo consideran una prueba de su humildad, están dispuestos en palabras a degradar a la criatura y a dar toda la gloria de la salvación al Señor, pero no saben de qué tipo de espíritu son. Cualquier cosa que nos haga creer en nosotros mismos como relativamente sabios o buenos, a fin de tratar con desprecio a aquellos que no se adhieren a nuestras doctrinas, o que no siguen a nuestro grupo, es evidencia y fruto de un espíritu de justicia propia. La justicia propia puede nutrirse tanto de doctrinas como de obras; y un hombre puede tener el corazón de un fariseo, mientras que su cabeza está repleta de nociones ortodoxas de la indignidad de la criatura y de las riquezas de la gracia gratuita. Sí, y añadiría, los mejores hombres no están completamente libres de esta levadura [la justicia propia], y por lo tanto son demasiado dados a complacerse con las representaciones que ridiculizan a nuestros adversarios, y en consecuencia exaltan nuestras propias opiniones. Las controversias, en su mayor parte, se manejan de tal manera que satisfacen su mala disposición en lugar de reprimirla; y, por lo tanto, en términos generales, son poco provechosas. Provocan a quienes deberían convencer y envanecen a quienes deberían edificar. Espero que en tu forma de actuar se perciba un espíritu de verdadera humildad, y que sea un medio para promoverlo en los demás.

Considérate a ti mismo

Esto me lleva, en último lugar, a considerar tu propio interés en lo que te propones hacer. Defender la fe una vez entregada a los santos parece un servicio loable; se nos ordena a luchar seriamente por ella, y a convencer  a los que la contradicen. Si alguna vez tales defensas fueron oportunas y convenientes, parecen serlo en nuestros días, cuando los errores abundan por todos lados y toda la verdad del Evangelio se niega directamente o se tergiversa de manera flagrante.

Y sin embargo, encontramos muy pocos escritores de controversia que no hayan sido evidentemente lastimados por ella. O bien crecen en el sentido de su propia importancia, o asumen un espíritu airado y contencioso, o se apartan insensatamente de aquellas cosas que son el alimento y el soporte inmediato de la vida de fe, y gastan su tiempo y sus fuerzas en asuntos que, a lo sumo, tienen un valor secundario. Esto demuestra que aunque el servicio sea honorable, es peligroso. ¿Qué le aprovechará al hombre ganar su causa y silenciar a su adversario, si al mismo tiempo pierde ese espíritu humilde y compasivo en el cual el Señor se deleita, y al cual le ha prometido Su presencia?

No dudo que tu objetivo sea bueno, pero tienes que velar y orar porque encontrarás a Satanás a tu diestra para resistirte; él tratará de socavar tus puntos de vista; y aunque te empeñes en defender la causa de Dios, si no buscas continuamente al Señor para que te guarde, puede que se convierta en tu propia causa, y que despierte en ti esos impulsos que no son congruentes con la verdadera paz interior y que seguramente obstruirán tu comunión con Dios.

Ten cuidado de no admitir nada personal en el debate. Si crees que has sido maltratado, tendrás la oportunidad de demostrar que eres un discípulo de Jesús, «quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba». Este es nuestro modelo, así que debemos hablar y escribir para Dios, «no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo», porque para esto fuimos llamados. La sabiduría que viene de lo alto no solo es pura, sino pacífica y amable; y la falta de estas cualidades, como la mosca muerta en la olla del ungüento, estropeará el sabor y la eficacia de nuestras labores.

Si actuamos en un espíritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos. Si te conformas con mostrar tu inteligencia y con provocar la risa en los que están de tu lado, tienes una tarea fácil; pero espero que tengas un objetivo mucho más noble, y que, consciente de la solemne importancia de las verdades del Evangelio y de la compasión debida a las almas de los hombres, prefieras ser un medio para eliminar los prejuicios de una vez por todas, en lugar de obtener el aplauso vacío de miles. Salid, pues, en el nombre y fortaleza del Señor de los ejércitos, hablando la verdad en amor; y que Él dé testimonio en muchos corazones de que eres enseñado por Dios, y favorecido con la unción de Su Espíritu Santo.

Extracto de The Works of John Newton, Letter XIX “On Controversy.”
Ministerios Ligonier
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