Amós y Oseas

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Amós y Oseas

R.C.Sproul

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En realidad, el texto de Amós ha sido por largo tiempo el favorito para todos los que participan en activismo social, porque de todos los profetas menores, Amós se destaca como la voz de Dios a favor del pobre y del oprimido.

A menudo hay muchos conceptos falsos que salen del texto de Amós, pero la mayor preocupación de Amós fue que la justicia estuviera presente en la tierra. Su preocupación por la justicia no era solo un asunto de procedimientos de justicia penal sino del comportamiento de las personas y particularmente del gobierno con respecto a las relaciones interpersonales.

Cuando consideramos a Amós, este parece ser un tipo de profeta sombrío y triste; y él pasa tanto tiempo hablando de la justicia de Dios que apenas podemos ver algo de la misericordia de Dios en su libro. Es por eso que hoy vamos a dar un vistazo a Amós y Oseas, quienes son como los profetas gemelos del siglo VIII a.C.

El énfasis de Amós es la justicia y el énfasis de Oseas es la misericordia, pero sería incorrecto suponer que todo lo que preocupaba a Amós era la justicia y que todo lo que le preocupaba a Oseas era la misericordia.

Solo estamos hablando aquí de la diferencia en el énfasis. En el libro de Amós, al principio del capítulo 1, leemos esta declaración, capítulo uno, verso tres: «Así dice el Señor: ´Por tres transgresiones de Damasco, y por cuatro, no revocaré su castigo´».

Luego, lo que sigue es un anuncio profético del juicio de Dios sobre la ciudad de Damasco. Luego en el verso 6: «Por tres transgresiones de Gaza, y por cuatro, no revocaré su castigo». Verso 9: «Por tres transgresiones de Tiro, y por cuatro, no revocaré su castigo». Versículo 11; «Por tres transgresiones de Edom, y por cuatro, no revocaré su castigo».

Y lo que ocurre aquí es una serie de oráculos entregados por Amós mediante los cuales Dios habla a través de su profeta y anuncia su juicio sobre las naciones impías y ciudades que rodean a Israel. Me gusta imaginar este escenario en el que Amós está rodeado por gente de Israel.

Él mismo es del reino del sur, de Judá, pero está profetizando ahora en el norte y lo veo reuniendo a todas estas personas a su alrededor y anunciando que Dios va a juzgar a Damasco, y cuando dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro, no revocaré su castigo” sobre Damasco, el pueblo está gritando y vitoreando: ‘¡Esas son buenas noticias!’

Y luego dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro”, va a juzgar Gaza y la gente vitorea de nuevo. Y voy a juzgar a Edom y voy a juzgar a esta nación, y a aquella nación. Y podemos ver un aumento creciente de la emoción entre la gente cuando se anuncia el juicio de Dios sobre los vecinos paganos.

Pero entonces en la cúspide de su entusiasmo, Amós dice: «Por tres transgresiones y por cuatro Oh Israel, yo no revocaré mi castigo».

Y es como si le hubiera puesto una trampa a su audiencia pues, de repente, su alegría se vuelve en amarga tristeza y hostilidad hacia la voz de este profeta. Uno de los temas más importantes que encontramos en Amós tiene que ver con una idea que está profundamente arraigada en la fe del Antiguo Testamento.

Es anterior a los profetas y era la expectativa de lo que se llamó el día del Señor. A veces es llamado el día de Jehová, y otras veces el día de la visitación de Dios. En la antigüedad, el pueblo judío anhelaba ese futuro cuando Dios mismo visitaría a su pueblo y con claridad se manifestaría y el pueblo esperaba esto con muy gran gozo.

Sin duda era su esperanza escatológica. De hecho, cuando llegamos al Nuevo Testamento y recordamos la enunciación del ángel Gabriel, no en el caso a María, sino a Zacarías, sobre el inminente nacimiento de Juan el Bautista, vemos que, bajo la influencia del Espíritu Santo, Zacarías canta el Benedictus y menciona en su cántico de alabanza su gran gozo porque Dios estaba visitando a su pueblo, y que ellos esperaban este día de la visitación.

Pero como dije, en la tradición, el día del Señor, que se esperaba, era un tiempo de la visita de la misericordia, la gracia y la salvación de Dios.  Sin embargo, veamos brevemente lo que Amós hace con esta esperanza favorita del pueblo. En el capítulo 5 verso 16, Amós dice: «Por tanto, así dice el Señor, el Señor Dios de los ejércitos: En todas las plazas hay llanto, y en todas las calles dicen: ¡Ay! ¡Ay! Llaman a duelo al labrador, y a lamentación a los que saben plañir. En todas las viñas habrá llanto, porque pasaré por en medio de ti, dice el Señor».

No dice: “pasaré por encima de ti” como lo hizo en Egipto, sino, “pasaré por en medio de ti”.  Y luego da este oráculo de condenación: «¡Ay de los que ansían el día del Señor! ¿De qué os servirá el día del Señor? Será tinieblas, y no luz; como cuando uno huye de un león, y se encuentra con un oso, o va a casa, apoya la mano en la pared, y lo muerde una culebra.

¿No será tinieblas el día del Señor, y no luz; oscuridad, y no resplandor? En otras traducciones se lee de la siguiente manera: “El día del Señor será de oscuridad, y no de luz”. Esta es la presentación más pesimista del concepto del día del Señor que encontramos en todo el Antiguo Testamento.

Pues Amós dijo: ‘¡Ay de ustedes que esperan impacientes y desean el día de la visita del Señor!; porque lo que esperan con anticipación gozosa, va a ser una tremenda sorpresa para ustedes’.

Serán como aquellos que huyen de un león y justo cuando piensan que han escapado del león, se encuentran de frente con un oso, y escapan del oso y regresan a toda prisa a la seguridad y refugio de su casa, corren dentro de la casa, cierran la puerta, suspiran de alivio, apoyan su mano en la pared y una serpiente venenosa los muerde.

Esa es la imagen que usa Amós para estas personas. Y ahora está hablando del juicio venidero sobre Jerusalén. Ahora, veremos en unos momentos que Oseas suaviza la idea del juicio que está asociada con el día del Señor y ofrece una esperanza futura para el remanente de Israel para quien el día del Señor será una bendición.

Y si seguimos este tema a través de los profetas Isaías, Sofonías por ejemplo, Joel, y en el Nuevo Testamento, veremos que el día del Señor se vuelve un concepto que es muy importante para la teología bíblica, que es una espada de doble filo.

Para aquellos que no están preparados para la venida del Señor, es un día de oscuridad, sin luz. Pero para aquellos que están esperando ansiosamente su llegada y su aparición, para ellos es un tiempo de bendición sin igual y de gracia.

En el Nuevo Testamento, la encarnación de Jesús se describe de varias formas por el término “visitación”. Incluso allí su visita a este mundo es un tiempo de excesivo gran gozo para aquellos que son fieles al pacto y dan la bienvenida a su venida.

Pero su venida también es una crisis, ya que trae juicio sobre aquellos que lo rechazan. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Incluso en los últimos días de su ministerio, Él se lamenta, el domingo de Ramos, por la ciudad de Jerusalén y les dice que la destrucción vendrá sobre la ciudad porque no estaban listos en el día de su visita.

Ahora Amós, como digo, siendo del sur incurre en la ira de los que viven en el reino del norte. El sacerdote de Betel, Amasías, acusó a Amós de conspirar en contra de Israel y él dice en el capítulo 7 verso 10: «la tierra ya no puede soportar todas sus palabras».

Y en el versículo 12, dice Amasías a Amós: «“Vete, vidente”, o tú, profeta, “huye a la tierra de Judá, come allí pan y allí profetiza; pero en Betel no vuelvas a profetizar más, porque es santuario del rey y residencia real».

Y Amós responde a Amasías con algunas palabras extrañas, pero creo que son importantes para entender este libro. Amos respondió y dijo: «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de sicómoros. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

Lo que está pasando aquí es que Amós niega que sea un profeta, sin embargo, aquí lo tenemos, célebre como uno de los profetas canónicos más importantes del Antiguo Testamento. ¿Por qué le anunciaría públicamente al sacerdote de Betel que él no era un profeta? «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta.»

Bueno, la palabra que Amós usa aquí en hebreo es la palabra ‘nabi’ y nabi hizo referencia a eso. Es por eso que la versión que leí hace un rato, lo traduce vidente.

En Israel había, además de los profetas canónicos, los que fueron carismáticamente dotados por Dios para ser agentes de la revelación divina, para ser sus voceros ante la nación. También había profetas profesionales, profetas institucionales, profetas de culto que eran contratados. Y cuando Amasías rechaza a Amós, le está diciendo que él es un vidente ordinario, de culto, profesional.

Así que le dice que vaya a ejercer su profesión a otro lugar. Y Amós le responde: ‘Yo no soy esa clase de profeta. No soy un profeta con «p» minúscula. Yo soy un profeta con «P» mayúscula, porque estoy hablando la palabra del Señor’.

Así que espero que eso explique esta porción enigmática. Luego leemos que Dios va a traer juicio sobre el pueblo y él dice anteriormente en el capítulo 7: Dios mostró a Amós una plomada, y el Señor dijo: “He aquí, pondré una plomada en medio de mi pueblo Israel. Ya no volveré a dejarlos sin castigo”.

Esta plomada es una de varias visiones, está la visión del fuego, está la visión de la cesta de fruta de verano y otras, que ilustra una cosa común que encontramos en los profetas.

Los profetas son conocidos por dar ejemplos prácticos, por patrones extraños de comportamiento que muestran la verdad de Dios, como corriendo por las calles desnudo o Ezequiel acostado de lado durante muchos meses.

Y en este caso, teniendo visiones que tienen un significado simbólico para la gente que comunica la palabra de Dios. Y todas estas visiones que encontramos en el capítulo 7 y 8 tienen que ver con las visiones del juicio venidero de Dios sobre el pueblo.

Ahora, en el libro de Amós, terminaré con esto, como dije, el tema central es la rectitud o justicia social, pues lo que le preocupa a Dios sobre Israel es la inmoralidad, la injusticia social y la apostasía religiosa.

Así que Dios dice al pueblo, ‘desprecio tus fiestas; aborrezco tus asambleas solemnes; tus sacrificios se han convertido en un hedor en mi nariz, porque, aunque tienes los adornos exteriores de la religión, se están tratando unos a otros de forma opresiva, pues los pobres son vendidos por un par de zapatos’.

Luego dirige su atención a la clase rica de personas que, en su mayor parte, formaba parte, en ese tiempo, del gobierno de turno de ese tiempo, y dice que las mujeres habían llegado a ser como las vacas gordas de Basán.

Ahora imagina un profeta que se levanta hoy ante una congregación y le dice a las señoras ricas y a la iglesia: ‘ustedes vacas gordas de Basán que descansan en camas de marfil, pero venden al pobre por un par de zapatos, y no hay justicia en las puertas’.  Y cuando se habla de la justicia en las puertas, se refiere al sistema judicial que se supone debe ser imparcial y no hacer diferencia entre el pobre y el rico.

Y lo que está sucediendo en este momento es que los jueces están aceptando sobornos y están distorsionando los principios de la ley de Dios que eran una parte de su pacto.

Como ya lo mencioné, el profeta Amós hace hincapié en esta preocupación por la justicia social. Oseas, su homólogo en aquellos días, es quizás el más famoso para nosotros por lo que ocurre al principio del libro que lleva su nombre.

Oseas es elegido por Dios y le manda salir y casarse con una ramera, al parecer una prostituta profesional. Demos un vistazo a este relato que se encuentra al principio del libro de Oseas donde leemos en el primer capítulo, verso 2.

Leemos: «el Señor le dijo: Anda, toma para ti a una mujer ramera y engendra hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al Señor».

Ahora, esto es importante. Como dije, los profetas usan constantemente ejemplos prácticos, y aquí tenemos el ejemplo máximo que Dios estaba tratando de demostrar a su pueblo al decirle a Oseas que se casara con una prostituta.

La razón para ello es obvia: ‘Porque mi pueblo se ha convertido en una ramera. Mi novia me ha sido infiel, pero me he mantenido casado con esta novia por tanto tiempo y he tolerado y he sido paciente con sus infidelidades; pero ahora el tiempo del juicio está cerca’.

Y así leemos en el primer capítulo: Oseas fue “y tomó a Gomer, hija de Diblaim; y ella concibió y le dio a luz un hijo. Y el Señor dijo a Oseas: Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel, y pondré fin al reino de la casa de Israel. Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel».

Una vez más prediciendo la derrota militar de Israel, que tendrá lugar en el valle de Jezreel. Y así, al primer hijo de Oseas se le da un nombre que comunica y encarna la profecía de Dios.

Luego él continúa diciendo que su esposa concibió otra vez y dio a luz una hija, y Dios le dijo: “Ponle por nombre Lo-ruhamá, porque ya no me compadeceré de la casa de Israel». El nombre significa ‘no más misericordia’.

¿Cómo te llamas pequeña? Mi nombre es ‘no más misericordia’. Dios me dio ese nombre porque le ha dicho a su pueblo y a su novia infiel: ‘Ya no lo toleraré más y no daré más misericordia. Pero la aflicción más profunda de esta interminable lección práctica creo que es el nacimiento del tercer hijo.

«Después de haber destetado a Lo-ruhamá, ella concibió y dio a luz un hijo. Y el Señor dijo: Ponle por nombre Lo-ammí”, que traducido significa “no mi pueblo”.

Y Dios está diciendo a Israel: ‘Ustedes, a quienes llamé a ser mi pueblo del pacto, ustedes con quienes me casé en el desierto y les dije que serían una luz para los gentiles, que sería su Dios y que serían mi pueblo y que los apartaría y los consagraría para ser una nación santa. ¡No más! Ahora ustedes son para mí Lo-ammi, no mi pueblo’.

Es fascinante en el Nuevo Testamento, cuando el apóstol habla del injerto de los gentiles como nosotros en la iglesia y en el reino de Dios.

Se dice de nosotros que Dios tomó un pueblo que no era su pueblo y nos hizo su pueblo, pero eso no significa que el rechazo de Dios a su pueblo del pacto, en este punto de la historia, fuera total o definitivo.

Como dije, Oseas es el profeta de la esperanza y de la misericordia. Hasta ahora, ha habido muy poca esperanza y muy poca misericordia en este texto. En el capítulo 2, Dios ordena a Oseas que se divorcie de Gomer, de nuevo para simbolizar la sentencia de Dios de divorcio contra Israel.

Pero, luego, en el capítulo 2 verso 14, leemos lo siguiente: “Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón. Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza. Y allí cantará como en los días de su juventud, como en el día en que subió de la tierra de Egipto. Y será en ese día, dice el Señor, que me llamarás ‘mi esposo’ y ya no más ‘mi maestro’.

Y “Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor». Y luego en el versículo 23: «Y tendré compasión de la que no recibió compasión, y diré al que no era mi pueblo: (ammí) Tú eres mi pueblo.”

Una vez más, Dios restaurará a su novia para sí mismo y llamará a su pueblo por su nombre.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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13/27 – La impecabilidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 13/27 – La impecabilidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-impecabilidad-de-cristo/

Leslie Basham: Como una verdadera maestra de la Biblia para mujeres, Nancy Leigh DeMoss a menudo pasa horas a solas enfocada en el estudio. ¿No suena como si este fuera un ambiente seguro para alejarse del mundo y evitar el pecado?

Nancy Leigh DeMoss: Pero Dios, Él conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Hemos estado preparando nuestros corazones para la temporada de Pascua, siguiendo a Nancy, en una serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: Quiero hablar hoy de otra manera obvia en la que Cristo es incomparable. Si estás siguiendo junto a nosotras el libro de Oswald Sanders, estamos en el capítulo 13, que se llama la «La impecabilidad de Cristo».  Creo  que impecabilidad es una palabra con la que no estamos muy familiarizadas. Eso es parte de lo que hace único a Cristo y lo hace incomparable.

Mientras me preparaba para esta serie y llegué a este capítulo,  pensé: «Seguramente todos los que están escuchando este programa estarían de acuerdo en que Jesús no tenía pecado, de manera que ¿necesitamos realmente un programa completo sobre la impecabilidad de Cristo?» Pero resulta, que mientras he estudiado este tema,  me di cuenta que no necesariamente todo el mundo está de acuerdo en que Jesús era sin pecado.

De hecho, descubrí algunas estadísticas sorprendentes en una encuesta de investigación de Barna, que dice que hay casi igualdad de opiniones entre los adultos estadounidenses sobre este tema: 42% de los estadounidenses encuestados creen que Jesús pecó; solo el 40% cree que no lo hizo. Piensas, que si en esta encuesta le preguntas al público estadounidense en general y que gran cantidad de estas personas no crea en Cristo no te sorprenderías.

Pero entonces hicieron un estudio por denominaciones, con las personas que asisten a las diferentes denominaciones de creyentes. Te voy a decir que la mejor denominación para este conteo fue la Bautista. Pero escucha esto antes  de que digas un rápido «amén». A esto solo el 55% de los bautistas está en desacuerdo en que Jesús pecó cuando estuvo aquí en la tierra —y se encontraban en el tope del grupo encuestado.

Eso significa que ¡casi la mitad de los bautistas encuestados piensa que Jesús podría haber pecado o que pecó! Como alguien me dijo mientras discutíamos este tema el otro día: «¡Si Cristo es nuestra justicia, es bastante malo pensar que El pudo haber pecado!».

Vamos a hablar de todo este tema del pecado, de donde vino, y el concepto del pecado original.  Es un concepto muy doctrinal pero muy importante. En Génesis capítulo 3 encontramos—ya conoces la historia —cómo Adán y Eva, creados sin una naturaleza pecaminosa, desobedecieron la ley de Dios. Siguieron sus propios caminos de manera independiente, y pecaron.

Desde ese momento, cada ser humano nacido ha llegado a esta carrera con una naturaleza pecaminosa, excepto uno. Eso es lo que se conoce como la doctrina del pecado original o heredado. Adán nos representó a todos nosotros. Estábamos en él, y en él todos hemos nacido en este mundo como pecadores.

Ahora, eso no necesariamente quiere decir que los bebés están haciendo cosas pecaminosas. Pero pecamos porque somos pecadores. Hemos heredado esa naturaleza pecaminosa. La tenemos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de sus padres (y madres también)…

Leemos en Romanos capítulo 5, por ejemplo que, «Por la desobediencia de un hombre  (¿quien fue ese hombre? (Adán) los muchos (o sea todos nosotros) fueron constituidos pecadores» (v. 19). «El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron» (v. 12).
Las Escrituras son muy claras al respecto. «No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron. . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3:10-12). «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Esa es la condición humana —caída, pecaminosa. Es cierto que tú, yo, tus hijos, tus nietos —a pesar de lo dulce que puedan ser —son pecadores con necesidad de un salvador. Estamos separados de Dios. Con una excepción, y es Jesús quien vivió una vida sin pecado. Él hizo lo que el primer Adán no pudo hacer. Él cumplió perfectamente la ley de Dios. Las Escrituras son muy claras en esto. «Él no conoció pecado» (2 Corintios 5:21). «Él fue tentado pero no pecó» (Hebreos 4:15).

Ahora la pregunta es ¿cómo pudo Él haber nacido sin una naturaleza pecaminosa, como cualquier otro ser humano en la historia del mundo desde Adán y Eva? La vida humana comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el ADN del hombre y la mujer se combinan. Pero con Jesús no ocurrió así. ¿Recuerdas? Hemos hablado anteriormente en esta serie de que Él existió antes de la creación del mundo. Él no vino a la existencia la noche que nació en Belén. Él había existido por toda la eternidad pasada.

El cuerpo físico de Jesús que nació en Belén fue una creación especial de Dios, colocado en el útero de una adolescente llamada María. Eso es lo que llamamos el milagro del nacimiento virginal.

Si estás familiarizada con las Escrituras, en Mateo capítulo 1 versículo 18 dice, «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José, antes de que llegaran a estar juntos se halló concibiendo del Espíritu Santo».

No me pidas que lo explique. No puedo —es sobrenatural— pero es verdadero. Lucas capítulo 1 lo dice de esta manera: «Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Vas a tener un hijo, pero Su padre va a ser Dios. Entonces María le dijo al ángel: [pregunta comprensible aquí], “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

No puedo quedar embarazada. No puedo tener un hijo. Nunca he conocido a un hombre. La respuesta de los ángeles es realmente importante. El ángel le respondió «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado-Hijo de Dios «(Lucas 1:31 – 35).

Jesús no fue el producto de la unión física de un hombre y una mujer, sino que fue sobrenaturalmente concebido en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Esto nunca ha sucedido antes y nunca ha ocurrido desde entonces. Dios hizo esto específicamente en ese momento, en ese tiempo de la historia envió a Jesucristo como hombre a este mundo.

Se trata de una trama que ninguna de nosotras podríamos haber ideado. No podríamos haberla diseñado. No podíamos haber pensado en ella. Y si lo hubiéramos pensado, no podríamos haber hecho que esto ocurriera. Solo Dios podía hacerlo. Como resultado de que la vida de Cristo fue colocada en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo, no le fue trasmitido el pecado de María o de José. El nacimiento virginal —que es de lo que estamos hablando aquí —es de vital importancia. Esto hizo que fuera posible que Cristo compartiera nuestra humanidad —hemos visto lo importante que esto es —el nacer de una mujer, sin compartir nuestra naturaleza pecaminosa al mismo tiempo, porque fue concebido por el Espíritu Santo.

Así que aprendemos en las Escrituras que Él fue absolutamente puro y sin mancha de pecado —desde el día en que nació, hasta el día en que murió. La impecabilidad de Cristo.

Entonces surge la pregunta: «¿Pero si no pecó, era Él en realidad totalmente humano?» Quiero recordarles que la naturaleza pecaminosa no era parte de nuestra naturaleza original. Adán y Eva eran verdaderamente humanos antes de pecar. El pecado ha sido y es una perversión de nuestra verdadera humanidad. Cristo vino  —sin pecado Dios / hombre —para restaurar nuestra humanidad completa sin pecado.

«Tú le pondrás por nombre Jesús». ¿Por qué? «Porque Él salvará a su pueblo —¿de qué?— de sus pecados» (Mateo 1:21). Este es el asombroso plan de Dios. No hay nada igual en toda la historia del universo. Él envió a Jesús a este mundo—el Dios / hombre sin pecado —concebido por el Espíritu Santo, colocado en el vientre de la virgen María. ¿Por qué? ¿Cuál era el punto? El punto es que Él vino a restaurar nuestra humanidad completa sin pecado, para rescatarnos de nuestros pecados.

La impecabilidad de Cristo fue bien probada. Fue probada por Sus amigos. Los discípulos vivieron con Él durante tres años, día tras día.  No tienes que vivir conmigo durante tres días para saber que soy una pecadora. Probablemente mucho menos tiempo que ese. Durante tres años, estos hombres vivieron, caminaron y hablaron con Cristo. Ellos lo vieron en todo tipo de circunstancias. Dos de los discípulos que estuvieron más cerca de Jesús, luego escribieron cartas que hablaban de Su impecabilidad.

Juan dice en 1era de Juan capítulo 3 versículo 5: “En él no hay pecado”.

Pedro dice en 1era de Pedro  capítulo 2: «Él cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca» (1 Pedro 2:22).

Solo piénsalo por un momento. Jesús nunca, nunca pecó —desde Su nacimiento hasta el día en que murió. Él nunca pecó de palabras, acciones, actitudes. Nunca fue impaciente, arrogante, grosero, egoísta, cruel. Nunca desobedeció a Sus padres, nunca eligió Su propio camino en lugar del de Dios. No solo había esta ausencia de pecado, sino que también estaba  la santidad positiva. Él dijo e hizo todo lo que el Padre le dijo que hiciera. Amó a Dios y a los demás perfectamente cada momento de Su vida.

Pienso en mi propia vida, cuando me siento en mi estudio durante horas y horas, según lo que las personas supondrían, sin cometer ningún pecado visible. No hay nadie en la habitación. Se pudiera decir, «Ella no está pecando. Ella está allí estudiando la Biblia para Aviva Nuestros Corazones«. Pero Dios conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos.

Pero por el otro lado, de manera positiva, la santidad activa. Él siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Jesús dice, tanto en el Salmo 40  versículo 8, y luego lo repite en Hebreos capítulo 10 de los versículos 5-7: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón». Eso describe a Jesús.

¡No solo no rompió la ley de Dios ni una vez, sino que la cumplió perfectamente cada momento de cada día de su vida! Pienso en ese pasaje de Miqueas capítulo 6 versículo 8 que a menudo escuchamos. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno”.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Cristo cumplió perfectamente ese mandato.

No solo Sus amigos testificaron de Su impecabilidad, sino que Sus enemigos también daban testimonio de ella.

Pilato les dijo: «No encuentro delito en este hombre» aun cuando lo intentó varias veces (Lucas 23:4). Este hombre no ha pecado, no ha hecho nada malo. Judas dijo: «He pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4). El ladrón en la cruz dijo: «recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho» (Lucas 23:41). Aun los demonios, cuando los exorcizaba, dijeron: » Yo sé quién eres: el Santo de Dios» (Lucas 4:34). Sus enemigos testificaron de Su impecabilidad.

Jesús mismo testificó que en Él no tenía pecado. Ahora bien, alguien podría decir que no tiene pecado, pero tendría que ser muy arrogante para decir eso, a menos que fuera cierto. Pero en el caso de Jesús, es cierto.

Escucha estos versículos del Evangelio de Juan. Jesús dijo: «yo siempre hago lo que le agrada [a mi Padre]» (Juan 8:29). ¿Podría cualquiera de nosotros decir esto? Él preguntó en Juan  capítulo 8: ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? (Juan 8:46). Hagamos una pausa, mira a tu alrededor,  Quiero decir, yo no me atrevería a hacer esa pregunta en una habitación llena de gente. En el caso de Jesús, había una gran cantidad de gente que quería acabar con Él, pero nunca hubo una acusación de pecado que le pudieran demostrar o imputar.

Por cierto, la pregunta sigue sin respuesta todavía hoy. Nadie jamás ha condenado a Jesús de pecado. Jesús dijo en Juan  capítulo 15:

«Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor » (Juan 15:10).

Así que dices, «¿Por qué insistir en esto?» Jesús tenía que ser sin pecado, a fin de ser un sacrificio satisfactorio por nuestros pecados. Déjame llevarte por un momento de vuelta al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los fieles que querían estar bien con Dios, que sabían que habían pecado, iban al tabernáculo o al templo, se presentaban ante el sacerdote, y  traían un cordero. O bien, si eran pobres, ellos traían algo menos costoso, pero algún tipo de animal debía ser sacrificado para expiar sus pecados.

Ahora el animal no expiaría sus pecados. Pero el animal sería asesinado y su sangre sería derramada. El animal moría como sustituto en lugar del pecador. Por supuesto, estos animales eran solo un tipo que apuntaba al Cristo que habría venir.

Los corderos —y lees esta frase muchas veces en el Antiguo Testamento —tenían que ser «sin mancha». No podías entregarle a Dios el más  pequeño de la camada. No podías entregarle a Dios los corderos que nadie más quería. Tenía que ser un cordero sin mancha.

Entonces, una vez al año en la Pascua, cada familia podía tomar un cordero. Éxodo dice: » El cordero será un macho sin defecto, de un año» (Éxodo 12:5). Ellos debían matar el cordero, poner la sangre en los postes,  el dintel, y Dios vería la sangre y pasaría de largo. Su juicio no caería en esa casa.

Durante cientos de años, día tras día, los fieles adoradores judíos trajeron estos sacrificios. Los corderos fueron asesinados —corderos sangrando, corderos muriendo, sangre por todas partes. Ser sacerdote en esos días era un negocio sangriento. Y año tras año, la Pascua se celebraba, los corderos se sacrificaban y la sangre se derramaba día tras día, año tras año por cientos de años —corderos muriendo,  corderos muriendo, corderos muriendo.

Imagínate cuando Jesús se acercó al río Jordán, donde Juan estaba bautizando, y el pueblo escucho a Juan decir: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).

Pedro lo dice de esta manera: «Fuisteis redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha» (1 Pedro1:18-19).  Ves «la paga del pecado es muerte»—eso es lo que la palabra de Dios dice (Romanos 6:23). Pero Jesús no había pecado, por lo que no merecía morir. Él murió una muerte que nosotras merecíamos. Él era inocente. Fue acusado falsamente. Nosotras, por el contrario, somos culpables.

A nosotros se nos acusa con razón.

Un antiguo escritor de himnos lo expresó de la siguiente manera,

Nosotros, Culpables, viles y desamparados,
Él, Cordero de Dios sin mancha.1

Él fue el sacrificio perfecto—el único sacrificio —que podía de forma permanente, y de una vez por todas expiar, pagar por nuestros pecados. A causa de Su muerte sustitutiva en nuestro lugar por nuestros pecados, podemos ser declarados justos y sin pecado, justificados, relacionarnos con Dios, porque Él murió en nuestro lugar.

Romanos  capítulo 5 dice: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno ¿y de quién fue la obediencia? De Jesús] los muchos serán constituidos justos» (v. 19).

Primera de Pedro capítulo 3 lo dice de la siguiente manera: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (v. 18). Tenía que ser sin pecado por la redención que se llevaría a cabo. Cristo no solo cumplió con el tipo de cordero del sacrificio, sino que también es la imagen del sacerdote que sacrificaba el cordero.

Escucha lo que dice Hebreos capítulo 7: «Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos.» ¿De quién es que se habla? De Jesús: santo, inocente, sin mancha. Sin pecado. Entonces continua diciendo ¿Por qué es importante? Porque «Él no necesita, como aquellos sumos sacerdotes [del Antiguo Testamento],  ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo » (vv. 26-27).

Escucha, los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que seguir ofreciendo sacrificios, y cuando lo hacían era primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Entonces, porque pecaban de nuevo, tenían que ofrecer más sacrificios. Hebreos 7 dice que Jesús no tenía que seguir haciendo esto, porque lo hizo una vez y  para siempre, ofreciéndose a Sí mismo a morir. Él no tenía pecados propios por los cuales morir. Podría morir de una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Y solo como recordatorio, Su sacrificio como el Cordero de Dios sin pecado fue con el propósito de limpiarnos de nuestros pecados. Efesios  capítulo 5 dice:

«Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella,  para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. » (vv. 25-27).

Él era santo y sin mancha, pero Él murió para hacernos santas y sin mancha. Entonces, ¿cómo podemos irreflexivamente, sin cuidado, de forma deliberada, voluntariamente, después de haber sido limpiadas ir escupir en el rostro de Cristo—por así decirlo— pisotear Su sangre y salir y pecar como si no importara? Sí importa. Porque Él lo hizo para limpiarnos y hacernos santas.

Permíteme recordarte que Jesús no cometió pecado, no porque se escudó en el poder sobrenatural de Su propia naturaleza divina o porque Su naturaleza divina venció Su naturaleza humana para guardarlo de pecar, sino porque Él utilizó todos los recursos que se le dieron en Su humanidad. Lo he dicho antes en esta serie, pero creo que vale la pena repetirlo. Tenemos que recordar esto.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo permaneció sin pecado? Él amaba y meditaba en la Palabra de Dios. Él oró a Su Padre. Él confiaba en la sabiduría, la rectitud y la Palabra de Su Padre. Se hizo dependiente del poder sobrenatural del Espíritu sobre Él, para que lo fortaleciera para poder hacer, todo lo que estaba llamado a hacer.

Entonces, ¿cómo podemos nosotras mantenernos libres de pecado? Por el poder de Cristo, el inmaculado que mora en nosotras. Somos entonces capaces de vivir una vida santa, con la fuerza del Espíritu Santo que mora en nosotras. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí » (Gálatas 2:20).

Creo que hay mucha gente en nuestras iglesias hoy en día, de diferentes denominaciones  y jerarquías, que saben todo esto pero que nunca han puesto de manera personal su confianza en Jesucristo para que los salve de sus pecados. Son religiosos, pero nunca han sido hechos justos. Yo me pregunto incluso si entre aquellas que nos escuchan hoy, podría haber varias así.

Y dices: «Sabes, he escuchado esto antes. Pero hoy Dios se está haciendo más real en mi corazón. Ahora quiero poner mi fe en Cristo, arrepentirme de mis pecados,  arrepentirme de andar a mi manera, haciendo mis cosas. Reconozco que soy una pecadora, y que no puedo salvarme a mí misma. Pero elevo mis ojos y mi fe a Jesucristo, el inmaculado, el cordero de Dios sin mancha,  sin defecto, y recibo el regalo de lo que Él hizo por mí en la cruz  al morir en mi lugar por mis pecados «.

Las Escrituras dicen que en la medida en que pones tu fe en Él, hay una increíble transformación que ocurre. Cristo toma sobre Sí mismo, todos tus pecados. Pero  en la medida en que confíes en Él como tu Salvador, Dios imputa o acredita a tu cuenta toda la justicia de Cristo. Su perfecta vida de obediencia se convierte en la tuya.

Tal vez eso ya ocurrió contigo y solo necesitas refrescarlo hoy para adorarlo y darle las gracias por eso. O, tal vez hoy es la primera vez que confías en Él como tu sacrificio perfecto, tu salvador. Luego te gozas en que Él haya llevado a cabo la transacción en la que Su justicia se te imputa. ¡Oh, gracias, gracias, Santo Cordero de Dios! Te adoramos, te amamos. En el nombre de Jesús,  Amén.

Leslie: La impecabilidad de Cristo es fundamental para tu salvación. Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos el porqué. Este importante tema tiene un significado especial a medida que nos acercamos a la temporada de Pascua. Cuando te enfocas en Cristo, se opera un cambio en tu vida. Por ese motivo estamos presentando la serie de Nancy, llamada El Cristo incomparable, en estas semanas previas al Domingo de Resurrección.

Espero que pases más tiempo meditando acerca de lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Bien, los evangelios hablan de un incidente en una montaña. La vestidura de Jesús comenzó a brillar y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan importante? La respuesta ofrece una gran esperanza y la escucharás en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. «Varón de dolores».

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Ladrillos Inútiles

Isha – Salmos

DÍA 97 – Salmo 59

Dosis: Valor y Firmeza

Ladrillos Inútiles

“Líbrame de mis enemigos, oh Dios; protégeme de los que me atacan. Líbrame de los malhechores; sálvame de los asesinos. ¡Mira cómo me acechan! Hombres crueles conspiran contra mí sin que yo, SEÑOR, haya delinquido ni pecado.” (Salmo 59:1–3) (NVI)

Siguiendo con el tema de la justicia este Salmo es una súplica personal, donde se manifiesta nuevamente la angustia y un profundo dolor ocasionado por enemigos que persiguen y atacan injustamente. Es interesante notar que este salmo, como muchos otros, que en un principio fue un lamento individual del rey, en el futuro se convierte en el lamento de una nación y es entonado durante el exilio. Ya que en el destierro los israelitas debían soportar continuamente las acechanzas de sus enemigos a quienes en esta ocasión describe como perros.

David vive la angustia de la persecución y clama a Dios intensamente: “Presurosos se disponen a atacarme sin que yo haya cometido mal alguno. ¡Levántate y ven en mi ayuda! ¡Mira mi condición! Tú, SEÑOR, eres el Dios Todopoderoso, ¡eres el Dios de Israel! ¡Despiértate y castiga a todas las naciones; no tengas compasión de esos viles traidores!” Podemos entender su angustia, por la intensidad de los verbos que utiliza para suplicar la intervención divina: “Levántate “, “ven en mi ayuda”, “mira mi condición”, “despierta”, “castiga” porque: “Ellos vuelven por la noche, gruñendo como perros y acechando alrededor de la ciudad. Echan espuma por la boca, lanzan espadas por sus fauces, y dicen: «¿Quién va a oírnos?»274

Este es el punto neurálgico del Salmo, la confianza del salmista, pues está seguro que ese Dios a quien apela va a intervenir porque está del lado de la justicia: “Pero tú, SEÑOR, te burlas de ellos; te ríes de todas las naciones. A ti, fortaleza mía, vuelvo los ojos, pues tú, oh Dios, eres mi protector. Tú eres el Dios que me ama, e irás delante de mí para hacerme ver la derrota de mis enemigos.”

Los ladridos de los enemigos resultan inútiles frente al poder, el amor y la misericordia de un Dios liberador y protector: “Pero yo le cantaré a tu poder, y por la mañana alabaré tu amor; porque tú eres mi protector, mi refugio en momentos de angustia. A ti, fortaleza mía, te cantaré salmos, pues tú, oh Dios, eres mi protector. ¡Tú eres el Dios que me ama! ¡Expresiones de confianza en medio del peligro y el asedio! Este salmo nos enseña a clamar. Cuando somos capaces de no sólo pedir por nuestro dolor, sino sentir en carne propia el dolor de nuestra nación.

Oración: Señor enséñame a no temer los ladridos de los malos, a confiar y clamar a ti en mis circunstancias particulares y cuando mi iglesia, pueblo y mi nación lo requieran. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 112). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Agradó a Dios salvar a los creyentes.

Miércoles 11 Diciembre

Agradó a Dios salvar a los creyentes.

1 Corintios 1:21

¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

Juan 9:35-38

¿Discriminación?

http://labuenasemilla.net/20191211

En un puesto bíblico, un cristiano ofrecía la Palabra de Dios a los transeúntes. Un hombre le respondió: –Yo hago todo lo posible para llevar una vida correcta, y usted también. Pero, ¿por qué con el pretexto de que yo no creo en Dios y usted sí, usted será salvo y yo no? ¡Eso es simplemente discriminación!

Sacudiendo la cabeza, el creyente preguntó a su interlocutor: –Usted ha realizado buenas acciones, pero ¿no ha hecho nada malo? El hombre dudó y luego confesó que sí. El creyente prosiguió: –Yo también. Entonces, hasta aquí, no hay diferencia entre nosotros. Sin embargo, mis malas acciones fueron borradas por la obra expiatoria de Jesucristo. Por eso soy salvo. Si usted no quiere creer en Dios ahora, deberá comparecer ante él para ser juzgado, y entonces no tendrá excusa ni Salvador. Usted será declarado culpable y Dios deberá castigarlo por sus pecados.

Dios no discrimina. Él “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). “Es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). “Jesucristo hombre… se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6).

Pero hay una diferencia. Jesucristo declara que “el que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

Eclesiastés 10-11 – Apocalipsis 4 – Salmo 140:1-5 – Proverbios 29:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

3/17 – Vendido por sus hermanos

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

3/17 – Vendido por sus hermanos

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

Coalición por el Evangelio

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

David Barceló

El ministerio pastoral está lleno de retos. En su peregrinaje hacia el cielo, cada pastor debe velar por su corazón y por el de todos aquellos que el Señor ha puesto bajo su cuidado: su esposa, sus hijos, su iglesia. La labor del pastor puede llegar a ser compleja y demandante… reuniones, consejerías, eventos, retiros, conflictos matrimoniales, finanzas, bodas, entierros, sermones… Ha de proteger al rebaño cuando rondan lobos disfrazados de oveja. Debe lidiar con cabras que desvían a los corderos hacia al acantilado. Muchos pastores ven cómo sus fuerzas se desgastan. Su tiempo de oración se ve mermado. Su esfuerzo en el estudio se debilita. Se apaga la ilusión, y aún las más pequeñas cosas terminan convirtiéndose en una pesada carga. Hay quienes se arrastran durante años soportando un ministerio seco… mientras otros abandonan por el camino… y entonces es cuando la iglesia se pregunta “¿Qué ha pasado? ¿Qué podríamos haber hecho por nuestro pastor?”.

Aunque en el ministerio, lo ideal es la pluralidad pastoral, lamentablemente muchos siervos del Señor están muy solos. Entonces, más que nunca, hemos de recordar el llamado de “cuidarnos los unos a los otros” expresado de tantas formas en la Palabra de Dios (cp. 1 Tes. 5:11; Santiago 5:16; 1 Pedro 1:22; Hebreos 3:13 y 10:24…).

Querido hermano, huye del “consumismo evangélico” que te empuja a “usar” la iglesia y la atención de sus líderes. Si eres cristiano, tú no “vas” a la iglesia. Tú “eres” iglesia, y si el día de mañana Dios te pregunta por el bienestar de tu hermano –el pastor incluido- nunca podrás responder como Caín respondió: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9). Más bien pregúntate, ¿de qué manera puedes amar a tu pastor y cuidar de él? ¿Cómo puedo pastorear a mi pastor?

Como pastor, e hijo de pastor, quisiera compartir algunas áreas que he observado y en las que podemos cuidar de aquellos que cuidan a otros. Por favor, que quede claro que nada de todo esto lo escribo como indirecta para los miembros de mi propia iglesia (¡aunque harán bien en leer estas líneas!). Me mueve a escribir este artículo mi profunda preocupación por muchos pastores que están solos y abatidos, y la tristeza que siento cada vez que oigo que un predicador ha dejado su púlpito y su rebaño.

Veamos 12 consejos muy prácticos:

(1) Ora por él y por su familia. El diablo está muy interesado en derribar a los que están en lugares de liderazgo. Sabe que si ellos caen, puede hacer caer a muchos otros que tenían sus ojos puestos sobre ellos. Ora por tu pastor. Ora con tenacidad. Ora por su matrimonio. Ora por sus hijos. Ora por su vida de oración. Ora por que el Señor le fortalezca y avive. Ora por que tu pastor no caiga en desánimo ni pierda la ilusión. Ora por que el Señor le guarde de todo mal.

(2) Ama a tu pastor y a su esposa. Ámale, con un amor práctico. Ama a tu pastor de palabra, expresando tu afecto y cuidado. Pero también ámale con gestos y acciones concretas (1 Tesalonicenses 5:12-13). Que se sienta querido levantará su ánimo y le hará sentir parte del cuerpo de Cristo. Es el pastor, pero también es un hermano, y necesita del cariño y afecto de su familia espiritual. El rol del pastor es difícil, porque ha de ayudar a mucha gente, pero más difícil aún es el rol de aquella que ayuda al que ayuda. Si tienes oportunidad de cuidar de la esposa del pastor, hazlo; con tus palabras de ánimo, con tus oraciones, con tu servicio. A veces su marido llega tan agotado a casa, que ella tiene el difícil reto de levantar su espíritu. La esposa de un siervo del Señor necesita mucho de tus palabras de aliento.

 (3) Vela por sus necesidades materiales. Hay pastores que prefieren ganar su sustento por otros medios (1 Tesalonicenses 2:9), y hay quienes no pueden ser sostenidos por la iglesia local. Sin embargo, vemos claramente en la Palabra que el obrero es digno de su salario (1 Timoteo 5:17-18). Es cierto –tristemente– que hay líderes religiosos que oprimen al rebaño para vivir con opulencia, y también es cierto que hay iglesias que pretenden que el pastor viva de las migajas que caen de la mesa. Ni una cosa ni la otra. La iglesia tiene la responsabilidad de sostener de una forma digna a su pastor y su familia, según sus necesidades y según la capacidad de la iglesia.

(4) Obedécele servicialmente. A veces es fácil obedecer, cuando entendemos el porqué se nos pide algo. Otras veces no es tan fácil, porque no lo entendemos, o no estamos de acuerdo. Confía en que tu pastor busca el bien del rebaño, sírvele con confianza. Dice la Palabra “Obedeced a vuestros pastores… porque ellos velan por vuestras almas… para que lo hagan con alegría, y no quejándose…” (Hebreos 13:17). Si hay en nosotros rebeldía, o insumisión, esto “no os es provechoso”. Será en detrimento del bien de toda la congregación y una fuerte traba en su ministerio.

(5) Protégele. No es un superhombre. Es humano. De carne y hueso. Está sujeto a las mismas tentaciones y amenazas que cualquiera de nosotros. ¿Qué peligros has visto rondando cerca de él? Tal vez su cansancio es demasiado grande… o su doctrina hace aguas… o un nuevo lobo ronda las ovejas… o un falso maestro siembra cizaña… o una mujer muy perfumada se le acerca peligrosamente… o todo eso a la vez… ¡Protégele! Habla con él, con su esposa, o con los demás pastores según sea el caso, pero no le dejes a su suerte (Hechos 20:28-31).

(6) Infórmale. Hay hombres a los que Dios realmente ha capacitado de una forma prodigiosa para el ministerio pastoral, pero aún así, ¡no tienen el don de la omnisciencia! El pastor no puede saber si un hermano está en casa enfermo, o de viaje, o abatido, o pasando una crisis familiar… pero se le puede tener informado. La tecnología de hoy día nos permite comunicarnos con suma facilidad. Tan solo un mensaje le permitirá saber al pastor cómo estás, cómo puede orar por ti, y cómo puede ayudarte mejor. Recuerda, que él debe dar cuentas a Dios por tu alma (Hebreos 13:17).

(7) Confía en aquellos en los que él confía. Los pastores de la iglesia tienen el reto de delegar ciertas tareas y funciones en otros hermanos: los diáconos, los líderes de jóvenes, los maestros, los líderes de ministerios… Es necesario aplicar el principio que Jetro dio a Moisés para que el pastor no se agote (Éxodo 18). Si el pastor ha puesto su confianza en alguien para cierta función, confía tú también en esa persona. Todos los asuntos no pueden llegar al pastor, y menos en una iglesia numerosa. Así qué, antes de pedirle o preguntarle algo al pastor, pregúntate a ti mismo: ¿Han delegado los pastores o los diáconos este asunto en alguien? Y si es así, confía en aquellos en los que el pastor confía.

(8) Recuérdale lo hermoso que es el pastorado. En el ministerio uno trata diariamente con dificultades de todo tipo, y el pastor fácilmente puede pensar que todo son solo problemas. Es demasiado fácil olvidar que el ministerio pastoral es un gozo y un honor. Recuérdale que Dios le ha llamado a la labor más preciosa de todas: anunciar todo el consejo de Dios, alcanzar a los perdidos con las Buenas Nuevas, y edificar a los creyentes con la Palabra. Recuérdale que sus esfuerzos tienen implicaciones eternas. Recuérdale que su vida y su labor están siendo usadas por Dios para seguir edificando su Iglesia.

(9) Explícale los frutos de su ministerio. Cuando el sembrador ve crecer el trigo, y ve cómo se dora al sol, tiene mucha satisfacción. Pero el fruto espiritual es invisible. Si en tu corazón hay gozo, o paz, o templanza, no se puede ver. Comparte con tu pastor lo que Dios está haciendo en tu vida a través de su ministerio. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6). El fruto espiritual en tu vida es una muestra de que el Señor está usando a tus pastores como instrumentos para tu edificación.

(10) Sé su amigo. La soledad del pastor puede llegar a ser muy profunda si solo habla con otros para tratar problemas. Acércate a él para explicarle otras cosas. Como harías con un amigo. Pregúntale cómo está. No es nada fácil. Lo sé. Es difícil ser amigo de alguien sin tiempo para la vida social. Exprésale tu cariño y amistad aunque no seas correspondido. Permítele que te diga que no cuando le quieras invitar a algo. No supongas que “no va a poder porque está siempre ocupado”. No supongas que su esposa no podrá, o que sus hijos no podrán. Toma la iniciativa, y permítele que te diga que no puede, aunque te lo diga muchas veces… En algún momento dirá que sí, y tendrá mucho gozo.

(11) Predica el Evangelio a sus hijos. Sí, has oído bien. A veces el pastor puede descuidar a los discípulos que tiene más cerca, y tristemente son muchos los hijos de pastores que se van al mundo. Otras veces el problema no es la negligencia, sino la familiaridad. Sin duda creemos que Dios es soberano en la salvación, pero humanamente hablando, ¿no será que sus hijos ya le tienen muy oído? El domingo escuchan desde el púlpito la misma voz que en casa les dice que han de hacer los deberes o arreglar su habitación. El domingo escuchan hablar de gozo y paz al mismo hombre que a veces ven en casa luchando con el desánimo y la ansiedad. Si el pastor les recuerda el evangelio a los tuyos, recuerda tú recordarles el evangelio a los suyos. Evangeliza a los hijos del pastor.

(12) Ayúdale a descansar. Después de lo intenso que es el domingo, el lunes es el momento de intentar reponer fuerzas lo antes posible. Ayuda a tu pastor a reservar el lunes para descansar. Si no es un tema de vida o muerte, no le llames un lunes. Ni le escribas tampoco. Ayúdale a proteger su tiempo de descanso, sus vacaciones, su tiempo familiar… En el ministerio el pastor gestiona su propia agenda y sus propias fuerzas, y es fácil caer en los dos extremos: la dejadez, o el activismo. Dile que es humano y que sus fuerzas son pocas. Ayúdale a huir del síndrome de “pequeño mesías” recordándole que Dios no depende de él para llevar a cabo sus planes.

Soli Deo Gloria. 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

10/41 – Filipenses 10 – Ora Por Mi

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

10/41 – Filipenses 10 – Ora Por Mi

Stephen Davey

 

Texto: Filipenses 1:19-20 En algunos programas anteriores vimos como el apóstol Pablo oraba por los Filipenses.

Ahora Pablo le pide a los Filipenses que oren por él, y les da un par de motivos específicos por los cuales orar por él.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. https://www.sabiduriaespanol.org

 

Esdras y Nehemías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Esdras y Nehemías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/36875764

Terminamos nuestro breve estudio sobre los profetas mayores y antes de empezar a ver los profetas menores y un breve estudio de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, quiero hacer un pequeño paréntesis para dar un vistazo veloz a dos libros pequeños que son parte del registro histórico del Antiguo Testamento; son los libros de Esdras y Nehemías.

Porque estos libros cubren algo de la historia después del exilio y narran los acontecimientos que rodean el retorno del exilio. Y en un sentido muy real, en términos de un resumen cronológico del Antiguo Testamento, nos llevan al final de ese período registrado en el Antiguo Testamento.

Ahora bien, en nuestras biblias, los libros de Esdras y Nehemías son dos libros distintos. Sin embargo, hay grandes probabilidades que en el mundo antiguo estos libros se fusionaron en uno solo, Esdras-Nehemías, porque ambos estaban interesados en el mismo tipo de iniciativa.

Pero vamos a tratarlos por separado, ya que así es como están hoy. Tanto Esdras como Nehemías estaban involucrados en un importante punto del avivamiento nacional.

Te puedes imaginar cómo fue para los judíos exiliados pasar más de una generación de historia en cautiverio en una tierra extraña. Puedes imaginar la esperanza que nació en ellos cuando les llegó la noticia de la caída de sus opresores, los babilonios, y podían esperar que el nuevo imperio reinante, el de los medos y persas, los fuera a liberar a ellos.

No sé si alguien ha pasado alguna vez tiempo en un país extranjero donde te encuentras lejos de casa por un período temporal, y aun cuando tratas de ajustarte y aclimatarte en esa tierra extraña, todavía hay algo del viejo dicho que dice: “no hay nada como estar en casa”.

Cuando vivíamos en Europa y asistía a la universidad y tratábamos de adaptarnos a la cultura holandesa, una de las pequeñas frases o expresiones que aprendimos fue esta, “Ost, vest taus is best”, que significa este u oeste, el hogar es mejor.

Entonces, cuando les llega la noticia a estos refugiados en el exilio que un decreto ha sido emitido por el nuevo rey que les permite regresar a su tierra natal, esta debe haber sido una de las ocasiones más felices en todo el Antiguo Testamento.

El primer capítulo de Esdras nos da panorama de esto, a partir del verso 1: «En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y éste hizo proclamar por todo su reino y también por escrito».

Observa cómo es presentado este libro. No es solo una historia secular de los asuntos del rey de Persia, sino que empieza recordando a los lectores que lo que está a punto de pasar tiene lugar, en primer lugar, en el cumplimiento de la profecía futura de la restauración dicha por Jeremías.

Y que este poderoso rey Ciro es movido a actuar por la obra de Dios. Ustedes saben que el pueblo judío no conoce de un Dios al que no se le permite entrar en las decisiones de los seres humanos o inclinar sus corazones en una dirección o en otra.

Yo podría decir en este punto que, el Dios de Israel se está revelando así mismo como un calvinista competente que tiene el poder de inclinar los corazones de sus criaturas en la dirección que Él quiere que vayan para cumplir su voluntad providencial y sus decretos soberanos.

Y así desde el principio, en lugar de permitir que la gente se regocije en la benevolencia de un rey pagano, se le recuerda al pueblo quién es el que los está librando del cautiverio.

Continúa el texto, “diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: ‘El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y El me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. El que de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él.

Que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del Señor, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén’”.

Así que como resultado de este decreto que ahora es la ley de los medos y persas, Esdras conduce a un grupo de personas desde esa tierra hacia Jerusalén y emprende la tarea de reconstruir el templo que había sido destruido por Nabucodonosor y los babilonios.

Y así empieza la primera parte del retorno del exilio y el capítulo 3 de Esdras habla sobre los inicios de esta restauración del templo y quiero detenerme aquí por un momento.

Leemos en el verso 10 del capítulo 3: «Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor conforme a las instrucciones del rey David de Israel.

Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor: Porque El es bueno, porque para siempre es Su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor porque se habían echado los cimientos de la casa del Señor».

Es decir, este es un tiempo sin inhibiciones de celebración, cuando ellos pusieron los cimientos del nuevo templo en Jerusalén. Pero hay una nota de tristeza en este texto. En el versículo 12 leemos estas palabras: «Pero muchos de los sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, los ancianos que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría.»

Hay una diferencia entre las generaciones. Las personas más jóvenes que vendrían ahora están encantadas de haber salido del cautiverio y participar en este proyecto de construcción para restaurar el templo de su nación.

Sin embargo, para los ancianos de la comunidad, para los sacerdotes y los levitas, fue un momento agridulce, ya que todavía tenían el recuerdo vivo del esplendor del templo que fue construido por Salomón; e incluso, aunque este templo estaba siendo reconstruido en este momento, no había manera de que se pudiera comparar con el esplendor y la gloria del templo de Salomón, que fue construido durante la Edad de oro de Israel.

En vez de regocijarse y aplaudir, lloraron y clamaron. Pero volvieron en sí después de un rato. Y el trabajo empezó en el templo solo para ser interrumpido cuando Ciro salió de escena y la oposición llegó a este proyecto durante los reinados de Jerjes y Artajerjes y el trabajo se suspendió y paró temporalmente.

Hasta que llegamos al capítulo 6 del libro de Esdras donde leemos sobre la culminación de este trabajo de reconstrucción del templo, la dedicación del mismo y la celebración de la pascua.

En este momento, Esdras instituye reformas importantes en el pueblo porque todavía están practicando muchos de los rituales paganos que habían aprendido durante su cautiverio. Y ellos vienen con sus esposas paganas y esposos paganos, y así, van de vuelta al problema.

Y entonces pasamos al libro de Nehemías, que no describe la reconstrucción del templo, sino la reconstrucción de los muros de la ciudad sagrada misma. Dirijamos nuestra atención, entonces, al libro de Nehemías. Leemos el pasaje inicial de este libro en el capítulo 1, y dice: “Aconteció que en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en la fortaleza de Susa, vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén.”

Así es como comienza Nehemías, quien es descrito como un copero del rey, una posición de gran confianza en la corte real. Pero ahora recibe la visita de uno de los que ha ido a Judá y a Jerusalén y le pregunta acerca de la condición de la ciudad.

«Y me dijeron: El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allí en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego».

Aunque se encuentra en el palacio del rey, Nehemías es consumido por su gran preocupación por el bienestar de la ciudad de Dios. El no ha olvidado el santuario central y el lugar donde Dios había reunido a su nación.

Por eso está preguntando sobre la situación en Jerusalén; y cuando recibe este reporte sombrío de la ciudad que había sido quemada y las paredes derribadas, su primera reacción fue deprimirse. Leamos lo que dice: «Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; e hice duelo algunos días».

Nehemías es apresado por la tristeza. Entonces su primera reacción a las malas noticias es llorar, pero su segunda reacción es orar. «Y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo». Ahora tomemos un momento para considerar la oración de este hombre. Recuerda que él ha estado ayunando, ha estado de luto, ha estado lleno de dolor, porque las noticias han sido malas noticias. Escucha lo que dice en su oración.

«Y dije: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan Sus mandamientos, que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los israelitas tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado».

¿Oyes lo que está pasando aquí? Él empieza esta oración que sale, que brota de un corazón quebrantado, de un corazón temeroso, con pena y de luto; y no  se parece a las oraciones que hacemos en situaciones como esta. Él no está diciendo, «¿Cómo dejaste que esto pase, oh Dios?». Sino que el contenido de su oración es una oración de adoración, una oración de reverencia por la majestad de Dios.

Está de rodillas en medio de esta destrucción y él dice: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman».

No dice: “Oh Dios cuya ira y justicia es arbitraria, ¿por qué nos ha tratado injustamente? O ¿cómo puedes dejar que estas cosas nos sucedan? Sino, oh Dios, tú eres un Dios “que guarda el pacto”.

Él entendió el mensaje de Ezequiel y el mensaje de Daniel. Él comprendió que la razón de la calamidad que había caído sobre su amado país y su amada ciudad: era que Dios estaba cumpliendo su promesa, la cual era una promesa de juicio si las personas continuaban en su maldad.

Como dice la Escritura, “aunque todo hombre sea hallado mentiroso”, Dios es hallado verás. Lo que sigue inmediatamente después de su oración de adoración es una oración de contrición, una oración de arrepentimiento en la que confiesa no solo los pecados de sus padres, sino los pecados de su propia generación y de él mismo.

El dijo: «Hemos procedido perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés. Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a tu siervo Moisés, diciendo: Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos; pero si volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque sus desterrados estén en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer morar allí mi nombre’. Y ellos son tus siervos y tu pueblo, los que Tú redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.

Te ruego, oh Señor, que tu oído esté atento ahora a la oración de tu siervo y a la oración de tus siervos… Has prosperar hoy a tu siervo…». Lo siguiente que hace Nehemías es ir al magistrado civil, a las autoridades gobernantes de su época. No fue donde ellos primero.

A donde fue primero es a donde Dios, y buscó el permiso de Dios, y el don de Dios para hacer algo sobre esta condición. Y entonces leemos en el capítulo 2: «Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor, y dije al rey: Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?».

¿No es interesante que el rey se da cuenta de la tristeza de Nehemías? Pues el rey le dice: ‘¿Qué problema tienes? Siempre estás risueño y alegre cuando estás sirviendo aquí en el palacio, pero veo que tienes algún problema por tu semblante y en mi opinión no es una enfermedad física, sino una enfermedad del alma. Tú estás angustiado por algo, ¿qué es, Nehemías?’

Y Nehemías tiene mucho miedo de dar la respuesta por temor a que el rey pueda pensar que es ingrato por la posición maravillosa que tiene allí y que no está satisfecho con su situación presente.

Así que prepara su respuesta diciendo: “Viva para siempre el rey” ‘y no se ofenda por lo que estoy a punto de decir, pero ¿cómo puedo estar feliz cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres, la ciudad de Dios, está en ruinas?

«El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios del cielo». El rey dijo: “qué es lo que pides?” y antes de contestar, Nehemías ora a Dios.

«Y respondí al rey: Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de ti, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo».

Lo que sigue es el registro de todo este episodio dramático en la historia judía sobre la construcción de los muros de Jerusalén. El rey dio un salvoconducto a Nehemías y a su pueblo para emprender este programa de reconstrucción del templo, para llevar los materiales al sitio y pasar a través de diversas satrapías del imperio persa.

Pero como había sucedido antes, a funcionarios menores en el reino y en el imperio no les gustó este trato especial que se le estaba dando a Nehemías y empezaron a conspirar para obstaculizar este trabajo de reconstrucción. Y estaban, en ese sentido, actuando contra el decreto del rey. Pero a pesar de toda esta intriga, los muros y la construcción son defendidos contra las incursiones de los enemigos hacia ellos, en particular Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas que querían evitar que la construcción fuera terminada.

Así que aquí hay un proyecto de construcción que se está llevando a cabo en medio de la guerra, en verdad, en medio de estos ataques todos los días. Así que, en ese sentido, tienen una lanza en una mano y una pala en la otra pues los que trabajan en el muro también tienen que lidiar con los ataques de los enemigos. Y por si fuera poco, mientras están pasando por esto, algunas de las personas mismas comenzaron a murmurar y a quejarse, y decían que era una recapitulación del pueblo de Israel y la experiencia en el desierto, y decían: ‘¿Qué estamos haciendo aquí? Estamos sufriendo’ y cosas así. Y lo que Nehemías entiende es que no solo tiene que reconstruir los muros, también tiene que reconstruir la nación. Tiene que reconstruir al pueblo.

Y después de que terminen el muro, la tarea no estará aun completa ya que Nehemías se embarca en una reforma profunda de la vida de su pueblo para que detengan todo esto de matrimonios mixtos con infieles; dejaran de profanar las cosas sagradas de Dios con los rituales paganos.

Y hay un punto interesante con el que me gustaría terminar. Ocurre más adelante en el libro de Nehemías, hacia el final, en el capítulo 13 donde establece los principios de la reforma y de la separación. En el versículo 28, en el mismo final del libro leemos: «Aun uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat Horonita, y lo eché de mi lado».

¿No es interesante? Tenía un sacerdote trabajando aquí, que era parte de la familia de los enemigos que estaban destruyendo este trabajo, o tratando de destruir esta obra, y entonces se deshizo de él.

Y en el versículo 29, dice: “Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han profanado el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Así los purifiqué de todo lo extranjero».

Los limpié de todo lo pagano. Si la nación iba a comenzar de nuevo y tener una nueva visión de su misión para la que fue establecida y creada en primer lugar, no solo tenían ellos que reconstruir el templo, tenían que limpiar el templo, tenían que limpiarse ellos mismos y tenían que purificar su iglesia, para que la iglesia pudiera ser la iglesia que Dios pretendía que fuera.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-doble-naturaleza-de-cristo/

Serpientes Venenosas

Isha – Salmos

DÍA 96 – Salmo 58

Dosis: Justicia

Serpientes Venenosas

“¿Acaso ustedes, gobernantes, actúan con justicia, y juzgan con rectitud a los seres humanos? Al contrario, con la mente traman injusticia, y la violencia de sus manos se desata en el país.” (Salmo 58:1–2) (NVI)

Este es uno de los salmos más violentos, una súplica intensa por la justicia, una denuncia apasionada.

La verdad es que después de leerlo enmudecí. Sólo podía entender frases tan fuertes, en el contexto de corrupción que se describe. Los líderes nacionales debieran ser justos y rectos, pero tanto en la antigüedad como hoy en día, muchos jueces y gobernantes que asumen autoridad pervierten la justicia y el derecho, los pobres se empobrecen más, el pueblo sufre y la sociedad se deteriora moralmente.

Dios ama la justicia y el salmista también. Por eso escribe este salmo como una denuncia profética para acusar a los poderosos que maquinan maldad y hacen violencia. Denuncia un sistema judicial que lejos de implantar la justicia, premedita el engaño y la mentira, y toman decisiones que afectan a la sociedad haciendo abuso de su autoridad. ¿Te suena familiar? Leamos: “Los malvados se pervierten desde que nacen; desde el vientre materno se desvían los mentirosos. Su veneno es como el de las serpientes, como el de una cobra que se hace la sorda para no escuchar la música del mago, del diestro en encantamientos.”

El salmista compara a los jueces injustos con serpientes venenosas que aún llegan a confundir y desorientar a los encantadores que antes hipnotizaban a las víboras con su música. Estos jueces injustos son víboras sordas a las necesidades de quienes oprimen, y envenenan la sociedad con su corrupción.

Pienso en la violación de los derechos humanos. ¡Cuántas veces hemos creído que no había esperanza! El salmista seguramente no podía tolerar tanta violencia e injusticia, por eso lanza una súplica apasionada de juicio que nos deja pasmadas: “Rómpeles, oh Dios, los dientes; ¡arráncales, SEÑOR, los colmillos a esos leones! Que se escurran, como el agua entre los dedos; que se rompan sus flechas al tensar el arco. Que se disuelvan, como babosa rastrera; que no vean la luz, cual si fueran abortivos. Que sin darse cuenta, ardan como espinos; que el viento los arrastre, estén verdes o secos.”

No sé cuantas veces has deseado una justa retribución a las maldades, un castigo para quienes cometen abuso de autoridad. Este Salmo nos revela, que Dios es un juez justo y que finalmente podemos confiar en Él sin tomar la venganza en nuestras manos, porque: «…los justos son recompensados; ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra.»

Oración: Señor enséñame a clamar por la justicia y los derechos humanos, juzga con tu santidad y tus justos juicios. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 111). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.