2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Nancy Leigh DeMoss

 

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Leslie Basham: Mary Kassian dice que cuando conoces a Dios como tu Padre, desearás pasar tiempo con Él.

Mary Kassian: No es que porque tenga un tiempo devocional cuatro veces a la semana todo va a cambiar. Toda la idea de la cristiandad es una relación.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Ayer empezamos a escuchar un mensaje de Mary Kassian. Si te perdiste la primera parte del mensaje, espero que vayas a AvivaNuestrosCorazones.com donde lo puedes escuchar  en línea.

Ahora, Mary está a punto de mostrarnos por qué todas suspiramos por el amor de un padre. Así  que ya sea que hayas tenido o no el ejemplo de un padre piadoso y amoroso en tu casa, tus más profundos anhelos  pueden ser cumplidos por tu Padre Celestial. Aquí está Mary para explicar más.

Mary: Hay un pequeño pueblo en España y un niño llamado Juan. Juan era un hijo rebelde, entró en  conflicto con su padre y robó algo de dinero. Iniciaron un conflicto. Luego se marchó a una ciudad vecina, una gran ciudad. Se escapó de casa. El padre lo buscó, no pudo encontrarlo,  preguntó a su alrededor por  él, y  finalmente oyó de un amigo suyo que Juan estaba en la ciudad vecina.

Así que el padre se fue a la ciudad y caminó hacia arriba y hacia abajo por las calles, pero no lo pudo encontrar. Era como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Debido a que tenía que volver a casa, decidió que lo único que podía hacer era poner un anuncio en el periódico local. El anuncio decía lo siguiente: «Juan, todo está perdonado. Qué deseos de verte de nuevo tengo. Por favor, ven a mi encuentro el sábado al mediodía en las escalinatas del Ayuntamiento. Con amor, papá.”

Cuando llegó el sábado, él fue al lugar indicado. ¡Había casi un centenar de chicos llamados Juan sentado en los escalones del Ayuntamiento! ¡¿No es eso asombroso?!

Anhelamos tener un padre. Todo lo que ellos querían oír era: «Todo está perdonado. Ven a mi encuentro. Te ama, papá”. Eso era lo que los chicos querían oír.

Estoy segura de que todas hemos oído la canción (en inglés) de Bob Carlisle, «Besos de mariposa». Esa canción solo fue un gran éxito. Estaba leyendo los comentarios de Bob sobre la canción, y lo interesante fue lo  que él dijo  cuando estaba reflexionando sobre el éxito de la canción:

“Tengo un montón de correos de chicas jóvenes que tratan de conseguir que me case con sus madres. Eso solía hacerme gracia porque es muy lindo, pero luego me di cuenta. Ellas no quieren un romance para la mamá. Quieren al padre que está en esa canción. Y eso me mata.”

(Cantando: ¡Ven camina junto al poni, papá, es mi primer paseo!)  Ellas quieren ese padre. Ellas quieren un padre que esté orgulloso de ellas, que las ame, que sea su admirador número uno, que las apoye, que les diga: «¡Adelante!» Desean tanto a ese padre y les duele tan profundamente, que le escriben a un perfecto desconocido, pidiéndole que se case con sus madres para poder  tener el padre de sus sueños.

Bueno, podemos tener al padre de nuestros sueños, y tenemos al Padre de nuestros sueños. Ese es el mensaje de esperanza que tenemos para una sociedad lastimada, para las mujeres heridas y los niños que han crecido sin padres.

Y esta es la tercera verdad: Dios ha puesto en nuestros corazones el anhelo por un padre. Dios ha puesto el anhelo de un padre en cada uno de nuestros corazones. Cuando nos convertimos en cristianas somos adoptadas e iniciamos una relación de familia. Ahora bien, el proceso de adopción judía es muy, muy interesante porque una familia judía buscaba el niño que quería adoptar y luego, entonces, pagaba las deudas de ese niño. Después tomaban ese niño y rompían todas las relaciones que el niño había tenido y lo recibían en una nueva familia, iniciando una nueva relación y dándole un nuevo nombre.

Esta es una imagen de lo que nos  ocurrió cuando entramos a formar parte de  la familia de Dios. Dios paga todas nuestras deudas, rompe los lazos del pecado, nos lleva a Su familia y nos da Su nombre. Él nos da el Espíritu Santo, que es la prueba de la adopción. En la sociedad judía tenía que haber múltiples testigos para que una adopción fuera legal. Y se nos dice en la Biblia que el Espíritu Santo es el testigo.

¿Qué tipo de testigo es el Espíritu Santo? Esto es realmente interesante. El Espíritu Santo es también llamado el Espíritu de adopción—el Espíritu de filiación, el Espíritu de tu Padre—que vive justo en nuestros corazones cuando nos convertimos en cristianos. Es este Espíritu que nos llama y nos lleva a la intimidad con el Padre. Es este Espíritu en nuestros corazones que clama «¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!»

Romanos 8:15-16: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba Padre!  El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (RV).

Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba Padre!”

¿Entendiste la primera frase de Romanos 8:15? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor.» ¿No es asombroso? Algunas de nosotras (muchas, muchas mujeres y muchas de ustedes en esta sala) tienen tanto miedo a Dios el Padre. Eso es lo que  encuentro en la mayoría de  ministerios de mujeres, solo  temor.

  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a desestimar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a rechazar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que vaya a gritarme, al igual que mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Su amor por mí este condicionado, que yo tenga que  saltar a través de un aro,  igual que  tenía que hacer para mi padre”.

Ese no es el Espíritu Santo  hablándote. Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El Espíritu Santo en tu corazón clama: «¡Abba, Padre!» El verbo clamar es realmente interesante. Es un verbo. Está ocurriendo. Es el espíritu en tu corazón el que ahora está clamando: «¡Abba, Padre!» Está deseando esa conexión. Está deseando la intimidad. Está deseando llegar a ser uno con Dios. Está deseando cercanía.

Algunas de ustedes se preguntarán por qué sienten tanta frustración mientras están viviendo la vida cristiana y pasando por todos los momentos, pero no hay gozo. Ciertamente pasamos por tiempos de sequía. Los tenemos. Pero podría ser que el Espíritu dentro de ti este pidiendo a gritos: «¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!» porque eso es lo que el Espíritu hace. Y tú estás demasiado ocupada para escuchar, o tienes tanto miedo de mirar  los ojos del padre y tener esa cercanía, esa relación de amor con Él.

Así que  a muchas mujeres les resulta muy difícil aceptar que Dios realmente las ama. «Me resulta muy difícil creer que Dios realmente me ama tal como soy. Yo soy su chica. Soy la niña de papi. Soy la niña de Sus ojos”.

El anhelo de nuestro corazón solo es satisfecho en una relación con Él. Tú ves, el cristianismo es una relación de amor. Es Dios amándome, y yo amándole a Él. Es así de simple. Es posible para nosotras saber y creer.

Primera de Juan 4:16 dice (y este es el testimonio de un pueblo que está caminando con Dios), 1 Juan 4:16: «Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.» ¿No es este un hermoso testimonio? ¿Puedes tú decir eso? Yo sé, y creo que Dios me ama.

¿Sabes que el Padre sabe tu nombre? Isaías 45:2-3: «Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos… Y te daré… los tesoros escondidos y los secretos muy guardados… Yo te he llamado por tu nombre.”  Hasta sabe como deletrearlo.

Yo estaba hablando en una conferencia  una vez, y una señora se me acercó después y dijo: «Eso significó mucho para mí. He estado casada treinta años, y mi papá todavía no puede escribir bien mi apellido de casada. Pensar solo que el Padre sabe cómo se escribe mi nombre, y que a mi padre no le importó lo suficiente como para aprender.»

¿Sabes que Él  le da seguimiento a los detalles más insignificantes de tu vida?  Igual que el número de células de tu cuerpo. El número de cabellos de tu cabeza. El color verdadero  de tu pelo debajo de todos esos tintes. Él mantiene un registro de eso.

Mateo 10:30: «Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados».

¿Sabes que el Padre recoge tus lágrimas en Su botella? Salmo 56:8, «Cuentas mis lágrimas, pones mis lagrimas en tu botella. ¿No están allí en tu libro?» No hay ni una lágrima que alguna vez hayas derramado  que tu Padre no lo haya sabido, ni siquiera una.

¿Sabes que te tiene inscrita en la palma de Su mano? Isaías 49:16: «He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado; tus muros están constantemente delante de mí.»

Yo solía hacer eso. Cuando  realmente me importaba  alguien en la escuela—ya sabes, te  escribes un número de teléfono en la palma de tu mano. El problema era cuando inevitablemente alguien lo veía, porque estaba ahí en la palma de tu mano. No importa lo que hagas, está siempre ahí. Siempre está ahí. Siempre está ahí, y tu nombre está escrito en la palma de la  mano de Dios. ¿No es asombroso? Tu Padre te tiene allí.

¿Sabes qué lo mueve, qué lo incita y le despierta con compasión cuando piensa en ti? Salmo 103:14-15, «Como un padre que tiene compasión de sus hijos, así el Señor tiene compasión de aquellos que le temen.»

¿Sabes que Él tiene una cuerda de amor atada a tu corazón, y  te está atrayendo cada vez más cerca de Él? Oseas 11:

Cuando [tú] eras aún pequeña yo [te] amé. De Egipto llamé a mi hijo… Yo [te] enseñé a caminar, tomando [te] de [tus] brazos, pero [tú] no supiste que yo te sané y [te] guié con cordones de gentileza con bandas de amor y fui para [ti] como esos que toman el yugo de [tu] cuello, me pare y [te] alimenté. (Versículos 1-4).

¡Qué imagen tan impresionante del corazón paternal de Dios! Es un amor muy, muy, poderoso, y no es de extrañar que el apóstol Juan dijera, «Oh, que gran amor es este el que el Padre ha derramado en nosotros.»

Tengo un hijo de trece años de edad, de seis pies, dos pulgadas, tiene 180 libras. Le pone mayonesa a todo—a todo literalmente. Él hace un sándwich,  saca el frasco de mayonesa y lo cubre todo—es demasiado. Se desliza por los bordes, se cae en el suelo. Hay mayonesa en todas partes. Así lo hace Dios, te colma de amor—lo derrama profusamente, en abundancia, mucho más de lo que un bocadillo debería tener. Su amor por ti es tan profundo.  ¿Sabes y puedes creer lo mucho que el Padre te ama?

Patty,  Él te ha llamado por tu nombre. Él dice, «Patty es Mi chica y la amo.»

Sandy, Él dice: «Yo sé cuántos cabellos hay en esa hermosa cabeza. Yo puedo enumerarlos, y podría decirte  el número ahora mismo.» Eso es lo que Dios te dice.

Él le dice a Susana, «Susana, tú me conmueves.  Despiertas  compasión cuando pienso en ti. Simplemente conmueves mi corazón, porque tú eres Mi chica.” Eso es lo que te dice.

Tina, Él dice: «Me complazco en Tina. Su nombre está escrito en la palma de mi mano. Tus barreras están siempre ante mí. Tina, te amo»  El Padre dice eso.

Él le dice a Jody, «Jody, yo tengo mi lazo de amor atado a tu corazón, y estoy atrayéndote cerca, cerca y más cerca  todo el tiempo.»

¡Qué asombroso y poderoso amor! El Padre quiere tu corazón. Él quiere mi corazón.

Quiero que se hagan una imagen de la palma de la mano,  que escribas tu nombre. Escribe tu nombre en el medio de la mano.  Ves, el Padre quiere una relación de amor contigo. Él dice en Jeremías 3:19, «Con qué gusto los trataría como a mis hijos y les daría tierra deseable, la más hermosa heredad de cualquier nación. Eso es lo que te quiero dar. Yo un soy padre.  Quiero dártelo todo.  Quiero darte buenas cosas”  (parafraseando).

Y luego dice, decepcionado, «Pensé que Me llamarías Padre y no te apartarías de mí. Eso era lo que yo quería. Eso fue lo que pensé.»

¡Qué angustia! Y algunas de ustedes—las madres saben lo que es un corazón roto cuando sus hijos se alejan. Sabes lo que traspasa hasta la profundidad de tu espíritu, y el Padre es igual. Cuando no estás en una relación íntima con Él, Él es traspasado. Él sufre por Sus hijos.

Esta es la clave, creo yo, para correr firme hasta el final de la carrera. He hecho muchas, muchas  cosas cristianas en mi vida. Dios ha tenido su dedo en mí desde que era una niña. Cuando tenía trece años, yo  enseñaba cursos a mujeres y todo tipo de cosas—organizaba  grupos en mi escuela, llevando a las personas al Señor. He hecho todo eso. He estado en la portada de la revista “Cristianismo Hoy”. He estado con James Dobson. Lo he hecho todo.

Pero, ¿sabes qué? Eso no significa nada. Nada, si el Padre no tiene mi corazón. No significa absolutamente nada. Creo que esta es la clave. Muchas de ustedes están en el ministerio. Y muchas de ustedes están cansadas. Yo sé lo que es eso, porque están tan ocupadas haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas por el Padre, por el Señor, y no están alimentando esa relación con el Señor. No  están siendo Sus hijas, la pequeña niña sentada en Su regazo, mirándolo a los ojos, y solo amando estar cerca de Él solo por ser quien es.

Y esa es la clave para correr bien hasta el final. Si no tienes eso, no correrás bien hasta el final. No lo harás. También es la clave para entender todo lo que la cristiandad es. Esto es lo que necesitamos enseñar a nuestras mujeres y a nuestras hijas y a las personas que ministramos.

El cristianismo es una relación de amor, y eso lo cambia todo. Cambia cómo veo el  arrepentimiento. Solo quiero que pienses en esto por un momento. Si mi marido, Brent, se levantara por la mañana, nos fuéramos de palabras, me hiciera daño diciéndome algo cruel, se fuera al trabajo y entonces sentado en su escritorio, tal vez la conciencia repentinamente le empieza a remorder, y herido, dice, «Oh, no debí haber hecho eso. He pecado.»  Y luego me llama y me dice: “Mary, mi conciencia me está molestando. Lo siento. ¿Me perdonas?»

Yo estaría muy contenta de que me haya llamado y se disculpara. Pero, ¿sabes lo que realmente quisiera de Brent? Yo quisiera que supiera lo mucho que me lastimó. Porque  él  rompió las reglas y solo se sentía mal porque rompió las reglas. Él va a  romper las reglas de nuevo, porque lo único que lo mantenía obedeciendo las reglas era un sentido de responsabilidad a las reglas.

Es por eso que muchas de nosotras luchamos con el pecado. Pecamos. Nos arrepentimos. «Oh, lo siento mucho. Rompí las reglas.» Y luego nos levantamos y  pecamos de nuevo. Lo mismo, una y otra vez. Caemos en las mismas trampas, una y otra vez, una y otra vez. ¿Sabes lo que falta? No nos damos cuenta de que quebrantamos una relación y que hacemos sufrir a  la persona que amamos.

Si Brent se da cuenta de que él me está haciendo daño, que sus palabras me hirieron, y que fue como si él tomara un cuchillo y atravesara mi espíritu, tendría mucho cuidado de no hacerlo de nuevo si es que realmente se dio cuenta de lo mucho que me dolió, en lugar de solo decir: «¡Uy,  rompí las reglas!»

Así que cuando estamos en una relación de amor con el Padre, toda nuestra visión del  arrepentimiento cambia. No es como decir: «Oh, Padre, he roto las reglas, ¡ups!” Es, «Te lastimé. Te he contristado. Yo no quiero lastimarte. Te amo.» Y recibimos la motivación para cambiar.

Lo mismo cuando estás compartiendo el Evangelio. Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales. Me encantan las Cuatro Leyes Espirituales, pero muchas veces es: «Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales», o traemos personas a la iglesia, o podemos llevar a las personas a Jesús. No las ponemos en relación con el Dios Todopoderoso, porque si estuviéramos en una relación con Dios, nuestro enfoque total, nuestro mensaje completo sería: «Ven a conocer a mi amigo. Ven a conocer a mi Padre. Ven a conocer a alguien que significa todo para mí.» Esto cambiaría nuestro enfoque.

Esto cambia nuestro enfoque en nuestras disciplinas. Yo estaría muy decepcionada si mi marido hiciera una cita conmigo dos semanas antes de nuestro aniversario y dijera: «Está bien, Mary, te necesito a estas horas de—oh, vamos a hacerlo de 4:00 a 6:00 el 11 de diciembre. ¿Quieres reunirte conmigo?»

Yo digo, «Sí, claro».

Y entonces llega, nos encontramos en el restaurante, y él está constantemente mirando el reloj, y luego, de repente, dice, «Bueno, he hecho mi parte, ya me voy.”

Yo no quiero eso. Eso no es lo que quiero. No quiero que venga a pasar tiempo conmigo porque tiene que hacerlo. Quiero que me quiera. Y ustedes saben lo que es eso, señoras, porque nos afligimos cuando nuestros esposos no nos quieren.

Es lo mismo con el Padre. Es lo mismo con esta relación. Por lo tanto, se haya  gozo en  la Palabra, en la oración, en el ayuno y en la meditación. Es porque quiero a Dios. No es porque tengo que tener un tiempo devocional cuatro veces a la semana. Esto lo cambia todo,  esta idea del cristianismo como una relación.

Nancy: Y esa relación lo cambia todo. Mary Kassian nos ha estado mostrando por qué.  Todo el mundo necesita una relación genuina con Dios como nuestro Padre. Y sabemos que la relación solo puede encontrarse a través de la fe en Hijo de Dios, Cristo Jesús.

Leslie: Gracias, Nancy.

¿Qué te vino a la mente cuando escuchaste a Mary Kassian el día de hoy?  ¿Deseas  compartir esos pensamientos con otras oyentes de Aviva Nuestros Corazones? Participa en el blog  de oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Simplemente haz clic en el programa de hoy en AvivaNuestrosCorazones.com y añade tus pensamientos. Una vez más, esto es en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, cuando tú aceptas a Dios como tu Padre, se lo quieres presentar a otras personas. Mary Kassian estará de vuelta mañana para hablar de ello. Por favor, acompáñanos en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Una Verdadera Adoradora

DÍA 45

Salmo 27

Dosis: Confianza

Una Verdadera Adoradora

“Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida; para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo.” (Salmo 27:4) (NVI)

¡Qué ternura encierran estas palabras! Brotan de un alma que reconoce que su protección y fortaleza provienen de su Salvador! Entonces sólo espera llegar al templo para adorarle, presentarle sus ofrendas y expresarle su gratitud. ¡Y quiere hacerlo todos los días de su vida! Porque ama estar en su presencia. ¿Amas de esta forma a Dios? ¿Anhelas estar en su presencia?

El salmista busca a Dios con todo su corazón y en él encuentra la seguridad: “Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.” Expresiones de confianza y seguridad en medio de la crisis. Él está seguro que Dios lo hará prevalecer frente a sus enemigos, que escuchará su voz y le responderá y no lo desamparará.100

Hace una declaración que nos deja atónitas: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me recibirá en sus brazos.” Porque está seguro que no hay amor más grande que el de su Dios. Los seres humanos pueden fallarnos, pero jamás nuestro Padre celestial.

Él nos deja una guía clara de cómo orar cuando estamos en dificultades, si lees todo el salmo encontrarás los siguientes verbos: “oye, ten misericordia, respóndeme, no escondas, no apartes, no me dejes, no me desampares, enséñame, guíame, y no me entregues.” Luego vuelve a reiterar su seguridad en la bondad de su Señor y nos anima a poner nuestra confianza nuevamente en él: “Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!

Sea lo que sea que estemos viviendo, ¿cómo no superar el temor si confiamos en un Dios así? Pero esa seguridad debe llevarnos a la adoración y la alabanza. En una época que el temor, el afán y la ansiedad nos domina, que corremos de un lado a otro, ¡qué paz nos infunden estas palabras! Él quiere ponernos en alto, sobre una roca, Él es nuestro refugio, seamos agradecidas y aprendamos a adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tu amor y a contemplar tu hermosura adorándote. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 60). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Un extranjero

Lunes 7 Octubre

El Señor guarda a los extranjeros.

Salmo 146:9

En aquel tiempo estabais sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en el mundo… Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Efesios 2:12,19

Un extranjero

Seguramente usted ya ha experimentado esa incomodidad que se siente al estar en un lugar desconocido: una nueva escuela, otra ciudad, un nuevo lugar de trabajo. Uno se siente diferente, desubicado, extraño, ¡un extranjero!

Piense en Aquel que fue despreciado en la tierra. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Desde su nacimiento no hubo lugar para él, solo un establo; luego tuvo que refugiarse en Egipto; fue extraño en medio de su pueblo y aun en su propia familia, como leemos en el Salmo 69:8: “Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre”. No tuvo domicilio fijo: Jesús dijo a un hombre que quería seguirle: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20). Ese extranjero es Jesús.

Quizás usted también es un extranjero, se siente solo, menospreciado y sin esperanza. Escuche lo que Jesús dice: “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Si usted le abre la puerta de su corazón, nunca más se sentirá solo. ¿Quiere recibirle?

De hecho, ¿quién es verdaderamente extranjero? ¡Nadie! Porque todos los hombres son iguales ante Dios, todos son pecadores (Romanos 3:23).

Si usted deja entrar a Jesús en su vida, será un hijo de la familia de Dios y, mejor aún, ¡sabrá que él ya le preparó un lugar en su casa!

Esdras 3 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA PRUEBA DEL AGUA

Octubre 6

LA PRUEBA DEL AGUA

También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

Romanos 5:3-4

Los joyeros usan “la prueba del agua” como una de las maneras más seguras de identificar un verdadero diamante. Una piedra de imitación nunca es tan brillante como una piedra genuina, pero a veces no puede determinarse la diferencia a simple vista. Los joyeros saben que un diamante genuino puesto en el agua centellea refulgente, mientras que el brillo de la imitación es prácticamente opaco. Esa prueba hace relativamente fácil seleccionar el verdadero ­diamante.

A modo de analogía, encuentro que la fe de muchas personas bajo las aguas de la tristeza o la aflicción no es más que una imitación. Sin embargo, cuando un verdadero hijo de Dios está hundido en una prueba, brillará más refulgente que nunca.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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La Biblia

El Púlpito de la Capilla New Park Street

La Biblia

Un sermón predicado la noche del Domingo 18 de Marzo, 1855

por El Rev. Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

«Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.» — Oseas 8:12.

Esta es la queja de Dios en contra de Efraín. No es una insignificante prueba de Su bondad, que Él se incline para reprender a Sus criaturas descarriadas; es una grandiosa evidencia de Su disposición llena de gracia, que incline Su cabeza para observar los asuntos de la tierra. Si Él quisiera, podría envolverse con la noche como si fuese un vestido; podría poner las estrellas alrededor de Su mano como si fueran un brazalete y ceñir los soles alrededor de Su frente como una diadema; puede morar solo, lejos, muy por encima de este mundo, arriba en el séptimo cielo, y contemplar con calma y silenciosa indiferencia todas las actividades de las criaturas.

Podría hacer como Júpiter que, según creían los paganos, se sentaba en perpetuo silencio, haciendo señas a veces con su terrible cabeza, para hacer que las Parcas hicieran lo que le placiera, pero ignorando las cosas pequeñas de esta tierra, y considerándolas indignas de llamar su atención; absorto en su propio ser, absorto en Sí mismo, viviendo solo y apartado. Y yo, como una de Sus criaturas, podría ascender a la cumbre de una montaña y mirar a las estrellas silenciosas, y decirles: «Ustedes son los ojos de Dios, pero ustedes no me miran a mí; la luz de ustedes es un don de Su omnipotencia, pero esos rayos no son sonrisas de amor para mí. Dios, el poderoso Creador, me ha olvidado; soy una gota despreciable en el océano de la creación, una hoja seca en el bosque de los seres vivientes, un átomo en la montaña de la existencia. Él no me conoce, estoy solo, solo.»

Pero no es así, amados. Nuestro Dios es de un orden diferente. Él nos observa a cada uno de nosotros. No existe ni un gorrión ni un gusano que no se encuentre en Sus decretos. No hay una persona sobre la que no se posen Sus ojos. Nuestros actos más secretos les son conocidos. Cualquier cosa que hagamos, que soportemos o que suframos, el ojo de Dios siempre descansa sobre nosotros y Su sonrisa nos cubre, pues somos Su pueblo; o Su enojo nos envuelve, pues nos hemos apartado de Él.

¡Oh! Dios es diez mil veces misericordioso, pues contemplando a la raza del hombre, no la arranca de la existencia con una sonrisa. Vemos por nuestro texto que Dios se interesa por el hombre, por cuanto dice a Efraín: «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.» Pero vean cómo cuando observa el pecado del hombre no lo destroza ni lo rechaza a puntapiés, ni tampoco lo sacude por el cuello sobre el golfo del infierno hasta hacer tambalear su cerebro por el terror, para, finalmente, arrojarle en él para siempre; por el contrario, Dios desciende del cielo para argumentar con sus criaturas, discute con ellas, se rebaja, por así decirlo, al mismo nivel del pecador, le expone sus quejas y define sus derechos. ¡Oh! Efraín, te he escrito las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.

Vengo esta noche como enviado de Dios, amigos míos, para tratar con ustedes como embajador de Dios; para acusar de pecado a muchos de ustedes; para hacerles ver su condición, con el poder del Espíritu; para convencerlos de pecado, de justicia y de un juicio venidero. El crimen del que los acuso es el pecado que leemos en este texto. Dios les ha escrito las grandezas de Su ley, y fueron tenidas por cosa extraña. Es precisamente sobre este bendito libro, la Biblia, que pretendo hablar el día de hoy. Aquí está mi texto: esta es Palabra de Dios. Aquí está el tema de mi sermón, un tema que demanda más elocuencia de la que poseo; un asunto sobre el que podrían hablar miles de oradores a la vez; un tema poderoso, amplio y un inagotable asunto que, aun consumiendo toda la elocuencia que hubiera hasta la eternidad, no quedaría agotado.

Hoy tengo que decir tres cosas acerca de la Biblia, y las tres se encuentran en mi texto. Primero, Su autor: «Le escribí»; segundo, sus temas: Las grandezas de la ley de Dios; y tercero, su tratamiento generalizado: fueron tenidas por la mayoría de los hombres por cosa extraña.

I. Primero, entonces, en lo relativo a este libro, ¿quién es EL AUTOR? El texto nos dice que es Dios. «Le escribí las grandezas de mi ley.» Aquí está mi Biblia, ¿quién la escribió? La abro y observo que se compone de una serie de tratados. Los primeros cinco libros fueron escritos por un hombre llamado Moisés. Paso las páginas y veo que hay otros escritores tales como David, y Salomón. Aquí leo a Miqueas, luego a Amós, luego a Oseas. Prosigo hacia adelante y llego a las luminosas páginas del Nuevo Testamento, y veo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan; Pablo, Pedro, Santiago y otros; pero cuando cierro el libro me pregunto: ¿quién es su autor? ¿Pueden estos hombres, en conjunto, atribuirse la paternidad de este libro? ¿Son ellos realmente los autores de este extenso volumen? ¿Se dividen entre todos ellos el honor? Nuestra santa religión responde: ¡no!

Este volumen es la escritura del Dios viviente: cada letra fue escrita por un dedo Todopoderoso; cada palabra salió de los labios eternos, cada frase fue dictada por el Espíritu Santo. Aunque Moisés fue usado para escribir sus historias con su ardiente pluma, Dios guió esa pluma. Puede ser que David tocara su arpa haciendo que dulces y melodiosos salmos brotasen de sus dedos, pero Dios movía Sus manos sobre las cuerdas vivas de su arpa de oro. Puede ser que Salomón entonara Cantares de amor, o pronunciara palabras de sabiduría consumada, pero Dios dirigió sus labios, e hizo elocuente al Predicador. Si sigo al atronador Nahum cuando sus caballos aran las aguas, o a Habacuc cuando ve las tiendas de Cusán en aflicción; si leo a Malaquías, cuando la tierra está ardiendo como un horno; si paso a la plácida página de Juan, que nos habla del amor, o a los severos y fogosos capítulos de Pedro, que habla del fuego que devora a los enemigos de Dios; o a Judas, que lanza anatemas contra los adversarios de Dios; en todas partes veo que es Dios quien habla.

Es la voz de Dios, no del hombre; las palabras son las palabras de Dios, las palabras del Eterno, del Invisible, del Todopoderoso, del Jehová de esta tierra. Esta Biblia es la Biblia de Dios; y cuando la veo, me parece oír una voz que surge de ella, diciendo: «Soy el libro de Dios; hombre, léeme. Soy la escritura de Dios: abre mis hojas, porque fueron escritas por Dios; léelas, porque Él es mi autor, y Lo podrás ver visible y manifiesto en todas partes.» «Le escribí las grandezas de mi ley.»

¿Cómo sabemos que Dios escribió este libro? No intentaré responder a esta pregunta. Podría hacerlo si quisiera, porque hay razones y argumentos suficientes, pero no pienso robarles su tiempo esta noche exponiendo esos argumentos a la consideración de ustedes. Pero no voy a hacer eso. Si quisiera, les podría decir que la grandeza del estilo está por encima de cualquier escritura mortal, y que todos los poetas que en el mundo han existido, con todas sus obras juntas, no podrían ofrecernos una poesía tan sublime ni un lenguaje tan poderoso como los podemos encontrar en las Escrituras.

Quisiera insistir en que los temas que se tratan en la Biblia están más allá del intelecto humano; que el hombre nunca hubiera podido inventar las grandes doctrinas de una Trinidad en la Deidad; que el hombre nunca hubiera podido decirnos nada de la creación del universo; ningún ser humano hubiera podido ser el autor de la sublime idea de la Providencia; que todas las cosas son ordenadas según la voluntad de un grandioso Ser Supremo, y que todas ellas obran conjuntamente para bien. Podría hablarles acerca de su honestidad, pues relata las fallas de sus escritores; de su unidad, pues nunca se contradice; de su sencillez magistral, para que el más simple pueda leerla. Y podría mencionar cien cosas más que podrían demostrar con claridad que el libro es de Dios. Pero no he venido aquí para hacerlo.

Soy un ministro cristiano, y ustedes son cristianos, o profesan serlo; y ningún ministro cristiano necesita sacar a luz argumentos de los paganos para rebatirlos. Es la insensatez más grande del mundo. Los infieles, pobres criaturas, no conocen sus propios argumentos hasta que nosotros se los decimos, y ellos, juntándolos poco a poco, vuelven a arrojarlos como lanzas sin puntas contra el escudo de la verdad. Es una insensatez sacar estos tizones del fuego del infierno, aun si estamos bien preparados para apagarlos. Dejemos que los hombres del mundo aprendan el error por sí mismos; no seamos propagadores de sus falsedades. Es cierto que hay predicadores que, no contando con los suficientes argumentos, los sacan de cualquier parte; pero los hombres elegidos del propio Dios no necesitan hacer eso; ellos son enseñados por Dios, y Dios les suministra los temas, las palabras y el poder.

Quizás haya alguien hoy que haya venido sin fe, un hombre racionalista, un librepensador. Con ese hombre no voy a discutir. Confieso que no estoy aquí para participar en controversias, sino para predicar lo que conozco y siento. Pero yo también fui como ese hombre. Hubo una mala hora en mi vida, cuando solté el ancla de mi fe; yo corté el cable de mis creencias y, no queriendo estar ya por más tiempo al abrigo de las costas de la revelación, dejé que mi nave anduviera a la deriva, impulsada por el viento. Dije a la razón: «Sé tu mi capitán;» dije a mi propio cerebro: «sé tú mi timón». Y así comencé mi loco viaje. Gracias a Dios ya todo eso terminó. Pero les contaré su breve historia.

Fue una navegación precipitada por el tempestuoso océano del librepensamiento. Conforme avanzaba, los cielos empezaron a oscurecerse; pero, para compensar esa deficiencia, las aguas eran brillantes con fulgores esplendorosos. Yo veía que volaban chispas agradables y pensé: «Si esto es el librepensamiento, es algo maravilloso.» Mis pensamientos parecían gemas y yo esparcía estrellas con mis dos manos; pero pronto, en lugar de aquellos fulgores de gloria, vi horrendos demonios, fieros y terribles, surgiendo de las aguas, y conforme proseguía, ellos rechinaron sus dientes haciendo gestos burlones; se aferraron a la proa de mi barco y me arrastraron. Mientras yo, en parte, me sentía feliz por la velocidad a la que iba, pero sin embargo me estremecía por la rapidez terrífica con la dejaba atrás los viejos pilares de mi fe.

Conforme seguía avanzando a una velocidad espeluznante, comencé a dudar hasta de mi propia existencia; dudaba que el mundo existiera; dudaba que hubiera tal cosa como mi propio yo. Llegué al borde mismo de los dominios sombríos de la incredulidad. Me fui hasta el fondo mismo del mar de la infidelidad. Dudaba de todo. Pero aquí Satanás se engañó a sí mismo, porque la propia extravagancia de las dudas me demostró lo absurdo de ellas. Justo cuando vi el fondo de ese mar, escuché una voz que decía: «¿Acaso esta duda puede ser verdad?» A causa de este pensamiento volví a la realidad. Me desperté de ese sueño de muerte, que, sabe Dios, podría haber condenado mi alma y destruido mi cuerpo, si no hubiese despertado.

Cuando me levanté, la fe tomó el timón; a partir de ese momento ya no dudé. La fe condujo mi barca de regreso, la fe gritaba: «¡Lejos de aquí, lejos de aquí!» Arrojé mi ancla en el Calvario; alcé mis ojos a Dios, y heme aquí vivo y fuera del infierno. Por tanto, yo digo lo que sé. He navegado en ese peligroso viaje; he regresado a puerto sano y salvo. ¡Pídanme que sea otra vez un incrédulo! No, ya lo probé. Fue dulce al principio, pero amargo después. Ahora, atado al Evangelio de Dios más firmemente que nunca, parado sobre una roca más dura que el diamante, desafío los argumentos del infierno a que me muevan, «porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día».

Pero no voy a refutar ni a argumentar esta noche. Ustedes profesan ser hombres cristianos, pues de lo contrario no estarían aquí. Aunque la profesión de ustedes bien puede ser falsa; lo que ustedes dicen ser, puede ser exactamente lo contrario de lo que realmente son. Pero, aun así, yo supongo que todos ustedes admiten que ésta es la Palabra de Dios. Voy a compartir un par de pensamientos al respecto: «Le escribí las grandezas de mi ley.»

Primero, mis amigos, examinen este volumen y admiren su autoridad. Este no es un libro común. No contiene los dichos de los sabios de Grecia, ni los discursos de los filósofos de la antigüedad. Si estas palabras hubieran sido escritas por el hombre, podríamos rechazarlas; pero, ¡oh!, déjenme pensar un pensamiento solemne: que este libro es la letra de Dios, que estas son Sus palabras. Déjenme investigar su antigüedad: está fechado en las colinas del cielo. Permítanme que mire sus letras: lanzan destellos de gloria en mis ojos. Déjenme leer sus capítulos: su significado es grandioso y contienen misterios escondidos. Vayamos a las profecías: están llenas de inefables maravillas. ¡Oh, libro de los libros! ¿Y fuiste tú escrito por mi Dios? Entonces me postro ante ti. Tú, libro de vasta autoridad; tú eres una proclamación del Emperador del Cielo. Lejos esté de mí ejercitar mi razón para contradecirte. ¡Razón!, tu función es considerar y averiguar lo que este volumen quiere decir, y no establecer lo que debería decir.

Vamos, ustedes, mi razón y mi intelecto, siéntense y escuchen, porque estas palabras son las palabras de Dios. Me siento incapaz de extenderme en este pensamiento. ¡Oh, si ustedes pudieran recordar siempre que esta Biblia fue verdadera y realmente escrita por Dios! ¡Oh! si se les hubiera permitido entrar a las cámaras secretas del cielo, y hubieran podido contemplar a Dios cuando tomaba Su pluma y escribía estas letras, entonces con seguridad las respetarían. Pero son efectivamente el manuscrito de Dios, tanto, como si ustedes hubieran visto a Dios escribiéndolas. Esta Biblia es un libro de autoridad, es un libro autorizado, pues lo escribió Dios. Oh, tiemblen, tiemblen, no sea que alguien lo desprecie; observen su autoridad, porque es la Palabra de Dios.

Entonces, puesto que Dios la escribió, notemos su veracidad. Si yo la hubiera escrito, habría críticos gusanos que de inmediato la atropellarían, y la cubrirían con sus larvas malvadas. Si yo la hubiera escrito, no faltarían hombres que la destrozarían de inmediato, y tal vez con mucha razón. Pero esta es la Palabra de Dios. Acérquense ustedes, críticos, y encuéntrenle alguna falla; examínenla desde su Génesis hasta su Apocalipsis, y encuéntrenle un error. Esta es una veta de oro puro sin mezcla de ninguna sustancia terrena. Esta es una estrella sin mancha, un sol de perfección, una luz sin sombra, una luna sin su palidez, una gloria sin penumbra.

¡Oh, Biblia!, no se puede decir de ningún otro libro que sea perfecto y puro; pero nosotros podemos declarar de ti que toda la sabiduría se encuentra encerrada en ti, y no hay ninguna partícula de insensatez. Este el juez que pone fin a toda discusión allí donde la inteligencia y la razón fracasan. Este libro no tiene mancha de error; sino que es puro, sin mezclas, la verdad perfecta. ¿Por qué? Porque Dios lo escribió. ¡Ah! Acusen a Dios de error, si quieren; díganle que Su libro no es lo que debería ser.

He oído de hombres llenos de orgullo y falsa modestia, a quienes les gustaría alterar la Biblia, y (casi me ruborizo al decirlo) he oído a algunos ministros que han alterado la Biblia de Dios, porque le tenían miedo. ¿Nunca han oído decir: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere -¿qué dice la Escritura?- «será condenado»? Pero sucede que esto es algo rudo, por lo tanto ellos dicen: «será desaprobado.» ¡Caballeros!, eliminen el terciopelo de sus bocas, y prediquen la Palabra de Dios; no necesitamos ninguna de sus alteraciones. He escuchado a personas que, orando, en vez de decir: «hacer firme vuestra vocación y elección,» dicen: «hacer firme vuestra vocación y salvación.» Es una lástima que no hubieran nacido cuando Dios moraba en los tiempos remotos, hace mucho, mucho tiempo, para que hubieran podido enseñarle a Dios cómo escribir. ¡Oh, deshonestidad más allá de todo límite! ¡Oh, orgullo desmedido! ¡Tratar de dictar al Sabio de los sabios, de enseñar al Omnisciente y de instruir al Eterno! Es extraño que haya hombres tan viles que usen el cortaplumas de escriba de Joacim para mutilar pasajes de la Palabra, porque tienen mal sabor. Oh, ustedes, que sienten aversión por ciertas porciones de la Santa Escritura, tengan la certeza que su gusto es corrompido y que la voluntad de Dios no se sujeta a la pobre opinión de ustedes. Tu desaprobación es precisamente la razón por la que Dios la escribió; porque no se debe acomodar a ti, ni tienes derecho a ser complacido. Dios escribió lo que a ti no te gusta: escribió la verdad. ¡Oh! postrémonos en reverencia ante ella, pues Dios la inspiró. Es verdad pura. De esta fuente mana aqua vitae «el agua de vida» sin ninguna partícula de tierra; de este sol nacen rayos de esplendor sin sombra alguna. Bendita Biblia; tú eres toda la verdad. Bendita Biblia, tú eres toda verdad.

Antes de dejar este punto, detengámonos a considerar la misericordia de Dios al habernos escrito una Biblia. ¡Ah! Él podía habernos dejado sin ella, que anduviéramos a tientas nuestro camino de tinieblas, como los ciegos palpan buscando la pared. Podía habernos dejado en nuestro extravío, con la estrella de la razón como nuestra única guía. Recuerdo una historia del señor Hume, quien constantemente afirmaba que la luz de la razón es suficiente en abundancia. Estando en casa de un buen ministro de Dios una noche, había estado discutiendo sobre este asunto, manifestando su firme convicción en la suficiencia de la luz de la naturaleza. Al salir, el ministro le ofreció una vela, para que se pudiera alumbrar al bajar las escaleras. Él dijo: «no, la luz de la naturaleza será suficiente; con la luna me bastará.» Pero ocurrió que una nube estaba ocultando a la luna, y cayó escaleras abajo. «¡Ah!», dijo el ministro, «a pesar de todo hubiera sido mejor haber tenido alguna lucecita desde arriba, señor Hume.»

Entonces, aun suponiendo que la luz natural fuera suficiente, sería mejor que tuviéramos un poco de luz desde arriba, y de esta manera estaríamos seguros de estar en lo correcto. Es mejor tener dos luces que una. La luz de la creación es muy brillante. Podemos ver a Dios en las estrellas; su nombre está escrito con letras de oro en el rostro de la noche; pueden descubrir Su gloria en las olas del océano, sí, y en los árboles del campo. Pero es mejor leer en dos libros que en uno. Le encontrarán aquí más claramente revelado, porque Él mismo ha escrito este libro y nos ha dado la clave para entenderlo, si ustedes tienen al Espíritu Santo. Amados hermanos, demos gracias a Dios por esta Biblia. Amémosla y considerémosla más preciosa que el oro más fino.

Una observación más, antes de pasar al segundo punto. Si ésta es la Palabra de Dios, ¿qué será de algunos de ustedes que no la han leído durante todo el último mes? «¿Un mes, dice usted? ¡Yo no la he leído durante todo este último año!» Ay, y muchos de ustedes no la han leído nunca. La mayoría de la gente trata a la Biblia muy cortésmente. Tienen una edición de bolsillo bellamente encuadernada, la envuelven en un pañuelo blanco, y así la llevan al lugar del culto. Cuando regresan a casa la guardan en un cajón hasta el siguiente domingo por la mañana. Entonces, la vuelven a sacar para un paseo, y la llevan a la capilla; todo cuanto la pobre Biblia recibe es este paseo dominical. Ese es su estilo de entretener a este mensajero celestial. Hay suficiente polvo sobre algunas de las Biblias de ustedes como para escribir «condenación» con sus propios dedos. Muchos de ustedes ni siquiera la han hojeado desde hace mucho, mucho, mucho tiempo, y, ¿qué piensan?

Les digo palabras duras, pero son palabras verdaderas. ¿Qué dirá Dios, finalmente? Cuando vayan a su presencia, Él preguntará: «¿Leíste mi Biblia?» «No.» «Te escribí una carta de misericordia, ¿la leíste?» «No.» «¡Rebelde! Te envié una carta invitándote a venir; ¿la leíste alguna vez?» «Señor, nunca rompí el sello: siempre la guardé bien cerrada.» «¡Desdichado!», dice Dios. «entonces, tú mereces el infierno; si te envié una epístola de amor, y ni siquiera quisiste romper el sello, ¿qué haré contigo?» ¡Oh! No permitan que eso les suceda a ustedes. Sean lectores de la Biblia; sean escudriñadores de la Biblia.

II. Nuestro segundo punto es: LOS TEMAS DE LOS QUE TRATA LA BIBLIA. Las palabras del texto son estas: «Le escribí las grandezas de mi ley.» La Biblia habla de grandes cosas y solamente de grandes cosas. No hay nada en esta Biblia que no sea importante. Cada versículo contiene un solemne significado, y si todavía no lo hemos encontrado, esperamos hacerlo. Ustedes han visto a las momias cubiertas de vendas. Bien, la Biblia de Dios es algo parecido; hay numerosos rollos de lino blanco, tejidos en el telar de la verdad; de manera que tendrán que continuar desenvolviendo rollo tras rollo hasta encontrar el verdadero significado de lo que está escondido; y cuando crean haberlo hallado, aun continuarán desentrañando las palabras de este maravilloso volumen por toda la eternidad. No hay nada en la Biblia que no sea grandioso. Permítanme dividir, para ser más breve. Primero todas las cosas en esta Biblia son grandiosas; segundo, algunas cosas son las más grandiosas de todas.

Todas las cosas de la Biblia son grandiosas. Algunas personas piensan que no importa la doctrina que uno crea; que da lo mismo asistir a una iglesia o a otra, que todas las denominaciones son iguales. Hay un ser, la señora Intolerancia, a la que detesto más que a nadie en el mundo, y a la que jamás he hecho ningún cumplido ni he elogiado; pero hay otra persona a la que odio igualmente; se trata del señor Latitudinarismo, individuo bien conocido que ha descubierto que todos somos iguales. Ahora, yo creo que una persona puede ser salva en cualquier iglesia. Algunas han sido salvas en la iglesia de Roma, unos pocos hombres benditos cuyos nombres podría citar aquí. También sé, bendito sea Dios, que grandes multitudes son salvas en la iglesia de Inglaterra; en ella hay una hueste de sinceros y piadosos hombres de oración. Creo que todas las ramas del protestantismo cristiano tienen un remanente según la elección de gracia, y necesitan tener, algunas de ellas, un poco de sal, pues de lo contrario se corromperían. Pero cuando me digo eso, ¿se imaginan que las coloco a todas al mismo nivel? ¿Están todas igualmente en lo cierto? Una dice que el bautismo de infantes es correcto, otras afirman que no es correcto. Algunos dicen que ambas tienen razón, pero yo no lo veo así. Una enseña que somos salvos por la gracia soberana, otra dice que no, sino que es nuestro libre albedrío el que nos salva; con todo, otros dicen que las dos están en lo cierto; yo no lo entiendo así. Una dice que Dios ama a Su pueblo y nunca dejará de amarlo; otra afirma que no amó a Su pueblo antes que ese pueblo Lo amara; que unas veces lo ama y otras deja de amarlo, volviéndole la espalda. Ambas pueden tener razón en lo esencial, pero nunca cuando una dice «Sí» y otra «No». Para verlo así necesitaría unos lentes que me ayudaran a ver hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo. No puede ser, señores, que ambas tengan razón, a pesar de que hay quien dice que las diferencias no son esenciales.

Este texto dice: «Le escribí las grandezas de mi ley». No hay nada en la Biblia de Dios que no sea grandioso. ¿Se han detenido a pensar alguna vez cuál es la religión más pura? «¡Oh!», dicen, «nunca nos hemos molestado con eso. Nosotros simplemente vamos donde nuestro padre y nuestra madre fueron.» ¡Ah! Esa es ciertamente una razón muy profunda. Ustedes van donde sus padres fueron. Yo creía que ustedes eran gente sensata, y nunca pensé que se dejaran llevar por otros en vez de por su propia convicción. Yo amo a mis padres sobre todo lo que respira, y el solo hecho de que creyeran que una cosa es verdad, me ayuda a pensar que lo es; pero yo no les he seguido. Pertenezco a una denominación diferente, y doy gracias a Dios por ello. Puedo recibirlos como hermanos y hermanas en Cristo, pero nunca pensé que, porque ellos fueran una cosa, yo tenía que ser lo mismo. Nada de eso. Dios me dio un cerebro y debo utilizarlo; y si ustedes tienen algún intelecto, deben usarlo también.

Nunca digan que no importa. Claro que importa. Todo cuanto Dios ha escrito aquí es de importancia eminente: Él jamás hubiera escrito algo que fuera indiferente. Todo cuanto hay aquí tiene un valor; por lo tanto, escudriñen todos los temas, prueben todo por la Palabra de Dios. No tengo ninguna objeción en que lo que yo predique sea probado por este libro. Denme solamente un auditorio imparcial y ningún favor especial y este libro; y si digo algo contrario a él, voy a retractarme de eso el domingo siguiente. Por esto me mantengo firme o caigo. Busquen y miren, pero nunca digan: «No importa.» Cuando Dios dice algo, siempre es de importancia.

Pero, aunque todas las cosas en la Palabra de Dios son importantes, no todo es importante en la misma medida. Hay ciertas verdades vitales y fundamentales que deben ser creídas, o de lo contrario el hombre no podría ser salvo. Si quieren saber qué es lo que deben creer para ser salvos, encontrarán las grandezas de la ley de Dios entre estas cubiertas; todas están contenidas aquí. Como compendio o resumen de las grandezas de la ley, recuerdo lo que dijo una vez un viejo amigo mío: «¡Ah! Predica las tres «erres» y Dios siempre te bendecirá.» Yo pregunté: «¿qué son las tres ‘erres’?» Y él me respondió: «Ruina, Redención y Regeneración.» Estas tres cosas contienen la esencia y el todo de la teología. «R» de ruina. Todos fuimos arruinados en la caída, todos nos perdimos cuando Adán pecó y todos estamos arruinados por nuestras propias transgresiones; todos estamos arruinado por nuestros corazones perversos, por nuestros malos deseos, y todos estaremos arruinados a menos que la gracia nos salve. Luego está la segunda «R» de redención. Somos redimidos por la sangre de Cristo, un Cordero sin mancha ni contaminación; somos rescatados por Su poder, somos redimidos por Sus méritos, y rescatados por Su fuerza. A continuación tenemos la «R» de regeneración. Si queremos ser perdonados, tenemos también que ser regenerados, porque nadie puede ser partícipe de la redención sin ser regenerado. Podemos ser tan buenos como queramos, y servir a Dios según lo imaginemos, según queramos; pero si no hemos sido regenerados, si no tenemos un corazón nuevo, si no nacemos de nuevo, todavía estamos en la primera «R», esto es en la ruina.

Esto es un pequeño resumen del Evangelio, pero creo que hay otro mejor en los cinco puntos del calvinismo: Elección conforme al conocimiento previo de Dios, la natural depravación y pecaminosidad del hombre, la redención particular por la sangre de Cristo, el llamamiento eficaz por el poder del Espíritu, y la perseverancia final por el poder de Dios. Para ser salvos, debemos creer estos cinco puntos; pero no me gustaría escribir un credo como el de Atanasio, que empieza así: «Todo aquel que quiera ser salvo, deberá creer en primer lugar la fe católica, la cual es ésta»; al llegar a este punto tendría que detenerme porque no sabría cómo continuar. Sostengo la fe católica de la Biblia, toda la Biblia y nada más que la Biblia. No me corresponde redactar credos; sino que les suplico que escudriñen las Escrituras, porque ellas son la palabra de vida.

Dios dice: «Le escribí las grandezas de mi ley». ¿Dudan de su grandeza? ¿Creen que no son dignas de la atención de ustedes? Hombre, piensa un momento, ¿dónde te encuentras ahora?

«He aquí, en un estrecho trozo de tierra,
En mitad de dos mares sin límites;
Una pulgada de tiempo, el espacio de un momento,
Puede alojarme en aquel lugar celestial,
O encerrarme en el infierno.»

Recuerdo que una vez estaba yo en la playa, en una estrecha franja de tierra, sin preocuparme que la marea pudiera subir. Las olas lavaban constantemente ambas orillas, y envuelto en mis pensamientos permanecí allí por largo rato. Cuando quise regresar, me encontré ante una dificultad: las olas habían cortado el camino. De la misma manera, todos nosotros caminamos cada día por una estrecha senda, y hay una ola que sube más y más; vean cuán cerca está de sus pies, y otra ola se estrella a cada tictac del reloj: «nuestros corazones, como sordos tambores, están redoblando marchas fúnebres camino de la tumba.» Cada momento que vivimos es un avance hacia la tumba. Pero, este Libro me dice que, si soy convertido, cuando muera me recibirá un cielo de gozo y amor; los ángeles me esperarán con sus brazos abiertos, y yo, llevado por las potentes alas de los querubines, sobrepasaré al rayo, y me remontaré más allá de las estrellas, al trono de Dios, para morar allí para siempre.

«Lejos de un mundo de pecado y dolor,
Moraré allí siempre con Dios.

¡Oh!, esto hace que mis ojos derramen lágrimas tibias, esto hace que mi corazón se vuelva demasiado grande para mi pecho, y mi cerebro gire ante el solo pensamiento de:

«Jerusalén, mi hogar feliz,
Tu nombre es siempre dulce para mí.»

¡Oh!, esa dulce escena más allá de las nubes; dulces campos revestidos de verde vivo y ríos de delicia. ¿No son éstas cosas grandiosas? Pero entonces, pobre alma no regenerada, la Biblia dice que, si tú estás perdido, tú estás perdido para siempre; te dice que si mueres sin Cristo, sin Dios, no hay esperanza para ti; que hay un lugar sin ningún rayo de esperanza, donde leerás grabado con letras de fuego: «conocías tu deber, pero no lo cumpliste». Te dice que serás echado de Su presencia con un: «Apartaos de mí». ¿Acaso no es grandioso todo esto? Sí, señores, tanto como el cielo es deseable y el infierno aborrecible, el tiempo breve y la eternidad infinita, como el alma es preciosa, el dolor debe ser evitado y el cielo debe ser buscado, como Dios es eterno y como Sus palabras son ciertas, estas cosas son grandiosas; son cosas que ustedes deben escuchar.

III. Nuestro último punto es: EL TRATO QUE LA POBRE BIBLIA RECIBE EN ESTE MUNDO. La Biblia está considerada como una cosa extraña. ¿Qué quiere decir que la Biblia sea considerada como una cosa extraña? En primer lugar, quiere decir que es completamente ajena a muchas personas porque nunca la leen. Recuerdo que, en cierta ocasión, yo estaba leyendo la sagrada historia de David y Goliat, y estaba una persona presente, bastante entrada en años, quien me dijo: «¡Dios mío! Qué historia tan interesante; ¿en qué libro está?»

También me viene a la memoria otra persona que, hablando conmigo en privado, yo le hablé acerca de su alma, y ella me dijo cuán profundo era su sentimiento, ya que tenía enormes deseos de servir al Señor, pero encontraba otra ley en sus miembros. Yo abrí la Biblia en Romanos y le leí: «Porque no hago el bien que quiero; sino el mal que no quiero, eso hago.» «¿Está esto en la Biblia?», preguntó ella, «yo no sabía eso.» No la culpé por su falta de interés en la Biblia hasta ese momento, pero me parecía difícil encontrar personas que no supieran absolutamente nada acerca de tal pasaje. ¡Ah! Ustedes saben más acerca de los libros de contabilidad de sus negocios que de la Biblia; más acerca de los diarios de sus vidas que de lo que Dios ha escrito. Muchos de ustedes pueden leer una novela de principio a fin, y, ¿qué provecho sacan de eso? Un bocado de pura espuma al haberla terminado.

Pero no pueden leer la Biblia; este manjar sólido, perdurable, sustancioso y que satisface, permanece sin ser probado, guardado en la alacena del abandono; mientras que todo cuanto escribe el hombre, el plato del día, es devorado con avidez. «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.» Ustedes nunca la han leído. Tengo esa dura acusación contra ustedes. Tal vez ustedes responden que no debo culparlos por una cosa así; pero siempre pienso que más vale tener una peor opinión de ustedes, que una opinión demasiado buena. Los culpo de esto: ustedes no leen su Biblia. Algunos de ustedes nunca la han leído completa, y su corazón les dice que lo que estoy diciendo es verdad. No sois lectores de la Biblia. Ustedes afirman que tienen una Biblia en la casa: ¿acaso pienso que son tan paganos que no tienen una Biblia en la casa? Pero, ¿cuándo fue la última vez que la leyeron? ¿Cómo saben que los lentes que perdieron hace tres años no están en el mismo cajón que la Biblia? Muchos de ustedes no han leído ni una sola página desde hace mucho tiempo, y Dios podría decirles: «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.»

Hay otros que leen la Biblia, pero cuando la leen, dicen que es terriblemente árida. Aquel joven que está allá opina que es muy «aburrida»; ésa es la palabra que usa. Él nos cuenta: «mi madre me dijo, cuando vayas a la ciudad, lee un capítulo cada día. Y yo se lo prometí para complacerla. Ojalá no lo hubiera hecho. No leí ningún capítulo ni ayer ni anteayer. Estuve muy ocupado. No pude evitarlo.» Tú no amas la Biblia, ¿verdad? «No, no encuentro en ella nada interesante.» ¡Ah!, eso es lo que yo pensaba también. No hace mucho tiempo yo no podía ver nada en ella. ¿Sabes por qué? Porque los ciegos no pueden ver. Pero cuando el Espíritu tocó las escamas mis ojos, estas se cayeron, y cuando Él pone colirio en los ojos, entonces la Biblia se vuelve preciosa.

Recuerdo a un ministro que fue un día a visitar a una señora ya anciana y se propuso llevarle el consuelo de algunas de las preciosas promesas de la Palabra de Dios. Buscando, encontró en la Biblia de señora, escrito al margen, una «P», y preguntó: «¿Qué significa esto?» «Esto quiere decir preciosa», señor.» Poco más adelante descubrió una «P» y una «E» escritas juntas, y le volvió a preguntar su significado, y ella le respondió: esto, quiere decir ‘probada y experimentada’, porque yo la he probado y la he experimentado». Si ustedes han probado y experimentado la palabra de Dios, si es preciosa para sus almas, entonces ustedes son cristianos; pero esas personas que desprecian la Biblia, «no tienen parte ni suerte en este asunto». Si les parece árida, ustedes estarán áridos al fin en el infierno. Si no la estiman como algo mejor que su alimento diario necesario, no hay ninguna esperanza para ustedes, porque carecen de la evidencia más grande de su cristianismo.

Pero, ¡ay!, ¡ay!, lo peor está por venir. Hay personas que odian la Biblia, y también la desprecian. ¿Acaso tenemos algunas de esas personas aquí? Algunos se habrán dicho: «vayamos y oigamos lo que tiene que decirnos ese joven predicador.» Pues bien, esto es lo que tiene que decirles: «Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced.» Esto es lo que tiene que decirles: «los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios.» Y también tiene que decirles esto: «en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.» Pero más aún, les dice hoy que si quieren ser salvos, deben encontrar la salvación aquí.

Por lo tanto, no menosprecien la Biblia: escudríñenla, léanla, vengan a ella. Ten la seguridad, oh burlador, que tus carcajadas no pueden alterar la verdad, ni tus burlas te pueden librar de la condenación inevitable. Aunque en tu dureza hicieras un pacto con la muerte y firmaras un tratado con el infierno, aun así, la veloz justicia te alcanzará, y la poderosa venganza te derribará. En vano te burlas y te mofas, pues las verdades eternas son más poderosas que todos tus sofismas; tus ingeniosos dichos no pueden alterar la verdad divina de una sola palabra de este volumen de Revelación.

¡Oh! ¿Por qué altercan con su mejor amigo y maltratan su único refugio? Aun hay esperanza para el burlador. Esperanza en las venas del Salvador. Esperanza en la misericordia del Padre. Esperanza en la obra omnipotente del Espíritu Santo.v Una palabra más y terminaré. Mi amigo, el filósofo, dice que está muy bien que yo exhorte a la gente a leer la Biblia; pero que hay otras muchas ciencias grandiosas más interesantes y útiles que la teología. Muy agradecido, señor, por su opinión. ¿A qué ciencia se refiere usted? ¿A la ciencia de disecar escarabajos y coleccionar mariposas? «No, ciertamente no es a ésa.» ¿A la ciencia de analizar las rocas y de tomar muestras de la tierra y hablarnos de sus diferentes estratos? «No, tampoco a esa precisamente.» ¿A qué ciencia, pues? Él me responde: «todas las ciencias en general son más importantes que la Biblia.» ¡Ah!, señor, ésa es su opinión, y habla de esa manera porque está lejos de Dios. Pues la ciencia de Jesucristo es la más excelente de las ciencias. Que nadie deje la Biblia porque no es un libro culto y de sabiduría. Lo es. ¿Quisieran saber de astronomía? Está aquí: Ella habla del Sol de Justicia y de la Estrella de Belén. ¿Quieren saber de botánica? Está aquí: Ella habla de unas plantas de renombre: el Lirio de los Valles y la Rosa de Sarón. ¿Quieren saber de geología y mineralogía? Pueden aprender eso en la Biblia: pueden leer acerca de la Roca de los Siglos y de la Piedrecita Blanca con un nombre nuevo grabado, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe. ¿Quieren estudiar historia? Aquí están los anales más antiguos del género humano. Cualquiera que sea la ciencia de que se trate, vengan y búsquenla en este libro. Esa ciencia está aquí. Vengan, y beban de esta hermosa fuente del conocimiento y de la sabiduría, y descubrirán que serán hechos sabios para salvación. Sabios e ignorantes, niños y hombres, caballeros de cabellos blancos, jóvenes y muchachas, a ustedes les hablo, les pido y les suplico: respeten la Biblia y escudríñenla, porque a ustedes les parece que en ella tienen la vida eterna, y ella es la que da testimonio de Cristo.

He terminado. Vayamos a casa y pongamos en práctica cuanto hemos oído. Conozco a una señora que, cuando se le preguntó sobre lo que recordaba del sermón del pastor, dijo: «No recuerdo nada del mismo. Tenía que ver con pesas falsas y medidas fraudulentas, y yo no recordé nada excepto que cuando llegué a casa tenía que quemar mis medidas de grano.» Así que si recuerdan cuando lleguen a sus casas quemar sus medidas, si recuerdan cuando lleguen a sus casas leer la Biblia, yo habré dicho lo suficiente. Quiera Dios, en Su infinita misericordia, cuando lean la Biblia, poner en sus almas los rayos iluminadores del Sol de Justicia, por la obra del siempre adorable Espíritu; de este modo, todo cuanto lean será de provecho y para salvación.

Podemos decir de la Biblia que es:

«¡Es el escaparate del consejo revelado!
En donde la felicidad y el dolor están colocados de tal manera
Que todo hombre sabe qué le corresponderá
Si interpreta todo correctamente.

Es el índice de la eternidad
No podrá de dejar de recibir la eterna felicidad
Quien se guíe por este mapa,
Ni puede equivocarse quien hable por él.

Es el libro de Dios. Quiero decir
El Dios de los libros, y pido que el que mire
Con enojo esa expresión, como demasiado aventurada,
Ahogue sus pensamientos en silencio, hasta encontrar otra.»

8/13 –  En la viña del Señor

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

8/13 –  En la viña del Señor

David Barceló

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Iglesia Evangélica de la Gracia de Barcelona
Sermón predicado el 25 de enero del 2015
Pasaje: Mateo 18: 21-35

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David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

La Iglesia Prevalecerá: Santidad y Disciplina en la iglesia

Por Su Causa

La Iglesia Prevalecerá: Santidad y Disciplina en la iglesia

El Poder de Su Palabra

John MacArthur

JMAJohn MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church.

Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo.

Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

https://www.tms.edu/es/

Pescadores de Hombres – 7/7

Iglesia Ozama

Pastor Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

3/6 – Las Características de un Púlpito Fiel

Ministerios Integridad & Sabiduría

Serie: Un liderazgo Conforme el Corazón de Dios

3/6 – Las Características de un Púlpito Fiel

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.