1/5 – No te impacientes

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

1/5 – No te impacientes

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Si tu mundo está en crisis, Nancy Leigh DeMoss te ofrece buenas noticias.

Nancy Leigh DeMoss: El capítulo final no se ha escrito. Dios está aún en Su trono. Dios está venciendo sobre el mal de este mundo. Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Da la impresión de que siempre estamos oyendo de algún tipo de villano. Puede que sea un terrorista, un dictador, un magnate del entretenimiento de dudosa reputación o un ejecutivo de la Bolsa de Valores tras las rejas. Nancy te va a ayudar a pensar, desde el punto de vista bíblico, sobre aquellos que hacen lo malo en una serie llamada Salmo 37: Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento.

Nancy: ¿Eres de las personas que en ocasiones quiere lanzarle algo al televisor cuando ves las noticias? O sea, ¿te encuentras discutiendo, debatiendo o gritando a la persona que está del otro lado de la pantalla?

Quizás no seas de las que reaccionan visiblemente, pero cuando escucho acerca de inmoralidades, violencia, crimen, abuso, terrorismo y corrupción en el mundo de hoy —muchas veces me siento abrumada.

Y pienso “¡Detengan eso! ¿Cómo puede ser? ¡Eso está mal! y quieres hacer algo al respecto. Dondequiera que miras te encuentras con autores, gente de la farándula y con políticos que —contrario a lo que dice la Palabra— promueven las atrocidades que ellos comenten. Promueven estilos de vida impíos: abortos, inmoralidad, la cultura del divorcio, filosofías feministas. Te das cuenta de que vivimos en un mundo caído que no mejora y que va cada vez de mal en peor. La oscuridad parece intensificarse cada día más.

Y no solo es en la cultura de allá afuera o en los asuntos internacionales. También a nivel personal, tenemos que lidiar con esto regularmente ya sea en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y —lamentablemente— dentro de nuestras iglesias. Déjenme leerles algunas cosas que mujeres nos han escrito vía correos electrónicos; quizás te identifiques con algunas de estas. Una mujer dijo,

“Estoy comprometida con un hombre que está luchando con su ira. Al menos una vez a la semana peleamos intensamente y —usualmente— todo empieza cuando no lleno alguna de sus expectativas. Nunca me ha golpeado, pero me maldice y trata de justificarlo con un ‘todos nos quedamos cortos.’

Por cierto, después de haber leído ese correo, me comuniqué con nuestro departamento de correspondencia y le mandé a decir que terminara la relación. No te comprometas en un tipo de relación como esa. Ahora bien, si ya estás en un matrimonio, la solución no es tan fácil. ¿Qué haces en el caso de estar casada con un hombre iracundo, comprometida con un hombre iracundo?

Cuando oímos estas cosas, cuando vemos lo que está pasando en el mundo — algunas veces vivimos con ellas en nuestro entorno — ¿cuáles son algunas de las respuestas y emociones naturales que sentimos ante las personas que hacen lo malo, los malhechores, o lo que está mal hecho?

Esas cosas son las que nos pueden hacer sentir desamparadas, fuera de control, sepultadas, inundadas en la cultura que nos rodea. Podemos sentirnos abandonadas. Pienso que muchas veces aflora en nosotras un sentimiento de ira y agitación. Nos podríamos sentir —como dijo esa señora— asustadas, descorazonadas, desilusionadas. Todas esas son respuestas naturales al darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído y desastroso, y todo esto nos llega por todas partes.

Por eso quiero que en los próximos días quiero que veamos un pasaje de la Escritura que nos dice qué hacer acerca de lo mal hecho en nuestra cultura, lo mal hecho en nuestros hogares, lo mal hecho en nuestras iglesias, lo mal hecho en nuestros lugares de trabajo; nos dice qué hacer al respecto.

Me refiero al Salmo 37. Es un salmo familiar para la gran mayoría. No vamos a ir con detalle por todo el salmo, pero he estado meditando en los primeros once versículos.

Me he detenido ahí y he estado morando en estos versículos, memorizándolos, citándolos, repitiéndomelos a mí misma, y aplicándolos a las diferentes circunstancias de la vida. Quiero que nos tomemos un tiempo meditando estos versículos, no tan profundamente como pudiéramos, pero si echarles un vistazo general a lo que debemos hacer cuando nos rodea intensamente la maldad.

Muchas de ustedes están familiarizadas con el Salmo 37 como dije. Trata con un asunto que el pueblo de Dios en cada generación ha tenido que enfrentar, y es la presencia activa de la maldad y de los hacedores de maldad en nuestro mundo; una maldad que no es pasiva. Una maldad que es activa. Que va en aumento. Que se mueve hacia adelante a nuestro alrededor. La pregunta es, “¿cómo debe responder el pueblo de Dios?”.

Más aún, este pasaje lucha con el hecho de que no solamente nos rodea fuertemente el mal, sino que misteriosamente o de una forma difícil de explicar, las personas que viven vidas piadosas sufren aflicciones mientras que las que viven vidas impías muchas veces prosperan. ¡Vaya usted a ver! ¿Por qué es eso? ¿Cómo podemos lidiar con esa realidad?

¿Y qué tal el gerente que miente, con ética profesional dudosa que pisotea a la gente y entonces, él es promovido? ¿Por qué prosperan los impíos?

¿Y qué del hombre casado que vive una relación adúltera abiertamente, sin preocuparse, divirtiéndose —y que aparentemente le va bien en la vida o por lo menos eso parece— mientras que su esposa y sus hijos sufren en la casa?

¿Y qué me dices de la gente que vive endeudada, que no paga sus facturas, que tienen de todo mientras que tú, siendo responsable con tus finanzas, con dificultad logras llegar a fin de mes? Hay muchas cosas que son inexplicables cuando miras a tu alrededor.

Ahora bien, el Salmo 37, no provee una explicación para esas aparentes injusticias, pero si reta a los creyentes a ver esta realidad bajo una luz distinta.

¿Cómo debemos verlo? Tenemos que verlo a la luz de la eternidad.  Este salmo nos reta a que respondamos ante estas injusticias a la luz de la voluntad y los propósitos soberanos de Dios.

No me cabe duda de que Jesús estuvo muy familiarizado con este salmo. Es posible que lo tuviera presente en medio del Sermón del Monte, cuando Él dijo “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

Cuando Jesús dio esas bienaventuranzas, Él puso la sabiduría convencional de cabeza. Las cosas que dijo fueron diametralmente opuestas a nuestra forma natural de pensar.

¿Felices son los pobres en espíritu? ¿Dichosos son los que lloran? ¿Bienaventurados son los mansos? O sea, el mundo piensa totalmente lo opuesto. Pero Jesús dijo que los mansos son bienaventurados porque ellos van a heredar la tierra.

Creo que Él con toda probabilidad estaba pensando en el Salmo 37 cuando dijo esas palabras porque —como algunos comentaristas han señalado— porque el Salmo 37 es una exposición de la tercera bienaventuranza. “Bienaventurados son los mansos”. El Salmo 37 es uno de ocho salmos acrósticos incluidos en el libro de los Salmos. Salvo unas pocas excepciones, a lo largo de este salmo, cada estrofa o copla empieza con una sucesión de letras del alfabeto hebreo.

Las Escrituras nos dicen, al inicio de este salmo, que fue escrito por David, un David ya maduro. ¿Cómo sabemos eso?

Mira el verso 25. David dice “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”

Por lo que ya David es un hombre mayor. Ha vivido mucho. Ha visto mucho. Ha estado en muchos lugares y reflexiona acerca de lo que ha visto a lo largo de los años. Ha visto mucha maldad. De hecho, David muchas veces fue víctima de esa clase de opresión: el hijo que trató de quitarle su reino; Simei quien lo maldijo; gente traidora que lo traicionó. Él ha sido el receptor de todo esto.

Pero el también reconoce, con humildad de corazón, que él ha sido el causante de algunas de esas cosas. Él fue el hombre que tomó a la esposa de otro hombre traicionando la confianza de dicho hombre.

Por lo que David ha sido el receptor y el que ha causado maldad en el mundo. Pero a medida que mira hacia atrás y reflexiona, piensa en cómo trata Dios con los justos y cómo trata con los malvados.

David piensa en el rey Saúl y en cómo por años él lo persiguió,  trataba de atacarlo y cómo parecía que Saúl ganaba— y cómo que tenía todas las de ganar. Pero entonces él mira hacia atrás, con la experiencia que le han dado los años, y se da cuenta de cómo Dios venció sobre todo, cómo Dios cuidó de él, de cómo Dios lo guió en medio de los ataques y lo protegió en medio de la oposición.

Se da cuenta de que la última palabra no se ha escrito.

•       El capítulo final no se ha escrito.

•       Dios está aún en Su trono.

•       Dios está venciendo sobre el mal de este mundo.

•       Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

A David no le quedan dudas al mirar hacia atrás.

Ahora bien, a medida que avanzamos en este salmo, vamos a ver —ante la maldad de este mundo— algo que no debemos hacer y es en lo que nos vamos a enfocar el día de hoy. Luego, en los días siguientes, ya veremos lo que debemos hacer en respuesta a estos malhechores.

El pasaje empieza en cómo no debemos responder. Vas a ver ese mandato o exhortación tres veces, empezando en el versículo 1 y, luego  en el versículo  7 y en el 8. Y lo que no podemos hacer ante la maldad —ya sea cuando hablamos de algo de gran magnitud o algo pequeño—¿qué no debemos hacer? La única cosa que no debemos hacer es precisamente la que, por naturaleza, somos más propensos a hacer, y pienso que por eso lo dice tres veces. Salmo 37:1 “No te irrites a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que practican iniquidad.” Luego en el versículo 7: “No te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.” Y, en el versículo 8: “Deja la ira y abandona el furor.”

No te irrites. Ahora bien, cuando usamos la palabra “irritación” pensamos de inmediato en preocupación. “No te preocupes. No te impacientes,  No te pongas ansiosa.” Y ese es un significado de la palabra “irritar”.

Pero la palabra “irritación”, como la vemos en el hebreo original, como la he estudiado, sugiere algo más que simplemente el estar preocupada o molesta. Sugiere  más que eso.

Esta palabra en hebreo significa literalmente “No te acalores.” La palabra significa “quemarse; encenderse; enrojecerse de furia; indignarse.” Significa “el encenderse o enfurecerse; el incomodarse; el resabiar.” No te irrites. No te enfurezcas ante lo mal hecho. No te agites ni te enojes. No dejes que te hierva la sangre.

De hecho, en el versículo 8, se aprecia la conexión entre la ira y el enojo. Mira el verso 8 dice: “¡Deja la ira y abandona el furor! No te enfurezcas.”

En la poesía hebrea, tiene lo que se llama paralelismo, y eso implica que una frase se dice de manera ligeramente distinta, pero con el mismo significado—una detrás de la otra. Por eso dice: “deja la ira” y “abandona el furor”. Lo que se traduce en “no te irrites; no te incomodes.” En el diccionario dice “cesa la ira”. Significa, “déjalo; suéltalo.” Deja la ira significa “déjala atrás; aléjate de ella.” No te aferres a tu enojo. Suéltalo. Déjalo pasar. Apártate de él. Cesa. No te incomodes con eso.

Esa ira, creo, está dirigida primeramente a Dios. Aunque no lo hagamos conscientemente.

Dirás, “No, no yo estoy molesta con Dios. Es mi hijo de ocho años. O es mi marido que se comporta como un niño de ocho años. O es mi jefe que está siendo totalmente irracional.” “Estoy incómoda con la persona”. Pero, invariablemente, encontramos que nuestra ira —en cierta medida— va dirigida a Dios porque lo que estamos pensando (aunque sea a nivel del subconsciente) es “Si Dios está en control y Él es tan grande y Él es tan maravilloso, ¿por qué no está haciendo algo al respecto? ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué no lo cambia? ¿Por qué no me saca de esta circunstancia? ¿Por qué no derrota a ese malvado dictador?”

Por lo que primero y ante todo, es ira hacia Dios y a Sus caminos. Ira debido a nuestras circunstancias.

Luego, el enojo se enfoca en otros, es cómo impactan nuestras vidas. Tendemos a incomodarnos porque vemos que nuestra obediencia y nuestro esfuerzo de vivir correctamente no parecen darnos ningún beneficio.

¿Para qué ser una mujer de Dios, para qué ser una mujer verdadera? No parece estar proveyendo alivio para mi dolor o para seguir viviendo en este mundo caído. Todavía tengo que darle la cara a esa gente. Somos propensas a incomodarnos. Tendemos a enfurecernos. Tendemos a hervir. Tendemos a ponernos tensas y a agitarnos. Pero la Escritura dice “¡Deja la ira, y desecha el enojo! No te enfurezcas; solo conduce a hacer lo malo.”

En algunas de sus Biblias la traducción dice “al mal” (NVI).  Pienso que en la Nueva Versión Internacional dice “conduce al mal” En hebreo es la misma palabra que se usa donde dice “no te irrites a causa de los malhechores.”

Verás, si miramos a nuestro alrededor y vemos a los hacedores de maldad. Y si reaccionamos agitadas, enojadas o enfurecidas a causa de los malignos, ¿sabes lo que pasa? Nos convertimos nosotras mismas en hacedoras de maldad. “Solo haríamos lo malo”.

Si te irritas y te incomodas con quienes te provocan o quienes provocan a Dios, terminas siendo el mismo tipo de persona que los que te están provocando. Y todas hemos visto eso en nosotras.

Quizás no lo externemos. Aunque algunas sí, pero la mayoría de nosotras lo hacemos internamente. Pero te conviertes en esa persona que te está llevando la contra. Si nos irritamos terminamos siendo hacedoras de maldad. Eso solo nos llevará a hacer lo malo.

De manera que las Escrituras dicen “No dejes que los malvados y aquellos que hacen lo mal hecho, te hagan pecar.” Es por eso que comienza con “No te impacientes. No te enojes. No te enfurezcas. No te abandones a la ira.” por eso debemos ser cuidadosas en no dejar que esta ira desarrolle raíces en nuestros corazones. Si hace raíz invariablemente nos llevará a pecar.  Por lo que ¡córtalo de raíz!

“No te irrites”. Habla de la actitud y condición del corazón. Antes de que se te zafe, antes de que explotes de ira, antes de que digas algo cruel o hagas algo  malo, trata con el enojo en tu corazón.

“No te irrites”. No dejes que florezca en tu corazón. No lo dejes echar raíces. No te incomodes”  Nuestra reacción ante los pecadores, ante las circunstancias y las providencias de la vida, esas respuestas revelan lo que hay dentro de nuestros corazones. Si empezamos a decir groserías, y si empezamos a hiperventilar o a hacer (lo que a veces hago yo) “¡Oh, no! ¡No puedo creer lo que está pasando!”

Si empezamos a proferir palabras, palabras llenas de ansiedad, eso refleja el hecho de que nos estamos incomodando en el interior de nuestro corazón. Nos hemos enfureciendo. Hemos llegado a estado de ebullición. Santiago capítulo  1 versículo 20 dice “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Nunca vas a triunfar sobre lo malo, haciendo lo malo. Y cuando te impacientas y te incomodas te conviertes en una hacedora de maldad.

La razón por la que no tenemos que irritarnos es porque no somos Dios. Dios está en control. Él puede manejar este mundo. Él puede controlarlo. Él puede cambiar a los malhechores y lo va a hacer en Su tiempo. Eso es lo que vamos a ver en este Salmo.

Chambers dijo, “Toda nuestra irritabilidad y preocupación se debe a que calculamos sin tener en cuenta a Dios.” Y, podría añadir que —nuestra irritación, preocupación y furia— se debe a que tratamos de ser Dios, tratamos de tomar las riendas de algo que no nos corresponde. Dios es quien está a cargo.

Entonces, ¿cómo aplicamos esto cuando vemos la maldad en nuestra cultura— en nuestros políticos, en las noticias mundiales, las celebridades haciendo alarde de inmodestia e de inmoralidad? Y lo vemos, no solamente en la cultura, sino en nuestros hogares, en las iglesias y en los lugares de trabajo. Vemos cosas que sabemos están mal. ¿Qué se supone que hagamos?

Debemos contristarnos por el pecado. No nos debemos hacer inmunes ni enterrar nuestras cabezas en la arena —como el avestruz— y pretender que no existe. No dejes que te salga una úlcera. No te enojes. No dejes que lo mal hecho del otro te robe tu gozo y tu paz.

Si le respondemos a los hacedores de maldad con ira, nos convertimos en hacedoras de maldad nosotras también. Más aún, perdemos la oportunidad que Dios quiere darnos para influenciar e impactar a otros y para ayudarles a redimir sus vidas.

Escúchenme, amigas, las cristianas no debemos ser conocidas como personas reaccionarias y airadas. Hay muchas cosas en este mundo que son muy, muy graves y muy pecaminosas. Pero el mundo no debe mirarnos y pensar “Siempre están perdiendo los estribos por todo. Son personas reaccionarias y malhumoradas.”

No te irrites. No pierdas los estribos.  ¿Hay alguna situación en este momento que te tenga en ese estado? ¿Hay algo en tu vida que te está siendo problemático? Estás furiosa. A punto de estallar. Estás hirviendo por dentro y sientes la temperatura subir.

Es como cuando coces algo a fuego lento, pero si no lo retiras del fuego y dejas que se siga calentando. Va a llegar a punto de ebullición y —cuando llega a ese punto— se desborda.

¿Estás irritada con algo? ¿Te has enfurecido en tu interior al punto de exteriorizarlo agitadamente? ¿Te has convertido o te estás convirtiendo en el hacedor de maldad que te está abrumando tanto?

Piensa por un momento en tu matrimonio. Piensa en la dinámica, la química de ese hijo para quien nunca se ha  escrito un libro de texto. ¿Te estás poniendo a su nivel? ¿En tu lugar de trabajo, en esa relación tan tensa, has llegado al punto de ebullición?

Si ese es el caso, antes de que continuemos con este Salmo, el punto de partida es ponerte de acuerdo con Dios y decir.  “Si señor, tienes razón. Estoy equivocada. Me he estado incomodando. Hay furia en mi corazón. Me está devorando por dentro. Lo he dejado que me afecte. Estoy furiosa. Estoy rabiosa. He pecado contra ti al estar de resabiosa.”

Confiésalo. Arrepiéntete. Luego, durante los próximos días, veremos no solamente lo que no debemos hacer — perder los estribos por causa de los hacedores de maldad— sino que veremos lo que Dios nos manda a hacer de una forma positiva y redentora.

Leslie: El irritarse es un hábito arraigado en muchas de nuestras oyentes. Pero Nancy Leigh DeMoss te ha estado invitando a que te liberes de las preocupaciones en la serie llamada Salmo 37: Un corazón en calma en medio de un mundo turbulento.

Ella te estará enseñando cómo evitar la tentación de preocuparte e incomodarte en los próximos programas y espero que nos sigas acompañando.

Podemos traerte este tipo de enseñanzas bíblicas y prácticas gracias a las oyentes que contribuyen con Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: De hecho, hay personas como esas escuchando el programa en el día de hoy. Esposas y esposos teniendo dificultades en sus matrimonios y con la necesidad de la intervención divina; mujeres descorazonadas que necesitan dirección, apoyo, ánimo y —algunas veces— ser confrontadas con la Palabra de Dios.

Escucha, estamos en una batalla espiritual y es por eso que tus oraciones son tan importantes para ayudarnos a llevar la verdad a estos corazones y para verlos responder a esa verdad diciendo “Sí, Señor.”

En adición a tus oraciones, también necesitamos el apoyo financiero del pueblo de Dios, de aquellos que tienen un corazón para este mensaje y que deseen ver cómo hacer una diferencia en las vidas de miles de radioescuchas en nuestro país y alrededor del mundo.

Por lo que gracias por sus oraciones, gracias por el apoyo financiero que el Señor les dirija a hacer para ayudarnos, para ayudarnos a continuar haciendo una diferencia en los corazones y en los hogares de su comunidad.

Leslie: Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

¡Tenemos buenas noticias para ustedes! Nuestros amigos de la casa de publicación Moody recientemente nos dieron una maravillosa noticia. El libro “Buscándole a Él” (“Seeking Him”, como se le conoce en ingles) está disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com para más informes sobre cómo adquirirlo.

No te pierdas la oportunidad de hacer este estudio junto con nosotros durante las siguientes 12 semanas. ¡Compra tu copia hoy y preparémonos para un avivamiento!

Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

Bueno, cuando tu mente está llena de las Escrituras, tus días y noches van a ser diferentes. Entérate por qué en nuestra próxima entrega cuando Nancy continúe con el Salmo 37. Te esperamos en Aviva Nuestros  Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Alegría y Luz para tu vida

DÍA 29

Salmo 19

Dosis: Instrucción Divina

Alegría y Luz para tu vida

“Los preceptos del SEÑOR son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del SEÑOR es claro: da luz a los ojos.” (Salmo 19:8) (NVI)

Aquí hay dos figuras preciosas que emanan nuevamente de la ley de Dios.

En primer lugar, se dice que los mandamientos de Dios son rectos. Es decir, están de acuerdo con sus normas eternas, con los principios éticos, que equilibran los conceptos del bien y del mal. Conocerlos, observarlos y cumplirlos debe llevarnos a una alegría de corazón. Contrariamente a lo que piensa la mayoría de la gente, que cumplirlos es una carga pesada, este versículo nos confirman las palabras de Jesús: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Dice la Biblia que Cristo es el primer ejemplo de obediencia, y el yugo de obediencia que tiene para nosotros está forrado de amor. Él pide que cumplamos sus mandamientos para nuestro beneficio personal.

Confirmar que nos va bien cuando cumplimos sus mandamientos, nos produce una gran alegría, pero además tenemos el fundamento de un gozo duradero con una mente sana, dispuesta a ser guiada por su Espíritu, para seguir experimentando la dicha de una vida plena.

Dice además “El precepto de Jehová es puro que alumbra los ojos.” Una luz diferente, pura, especial que alumbra nuestras tinieblas personales. Cuando nos sentimos en oscuridad la claridad de su Palabra abre nuestros ojos y nuestro entendimiento. ¡Nos alumbra!

Hace unos años vivimos una experiencia inolvidable. Viajábamos de norte a sur en nuestro auto de regreso a casa, cuando de pronto atravesamos un tramo de tinieblas. La neblina era tan densa que literalmente no podíamos distinguir nada. Los faros del auto resultaron inservibles para la densidad de esas tinieblas. No podíamos detenernos, pues estábamos al borde de precipicios, pero avanzar también era riesgoso porque no veíamos nada adelante. Solo cuando un camión o un bus se cruzaba con nosotros teníamos un fugaz instante de claridad por la potencia de sus faros neblineros. Mi esposo tuvo que seguir manejando, sacando la cabeza por la ventana, tratando de descubrir la línea divisoria de la carretera. Orábamos intensamente para que Dios disipe la neblina. Cuando por fin se disipó, respiramos tranquilos y comentamos cuán terrible y riesgoso es caminar en tinieblas.

Creo que de alguna manera todos hemos vivido esta experiencia en el plano espiritual. Al borde del precipicio, confiando en la intuición, sin distinguir nada adelante, sumidos en la oscuridad, dando pasos inciertos. Hasta que nos alumbró la luz de su Palabra.

Oración: Señor que tu palabra sea realmente una luz para mi vida. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 44). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Jueves 19 Septiembre

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?

Salmo 94:9

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.

Job 42:3-4

¡Hay demasiado mal en esta tierra!

–Hay tantas guerras y sufrimientos en esta tierra, que no puedo creer que Dios exista.

–¿Usted está en contra de la violencia?

–¡Por supuesto!

–Usted piensa que el bien existe, y prefiere el bien al mal.

–¡Sin ninguna duda!

–¿Cómo hace para diferenciar el bien del mal?

–¡Pues, confiando en mis sentimientos!

–En ciertas culturas las personas aman a sus semejantes, en otras se comían unos a otros. En ambos casos la gente se basa en sus sentimientos. ¿Cuál prefiere?

–¡Evidentemente, prefiero a los que aman a su prójimo!

–Si los sentimientos no son suficientes para diferenciar el bien del mal, usted debe admitir la existencia de una ley moral que le permite escoger entre el bien y el mal. Sin ley moral no hay noción de bien ni de mal. Y esta ley moral exige que alguien la haya establecido, ¡ella exige un legislador moral!

Si está agobiado por la existencia de guerras, ¿no cree que es Dios quien ha puesto en su corazón esa ley moral?

–Entonces, ¿cómo conocer más esta moral divina y a Dios mismo?

–Hable a Dios mediante la oración; escúchelo, leyendo la Biblia, ella es la Palabra de Dios. Si él le ha dado esta noción del bien y del mal, también quiere enseñarle otra cosa sobre el sentido de su vida. ¡Él quiere tener una relación personal con usted!

2 Crónicas 34 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

1/7 – Autoridad Y Cuidado Pastoral de la Iglesia

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

1/7 – Autoridad Y Cuidado Pastoral de la Iglesia

Serie: La Iglesia, el cuerpo de Cristo

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

DESEO DE OBEDECER

Septiembre 18

DESEO DE OBEDECER

Aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados.

Romanos 6:17

Si yo fuera a definir la vida cristiana con una palabra, escogería la palabra obediencia. La obediencia, el poder, la bendición y el gozo son elementos esenciales de la vida cristiana. Sin la obediencia, no habrá poder, bendición ni gozo en nuestra vida.

Una distinción fundamental entre un cristiano verdadero y alguien que simplemente dice que es cristiano es un sincero deseo de obedecer a Dios. Para el cristiano, obediencia es una palabra agradable, prometedora y alentadora. Debe ser una expresión agradable del más profundo deseo de su corazón. Si está dispuesto a obedecer a Dios, y su deseo de hacerlo es resultado del amor y no del temor, ese es un buen indicio de que usted es un verdadero hijo de Dios.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

3/4 – Formando jóvenes campeones

El Amor que Vale

Serie: Un futuro para la familia

3/4 – Formando jóvenes campeones

Adrian Rogers

Aprenda a criar un hijo sabio y como comenzar cuando el es lo que la biblia llama simple y evitar que se convierta en un burlador o peor aún, un insensato.

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

https://www.youtube.com/channel/UCXwKuk0THDCSB2XMWYmMeeQ

No necesitamos más iglesias calvinistas

Coalición por el Evangelio

No necesitamos más iglesias calvinistas

Steven Morales

Recientemente estaba hablando con alguien sobre el estado del evangelicalismo en Guatemala. En medio de esa conversación, ambos llegamos a la misma conclusión: Guatemala necesita ser reevangelizada. Pero un momento después me di cuenta de que teníamos ideas muy diferentes de lo que esto significaba. Para mí, la iglesia en mi país debía regresar a un conocimiento sólido de las Escrituras y a una vida centrada en el evangelio. Me di cuenta de que él pensaba de manera diferente cuando respondió: “Pero…¿sabes lo que realmente necesitamos? Necesitamos iglesias calvinistas”.

¿Es cierto eso?

Cristiano: tu identidad individual

Voy a ser honesto. Me encantan las doctrinas de la gracia y admiro, respeto y pertenezco a la tradición reformada. Las 5 Solas, los 5 puntos del calvinismo, y la soberanía de Dios en la salvación de los pecadores son cosas que con mucho gusto abrazo. Pero solo las abrazo porque en ellas el evangelio es claro, glorioso y hermoso. Podrías decir que funcionan como clarificadores para mi fe y mi identidad, pero no definen mi identidad. El error que muchos de nosotros cometemos es que elevamos los clarificadores sobre el objeto que clarifican: el evangelio.

En primer lugar, nuestra identidad está en el evangelio: la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, a través de quién los pecadores son salvos y reconciliados con Dios. Las doctrinas de la gracia son muy útiles para nosotros, ya que nos conducen hacia el evangelio. Nos dan una imagen bíblica de un Dios grande que salva a los pecadores pequeños. Hacen que el evangelio sea claro.

El error que veo que muchos de nosotros cometemos es revertir ese pensamiento y convertir el evangelio en una especie de “peldaño” hacia la tradición reformada. Debemos preguntarnos: “¿Amo a las doctrinas de la gracia porque me conducen al evangelio, o amo el evangelio porque me conduce a las doctrinas de la gracia?”. Hay un océano de diferencia entre esas dos respuestas.

Ser apasionado sobre las 5 Solas o la tradición reformada es algo muy bueno, siempre y cuando no creas que el evangelio no es suficiente en sí mismo. Si piensas que es necesario agregar algo más convincente al evangelio, entonces estás reclamando que el evangelio está incompleto, y estás dando un mensaje anatema (Gálatas 1:8).

No es necesario añadir algo al evangelio. Es el poder de Dios para la salvación de todos los hombres (Romanos 1:16-17), es de primera importancia (1 Corintios 15:3), y ha sido confiado para que lo proclamemos sin excusas (1 Corintios 9:16). Entender la verdad central del evangelio da una base a través de la cual podemos entender otras verdades importantes de la Biblia. Aún así, las otras verdades importantes nunca son más importantes que el propio evangelio.

La definición de un cristiano comienza con Cristo, no el calvinismo. Un cristiano ha sido perdonado de sus pecados y reconciliado con Dios por la fe en la vida, muerte, y resurrección de Jesús. Como cristianos, olvidamos fácilmente esto y tratamos de sustituir nuestra identidad en Cristo con otras cosas, incluso cosas buenas como la sana doctrina. Necesitamos poner cada cosa en su lugar. Piensa en tu propia vida: ¿llegaste al conocimiento de Cristo por las 5 Solas, o porque escuchaste y creíste el evangelio? Ahora, profundizar en las verdades del evangelio con toda probabilidad te llevarán a las 5 Solas.

Iglesia: tu identidad colectiva

El problema con decir algo como “Necesitamos iglesias calvinistas” es que confunde un buen clarificador con la cosa que está clarificando. Las 5 Solas son buenas flechas para apuntar al evangelio. Son lentes que clarifican, pero no son el evangelio. Si confundes el clarificador con el objeto que clarifica entonces empiezas a asumir el evangelio y decirle a la gente, “si no eres un calvinista, no eres un cristiano”.

Es similar a lo que  sucedió con los cristianos en Corinto (1 Corintios 1). Algunos decían seguir a Pablo, otros a Cefas y Apolos, y otros a Cristo. Pero sabemos que incluso los cristianos que afirmaban seguir a Cristo no estaban en realidad gloriándose en Cristo, sino en ellos mismos por hacerlo. Ya es hora de dejar de identificarnos orgullosamente en los “ismos” y comenzar a vernos con humildad como realmente somos a la luz del evangelio: pecadores necesitados de la gracia de Dios.

El factor determinante que decidirá la unidad de la iglesia es la identidad de la iglesia. Cada iglesia se centrará en algo, y nada trae humildad, la unidad, el poder, y gozo a un grupo de discípulos como el evangelio.

Veamos esto un poco más. Cuando una persona es salva, no solo se une a Cristo, sino también a cualquier otra persona que se une a Cristo. Efesios 2:14-16 explica que ser reconciliado con Dios significa reconciliarse con todos los demás que se han reconciliado con Dios. También somos “conciudadanos” y “miembros de la familia de Dios” (v.19); nos “unimos” con Cristo en un “templo santo” (v. 21). Hebreos 2:11 describe la naturaleza de nuestra relación con otros creyentes, “Porque el que santifica y los que son santificados, todos tienen una fuente”. Todos los creyentes genuinos pertenecemos al mismo Dios, y la Iglesia es un grupo de hermanos pecadores, enemigos naturales, que han sido reconciliado con el mismo Dios y adoptados en la misma familia.

Entonces, ¿qué es lo que alimenta y empodera la unidad de los creyentes? ¿Qué impulsa a la misión de la iglesia? ¿Qué permite la adopción de pecadores rebeldes como hijos justos? Desde luego, es el evangelio, no una tradición. Así que, por supuesto que debemos abrazar cosas como el calvinismo que nos ayudan a ver al evangelio más claro y brillante, pero no bajo la bandera del propio calvinismo, sino bajo la bandera del evangelio. Como Iglesia, no crecemos por enseñar una y otra vez las 5 solas: crecemos por el estudio de las Escrituras y el evangelio. Y el profundizar en las Escrituras y en la belleza del evangelio nos ha de llevar a enseñar las 5 Solas y a otras verdades profundas.

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos?

Espero que entiendas que no estoy argumentando en contra del calvinismo y la tradición reformada. ¡Todo lo contrario! Son guías para un mayor amor, aprecio, y comprensión de lo que Jesús ha dicho y hecho por mí. Clarifican al evangelio, y espero que muchos lleguen a apreciarlas de la misma manera en que yo lo he hecho. Sin embargo, mi mayor esperanza es que no nos concentremos en los clarificadores, sino en el objeto que clarifican.

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos? No necesitamos iglesias calvinistas. Necesitamos iglesias centradas en el evangelio; que sean alimentadas, impulsadas ​y sostenidas por el evangelio. Necesitamos iglesias que sean más de Jesús que de cualquier tradición, ya sea el calvinismo, arminianismo, o cualquier otra cosa. Necesitamos iglesias compuestas de individuos que permanecen en Cristo por encima de todas las cosas. Como John MacArthur explica:

“El enfoque sencillo de mi vida es ser como Cristo. Es por eso que tengo que dejar que la palabra de Cristo habite en mí ricamente, como dice Colosenses 3:16. Es por eso que tengo que contemplar la gloria de Cristo, 2 Corintios 3:18, de modo que pueda ser cambiado en su imagen. Por eso Cristo debe ser formado plenamente en mí, Gálatas 4:19. Es por eso que si digo que permanecemos en él, tengo que andar como él anduvo, 1 Juan 2. Debo ser como Cristo. Este es el objetivo de mi vida”. —John MacArthur, Huyendo de los enemigos.

Soli Deo Gloria.

Católica, evangélica, y reformada

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Católica, evangélica, y reformada

R.C.Sproul

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Continuamos con el panorama general del tema «Qué es la Teología Reformada». Hace un tiempo publiqué un libro titulado “Gracia Desconocida», y la frase, la frase del subtítulo de este libro es «El Corazón de la Teología Reformada». Lo que estoy tratando de hacer es seguir el bosquejo del libro, el cual detalla a mayor profundidad todo lo que voy a decir en este breve resumen.

En nuestra primera sesión, vimos que la Teología Reformada es una teología, y ahora quiero sugerirles que la Teología Reformada es una Teología Sistemática. Uno de los privilegios en mi vida ha sido poder enseñar la disciplina de la Teología Sistemática a nivel de seminario.

Y sé que, en estos nuevos tiempos, con el advenimiento de la filosofía existencialista, por ejemplo, ha habido esta creciente antipatía o alergia, por así decirlo, contra todo lo que signifique sistemas, y en ocasiones con buena razón. Parte de la preocupación que la gente tiene es que sabemos lo que pasa cuando la gente adopta un sistema de filosofía y luego toma ese sistema y lo traslada a las páginas de la Biblia y luego trata de forzar todo lo que la Biblia dice conforme a ese sistema.

La idea de un pensamiento sistemático va mucho más atrás en la historia de la iglesia, pero aun en el período de la ilustración con la llegada del método científico moderno, los filósofos de aquellos días descubrieron o abogaron por un método o ciencia que llamaron el método analítico de estudio el cual en otros términos y en un lenguaje más común se llamaba: la tarea de búsqueda para encontrar la lógica de los hechos, es decir que los científicos explorarían los detalles del universo físico y dirigirían sus telescopios al cielo para recopilar tanta información particular como les fuera posible, luego de obtener estos datos intentarían encontrarle sentido.

Trataron de ver cómo encajaban juntas todas las piezas en particular. Históricamente, la tarea de la teología sistemática ha sido algo así. No es venir a la Biblia con un sistema preconcebido, sino ir a la Biblia, escuchar la palabra de Dios en todas sus particularidades, en todos sus detalles, y entonces, tratar de discernir cómo todas estas verdades individuales encajan entre sí, porque el supuesto de la teología sistemática es esta: que la Biblia es coherente, que, aunque Dios nos revela muchas cosas a nosotros, toda Su verdad está unificada en su propia persona y en su propio carácter. Me encuentro, de hecho, con la enseñanza.

A veces tengo charlas que se convierten en una especie de discusión abierta con mis estudiantes, y empezamos el seminario mirando una doctrina en particular dentro de la variedad de la teología sistemática, porque si les permito a los estudiantes hacer sus preguntas seguro que terminamos en otros temas muy lejos a la doctrina que empezamos a estudiar.

A primera vista podría parecer que sólo estamos dando vueltas persiguiendo conejos por caminos innecesarios, pero luego les recuerdo a ellos: les dije que esas preguntas que me están haciendo son preguntas que deberíamos hacernos ya que fluyen de la doctrina que estamos estudiando, porque cada doctrina de la Teología Cristiana toca de alguna manera todas las demás doctrinas de la fe.

Es decir que toda la fe cristiana está íntima e intrínsecamente relacionada en todas sus partes. De hecho, una de las cosas que nunca deja de sorprenderme es la manera en que la Biblia habla de tantas cosas durante tantos años y con miles de detalles y sin embargo, la simetría de las Escrituras está allí. Todo esto encaja de una manera tan coherente.

Cuando decimos que la teología reformada es sistemática, eso es lo que estamos diciendo desde el principio, que no estamos tratando de imponer un sistema a las Escrituras, sino de encontrar el sistema de doctrina que está en las mismas Escrituras para ver cómo todas las piezas encajan juntas. Ahora, una de las ironías de la teología reformada, y voy a usar la palabra paradoja a pesar de que a veces choco con esa palabra, les digo a mis alumnos cuando estudiamos teología sistemática que usualmente iniciamos la teología sistemática con el estudio de lo que llamamos teología propia.

No hablamos de lo opuesto a la teología impropia, sino que la teología propia se refiere a un enfoque sobre la doctrina de Dios. A diferencia de la doctrina del pecado o la doctrina de la justificación o alguna otra doctrina, sino más bien sobre nuestra comprensión de la naturaleza y el carácter de Dios mismo. Y aquí es donde la paradoja entra en juego.

Al inicio de este estudio, les digo a mis alumnos que, si nos fijamos en los credos y confesiones reformadas, y leemos lo que dicen sobre la naturaleza de Dios, tendrán que buscar con mucho, mucho esfuerzo para ubicar algo allí que sea claramente reformado.

Me refiero a las confesiones de los metodistas y luteranos y Episcopales y todas las demás denominaciones, tienen básicamente el mismo contenido y las mismas afirmaciones en sus credos. Todos decimos que Dios es eterno. Todos creemos que Dios es invisible, que Él es Espíritu, que Él es inmutable, omnipotente, omnisciente, y todas esas cosas de las que hablamos con respecto a los atributos de Dios.

Por eso digo, por un lado, no hay nada particularmente distintivo de la doctrina de Dios en la Teología Reformada que haga a la Teología Reformada diferente de otra teología. Sin embargo, una vez más, aquí está la paradoja. Si alguien me dijera, Roberto, ¿cuál crees tú que es el aspecto más distintivo de la teología reformada?, no dudaría en responder a esa pregunta diciendo, oh, es nuestra doctrina de Dios.

Ustedes dirán, espera un minuto. Me estás mareando con todo esto. Acabas de decir hace un momento, te oímos decirlo, que no hay nada particularmente distintivo entre la doctrina de Dios y la Teología Reformada. Y ahora estás diciendo que, al mismo tiempo, paradójicamente, lo que más distingue a la Teología Reformada es su doctrina de Dios. ¿Qué estás tratando de decir? Puedo ver las caras de asombro en aquellos que están sentados justo frente a mí, en este mismo instante. cuando hago esta afirmación aparentemente contradictoria. Y resalto «aparentemente». Permítanme tratar de aclarar esto y explicarles lo que quiero decir. Todos los cristianos tienen una afirmación de credo básicamente ortodoxa acerca del carácter de Dios, pero lo que creo que sucede con frecuencia en otras teologías es que cuando se desvía la atención hacia otra doctrina hay una tendencia a olvidar su afirmación sobre el carácter de Dios.

Y la doctrina de Dios es solo una de muchas doctrinas de la fe, más que la doctrina dominante de la fe. Por ejemplo, nunca en mi vida he conocido a un cristiano que me mire a los ojos y me diga que no cree que Dios es soberano. Los cristianos, en esencia, están bastante dispuestos a afirmar la soberanía de Dios.

Pero si orientamos el debate en relación a la soberanía de Dios, por ejemplo, con la doctrina de la elección, con las doctrinas de la gracia, en muy poco tiempo habrá una controversia muy muy seria sobre la naturaleza de Dios. ¿Dios establece todo lo que va a ocurrir?

¿Sabe Él todo lo que va a pasar antes de que suceda? Una vez más, si volvemos a preguntar si crees que Dios es omnisciente, la mayoría de los cristianos dirán que sí. Pero luego, cuando exploramos lo que significa que Dios lo sabe todo, ¿estamos hablando de lo mismo? ¿Estamos diciendo que Él lo sabe, simplemente porque Él tiene percepción de genio?, ¿o decimos que Él sabe todas las cosas porque Él ordena todas las cosas. Es decir, ¿cuál es la relación entre Su soberanía con Su Conocimiento?

En Teología Reformada constantemente probamos nuestra doctrina, volviendo a nuestra comprensión fundamental del carácter de Dios. Y realmente creo que es el único factor central de la Teología Reformada, o sea que está incansablemente comprometida a mantener la pureza de la doctrina de Dios a través de todos los demás elementos de nuestra teología.

Ahora, hay algunas otras cosas que quiero decir sobre la Teología Reformada, y es que la Teología Reformada no solo es sistemática la Teología Reformada es católica. Ahora, ¿qué quiero decir cuando digo que la Teología Reformada es católica? Por lo general, pensamos en la Reforma como una protesta contra el catolicismo, pero recuerden que la teología que surgió y que se puso al frente del escenario en pleno siglo XVI no fue algo que se inventó por primera vez en el siglo XVI.

Fue una reforma no una revolución. Fue un intento en el siglo XVI de recuperar la fe Histórica Apostólica cristiana. Y en el tiempo de la Reforma prácticamente todas las iglesias que surgieron de ahí continuaron abrazando las Verdades católicas de la fe cristiana, es decir, las verdades que abrazaron y confesaron los cristianos de todas las tendencias, de todas las denominaciones, y de todas las tradiciones.

Quiere decir que aquí la palabra católica no se refiere a la iglesia romana ni a la iglesia católica rusa o a algún otro grupo en particular, sino más bien que el término se usa en el sentido original de su significado universal: toda la iglesia.

Por ejemplo, en los primeros siglos la iglesia tuvo que convocar Concilios claves para hacer frente a los principales problemas teológicos por las amenazas de las grandes herejías, como la controversia Ariana en el siglo IV, la controversia Monofisita en el siglo V, y así por el estilo.

Fue en estos grandes concilios, como el Concilio de Nicea, donde la Deidad de Cristo se abrazó y confesó firmemente. En el siglo V, durante el Concilio de Calcedonia la Iglesia confesó su fe: que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Ahora, las afirmaciones del cristianismo histórico acerca de la Trinidad, la deidad de Cristo, la expiación de Cristo, esas son afirmaciones que son compartidas por todos los grupos cristianos ortodoxos históricamente.

Esas afirmaciones se encuentran históricamente en todos los credos de las diversas denominaciones. Así que tanto los luteranos, como metodistas, episcopales y presbiterianos, históricamente, tienen un gran grupo de doctrinas en común que comparten entre todos ellos. Y esa esencia común del pensamiento cristiano es la base sobre la que descansa toda la teología.

Así que cuando hablamos de Teología Reformada como un distintivo para diferenciarla, por ejemplo, de la Teología Dispensacionalista o la Teología Luterana o cualquier otra teología particular de la que estamos hablando, reconocemos ante todo que hay un núcleo común de la doctrina que forma parte de todos estos distintos grupos.

Ahora, la razón por la que digo esto es por la tendencia que hay de pensar en Teología Reformada como si ésta fuera el distintivo de la Teología Reformada. Algunos me dicen: «háblame de la Teología Reformada. ¿No es la de los cinco puntos del calvinismo?». Y yo digo, pues sí, los cinco puntos del calvinismo tienen mucho que decir y mucho que ver con la Fe Reformada, y vamos a explicar esos conceptos más adelante en esta serie. Pero sería un grave error de la Teología Reformada pensar en ella exclusivamente en términos de nuestros distintivos.

Hay que recordar que esas doctrinas descansan sobre una base común que compartimos con muchos otros grupos cristianos. Es decir, tenemos la fe católica. Ahora bien, además de esto, toda Teología Reformada es evangélica. Ahora este es un segundo gran título que estamos usando. El primero era católico, y éste es evangélico.

Ahora todos los que son evangélicos en el sentido histórico también son católicos. No todos los que son católicos son evangélicos, pero todos los que son evangélicos comparten la doctrina común de la Iglesia universal con todos los demás. Ahora no todo el que es evangélico es presbiteriano o luterano o metodista, o cualquiera de estas otras denominaciones, de modo que no todo el que es evangélico es reformado.

Pero todo el que es reformado en el sentido histórico del término también es evangélico. Compartimos no sólo una herencia común de cristianismo católico, sino que, con los hermanos protestantes compartimos una tradición común evangélica. Ahora, el término evangélico está otra vez bajo acoso hoy en día, y es una cuestión de confusión en cuanto a lo que realmente es en nuestros tiempos.

Esta confusión no existe históricamente. Fue en los tiempos de la Reforma donde el término o etiqueta evangélico se acuñó, y fue acuñado por los reformadores porque ellos creían que con la doctrina de la justificación sola por fe ellos estaban recuperando lo evangélico del evangelio del Nuevo Testamento.

Y puesto que el corazón de la controversia del siglo XVI se centró en la doctrina de la justificación, todo el debate se centró en la pregunta: ¿qué es el Evangelio? Así que los protestantes se llamaron a sí mismos evangélicos, entendiendo por esa etiqueta que estaban adoptando la definición de Lutero de la doctrina de la justificación: justificación por fe.

De esa tradición, como sabemos, había muchos en el siglo XVI que abrazaron la posición de Lutero sobre la justificación como la posición bíblica. Y ciertas tradiciones diferentes provienen de allí, todas manteniendo la convicción básica central de que la justificación es solo por fe y que este es el corazón mismo del Evangelio en sí, pero fueron en otras cosas donde diferían, por ejemplo, sobre el asunto de los sacramentos, sobre el gobierno de la iglesia, y sobre otras doctrinas, pero mantuvieron este compromiso común a eso.

La otra doctrina que era común al evangelicalismo histórico fue la doctrina de la autoridad de las Escrituras, o lo que se llama la Sola Scriptura, que vamos a ver más adelante. Y así, los historiadores han dicho que el asunto material o la causa de la Reforma fue la doctrina de la justificación, la causa formal fue la doctrina de la autoridad de la Escritura.

Y una vez más, la Reforma vio una fragmentación de numerosos grupos de protestantes, había una unidad básica de acuerdo entre ellos sobre dos tesis centrales: Primero, la doctrina de la justificación por la fe sola, y segundo, la doctrina de la autoridad de la Escritura. Así que, ahora vamos a la tercera etiqueta, que es: «Reformado». Cuando usamos esta etiqueta estamos haciendo otras distinciones en la taxonomía de la teología.

La taxonomía es la ciencia de la clasificación. Hacemos eso en el mundo biológico. Dividimos en reinos: el reino vegetal y el reino animal. Todas las plantas están en el reino vegetal, y por otro lado, todos los animales forman parte del reino animal. Una vez que tienes los distintos reinos, luego los subdivides, en clase, orden, familia, género, y las especies y todos esos diferentes tipos de clasificaciones. en la medida que refinas más y más las divisiones entre los mamíferos y reptiles y vertebrados e invertebrados y todo ese tipo de cosas, vas haciendo distinciones cada vez más y más finas para tratar de comprender el mundo que nos rodea. Nosotros hacemos lo mismo en teología y en las tradiciones teológicas.

Ahora, hay muchos grupos evangélicos, como ya he dicho: luterano, episcopal, metodista, bautista, y así sucesivamente. Y ellos difieren entre sí en ciertos puntos. Y cuando hablamos de un luterano diremos que un luterano es una persona que se aferra a las doctrinas históricas que son particularmente características del luteranismo.

Ellos también son evangélicos, y también son católicos. Ahora, definiendo la Tradición Reformada, encontramos doctrinas que son exclusivas a la Fe Reformada, que no siempre son compartidas por otros entes cristianos.

Por eso, cuando decimos que alguien es reformado, estamos diciendo, todo al mismo tiempo que esa persona abraza distintivamente los credos reformados de la historia, como el Catecismo de Heidelberg, la Confesión de Bélgica, la Confesión de Westminster, y así sucesivamente.

Además, comparten una herencia evangélica común con otros creyentes, y todo el tema se basa en el fundamento católico. Y a modo de preparación. Tenemos que tener cuidado de no pensar que lo reformado, y solo esto, es la Fe Reformada, porque la Fe Reformada, a pesar de que tiene sus propias características distintivas, contiene en sí doctrinas unificadoras con otros cristianos: con todos los evangélicos y con los que retienen las verdades católicas del cristianismo histórico.

Lo que vamos a hacer en el resto de esta serie es prestar atención a los distintivos que diferencian a la Teología Reformada de otra teología evangélica, y del amplio título de la teología católica. Así que de ahora en adelante vamos a estar examinando los distintivos, pero solo con esta salvedad, ahora, y esta advertencia; voy a recalcar esto para que recuerden que cuando nos fijamos en los distintivos, los distintivos no son todo lo que está ahí. Los distintivos establecidos en la tribuna están establecidos ahí sobre la base del cristianismo católico y evangélico.

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Un corazón genuinamente arrepentido

Mujer Para la Gloria de Dios

Un corazón genuinamente arrepentido

 

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Alimento poderoso

DÍA 28

Salmo 19

Dosis: Palabra de vida

Alimento poderoso

“La ley del Señor es perfecta que convierte el alma; el testimonio del Señor es fiel que hace sabio al sencillo.” (Salmo 19:7) (NVI)

Los siguientes versículos del 7 al 10 del Salmo 19 constituyen un hermoso poema sobre la revelación escrita de Dios. El Salmista ya ha captado muchos de los atributos de un Dios Creador que se revela a sí mismo en la naturaleza, ahora baja lentamente los ojos del cielo para asegurarnos que además de esa revelación general, Dios nos ha dejado una revelación especial y única con su Palabra.

Al nombrar “La ley de Jehová” se refiere a toda la revelación escrita de Dios. La cual es tan perfecta y efectiva, que tiene la capacidad “convertir” (hacer volver) y restaurar el alma o la vida. Millones de personas confirmamos este hecho. Andábamos extraviados en nuestras ansiedades y preocupaciones; limitados por paradigmas errados hasta que escuchamos su Palabra y nuestra vida cobró un nuevo sentido. Nos convertimos, nos volvimos a Él para ser restaurados.

Jamás olvidaré la primera vez que la escuché. Mis sentidos se abrieron a una nueva dimensión. La Palabra traspasó mi mente y llegó al corazón. Fue como recibir un alimento integral, esa Palabra me confrontó y sí me hizo volver a Dios, me hizo descubrir que yo que pensaba que estaba cerca, cuando en realidad me encontraba ¡tan lejos! Y necesitaba abrir mi corazón para recibir esa Palabra.

“El testimonio de Jehová es fiel que hace sabio al sencillo”. Esa Palabra es fiel, todo lo que Dios dice es fiable y seguro. Podemos asirnos de esas promesas. Pero además esta Palabra tiene un efecto especial “hace sabio al sencillo”. Hasta el más humilde, y así sea una persona analfabeta, si se deja guiar y enseñar por la Palabra adquirirá una sabiduría de vida, una riqueza personal.

En la vida he conocido personas muy humildes, sin estudios superiores pero con un conocimiento y una sabiduría provenientes del estudio de la Palabra de Dios. Hombres y mujeres a quienes resulta un deleite escuchar, fiables, cuya sabiduría que emana de sus labios proviene del conocimiento de la Palabra.

Oración: Señor ayúdame a valorar y amar tu Palabra y hazme una mujer sabia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 43). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.