Deuteronomio 29 | Salmo 119:49–72 | Isaías 56 | Mateo 4

24 JUNIO

Deuteronomio 29 | Salmo 119:49–72 | Isaías 56 | Mateo 4

La última parte de Isaías (caps. 56–66) se centra principalmente en el periodo posterior al retorno de los primeros exiliados de Babilonia. Fue también una época enormemente convulsa, como así lo atestiguan otros pasajes de las Escrituras (especialmente, Esdras, Nehemías, Hageo y Zacarías). No obstante, algunas de las visiones de Isaías se extienden más allá de los primeros años del retorno de la esperanza definitiva, el nuevo cielo y la nueva tierra (p. ej., 65:17). La situación del pueblo descrita en estos capítulos refleja la nuestra en ciertos aspectos: vivimos entre el “ya” y el “aún no”, entre la gloria de lo que Dios ya ha realizado y lo que ha prometido que hará.

Los primeros versículos (Isaías 56:1–8) hacen hincapié en dos temas:

Primero, el Señor dice que aquellos que esperan su salvación, que “va a llegar” (56:1), deben “observar la justicia y practicar el derecho” (56:1). La razón, afirma, es que su “justicia va a manifestarse”. En otras palabras, uno de los motivos fundamentales de la conducta justa de los creyentes es que esta anuncia la justicia consumada que está por venir. A diferencia de tantos de nuestros coetáneos, que viven al día pensando muy poco en el futuro, estamos comprometidos a vivir de una forma que adelante el futuro. Esto es parte del significado de “observar el sábado sin profanarlo” (56:2). Los lectores de Isaías no estarán simplemente guardando una ley, promulgada por Dios, sino también demostrando dos cosas más: (a) su lealtad al pacto mosaico (y por consiguiente al Dios de este) y (b) su estilo de vida a partir de modelos de reposo que se hallan vinculados simultáneamente al descanso de Dios (Génesis 2; Éxodo 20) y al venidero (cp. Hebreos 3:7–4:11).

Segundo, el Señor promete que las bendiciones futuras están disponibles para personas que muchos han rechazado de forma sistemática. Después de todo, ciertos pasajes de la ley de Moisés excluían a los castrados y los extranjeros (especialmente moabitas y amonitas), por ejemplo Deuteronomio 23:1–6 (cp. Levítico 22:24–25, y el paralelismo con los animales). Aun así, es difícil creer que estas leyes tuviesen el propósito de apartar en todos los casos a los verdaderos convertidos, ya que, de lo contrario, los relatos de Rahab y Rut (esta última, moabita) no tendrían mucho sentido (Josué 6:24–25; Rut 1–4). Por un lado, la comunidad purificada por el Siervo sufridor no debe tocar cosas inmundas, tiene que salir de “Babilonia” y ser pura (52:11); por el otro, el Señor afirma aquí que se debe admitir a eunucos y extranjeros (56:3–8). La diferencia, por supuesto, es la conversión, en la que Dios les otorga “un nombre eterno” (56:5), de forma que se aferren firmemente a su pacto (56:4).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 175–176). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién es Jesús para usted?

Domingo 24 Junio

El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna.

Juan 3:36

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

1 Juan 5:12

Dos ladrones

Lucas 23:32-43

El juicio de Jesús había terminado. Pilato reconoció la inocencia de Jesús, sin embargo lo condenó a muerte. Dos ladrones también tuvieron que sufrir la misma condena debido a sus actos. Fueron llevados juntos al lugar del suplicio (Lucas 23:32), donde fueron crucificados, Jesús en medio. Los malhechores, en medio de terribles sufrimientos, escucharon que Jesús perdonaba a sus verdugos y a todos los que, cegados por el odio, lo habían conducido hasta la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

La multitud y los soldados lo insultaron: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel…”. Uno de los ladrones añadió: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”.

En cambio, el otro ladrón reconoció la perfección de Jesús. Su conciencia y su corazón fueron alcanzados. Y reprendió a su compañero: “¿Ni aun temes tú a Dios…? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo”. Y dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La respuesta de Jesús fue inmediata: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Desde entonces un abismo separó a estos dos hombres. Uno iba a estar feliz junto a Jesús, el otro tendría que esperar el juicio divino, pues no creyó que Jesús es el Hijo de Dios.

¿Quién es Jesús para usted?

Números 6 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La profundidad del amor

La profundidad del amor

6/23/2018

Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. (1 Pedro 4:8)

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien en su casa? Si lo hace, recuerde que Jesucristo ya pagó el castigo de cualquier cosa que esa persona hiciera. Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted.

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La fe honra a aquel en quien confía

JUNIO, 23

La fe honra a aquel en quien confía

Devocional por John Piper

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. (Romanos 4:20)

Anhelo que Dios sea glorificado en nuestra búsqueda de santidad y amor; pero Dios no es glorificado a menos que nuestra búsqueda sea enriquecida por la fe en sus promesas.

Y el Dios que se reveló plenamente en Jesucristo, quien fue crucificado por nuestros pecados y resucitado por nuestra justificación (Romanos 4:25), es más glorificado cuando abrazamos sus promesas con firmeza y gozo, porque estas fueron compradas por la sangre de su Hijo.

Dios recibe honra cuando somos humillados por nuestras debilidades y fracasos, y cuando confiamos en que recibiremos de él gracia venidera (Romanos 4:20). Por lo tanto, a no ser que aprendamos a vivir por fe en la gracia para el futuro, los actos religiosos extraordinarios que podamos llevar a cabo no son para la gloria de Dios.

Él recibe la gloria cuando el poder para ser santos proviene de una fe humilde en la gracia venidera.

Martí?n Lutero dijo: «[La fe] honra a aquel en quien confía? con el respeto más grande y reverente, ya que lo considera veraz y confiable». El Dador en quien confiamos recibe la gloria.

Mi gran deseo es que aprendamos a vivir para la honra de Dios; y esto significa vivir por la fe en la gracia venidera, lo cual, a su vez, implica luchar contra la incredulidad cada vez que se revele.

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Deuteronomio 28:20–68 | Salmo 119:25–48 | Isaías 55 | Mateo 3

23 JUNIO

Deuteronomio 28:20–68 | Salmo 119:25–48 | Isaías 55 | Mateo 3

Hoy reflexionaremos sobre Isaías 55 y Mateo 3, ya que se solapan.

(1) A la luz del triunfo del Siervo en Isaías 53 y las promesas de paz del pacto en el capítulo 54; Isaías 55 empieza con una maravillosa invitación a los sedientos y a los hambrientos a un glorioso banquete gratuito (55:1–3a). El tema del pacto continúa: estas bendiciones están relacionadas con un “pacto eterno” (55:3b) que el Señor formaliza con su pueblo, que esta vez se ve como el cumplimiento de las promesas hechas a David (véase la meditación del 22 de junio). El Señor le hizo “testigo para los pueblos, como su jefe supremo” (55:4); él conquistó naciones alrededor suyo y las sometió a su reinado, y por tanto al del Señor. Restaurado a su tierra, Israel hace algo parecido: “convocarás a naciones… gracias al Señor tu Dios, el Santo de Israel” (55:5). Esta convocatoria de las naciones no se realiza por medio de proezas militares, sino por lo que el Señor está haciendo en medio de ellos. Además, este pacto contiene una señal de confirmación. El de Noé tuvo el arcoíris; el abrahámico, la circuncisión; el del Sinaí, la sangre esparcida. La señal del pacto eterno es el universo transformado (55:12–13; cp. 2:2–5; 11:1–16).

(2) Mateo afirma que Juan el Bautista se ve como la “voz de uno que grita en el desierto: ‘Preparad el camino para el Señor, haced derechas sus sendas’ ” (Mateo 3:3), citando Isaías 40:3. En la meditación del 8 de junio, expliqué brevemente este pasaje como el allanamiento del camino (metafórico) por parte del Señor para que su pueblo volviese a la tierra, unas palabras de gran consuelo. El regreso del pueblo de Dios exhibe la gloria del Señor. Sin embargo, es posible leer el pasaje de una forma ligeramente distinta, no menos relacionada con la gloria de Dios. En ella, no son las personas las que cruzan el desierto, sino el propio Señor soberano, que “llega con poder” (Isaías 40:10), como un potentado cuyos subordinados allanan el camino para él. Juan el Bautista proclama que esa es su función: preparar el camino “para el Señor”, que él identifica como Jesús.

(3) Juan llama a las personas de su época a un arrepentimiento radical, haciendo del mismo, y no de la descendencia literal de Abraham, un factor fundamental para ser miembro del pueblo de Dios (Mateo 3:7–10). De forma parecida, en Isaías 55, las bendiciones del pacto prometidas son para aquellos que dejan sus malos caminos y pensamientos, volviéndose hacia el Señor a fin de obtener misericordia y perdón gratuito (55:6–7). Nuestros pensamientos no son los de Dios (55:7–8), una confesión que no admira a estos por su trascendencia sino por su pureza absoluta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 174–175). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cuidados personalizados

Sábado 23 Junio

Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.

Salmo 103:13-14

Vuestro Padre celestial sabe…

Mateo 6:32

Cuidados personalizados

Benjamín había nacido en una familia numerosa y tenía una enfermedad cromosómica. ¡Esto hacía que tuviese una gran discapacidad! Lo que su hermanita menor hacía sola en cinco minutos, él lo hacía en una hora y con la ayuda de su padre. ¡Sus padres sufrían con él y por él! Amaban por igual a todos sus hijos, pero debido a su discapacidad, Benjamín recibía un cuidado especial. La vida era más dura para él que para los demás, por ello sus padres le prodigaban una ternura especial. Adaptaban su educación a las capacidades del niño. Lo estimulaban para que tomase confianza, pero también velaban para no desanimarlo exigiéndole demasiado.

En nuestra vida cristiana tal vez sintamos algunas «discapacidades» en tal o cual punto concreto. Algunas cosas, fáciles para otros, a nosotros nos parecen insuperables. Nuestro Padre celestial lo sabe. Él nos conoce bien, conoce nuestros temores y miedos, lo que nos obsesiona. Conoce nuestras flaquezas, lo que no nos atrevemos a confesar a otros… Quiere llevar con nosotros esta «discapacidad» personal, y por medio de ella establecer con nosotros una relación llena de ternura. ¡Nos cuida de forma personalizada! ¡Hablémosle de nuestras dificultades secretas! Nuestro Padre celestial tiene recursos inimaginables para llenar nuestras lagunas y enriquecer nuestro ser interior.

¡Nunca temamos pedir su ayuda para superar, junto a él, lo insuperable!

Números 5 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mida su amor

Mida su amor

6/22/2018

Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó. (Efesios 2:4)

La mejor vara de medir el amor en la vida de un cristiano puede ser el perdón. Es porque Dios nos demostró su amor desde el punto de vista del perdón. La Biblia pudo habernos enseñado que de tal manera amó Dios al mundo que ha hecho flores o árboles o montañas. Pero ella enseña que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Él dio a su Hijo para perdonarnos. Eso demuestra sin dudas el amor de Dios más que las flores, los árboles o las
montañas.

Mida su amor. Pregúntese: ¿Amo? Si no ama, no es de Dios porque los hijos de Dios aman a los demás (1 Jn. 4:7-8). ¿Cómo puede saber si usted se caracteriza por el amor? Pregúntese: ¿Estoy enojado con alguien por algo que me hizo? ¿A menudo me enojo con los demás, ya sea que exprese o no mi enojo? ¿Hablo de los demás lo que no debo hablar? Esas son características de su antigua manera de vivir; características de las que debe librarse a fin de amar y perdonar a los demás.

Cómo debemos luchar por la santidad

JUNIO, 22

Cómo debemos luchar por la santidad

Devocional por John Piper

Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14)

Hay una santidad práctica sin la cual no veremos al Señor. Muchos viven como si esto no fuera cierto.

Hay cristianos profesantes que viven vidas tan contrarias a la santidad, que un día escucharán las terribles palabras de Jesús: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mateo 7:23). Pablo le dice a creyentes profesantes: «si viví?s conforme a la carne, moriréis» (Romanos 8:13).

Así que hay una santidad sin la cual nadie verá al Señor. Aprender a luchar por esa santidad mediante la fe en la gracia venidera es sumamente importante.

Existe otra manera de buscar la santidad que resulta contraproducente y nos conduce a la muerte. Los apóstoles nos advierten que no sirvamos a Dios de ninguna otra manera que no sea por fe en la gracia de Dios, que nos capacita.

Por ejemplo, Pedro dice: «el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 Pedro 4:11). Y Pablo dice: «no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí?» (Romanos 15:18; ver también 1 Corintios 15:10).

Momento tras momento, la gracia llega a capacitarnos para llevar a cabo «toda buena obra» que Dios nos asigne. «Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

La batalla por las buenas obras es la lucha para creer en esta gracia venidera.

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Deuteronomio 27:1–28:19 | Salmo 119:1–24 | Isaías 54 | Mateo 2

22 JUNIO

Deuteronomio 27:1–28:19 | Salmo 119:1–24 | Isaías 54 | Mateo 2

La profecía de Isaías ha anunciado “paz” repetidas veces, el bienestar total que fluye de una relación adecuada con el Dios viviente y soberano. Anteriormente, nos dice que el Mesías sería el “Príncipe de paz” (9:6), presentando un reino de paz eterna (9:7). Finalmente, es el Señor quien la establece (26:12). Sin embargo, aunque son buenas noticias (52:7), esa paz está reservada a aquellos que confían en él (26:3). “No hay paz para el malvado” (48:22). Los que confían en Dios se vuelven testigos que reconocen total y felizmente que el Siervo ha hecho posible su reconciliación con el Creador: “Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados” (53:5). La consecuencia, en Isaías 54–55, es una gran paz para los hijos de Sion (54:13), un “pacto de paz” que nunca se eliminará (54:10), una gran procesión del pueblo de Dios que saldrá con alegría y será guiada en paz (55:12).

En Isaías 54, este glorioso plan se anuncia como un “pacto de paz” (54:10) que cumple en algunos aspectos otros tres grandes pactos:

Primero, se vislumbra el de Abraham (54:1–3). Las referencias a la “mujer estéril”, la “tienda” y la “descendencia” prometida que desposee a las naciones lo recuerdan. Dios superará las desesperadas circunstancias de Sion durante el exilio tan fácilmente como lo hizo con la esterilidad de Sara. Los descendientes de Abraham desposeyeron finalmente a las naciones de la tierra de Canaán; los exiliados retornados harán lo mismo o ¿hay una pista que indica que los hijos de este nuevo pacto desposeerán a las naciones de forma más exhaustiva cuando se extiendan a derecha y a izquierda (54:3)?

Segundo, el de Sinaí entra en escena, con los recordatorios de la vergüenza de la juventud de Israel (la esclavitud en Egipto, 54:4), del Hacedor de Israel como su “esposo” (54:5) y de su viudedad en el exilio (54:5–8). No obstante, Dios sigue revelándose como su Redentor, aunque, en este caso, a la luz de la gran redención garantizada en 52:13–53:12: “Con amor eterno tendré compasión de ti”, declara, estableciendo la dirección en la que continuará el pacto de Sinaí.

Tercero, se examina el pacto con Noé (54:9–17), fuera de la secuencia de forma temporal pero totalmente apropiado, ya que no sólo se formalizó con Israel, sino con toda la raza humana. El exilio se compara con el diluvio, y los hijos de Sion con los descendientes de Noé. Dios no los destruirá: de hecho, los “siervos del Señor” (54:17) siguen el modelo del Siervo de Dios en sufrimiento y vindicación suprema.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 173–174). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Solo con mis cargas?

Viernes 22 Junio

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

¿Solo con mis cargas?

¿Quién se preocupa realmente por ese estudiante que pierde los exámenes, por ese empresario que está en quiebra, por ese padre de familia que sufrió un accidente, por esas víctimas de guerras fratricidas interminables? Cada día escuchamos noticias de este tipo; ocupan nuestra mente un tiempo, pero luego las olvidamos. ¿Cómo ponernos realmente en el lugar de los otros? Además, todos tenemos nuestras preocupaciones…

La Biblia nos cuenta la desesperación de un hombre: “No hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida” (Salmo 142:4).

¿Nadie? No, hay una excepción: Dios mismo, nuestro creador, Señor del cielo y de la tierra, se interesa por cada uno de nosotros. ¡Él es el que da la vida, el aliento y todas las cosas! (Lea Hechos 17:22-28). Jesús señaló cuánto valor tiene para él la vida de cada uno de nosotros: “Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Lucas 12:7).

Quizás hasta ahora usted ha ignorado su existencia, pero se ha beneficiado igualmente de sus cuidados diarios. Él “hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mateo 5:45). Dios incluso vino a esta tierra en persona a través de su Hijo Jesús. Dios el Hijo se acercó a los seres humanos, quienes pudieron verlo, escucharlo, tocarlo. Jesús fue crucificado para que el hombre pudiese acercarse a Dios, ¡pero luego resucitó! Antes de dejar a los suyos, les dijo, como dice a cada creyente: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Números 4 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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