Maravillado por la resurrección

FEBRERO, 20

Maravillado por la resurrección

Devocional por John Piper

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento… (2 Pedro 3:1)

Al acercarse la Pascua, despertemos nuestro agradecimiento y gozo y admiración y asombro ante lo que la resurrección de Jesús significa para nosotros. La maldición de nuestra naturaleza caída es que lo que alguna vez nos entusiasmaba se ha convertido ahora en normal. La realidad no ha cambiado; nosotros sí.

Esa es la razón por la que la Biblia existe. Pedro dice acerca de sus dos cartas que han sido escritas para «despertar» o «suscitar» en la forma de «recordatorio».

Por lo tanto, despertemos nuestro sincero entendimiento por medio de un recordatorio.

¿Qué es lo que Dios ha hecho al resucitar a Jesús de entre los muertos? He aquí algunas respuestas bíblicas.

Debido a la resurrección de Jesús, hemos vuelto a nacer a una esperanza viva.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos… (1 Pedro 1:3).

Debido a la resurrección de Jesús, ahora él tiene la gloria para la que fuimos creados. Nuestro destino final es verlo como él es.

Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria… (1 Pedro 1:21).

Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:5,24).

Que el Señor Jesús resucitado despierte nuestro sincero entendimiento a nuevas profundidades de adoración y fidelidad y gozo.


Devocional tomado del articulo “Deja que los resultados de la Resurrección de Jesús revivan tu pasión por Su supremacía sobre todas las cosas”

Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

20 FEBRERO

Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

Cuando Pablo comienza a contestar a las preguntas de los corintios (“los asuntos que me planteasteis por escrito”, 1 Corintios 7:1), el primer asunto que considera es el matrimonio, y temas relacionados con el mismo (1 Corintios 7). La primera parte de su exposición trata del sexo dentro del matrimonio cristiano (1 Corintios 7:1–7).

(1) Como recurso típico de muchas de sus respuestas a esta iglesia dividida, Pablo pone aquí de manifiesto su sensibilidad pastoral con frase del tipo “Sí… pero”. “’Es mejor no tener relaciones sexuales’. Pero… cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo” (7:1–2). “Preferiría que todos fuerais como yo. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don” (7:7). En otras palabras, el apóstol no sólo debe responder a sus preguntas, sino también a sus extremos. Idealmente, debe hacerlo uniendo a las facciones, elogiando a quienes aportan luz al asunto, pero al mismo tiempo ayudando a cada parte a darse cuenta de que no posee toda la verdad del tema y que en realidad está distorsionando la sabiduría.

(2) Algunos han traducido 7:1 de la siguiente manera: “Es bueno para el hombre no casarse”. Literalmente, el griego dice: “Es bueno para el hombre no tocar mujer”. Esos traductores suponen que estas palabras constituyen un eufemismo del matrimonio. Recientemente, los expertos han afirmado que ese no es el caso. Aparentemente, algunos cristianos de Corinto fomentaban un estilo de vida ascético. Pablo está preparado para decir que esa perspectiva es meritoria: después de todo, más adelante en el capítulo destaca las ventajas de permanecer célibe para el ministerio del Evangelio. No obstante, el ascetismo no es el único valor; de hecho, puede convertirse en un ídolo, o en una forma de despreciar los buenos regalos de Dios o de negarse a reconocer la diversidad de las bendiciones que el Señor concede a su pueblo. Después de todo, el matrimonio alivia la tensión sexual; decir que esta no existe y agarrarse desesperadamente al ascetismo puede desembocar en repugnantes pecados sexuales (como ha ocurrido con frecuencia). La respuesta social, bíblicamente hablando, no es el sexo libre ni la lascivia, sino el matrimonio, que no solo tiene este valor, por supuesto, aunque es muy real.

(3) Nótese cómo Pablo insiste en que, en el ámbito del matrimonio, los privilegios y responsabilidades sexuales son recíprocos: p. ej., “cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo “, lo que dista mucho de tratar a la mujer como una esclava. ¿Cuántas afirmaciones recíprocas se encuentran en este párrafo?

(4) Dentro del matrimonio, ninguno de los cónyuges debe privar al otro de las relaciones sexuales normales, excepto si hay consentimiento mutuo o un propósito de dedicarse ambos a la oración. Incluso así, estas excepciones solo deben aplicarse temporalmente. Por tanto, según las Escrituras, el sexo nunca debe utilizarse como un arma, ofrecerse como soborno o retirarse como castigo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 51). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿La mentira o la Biblia?

Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado… Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:32, 34, 36

¿La mentira o la Biblia?

El silencio reinaba en el taxi que me llevaba al hospital aquella mañana. El conductor estaba concentrado en la circulación y yo pensaba en la jornada que me esperaba…

Solo se oía la radio como ruido de fondo. De repente un locutor presentó al invitado del día: un vidente, y precisó que la gente podía llamar para hacer preguntas. Las llamadas se sucedían, ¡pero para dar aquellas respuestas no se necesitaba un gran don de videncia! A menudo eran respuestas de sentido común, o frases de doble sentido…

–¡No creo nada de eso!, susurró el conductor.

–Conozco un libro que contiene cientos de predicciones, y muchas de ellas ya se cumplieron, le respondí.

–¿Es verdad? ¿De qué libro se trata?

–¡De la Biblia!

Sorprendido, el conductor apagó la radio para que pudiésemos hablar mejor.

Cuando llegamos a mi destino, agradecí al conductor. Su mirada pensativa me confirmó que nuestra conversación le había hecho reflexionar…

¡Es extraño comprobar que a menudo los que rehúsan leer la Biblia consultan el horóscopo y a los videntes! Preferimos escuchar aquello que queremos escuchar, incluso si son mentiras.

Decir la verdad es un signo de amor. Y esto es precisamente lo que Dios hace en la Biblia, incluso si a veces nos cuesta escucharlo. Pero él no nos deja en ese estado doloroso; todo lo contrario, nos tiende la mano para liberarnos de aquello que nos encadena. ¡Confiemos en él, y la verdad nos hará libres!

Éxodo 4 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

Cristo ha vencido al mundo

Cristo ha vencido al mundo

John MacArthur

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
–Juan 16:33

 Jesús dijo esas palabras en el aposento alto la noche que fue traicionado. Fue la conclusión del largo discurso de despedida que comienza: “No se turbe vuestro corazón” (Jn. 14:1). Jesús les dijo a sus discípulos que Él se iba. Les dijo que se sentirían temerosos y preocupados, que serían perseguidos, que serían esparcidos y abandonarían a Jesús. Pero durante todo su discurso hizo promesas de que no los abandonaría. Su amor continuaría. Les daría el Espíritu Santo para que los animara como lo había hecho Jesús. Prometió responder a sus oraciones.

 Al final del discurso, Él dijo: “El propósito de todo lo que les he dicho es que tengan paz en el corazón. No tienen por qué estar ansiosos. No quiero decir que no tendrán problemas. Ya les he advertido de persecuciones. En este mundo tendrán problemas”. La palabra griega tiene una raíz que significa “presión”. Usted estará bajó presión, oprimido por los problemas de esta vida. Pero en medio de eso, anímese, ya que al fin al cabo Él ha vencido al mundo.

 Ya la batalla se ha decidido, dice Jesucristo. No hay nada que el mundo pueda hacerte que pueda finalmente derrotarte, ya que he ganado una absoluta victoria sobre el pecado y la muerte. Estoy a punto de terminar es obra en la cruz. El mundo, las fuerzas que se oponen a Dios, seguirán causándote problemas pero no pueden derrotarte porque yo ya vencí. Su ataque contra ti no puede dañarte porque todo el sistema del mundo opuesto a Dios ha sido aplastado. Yo he vencido al mundo. Mientras permanezcas en este mundo, tendrás problemas. Pero cuando permaneces en mí, tendrás paz.


 Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

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El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.


Devocional tomado del articulo “A Kind of Cold You Don’t Play With”

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Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

19 FEBRERO

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

Nuestros dos pasajes están vinculados de una forma sutil.

La respuesta de Job a Bildad (Job 19) es impactante por su intensidad. Es casi como si estuviese dispuesto a explicar con detalle las tensiones y paradojas de su propia posición. Las palabras de Job se fundamentan en cuatro aspectos esenciales. Primero, Job continúa reprendiendo a sus miserables consoladores por su total falta de apoyo. Incluso aunque se hubiese “desviado” (19:4), no tienen por qué humillarlo. Segundo, Job concreta lo que ha ido dando a entender todo el tiempo: si está sufriendo injustamente y Dios controla la situación, entonces este le está perjudicando (19:6). Una vez más, una serie de versículos describe elocuentemente cómo el Señor lo ha destrozado y ha bloqueado su camino, envolviendo sus sendas en tinieblas. Tercero, Job provee algunas descripciones gráficas de su sufrimiento. Su aliento es repulsivo para su esposa; es repugnante para sus propios hermanos (19:17). En una cultura en que los jóvenes deben respetar a sus mayores, ve que incluso los niños pequeños se mofan de él. Su salud se ha desvanecido; sus amigos más íntimos no tienen piedad o compasión con él. Cuarto, sin embargo, el componente más paradójico es que Job sigue confiando en Dios. En un pasaje conocido por sus dificultades exegéticas (19:25–27), afirma que sabe que su “redentor” vive: se trata de la misma palabra que el libro de Rut utiliza para referirse a Booz (Rut 2:20), y probablemente tenga aquí un matiz de “defensor”. A pesar de lo evidente de sus sufrimientos, afirma que Dios, su defensor, vive, y “al final triunfará sobre la muerte” (a la luz del siguiente versículo, puede ser una referencia escatológica, o puede estar hablando del final del sufrimiento de Job, con Dios permaneciendo sobre su tumba). El propio Job verá al Todopoderoso con sus ojos, algo que su corazón anhela dentro de él.

La integridad y fidelidad de este hombre son asombrosas. Se niega a confesar porque no hay nada que confesar, pero nunca deja de reconocer que sólo Dios es Dios. Satanás está perdiendo su apuesta.

Resulta interesante que Pablo también haga un llamamiento a cierto tipo de integridad a los cristianos de Corinto (1 Corintios 6). La triste dimensión de este capítulo es que al menos algunos corintios estaban poniendo en peligro su integridad por no más razones que las tentaciones habituales sumadas a un deseo subliminal de actuar como la cultura que los rodeaba. No todos estaban pasando por el tipo de presión a la que Job fue sometido. Necesitaban aprender que los pleitos entre hermanos cristianos, cuyo fin era ganar al otro, ya constituían un símbolo de derrota (6:7); que la libertad cristiana nunca es una excusa para hacer lo que quisiesen, pues los creyentes buscan lo que es beneficioso y entienden que su cuerpo pertenece a otro (6:12–20). Job ya sabía estas cosas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Lunes 19 Febrero

La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Proverbios 10:22

Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Las riquezas son efímeras

Era uno de los hombres más ricos del mundo. El gran público lo conocía especialmente por su ambición desmedida, sus locuras y su gusto por las fiestas excéntricas. Murió de un paro cardíaco mientras dormía. Acababa de cumplir 70 años, y era el símbolo del capitalismo triunfante de años prósperos.

La Biblia presenta el caso de un hombre muy rico que, satisfecho de su éxito, ponía su confianza en sus riquezas. Sin embargo, Dios le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). Su vida le fue quitada bruscamente esa misma noche. Contando solo con su bienestar efímero, este hombre había olvidado a Dios, en quien están las riquezas eternas: su amor, su perdón, su paz y la vida eterna, ofrecida gratuitamente por medio del sacrificio de Jesucristo en la cruz.

El dinero no es lo único que deseamos poseer para satisfacer nuestras aspiraciones. Pero, ¿cuál es su valor? A menudo Jesús denunció la futilidad de las riquezas que acumulamos en la tierra, para invitarnos a hacernos tesoros en el cielo (Mateo 6:19-20; Lucas 16:13). Él mismo, aunque era rico porque era Dios, vivió en la pobreza para enriquecernos con los bienes de su amor.

Nuestra vida terrenal es tan solo una neblina que aparece por un poco de tiempo, y luego desaparece (Santiago 4:14). ¡No la malgastemos yendo tras cosas que tendremos que dejar! ¡Jesús nos ofrece la vida eterna!

Éxodo 3 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

Murió por los impíos

Murió por los impíos

John MacArthur

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
— Romanos 5:6-8

 Pablo concentra nuestra atención en una verdad convincente: Cristo no murió por nosotros porque fuéramos piadosos. Él no murió por los religiosos ni por los morales ni por los buenos. Murió por nosotros, los impíos, aunque todavía éramos pecadores.

 Es ya muy raro que las personas mueran por otras personas. A veces leemos acerca de alguien que da la vida en una guerra o en un desastre para salvar a otra persona. Pablo reconoce que en raras oportunidades pudiera alguien morir por una persona justa, alguien que merecía ser salvo. Sería una persona muy notable que dio su vida por salvar a una buena persona. ¿Pero ha oído alguna vez de alguien dispuesto a morir por un malvado? ¿Moriría alguien por un hombre miserable, malvado y ruin? Solo Jesucristo lo haría.

 Ese es el verdadero amor, el amor del que la Biblia nos habla. Es la clase de amor que hizo que Cristo muriera por los peores, no por los mejores. Esa es la maravilla del amor de Dios. Su asombroso amor hacia nosotros se muestra en que Cristo murió por nosotros aunque todavía éramos pecadores. El amor de Dios no tuvo nada que ver con nuestro atractivo o dignidad. Solo tuvo que ver con el carácter de Dios, el hecho de que Dios es amor.

  Cristo no murió por nosotros porque fuéramos dignos o encantadores o piadosos. Pablo dice que estábamos sin fuerzas, indefensos e incapaces de salvarnos a nosotros mismos. No había nada que admirar en nosotros pero Dios nos amó. Cristo murió por nosotros porque éramos indignos e indefensos. No se puede expresar el evangelio de una forma más directa que esa: Cristo murió por los impíos, no por los justos. Lo hizo porque nos ama, no por ninguna otra razón. Un amor que no merecíamos produjo un sacrificio que no merecíamos. Pero eso es lo que hace la gracia.

 Ese amor, ese sacrificio, produce gratitud en nuestra vida. Espero que usted sienta gran gratitud todos los días, sin olvidar jamás cuán indigno es del amor de Dios en Jesucristo. No hemos hecho nada para merecer su misericordia. No tenemos ningún atributo deseable para atraer su amor. Aunque estábamos indefensos y éramos impíos, aunque estábamos en rebelión contra Él, Dios mostró su amor por nosotros al enviar a Cristo a que muriera en nuestro lugar.


Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.  

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Cuando somos inmortales

FEBRERO, 18

Cuando somos inmortales

Devocional por John Piper

Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo.(Hechos 23:12)

¿Y qué pasó con esos tipos hambrientos que prometieron no comer hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?

Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: «Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo». No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:

· Un niño escuchó la conspiración.

· El niño era el hijo de la hermana de Pablo.

· El niño tuvo el coraje de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.

· El centurión lo tomó en serio y lo llevó al tribuno.

· El tribuno le creyó y preparó «doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros» para llevar a Pablo a seguridad.

Muy poco probable y extraño, pero eso es lo que ocurrió.

¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? Fallaron en evaluar lo que le ocurrió a Pablo justamente antes de que ellos conspiraran. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hechos 23:11).

Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.

Nosotros también tenemos un testimonio que dar, y seremos inmortales hasta que lo hayamos dado.


Devocional tomado del articulo “Nothing Stands Against Christ”

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

El segundo discurso de Bildad de Súah (Job 18) contiene una nota de desesperación. Cuando el argumento es débil, algunas personas simplemente gritan más fuerte.

Prácticamente, Bildad comienza diciendo a Job que no tiene sentido hablar con él hasta que adopte una postura sensata (18:2). Job está más que equivocado: es perverso o está loco. Según Bildad, está dispuesto a desbaratar el propio tejido del universo para justificarse: “Es tal tu enojo que te desgarras el alma; ¡mas no por ti quedará desierta la tierra, ni se moverán de su lugar las rocas!” (18:4).

El resto del capítulo se dedica a una terrible descripción de lo que ocurre al impío, que acaba destruido, despreciado, atrapado, sometido a calamidades y desastres, aterrorizado, quemado y apartado de la comunidad. “Borrada de la tierra ha sido su memoria; de su fama nada queda en el país” (18:17). Tanto los pueblos de oriente como los de occidente “se asombran de su suerte” (18:20), una lección moral para aquellos que lo ven.

Llegados a este punto, los tres “consoladores miserables” se han puesto de acuerdo en que Job es impío. A no ser que el último versículo del capítulo sea una simple analogía, la acusación parece ahora intensificarse un poco: “Así es la morada del malvado, el lugar del que no conoce a Dios” (18:21). En otras palabras, Job no es únicamente impío, sino totalmente ignorante de Dios.

Es tiempo de reflexionar sobre este tipo de acusación. Por un lado, lo que Elifaz, Bildad y Zofar siguen diciendo concuerda totalmente con un tema repetido en las Escrituras: Dios es justo, hará justicia, y todo ello se verá. Todo el mundo reconocerá un día que Dios es justo, en la sumisión reverente de la fe o en el terror que clama por rocas y montañas donde puedan esconderse de la ira del Cordero (Apocalipsis 6). Este asunto es recurrente prácticamente en todas las partes importantes de la Biblia. La alternativa al juicio es espantosa: no existe el juicio final y perfecto, por lo que no hay justicia, ni distinción entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal. De no haber juicio, se estaría negando el significado del mal.

Sin embargo, aplicar esta perspectiva con demasiada rapidez, o mecánicamente, o como si tuviésemos acceso a todos los hechos, es anular el significado del mal desde otro ángulo. El sufrimiento inocente (como hemos visto) está descartado. Llamar malo a un buen hombre a fin de preservar el sistema no solo es personalmente cruel, sino que relativiza el bien y el mal; cuestiona a Dios al decir que no existe diferencia entre ambos. En algunas ocasiones, debemos apelar simplemente al misterio de la impiedad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 49–50). Barcelona: Publicaciones Andamio.