El paidobautismo

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

El paidobautismo
Por Guy M. Richard

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

omo pastor presbiteriano, a menudo me preguntan por qué creo en el bautismo de infantes. La frecuencia con que lo hacen me dice que hay muchos malentendidos en torno a esta doctrina. Una de las razones de este desconocimiento es que muchos miembros de iglesias paidobautistas no han sido capaces de ofrecer una buena justificación bíblica de lo que creen. Eso puede deberse a que las iglesias paidobautistas no están preparando adecuadamente a sus miembros para hacerlo o simplemente a que el bautismo no es una doctrina que define a los paidobautistas de la misma manera en que sí define a muchos otros grupos. Por ejemplo, nuestros hermanos bautistas se diferencian de la mayoría de las otras tradiciones cristianas por su postura sobre el bautismo, lo que significa que el miembro promedio de sus iglesias a menudo recibe una enseñanza más cabal sobre esta doctrina que la que recibirán nuestros miembros.

Otra de las razones por las que la gente malentiende el paidobautismo es porque tiene nociones erradas sobre la teología del pacto que lo subyace. Hace poco dicté una clase sobre el bautismo en un seminario. En ella, les pedí a mis alumnos que leyeran un artículo escrito por un hermano bautista sobre los motivos por los que él creía que el paidobautismo no es bíblico. Lo que más me sorprendió del artículo de ese hermano fue la frecuencia con que malinterpretaba la teología del pacto y sus implicaciones para el bautismo. Antes de poder avanzar juntos en esta doctrina, debemos corregir estos malentendidos con tanta claridad y gracia como nos sea posible. Es en ese espíritu que presento el resto de este artículo.

Habiendo dicho eso, lo primero que quiero señalar es que la postura paidobautista acepta prácticamente todo lo planteado por la postura credobautista sobre los sujetos del bautismo. Afirmamos de todo corazón que el bautismo es legítimamente administrado a los adultos (que no han sido bautizados antes) cuando profesan su fe en Cristo. Por tanto, el término paidobautista es algo desacertado. No solo bautizamos niños pequeños; bautizamos tanto a los creyentes profesantes como a sus hijos pequeños, y, en este sentido, somos credobautistas y paidobautistas a la vez. Lo único que nos distingue de nuestros hermanos credobautistas es la palabra solo. Los credobautistas solo bautizan a los creyentes profesantes, mientras que nosotros bautizamos a los creyentes profesantes y a sus hijos.

Menciono esto para indicar que no basta con señalar los ejemplos de bautismos de creyentes profesantes en el Nuevo Testamento para demostrar la postura credobautista. Los paidobautistas también reconocemos el bautismo de los creyentes profesantes. Nuestros hermanos credobautistas deben demostrar que la Biblia enseña que solo los creyentes profesantes, y nadie más que ellos, deben ser bautizados.

El pacto abrahámico no era un pacto físico o temporal establecido con los descendientes biológicos de Abraham. Era un pacto espiritual establecido con los descendientes espirituales de Abraham.

Lo segundo que quiero decir es que Génesis 17 señala explícitamente que Dios ordenó que la señal externa de Su pacto (la circuncisión) fuera aplicada en los hijos infantes al octavo día de vida. Debido a esto, todo lo que necesitamos demostrar es que el pacto abrahámico es sustancialmente el mismo que el nuevo pacto y que la teología de la circuncisión refleja la teología del bautismo para validar que los hijos de los creyentes reciben la señal pactual bajo el nuevo pacto como obviamente ocurría bajo el pacto abrahámico.

Pasajes como Romanos 2:28-29 y 4:11, además de Deuteronomio 30:6 y Jeremías 9:25-26 (entre otros), indican que Dios nunca pretendió que la circuncisión fuera un distintivo de identidad étnica, sino una señal externa que apuntara a una realidad espiritual interna (la circuncisión del corazón). Apuntaba a lo que ya había ocurrido en el interior ―como en el caso de Abraham, que creyó y luego fue circuncidado― o a lo que se esperaba que ocurriera en el futuro,como en el caso de la mayoría de los judíos, que eran circuncidados a su octavo día de vida en la esperanza de que siguieran los pasos de la fe de Abraham cuando crecieran (Rom 4:12). Colosenses 2:11-12 muestra explícitamente la conexión teológica entre la circuncisión y el bautismo al aplicar al cristiano tanto la circuncisión espiritual (del corazón) como el bautismo espiritual (del Espíritu Santo). Si la circuncisión interna y el bautismo interno están ligados, entonces ciertamente sus señales externas (es decir, la circuncisión física y el bautismo con agua) también lo están.

Además, Gálatas 3:16 y Romanos 4:11-12 nos enseñan que el pacto abrahámico es esencialmente el mismo que el nuevo pacto. Gálatas 3:16 indica que Cristo es la descendencia de Abraham, lo que significa que solo los que están «en Cristo» son hijos de Abraham, vivan en el Antiguo o en el Nuevo Testamento (ver Gal 3:7, 14, 29). Romanos 4:11-12 confirma esta verdad cuando dice que Abraham es el padre de todo creyente gentil (incircunciso) y el padre de todo judío circuncidado que sigue «en los pasos de la fe que tenía nuestro padre Abraham cuando era incircunciso». Esta fe, como nos dice Juan 8:56, es una fe que ve a Cristo. Es una fe que ve el cielo y sus realidades y bendiciones espirituales en vez de una tierra prometida mundanal y sus realidades y bendiciones temporales (Heb 11:10, 16).

Por lo tanto, el pacto abrahámico no era un pacto físico o temporal establecido con los descendientes biológicos de Abraham. Era un pacto espiritual establecido con los descendientes espirituales de Abraham. Era un pacto sustancialmente igual al nuevo pacto. Cristo, la descendencia de Abraham, garantiza que es así. Además, la circuncisión no era una señal de identidad étnica, sino una que llamaba a los descendientes biológicos de Abraham a transformarse en sus descendientes espirituales siguiéndolo en la misma fe que él tuvo.

A la luz de todas estas realidades, no debería sorprendernos que el Nuevo Testamento hable de bautismos «de casas». La continuidad entre los pactos ―y entre las señales de los pactos― indica que eso es exactamente lo que deberíamos esperar. Desde Génesis 17, el pueblo de Dios había estado practicando circuncisiones «de casas», poniendo la señal externa del pacto interno de Dios en los creyentes profesantes adultos (que no la habían recibido antes) y en sus hijos. Ciertamente, esperaríamos encontrar alguna mención en el Nuevo Testamento si, luego de miles de años de incluir a los niños en la comunidad del pacto como receptores de la señal del pacto, las cosas debieran cambiar tan radicalmente en la era del nuevo pacto. ¿De verdad tenemos que creer que ahora los niños han sido arrancados de la comunidad del pacto y que por eso el antiguo pacto era mayor y más inclusivo que el nuevo? ¿Cuál es el fundamento para decir eso? Es contrario al principio de expansión que vemos en operación en todas partes cuando pasamos del Antiguo al Nuevo Testamento. El paidobautismo no solo es consistente con la continuidad que vemos entre los pactos y entre las señales de los pactos, sino que también es consistente con este principio de expansión, pues aplica la señal del pacto tanto sobre hombres y mujeres como sobre sus hijos e hijas.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Guy M. Richard
Guy M. Richard

El Dr. Guy M. Richard es director ejecutivo y profesor adjunto de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado de Atlanta. Es autor de varios libros, entre ellos Baptism: Answers to Common Questions [El bautismo: Respuestas a las preguntas más comunes].

Perder la vida

Viernes 25 Febrero

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre (Jesús) os dará.

Juan 6:27

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

Juan 12:25

Perder la vida

“Pasé al lado de la vida. Nunca me concedí esos momentos de reflexión que algunos se permiten. Siempre estuve activo, siempre corriendo hacia adelante. En lugar de descansar, hice todo en cantidad: tuve ansias de trabajo, de placer, de dinero y de poder”. Estas palabras de un presentador de televisión muestran qué triste es llegar al final de la vida y comprobar que uno perdió su vida.

Cuando muramos no llevaremos nada, ni dinero, ni gloria, ni poder. “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:7). ¿Qué nos quedará? Nada, si solo hemos vivido para este mundo.

Sin embargo, ahora Dios nos invita a echar mano de lo que realmente es la vida. El apóstol Pablo dijo a Timoteo: “Echa mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:12). No solo es una vida que permanece para siempre, sino que nos dispensa desde ahora innumerables bendiciones. ¿Cómo adquirirla? Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Creer en él es aceptar a Jesús, es recibir el derecho de ser hijo de Dios (Juan 1:12) y de llamarlo Padre. Nos hace capaces de estar en comunión con Dios. Así podemos dejarnos guiar, instruir, ayudar y consolar en nuestra vida en esta tierra. Nuestra alma desea la felicidad, la paz, la serenidad. Esta relación de confianza con Dios nos permite vivir todo esto desde hoy por medio de la fe en Jesucristo.

Éxodo 9 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

42 – Ignorancia e idolatría 500 años después de la Reforma

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 42

Ignorancia e idolatría 500 años después de la Reforma

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

REFUGIO

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

R E F U G I O
Oh Señor,
Cuyo poder es infinito y sabiduría infalible, ordena las cosas de manera
que ellas no pueden ni detenerme ni desanimarme, ni ofrecer obstáculos
para el progreso de Tu causa. Permanece entre mí y toda contienda, que
ningún mal acontezca, ni el pecado corrompa mis dones, celo, logros. Que
yo pueda seguir el deber y no cualquier disposición tonta de mí mismo. No
me dejes trabajar en la obra que Tú no bendecirás, para que yo pueda
servirte sin deshonra o atraso. Concédeme habitar en Tu lugar secretísimo,
bajo Tu sombra, donde la protección es impenetrable, a salvo de la flecha
que vuela de día, la pestilencia que anda en oscuridad, la contienda de
lenguas, la malicia, la mala voluntad, el dolor de la conversación cruel, los
lazos de la [mala] compañía, de los peligros de la juventud, de las
tentaciones de la vida madura, de las aflicciones de la vejez, del miedo a la
muerte. Soy completamente dependiente de Tu apoyo, consejo, consuelo.
Ampárame por Tu espíritu libre, y que yo no me imagine ser lo suficiente,
para ser preservado de caer, más que siempre pueda proseguir, abundando
siempre en la obra que Tú me das que haga. Fortaléceme por Tu Espíritu
en mi interior para todo propósito de mi vida Cristiana. Todos mis tesoros,
los entrego a la sombra de la seguridad que está en Ti, mi nombre nuevo en
Cristo, mi cuerpo, alma, talento, carácter, mi éxito, esposa, hijos, amigos,
trabajo, mi presente, mi futuro, mi fin. Tómalos, porque son Tuyos, y yo
soy Tuyo, ahora y para siempre.

La predestinación y las acciones humanas

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La predestinación y las acciones humanas
Por James Anderson

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

a leyenda de Edipo a menudo se considera como el ejemplo clásico del fatalismo griego. Preocupado por las dudas sobre su origen, el protagonista consulta un oráculo que declara que está destinado a asesinar a su padre y casarse con su madre. Aunque Edipo repudia esa terrible profecía, los acontecimientos conspiran cruelmente para conseguir su cumplimiento. Todos sus esfuerzos por evadir su destino resultan inútiles. 

Las doctrinas reformadas o calvinistas de la providencia y la predestinación a menudo son acusadas de ser fatalistas. Sin embargo, esta caracterización se basa en algunas confusiones profundas. El calvinismo ciertamente afirma que todos los eventos de la creación están predeterminados por Dios. Como dice la Confesión de Fe de Westminster: «Dios, desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de Su propia voluntad, ordenó libre e inmutablemente todo lo que acontece» (3.1). Sin embargo, la confesión agrega inmediatamente que esta preordenación divina no deja sin sentido la voluntad de las criaturas de Dios. Por el contrario, Dios normalmente lleva a cabo Sus propósitos eternos por medio de causas secundarias, como agentes humanos y procesos naturales. Los ejemplos bíblicos de Dios dirigiendo las acciones humanas para lograr Sus propios fines incluyen la historia de José (Gn 45:5-8; 50:20), la conquista asiria del reino de Israel (Is 10:5-11) y la crucifixión del Señor Jesús (Hch 4:27-28).

Entonces, ¿en qué se diferencia el calvinismo del fatalismo? ¿No debería un calvinista admitir que Judas estaba destinado a traicionar a Jesús (Jn 17:12; Hch 1:16) así como Edipo estaba destinado a matar a su padre? En primer lugar, debemos señalar que los antiguos entendían que el «destino» era un principio o fuerza impersonal que se aplicaba por igual a hombres y dioses. Así como los griegos fallaron en reconocer a un Creador personal trascendente, también carecieron de la noción de un Dios soberano que dirige todas las cosas «para Sus propios fines santos» (CFW 5.4). Para el fatalista pagano, no hay una mano divina de la providencia, ni un plan general de Dios. No tienen sentido los resultados predestinados; el universo es un teatro del absurdo y la tragedia. Compara eso con la cosmovisión bíblica, según la cual Dios «obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad» (Ef 1:11) y «todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito» (Rom 8:28).

Ya se ha mencionado una segunda gran diferencia entre el calvinismo y el fatalismo. El calvinismo sostiene que Dios determina no solo los fines (los resultados finales de los eventos) sino también los medios para esos fines. En otras palabras, en la providencia de Dios los medios están coordinados con los fines de tal manera que los fines dependen de los medios. Por lo tanto, Dios no simplemente ordenó que José terminara siendo el segundo en autoridad después de Faraón; sino que ordenó toda la serie de eventos que culminaron en ese resultado, incluidas las acciones pecaminosas de los hermanos de José. No debemos imaginar que Dios planeó que José se volviera tan importante para el faraón, independientemente de cómo lo trataran sus hermanos.

El fatalismo, por otro lado, tiende a desconectar los fines de los medios, lo que implica que nuestras vidas terminarán de cierta manera sin importar lo que hagamos. Una ilustración contemporánea la proporciona una reciente serie de películas en las que un grupo de personas inicialmente engaña a la Muerte, pero su escapatoria siempre termina siendo inevitablemente efímera. La Parca finalmente alcanza a cada uno de ellos, a pesar de sus intentos de evitar su guadaña. El fatalismo sugiere que nuestras acciones son verdaderamente inútiles; no hacen ninguna diferencia práctica en el resultado. Sin embargo, esa idea es completamente ajena a la doctrina reformada de la providencia. Nuestros resultados futuros con toda probabilidad dependerán de las decisiones que tomemos en esta vida. No hay contradicción en afirmar que los resultados futuros dependen de manera crucial de nuestras elecciones y que Dios ordena soberanamente todas las cosas, incluidos los resultados futuros y las decisiones que conducen a ellos. Sí, Dios preordena las acciones de Sus criaturas, pero también preordena que dichas acciones tengan consecuencias significativas.

Una ilustración deportiva puede ayudar a aclarar el punto. Imagina que estás jugando al golf con un amigo, Jacobo, que tiene la costumbre de combinar calvinismo y fatalismo. En el quinto tee, realizas un buen golpe por el fairway. La bola aterriza de lleno en el green y rueda triunfalmente hasta dentro de la copa para un hoyo en uno.

En lugar de felicitarte, Jacobo tiene una sonrisa traviesa en su rostro. «Eres calvinista, ¿no?». «De hecho, sí», respondes, intrigado por saber hacia dónde va esto. «Entonces crees que Dios ha preordenado todas las cosas desde la eternidad, incluido este hoyo en uno. Bueno, si Dios lo preordenó, en realidad no tiene importancia la manera que le pegaste a la pelota. Estaba predestinada a terminar en el hoyo».

Jacobo no es tan inteligente como cree que es. Según su confuso razonamiento, la pelota habría aterrizado en el hoyo incluso si yo ni siquiera la hubiera golpeado. Pero claramente eso es absurdo. El hoyo en uno dependía de que uno golpeara la pelota y que la golpeara bien. El calvinista consecuente dirá que Dios preordenó, no solo el hoyo en uno, sino también que sucediera como resultado de golpear la pelota con precisión. Un golpe bien dirigido fue realmente importante.

Esto no es minuciosidad filosófica. La distinción entre calvinismo y fatalismo tiene implicaciones enormemente significativas para la vida cristiana. Significa que nuestras oraciones realmente marcan la diferencia, porque Dios ha ordenado que los eventos futuros ocurran en respuesta a nuestras oraciones. Significa que el evangelismo es esencial, porque Dios ha decretado que Sus elegidos serán salvos al escuchar y creer en el evangelio. Significa que debemos ser diligentes para hacer firme nuestro llamado y elección (2 Pe 1:10), porque aunque el Pastor no perderá ninguna de Sus ovejas, esas ovejas finalmente serán salvas solo si perseveran en la fe hasta el fin.

Al comprender que Dios ordena tanto los medios como los fines, los calvinistas pueden decir verdaderamente: «Si no hubiéramos orado, no habría sucedido; si no hubiéramos compartido el evangelio, ellos no lo habrían escuchado; si no nos mantenemos firmes en la fe, no recibiremos la corona de la vida». Sin embargo, al mismo tiempo, los calvinistas darán el máximo crédito por todo esto a la gracia soberana de Dios.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
James Anderson

El Dr. James N. Anderson es Profesor Carl W. McMurray de Teología y Filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, N.C., y es ministro ordenado en la Associate Reformed Presbyterian Church (Iglesia Presbiteriana Reformada Asociada). Es el maestro de la serie de enseñanza de Ligonier Exploring Islam y autor de What’s Your Worldview?

Pactos

BibleProject – Español

BibleProject – Español

La principal manera en que la Biblia habla acerca de la relación de Dios con la humanidad es usando la imagen de una asociación. Este video traza la forma en que Dios entró en una serie de relaciones formales con varios asociados humanos para así rescatar al mundo a través de Jesús, el máximo asociado del pacto.

BibleProjectEspañol #Pacto #Biblia

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Producción de Localización en Español – Unicornio Films, Santo Domingo, República Dominicana.

Créditos de localización:
Traducción: Jairo Namnún/Luis Sena
Locución: Juancho Carranza/Raeldo López
Diseño y Animación: Abraham Sánchez/Mario Escobar
Supervisor de Postproducción: Mario Escobar
Ingeniero de Sonido: Federico Álvarez
Asistente de Producción: Laura Cabrera
Producción: Denny Féliz
Coordinación de Producción: Jammy Báez

Una norma segura

Jueves 24 Febrero

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él… ¿No te he escrito tres veces en consejos y en ciencia, para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad?

Proverbios 22:6, 20-21

Una norma segura

Nuestro siglo rechaza cada vez más la idea de establecer normas generales para regir el comportamiento humano. ¡Se aboga por la libertad en todos los ámbitos! Esto significa que yo soy el único juez de lo que hago, que nadie puede juzgarme por mi manera de vivir, ni imponerme reglas. Esta idea va acompañada del rechazo a la fe cristiana y del abandono de las raíces judeo-cristianas de nuestra sociedad. De este modo cada uno piensa construirse una felicidad “a su medida”. Pero, ¿es posible?

Incluso con la mejor voluntad podemos equivocarnos. En la Biblia Dios nos dice que “el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23), y también: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

Los que han sido detenidos en este camino fatal por el llamado de Jesucristo, por el Evangelio, necesitan más que nunca las normas seguras consignadas en la Palabra de Dios, necesitan conocerlas y ceñirse a ellas. Esto no es fácil, pues es ir en contra de la sociedad que nos rodea. Pero “la bendición del Señor es la que enriquece” (Proverbios 10:22). Esta prosperidad no es necesariamente material, sino que consiste primero en una feliz comunión con nuestro Dios.

No olvidemos instruir a nuestros hijos en su camino, según la Palabra de Dios, como lo indica el versículo del día: “¿No te he escrito tres veces en consejos y en ciencia, para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad, a fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?” (Proverbios 22:20-21).

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

41 – El éxito humano no equivale a la bendición de Dios

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 41

El éxito humano no equivale a la bendición de Dios

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

No separes tu salvación de tu santificación

Coalición por el Evangelio

No separes tu salvación de tu santificación

SUGEL MICHELÉN

​Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Kevin Halloran sirve en Unlocking the Bible, un ministerio dedicado a proclamar a Cristo a través de los medios de comunicación, movilizar a los creyentes en el evangelismo y equipar a los líderes de la iglesia. Kevin vive cerca de Chicago, Illinois, con su esposa e hija. Su pasión es fortalecer a la iglesia para el ministerio de la Palabra de Dios. Escribió el libro When Prayer Is a Struggle (Cuando la oración es una lucha). Puedes encontrarlo en su blog Anclado en Cristo, Facebook y Twitter.

La expiación limitada

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La expiación limitada
Por Jonathan Gibson

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

l pastor J. C. Ryle comentó una vez que «la ausencia de definiciones precisas es la vida misma de la controversia religiosa». Esto es especialmente cierto cuando se trata de la doctrina de la expiaciódoctrinn limitada. El adjetivo «limitado», solo por su nombre, crea un problema. En la historia de la redención, la expiación de Cristo es el clímax de la tan esperada salvación de Dios, entonces, ¿por qué querría alguien limitarla?

Por supuesto, en cierto nivel, todos limitan la expiación de Cristo: algunos limitan su alcance (solo para los elegidos de Dios); otros limitan su eficacia (no salva a todas las personas para las que estaba destinada). Por lo tanto, no se trata de si alguien limita la expiación de Cristo; sino de cómo. Por eso propongo un término más positivo y menos ambiguo: expiación definida.

La doctrina de la expiación definida establece que en la muerte de Jesucristo, el Dios trino se propuso lograr la redención de cada persona que el Padre dio al Hijo en la eternidad pasada y aplicar los logros de Su sacrificio a cada uno de ellos por el Espíritu Santo. En pocas palabras: la muerte de Cristo tuvo la intención de ganar la salvación del pueblo de Dios únicamente, y no solo tuvo la intención de hacerlo, sino que también lo logrará. En este sentido, el adjetivo «definida» cumple una doble función: denota la intención de la muerte de Cristo (solo para Sus elegidos) y denota la eficacia de la muerte de Cristo (Él realmente salvará a Sus elegidos, garantizando su fe en el evangelio). Jesús será fiel a Su nombre: «Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1:21).

La muerte de Cristo tuvo la intención de ganar la salvación del pueblo de Dios únicamente, y no solo tuvo la intención de hacerlo, sino que también lo logrará.

Desde la madura expresión de la doctrina en el Sínodo de Dort (1618-19), la doctrina de la expiación definida ha recibido una buena cantidad de críticas. En el siglo XVIII, Juan Wesley predicó que la doctrina era contraria a «todo el tenor del Nuevo Testamento». En el siglo XIX, John McLeod Campbell, un ministro de la Iglesia de Escocia, argumentó que la doctrina robaba al creyente la seguridad personal de que Cristo «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2:20). En el siglo XX, Karl Barth se quejó de que la «doctrina siniestra» era una deducción lógica de la visión equivocada de Juan Calvino respecto a la doble predestinación. Otros han expresado su preocupación de que la expiación definida sea como el talón de Aquiles de la teología reformada, una debilidad que destruye el evangelismo y la misión.

Sin embargo, a pesar de estas críticas, quiero proponer que deberíamos (re)afirmar la doctrina de la expiación definida, al menos por tres razones.

SU BASE BÍBLICA

Varios textos del Nuevo Testamento hablan del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, por «muchos» (Rom 5:15, 19), por «todos» (11:32; 2 Co 5:14-15; Col 1:20; 1 Tim 2:6; 4:10; Tit 2:11), y por «el mundo» (Jn 3:16; 2 Co 5:19; 1 Jn 2:2). Estos textos suelen ser empleados por quienes quieren defender una expiación universal. En cambio, hay varios textos del Nuevo Testamento que hablan del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, por un grupo particular de personas: por «mí» (Gal 2:20), por la «iglesia» (Hch 20:28; Ef 5:25), por «un pueblo» (Tit 2:14), y por «nosotros» los creyentes (Rom 5:8; 8:32; 1 Co 5:7; Gal 3:13; Ef 5: 2; 1 Tes 5:10; Tit 2:14). Cuando los textos universalistas y particularistas se leen juntos, parecería que la razón recae en los proponentes de una expiación universal al explicar por qué el Nuevo Testamento pudiera alguna vez hablar del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, en términos limitados si en realidad no existe tal limitación.

Sin embargo, proporcionar un conjunto de «textos probatorios» particularistas no prueba la doctrina de la expiación definitiva más de lo que un conjunto de «textos probatorios» demuestra la Trinidad o la deidad de Cristo. No se llega a tales doctrinas simplemente acumulando textos bíblicos como apoyo; también implica sintetizar internamente doctrinas relacionadas que inciden en una doctrina particular. La síntesis teológica es una parte importante de cualquier construcción doctrinal.

SU SÍNTESIS TEOLÓGICA

La doctrina de la expiación definida no existe en el vacío; más bien, está conectada con una serie de otras doctrinas que también inciden en ella. Esto se puede demostrar en Efesios 1:3-14. En este gran párrafo de una sola oración (en el griego), donde Pablo desglosa las bendiciones que nos pertenecen en Cristo, el apóstol habla de la obra salvadora de Dios en tres maneras.

Primero, la obra salvadora de Dios es indivisible. Pablo presenta la obra salvadora de Dios en un lienzo temporal que va desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Consiste en cuatro momentos distintos de la salvación: la redención predestinada, cuando Dios nos escogió antes de la fundación del mundo (vv. 4-5); la redención cumplida, cuando Cristo nos redimió mediante Su sangre (v. 7); la redención aplicada, cuando Dios selló Su Palabra en nuestros corazones por Su Espíritu (v. 13); y la redención consumada, cuando poseamos nuestra herencia futura que nos ha sido otorgada por el Espíritu (v. 14). Estos cuatro momentos de la obra salvadora de Dios son indivisibles; es decir, son momentos distintos pero inseparables del acto único de salvación de Dios. Esto significa que la expiación definida de Cristo (redención cumplida) nunca puede separarse del decreto eterno de Dios (redención predestinada) o de la obra santificadora de Dios por Su Espíritu (redención aplicada), que está conectada con nuestra glorificación en el último día (redención consumada).

En segundo lugar, la obra salvadora indivisible de Dios es trinitaria. En este pasaje, Pablo se refiere a cada miembro de la Trinidad y Sus respectivos roles en la obra de salvación. El Padre nos elige y predestina (vv. 4-5); el Hijo nos redime por Su sangre, perdonando nuestros pecados (v. 7); y el Espíritu sella la Palabra de Dios en nuestros corazones (v. 13) a la vez que sirve como garantía de nuestra herencia futura (vv. 13-14). Las tres personas de la Trinidad trabajan juntas para lograr un único acto de salvación desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Por lo tanto, cuando se trata de la intención de la expiación de Cristo, las personas de la Trinidad no tienen propósitos cruzados, sino que trabajan juntas en armonía para lograr la salvación.

En tercer lugar, la obra salvadora indivisible y trinitaria de Dios se realiza en Cristo. Varias veces en este párrafo, Pablo usa la frase preposicional «en Cristo» o «en Él». La fraseología habla de la unión del creyente con Cristo, que atraviesa los cuatro momentos de la salvación: fuimos escogidos «en Él» antes de la fundación del mundo (v. 4; la redención predestinada); «en Él» tenemos redención mediante Su sangre (v. 7; la redención cumplida); «en Él» fuimos sellados con el Espíritu Santo (v. 13; la redención aplicada); «en Él» hemos obtenido una herencia futura (v. 11; la redención consumada). Por lo tanto, no hay momento de nuestra salvación que no esté dentro de la esfera de la unión con Cristo. Esto garantiza que, si bien los momentos de redención son distintos, son inseparables.

SU ÍMPETU PASTORAL

Dos estímulos pastorales surgen de la doctrina de la expiación definida, basada en la Biblia y sintetizada teológicamente. Primero, a pesar de las protestas en sentido contrario, la expiación definida no priva al creyente de la seguridad personal; más bien, la fundamenta. Cuando Jesús murió en la cruz, estábamos en Su mente. Como comentó Martín Lutero, «la dulzura del evangelio se encuentra en los pronombres personales: “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2:20)». En segundo lugar, contrario a lo que argumentan algunas personas, la expiación definida no corta el suministro de fuerzas al evangelismo y la misión; más bien, se las aumenta. Si es cierto que Cristo murió por todas las personas sin distinción (que expió a todo tipo de personas: ricas, pobres, hombres, mujeres, asiáticas, africanas, europeas, etc.) como siempre ha mantenido la fe reformada, entonces la misión se convierte en un esfuerzo emocionante y gratificante. Dado que Cristo definitivamente ha rescatado a personas para Dios de cada tribu, lengua, pueblo y nación, algunos de cada uno de estos ciertamente creerán en el evangelio (Ap 5:9). La expiación definida, por tanto, no es un obstáculo para la evangelización y la misión; en todo caso, es un ímpetu.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jonathan Gibson
Jonathan Gibson

El Dr. Jonathan Gibson es profesor asociado de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia y ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana Internacional del Reino Unido.