Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

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Carmen Espaillat: Muy probablemente has leído pasajes en la Biblia que prometen que Dios escuchará y contestará la oración. Igualmente Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pero siendo honestas ¿acaso no es cierto que a veces nuestra experiencia parece contradecir esas promesas? ¡Sé honesta! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche ni conteste mis oraciones.”

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios un día malo o en situaciones de corta duración. Pero qué pasa cuando tienes un sufrimiento prolongado, y clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a ti, Señor, ¡pero todavía no haces nada!”

Es esa pregunta “hasta cuándo, ¿Señor, no me escucharás?»

Carmen: Estás escuchando “Aviva Nuestros Corazones” con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continuará hoy una serie que iniciamos ayer sobre un profeta, y que nos ayuda a sobrellevar la oración no contestada. Con ustedes Nancy en la serie llamada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Fue en una calurosa tarde de julio del 1967, cuando una joven de 17 años se tiró al agua en un clavado en un lago poco profundo, y su vida cambió para siempre cuando se fracturó el cuello; un accidente que la dejó paralítica del cuello hacia abajo por el resto de su vida.

Ustedes conocen la historia de Joni Eareckson Tada, sobre cómo sufrió esa fractura de su espina dorsal, algo que la dejó paralítica e incapacitada de sus brazos y sus piernas.

Joni ha hablado y escrito acerca de algunos de los sentimientos y pensamientos que tuvo unos días después del accidente. En una ocasión ella dijo:

“Yo tenía tantas preguntas. Creía en Dios, pero estaba enojada con Él. Si Dios era todo amor y todopoderoso, entonces —lo que me sucedió a mí— ¿cómo podía ser esto una demostración de su amor y de su poder? Seguramente Él pudo haberlo evitado. ¿Cómo puede una parálisis permanente ser parte de su amoroso plan para mí?”

Lo que Joni Eareckson Tada dijo en esos oscuros momentos de desesperación de su vida es muy similar a lo que el profeta Habacuc sintió al iniciar el primer capítulo de su profecía en Habacuc capítulo 1.

Él está clamado a Dios y en esencia lo que él está diciendo es: “¿cómo puedo saber que este Dios merece mi confianza a menos que obtenga una respuesta?

Él tiene preguntas y así lo dice en el capitulo 1, en el versículo 2:

¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás?

Y a propósito, al leer y estudiar todo el libro de Habacuc, busca referencias a la palabra “salvar” o “salvación”. Encontrarás varias. Porque hay un tema recurrente a través de este libro y es que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Pero a Habacuc esto no le parece así en este momento. “Señor, estoy clamando a ti, ¡violencia! Pero no salvarás. No pareces ser un Dios que salva”.

Versículo 3:

¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia. (Habacuc 1:3-4)

Lo que Habacuc dice es, “tengo un problema sobre cómo Dios gobierna el universo, o como parece no estar gobernando el universo. Tengo interrogantes.”

Son preguntas intensas. Creo que algunas veces actuamos en nuestros mundo cristiano como si fuera un error, o fuera malo tener preguntas. Como que no deberíamos hacer preguntas, y deberíamos poner nuestras mentes a dormir y sólo decir: “Bueno, esas preguntas no importan.“

Lo que Habacuc está diciendo es, “tengo preguntas sinceras, y yo quiero consultar al que me las puede contestar. ¿Por qué me haces ver la iniquidad?, ¿Por qué me haces mirar la opresión?”

Nos encontramos en el principio del libro donde vemos este diálogo entre Dios y Su profeta, una mirada muy íntima a las preguntas que este hombre hace a Dios. Algunas de sus Biblias tendrán un título para este párrafo: “la queja de Habacuc.”

La queja de Habacuc. Él comienza derramando su corazón a Dios y lo notamos con las primeras dos palabras del versículo 2: “Oh Señor”. Oh Señor.”… Veremos esta pequeña frase seis veces en el libro de Habacuc.

Este es el clamor de un hombre desesperado. Se dice que sus oraciones son las oraciones más fervorosas. “Oh Señor.“ Ahora bien, notemos que Habacuc no clama a Judá, quien inicialmente es el pueblo por el que él está preocupado. Ellos son las personas sobre la que él habla en los primeros versículos; son las personas que han pervertido los caminos de Dios.

Ellos no están viviendo como creyentes.

Habacuc tampoco clama a los babilonios o a los caldeos, a quienes Dios va a usar para traer juicio a Judá. ¿A quién clama Habacuc? Él clama a Dios: “Oh Señor.”

La carga que se produce en su corazón al ver a su alrededor se vuelve una intercesión —se torna en una oración. Es lo que dice Oswald Chambers en “» En pos de lo Supremo” » [My Utmost for His Highest.]

No lo estoy citando exactamente, pero él dice que cuando Dios hace que te apercibas de una situación y pone la carga en tu corazón o en tu mente, Su meta es que la conviertas en intercesión.

“Oh Señor, yo veo esto. Estoy preocupada por esto. No entiendo esto. Oh Señor.” Habacuc sabe que Dios tiene el control. Él sabe que el Señor es el único que en realidad puede hacer algo con sus preocupaciones.

Entonces él dice, “»Oh Señor».” Él dirige su oración al que puede hacer algo por su situación. Y al ir directamente al Señor, él obtendrá Su perspectiva sobre lo que está ocurriendo a su alrededor.

“Señor, ¿cómo ves esto?” ¡Pregúntale a Dios! Medita sobre lo que está pasando en tu vida y pregúntale al Señor, “Señor ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué me estás tratando de decir?¿Qué estás tratando de hacer?

Él recibe el mensaje para ese día. Él obtiene la dirección para su ministerio. Él consigue Su consejo; obtiene su ayuda yendo directamente al Señor. “Oh Señor, oh Señor. “

Pienso en las personas que escriben a Aviva Nuestros Corazones con algunas preguntas y problemas realmente difíciles; ellas se desahogan acerca de esto o aquello que les está sucediendo. Lo leo, y solo pienso, “»Oh Señor, ¿qué hacer? ¿Qué decir?» “ y algunas veces lo mejor que podemos decir a estas mujeres es, ”¡Pregúntale al que sabe! Nosotros no podemos resolverlo, pero Dios tiene una respuesta. Dios conoce los misterios. Él sabe cómo resolverlo. ¡Ve a Él, acude a Él!“

Dile, “oh Señor.” Y viene a mi mente ese himno que dice: «¡Vives débil y cargado

De cuidados y temor? A Jesús, refugio eterno, Dile todo en oración. “¡Cuánto nos preocupamos y nos estresamos y luchamos y nos llenamos de ansiedad y y nos agitamos al contarle a otros nuestras cosas hasta que nos hacemos un manojo de nervios, cuando todo lo que necesitamos es decir “oh Señor!»

“Oh Señor. ¿Qué hacer? ¿Cómo debo ver esto! ¿Cómo responder?“ ¿Quieres un entendimiento de tus circunstancias? Pudieras estar en una situación imposible ahora mismo en el ámbito de tu vida.

¿Quieres entenderlo? ¿Quieres saber cómo responder a las circunstancias de la vida? ¿Quieres saber cómo entrenar a tus hijos cuando se encuentran en esa etapa imposible y nada parece funcionar?

Clama: “Oh Señor. ¿Qué hago? ¿Qué me estás diciendo?¿Cuál es tu propósito?¿Qué quieres? Oh Señor. “

¿Quieres saber cómo ministrar a una amiga en necesidad —a una hermana que te está llamando y te está diciendo: “mi matrimonio se está destruyendo” y tú no sabes qué decir porque no estás allí. No puedes escuchar ambos lados de la historia.

Aun si supieras todos los hechos, no sabes qué hacer. ¿Quieres saber cómo ministrar ánimo y gracia? No solo le des una cantaleta con tus opiniones personales. No le digas simplemente: “bueno, yo creo…”

Ayúdense una a la otra a llegar al trono de la gracia, al trono de Dios donde se puede encontrar misericordia y gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad diciendo, “Oh Señor.” La ministración efectiva de otros proviene de la comunión con Dios.

Ora por esa situación, y di: “Oh Señor, ¿qué debo hacer? ¿Cuál es Tu perspectiva? ¡Búscalo a Él. Escúchalo a Él. Dile, “Oh Señor!”

Necesitamos recordarnos a nosotras mismas que en última instancia, la paz y la perspectiva y las respuestas que necesitamos sobre los misterios de la vida no se encontrarán yendo a un consejero o a un terapeuta o leyendo un libro o desahogándonos con una amiga o un amigo confiable.

En última instancia, la perspectiva, la paz, las respuestas que necesitamos las vamos a encontrar al ir al maravilloso consejero, en clamor diciendo, “¡Oh Señor! ¡Oh Señor!”

Él dice,

Habacuc dice, ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)

En esos dos versículos, Habacuc le hace a Dios dos preguntas fundamentales, y estas dos preguntas han sido hechas innumerables veces a través toda la historia de la raza humana. ¿Cuáles son estas dos preguntas?

La primera es : ¿Hasta cuándo? Y ¿Cuál es la segunda? ¿Por qué? Hasta cuándo y por qué. Habacuc hace estas preguntas repetidamente. Al final del capítulo 1, él dice: “¿Seguirá esto para siempre?“ ¿Hasta cuándo?

¿Por qué? Él pregunta otra vez en el versículo 13 del capítulo 1”¿por qué?” ¿por qué Dios no escucha? ¿Por qué Dios no socorre? Entonces Habacuc se encuentra a sí mismo enfrentando el desafío de la oración no contestada y la aparente indiferencia de Dios.

A Dios no parece importarle. No parece estar poniendo atención. Piensa en Joni Eareckson y como justo después de su accidente, en esos primeros días, ella clamaba a Dios, ¿Por qué? ¿Por qué a mi?

Y ella confesó cómo luchaba con el silencio de Dios. Dios no escribió ninguna respuesta en el cielo. Dios no envió ningún mensaje grabado, “bueno esto es lo que tengo en mente. He aquí lo que voy a hacer.” Los cielos parecían estar hechos de cobre; parecía imposible que Dios escuchara su clamor.

A veces tú oras por tu pareja o por tu niño o por tu empleo o tu iglesia o tu salud, y sientes como si tus oraciones no fueran a ninguna parte.

“Señor, ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo tengo que seguir orando y Tú sin contestar? ¿Hasta cuándo voy a clamar a Ti y no me das respuesta?”

¿Acaso no tenemos todas esas promesas en la Biblia donde Dios nos dice “»ora por eso y te contestaré. Clama a mí y te responderé» ?”

Pero si somos honestas ¿no es cierto, que a veces nuestras experiencias parecen contradecir esas promesas? ¡Seamos honestas! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche o conteste mis oraciones.”

Luego están las ocasiones en las que pedimos cosas que parecen estar alineadas con la voluntad de Dios, pero nada sucede —hasta donde podemos ver. O quizás sucede lo opuesto. Estás orando por algo, y luego parece que Dios hace exactamente lo opuesto.

Recuerdo hace unos años atrás cuando estuve orando por algo junto con un número de personas por mucho, mucho tiempo. Y luego la puerta se cerró totalmente, daba la impresión de que Dios hubiera causado un resultado el 100% contrario a lo que habíamos estado pidiéndole durante todos esos meses.

Les puedo decir que durante meses después, difícilmente podía leer mi Biblia porque cada vez que llegaba a esas promesas donde dice que Dios escucha y responde la oración, me sentía burlada.

Ahora, dentro de mi cabeza y de acuerdo a mi teología, sabia que no podía decir: “Dios no escucha, ni responde la oración,” pero así era que me sentía. Me sentía como “¿por qué puso Dios estas promesas en la Biblia? Parecen no tener veracidad alguna.”

Entonces, la siguiente pregunta es: “¿De qué sirve la oración?” ¿Por qué orar? ¿Por qué seguir orando? ¿En verdad hará algo la oración?¿Valdrá la pena continuar batallando en oración por la salvación de mi marido? O ¿Por el arrepentimiento de mi hijo o de mi hija? ¿Por un cambio en esta situación, por un avivamiento en mi iglesia?

Parece como si no pasará nada. Habacuc le dice a Dios: “»Estoy angustiado por la violencia y la corrupción que veo a mi alrededor, y Dios, te lo digo; clamo por ayuda, pero no hay muestras de que me escuches, y si me escuchas, no estas haciendo nada al respecto».”

Él dice “¿no salvarás?,” podemos escuchar el dolor en la voz de Habacuc, el corazón dolido. Su plegaria, “Dios, ¿por qué no haces algo?”

Algunas veces parece que Dios no está haciendo nada por el sufrimiento, la injusticia, y el abuso a nuestro alrededor. ¿Será Dios olvidadizo? ¿Sabrá Él lo que sucede alrededor? Y decimos, “por supuesto que sabe. Él es omnisciente. Él lo sabe todo.”

Bueno, pues si Él lo conoce todo, entonces ¿será que no le importa? Bueno, si, por supuesto. Él ama y se preocupa por nosotros. Bueno, pues si le importa, ¿será que es impotente para hacer algo sobre esta situación? Bueno, no, Él es todopoderoso. Bueno, pues si Él es todopoderoso, ¿Por qué no interviene?

Y de esta forma nos envolvemos en un círculo de preguntas sin respuesta, y cualquiera de esas posibilidades —la que “Dios no escucha” o que “a Dios no le importa” o “Dios es impotente” o la de que Dios simplemente ha decidido no intervenir— cualquiera de esas posibilidades hace que Dios quede mal parado.

Se estremece tu mundo. ¿Por qué Dios no salva ese hijo?¿Por qué Dios no cambia la situación?

No hace mucho tiempo tuve una conversación con una pareja que estuvo en el ministerio pastoral. Él había sido pastor por muchos años y luego él tuvo una cirugía de corazón, había sufrido casi un infarto y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.

Como resultado, tuvo que dejar el ministerio, ya que físicamente no pudo continuar con las presiones que este le exigía. Ellos eran una pareja joven, y a raíz de esto vieron como él no pudo encontrar empleo. Tampoco ella pudo encontrar un empleo.

Estaban relatándome su historia, mientras cenábamos juntos esa noche, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ella me describía la depresión en la que él había caído, después de años de servir al Señor.

La recuerdo diciéndome, “nos sentimos tan abandonados por Dios. Oramos; clamamos; miramos alrededor; y no podemos encontrar respuestas. Nos sentimos abandonados por Dios.”

¿No es así como ocurre algunas veces? Clamamos. Y aparentemente no hay respuesta, entonces asumimos que Dios no ha escuchado o que no está salvando, y terminamos desilusionadas con Dios.

Sentimos que nos ha abandonado, y en ocasiones, desafortunadamente, el próximo paso es que comencemos a acusar a Dios. Levantamos el dedo hacia Él y lo acusamos falsamente.

Es aquí donde entramos en peligro acusando a Dios falsamente, en el peligro de acusar a Dios, de algo que hizo mal, solo porque no ha llenado nuestras expectativas y nuestras demandas.

“Dios, no me escuchas,” dice Habacuc. “no salvarás. Ignoras la maldad”. Esto me recuerda la historia de Marta y María en Juan capítulo 11 cuando ellos llamaron a Jesús porque su hermano Lázaro estaba enfermo.

Ellas sabían que Jesús podía sanarlo, Él podía hacer algo al respecto, pero Jesús, por razones insondables, decidió quedarse donde estaba unos cuatro días más. Para el tiempo cuando Él llegó a Betania, Lázaro había muerto. Primero Martha y luego María le dicen a Jesús “Señor, si hubieras estado aquí esto no hubiera pasado. Nuestro hermano aún viviría.” Lo que quisieron decir fue, “¿Por qué? ¿Por qué no hiciste algo? ¿Por qué no te importó?

Otra vez el sentimiento de quizás acusar a Dios por el mal. En contraste, pienso en el capítulo 1 de Job. ¿Recuerdan cuando Job enfrentó crisis tras crisis en su vida, una después de la otra?

La Escritura dice que en medio de todo esto, Job no pecó ni acusó a Dios por el mal. Ahora, eso cambió más adelante en el libro del Job, pero al principio él nunca acusó a Dios por el mal. Él supuso que Dios sabía lo que él desconocía.

Bueno, muchas veces no vemos esto. Solo tenemos nuestra perspectiva de las cosas. Decimos, “Señor, ¿será que no te importa? Si hubieras estado aquí… por qué no hiciste algo?»

De manera que tenemos este desafío con los sufrimientos y con el dolor y con los problemas a largo plazo; con esos que perduran.

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios en el día malo o en situaciones de corto plazo. Pero cuando tienes un sufrimiento prologado, la cosa se pone difícil.

Cuando tienes a ese padre envejeciente cuya vida pende de un hilo o atraviesa tanto dolor. El padre o la madre que está a punto de morir de cáncer y que está débil y que tú dices, “Señor, por qué no te lo llevas? ¿Por qué permites que sufra así?”

Es a largo plazo.. en el sufrimiento que se prolonga. Se trata de ese hijo o esa hija que se ha alejado de Dios por años y ha creado un desastre y dolor en tu familia. Y tú clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a Ti, Señor, pero aún así, no haces nada.” Es esa la pregunta “¿Hasta cuándo?”.

“No escucharás”. Habacuc acusa a Dios de no escucharlo. En última instancia, al ir por este libro, veremos que Habacuc se da cuenta que él no había estado escuchando a Dios.

Dios lo había estado escuchando, pero él necesitaba aprender a escuchar a Dios; de eso se trata la oración. Se trata de aprender a escuchar a Dios. Sí, expresándole nuestras preguntas sinceras y luego escuchando lo que Él tiene que decirnos. Cuando le escuchamos, Él nos da Su perspectiva.

Entonces Habacuc clama persistentemente, él clama a Dios de manera prolongada. Y aparentemente no hay respuesta. A fin de cuentas, Dios va a responder, pero Él dice, “No voy a responder necesariamente de inmediato, y no responderé de la manera que tú esperas, necesariamente,.

Mientras leemos todo el libro de Habacuc, vemos que Dios no contesta todas las preguntas de Habacuc.

(Y a propósito espero que tú estés haciendo lo mismo con nosotras en estas semanas. Te quiero animar no solo a que leas una vez, sino que lo leas una y otra vez para que aprendas a tratar con lo que Habacuc trató).

No significa que Dios no conozca las respuestas, pero no se las da todas a Habacuc, y las respuestas que Dios si le da levantan aun más interrogantes como veremos al adentrarnos más en el capítulo 1.

Quiero decirte que Dios no va a contestar todas tus preguntas. Si conocieras todas las respuestas, serías Dios y no necesitarías de Él. Dios no responderá todas tus preguntas, pero te diré lo que si hará.

Mientras le haces preguntas a Dios y mientras luego lo escuchas, Él se revelará a ti. Dios le dio a Habacuc una perspectiva más amplia y eterna que lo ayudó a continuar y lo capacitó para hacerlo, aun sin conocer todas las respuestas.

Dios te quiere dar una perspectiva que te capacitará para enfrentar tu situación; para enfrentar tus circunstancias, aun sin conocer todos los “porqués”. Habacuc en última instancia, llega a un punto de poder adorar sin entender todo lo que sucede.

Eso requiere fe el tipo de fe que puede adorar cuando no sabes las respuestas es la que agrada a Dios. Joni Eareckson dijo en esos primeros días: “A menos que encontrara respuesta, no podía entender cómo Dios podía ser digno de confianza.”

Y a eso se reduce todo, Es a esa pregunta: “¿Es Dios digno de mi confianza?”¿Se puede confiar en Dios? Quiero decirte que la respuesta es un rotundo, SI!

Él puede ser confiado. Él es digno de tu confianza. Y mientras le haces tus preguntas honestas —sin acusarlo, sino colocándote en una posición donde Dios pueda revelarse a ti y pueda darte Su perspectiva sobre las circunstancias— encontrarás que si se puede confiar en Dios. Y entonces tu preocupación se tornará en adoración. Ya no habrá mas “por qué”, sino “Dios, yo te adoro a Ti.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss pone nuestra mirada donde necesita estar –aun si hay problemas sin resolver en la vida, problemas que no se irán, u oraciones sin respuesta. Nancy regresará en un momento.

Muchas mujeres están descubriendo palabras de vida a través de series como estas de Habacuc que escuchamos hoy. ¿Es correcto preguntarle a Dios “por qué? Escucha lo que Nancy tiene que decir acerca de esta pregunta mientras nos enseña sobre el libro de Habacuc en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora está ella de vuelta para orar.

Nancy: Señor, gracias que no respondes a todas nuestras oraciones inmediatamente o en el tiempo que nosotras escogemos y de la forma que elegimos. Como lo dijo un escritor, “si lo hicieras, seríamos unos cristianos empobrecidos”.

No te conoceríamos. No tendríamos el tipo de fe que nos vemos obligadas a desarrollar cuando no podemos ver las respuestas. Cuando no podemos ver todas las respuestas. Por eso Señor, en nuestro cuestionar, recuérdanos siempre que Tú eres digno de nuestra confianza.

Te dejamos las respuestas a Ti. Ponemos nuestros problemas, nuestras preguntas, esos misterios sin resolver, a tus pies. Y queremos ver a través de nuestro estudio de este libro que podemos confiar en Ti.

Que nuestras quejas, nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra agitación, puedan convertirse en adoración al verte como en realidad eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Intercede Por Mi, Omar Salas, No me Dejarás, ℗ 2011 Omar Salas

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La Iglesia invencible

Jueves 9 Octubre

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
1 Juan 5:4-5


Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, a fin de… que fuese santa y sin mancha.
Efesios 5:25, 27

La Iglesia invencible


Cierto día, en una ciudad china, las autoridades mandaron quemar todas las Biblias y los libros cristianos. Pero las Biblias son libros gruesos y arden lentamente. Por ello, uno de los espectadores logró arrancar una página a una Biblia que estaba consumiéndose.

Fue así como, durante años, la iglesia clandestina de esta ciudad solo dispuso de esta única página de las Sagradas Escrituras. Era la página en la que el apóstol Pedro, después de haber declarado que Jesús es el Hijo del Dios viviente, recibió la hermosa respuesta: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Pudieron vivir la realidad de esta promesa a pesar de la furia de un gobierno totalitario.

Desde el comienzo, la Iglesia, es decir, el conjunto de los que creen en Jesucristo, ha tenido muchos enemigos que quieren destruirla, desde los emperadores romanos hasta los regímenes anticristianos de nuestra época. Pero los imperios pasan y la Iglesia permanece. A veces tiene que esconderse, agachar la cabeza bajo el peso de las persecuciones. En los países prósperos, donde reinan la inmoralidad y la arrogancia, muchos se burlan de ella, e incluso blasfeman. Pero la Iglesia sabe que está del lado del Vencedor, de Jesús glorificado en el cielo. Por ello espera paciente el regreso de su Señor. “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero… Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:10-11).

Deuteronomio 4:1-24 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

9 – Filadelfia, triunfarás

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Cartas a las 7 Iglesias

9 – Filadelfia, triunfarás

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://porGracia.es/

3/10 – «Pan de vida»

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: El Yo soy de los tiempos

3/10 – «Pan de vida»

Juan 6:35″

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

https://www.iglesiabautistacastellana.org/

Qué podemos aprender de los liberales

The Master’s Seminary

Qué podemos aprender de los liberales

Nathan Busenitz

Cada primavera, en mi clase de historia de la iglesia, nos toca estudiar una breve descripción de los teólogos alemanes del siglo 19 y principios del siglo 20.

Es una especie de cátedra deprimente, ya que vemos la triste historia de la intersección entre el escepticismo y la erudición, podemos ver la catástrofe que desató la duda y la incredulidad desenfrenada. Y cómo a pesar de vivir en el mismo país de la Reforma, muchos teólogos protestantes alemanes abandonaron las doctrinas históricas del cristianismo bíblico debido a la popularidad del racionalismo de la Ilustración. Al hacerlo, naufragaron sus propias almas y devastaron la fe de millones de personas.

Promotores de la alta crítica, como Johann Eichhorn y David Strauss, negaron la inspiración y la infalibilidad de la Biblia. Según ellos, Moisés no escribió el Pentateuco y los cuatro evangelios no fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas o Juan. Para empeorar las cosas, sugirieron que el Jesús de la Biblia no es el mismo que el Jesús real de la historia. En su «búsqueda del Jesús histórico,» los críticos crearon un «Jesús» de su propia imaginación, y en esencia trataron de reducirlo a un buen tipo que nunca pudo hacer un milagro, nunca afirmó ser Dios y fue mal interpretado en gran parte por el judaísmo del primer siglo.

Por otra parte, teólogos liberales como de Friedrich Schleiermacher a Albrecht Ritschl, trataron desmantelar las verdades de la Biblia. En gran parte buscaban una nueva base sobre sobre la cual basar su nueva versión artificial del cristianismo. Algunos encontraron tal base en la experiencia personal de la filosofía del romanticismo mientras que otros lo encontraron en la ética moral del evangelio social. Pero al negar las principales doctrinas del cristianismo (como la muerte sustitutiva de Cristo y su resurrección corporal), el liberalismo negó la esencia misma del mensaje del evangelio (cp. 1 Corintios 15:3-4). Como Richard Niebuhr lo explicó al resumir el derrumbe de la teología liberal, el liberalismo afirma que: «Dios sin ira trajo hombres sin pecado a un reino sin juicio a través de las ministraciones de un Cristo sin cruz» (The Kingdom of God in America, 193).

Como se puede imaginar, el material en esta clase es como ver un choque de trenes catastrófico…vemos cómo teólogo tras teólogo se salen y abandonan los rieles de los fundamentos más básicos del cristianismo bíblico.

Pero en medio del caos y la carnicería doctrinal, existen lecciones que podemos aprender de los teólogos liberales alemanes y promotores de la alta crítica, incluso si la mayoría de lo que podemos aprender es un ejemplo negativo.

7 lecciones que debemos aprender de los teólogos liberales alemanes:

1. La forma de evangelizar a los escépticos no es mediante el diluir el evangelio. Muchos de los teólogos liberales pensaron que podrían hacer el cristianismo más atractivo a luz de la filosofía racionalistas de la Iluminación si abandonasen la autenticidad histórica del texto y si llegasen a redefinir el evangelio como otra cosa que salvación del pecado por medio de Jesucristo (para hacerlo así menos ofensivo para las mentes modernas). Pero al hacerlo, terminaron deshicieron el mismo evangelio que pensaban que estaban ayudando a preservar.

2. La verdadera religión se puede perder en una sola generación. La mayoría de los liberales alemanes fueron los hijos de ministros protestantes ortodoxos. El hecho de que dieron la espalda a la fe de sus padres es trágico. Es por eso que yo le recuerdo a mis estudiantes en el seminario que en primer lugar necesitan asegurarse de que están pastoreando sus propias familias.

3. El liberalismo alemán no representa una forma divergente del cristianismo, sino que en realidad es una nueva religión. Si decimos que el evangelio no es histórico entonces ya no es el evangelio. El apóstol Pablo hace este punto claro en 1 Corintios 15, donde afirma que si Jesús realmente no hubiese resucitado de los muertos, entonces seríamos necios y nuestra fe vana.

4. Los liberales honraron la duda al llamarla noble y honestidad intelectual. En realidad, dudar la palabra de Dios es un pecado atroz, un pecado que Satanás mismo ha estado promoviendo desde el Jardín del Edén (Génesis 3). Dudar de la Palabra de Dios es hacer de Dios un mentiroso y es intercambiar el evangelio verdadero por un evangelio imaginario. Como Agustín dijo el hereje Fausto, «Usted debe decir claramente que no cree que el evangelio de Cristo. Pues el creer lo que le place y no creer lo que le place, es creerse a usted mismo y no en el evangelio» (Contra Fausto, 17.3).

5. El liberalismo alemán nos enseña que las ideas tienen consecuencias, y que las malas ideas tienen muy malas consecuencias. Millones de personas en los últimos siglos fueron trágicamente desviados a través de la influencia de los teólogos liberales. La advertencia de Santiago 3:1 ciertamente parece apta: «Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.»

6. El evangelio social de los liberales todavía está vivo  en muchas iglesias protestantes. El escepticismo de los críticos sigue siendo una parte muy importante de los estudios bíblicos en el mundo académico. Futuros pastores deben estar preparados a hacer frente a este tipo de errores con la verdad bíblica (Tito 1:9).

7. La alta crítica se basa en la noción de que la sabiduría del hombre supera a la sabiduría revelada por Dios. Éste es el colmo de la arrogancia, pero no es de sorprendernos, ya que el mismo Pablo señaló que la sabiduría de Dios parece locura al mundo (1 Corintios 1:18). Debemos protegernos contra la tentación de desear la alabanza mundana y elogio académico. Al ser fieles al evangelio seremos necesariamente considerados fuera de moda a los ojos de muchos de los principales pensadores filosóficos del día de hoy. Si bien debemos evitar el anti-intelectualismo, por un lado también debemos protegernos contra el encanto de todo lo que es popular en la comunidad académica secular.

Nathan Busenitz (Ph.D.) es profesor de teología histórica en The Master’s Seminary. Después de haber servido como asistente personal de John MacArthur, Nathan llegó a formar parte del profesorado de TMS en el 2009. Él y su familia viven en Los Ángeles, California.

Publicado originalmente en ingles aquí.

Nathan Busenitz

Nathan Busenitz

Nathan Busenitz is the Dean of Faculty and Associate Professor of Theology at The Master’s Seminary. He is also one of the pastors of Cornerstone, a fellowship group at Grace Community Church.

La perspicuidad de las Escrituras

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La perspicuidad de las Escrituras

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Una de las partes más importantes, pero a menudo la más olvidada, de nuestro orden de servicio en Saint Andrew’s Chapel es la oración de iluminación. En nuestra liturgia, la oración de iluminación se sitúa entre la lectura de la Escritura y el sermón. En nuestra oración, pedimos humildemente a Dios que ilumine Su Palabra para nosotros por el Espíritu Santo para que podamos escuchar, entender y aplicar correctamente lo que el Señor nos dice en Su Palabra. La razón por la cual es uno de los elementos más importantes de nuestro servicio es porque necesitamos desesperadamente que el Espíritu Santo nos ayude a entender Su Palabra. La razón por la que es quizás la parte más pasada por alto de nuestro culto es porque olvidamos con demasiada facilidad lo dependientes que somos del Espíritu Santo para ayudarnos a captar las gloriosas verdades de la sagrada Palabra de Dios.

Cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender.

El Espíritu Santo mora en nosotros y nos permite interpretar y aplicar Su Palabra, y es el Espíritu Santo quien nos conduce a toda verdad. Somos totalmente dependientes del Espíritu Santo. Sin Él, no podemos entender correctamente nada en Su Palabra. No necesitamos ser grandes eruditos para entender la Palabra de Dios, simplemente necesitamos ser niños nacidos de nuevo y humildes, en quienes habita el Espíritu Santo. Sin embargo, incluso como creyentes, sabemos que no todo en la Escritura es fácil de entender.

En teología, hablamos de la perspicuidad de la Escritura. La palabra perspicuidad, en pocas palabras, significa «claridad». Curiosamente, la palabra perspicuidad es una de las palabras más confusas que podríamos usar para hablar de claridad. Es más, cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender. Pero ese no es el caso. Lo sabemos por experiencia y porque la misma Palabra de Dios nos dice que no todo en ella es fácil de entender. La Confesión de Fe de Westminster (1.7) explica lo que creemos cuando hablamos de la perspicuidad de las Escrituras: «Todas las cosas en las Escrituras no son igualmente evidentes en sí mismas, ni igualmente claras para todos. Sin embargo, todas aquellas cosas que son necesarias obedecer, creer y observar para la salvación están claramente propuestas y expuestas en uno u otro lugar de las Escrituras, para que no solo los eruditos, sino también los que no son eruditos lleguen a una comprensión suficiente de ella mediante el debido uso de los medios ordinarios». En otras palabras, no todo en la Escritura es fácil de entender, pero lo que debemos entender para ser salvos es claro. Las declaraciones duras de Jesús no sólo se encuentran en los Evangelios, sino en toda la Escritura, ya que Jesús es el autor definitivo de la Escritura en Su calidad de Verbo eterno de Dios.

Fundamentalmente, lo que es tan difícil acerca de las duras declaraciones de Jesús no es nuestra incapacidad de entenderlas plenamente, sino de creerlas plenamente y obedecerlas plenamente. Es por eso que necesitamos la obra iluminadora del Espíritu Santo para ayudarnos no solo a entender la Palabra de Dios, sino también a obedecerla, amarla, aplicarla y proclamarla al vivir coram Deo, ante el rostro de Dios, para Su gloria.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/has-orado-por-eso/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Quizás tú podrás estar luchando con Dios por una situación en tu vida o en tu hogar o en tu iglesia. Y está bien luchar, siempre y cuando llegues al punto de abrazar y aferrarte fuertemente por la fe.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es Dios realmente bueno? ¿Realmente existe? Si Él de verdad existe, ¿por qué pasan cosas malas? Parece que muchas mujeres están haciéndose preguntas como éstas. Pero el concepto no es nuevo.

Un profeta bíblico también tuvo algunas preguntas muy serias acerca de la bondad de Dios. Conoceremos más sobre esto a medida que Nancy inicia un estudio llamado: Habacuc: del Temor a la fe.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes dirían que tienen una situación en su vida sobre la cual han orado por un largo, largo tiempo y parece que nada está pasando? Si yo les pidiera que levantaran sus manos…puedo asumir que casi todas las manos se levantarían. Nada parece cambiar, y tal vez en esta situación te sientes desalentada. Te preguntas, «¿Por qué Dios no está haciendo nada para cambiar esta situación?»

Tal vez sea que tienes un hijo o una hija que está tomando malas decisiones, y tú has orado y orado y orado, pero parece que ellos se están alejando cada vez más, yendo en la dirección contraria.

Tal vez, como algunas mujeres que nos han escrito, tú tienes un esposo que está tomando decisiones insensatas – un esposo que es adicto a la pornografía, o hace cosas que tú sabes que no son bíblicas. Y aún así dice ser cristiano. Tú has orado, Señor, cambia su corazón. Señor, háblale. Señor, por favor cámbialo. Por favor haz algo con esto». Pero parecería que nada está pasando.

Tal vez hay un conflicto en tu iglesia; y hay dos grupos y parece que sigue y sigue. Tienes a los Pérez por un lado y a los González por el otro, y no hay forma de unir estas dos partes.

Tal vez te sientas como algunas mujeres que nos han escrito diciendo, «entre los cristianos que conozco hay mucha falta de santidad, vemos muchas elecciones incorrectas hechas por creyentes o por supuestos creyentes, vemos acciones que no son piadosas». Y tú sigues orando.

Una mujer mayor me dijo esta mañana, «He estado orando por avivamiento en mi iglesia por años». Durante todos esos años me ha parecido que nada está pasando. Hay mucha mundanalidad. Hay indiferencia hacia las cosas de Dios. No hay pasión por las cosas de Dios. Aún así ella ha estado orando, pero parece como si Dios no estuviera haciendo nada.

Tal vez has tenido una experiencia donde Dios estaba haciendo algo, y era obvio que era Dios, pero lo que Dios estaba haciendo no tenía ningún sentido para ti. Parecía que Él se estaba moviendo en la dirección contraria o moviendo las cosas en la forma contraria a como tú sentías que Él debía hacerlo.

De hecho, vi una encuesta en internet esta semana donde se le preguntó a varias personas, «¿Qué te gustaría preguntarle a Dios?» Surgieron diez preguntas que la gente quisiera preguntarle a Dios.

La pregunta número uno, como ya se imaginarán, fue, «¿por qué no detienes el dolor y el mal? ¿Por qué permites que estas cosas sucedan? ¿por qué permites que sucedan desastres? ¿Por qué Dios? Sabemos que Tu mano está sobre todo. Creemos que Tú eres Dios. Creemos que Tú eres todopoderoso pero hay cosas que no tienen sentido. ¿Por qué?»

En las próximas semanas, queremos llegar a conocer en las Escrituras a un hombre que tuvo muchas preguntas, un hombre que supo lo que era orar y orar y orar por algo y ver que no parecía ocurrir ningún cambio. De hecho, parecía que empeoraba, y cuando Dios finalmente se reveló a sí mismo, las respuestas de Dios no tuvieron ningún sentido para el razonamiento de este hombre.

El nombre de este hombre es Habacuc. Quiero pedirte que vayas en tu Biblia al libro de Habacuc. Puede que se encuentre en un lugar en tu Biblia donde las páginas tienden a pegarse; porque no es un libro que frecuentemente leamos. Está en el Antiguo Testamento, escondido en una sección de la Biblia que llamamos los Profetas Menores -no porque sean profetas poco importantes, sino porque son libros más pequeños.

Al final del Antiguo Testamento encontrarás el libro de Habacuc, y consta solo de tres capítulos. y te preguntarás, «¿cómo podemos pasar varias semanas viendo solo tres capítulos?» Bueno, espera y verás.

Ahora bien, estos tres capítulos del libro de Habacuc son realmente un intercambio íntimo entre el profeta Habacuc y Dios. De hecho, este es el único profeta del Antiguo Testamento donde el profeta nunca se ve hablándole al pueblo, en lugar de ello él habla solamente con Dios acerca de su perspectiva de la situación.

De manera que este intercambio que se da entre Habacuc y Dios es como si se leyera el diario de oración de Habacuc. Obtenemos un vistazo del corazón de este hombre. Pero también es como leer el diario de Dios porque obtienes un vistazo del corazón de Dios.

Habacuc mira a su alrededor en su tiempo, y él se abate. Él ve cosas que le preocupan. Él está abatido por el comportamiento poco piadoso de la gente que se llama a sí misma el pueblo de Dios. Así que él le hace unas preguntas a Dios, preguntas honestas, y él lucha con unas situaciones difíciles. Él explora el corazón y los caminos de Dios.

Permítanme darle una sinopsis del libro de Habacuc. Habacuc vivió aproximadamente 600 años antes de Cristo. Él fue contemporáneo de un hombre mucho más conocido para la mayoría de nosotras: Jeremías, al que conocemos como el profeta llorón, un profeta que tiene inquietudes muy similares a las de Habacuc.

Cerca de los años 600 a.C. – esto fue hacia finales del Imperio Asirio. Recuerden que los asirios conquistaron la nación de Israel, al norte en Palestina. El Imperio Asirio era la potencia mundial.

Pero en este mismo tiempo había una nueva potencia mundial emergiendo, estos eran los babilonios.

Dependiendo de tu traducción, en el libro de Habacuc podrás leer acerca de los babilonios o de los caldeos, se trata del mismo grupo de personas. Los caldeos, o los babilonios, apenas estaban emergiendo como una potencia mundial.

De hecho, en el 586 a.C. ellos conquistaron Judá llevándola cautiva. En este momento donde se encontraba Habacuc esto aún no había sucedido, pero va a ocurrir. Dios lo sabía y va a revelarle Sus planes a Su siervo Habacuc.

Así que se le revela a Habacuc lo que Dios va a hacer, y él interactúa con Dios. Él intercede. Él dice, «Dios, ¿por qué estás haciendo esto? Quiero conocer Tus caminos».

Verán en este libro que es correcto hacerle preguntas honestas a Dios, batallar con Dios, luchar con preguntas serias. En este proceso, si decidimos hacerle preguntas a Dios si hacemos esto honesta y humildemente, encontraremos que conoceremos algo sobre Dios que de otra forma nunca llegaríamos a saber.

Hay una progresión en el libro de Habacuc. Nosotras vemos esta progresión del capítulo uno al capítulo tres. Warren Wiersbe escribió un libro sobre el libro de Habacuc, y él lo tituló «De la Preocupación a la Adoración». Ese título describe la progresión que vemos en el libro – que va de la preocupación a la adoración.

Martyn Lloyd-Jones, un gran predicador de la generación pasada, también escribió un libro sobre Habacuc, y lo tituló «Del Temor a la Fe». De la preocupación a la adoración; del temor a la fe. Esta es la progresión que verán del capítulo uno al capítulo tres de Habacuc.

Así que espero que ustedes nos acompañen durante toda la serie porque si solo escuchan la primera parte, solo obtendrán la preocupación y el miedo. Pero queremos permanecer y seguir adelante hasta ver cómo Habacuc llega a un estado de adoración, de fe y de gozo.

Una de las cosas que amo del libro de Habacuc es que contiene semillas de muchas, muchas verdades y doctrinas del Antiguo Testamento, en tan solo estos tres cortos capítulos. De manera que vamos a ver muchas cosas, muchos conceptos que podrás leer en otras partes de las Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento… Aquí ustedes verán la semilla, tendremos un pequeño atisbo de estos conceptos en el libro de Habacuc.

En este libro también aprendemos mucho sobre el carácter de Dios, sobre sus caminos. Permítanme listarles algunos de los temas. He estado estudiando el libro de Habacuc durante los últimos meses, y estos son algunos de los temas que han surgido.

Dos temas importantes que corren paralelamente a través del libro son el juicio y la salvación. De hecho, al estudiar la Palabra de Dios, encontrarás que estos temas corren a través de todas las Escrituras. Donde veas a Dios juzgando, también verás a Dios salvando, porque no hay salvación sin juicio. Juicio y salvación.

Aprendemos mucho acerca del juicio de Dios, un tema que no es muy popular al día de hoy.

¿Por qué Dios juzga?

¿Cómo son Sus juicios?

¿Por qué debemos adorar a Dios por sus juicios?

Pero, alabado sea Dios… Él no es solo un Dios que juzga. Él es también un Dios salvador. Él es un Dios redentor. Un Dios que busca salvar a Su pueblo. Veremos unas verdades preciosas acerca de la salvación a medida que estudiamos juntas el libro de Habacuc.

Aprenderemos también muchas cosas acerca de Dios. A medida que leas el libro de Habacuc, o cualquier otro libro de las Escrituras, quiero animarte, a que escribas o te hagas una imagen mental de «¿qué es lo que Dios me quiere enseñar con esto?¿Qué me enseña este versículo acerca de Dios? ¿Qué me enseña este capítulo o este libro sobre Dios?»

Solo en el libro de Habacuc:

Veremos que Dios es eterno y lo que eso significa, veremos lo que esto implica.

Veremos que Dios es soberano.

Veremos la santidad de Dios. Habacuc pudo vislumbrar la maravillosa santidad de Dios.

Veremos el poder de Dios.

Veremos la ira de Dios.

Veremos la asombrosa misericordia de Dios.

Veremos mucho acerca de Dios en estos tres capítulos.

También aprenderemos mucho acerca de la fe. ¿Qué es la fe? ¿Cómo trabaja? ¿Por qué es tan importante? De hecho la fe, como veremos, es el tema central del libro de Habacuc.

Aprenderemos algo acerca de esperar, algo que la mayoría de nosotras no hacemos muy bien, algo que no nos gusta hacer. Pero aprenderemos cómo esperar en el Señor.

Aprenderemos sobre el sufrimiento. De hecho, desarrollaremos una teología del sufrimiento a medida que estudiamos este libro -por qué Dios envía adversidad a nuestras vidas y cómo tratar con ésta.

Pero no solo vamos a aprender acerca del sufrimiento y la adversidad. También vamos a aprender acerca del gozo, cómo obtener gozo en medio del sufrimiento y la adversidad.

Aprenderemos mucho en este libro sobre la oración y acerca del problema de la oración no contestada o cuando Dios tarda en responder la oración.

Aprenderemos acerca de la alabanza y la adoración y acerca del plan cósmico de Dios para revelar Su gloria en este mundo, sobre los grandes propósitos y el plan de Dios. Nos veremos a nosotras mismas y nuestro pequeño mundo y veremos que Dios tiene un plan mucho más grande y mucho mejor, superior; y veremos cuál es ese plan.

Aprenderemos acerca de la ley de siembra y cosecha, acerca de la retribución divina. Cosecharás lo que siembras. Aprenderemos sobre la depravación del hombre. Aprenderemos acerca del triunfo final del bien sobre el mal.

Aprenderemos también acerca de un concepto que los teólogos llaman teodicidad. Tal vez esta palabra no sea familiar para algunas ustedes, pero es una rama de la teología que defiende la bondad de Dios y su justicia ante la existencia del mal. ¿Cómo puede un Dios bondadoso, un Dios justo, permitir que sucedan cosas malas? Estudiaremos juntas acerca de esto.

Tomaremos un tiempo explorando estos temas, e iremos versículo por versículo, frase por frase, por todo el libro de Habacuc. Así que quiero animarlas, en estas próximas semanas, a que estudiemos juntas, y no simplemente a que me escuchen enseñar el libro de Habacuc. Quiero animarlas a encontrar Habacuc en sus propias Biblias, a abrirla y estudiarlo, leerlo una y otra y otra vez.

Mi Biblia ya se abre sola en el libro de Habacuc en este momento porque ahí es donde he estado por más de tres meses, examinándolo, meditándolo, memorizándolo. Y si escudriñan conmigo a medida que vemos el libro de Habacuc, estoy segura que le sacarán mucho más provecho.

Cuando ustedes escuchan la Palabra de Dios en su iglesia o en Aviva Nuestros Corazones o en una emisora de radio cristiana, no se conformen con ser alimentadas a cucharadas, no se conformen con dejar que otra persona prepare toda la comida y ustedes solo tengan que tomarla. Eso es lo que hacen los bebés. Hay que alimentarlos a cucharadas. Pero yo quiero animarlas a crecer espiritualmente y a aprender a alimentarse por ustedes mismas.

Algunas de ustedes se van a preguntar, «¿de dónde sacó ella esta enseñanza del libro de Habacuc?» Bueno, lo hice de la misma forma que ustedes pueden hacerlo. Te sumerges en la Palabra de Dios. Te arrodillas delante del Señor con humildad. Le dices, «Señor, no entiendo esto, ¿Tú me enseñarías?

Pídele al Espíritu Santo en ti que te enseñe la Palabra y los caminos de Dios. Ponla bajo un microscopio. Examínala. Permanece en ella. Centra tu atención en ella. Observa palabras y frases repetitivas.

Yo todavía estoy descubriendo cosas acerca del libro de Habacuc, y no estoy del todo lista para enseñarlo porque aún estoy aprendiendo cosas nuevas. Pero decidí que había llegado el momento de enseñar todo esto y mientras lo estudiemos juntas, sé que estaremos aprendiendo más cosas nuevas.

Bueno ahora, empecemos con Habacuc capítulo 1, versículo 1. Es todo lo que veremos en el día de hoy. El versículo 1 dice, «profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc».

Habacuc: esta palabra significa «el que lucha» o «el que abraza». Las Escrituras casi no nos dicen nada del hombre que era Habacuc. Lo único que sabemos de él es lo que encontramos en este libro, y no hay mucho allí acerca de su vida personal.

Pero su nombre significa «el que lucha» o «el que abraza» o «el que sostiene fuerte» Así que nos preguntamos, «¿fue Habacuc alguien que abrazó o alguien que luchó? La respuesta es sí a ambas cosas.

Al principio del libro encontramos que Habacuc es un hombre que está luchando con Dios. «Dios, no te voy a dejar ir hasta que me des algunas respuestas». Él lucha con Dios.

Pero el llega al punto de abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Dios por la fe y diciendo, «Señor, aunque no tenga todas las respuestas, confío en ti».

Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Tú tal vez estés luchando con Dios por una situación en tu vida, en tu hogar o en tu iglesia. Está bien luchar mientras llegues al punto de abrazar o de aferrarte fuertemente a la fe.

«Profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc». Esta palabra de «profecía» no la usamos todos los días. En algunas de sus traducciones, se traduce «carga», «la carga que vió Habacuc profeta». [Reina-Valera Antigua]. La palabra en Hebreo significa «una carga; algo pesado».

Cuando leemos los profetas del Antiguo Testamento, vemos que ellos tienen usualmente una carga [un pesar] que deben expresar -algo que Dios pone en sus corazones que tiene que salir. Es algo que tiene un peso divino. Es un mensaje, pero usualmente es un mensaje duro porque usualmente es un mensaje de juicio.

Una profecía en contra del pueblo o una profecía en contra de las naciones; ustedes encontrarán esta frase en el Antiguo Testamento. Era un anuncio de que Dios traería juicio al pueblo. Era una profecía, la carga que el profeta Habacuc vio.

Este tipo de profecía, este tipo de carga o mensaje no es fácil de recibir. Es uno difícil para recibirlo de parte de Dios. Pero es aún más difícil transmitirlo a otros, dar este mensaje duro de parte de Dios.

Pero cuando Dios pone ese tipo de carga o de mensaje en tu corazón, te das cuenta que no tienes otra opción que no sea la de recibirlo y transmitirlo porque es el mensaje de Dios. Es un mensaje, es una carga que es dada por Dios.

De manera que cuando los profetas del Antiguo Testamento tuvieron este tipo de cargas que Dios les dio, ellos transmitían este mensaje con autoridad divina. No era Habacuc hablando, ni Jeremías ni Isaías ni Malaquías. Era Dios hablando. El mensaje llevaba una carga divina porque era Palabra de Dios.

Algunos de los contemporáneos de Habacuc prefirieron dar mensajes más suaves; ustedes pueden leer acerca de estos en el Antiguo Testamento. Ellos eran los que decían, «Paz, paz. Todo va a estar bien. Queremos que se sientan bien con ustedes mismos». Ellos predicaron mensajes que la gente quería escuchar.

Puedo imaginarlos a ellos comentando sobre un mensaje de Habacuc, o de Isaías, o de Jeremías, de estos mensajes dados por Dios, «Esa no es la forma de atraer gente a tu iglesia. Ese es un mensaje cruel. Esa no es la forma de atraer a las multitudes. Guarda ese mensaje para otro día de la semana cuando los visitantes no estén aquí. No queremos ofender a la gente. No queremos que se vayan porque este mensaje es difícil de escuchar».

Recuerdo cuando primero comenzamos Aviva Nuestros Corazones años atrás, una de las cosas que Dios puso en mi corazón era que Él me iba a dar Su mensaje de Su Palabra, y que era mi trabajo ser fiel en transmitirlo aun si a la gente le gustaba o no, aun si fuera fácil o difícil de escuchar , aun si lo recibieran bien o no.

Estaba conversando con unas personas que me decían, «si quieres entrar en ciertas estaciones de radio, tienes que hacer más de esto en tu programa». Ahora bien, no había nada esencialmente malo con lo que ellos estaban sugiriendo que hiciéramos, pero mientras escuchaba, pensaba, «Oh, Señor, no quiero ser motivada por lo que se requiere para poder entrar a ciertas estaciones de radio o por lo que es necesario hacer para que un editor publique mi libro. Quiero ser motivada primero por lo que hay en Tu corazón. ¿Qué es lo que Tú quieres que hagamos?»

Quiero ser movida por lo que la gente necesita escuchar. No necesariamente por lo que ellos quieran escuchar, sino por lo que ellos necesitan escuchar. El reto en mi vida y en este ministerio no es ser motivados por el mercado, sino motivados por el mensaje; es poder decir, «Señor, ¿cuál es Tu mensaje, Tu carga, Tu palabra para esta generación?»

La medida del éxito en un ministerio, se trate de tu iglesia o de un ministerio para eclesiástico como el nuestro, no es a qué tanta gente le gusta tu mensaje o qué tan popular seas como predicador. Es simplemente qué tan fiel eres al proclamar la Palabra de Dios.

Habacuc debía rendirle cuentas a Dios. Los profetas del Antiguo Testamento también. Nosotros tenemos que rendirle cuentas a Dios de haber pasado Su mensaje a Su pueblo.

Dios nos ha dado Su Palabra. El libro que sostenemos en nuestras manos, esta Biblia, la Palabra de Dios, no es menos autoritativa o pesada que el mensaje que Dios le dio a Habacuc. Esta es la Palabra de Dios. Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros -ha revelado Su corazón, Su carga, Su mensaje- en este libro.

Una amiga quien ha sido cristiana por muchos años me dijo recientemente,

Nancy, en los últimos años, es como si un velo se hubiera levantado de mis ojos, y recién me he dado cuenta que esta es la Palabra de Dios. Esto ha cambiado mi vida. Ha cambiado la forma en que leo las Escrituras. Ha cambiado la forma en que pienso de las cosas que siempre he conocido de la Palabra de Dios, al darme cuenta que es Dios quien está hablando.

Volvamos a la profecía, a la carga que el profeta Habacuc vio. Dense cuenta que no dice que él la escuchó; él vio algo. Dios le mostró a Habacuc algo en este libro. Dios le mostró a él una carga. Dios le mostró a él la perspectiva de Dios de Su mundo y de la situación que Habacuc estaba enfrentando.

Y quiero decir que a medida que estudiemos este libro juntas, que Dios querrá mostrarles a ustedes algunas cosas. Él quiere mostrarnos Su perspectiva. Él quiere mostrarnos Su corazón. Él quiere mostrarse a Sí mismo a ti. Él quiere revelarse a sí mismo y Sus caminos a ustedes. Él quiere poner una carga fresca en sus corazones -Su carga, Su mensaje para nuestra generación.

A medida que Dios pone esta carga en sus corazones, en nuestros corazones, mi oración es que se convierta en un interceder por otros y en ser fieles en pasar ese mensaje a otros. No es casualidad que hoy ustedes estén oyendo este mensaje. Ustedes están escuchando porque tienen corazones hambrientos, porque necesitan oír a Dios, porque quieren saber lo que Él tiene que decir.

Mientras escuchamos, mientras esperamos en el Señor, mientras miramos y decimos, «Señor, te estoy escuchando; habla, Señor; tu sierva está escuchando», Dios te mostrará algunas cosas.

Tal vez no sea una carga fácil. Tal vez no sea un mensaje sencillo. Pero será el mensaje de Dios, y cambiará nuestras vidas, cambiará las vidas de las personas a quienes le compartamos el mensaje.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha dado una vistazo preliminar de lo que esperamos ver mientras estudiamos juntas la historia de Habacuc. Nancy estará con nosotras de vuelta para guiarnos es oración.

Habacuc es un libro importante para cualquiera que esté luchando con el miedo, luchando con la voluntad de Dios, o cuestionándose sobre la bondad de Dios. ¿Estudiarás el libro de Habacuc más profundamente? Pasa unos minutos al día leyendo este libro y escuchando a Nancy. Espero que este estudio te lleve a entender a Habacuc más a fondo.

¿Por qué a veces no contesta Dios las oraciones? Habacuc se preguntaba esto. Escuchen acerca de sus preguntas y de sus revelaciones cuando regresemos en el próximo programa.

Ahora Nancy está con nosotras de vuelta para orar.

Nancy: Gracias, Señor, gracias porque en nuestros días Tú eres un Dios que le habla a Su pueblo por medio de Tu palabra. Es mi oración Señor que Tú nos des oídos para oír y ojos para ver la carga, el mensaje que está en Tu corazón para nuestra generación. Ayúdanos a ver y a entender Tu perspectiva sobre nuestro mundo, sobre nuestras circunstancias, sobre nuestras preguntas abrumadoras.

A medida que te traemos estas cosas a Ti y a medida que luchamos con estas preguntas, permítenos llegar al punto de abrazar, de aferrarnos, de sostenernos fuertemente a Ti por medio de la fe y por medio de Tu Palabra. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un regalo para la novia

Jueves 8 Octubre

(Acsa pidió a su padre:) Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev (tierra seca), dame también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
Jueces 1:14-15

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará… Porque todo aquel que pide, recibe.
Lucas 11:9-10

Un regalo para la novia

Hace algunos milenios, Caleb casó a su hija Acsa. Según la petición de ella, ofreció a los recién casados un terreno bien expuesto al sol. Pero Acsa quería más, pues amaba el país que Dios les había dado. Por ello dijo a su Padre: “Dame también fuentes de aguas”. Y Caleb le dio “las fuentes de arriba y las fuentes de abajo”. Así, este terreno bien ubicado sería regado y podría dar abundantes cosechas.
La petición de esta joven fue muy sabia. Sin agua, su tierra podría quemarse debido al sol. Era absolutamente necesario que tuviera fuentes de aguas, sin estas nada crecería.
Jóvenes parejas cristianas, Acsa les enseña una lección. El agua es una imagen de la Palabra de Dios. Quizás ya tengan «una tierra bien soleada» o, dicho de otra manera, tienen todo, les va bien en su vida conyugal. Pero, ¿han pensado en las fuentes de agua? ¿La Palabra de Dios es para ustedes el elemento indispensable para evitar la sequía espiritual, que se instala rápidamente en nuestro corazón y en nuestro hogar? Sin la lectura regular de la Biblia, su vida con el Señor perderá su frescor y acabará por no llevar más fruto. Para que su hogar y su familia prospere, pidan valientemente a su Padre celestial sus aguas abundantes. Él les ha reservado “las fuentes de arriba”, es decir, las maravillosas promesas que el creyente posee en Cristo, quien está en el cielo; y también “las fuentes de abajo”, la presencia de Jesús con nosotros y por nosotros en todas las circunstancias de nuestra vida en la tierra.

Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La hermenéutica Cristo-télica en los profetas

Alimentemos El Alma

Sociedad Teológica Cristiana

La hermenéutica Cristo-télica en los profetas

Josías Grauman

La Sociedad Teológica Cristiana (STC) está conformada por un grupo de académicos, maestros, pastores y estudiantes de la Biblia interesados en el desarrollo de la erudición teológica en el mundo hispanohablante.

Nuestro propósito es fomentar y facilitar la presentación de recursos académicos realizados por teólogos hispanohablantes o material teológico de alto nivel traducido al español.

SIMPOSIO
Uno de los brazos principales de la STC es la realización de un simposio anual, donde diferentes escritos teológicos son presentados bajo una temática común en cada edición.

OTRAS INICIATIVAS
La STC planea comenzar la producción de revistas, libros y videos con contenido producido por los miembros de la sociedad.

http://www.sociedadtc.org

8 – Hogar cristiano

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

8 – Hogar cristiano

DAVID LOGACHO

Es un gozo compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Estamos estudiando las características de la vida cristiana, en la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. En esta ocasión trataremos el tema del hogar cristiano.

Así como uno no se convierte en caballo por el solo hecho de entrar en un establo, tampoco uno no se convierte en cristiano por el solo hecho de entrar en un templo cristiano.

Esto es bueno tomar muy en cuenta por cuanto no son pocos los que piensan que son cristianos porque tal vez cada domingo entran a un templo llamado cristiano.

Algo semejante ocurre en cuanto a los hogares. Los hogares no son cristianos por el solo hecho de que algunos de sus miembros concurran a un templo cristiano.

Para hablar de un hogar auténticamente cristiano se necesita cumplir con algunos requisitos.

El primero y más importante, es necesario que los padres sean creyentes. Para ser un creyente es necesario nacer de nuevo. Eso fue justamente lo que dijo Jesús a un hombre muy celoso de la religión de sus ancestros. Me refiero a Nicodemo el fariseo. Juan 3:3 registra lo que Jesús dijo a este fariseo. Dice así: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”

Nacer de nuevo es el resultado de creer en Cristo y recibirle como Salvador. Eso es lo que se desprende de las palabras de Jesús en Juan 3:14-16 donde dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

De modo que si Usted quiere que su hogar no solo tenga el nombre de hogar cristiano, sino que sea en verdad un hogar cristiano, Usted y su esposa o esposo necesitan este nuevo nacimiento. Caso contrario, aunque se auto convenza de que su hogar es cristiano, a los ojos de Dios no es cristiano.

El segundo requisito es que los padres creyentes estén guiando a sus hijos hacia la meta de que ellos también experimenten ese nuevo nacimiento. El mundo en el cual vivimos dice que no es bueno que los padres ejerzan influencia en la orientación espiritual de sus hijos. Pero Dios dice todo lo contrario. En Deuteronomio 4:9 leemos lo siguiente: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.”

Allí lo tiene. La responsabilidad de los padres es guiar a sus hijos en los caminos del Señor. Por supuesto que serán los hijos, quienes cuando tengan uso de razón, decidirán por ellos mismos el recibir a Cristo como su Salvador personal, pero los padres podemos contribuir en mucho para que eso acontezca.

Padres, si quieren hacer de su hogar un hogar auténticamente cristiano es necesario que rodeen a sus hijos de una atmósfera cristiana, procurando poner en sus mentes principios sencillos de la palabra de Dios y haciendo todo lo posible para que sus hijos tomen conciencia de su estado espiritual y eventualmente vuelvan sus ojos a Cristo para encontrar en él la salvación.

El tercer requisito está íntimamente relacionado con lo anterior. Un hogar verdaderamente cristiano es aquel en el cual la Biblia, la palabra de Dios ocupa un lugar céntrico. Con esto no estoy diciendo que tenga una Biblia, sobre la mesa de la sala de estar, como si fuera un amuleto en contra de la mala suerte, como tristemente sucede en muchos hogares.

Lo que estoy diciendo es que la Biblia debe ser el alimento espiritual de los padres y de los hijos. La familia debería tomar un tiempo cada día para leer y meditar en la palabra de Dios.

El cuarto requisito es la oración. Alguien ha acuñado el dicho que la familia que ora unida permanece unida. Esto es muy cierto. La oración en familia es como un pegamento que mantiene junta a la familia.

Procure reservar un tiempo cada día cuando todos los miembros de la familia estén juntos, aún los más pequeños, para que cada uno tenga la oportunidad de hacer una oración espontánea a Dios. Esta practica se complementa maravillosamente con la anterior, cuando nos referíamos a dedicar tiempo a la palabra de Dios.

Cuando meditamos en la palabra de Dios, él habla a nuestro corazón. Cuando oramos a Dios, nosotros hablamos al corazón de él. El resultado es de tremendo beneficio para la familia.

El quinto requisito de un hogar auténticamente cristiano es que cada miembro del hogar cumpla con lo que Dios ha establecido en su palabra. La Biblia contiene en detalle una descripción de funciones del esposo, de la esposa, y de los hijos. En la medida que cada miembro del hogar cumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar marchará sincronizadamente, como un fino reloj suizo, pero de igual manera, en la medida que cada miembro del hogar incumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar se hará pedazos.

Veamos por tanto, rápidamente, cuáles son las funciones para cada uno de los miembros de un hogar cristiano.

Comencemos con las esposas, primero las damas. Ese es el orden que aparece en la Biblia. Note lo que dice Efesios 5:22-24 “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

La función principal de una esposa es someterse a su esposo. La sumisión no es sinónima de obediencia. La obediencia está reservada para los hijos, no para las esposas. El texto no dice: las casadas obedezcan a sus propios maridos, sino: las casadas estén sujetas a sus propios maridos. La sumisión significa que la esposa ocupa el lugar que Dios diseñó para ella en la relación marido-mujer.

La esposa es la ayuda idónea. La esposa es la persona de confianza del esposo. Como tal, se somete a él de la misma manera que el cuerpo se somete a la cabeza y de la misma manera que la iglesia, el cuerpo, se somete a su cabeza, Cristo. Si las esposas entendieran este concepto de sumisión y sobre todo, si las esposas vivieran en la práctica la sumisión, los hogares se ahorrarían una cantidad de problemas.

Además de eso, las esposas deben amar a sus maridos, deben criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor y deben ser cuidadosas de su casa.

Ahora nos toca a nosotros, los esposos. Lo nuestro se encuentra en Efesios 5:25-33 donde dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”

Allí lo tenemos, esposos. Más claro no puede ser. Nuestra principal función es amar a nuestras esposas. El amor del cual habla este texto no es solamente el amor pasional o romántico. Es más bien un acto de la voluntad que se manifiesta en sacrificio por la persona amada.

Según lo que dice este texto, el amor debe ser sacrificial, esto significa que implica algún tipo de sacrificio de parte del esposo en beneficio de su esposa. El amor debe ser santificador. Esto significa que busca formar las mejores virtudes en la esposa. El amor debe ser sustentador. Esto significa que el esposo debe satisfacer todas las necesidades de su esposa.

Toda esposa tiene necesidades en el área espiritual, emocional y física. Los esposos debemos satisfacer todas estas necesidades. El amor de un esposo a su esposa, debe ser sin fin. Por algo dijo el Señor que los casados deben estar juntos hasta que la muerte los separe. El divorcio no debería ni siquiera ser mencionado en un hogar cristiano.

Además de amar, el esposo comparte con su esposa la noble tarea de criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor.

Otro elemento de todo hogar son los hijos. La principal responsabilidad de los hijos aparece en pasajes bíblicos como Efesios 6:1-3 donde dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”

La obediencia hacia los padres, por parte de los hijos es vital para la buena marcha de cualquier hogar. Ningún hijo viene a este mundo dispuesto a obedecer. Todo lo contrario, por naturaleza los hijos tienden a la desobediencia. Los padres deben hacer todo esfuerzo posible para enseñar obediencia a los hijos y los hijos, de cualquier edad que sean, mientras vivan bajo el mismo techo de sus padres, deben obedecer.

Como podrá notar, un hogar verdaderamente cristiano cumple con ciertos requisitos indispensables. ¿Es el suyo un hogar auténticamente cristiano? Si están ausentes algunos de los requisitos mencionados, lo antes posible tome las medidas correctivas necesarias. Que su hogar no sea cristiano solo de nombre, sino que sea un hogar cristiano de verdad.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

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