Martes 18 Abril (Jesús dijo:) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5 Creer y practicar (2)
A veces oímos decir: «¡Soy creyente pero no practicante!». ¿Qué pensaríamos de alguien que dijese: «Soy pianista, pero no practicante»? ¡Esta declaración se contradice a sí misma! Un creyente que no es practicante no es un creyente, pues “la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26).
Pero, ¿qué significa «practicar»? ¿Significa ir a la iglesia un par de veces al año, respetar algunos ritos o tradiciones, cumplir con todos los deberes religiosos comúnmente impuestos? ¡No! ¡Esto significa tener una relación personal con Jesucristo, el Hijo de Dios! ¿Cómo podríamos descuidar una relación tan importante? El apóstol Pedro escribió a los que habían creído en Jesús: “Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). ¿Cómo vivir en “la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20), sin que haya efectos en mi vida?
La fe y las obras hechas por la fe son inseparables. Esta vida en comunión con Jesús se manifiesta concretamente leyendo la Biblia, orando, reuniéndose con otros cristianos. Está caracterizada por el amor hacia los hermanos y hermanas, la generosidad, el deseo de obedecer la Palabra y hablar de Jesucristo en nuestro entorno. El evangelio dice que “por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Cada uno debe hacerse esta pregunta: ¿me parezco a un buen árbol o a uno malo? ¿Soy un verdadero creyente o me falta el vínculo vital con Cristo?
“Somos… creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
(continuará el próximo martes) Ezequiel 40:24-49 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25
Experimentar una depresión puede devastarte y desorientarte. Te sientes terrible y no sabes por qué. O tal vez sabes por qué, pero no importa lo que hagas o lo mucho que lo intentes, no puedes superar tu dolor y desesperación.
En estas situaciones es bueno comunicarse con un pastor, médico, o consejero. Y aunque la Biblia no sustituye la ayuda médica, sí habla sobre estos problemas, y las personas que sufren pueden beneficiarse de su sabiduría.
Aquí hay cinco verdades bíblicas en las que puedes enfocarte en tiempos difíciles
1) Mira Presta atención a las personas a tu alrededor que intentan ayudarte. No subestimes la providencia del Señor a través de aquellos que Él pone en tu vida en el momento de tu depresión. Considera los siguientes proverbios:
“En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia”, Proverbios 17:17.
“No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre, ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos” Proverbios 27:10.
Aquí vemos el valor de tener familiares y amigos que sean leales y cercanos. Entonces pregúntate a ti mismo:
¿Quién me vigila constantemente? ¿Quién parece estar disponible para hablar y pasar tiempo conmigo? ¿Quién sigue haciendo todo lo posible para hacerme sentir importante y amado? Quienquiera que sea, no pases por alto ni subestimes la provisión de Dios para ti a través de ellos.
2) Limita Descubre tus limitaciones físicas, sociales, y emocionales, y acéptelas humildemente bajo el control soberano de Dios.
No es raro que las tareas que alguna vez parecían simples se vuelvan difíciles cuando se está deprimido. Puede ser difícil comer bien, hacer ejercicio, o dormir bien. Puede ser útil, entonces, hacer algunos ajustes en tu estilo de vida para enfrentar cada día. Podrías reducir las responsabilidades adicionales en el trabajo, o decir “no por ahora” a nuevos compromisos. Incluso uno de los compañeros de viaje y ministerio de Pablo, Trófimo, enfrentó una enfermedad que le obligó a dejar de lado los viajes ministeriales durante una temporada (2 Ti. 4:20). Ir a tiempo parcial, cambiar de carrera, tomar vacaciones o un sabático pueden ser pasos razonables hacia la recuperación.
3) Lamenta Está bien llorar, llorar, y llorar. Algunos se sienten culpables por sentirse tristes. Sin embargo, la tristeza o el dolor no son sentimientos que debamos reprimir. La tristeza es una de las expresiones más claras de nuestra humanidad. De hecho, muchos de nosotros no nos lamentamos lo suficiente por las cosas que Dios espera que nos lamentemos. Cosas como:
Nuestro propio pecado contra Dios y otros (Sal. 31:9–10; Lam. 1; Esd. 10:1; Mt. 26:75; 2 Co. 2:5–7; 7:10–11; Ef. 4:30; Stg. 4:9). Ver personas rebelarse contra la Palabra de Dios (Sal. 119:136). Anhelar que los pecadores se vuelvan a Cristo para salvación (Lc. 19:41–42; Ro. 9:1–3). Separarse de amigos cercanos (Hch. 20:36–38; Fil. 2:26; 2 Tim. 1:4). Experimentar la muerte de seres queridos (Nm. 20:29; Dt. 34:8; Jn. 11; 1 Ts. 4:13). Anhelar que los creyentes más jóvenes sean hechos como Cristo (Gál. 4:19). Y a veces nos sentimos deprimidos por razones que no podemos entender, lo que puede ser extremadamente frustrante. No importa cuál sea la razón, cuando experimentes una nube de depresión, trae tu dolor y gritos de ayuda a Dios en oración (Sal. 42; 88). Él ve todo lo que estás pasando (Sal. 139) y conoce tu débil ser (Sal. 103:14). Cualquiera sea la causa de tu melancolía, debes saber que el Señor es compasivo al oír tu clamor. Él está “cerca de los quebrantados de corazón” (Sal. 34:18).
4) Ríe La depresión no es nada de qué reírse, y aquellos que ministran a los espíritus abatidos nunca deberían burlarse de ello.
Toma nota de todo lo que te brinde alegría y aligere tu estado de ánimo.
La depresión no es nada de qué reírse, y aquellos que ministran a los espíritus abatidos nunca deberían burlarse de ello. Incluso cantar cantos alegres en el momento equivocado puede empeorar un alma desanimada (Pr. 25:20). Y sin embargo, una de las formas más prácticas y beneficiosas en que Dios puede levantar un alma cansada es al comunicarte con personas con las que disfrutas estar. Como dice Proverbios 17:22: “El corazón alegre es buena medicina”. Siempre que sea posible, disfrutar de los buenos regalos de la mano de Dios en compañía de amigos queridos puede alegrar nuestros espíritus y traer gloria a Dios (Ecl. 2:24–26; Stg. 1:17; 1 Ti. 4:4–5; 6:17).
5) Ama El amor de Dios llega a tu oscuridad y te encuentra donde estás.
Una de las frases más difíciles de aceptar y creer en una temporada de depresión es: “Dios te ama”. Tus pensamientos parecen decirte lo contrario. Pensamientos como:
“Dios me ha abandonado”.
“Dios me ama pero probablemente no le caigo bien”.
“Dios no puede usarme ahora para el avance del evangelio y el reino”.
Amado, si ese eres tú, ¡no hay otro lugar al que puedas ir para recibir verdadera y duradera alegría y esperanza fuera del evangelio de Jesucristo! El evangelio es la buena noticia de que Dios entra en nuestra oscuridad al tomar forma humana y habitar entre nosotros. Se trata de cómo el eterno Hijo de Dios vino a revelarse como la vida y la luz del mundo (Jn. 1:4–5, 9; 8:12; 9:5; 14:6). Jesús es el gran médico en el cual los pecadores pueden encontrar sanidad y descanso, principalmente para sus almas (Mt. 9:12; 11:28-30; 1 Pe. 2:24-25).
Así que estudia el evangelio. Medita en ello. Predícaselo a tu alma. Y entiende que incluso en las profundidades de tu depresión, el amor de Dios permanece.
Un apretón útil La depresión nos hace sentir la debilidad de nuestra humanidad, pero no disminuye el poder de Dios.
Charles Spurgeon reflexionó una vez: “Cientos de veces he podido dar un apretón útil a los hermanos y hermanas que se han encontrado en esa misma condición, un apretón que nunca podría haber dado si no hubiera experimentado ese profundo desaliento”.
Spurgeon e innumerables creyentes a lo largo de la historia han visto cómo Dios usa sus luchas viciosas con la depresión para ministrar a otros que están bajo esa misma nube oscura. La depresión tiene una forma peculiar de hacer que las personas se sientan solas, temerosas, inútiles y, muchas veces, sin esperanza. Pero si miras a Cristo y escuchas las promesas de Dios, tu fe y esperanza se fortalecerán mientras esperas en Él. Y si te apoyas en el amor y el cuidado de otros que están tratando de ayudarte, el Señor hará su plan soberano para Su gloria y tu bien, incluso a través de la desconcertante prueba de la depresión.
La depresión nos hace sentir la debilidad de nuestra humanidad, pero no disminuye el poder de Dios. Y como compañero de lucha, tú puedes ser un canal de bendición único para aquellos en el mismo peregrinaje.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición. Blake Boylston es pastor asistente en la Iglesia Bautista Capitol Hill en Washington, D.C.
Publicado originalmente bajo el título «Kindness is not for the weak at heart»
En 1975, Raymond Dunn nació con una fractura de cráneo y falta de oxígeno que le provocó graves discapacidades intelectuales. A medida que Raymond crecía, la familia descubrió más complicaciones médicas. Su cuerpo sufría hasta 20 convulsiones por día. También era ciego, mudo y prácticamente inmóvil.
Raymond tenía alergias severas. Después de numerosos intentos de encontrar algo que pudiera digerir, su madre y los médicos encontraron un solo alimento. Era una fórmula a base de carne hecha por la empresa Gerber Foods. Pero en 1985, Gerber dejó de fabricar la fórmula con la que Raymond estaba mejorando.
Carol Dunn recorrió el país para comprar lo que les quedaba a las tiendas. Acumuló cajas y cajas del producto para su hijo. Pero en 1990, se acabó su suministro.
Cuando algunos empleados de Gerber recibieron la noticia, hicieron algo al respecto. Muchos de ellos donaron cientos de horas de trabajo para sacar equipos viejos, instalar una línea de producción, obtener una aprobación especial del departamento de agricultura y producir la fórmula, todo para un niño especial.
En enero de 1995, Raymond Dunn, conocido como el «niño Gerber», falleció. Pero durante su breve vida, inspiró un sorprendente nivel de bondad.
La bondad está arraigada en el amor de Dios. Aunque cada año en noviembre se celebre el “Dia mundial de la Bondad», la mayor parte del mundo ignora que la bondad está arraigada en el amor de Dios. En 1 Corintios 13:4, Pablo comienza su definición del verdadero amor diciéndonos que «el amor es paciente y bondadoso…»
Lo que hace que la bondad sea única entre los otros atributos del amor es que requiere un compromiso activo. Es posible mantener la distancia y limitar el contacto si tiene problemas en una relación en particular. Es posible evitar a esa persona y así evitar el conflicto.
Pero el amor, como Dios lo define, es mucho más que la falta de conflicto. La bondad no funciona a distancia. La bondad es algo que demuestra. La bondad requiere participación, no evasión.
¡La bondad no es para débiles! La iglesia primitiva sabía lo que significaba demostrar bondad. En el siglo segundo, los incrédulos se sorprendieron de la bondad de los cristianos hacia las personas que los rechazaban. Se sorprendieron tanto que se les ocurrió un nuevo apodo. A menudo cambiaban una letra griega, convirtiendo «Cristiani» (seguidores de Cristo) en «Crestiani» (hecho de bondad).
¿Sorprendemos a alguien hoy con nuestra amabilidad? ¿Está el mundo asombrado por la demostración de bondad en nuestras vidas?
Le animo a someterse nuevamente a Dios para que pueda demostrarle a su mundo la bondad de Dios. Cuando lo hace, se convierte en un ejemplo único e irrefutable del amor de Dios
Este artículo ha sido traducido y adaptado con el consentimiento de su autor.
Lunes 17 Abril El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. 1 Timoteo 4:8 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 3 Juan 2
La vida espiritual y el deporte Marcos y Julián son dos jóvenes cristianos con caracteres muy diferentes. Uno es deportista y pasa las tardes entrenando; el otro prefiere quedarse tranquilo en casa, sin hacer ninguna actividad física. Cada uno analiza de forma muy diferente el versículo arriba citado:
– Marcos se centra en la palabra “provechoso” y no le da importancia a la expresión “para poco”.
– Julián insiste en la expresión “para poco”, a fin de excusar su pereza.
¡Cada uno insiste en la parte del versículo que más le conviene!
Marcos debería reflexionar en la continuación del versículo: “La piedad para todo aprovecha”. La piedad es un ferviente apego a Dios. Cuando uno hace deporte todas las tardes, le queda poco tiempo y energía para leer la Biblia y orar… Dar al deporte el primer lugar para el bien de nuestro cuerpo, puede ser perjudicial para nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios.
Julián haría bien en tener en cuenta que el ejercicio físico es útil, incluso si “para poco es provechoso”, pues él es responsable de cuidar su cuerpo.
Cristianos, es fácil retener de la Palabra lo que nos conviene. Sometamos nuestros pensamientos a ella, ¡en vez de someter la Palabra a nuestros pensamientos! Leámosla cuidadosa y completamente. Dejemos que ella regule nuestras vidas y nuestro tiempo. ¡Esta es la manera de tener una buena salud en todos los ámbitos!
Sixto Dormi obtuvo una maestría en Divinidad en The Master´s Seminary en el 2015 y desde entonces se desempeña como pastor de la iglesia Comunidad de Berea en la ciudad de Guayaquil. En el 2016 inició La Academia de Predicación Expositiva (LAPEX) en donde se prepara predicadores para interpretar y exponer correctamente las Escrituras.
Domingo 16 Abril Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmo 90:12 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25:21 ¡Contemos nuestros días! «Hoy es mi cumpleaños… Nuestros días se suman unos a otros, cada vez más rápido, y esta suma solo terminará cuando Jesucristo nos llame a su presencia. ¡Y en ese transcurso continuo, corremos el riesgo de olvidar el valor único del día de hoy!
Tenemos la impresión de que el tiempo se nos escapa, que siempre nos falta… Quizá porque desperdiciamos muchas horas en cosas que no son necesarias, en cosas que no valen la pena, y nosotros los cristianos no nos centramos en lo que debe ser nuestro mayor deseo, es decir, en vivir para al Señor.
A menudo estamos estancados en una rutina llena de cosas inútiles. Pidamos al Señor que nos muestre cuáles son las cosas que nos hacen perder nuestro tiempo, y que nos ayude a dejarlas a un lado. Leyendo los evangelios vemos cómo un encuentro con Jesús transforma la vida. Nuestra vida cambió cuando creímos en el Señor Jesús, pero cada día podemos experimentar este cambio.
Volvamos a leer la parábola de los talentos en Mateo 25:14-30. Dios confió talentos, dones y cualidades a cada uno de nosotros. Es un regalo lleno de promesas, pero también implica una responsabilidad: emplearlos para su servicio y su honor.
Señor, enséñame a contar mis días para que mi prioridad sea conocerte mejor y hablar de ti a mi alrededor, hasta el día en que me llames a tu presencia: en el gozo de mi Señor».
Malou Ezequiel 39 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21
El Relativismo Cultural es la visión de que todas las creencias, costumbres y ética son relativas al individuo en su contexto social. En otras palabras, el «bien» y el «mal» son específicos de la cultura; lo que se considera moral en una sociedad puede considerarse inmoral en otra, y, puesto que no existe una norma universal de la moralidad, nadie tiene el derecho de juzgar las costumbres de otra sociedad.
El relativismo cultural es ampliamente aceptado en la antropología moderna. Los relativistas culturales creen que todas las culturas son dignas en su propio derecho y son de igual valor. La diversidad de culturas, incluso aquellas con creencias morales contradictorias, no debe ser considerada en términos de correcto o incorrecto o bueno y malo. El antropólogo de hoy considera que todas las culturas son expresiones igualmente legítimas de la existencia humana, para ser estudiadas desde una perspectiva puramente neutral.
El relativismo cultural se relaciona estrechamente con el relativismo ético, que considera la verdad como variable y no absoluta. Lo que constituye el bien y el mal está determinado únicamente por el individuo o la sociedad. Puesto que la verdad no es objetiva, no puede haber ningún estándar objetivo que se aplica a todas las culturas. No se puede decir si alguien tiene razón o no; es una cuestión de opinión personal, y ninguna sociedad puede emitir un juicio sobre otra sociedad.
El relativismo cultural no ve nada intrínsecamente malo (y nada intrínsecamente bueno) con cualquier expresión cultural. Así que las antiguas prácticas Mayas de automutilación y sacrificio humano son ni buenas ni malas; son simplemente distintivos culturales, similares a la costumbre estadounidense de tirar fuegos artificiales para el cuatro de julio. El sacrificio humano y los fuegos artificiales — ambos son simplemente diferentes productos de una socialización separada.
En enero de 2002, cuando el Presidente Bush se refirió a las naciones terroristas como un «eje del mal», los relativistas culturales fueron mortificados. Que cualquier sociedad llame a otra sociedad «mala» es un anatema para los relativistas. El movimiento actual de «entender» el islam radical — en lugar de combatirlo – es una señal de que el relativismo está ganando terreno. El relativista cultural cree que los occidentales no deben imponer sus ideas sobre el mundo islámico, incluyendo la idea de que los atentados suicidas contra civiles son malvados. La creencia islámica en la necesidad de la yihad es tan válida como cualquier creencia en la civilización occidental, afirman los relativistas, y los Estados Unidos es tan culpable por los ataques del 9/11 como los terroristas.
Los relativistas culturales generalmente se oponen a la obra misionera. Cuando el Evangelio penetra corazones y cambia vidas, sigue siempre un cambio cultural. Por ejemplo, cuando Don y Carol Richardson evangelizaron la tribu Sawi de los Países Bajos Nueva Guinea en 1962, los Sawis cambiaron: específicamente, dejaron sus costumbres antiguas del canibalismo y la inmolación a las viudas en las hogueras funerarias de sus maridos. Los relativistas culturales pueden acusar a los Richardson del imperialismo cultural, pero la mayoría del mundo estaría de acuerdo que terminar el canibalismo es algo bueno. (Para la historia completa de la conversión de los Sawis, así como una exposición de la reforma cultural en lo que se refiere a las misiones, véase el libro de Don Richardson Niño De Paz.)
Como cristianos, valoramos todas las personas, independientemente de la cultura, porque reconocemos que todas las personas son creadas a la imagen de Dios (Génesis 1:27). También reconocemos que la diversidad de la cultura es algo hermoso y que las diferencias en comida, ropa, idioma, etc., deben ser preservadas y apreciadas. Al mismo tiempo, sabemos que, por causa del pecado, no todas las creencias y prácticas dentro de una cultura son piadosas o culturalmente beneficiosas. La verdad no es subjetiva (Juan 17:17); la verdad es absoluta y existe una norma moral a la que todas las personas de todas las culturas deben rendir cuentas (Apocalipsis 20:11-12).
No es nuestro objetivo como misioneros occidentalizar el mundo. Por el contrario, es llevar la buena noticia de salvación en Cristo al mundo. El mensaje del Evangelio prenderá la reforma social en la medida en que cualquier sociedad va a cambiar cuyas prácticas son contra el estándar moral de Dios – la idolatría, la poligamia y la esclavitud, por ejemplo, llegarán a su fin al prevalecer la Palabra de Dios (ver Hechos 19). En cuestiones amorales, los misioneros tratan de preservar y honrar la cultura de las personas que ellos sirven.
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Cuando empecé a predicar el libro de Filipenses hace un par de años, me di cuenta que Pablo y Timoteo son identificados de inmediato como esclavos de Jesucristo (Filipenses 1:1). Aun cuando la mayoría de las versiones escriben «siervos», la palabra griega es doulos, la cual es mejor traducida como «esclavo.»
Pablo sabía que los Filipenses habían estado luchando con problemas de firmeza en medio de conflictos (Filipenses 1:27-30; 4: 1), la unidad entre creyentes (Filipenses 2:1-2; 4:2-3), la humildad (Filipenses 2:3-9) y la alegría en medio de persecución (Filipenses 2:17-18; 3:1, 4:4 al identificarse como un esclavos de Cristo al comienzo de la carta. Por esa razón Pablo les quiso recordar que el mismo también era esclavo de Cristo.
Es interesante notar que el ser «esclavo» es una auto-designación favorita de los apóstoles y otros escritores de la Biblia. Santiago afirma este título en el versículo de apertura de su epístola (Santiago 1:1), lo mismo es cierto de Pedro (2 Pedro 1:1), Judas (Judas 1) y Juan (Apocalipsis 1:1). Además, Pablo repite que él es doulos de Cristo en otras cartas: Romanos, 1 Corintios, Gálatas, Efesios, Colosenses, 2 Timoteo y Tito. El término se utiliza por lo menos cuarenta veces en el Nuevo Testamento para referirse al creyente, y el equivalente hebreo se usa más de 250 veces para referirse a los creyentes en el Antiguo Testamento. Podemos concluir con seguridad que el Señor quiere que su pueblo se vean a sí mismos de esta manera.
Cinco paralelos
¿Qué significa ser un esclavo en el sentido bíblico? John MacArthur, en su excelente libro titulado Esclavo, nos da cinco paralelos entre el cristianismo bíblico y la esclavitud del primero siglo. El primero es: propiedad exclusiva. Los esclavos eran propiedad de sus amos. Como Pablo les dice a los creyentes en 1 Corintios 6:19-20: «Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio.» Como puede notar, los cristianos no existen en un mundo autónomo y sin reglas; nosotros no somos los dueños de nuestro destino, ni los capitanes de nuestras almas. Fuimos comprados con un precio, por lo que pertenecemos a aquel que ha pagado ese precio.
«Por lo tanto,» dice Pablo en 1 Corintios 6:20, ya que habéis sido comprados por precio, «honren con su cuerpo a Dios.» Propiedad exclusiva implica sumisión completa. Si pertenecemos a Cristo, si él es dueño de nosotros, entonces lo que debe gobernar nuestra vida no es nuestra voluntad, sino la voluntad de nuestro Amo.
En tercer lugar, uno de los paralelos entre un esclavo y el cristiano es: singular devoción. Ningún esclavo obedece a otros amos, pues su principal preocupación es llevar a cabo la voluntad de la persona a quien pertenece. Nuestro Amo, el Señor Jesús mismo, nos recuerda en Mateo 6:24: «Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro.» El esclavo de Cristo está dedicado a su Amo.
En cuarto lugar, un esclavo demuestra una total dependencia a su amo para la provisión de sus necesidades básicas de la vida. De la misma manera, el cristiano debe depender humildemente por completo de nuestro Maestro (Mateo 5:3; 1 Pedro 4:11). Y por último, el esclavo era personalmente responsable ante su amo. Y de la misma manera, nosotros somos responsables delante de Cristo, y un día le daremos cuentas (2 Corintios 5:9-10).
Una unión increíble
Al contemplar estas cinco características, espero que no penséis en la esclavitud a Cristo como un trabajo pesado. Esta no es una relación tiránica, despótica alimentada por el miedo y la sumisión forzada. La imagen no es de alguien cuya voluntad es constantemente frustrada por los caprichos de su amo, sino de alguien cuya voluntad es, con el tiempo y la exposición repetida a su Amo, conformada amorosamente y felizmente a la voluntad de su Amo. Alexander Maclaren llamó a esto: «la fusión y absorción de mi propia voluntad a su voluntad… yo hago lo que él quiere, no lo que yo quiero… Conforme él me enseña y me muestra más de sí mismo, más quiero conformarme a lo que él quiere.»
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Mike Riccardi, graduado de The Master’s Seminary con una Maestría en Divinidad y en Teología, es el pastor de evangelismo local de la iglesia Grace Community Church en Los Ángeles, California.
Viernes 14 Abril Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo el Señor: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! (profecía concerniente a Jesús, vendido por Judas) Zacarías 11:12-13 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. 1 Corintios 6:20
¿Qué precio tiene el ser humano? Desde el punto de vista humano, el valor de una persona es muy variable. Los grandes clubes de fútbol están dispuestos a gastar cantidades exorbitantes de dinero para comprar un jugador. Por otro lado, algunos tiranos masacran sin escrúpulos a hombres, mujeres y niños, como si su vida no valiese nada.
Jesús mismo fue estimado en treinta piezas de plata, es decir, el precio de un esclavo. Fue el dinero que Judas recibió por haberlo entregado a los jefes religiosos. Un profeta resumió este vil acto con estas palabras: “No lo estimamos” (Isaías 53:3). Este profundo desprecio y odio dieron como resultado la crucifixión de Jesús.
Los hombres son responsables de su muerte. Pero en la cruz, Jesús pagó con su vida el inmenso precio para salvar al hombre. ¡Él sufrió el abandono, la ira de Dios contra el pecado, la muerte! Jesucristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Los creyentes fuimos comprados a gran precio: la vida de Cristo, su sangre derramada en la cruz. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). Dios aceptó este sacrificio, que responde perfectamente a su santidad y a su justicia. ¡No rechacemos su gracia! El precio que pagó para salvarnos está a la medida de su amor: es infinito.
Seamos conscientes del valor que tenemos ante sus ojos, y tratemos de agradarle.
Diciendo la Verdad Sobre el Hombre by Cameron Buettel
Durante una entrevista en 1970, el Dr. Martyn Lloyd-Jones concluyó que la doctrina de la evolución del hombre es fundamentalmente errónea en dos aspectos: “Critico la visión moderna del hombre por dos motivos: uno es que le da demasiado crédito al hombre en ciertas áreas. Y segundo, que no le da suficiente crédito al hombre en otras áreas”.
Jones se refería a las dos verdades bíblicas que los evolucionistas niegan rotundamente. Ellos identifican al hombre como “simplemente un animal” y se niegan a reconocer que fue creado a imagen de Dios. Por otro lado, la sabiduría secular de nuestros días declara al hombre moralmente neutral y se niega a reconocer lo que es tan dolorosamente obvio: que todas las personas son pecadoras por naturaleza.
Hechos a la Imagen de Dios
La Biblia deja claro que la humanidad no es simplemente una especie de animal que compite en la lucha por la supervivencia. Las Escrituras declaran que Dios hizo al hombre para que fuera la cúspide de Su creación:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:26-28).
No hay nada sin sentido o aleatorio en la existencia humana. Fuimos diseñados originalmente para dominar el mundo que Dios creó. El hombre, como portador de la imagen de Dios, tiene una misión divina que lo diferencia por completo del reino animal.
Pero, ¿qué significa exactamente que el hombre fue creado a imagen de Dios?
Aunque el tema de imago Dei es un tema teológico profundo en sí mismo, contiene una verdad inherente que es vital para el evangelismo: El hombre es una criatura moral que debe rendir cuentas a Dios. James Montgomery Boice resaltó esa implicación crítica:
“Un elemento que le pertenece a aquel que fue creado a la imagen de Dios es la moralidad. La moralidad incluye además dos elementos: la libertad y la responsabilidad. Ahora bien, la libertad que poseen los hombres y las mujeres no es absoluta. Incluso al principio, el primer hombre, Adán, y la primera mujer, Eva, no fueron autónomos. Eran criaturas y tenían la responsabilidad de reconocer su condición mediante su obediencia”[1].
Comprender que hemos sido creados a imagen de Dios conlleva un sentimiento de honor, pero también conlleva una gran responsabilidad. Nuestra moralidad inherente no respalda nuestros principios morales. Más bien, nos condena por nuestra incapacidad de comportarnos moralmente. Nuestro conocimiento del bien y del mal, y el hecho de que continuamente violamos esa moralidad, nos apunta a la realidad histórica de la caída de Adán.
Caídos
¿Somos pecadores porque pecamos, o pecamos porque somos pecadores? Tenga cuidado con la respuesta a esa pregunta porque no es un juego de palabras. Sólo hay una respuesta que es bíblicamente cierta.
Cuando Adán cayó en el Jardín, su pecado se transmitió a la naturaleza de todos sus descendientes. No son nuestros pecados los que nos hacen pecadores. Nuestros pecados revelan nuestra verdadera naturaleza pecaminosa. John MacArthur explica:
“Toda la humanidad estaba sumida en esta condición de culpabilidad debido al pecado de Adán. ‘Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores’ (Romanos 5:19). Esta es la doctrina del pecado original, una verdad que Pablo explica en Romanos 5:12-19…Demostramos nuestra complicidad voluntaria a la rebeldía de Adán cada vez que pecamos. Y como nadie con la excepción de Jesús ha vivido jamás una vida sin pecado, nadie está realmente en posición de dudar de la doctrina del pecado original, y mucho menos de considerarla injusta”[2].
El pecado original es una verdad bíblica que puede demostrarse empíricamente. Cuando la Biblia nos dice que todo el mundo es pecador (Romanos 3:23), esto ratifica lo que la suma de nuestra experiencia de vida ya ha demostrado. El pecado original es la razón por la que tenemos desde guerras mundiales hasta cerraduras en nuestras puertas. Por eso la gente se enferma y muere. ¡Es por eso que estamos muriendo! No hay ningún lugar donde huir de la realidad y del impacto del primer acto de rebeldía de Adán en el Jardín. Y no hay forma de eludir nuestros propios crímenes de complicidad posteriores.
Culpables y Sin Excusa
El fracaso del hombre en honrar y obedecer a su Creador nunca se ha debido a la ignorancia por parte de la humanidad, ni a la falta de pruebas por parte de Dios. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).
Cuando proclamamos al Dios de las Escrituras a los pecadores, no estamos tratando de suplir su falta de educación teológica. Estamos presentando una verdad que resuena claramente con lo que ellos ya saben instintivamente. La Palabra de Dios nos dice que los pecadores no están desinformados acerca de la verdad de Dios, sino que suprimen esa verdad “con injusticia” (Romanos 1:18). En pocas palabras, el problema principal del hombre siempre ha sido el amor al pecado, no la falta de educación.
“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Romanos 1:21). Dios hace responsable al hombre pecador por no haberle adorado correctamente. Y en el Día del Juicio, le tendremos que rendir cuentas por no haberlo hecho (Hebreos 9:27).
Ese juicio se extenderá a todas nuestras acciones (Apocalipsis 20:11-12), palabras (Mateo 12:36-37) e incluso, pensamientos (Mateo 5:27-28; 1 Corintios 4:5). No habrá dónde esconderse, ni nada que ocultar en el Día del Juicio.
Amonestar vs. Agradar
Los evangelistas fieles nunca consuelan a los pecadores que no se han arrepentido. Por el contrario, debemos amonestarlos. Debemos exponer lo terrible y ofensivo del pecado confrontándolos con una norma objetiva de justicia. Puesto que el pecado se define bíblicamente como infracción de la ley (1 Juan 3:4), John MacArthur aboga por el uso de la ley de Dios al exponer el pecado, diciendo:
“Jesús y los apóstoles no dudaron en usar la ley en su gestión evangelizadora. Ellos sabían que la ley revela nuestro pecado (romanos 3:20) y es un tutor para conducirnos a Cristo (Gálatas 3:24). Es la manera en que Dios hace que los pecadores entiendan su propia incapacidad. Claramente, Pablo entendió el lugar crucial de la ley en los contextos evangelísticos. Pero muchos hoy creen que la ley, con su exigencia inflexible de la santidad y la obediencia, es contraria e incompatible con el evangelio.
“¿Por qué deberíamos hacer tales distinciones donde las Escrituras no la hace? Si las Escrituras advirtieran en contra de predicar el arrepentimiento, la obediencia, la justicia o el juicio para los incrédulos, eso sería diferente. Pero la Biblia no contiene tales advertencias. Todo lo contrario…Si queremos seguir un modelo bíblico, no podemos ignorar el pecado, la justicia y el juicio porque son los temas por los cuales el Espíritu Santo condena al incrédulo (Juan 16:18). ¿Podemos omitirlos del mensaje y todavía llamarlo el evangelio?”[3].
Algunos sostienen que es mejor predicar sobre el amor de Dios que sobre el pecado del hombre. Puede parecer una idea mucho más agradable y atractiva, pero la Escritura revela el amor de Dios por medio de la pecaminosidad humana: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). No predicar sobre el pecado deja sin sentido el amor de Dios y sin propósito la cruz de Cristo.
Si queremos proclamar fielmente el evangelio, tenemos que dejar que la gloriosa luz de la obra salvadora de Cristo brille sobre el pecado del hombre. La cruz nunca será considerada como la solución al pecado del hombre, a menos que primero el problema sea explicado. Y el problema principal se muestra gráficamente en el contraste entre la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre. Cuanto más polarizamos estas dos verdades, más profunda es la representación de la obra redentora de Cristo. Consideraremos esto en el siguiente blog.