Un panorama del siglo XX | S. Donald Fortson III

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine:La historia de la Iglesia | Siglo XX

En 1900, el historiador eclesiástico alemán Adolph von Harnack pronunció una serie de conferencias que posteriormente se publicaron con el título ¿Qué es el cristianismo? (1901). Argumentaba que el núcleo del evangelio es el mandamiento del amor y el establecimiento de un orden social justo basado en la paternidad universal de Dios y la hermandad universal del hombre. Harnack seguía el ejemplo del teólogo alemán Albrecht Ritschl, quien había sostenido que la ética es el centro del cristianismo y abogaba por una sociedad justa y moral que emulara el ejemplo de Cristo y así lograra el «reino de Dios». Esta concepción del cristianismo basada en el «evangelio social» fue defendida en los Estados Unidos por el ministro bautista Walter Rauschenbusch, quien criticó el laissez-faire del capitalismo como el culpable de la creciente brecha entre ricos y pobres en los Estados Unidos.

El fundamento de las redefiniciones evangélicas y sociales del cristianismo fue el método histórico-crítico moderno de estudio bíblico, que argumentaba que el nacimiento virginal, los milagros y la resurrección eran mitos utilizados por los escritores bíblicos para expresar cómo Jesús había influido en sus vidas. Los eruditos críticos del siglo XIX habían cuestionado la fiabilidad de los relatos en los evangelios, declarando que Jesús era un ser humano corriente que se convirtió en objeto de leyenda. Los liberales teológicos de Europa y Estados Unidos abrazaron estas presuposiciones críticas porque creían que el cristianismo trataba realmente de la experiencia humana y de moralidad, no de dogmas anticuados incompatibles con la ciencia moderna.

Este cuestionamiento al cristianismo histórico se abrió paso en muchas universidades y seminarios estadounidenses, lo que provocó tensiones entre liberales y conservadores en varias denominaciones protestantes. El término utilizado por los conservadores para describir este desvío de la ortodoxia tradicional fue modernismo. El movimiento fundamentalista nació como reacción a las incursiones de la teología liberal en las denominaciones protestantes estadounidenses. Una floreciente alianza de evangélicos protestantes de todas las confesiones se opuso a la creciente amenaza liberal con la publicación de una serie de ensayos conocidos como Los fundamentos (1910-15). Los ensayos defendían el protestantismo tradicional mediante una visión elevada de la Escritura y una apología de la doctrina y la práctica evangélicas.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Mientras los teólogos defendían la fe, el evangelista Billy Sunday intentaba llegar a las masas, predicando a más gente que ningún otro predicador estadounidense antes de Billy Graham. Tras su conversión, Sunday abandonó su carrera como jugador de béisbol de las Grandes Ligas en 1896 para convertirse en evangelista itinerante. Dirigió campañas de predicación en más de doscientas ciudades importantes de los Estados Unidos. Conocido por su estilo de predicación enérgico y poco convencional, Sunday proclamó el evangelio a varios millones de personas. Se involucró mucho en temas sociales, apoyando la Ley seca y los derechos de la mujer y ayudando a recaudar millones de dólares para apoyar al ejército estadounidense en la Primera Guerra Mundial.

Woodrow Wilson, hijo de un pastor presbiteriano de Georgia, llegó a ser presidente de la Universidad de Princeton, entró en la política y fue elegido como el vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos en 1912. Sus dos mandatos se vieron consumidos por las devastaciones de la Primera Guerra Mundial (1914-18), la cual redibujó el mapa del mundo y cobró la vida de nueve millones de soldados y siete millones de civiles.

Un ataque importante al cristianismo tradicional ocurrió en el Juicio de Scopes, en 1925. La obra de Charles Darwin El origen de las especies, de 1859, rechazaba el relato del Génesis sobre la creación especial, teorizando que la vida en la tierra era producto de la selección natural a lo largo de millones de años. William Jennings Bryan, que había sido secretario de Estado en la administración Wilson, participó en la acusación durante el juicio. Bryan había atacado la evolución argumentando que la teoría socavaba la moralidad, que debía basarse en compromisos religiosos. La enseñanza de la evolución era ilegal en las escuelas públicas de Tennessee, y John Scopes, profesor de biología en Dayton, fue juzgado por violar la ley. Fue defendido por Clarence Darrow, quien subió a Bryan al estrado, haciéndole preguntas científicas que Bryan no pudo responder. Aunque la ley estatal fue confirmada, Bryan y la causa «fundamentalista» sufrieron duras burlas en la prensa y recibieron así un fuerte golpe. Bryan murió solo cinco días después de que concluyera el juicio.

Tras la Primera Guerra Mundial, surgió en Alemania un nuevo movimiento teológico conocido como neoortodoxia. Se identifica con la obra de Karl Barth (1886-1968), Emil Brunner (1889-1966), Dietrich Bonhoeffer (1904-45) y Reinhold Niebuhr (1892-1971). El comentario de Barth sobre Romanos (1919) marcó una ruptura con el liberalismo alemán que afirmaba la cultura, y acusaba a los antiguos liberales de desvirtuar el evangelio al intentar hacerlo decoroso. En la década de 1930, él formó parte de la Iglesia Confesante alemana antinazi y ayudó a redactar la Declaración de Barmen, una protesta contra la Iglesia alemana nazi. Barth hizo hincapié en la pecaminosidad humana y en la gracia de Dios en Jesucristo, pero su concepción de la elección implicaba universalismo: que Cristo es el único elegido y todos se salvarán en Él. Barth aceptó los resultados de la alta crítica —una técnica que buscaba identificar las fuentes de los textos bíblicos y que rechazaba la interpretación tradicional de la autoría bíblica— y acentuó la revelación subjetiva de Dios a los individuos a través de la Escritura, en lugar de Su revelación objetiva en la Escritura como Palabra de Dios escrita. Su ataque mordaz al liberalismo fue bien acogido, pero muchos conservadores se mostraron escépticos, al considerar la teología de Barth como una nueva versión de modernismo. El barthianismo impregnó los seminarios tradicionales a lo largo del siglo XX.

EL PENTECOSTALISMO
El compromiso cristiano de tomar en serio lo sobrenatural en la Escritura recibió un nuevo impulso con la aparición del movimiento pentecostal. En 1906 comenzó un gran avivamiento en la calle Asuza de Los Ángeles con el predicador William J. Seymour, del Movimiento de Santidad, hijo de antiguos esclavos. Aunque el avivamiento fue más asociado con la controvertida práctica de hablar en lenguas, el mensaje de perdón por medio de la cruz fue más fundamental. Bajo el liderazgo de Seymour, cientos de personas se convirtieron al tiempo que hispanos, asiáticos, negros y blancos se reunían diariamente en un antiguo almacén. Como declaró un testigo, «la “línea de color” fue lavada en la sangre». Como resultado del avivamiento de la calle Asuza, se establecieron numerosas denominaciones nuevas, como la Iglesia de Dios en Cristo (1907), las Asambleas de Dios (1914) y la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular de la famosa evangelista Aimee Semple McPherson (1927).

El pentecostalismo avanzó rápidamente, extendiéndose por Latinoamérica, África y Asia, y convirtiéndose en el segmento de la iglesia mundial de más rápido crecimiento en el siglo XX. El movimiento de renovación carismática de los años sesentas y setentas vio cómo parte de la teología y la práctica pentecostales se trasladaban a las iglesias tradicionales y católicas romanas, lo que generó una mayor conciencia de la obra del Espíritu Santo entre los creyentes.

Los movimientos pentecostales y carismáticos produjeron división dentro del protestantismo, ya que algunos defensores instaron a los creyentes a buscar el «bautismo del Espíritu», una segunda obra de gracia en la vida del creyente que va acompañada con el hablar en lenguas. Otros carismáticos no promovían la experiencia de las lenguas, sino que las consideraban un don espiritual entre muchos otros. Algunos líderes pentecostales radicales enseñaron una versión de «salud y prosperidad» de la fe, prometiendo bendiciones terrenales a aquellos con suficiente fe. Muchos cristianos han condenado este evangelio de «salud y prosperidad» como una enseñanza antibíblica.

A principios del siglo XX, un pentecostalismo herético unicitario (Solo Jesús) se separó de los trinitarios al afirmar que Dios es una persona, Jesucristo, y que el bautismo debe ser «en el nombre de Jesús». A pesar de las versiones aberrantes del pentecostalismo y de algunos extremistas de alto perfil, muchos evangélicos han reconocido las conversiones y el celo por el servicio misionero que se encuentran en el movimiento. No obstante, los protestantes de tradiciones cesacionistas siguen mostrándose escépticos sobre los fundamentos bíblicos de los movimientos pentecostales y carismáticos.

LA EVOLUCIÓN CATÓLICA ROMANA
En 1864, el papa Pío IX publicó su Syllabus de errores, que condenaba la separación de la Iglesia y el Estado, la tolerancia religiosa, la educación laica, el marxismo y el gobierno democrático. Poco después, el Concilio Vaticano I (1869-70) declaró dogmáticamente la doctrina de la infalibilidad papal. Las opiniones críticas sobre la Biblia empezaron a infectar a los eruditos católicos romanos en la Europa de finales del siglo XIX, lo que llevó al papa Pío X a condenar el modernismo por decreto papal en 1907, excomulgando a los modernistas y exigiendo a los clérigos un juramento antimodernista. Para contrarrestar los errores modernistas, se fomentó entre los católicos romanos el estudio renovado del tomismo (las doctrinas de Tomás de Aquino).

A principios del siglo XX, la Iglesia católica romana se opuso firmemente a las innovaciones doctrinales y a los no católicos romanos. Sin embargo, estas actitudes cambiaron radicalmente tras el Concilio Vaticano II, convocado en 1962 por el papa Juan XXIII y continuado por el papa Pablo VI hasta 1965. Este concilio fue un intento de abordar los problemas del mundo moderno y sacar a la iglesia de su aislamiento. Se centró en la renovación de la iglesia y la unidad de los cristianos.

A raíz del Concilio Vaticano II, los católicos romanos iniciaron un diálogo permanente con numerosos organismos protestantes y ortodoxos orientales. Después del concilio, los papas enviaron representantes al Consejo Mundial de Iglesias y dialogaron con líderes religiosos no cristianos. Hubo un mayor reconocimiento del papel de liderazgo compartido de los obispos con el papa, y se estableció un Sínodo de Obispos permanente. Los clérigos de países en vías de desarrollo también fueron elevados a puestos de obispos y cardenales. Vaticano II modernizó la liturgia en lengua vernácula, sustituyendo la tradicional misa en latín. Los católicos laicos fueron animados a leer la Biblia, pero la erudición bíblica histórico-crítica se convirtió en la norma en las instituciones educativas católicas romanas.

En 1978, el cardenal polaco Karol Wojtyla fue elegido como el papa Juan Pablo II, el primer papa no italiano desde 1523. Juan Pablo II viajó mucho durante su largo papado, destacando el catolicismo romano global y los principios ecuménicos de Vaticano II. No obstante, era un conservador que se resistía a la idea de los sacerdotes casados, y encargó a doce cardenales que prepararan un nuevo catecismo para enseñar la fe tradicional. La comisión, presidida por el cardenal Joseph Ratzinger (electo como el papa Benedicto XVI en 2005), elaboró en 1992 el Catecismo de la Iglesia católica, que articula la teología y la ética históricas del catolicismo romano. El catecismo condenaba el aborto como un «mal moral» y describía los actos homosexuales como «intrínsecamente desordenados»

En un audaz movimiento ecuménico, la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica romana emitieron en 1999 una declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, en la que reivindicaban una interpretación común de la justificación por la fe. Aunque los luteranos conservadores rechazaron la declaración por considerarla inadecuada, supuso un cambio de actitud significativo respecto a los anatemas mutuos del siglo XVI. Los evangélicos han tenido actitudes diferentes hacia los católicos romanos a lo largo del siglo XX. Los que tienen raíces protestantes históricas en el siglo XVI normalmente no rebautizan a los excatólicos romanos, siguiendo el modelo de los reformadores, mientras que otros evangélicos practican el rebautismo de los excatólicos romanos que se unen a sus congregaciones protestantes. Ha existido cierta cooperación entre católicos romanos y evangélicos en preocupaciones sociales como el aborto.

EL EVANGELICALISMO Y BILLY GRAHAM
La Segunda Guerra Mundial (1939-45) fue un periodo de horrible destrucción global. Ochenta millones de soldados y civiles fueron asesinados, incluidos seis millones de judíos que perecieron en el Holocausto llevado a cabo por la Alemania nazi. Cuando cesaron las hostilidades, el mapa del mundo se volvió a dibujar y la conciencia internacional se convirtió en un elemento básico de las sociedades occidentales. El espíritu ecuménico de la posguerra condujo a la formación del Consejo Mundial de Iglesias (1948) y del Consejo Nacional de Iglesias de los Estados Unidos (1950).

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron de cambios notables para el mundo y la iglesia, con el comienzo de la Guerra Fría y la carrera armamentista nuclear, la Guerra de Corea, la carrera espacial, la revolución sexual y la Guerra de Vietnam. Los seminarios protestantes mayoritarios propugnaban por ajustes en la fe cristiana para abordar los problemas actuales, mientras que los evangélicos se mantenían firmes en su apego al cristianismo histórico. En este punto comenzó el movimiento neoevangélico. Mientras que los fundamentalistas de principios de siglo tendían al separatismo de la sociedad y de las principales denominaciones, los neoevangélicos eran a menudo miembros de las iglesias mayoritarias, deseosos de renovarlas y de ejercer el ministerio ecuménico con creyentes de ideas afines que afirmaban la autoridad bíblica.

Los neoevangélicos estaban comprometidos con la difusión de las buenas nuevas y con la atención a las necesidades de la sociedad contemporánea. Surgieron varias organizaciones de colaboración, que atrajeron a participantes de todo el espectro evangélico: la Asociación Nacional de Evangélicos (1942), el Seminario Teológico Fuller (1947), la Sociedad Teológica Evangélica (1949) y Visión Mundial (1950). Se esperaba que estas organizaciones e instituciones fortalecieran la voz evangélica en Estados Unidos, se mantuvieran firmes a favor del cristianismo ortodoxo y marcaran una diferencia positiva en la nación. En 1956, se fundó la revista evangélica Christianity Today para apoyar las perspectivas evangélicas sobre teología, vida cristiana, evangelización y compromiso cultural.

La cruzada evangelística de Billy Graham en Los Ángeles en 1949 encendió una renovada presencia evangélica en los Estados Unidos. Las campañas de evangelización masiva de Graham tuvieron una gran repercusión en la prensa. Miles de personas se convirtieron y el número de miembros de las iglesias no dejó de aumentar, hasta alcanzar el sesenta y cinco por ciento de la población en 1960. En las décadas siguientes, Graham llevó sus cruzadas a todos los continentes excepto a la Antártida, predicando a millones de personas.

El ministerio mundial de Graham puso de relieve la importancia del cristianismo global y la urgencia de llegar a los perdidos en todo el mundo. En 1974, Graham convocó una reunión internacional de cristianos de ciento cincuenta países en Lausana (Suiza). La reunión de diez días, denominada Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial, reunió a dos mil setecientos participantes y puso en marcha el Movimiento de Lausana, que elaboró un documento de quince puntos conocido como el Pacto de Lausana. El Pacto de Lausana fue un importante documento evangélico; afirmaba la «inspiración, veracidad y autoridad tanto de las Escrituras del Antiguo como de las del Nuevo Testamento» y que «tanto la evangelización como la implicación sociopolítica forman parte de nuestro deber cristiano». El documento reconocía el papel clave de las iglesias no occidentales en la evangelización mundial y pedía una «creciente asociación de iglesias» en la urgente tarea de proclamar a Cristo a los millones de hombres, mujeres y niños de los grupos étnicos no alcanzados. Otro documento evangélico importante fue la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica (1978), que se convirtió en una norma evangélica para afirmar la inspiración divina plenaria (completa) y la inerrancia de las Escrituras.

LAS TEOLOGÍAS DE LA LIBERACIÓN
La decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso Brown contra el Consejo de Educación (1954), que exigía la rápida desegregación de la educación pública estadounidense, fue un catalizador para hacer frente a la división racial en los Estados Unidos. Las protestas pacíficas lideradas por Martin Luther King Jr. en las ciudades del sur encontraron la oposición de los «moderados blancos», así como de algunas iglesias y ministros negros. Las iglesias tradicionales apoyaron el Movimiento por los derechos civiles, mientras que Billy Graham abrió el camino entre los evangélicos, eliminando la segregación en sus cruzadas y mostrando su apoyo al movimiento al compartir el estrado con King en una cruzada en Nueva York en 1957. La cruzada de Graham en 1964 en Birmingham, Alabama, fue la reunión más integradora de la historia de la ciudad. La Ley de derechos civiles de 1964, que prohibía la discriminación por motivos de raza, color, religión, sexo u origen nacional, supuso un importante paso adelante hacia la igualdad racial en la sociedad estadounidense.

James Cone, profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico Unión, de Nueva York, reinterpretó el cristianismo histórico, argumentando en su libro A Black Theology of Liberation Una teología negra de la liberación que solo una comunidad oprimida podía expresar adecuadamente el evangelio. La Nación del Islam, liderada por Elijah Muhammad y Malcolm X, mezcló las ideas del Poder Negro y las doctrinas islámicas, atrayendo a sectores de la comunidad negra que preferían el separatismo negro. Antes de finalizar la década de 1960, Malcolm X (1965) y Martin Luther King Jr. (1968) fueron asesinados. La reconciliación racial se convirtió en una prioridad, especialmente en las iglesias tradicionales, y cada vez había más voluntad de integrar a las congregaciones locales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la línea de color seguía existiendo los domingos por la mañana.

El siglo XX fue una época de cambios en los roles de la mujer. En 1920, Estados Unidos ratificó la Decimonovena Enmienda, que otorgaba a las mujeres el derecho al voto. Las mujeres se incorporaron en masa al mercado laboral durante la Segunda Guerra Mundial y, a finales de siglo, eran consejeras delegadas, miembros del Congreso, secretarias de Estado, fiscales generales y magistradas del Tribunal Supremo. Todas ellas fueron fruto del primer movimiento «feminista», cuyas primeras líderes eran provida. El movimiento feminista moderno, sin embargo, tiende a tener opiniones extremas respecto a los roles de género y también apoya inequívocamente la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso Roe contra Wade (1973), que legalizó el asesinato en el vientre materno de bebés no deseados.

Los católicos romanos, los ortodoxos orientales y los evangélicos condenaron esta licencia para matar, mientras que las denominaciones protestantes mayoritarias apoyaron el derecho al aborto. Las líneas de batalla se trazaron tanto política como eclesiásticamente en torno a este asunto tan volátil. Católicos romanos y evangélicos se organizaron para luchar contra el aborto y apoyar a las agencias de adopción como alternativa. Se trataba de una cuestión que afectaba a la iglesia mundial, ya que, con el paso de las décadas, cada vez más países legalizaban el aborto. La intensidad de la cuestión no ha hecho más que aumentar, y cada nuevo puesto en el Tribunal Supremo desde la década de 1980 ha sido muy disputado, ya que los estadounidenses a favor de la vida han presionado para anular el caso Roe contra Wade y los estadounidenses a favor del aborto se han esforzado por eliminar todas las restricciones restantes al aborto.

El siglo XX fue testigo de una larga batalla sobre la ordenación de mujeres. Las denominaciones mayoritarias aceptaron la ordenación de mujeres y la teología feminista, que abogaba por la justicia social para las mujeres oprimidas. Los católicos romanos y los ortodoxos orientales, así como algunas denominaciones evangélicas, han mantenido la tradición cristiana histórica de un clero exclusivamente masculino. Otros evangélicos, como las Asambleas de Dios, afirman que todos los dones de la mujer deben utilizarse de manera plena en la iglesia, incluidos los dones de predicación y de liderazgo eclesiástico. El pentecostalismo mundial está dividido en este asunto y unas pocas denominaciones permiten la libertad de práctica, aunque la mayoría de los cristianos siguen manteniendo una postura firme.

El inicio del movimiento por los derechos de los homosexuales en Estados Unidos se asocia con los disturbios de Stonewall en 1969, en la ciudad de Nueva York. Los manifestantes que se oponían a una redada policial en el Stonewall Inn fueron detenidos, lo que suscitó simpatías, y la comunidad gay inició esfuerzos organizados para conseguir derechos legales y sociales. En 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas, lo que reforzó los esfuerzos de los activistas gays por conseguir la aprobación pública de la homosexualidad. Para lograr este objetivo, los defensores de los homosexuales empezaron a hablar de homosexualidad en todos los medios de comunicación. La estrategia consistía en hacer quedar bien a los homosexuales y denigrar a sus oponentes. En 1996, el Congreso aprobó la Ley de defensa del matrimonio, que definía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.

Paralelamente a los esfuerzos políticos, surgió un movimiento de «teología queer» y «cristianismo gay» con el mismo objetivo de obtener la aprobación de las iglesias estadounidenses. La estrategia consistía en infiltrarse en las denominaciones y buscar la plena inclusión de los homosexuales entre los miembros y dirigentes de las iglesias. Todas las denominaciones mayoritarias han librado continuas batallas sobre la homosexualidad, la mayoría de ellas avanzando hacia la plena aprobación de la comunidad LGBTQ en la iglesia. En 1972, la Iglesia Unida de Cristo se convirtió en la primera denominación en ordenar a un ministro abiertamente gay y cinco años más tarde ordenó a la primera ministra lesbiana.

EL FIN DEL SIGLO
Para bien y para mal, estos y otros acontecimientos marcaron irreversiblemente a la iglesia mundial del siglo XX. A finales de siglo, en los Estados Unidos, las denominaciones evangélicas, como la Convención Bautista del Sur y la Iglesia Presbiteriana en América, seguían creciendo, pero las denominaciones mayoritarias estaban en un declive pronunciado que continúa hoy. El mayor segmento del evangelicalismo estadounidense estaba representado por decenas de miles de pequeñas congregaciones independientes, así como por megaiglesias (iglesias protestantes que cuentan con una asistencia semanal regular de al menos dos mil personas). Las congregaciones evangélicas se hicieron más «sensibles al inconverso» y centraron su ministerio en llegar a los que no iban a la iglesia, predicando sobre temas candentes y utilizando la música contemporánea y los medios de comunicación de masas. A nivel mundial, el pentecostalismo continuó su avance en Latinoamérica, África y Asia, y las iglesias evangélicas de esos continentes incluso empezaron a enviar misioneros a la Europa y Norteamérica poscristianas.

Pero el pentecostalismo no fue la única tradición evangélica que experimentó crecimiento. La teología calvinista también extendió su influencia en el cristianismo estadounidense de finales del siglo XX a través del establecimiento de más congregaciones presbiterianas y reformadas, el resurgimiento del calvinismo entre los bautistas del sur, la fundación y expansión del Reformed Theological Seminary (Seminario Teológico Reformado) y los ministerios de enseñanza de James Montgomery Boice, J.I. Packer, R.C. Sproul y otros pensadores evangélicos reformados.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine
S. Donald Fortson III
El Dr. S. Donald Fortson III es profesor asociado de historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary de Charlotte, Carolina del Norte. Es autor de The Presbyterian Story: Origins and Progress of a Reformed Tradition [La historia presbiteriana: Orígenes y progreso de una tradición reformada].

Un problema puede esconder otro

Miércoles 12 Abril
A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?
Job 35:9-10

Un problema puede esconder otro
Sin duda, para provocar indignación en Jesús, algunos le contaron que Pilato había hecho masacrar a unos galileos y había mezclado su sangre con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió citando otra tragedia que sucedió sin que fuese por culpa de la maldad del hombre: “Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No” (Lucas 13:1-5). Con este ejemplo Jesús demostró que no debemos asociar automáticamente una catástrofe a un castigo divino.

En todos los tiempos se ha tratado de dar un sentido a los acontecimientos negativos, y se ha escrito mucho sobre este tema, pues las catástrofes naturales o los accidentes producen angustia y aflicción.

Jesús no respondió directamente la pregunta, sino que fue a lo esencial: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5). Hoy muchos quisieran preguntarle a Dios sobre la existencia del mal y del sufrimiento en la tierra. Él no tiene que rendirnos cuentas de nada, pero invita a cada uno a huir del terrible juicio reservado a todos, pues todos le desobedecieron. Y nos muestra cómo ser salvos: por medio del arrepentimiento y la fe en el sacrificio de Jesucristo.

¿Qué responderemos a la gracia de Dios que ofrece la salvación a todo el que se arrepiente? ¡Escuchemos las advertencias de Dios y no confundamos el problema: ¡ante todo, es necesario ser salvos, y esto es posible!

Ezequiel 35:1-36:12 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Ahora comprendo | Augustus Nicodemus Lopes

Como ya comenté en algún momento, en esta época del año se celebra la Pascua en toda la cristiandad, ocasión que solo pierde en popularidad ante la Navidad. A pesar de esto, hay muchas concepciones erróneas y equivocadas sobre la fecha.

La Pascua es una fiesta judía. Su nombre, “pascua”, viene de la palabra hebrea “פסח” Pessach que significa “pasar por encima”, una referencia al episodio de la Décima Plaga narrado en el Antiguo Testamento, cuando el ángel de la muerte “pasó por encima” de las casas de los judíos en Egipto y no entró en ninguna de ellas para matar a los primogénitos. La razón fue que los israelitas habían sacrificado un cordero por orden de Moisés, y esparció su sangre en los umbrales de las puertas. Al ver la sangre, el ángel de la muerte pasaba de largo por aquella casa.

Para la gran mayoría de los jóvenes en Latinoamérica, la Pascua es solo una semana con feriado, excelente para ir a la playa o cualquier otro sitio. Mucho ha pasado en el mundo para que esta fecha se convierta en lo que es hoy.

Todo comenzó con el arresto y la muerte de un judío llamado Jesús de la ciudad de Nazaret durante una fiesta judía llamada Pascua hace dos mil años en Jerusalén. Antes de morir, instruyó a Sus discípulos a comer pan y beber vino en sus reuniones como símbolo de Su cuerpo y de la sangre que sería derramada.

De hecho, murió crucificado en un Viernes de Pascua y fue sepultado. Sin embargo, el domingo siguiente por la mañana, su tumba fue encontrada vacía y Sus discípulos salieron a anunciar al mundo que Él había resucitado y que se les había aparecido varias veces a muchos de ellos, incluso a un judío que anteriormente había sido enemigo de los cristianos llamado Saulo de Tarso.

El mensaje de Saulo y de otros cristianos es que Jesús murió por nuestros pecados, resucitó para nuestra salvación y resurrección.

Este mensaje dio vuelta al mundo y el cristianismo se convirtió en la religión más grande del planeta, con millones de adeptos en todos los países, profesando y declarando haber recibido a Jesús en sus corazones como su salvador personal y Señor de sus vidas.

Yo soy uno de ellos. Tenía 23 años cuando creí en este mensaje. En ese entonces era estudiante de Diseño Industrial en la Universidad Federal de Pernambuco. Mi vida consistía en estudiar, trabajar y frecuentar a los bares dentro y fuera del campus de la universidad.

Aquella noche de septiembre en Recife, cuando comprendí y creí en el mensaje de la resurrección de Jesús, mi vida tomó un rumbo diferente y mucho mejor.

Seguí en la universidad y disfrutando de los feriados de la Semana Santa, pero ahora sabía su verdadero significado. A diferencia de antes, cuando disfrutaba del feriado, pero sin saber que su origen es la muerte violenta de un hombre tan importante que dividió la historia del mundo en un antes y después de Él.

Augustus Nicodemus Lopes
Es un ministro presbiteriano, teólogo, profesor, conferenciante internacional y autor de éxito. Augustus tiene una licenciatura en teología en el Seminario Presbiteriano del Norte en Recife, Brasil, una Maestría en Teología en Nuevo Testamento de la Universidad Reformada de Potchefstroom, Sudáfrica, y un doctorado en interpretación bíblica en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Él es también un pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Recife.

Un problema puede esconder otro

Miércoles 12 Abril

A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?

Job 35:9-10

Un problema puede esconder otro

Sin duda, para provocar indignación en Jesús, algunos le contaron que Pilato había hecho masacrar a unos galileos y había mezclado su sangre con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió citando otra tragedia que sucedió sin que fuese por culpa de la maldad del hombre: “Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No” (Lucas 13:1-5). Con este ejemplo Jesús demostró que no debemos asociar automáticamente una catástrofe a un castigo divino.

En todos los tiempos se ha tratado de dar un sentido a los acontecimientos negativos, y se ha escrito mucho sobre este tema, pues las catástrofes naturales o los accidentes producen angustia y aflicción.

Jesús no respondió directamente la pregunta, sino que fue a lo esencial: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5). Hoy muchos quisieran preguntarle a Dios sobre la existencia del mal y del sufrimiento en la tierra. Él no tiene que rendirnos cuentas de nada, pero invita a cada uno a huir del terrible juicio reservado a todos, pues todos le desobedecieron. Y nos muestra cómo ser salvos: por medio del arrepentimiento y la fe en el sacrificio de Jesucristo.

¿Qué responderemos a la gracia de Dios que ofrece la salvación a todo el que se arrepiente? ¡Escuchemos las advertencias de Dios y no confundamos el problema: ¡ante todo, es necesario ser salvos, y esto es posible!

Ezequiel 35:1-36:12 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

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¿Debería la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? | Elisabeth Elliot

Sumisión

“Simplemente no puedo soportar la idea de ser una alfombra”, dijo Jo cuando traté de hablarle sobre el principio bíblico de gobierno y sumisión. Está a punto de divorciarse porque está decidida a encontrar su libertad; y su matrimonio, dice ella, no era cincuenta-cincuenta como ella cree que debería ser. A ella le han vendido un contrato de bienes aquellos que han declarado que la sumisión de cualquier tipo es esclavitud. Sí, ha habido grandes errores en la sociedad. Sí, estoy de acuerdo que los hombres no deben oprimirse entre sí. Sí, es cierto que algunos hombres han tratado a las mujeres como alfombras. No, al esposo no se le ordena dominar, ni a la esposa ser servil. Ha habido toda clase de ataduras humanas que el cristiano debería ser el primero en deplorar y corregir. Jesús vino a dar libertad a los cautivos.

Pero la sumisión a la autoridad dada por Dios no es cautiverio. Si tan solo hubiera podido ayudar a Jo a ver esto; pero cuando le pregunté lo que ella pensaba que debería distinguir un matrimonio cristiano de todos los demás, ella dijo: “igualdad”. La igualdad es, por un lado, una imposibilidad humana en el matrimonio. ¿Quién está en posición de distribuir todo de acuerdo con la preferencia o la competencia? “Si me gusta, lo hago” decía Jo, “y debería ser yo quien lo haga. Si no me gusta, Bill lo hace. Si a él tampoco le gusta, entonces lo dividimos por la mitad”. Suena bien al principio. Ciertamente es la forma en que se hacen muchas cosas en cualquier hogar, supongo, y no diría que está mal. ¿Pero, existe un hogar verdaderamente feliz donde los miembros hacen sólo lo que les gusta y nunca hacen con gusto lo que no les gusta? Es un punto de vista ingenuo de la naturaleza humana suponer que dos iguales pueden turnarse para liderar y seguir, y pueden, debido a que son “maduros”, hacerlo sin ningún rango. El sentido común les ha dicho a las mujeres de todas las sociedades y de todas las épocas que el cuidado del hogar les corresponde a ellas. Los hombres han sido los proveedores. Ciertamente hay circunstancias en nuestra compleja sociedad moderna que exigen modificaciones. Conozco a muchas esposas de estudiantes de seminario que tienen que trabajar para poder pagar la matrícula de sus esposos y las compras del supermercado. Obviamente, los esposos deben hacer parte del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos. Este es un recurso temporal y la mayoría de ellos, esposos y esposas, esperan con ansias el día en que las cosas vuelvan a ser normales.

Si nos hemos vuelto tan maduros, de mente abierta, adaptables y liberados que los mandatos de las Escrituras dirigidos a las esposas —“adaptarse”, “someterse”, “sujetarse”— han perdido su significado; si la palabra cabeza ya no tiene ninguna connotación de autoridad, y la jerarquía ha llegado a significar tiranía; hemos sido ahogados en la corriente de la ideología de la liberación.

Le dije a Jo, y te digo a ti lo que Pablo les dijo a los cristianos romanos: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios” (Romanos 12:2). Dios quiere que seamos íntegros, seguros y fuertes, y una de las formas para encontrar esa integridad, seguridad y fortaleza es someternos a las autoridades que Él ha puesto sobre nosotros. (La cuestión sobre la autoridad política, a la que la Biblia también dice que debemos someternos, se vuelve grandemente complicada y dolorosa para algunos. En los tiempos modernos Dietrich Bonhoeffer, Corrie ten Boom y su familia y Richard Wurmbrand han tenido que luchar con esto. No está dentro del alcance de estas cartas discutir ese tema, pero lo menciono por si alguien piensa que tiendo a simplificar demasiado y usaría los mismos argumentos para defender, por ejemplo, la esclavitud).

La sumisión por causa del Señor no equivale a servilismo. No conduce a la autodestrucción, el sofocamiento de los dones, la personalidad, la inteligencia o el espíritu. Si la obediencia misma requiere un suicidio de la personalidad (como lo afirma un escritor), tendríamos que concluir que la obediencia a Cristo demanda esto. Pero las promesas que Él nos ha dado difícilmente apuntan a la autodestrucción: “Yo los haré descansar” (Mateo 11:28). “Mi paz les doy” ( Juan 14:27). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” ( Juan 10:10). “Para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” ( Juan 3:16). “Pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás” ( Juan 4:14). “El que pierda su vida por causa de Mí, la hallará” (Mateo 16:25). “El Padre de ustedes ha decidido darles el reino” (Lucas 12:32).

Dios no le está pidiendo a nadie convertirse en un cero a la izquierda. ¿Cuál fue el diseño del Creador en todo lo que hizo? Él quería que fuera bueno, es decir, perfecto. Precisamente lo que Él quería: libre para ser lo que Él destinó que fuera. Cuando le ordenó a Adán a “someter” y “ejercer dominio” sobre la tierra, no le estaba ordenando que destruyera su significado o su existencia. Él estaba, podemos decir, “orquestando”, dando la dirección a uno, sometiendo a otro, para producir una completa armonía para Su gloria.

Déjame ser mujer

Elisabeth Elliot

En Déjame ser mujer, Elisabeth Elliot escribe con claridad sobre lo que significa ser una mujer cristiana. Tanto si eres joven como mayor, soltera, comprometida, casada o viuda, entenderás mejor cómo encajas en el plan de Dios, y saldrás con una maravillosa sensación de paz sobre quién eres realmente como mujer cristiana..

Debe ser muy difícil para las personas que no han sido criadas en hogares disciplinados, aprender la relación entre autoridad y amor, porque para ellos la autoridad habrá estado asociada con elementos fuera de su hogar, como la ley civil. Pero tenemos a un Dios amoroso que arregló las cosas no solo para nuestro “mejor interés” (no siempre estamos deseosos de tener lo que es “bueno para nosotros”) sino para la libertad y el gozo. Cuando hizo a Eva, fue porque el Jardín del Edén habría sido una prisión de soledad para Adán sin ella. No era bueno para él estar solo, y para liberarlo de la prisión y traer libertad y gozo, Dios le dio a la mujer. La libertad y el gozo de Eva eran ser el complemento de Adán.

Cuando Pablo habla de la sumisión de la mujer, basa su argumento en el orden de la creación. La mujer fue creada de y para el hombre. Sigue naturalmente que ella tuvo que ser creada después del hombre. La posición cronológica secundaria de la mujer no prueba necesariamente (a pesar de Richard Hooker y otros) una inteligencia inferior. Pero aquellos que descartan la posibilidad de las diferencias sexuales en los dones intelectuales no están considerando toda la información. Hay algunas estadísticas intrigantes que apuntan a razones biológicas para tales diferencias. Los hombres parecen estar mejor equipados para tratar con más altos niveles de abstracción. Una demostración de esto es el hecho de que, si bien en la actualidad hay ochenta y dos grandes maestros de ajedrez, ninguno es mujer. De los quinientos mejores jugadores de ajedrez de la historia, ninguno ha sido mujer. Pero miles de mujeres, particularmente en la Unión Soviética, juegan ajedrez.

Leí sobre esto en un libro llamado La inevitabilidad del patriarcado por Steven Goldberg. Goldberg se esfuerza grandemente por mostrar que de ninguna manera él está sugiriendo que los hombres son generalmente superiores a las mujeres. Son diferentes, y sus diferencias están determinadas por las hormonas:

Es necesario señalar, una vez más, que no hay razón para creer que hay diferencias sexuales en la inteligencia en todos sus múltiples aspectos. Considerar la capacidad para teorizar como una mayor demostración de inteligencia que la percepción o la perspicacia no es menos arriesgado que considerar la fuerza física más importante que la longevidad como medida de buena salud.

Para el cristiano, las estadísticas de Goldberg son interesantes. Para el cristiano que cree en un orden jerárquico, son aún más interesantes, porque, aunque creemos que el orden patriarcal tradicional no es meramente cultural y sociológico, sino que tiene su fundamento en la teología, es interesante descubrir que también tiene un fundamento biológico válido.

Hay un principio espiritual involucrado aquí. Es la voluntad de Dios. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, se nos muestra en incontables historias en el trato de Dios con las personas que es Su voluntad liberarlas y darles alegría. A veces, el proceso de liberarlas es doloroso. Significó la muerte para el Hijo del Hombre —Su vida a cambio de la nuestra—. No vino a condenar, ni esclavizar, ni a meternos en una prisión. Él vino a dar vida.

Y es la voluntad de Dios que la mujer esté sujeta al hombre en el matrimonio. El matrimonio es usado en el Antiguo Testamento para expresar la relación entre Dios y Su pueblo de pacto y en el Nuevo Testamento entre Cristo y la iglesia. Ningún esfuerzo por mantenerse al día, por adaptarse a los movimientos sociales modernos ni a los cultos a la personalidad nos autoriza a invertir este orden. Tremendas verdades celestiales se exponen en la sujeción de la esposa a su esposo, y el uso de esta metáfora en la Biblia no puede ser accidental.

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Este artículo ¿Debería la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? La respuesta de Elisabeth Elliot fue adaptado de una porción del libro Déjame ser mujer, publicado por Poiema Publicaciones. 

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Páginas 133 a la 137

Transfigurado y crucificado

Sábado 8 Abril

Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Mateo 17:1-2

Transfigurado y crucificado

Para sus discípulos, Jesús era el Mesías que debía reinar en toda la tierra. Varios profetas lo habían anunciado. Sin embargo, Jesús servía a su criatura. Aún más, había anunciado a sus discípulos su rechazo por parte de su pueblo, sus sufrimientos, su muerte y su resurrección. Pero su rechazo no ponía en duda sus glorias futuras de Rey de reyes. Entonces Jesús desveló su gloria a las personas más cercanas a él, poco antes de que fuesen testigos de la vergüenza de la cruz. ¡Qué contraste entre estos dos escenarios!

En la montaña, su rostro resplandeció como el sol; pero en la cruz, su rostro fue desfigurado más que el de cualquier otro hombre (Isaías 52:14). En la montaña, sus vestidos se hicieron blancos como la luz; en la cruz, los soldados echaron suerte sobre sus vestiduras. En la montaña, Moisés y Elías aparecieron hablando con Jesús. En la cruz fue crucificado entre dos malhechores, mientras sus conocidos se mantenían a distancia (Mateo 27:35, 38; Lucas 23:49). En la montaña una nube de luz los cubrió. En la cruz, hubo tinieblas sobre toda la tierra. Por último, en la montaña, Dios rompió el silencio: una voz desde la nube dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”; en la cruz, el silencio de Dios, por esto al final de las tres horas de tinieblas, “Jesús clamó a gran voz, diciendo… Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:45-46).

Adoramos a nuestro Señor Jesús por su sacrificio en la cruz. Le adoramos por su gloria: ¡ahora está resucitado, sentado a la diestra de Dios en el cielo!

Ezequiel 32 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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¿Es la Semana Santa una fiesta pagana?

No, la Semana Santa no es una fiesta pagana. La Semana Santa es la celebración cristiana de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Los cristianos creen que Jesús, el Hijo de Dios, murió por nuestros pecados en una cruz romana, fue enterrado y resucitó «El primer día de la semana, muy de mañana» (Lucas 24:1).

Los que afirman que la Semana Santa es una fiesta pagana normalmente dicen que la palabra Semana Santa está relacionada etimológicamente con el nombre de una antigua diosa o que varios grupos paganos también celebraban ceremonias en primavera. Ninguna de las dos afirmaciones es muy convincente.

En primer lugar, consideraremos la idea de que la Semana Santa es una fiesta pagana porque el nombre de Semana Santa tiene orígenes paganos. Algunos dicen que una diosa sajona llamada Eostre (por su nombre en inglés) es la homónima de nuestra fiesta moderna. Otros dicen que la palabra Semana Santa proviene del nombre de una diosa de origen germánico llamada Ostara (por su nombre en inglés). El problema de estas dos teorías es que no hay pruebas reales de que alguien haya adorado a una diosa con cualquiera de estos nombres. La única mención de Eostre proviene de una referencia casual en la historia del Venerable Bede. La primera mención de una diosa llamada Ostara se encuentra en un libro de Jakob Grimm, y éste admitió que no pudo encontrar ningún vínculo fiable entre la Semana Santa y las celebraciones paganas.

Ahora consideraremos la idea de que la Semana Santa es una fiesta pagana porque su celebración primaveral coincide con las de las religiones paganas. Hay una gran cantidad de fiestas paganas que ocurren durante la temporada que comprende la Semana Santa: el Día de Bau (babilónico), el Día de la Madre Oscura (indio), el Día de Fortuna (romano), la Fiesta de Blajini (rumano), la Fiesta de Artemisa/Diana (griego/romano), la Fiesta de Tellus Mater (romano), la Fiesta de Ba’ast (egipcio), la Fiesta de Ishtar (babilónico), la Fiesta de Elaphebolia (ateniense) y el Día de Odín (nórdico), por nombrar algunas. No obstante, compartir una fecha en el calendario no es prueba de que dos fiestas estén relacionadas. Un matrimonio que celebra su aniversario de boda el 31 de octubre no debería recibir ninguna acusación de haberse apropiado de Halloween.

En pocas palabras, las afirmaciones de que la Semana Santa es una fiesta pagana están basadas en rumores, suposiciones y deducciones, sin ninguna prueba sólida que las respalde. Incluso si el Domingo de Ramos fuera una versión cristianizada de una antigua fiesta pagana, no supondría que la Semana Santa en sí misma fuera una fiesta pagana. Hoy en día nadie sacrifica a una diosa llamada Eostre u Ostara. Independientemente de lo que un día pueda significar en el pasado, su celebración en la actualidad debe evaluarse sobre la base de lo que significa hoy. Los cristianos que celebran la Semana Santa no son más paganos que las iglesias que se reúnen para celebrar el domingo (llamado así porque era el «Día del Sol» pagano). Los orígenes paganos de los nombres de los días de la semana no tienen nada que ver con las reuniones semanales de la iglesia, y las antiguas fiestas paganas de primavera no tienen ninguna relación real con la moderna celebración cristiana de Semana Santa.

Aunque no se haya escrito sobre la Semana Santa, se puede aplicar Romanos 14:5-6: «Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor». Si un cristiano se preocupa por algunos aspectos de la celebración de la Semana Santa, ese cristiano debe hacer lo que cree que es correcto. No debe juzgar a los demás que celebran de forma diferente, ni los demás deben juzgarle a él cuando no hay una directriz bíblica clara.

Artículo tomado del Ministerio Got Questions

“Padre, perdónalos”

Viernes 7 Abril

Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Lucas 23:33-34

“Padre, perdónalos”

El 3 de abril de 2015, un día después del asesinato de 148 estudiantes en Kenya, la mayoría de ellos cristianos, Ciku Muriuki, locutora de radio en ese país, dirigió estas palabras a los autores de la masacre:

–Ustedes admitieron ser los autores de la muerte de 148 estudiantes. Estoy triste por todas esas familias que perdieron a sus seres queridos. Supongo que escogieron a propósito este tiempo de Pascua en el que Cristo dio su vida por todos, incluso por ustedes. Quizá se burlen de esto… otros ya lo hicieron antes que ustedes. Aquel día una multitud enardecida insultó a Jesús pidiendo su muerte. Soldados romanos le escupieron la cara, lo golpearon, pusieron una corona de espinas en su cabeza y lo clavaron en una cruz. ¡Sin embargo, habían visto sus milagros y escuchado sus palabras! ¿Por qué actuaron con tanta crueldad? Jesús miró a sus asesinos y oró por ellos: “Padre, perdónalos”. Nadie mató a Jesús. Él dio su vida voluntariamente. ¡Pagó un precio infinito por nosotros que pecamos por ignorancia, o incluso deliberadamente!

Cristo también murió por ustedes, que mataron a mis hermanas y hermanos cristianos. ¡Yo los perdono! ¡Sí, escucharon bien: los perdono! Así como su corazón está lleno de odio, yo quiero llenar el mío de amor, como Jesús… ¡Él murió, pero resucitó! Los estudiantes que ustedes masacraron también resucitarán, pues Jesús prometió la vida eterna a todos los que creen en él… Cristo también murió en la cruz por ustedes, para salvarlos, si se arrepienten.

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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Por qué Jesús no bajó de la cruz para evitar Su muerte | Matías Peletay

Por qué Jesús no bajó de la cruz para evitar Su muerte

De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían: «A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él» (Mt 27:41-42).

Cuando Jesús estaba clavado en la cruz, en el momento de Su agonía, los principales sacerdotes y ancianos del pueblo le ofrecieron un trato tentador: si se bajaba de la cruz, es decir, si se liberaba de una manera milagrosa, ellos estarían dispuestos a creer que Él era el Cristo. La propuesta era atractiva, pues significaba evitar el dolor y conseguir que muchas personas creyeran en Él. Pero Jesús decidió quedarse en la cruz.

Para entender mejor esta oferta de último momento de parte de los líderes espirituales de Israel, podemos hacer un breve repaso de sus interacciones con Jesús.

Una generación incrédula
Los sacerdotes y líderes del pueblo se veían a sí mismos como los pastores del pueblo de la nación, eran los instructores que guiaban a los demás a través de sus enseñanzas. No estaban del todo equivocados. Pero el deseo de poder y la corrupción del corazón humano habían hecho que estos pastores se desviaran y desviaran al resto del pueblo con ellos. La corrupción de estos líderes espirituales se había acumulado por tanto tiempo que Dios había decidió arrebatarles su posición y pastorear Él mismo a Su rebaño (Ez 34:11-16). Dios mismo sería el pastor que los líderes debían ser, pero que no fueron.

Esta fue una de las promesas que Jesús, el buen pastor, vino a cumplir. Cuando comenzó a enseñar, los oyentes sabían que era distinto a los escribas, sacerdotes y demás líderes (Mr 1:22). Mientras más conocido era Jesús, más despertaba la envidia de los líderes espirituales de la nación. Luego del milagro tremendo de multiplicar los panes, unos fariseos se acercaron a Jesús para discutir con Él. Estos maestros de la ley exigían una señal del cielo (Mr 8:11-13). Actuaban como los jueces de la fe, como los únicos capaces de certificar si este hombre, que decía ser Dios, era realmente un enviado del cielo. Esta actitud arrogante les impedía ver las obras de Jesús a la luz del Antiguo Testamento, para entender que las promesas de Dios se estaban cumpliendo en Él.

Jesús se quedó en la cruz no por falta de poder, sino por el poder de Su amor

Cuando Jesús se dirigió a Jerusalén para llevar a cabo Su plan como el Mesías de Dios, Sus palabras expresaban claramente que este plan incluía ser rechazado por los sacerdotes y principales del pueblo (Mr 8:31-32). En la ciudad de Jerusalén, Jesús fue recibido por la multitud como el rey esperado, una aclamación popular que fácilmente podría haber aumentado el resentimiento de los líderes de la ciudad. ¡Cuánto más luego de que Jesús echó a los mercaderes del templo! El escándalo era público, la autoridad de los sacerdotes y escribas era desafiada y la figura de Jesús crecía.

Por eso los sacerdotes, escribas y ancianos le salieron al encuentro para demandar explicaciones: «¿Con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio autoridad para hacer esto?» (Mr 11:28). Pero Jesús no les respondió. La pregunta solo tenía el propósito de censurar, de castigar y prohibir que Él siguiera enseñando y modificando las costumbres. Los líderes no estaban dispuestos a aprender o a escuchar alguna explicación de parte de Jesús.

Las señales estaban a la vista: los ciegos veían, los cojos andaban, los muertos eran resucitados y el evangelio era anunciado a los pobres (Mt 11:5-6). Las promesas de Dios, escritas por los profetas, se estaban cumpliendo ante los ojos de los escribas y fariseos, pero su corrupción no les permitía verlas. Su deseo de mantener el poder y su orgullo les impedía reconocer las señales. Una generación perversa y adúltera que exigía señales, pero que no era capaz de entender los tiempos acordes a las Escrituras.

Tal era la ceguera de su pecado, que cuando este liderazgo finalmente logró llevar a Jesús a la cruz, seguía pidiéndole señales a este hombre moribundo. Claro que lo hacían para burlarse, como lo hacía el resto de las personas que pasaban por allí, pero aún así se atrevieron a asegurar que ellos estarían dispuestos a creer que Jesús era el Mesías, si demostraba una señal poderosa y se bajaba de la cruz. ¿Puedes imaginarlo? Jesús liberándose de los clavos ante la multitud, recomponiendo Su cuerpo maltratado y castigado hasta el cansancio y revirtiendo todo Su sufrimiento para bajarse sano y sin un rasguño. Esa sí que sería una señal tremenda a ojos humanos.

¿No era esa invitación de los líderes del pueblo una buena oportunidad para demostrar que Jesús era el verdadero Hijo de Dios? ¿No se hubieran convertido los líderes de la nación y tras ellos, el resto del pueblo? A muchos de nosotros nos gustaría pensar que sí, porque es el tipo de señal y manifestación que nos gusta buscar.

Nos puede ayudar recordar la conocida parábola de Lázaro y el hombre rico (Lc 16:19-31), donde Jesús contó que el personaje rico aseguraba que si alguien de entre los muertos se levantaba y anunciaba la verdad a sus familiares, entonces se arrepentirían y serían salvos. Parece lógico. ¿Quién no creería si ve a un muerto resucitar para transmitirle un mensaje? Pero la respuesta de Abraham en la parábola fue: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguien se levanta de entre los muertos» (v. 31). Si no creen por el testimonio de las Escrituras, la Palabra de Dios, no creerán, aunque se levanten los muertos delante de sus propios ojos. Otro Lázaro, el amigo de Jesús, fue resucitado ante la vista de muchos, pero no todos los testigos creyeron (Jn 11:45-46).

Jesús no se bajó de la cruz, sino que se quedó por amor hasta que Su obra fue consumada

Esto mismo podríamos decir de los principales sacerdotes y escribas que miraban a Cristo en la cruz. Aunque Jesús se hubiera bajado en una manifestación de poder ante sus ojos, sus corazones habrían seguido endurecidos. ¿Cuántos milagros había hecho Jesús antes y no fueron suficientes para sus pretensiones? Los mismos líderes lo reconocieron: «a otros salvó». Sabían muy bien que Jesús era capaz de hacer cosas extraordinarias, por eso se burlaban de Su condición dolorosa y aparentemente derrotada mientras estaba clavado en el madero.

Se quedó en la cruz
Por más tentadora que parecía la oferta en términos humanos, el plan eterno de Dios era diferente. Jesús es el cordero preparado desde antes de la fundación del mundo para pagar el precio de nuestro rescate (1 P 1:18-20). La muerte de Jesús era necesaria para nuestra salvación. La crucifixión parecía una escena de derrota, pero en realidad era el triunfo de Cristo sobre el pecado de Su pueblo. Jesús estaba destruyendo la condena que pendía sobre nuestras cabezas (Col 2:14) y, en Su mismo cuerpo, borró nuestra enemistad con Dios (Ef 2:16).

Quedarse en la cruz fue la verdadera victoria, la verdadera manifestación de poder. Para mentes humanas nubladas por el pecado, Jesús era un abatido, un pobre hombre derrotado e incapaz de evitar su muerte. Un herido por Dios. Pero nada estaba más lejos de la verdad, pues Él estaba llevando nuestras enfermedades y sufriendo nuestros dolores, para que todo aquel que cree en Él tenga vida eterna (Jn 3:16).

En nuestra mirada humana, limitada y egoísta, hubiéramos pensado que bajarse de la cruz podría haber sido la mejor opción. Una demostración tan potente y pública podría haber convencido a muchos. Pero Jesús, conociendo el plan eterno del Padre, puso Sus ojos en los frutos de Su aflicción (Heb 12:2). El amor a Su pueblo lo mantuvo en la cruz; miró al resultado y a los beneficiarios de Su muerte y, entonces, soportó las burlas, el desprecio y la muerte. Se quedó en la cruz no por falta de poder, sino por el poder de Su amor.

Al final, morir por amor era el paso previo y necesario para resucitar con poder, y de esa manera consumar la redención de los Suyos.

Nuestros ojos lo vieron
Ninguno de los testigos de Su muerte pudo discernir lo que realmente estaba sucediendo. Ni los burladores que pasaban, ni los sacerdotes y escribas que le injuriaban con arrogancia, ni Sus discípulos que huyeron, ni las mujeres que le lloraron. Fue la gloria del Cristo resucitado lo que convenció a Sus discípulos de su fe y lo que les permitió entender el verdadero sentido y significado de la cruz.

Creemos en Dios y hemos recibido Su perdón, porque Cristo no se bajó de la cruz, sino que se quedó allí por amor

Pero ¿cómo convencer a aquellos que no pueden ver con sus ojos físicos a Jesús resucitado? La respuesta está en lo que Abraham le dijo al hombre rico en la parábola que Jesús relató: «a Moisés y a los profetas tienen». El Espíritu de Dios nos muestra la gloria de Cristo en las Escrituras, en Moisés y en los profetas. Es imposible entender, ver y conocer el significado de la cruz fuera de las Escrituras y sin la ayuda del Espíritu Santo. Gracias a la iluminación del Espíritu, podemos entender cuál fue el poder que actuó en la resurrección y coronación de Jesús, y que ahora vive en nosotros si hemos aceptado la redención por la fe (Ef 1:18-19).

Al conmemorar el día de la muerte de Jesús, nosotros vemos mucho más que una cruz de dolor, como solo veían aquellos líderes espirituales de Israel. Nosotros vemos la gloria de Cristo, Su triunfo sobre el pecado y el precio de nuestro rescate.

Los sacerdotes y ancianos, ciegos en su arrogancia, se burlaron del Salvador en Su sufrimiento. Pero cuando escucharon la predicación del evangelio y el Espíritu actuó por la Palabra, muchos judíos fueron convencidos de sus pecados y respondieron con arrepentimiento y fe (Hch 2:37-39). Gracias a la predicación y al testimonio de la iglesia de Jerusalén, incluso muchos sacerdotes vinieron a la fe (Hch 6:7). Tal vez muchos de ellos habían contemplado a Cristo en la cruz y menearon la cabeza, algunos en forma de burla y otros con decepción. Tal vez se convirtió alguno de aquellos que gritaron con soberbia: «que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él».

Jesús no se bajó de la cruz, sino que se quedó por amor hasta que Su obra fue consumada (Jn 19:30), y por eso muchos sacerdotes después pudieron creer. De la misma manera nosotros creemos en Dios y hemos recibido Su perdón, porque Cristo no se bajó de la cruz, sino que se quedó allí por amor.

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Hacia una vida nueva

Jueves 6 Abril

Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

1 Corintios 15:10

Tengo valor para Dios (2)

Hacia una vida nueva

Ayer vimos cómo el amor de Dios confiere un valor inestimable a todo el que cree. Debido a este amor de Dios, no debemos temer a la opinión de los demás. Tampoco debemos desesperarnos a causa de nuestros fracasos; podemos levantarnos y volver a empezar, porque Dios es fiel. Como Dios nos amó primero, no es necesario tratar de ganar su amor por medio de acciones religiosas o buenas obras. ¡Tenemos una salvación gratuita, solo por gracia!

Como consecuencia, cuando recibimos este amor inmerecido, él nos conduce a amar también: amamos a Dios y a nuestro prójimo, porque Dios nos amó primero (1 Juan 4:19).

Así la gracia de Dios nos anima y nos da una nueva vida. Gracias a ella podemos superar nuestros miedos y experimentar la verdadera libertad, ser libres de la obsesión por demostrar lo que valemos, de la angustia por no estar a la altura, de esa competencia que nos obliga sin cesar a superarnos… ¡Creer en Dios es dejarse invadir por la acción de la gracia!

Y también, como sabemos que somos amados, podemos agradecer y alabar a Dios por su gracia derramada en nosotros, en especial cuando celebramos el culto. Evidentemente, nunca devolveremos en la medida en que hemos recibido, pero cada vez estaremos más agradecidos con Dios quien nos conduce y nos acompaña en el camino de la vida.

“A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios… sea gloria y majestad” (Judas v. 24-25).

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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