Una canción de alabanza

5 Julio 2017

Una canción de alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Después de adorar a Dios con una corta doxología, David reflexiona en la grandeza de su Dios y al hacerlo, le alaba. Observe como el rey David toma su lugar ante una congregación de creyentes y los dirige en adoración.

Has puesto tu gloria sobre los cielos.
De la boca de los pequeños
y de los que todavía maman
has establecido la alabanza
frente a tus adversarios
para hacer callar al enemigo y al vengativo. (Salmo 8:1-2)

La diferencia entre la alabanza y la petición es la ausencia del ego. David quiere que el enfoque sea solamente en Dios y lo hace por medio de esta expresión de alabanza. Él declara que la majestad y la gloria de Dios se muestra en los cielos. El Señor le ha otorgado al universo físico un reflejo del asombroso esplendor de su majestad. El salmo 19:1 verifica este hecho: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

También lo leemos en Romanos 1: 20:

Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas de modo que no tienen excusa.

David continúa ilustrando su concepto de la gloria de Dios mencionando otro extremo; él considera la dependencia de los bebés y como Dios puede utilizar aun a los pequeños infantes para callar a aquellos que se oponen a Dios. Dios se muestra asimismo majestuoso y glorioso en su amor por el débil.

Un amigo mío que es obstetra me dice que aun antes de ser cristiano, él no podía ignorar el poder de Dios cuando sostenía en sus manos a cada bebé que él ayudaba a dar a luz. Él me dice que fue esto lo que le llevó a buscar respuestas en la Biblia y finalmente encontrar la salvación a través de la fe en Jesucristo. Es por ello que: «De la boca de los pequeños y de los que todavía maman» se declara el poder y la majestad de Dios. Podemos afirmar la prueba viviente del poderío creativo de Dios al ver su amor por los débiles. Cuando analizamos las características pequeñas y delicadas de un bebé, nos asombramos de ver el cuidado y la atención de Dios en su creación. El versículo 2 concluye con un recordatorio de que hasta los enemigos de Dios tienen que guardar silencio al analizar el universo o al considerar a los bebés.

Los infantes pueden ser pequeños y las galaxias pueden ser gigantescas pero ambos conllevan un profundo significado para aquél que les observa. Ese mismo significado debe mantenernos enfocados cuando cavilamos pensando que ya no somos valiosos o necesarios. Aunque Dios nos honra permitiendo que su obra se realice por medio de nosotros, esa no es la base de nuestro valor. En otras palabras, nosotros no somos valiosos ante Dios por nuestra utilidad. Él nos valora seamos productivos o no.

Este mensaje debería consolarnos. Dios no nos da su amor en base a nuestro poder o a nuestra capacidad. Él nos ama de cualquier manera. Somos especiales para Él sin importar lo que ocurra, aun cuando seamos tan débiles como un recién nacido.

Afirmando el alma
Si Dios le ama y le valora sin importar cuáles son sus atributos personales: fortaleza, riqueza, talento, apariencia, inteligencia o moralidad, ¿de qué forma esto cambia su sentido de autoestima? ¿De qué manera afecta sus decisiones diarias?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Es mucho mejor que se nos sacuda bruscamente antes de que las cosas se descontrolen.

5 JULIO

Josué 7 | Salmos 137–138 | Jeremías 1 | Mateo 15

Por supuesto que no siempre funciona de esta manera. A veces, el pecado de un hombre y de su familia- en este caso, Acán- no supone la derrota de toda la comunidad de creyentes (Josué 7). Por ejemplo, el pecado de Ananías y Safira sólo les provocó la muerte a ellos mismos (Hechos 5), y el castigo que sufrieron produjo un temor piadoso sobre el resto de la asamblea. Por otro lado, el pecado de David repercutió trágicamente en la nación entera. Tal vez, los casos más atemorizantes son aquellos en los cuales muchísimas personas cometen innumerables pecados y Dios no hace absolutamente nada al respecto. Porque el peor juicio ocurre cuando Dios le da la espalda al pueblo y decide dejar que el pecado siga su curso. Es mucho mejor que se nos sacuda bruscamente antes de que las cosas se descontrolen. Por esto, durante gran parte de los últimos cuarenta años en el desierto, ellos estuvieron entregados a la disciplina de Dios: el propósito era tanto educativo como reformador.

Cualquiera que sea el caso en otras partes de las Escrituras, aquí el pecado de Acán y su familia provoca una derrota vergonzosa al contingente de tropas enviadas a tomar el pueblito de Hai. Peor aún, supuso la muerte de treinta y seis israelitas (7:5). En un sentido, Acán era un asesino. Cuando Josué, consternado, busca el rostro de Dios, Dios le responde un tanto abruptamente y le dice: “Deja de orar y resuelve el problema del pecado en el campamento” (7:10–12). Dios le había dado instrucciones explícitas en repetidas ocasiones y habían sido violadas. El pacto entre Dios y los israelitas era esencialmente comunitario, de manera que Dios estaba decidido a enseñarle a toda la comunidad a ejercitar entre sus miembros la disciplina ordenada por el pacto.

No hay duda de que debemos tener en cuenta ciertas diferencias sustanciales al pensar en el nuevo pacto. Sin embargo, aquí también Dios dice algunas cosas explícitas y espera que la comunidad del pacto ejerza la disciplina (por ejemplo, 1 Corintios 5; cf. 2 Corintios 11:4; 13:2–3). Pablo nos advierte que dejar de tomar una acción disciplinaria en la iglesia cuando ha habido una crasa violación, pone en peligro a la comunidad entera (1 Corintios 5:6). Los pastores de iglesias y los líderes de otras organizaciones cristianas que ignoren esta perspectiva le están abriendo la puerta al desastre en medio del pueblo al que son llamados a dirigir. Se puede apelar a la paz cuando la verdadera motivación puede ser sencillamente cobardía o, peor aún, no tomar las en serio palabras de Dios. Este tema se refuerza en la segunda lectura asignada para este día: “Yo… alabaré tu nombre por tu gran amor y fidelidad. Porque has exaltado tu nombre y tu palabra por sobre todas las cosas” (Salmo 138:2–3).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 186). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Mirad, pues, cómo oís.

miércoles 5 julio

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Salmo 32:8

Mirad, pues, cómo oís.

Lucas 8:18

Paneles indicadores

Si el cristiano sabe que el Señor Jesús le preparó un lugar en el cielo, y que nadie se lo puede quitar, durante su travesía por esta tierra no se queda sentado como si fuera en un tren directo. Más bien está al volante de un automóvil que va por una carretera llena de peligros: obstáculos, niebla, baches, hielo… Por eso debe estar atento para evitar accidentes y no retrasarse inútilmente.

La Biblia coloca en el camino del creyente paneles de señalización para informarlo. También encontramos:

–Itinerarios aconsejados: Jesús nos dice: “Sígueme tú” (Juan 21:22).

–Exhortaciones muy serias como: “Huid de la fornicación” (1 Corintios 6:18). “Huye también de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).

–Advertencias que señalan un peligro: “Raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10). “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21).

–Áreas de descanso: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (Marcos 6:31).

La lectura de la Biblia nos enseña, pues, a conocer los peligros que nos acechan. El Espíritu Santo atrae nuestra atención hacia ellos, y es tanto más necesario porque la niebla de nuestros propios pensamientos fácilmente puede nublarnos la vista. El deseo de agradar a Dios nos conduce a evitar y a rechazar la tentación de detenernos en un lugar peligroso… ¡o demasiado cómodo! La oración y la confianza en la gracia poderosa de Dios nos conducirán a nuestro destino de manera segura.

Daniel 7 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21

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Una vida responsable

Una vida responsable

7/4/2017

Por tanto procuramos también… serle agradables. (2 Corintios 5:9)

Es inconcebible creer que se pueda llevar una vida cristiana fiel y abundante simplemente con buenas intenciones y sentimientos afectuosos. La vida cristiana es una vida responsable, basada en normas y principios específicos. Se fundamenta en los valores y las creencias revelados divinamente que Dios quiere que obedezcamos y sigamos cada uno de nosotros.

Una vez un joven me preguntó: “¿Cómo se puede saber si verdaderamente uno es cristiano? ¿Cómo se puede saber si la decisión de aceptar a Cristo no fue más que una experiencia emotiva?” Le respondí: “La única forma de saber si hemos experimentado la justificación, si estamos en armonía con Él y somos parte de su familia, es observando nuestro corazón y nuestra vida. Si Cristo es nuestro Salvador y Señor, el deseo más profundo de nuestro corazón será servirle y agradarle, y ese deseo se expresará en un anhelo de santidad y una conducta de vida recta”.

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Los santos son hombres de honor invariable

4 de julio

«El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño».

Salmo 24:4

La santidad externa, práctica, es una señal muy preciosa de la gracia. Tememos que muchos creyentes hayan pervertido la doctrina de la justificación por la fe de tal manera que traten las buenas obras con desprecio. Si esto es cierto, los tales recibirán un eterno menosprecio en el gran día final. Si nuestras manos no están limpias, lavémoslas en la preciosa sangre de Jesús y después levantemos manos santas a Dios. No obstante, estar «limpio de manos» no será suficiente, a menos que ello esté conectado con ser «puro de corazón». La verdadera religión es obra del corazón. Podemos lavar la parte exterior del vaso o del plato como queramos, pero si la parte interior del mismo se encuentra sucia, estaremos completamente sucios en la presencia de Dios: pues nuestros corazones son nuestros de un modo más real que nuestras manos. La vida misma de nuestro ser reside en nuestro interior; de ahí la urgente necesidad de que el mismo sea puro. El limpio de corazón verá a Dios; todos los demás no son sino ciegos murciélagos.

El hombre que ha nacido para el Cielo no eleva «su alma a cosas vanas». Todos los hombres tienen sus deleites, por los cuales se elevan sus almas. El mundano eleva su alma mediante los placeres carnales, que son meras vanidades; pero el santo ama más las cosas sustanciales. Como Josafat, se alienta en los caminos del Señor (cf. 2 Cr. 17:6). El que se satisface con las algarrobas será contado entre los cerdos. ¿Te satisface el mundo? Entonces tienes tu premio y porción en esta vida; aprovéchala mucho, porque no conocerás otro gozo.

«Ni jurado con engaño». Los santos son hombres de honor invariable. El único juramento del cristiano es su palabra, pero ella es tan buena como veinte juramentos de otros hombres. Las palabras falsas excluirán a cualquier hombre del Cielo, porque el mentiroso no entrará en la casa de Dios, cualesquiera que sean sus profesiones de fe o sus hechos. Lector, ¿te condena este texto? ¿Esperas tú subir al monte del Señor?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 195). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Siervos del Señor”

4 JULIO

Josué 6 | Salmo 135–136 | Isaías 66 | Mateo 14

Cada versículo del Salmo 135 cita a, alude a, o es citado por otra parte de las Escrituras.

El versículo 1 reordena las palabras del Salmo 113:1, enfatizando a los “siervos del Señor”, a quienes se les describe en el versículo 2, el cual, a su vez, adapta una frase del Salmo 116:19. El versículo 3 es uno de tres versículos que aparecen en el libro de los Salmos en los cuales se nos dice de distintas formas que el nombre del Señor es bueno (52:9), que él mismo es bueno (135:3) y que alabarle es bueno (147:1); y más aún, que tanto su nombre (en este texto) como la adoración a él (147:1) es “agradable” (o tal vez “deleitoso”). Si el versículo 3 enfatiza el carácter de Dios, el 4 resalta su amor electivo de manera que nos transporta de vuelta a Deuteronomio 7:6.

Los versículos 5 al 7 enfatizan el poder ilimitado de Dios, trayendo a memoria Éxodo 18:11; Salmo 115:3; Jeremías 10:13. La frase inicial “Yo sé que…” resalta la confesión personal; esto es una verdad no sólo para conocer, sino para vivir. Gran parte de los versículos 8 al 12 vuelven a aparecer dispersados en el próximo salmo, a menudo de manera textual (136:10, 18–22). No importa cuál de ellos tomó prestado del otro. Las referencias a la derrota de Sihón y de Og nos remontan a Números 21:21–35. En cuanto al nombre de Dios (135:13–14), la alusión es a Éxodo 3:15 y Deuteronomio 32:36. Los versículos 15 al 18, sobre la locura de toda idolatría, sigue casi exactamente al 115:4–8; convicciones de temas parecidos encuentran su expresión en Isaías. Los últimos versículos de este salmo (135:19–21) aparentemente siguen al 115:9–11, en el cual a tres de los cuatro grupos se les dice que glorifiquen a Dios.

El resultado de este acercamiento pastiche a la escritura de los salmos es un maravilloso compendio de la alabanza. Es como si la mente del escritor estuviera llena, no sólo de muchos datos históricos de las Escrituras, sino también de textos. De manera que al construir su himno exuberante de alabanza, él, consciente o inconscientemente, intercala frases, incluso versículos enteros, de otros pasajes bíblicos.

Un fenómeno parecido solía suceder entre los evangélicos al orar. A medida que los hombres y las mujeres derramaban sus corazones al Señor en reuniones de oración, tanto la alabanza como las peticiones se articulaban en el lenguaje de las Escrituras. Desde luego que, en su peor expresión, era una recitación enlatada de los mismos seis textos. Pero en su mejor expresión, este tipo de alabanza y oración transitaba a través de panoramas cada vez más amplios de las Escrituras, a medida que las personas crecían en su conocimiento de las mismas. Esta alabanza es madura y bíblica, y dista mucho del sentimentalismo trillado y los temas superficiales de hoy día. La diferencia es dramática, como si comparásemos la Quinta Sinfonía de Beethoven con “Susanita tiene un ratón”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 185). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La majestad de Dios

4 Julio 2017

La majestad de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmo 8

Al mirar el Salmo 8, tres observaciones introductorias saltan de la página. Primero, es un salmo de David, escrito bajo la dirección del Espíritu Santo. Eso quiere decir que no son simples reflexiones neutrales de un artista creativo. David recibió esta canción como un regalo de Dios a la humanidad. Estas son palabras de Dios.

Segundo, antes de iniciar el salmo se encuentra la frase, «Sobre Guitit». La etimología de este término hebreo es asunto de debate entre los eruditos. Muchos creen que la palabra guitit se deriva de Gat, aquella ciudad antigua filistea de donde también provenía el enemigo más famoso de David, Goliat. (1 Samuel 17: 4, 23). El término podría referirse al estilo musical que se asociaba con esa cultura o un instrumento musical que se utilizaba comúnmente en Gat. En cualquier caso, la expresión, «sobre Guitit” o «según Guitit» aparece también en otros dos salmos de celebración (Salmos 81 y 84). La Escritura nos dice que después de la victoria de David sobre Goliat el pueblo de Israel cantó y bailó celebrando el triunfo (1 Samuel 18: 6-7).

Mi opinión, y es solo mi opinión,  es que este salmo fue compuesto por David como un himno de alabanza en honor a Dios por darle el triunfo cuando peleó con el gigante Goliat de Gat. Al leer el salmo 8, uno se puede dar cuenta que calza muy bien con este momento histórico. Esta es una canción de celebración así que si usted tiene que derrotar un gigante y en este caso, -el gigante es ese sentido de insignificancia-, ¡anímese! Esta canción es para usted.

Mi tercera observación es que el salmo 8 comienza y termina con la misma declaración: «Oh Señor, Dios nuestro, ¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!» Esta alabanza ofrece tres implicaciones que vale la pena mencionar:

1. El salmista habla en nombre del pueblo de Dios, no sólo de sí mismo, por eso utiliza la expresión, «Dios nuestro» en lugar de «Dios mío». Esto nos dice que David está representando un grupo de personas al componer esta canción de triunfo.

2. El nombre de Jehová se relaciona con la palabra grande, la cual se deriva de la palabra hebrea «adar». Esta palabra conlleva los significados de majestad, grandeza, amplitud, altura y nobleza. David ve a nuestro Dios como aquel que es sumamente glorioso y absolutamente majestuoso.

3. Las obras y los atributos del Señor no se limitan a Israel o a la tierra de Canaán. Son universales. Dios no es una deidad tribal o nacionalista separada de todos los demás.

El pasaje y su patrón

Ya que siete y medio versículos del salmo 8 son repeticiones de la misma declaración, debemos comprender que el tema principal del salmo es la frase que se repite dos veces. David adora al Dios viviente como el glorioso y majestuoso Señor del universo. De hecho, un bosquejo de esta canción se parecería mucho a cualquier servicio de adoración pública al que hayamos asistido:

I. La doxología (v. 1a)
II. La adoración (vv. 1b-8)
A. Alabanza (vv. 1b-2)

B. Mensaje (vv 3-8)
1. El significado del ser humano: «¿Qué es el hombre?»
2. La gracia de Dios: «lo coronas».

III. La bendición (v. 9)

Seguiremos este bosquejo al examinar esta canción de celebración de David, comenzando con la doxología:

Oh Señor, Dios  nuestro,¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! (v. 1)

La palabra «Señor” en el texto hebreo expresa la majestad trascendente y la gloria de Dios. Aún cuando la mayoría de las biblias utiliza la palabra, «Señor», la palabra utilizada aquí es un nombre hebreo que se representa con las cuatro letras mayúsculas JHVH. Ya que este nombre era, y sigue siendo, sagrado para los hebreos, ellos nunca dicen su nombre de manera audible. Consecuentemente, nadie sabe cuál es su pronunciación correcta. Los gentiles comúnmente dicen Jehová. La palabra, «Dios», es el término hebreo “Adonai”, el cual indica un título de respeto en reconocimiento a su autoridad y soberanía. Los judíos comúnmente pronunciaban la palabra “Adonai” cuando leían la escritura en voz alta y se encontraban con el nombre hebreo de Dios, JHVH. La siguiente palabra que aparece en la oración, la palabra «grande» es un adjetivo superlativo que significa: » más poderoso que cualquier otro».

Al combinar estos tres términos, David celebra el poder supremo de Dios sobre todo lo demás. Desde el principio, David declara que Dios no tiene rival. Ningún poder lo subyuga y él reina con supremacía.

Afirmando el alma
¿Cuál es la fuerza más poderosa en el universo? ¿Una supernova? ¿Un hoyo negro? Dios es más poderoso, mucho más poderoso que cualquiera de esas cosas. De hecho, la energía combinada de cada estrella en cada galaxia del universo no puede competir con el poder de su Creador. Cuando usted medita en la omnipotencia de Dios, ¿qué efecto le causa en ese sentimiento de sentirse abandonado?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
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¿Cuándo seremos satisfechos?

JULIO, 04

 ¿Cuándo seremos satisfechos?

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)
Imaginemos que podemos disfrutar lo que es más placentero con energía y pasión ilimitadas para siempre.

Esta no es nuestra experiencia actual. Hay tres cosas se interponen entre nosotros y nuestra total satisfacción en este mundo:

1. Nada tiene un valor personal tan alto que pueda satisfacer los deseos más profundos de nuestro corazón.

2. Carecemos de las fuerzas para gozar al máximo de los mejores tesoros.

3. Nuestras alegrías aquí? tienen un final. Nada dura para siempre.

Pero si el objetivo de Jesús en Juan 17:26 se vuelve realidad, todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro placer, entonces el objeto de nuestro placer, Jesús, será inagotable en valor personal. Él nunca se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante. No hay tesoro concebible que sea más grande que el Hijo de Dios.

Más aún, nuestra incapacidad para gustar de este tesoro inagotable no será limitada por la debilidad humana. Disfrutaremos del Hijo de Dios con el mismo placer de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro. Y nunca acabará, porque el Padre y el Hijo nunca dejarán de ser. El amor del uno por el otro será nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos nunca terminará.

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¿Qué podemos llevar al cielo?

martes 4 julio

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

¿Qué podemos llevar al cielo?

Se dice que el dinero gobierna el mundo. Pero su valor se limita a la corta duración de la vida terrenal; e incluso en la tierra no puede hacerlo todo ni darlo todo. El dinero y el oro no tienen valor en el más allá.

Cuando viajamos al extranjero, al pasar la frontera podemos cambiar nuestro dinero por la moneda local. Pero cuando usted pase la frontera del tiempo para entrar en la eternidad, no podrá llevar nada consigo: ni sus bienes materiales, ni su reputación, ni sus títulos, ni sus méritos. “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar”, afirma la Biblia, la Palabra de Dios (1 Timoteo 6:7). El patriarca Job dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá” (Job 1:21).

Esto significa que el hombre pasa a la eternidad con las manos vacías. O más bien, lo único que puede llevar al más allá, si no buscó y halló el perdón de Dios, son sus pecados. Tal como es debe comparecer ante Dios, quien es el “Juez de todos” (Hebreos 12:23). Jesús hizo esta pregunta: “¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26). Mucha gente ha vendido su alma por dinero, pero, inversamente, para rescatar un alma del poder de Satanás y del pecado, el oro y el dinero no tienen valor alguno.

La Biblia nos enseña que el único rescate que Dios acepta es la preciosa sangre de Cristo, derramada para salvar a los que creen en él.

“Cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios…” (Apocalipsis 5:9).

Daniel 6 – 1 Juan 5 – Salmo 78:56-65 – Proverbios 18:18-19

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Ser autodisciplinado

Ser autodisciplinado

7/3/2017

Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Colosenses 1:29)

Como cristiano, aprenda a cultivar la autodisciplina. He aquí algunas maneras prácticas de alcanzar ese objetivo:

Comience por lo más sencillo. En su hogar, por ejemplo, comience por el gobierno de la casa en el dor­mitorio principal. Cuando se establezca esa disciplina, extiéndala al resto del hogar.

Sea puntual. Haga un hábito el estar a tiempo.

Resuelva primero las tareas difíciles. Si hace primero los trabajos más difíciles, no quedarán a medias.

Sea organizado. En vez de reaccionar ante las circunstancias, tenga un plan para el día y para la semana.

Agradezca la crítica. No esquive la crítica constructiva; acéptela como un medio de autosuperación.

Practique el renunciar. Esto puede comenzar de una manera sencilla: sustituya las comidas rápidas dañinas con una merienda saludable. La disciplina en el ámbito de lo físico se traslada al reino de lo espiritual.

Acepte responsabilidades. Recibir con beneplácito una nueva oportunidad lo obliga a ser organizado.

Estas cosas pudieran parecer insignificantes, pero pueden ser una buena práctica para llegar a ser un mejor siervo de Cristo.

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