Conocen al Padre

domingo 21 mayo

Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:2

Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Romanos 8:15-16

Conocen al Padre

Una señora estaba esperando a su marido a la salida del trabajo. Al lado de ella un niño de más o menos un año dormitaba en su coche. Los empleados salieron, una oleada de desconocidos desfiló ante el niño. Pero de repente su rostro se iluminó. Empezó a agitarse y tendió los brazos hacia alguien que acababa de llegar. Como respuesta a esta petición silenciosa pero tan clara, el recién llegado se inclinó hacia el niño y lo tomó en sus brazos.

¿Fue necesario que alguien hiciera grandes discursos a este niño para mostrarle quién era su padre? ¿Alguien le había dictado la actitud apropiada? ¡Por supuesto que no! Pero su impulso espontáneo muestra que conocía a su papá, aunque ignorase completamente sus ocupaciones. Su filiación es tan real ahora como dentro de algunos años, cuando pueda hablar y comprender. Es hijo, de pleno derecho, desde su nacimiento.

Lo mismo sucede con un creyente que empieza su vida cristiana. El apóstol Juan se dirige a los niños en la fe con estas palabras tranquilizadoras: “Hijitos… habéis conocido al Padre” (1 Juan 2:13).

Un creyente recién convertido se halla en este estado. Quizá no sabe hablar: sus oraciones todavía son muy imprecisas. Tiene mucho que aprender, pero el Espíritu de Dios le comunica este nuevo conocimiento de Dios como Padre. Desde su nuevo nacimiento es hijo de Dios con pleno derecho, privilegio infinitamente grato que le pertenece personalmente.

1 Reyes 17 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30

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Los guías espirituales

Los guías espirituales

5/20/2017

Mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. (Filipenses 3:17)

Los guías espirituales son esenciales para la iglesia porque necesitamos ver vivir el cristianismo delante de nosotros. Pablo le dijo a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:12). Un guía espiritual debe llevar una vida ejemplar porque debe mostrarles a otros la senda. Las personas pueden ver la perfección en Cristo y pueden leer acerca de Pablo, pero también necesitan a alguien a quien puedan observar y con quien puedan hablar. Necesitan ver la virtud, la humildad, el servicio altruista, la disposición a sufrir, la devoción a Cristo, el valor y el crecimiento espiritual en la vida de alguien cerca de ellas.

Una gran carga en mi corazón es que los pastores y ancianos de todas las iglesias sean el tipo de ejemplos que Dios les ordena que sean. Es muy importante enseñar la verdad, pero es igualmente importante que esa verdad sea apuntalada por una vida virtuosa.

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«Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor»

20 de mayo

«Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor»

Oseas 11:4

Nuestro Padre celestial nos atrae frecuentemente con cuerdas de amor; pero, ¡ay!, cuán lerdos somos para correr hacia él. ¡Qué lentamente respondemos a sus delicados impulsos! Él nos atrae para que ejerzamos una fe más sencilla en su persona. No obstante, nosotros no hemos alcanzado aún la confianza de Abraham: no hemos entregado a Dios nuestras ansiedades terrenas; sino que, como Marta, nos preocupamos con muchos quehaceres. Nuestra débil fe produce debilidad en nuestras almas. No abrimos bien nuestras bocas, aunque Dios nos ha prometido llenarlas. ¿No nos atrae el Señor en esta noche para que confiemos en él? ¿No podemos oírle decir: «Ven, hijo mío, y confía en mí. El velo está rasgado; entra en mi presencia y acércate confiadamente al trono de mi gracia. Yo soy digno de tu más completa confianza; echa tu carga sobre mí. Sacúdete el polvo de tus ansiedades y vístete tus hermosas ropas de gozo»? Pero, ¡ay!, aunque llamados en tono amoroso para ejercitarnos en esta reconfortante gracia, no acudimos a él. A veces Dios nos atrae a una comunión más íntima consigo: hemos estado sentados en el umbral de su casa, y nos invita a entrar en la sala del banquete para cenar con él; pero nosotros rechazamos ese honor. Hay lugares secretos que aún no se nos han descubierto. Jesús nos invita a entrar a ellos, pero nosotros retrocedemos. ¡Qué vergüenza para nuestros fríos corazones! Somos amantes débiles de nuestro bondadoso Señor Jesús, no aptos para ser sus siervos y mucho menos sus esposas; sin embargo, él nos ha concedido el honor de ser hueso de sus huesos y carne de su carne, desposados con él por el glorioso pacto matrimonial. ¿No es esto amor? Sin embargo, se trata de un amor que no admite negativas: si no obedecemos a la suave atracción del mismo, Dios nos enviará aflicción para llevarnos a una más estrecha intimidad con él. Él quiere tenernos más cerca de sí. ¡Qué hijos tan necios somos cuando rehusamos estas cuerdas de amor y traemos sobre nuestras espaldas el azote de pequeñas cuerdas que Jesús sabe cómo utilizar!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 149). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Puros de Corazón”

20 MAYO

“Puros de Corazón”

Números 29 | Salmos 73 | Isaías 21 | 2 Pedro 2

Hay pocos Salmos que hayan brindado mayor consuelo a personas perturbadas por la frecuente y flagrante prosperidad de los malévolos que el Salmo 73.

Asaf comienza su cántico con un par de líneas provocadoras: “En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los puros de corazón!” ¿Significa este paralelismo que el pueblo de Israel sean los “puros de corazón”? Difícilmente; esto no concordaría ni con la historia ni con el contenido de este mismo salmo. La segunda línea resulta ser entonces una limitación de la primera. ¿Deberíamos equiparar a los que no son puros de corazón con los “malos” que salen tan vívidamente retratados e este capítulo? Tal vez sí, pero en todo caso lo que llama la atención en particular es que las próximas líneas retratan no tanto el mal de los malos sino el pecado que había en el corazón de Asaf mismo. Su propio corazón era impuro mientras contemplaba “la prosperidad de los malos” (73:3). Les envidiaba. Por lo visto, estaba tan consumido por la envidia que corría el peligro de perder su equilibrio moral: “poco me faltó para que resbalara” (73:2).

Lo que más atraía a Asaf en cuanto a los malos era que tantos de ellos parecían reflejar el mismo apogeo de la serenidad, la buena salud, y la felicidad (73:4–12). Incluso su arrogancia tenía su atractivo: parecía colocarles por encima de los demás. Su prosperidad y su poder les otorgaban popularidad. En el peor de los casos, ignoran a Dios y, no obstante, parecen inmunes al miedo. Según parece, “sin afanarse, aumentan sus riquezas” (73:12).

Por tanto, tal vez no merece la pena buscar la rectitud: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia” (73:13). Asaf era incapaz de llevar su razonamiento hasta hacer una afirmación así; reconocía que hablar así sería traicionar a “tus hijos” (73:15) – aparentemente se trataba del pueblo de Dios para con el cual Asaf sentía una profunda lealtad y para quienes sentía también una gran carga de responsabilidad. Pero todas estas reflexiones le eran “opresivas” (73:16), hasta que se dio cuenta de tres grandes verdades.

En primer lugar, a largo plazo los malos acabarían siendo arrasados. Al entrar Asaf en el santuario, reflexionaba en “el destino final” (73:17–19, 27) de todos aquellos a quienes había comenzado a envidiar, y les dejó de envidiar.

En segundo lugar, Asaf mismo, junto con todos aquellos que conocen a Dios y andan en sumisión a sus leyes, poseen muchísimo más que los malos – tanto en esta vida como en la venidera. “Pero yo siempre estoy contigo,” proclama Asaf gozosamente, “pues tú me cogiste de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria” (73:22–24).

En tercer lugar, Asaf ya puede contemplar su propia amargura por lo que es en realidad: un pecado nefasto (73:21–22), y resuelve, en lugar de recrearse en ella, acercarse a Dios y publicar sus hazañas (73:28).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 140). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deténgase y ríndase

20 Mayo 2017

Deténgase y ríndase
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

1 Corintios 11:22-28

Suficiente lo dicho en cuanto a Pablo, pero ¿qué me dice de usted? Adelante rápidamente el casete al siglo 21. ¿Está usted excesivamente afligido y cargado? ¿Siente como si estuviera bajo una presión tan intensa en estos días que está al  borde de la desesperación? Le tengo una noticia sorprendente: Usted está exactamente donde Dios quiere que esté. Fueron necesarios todos estos años para llevarle a esta situación de impotencia y de necesidad. ¡Mire ahora hacia arriba!

¿Se está sintiendo aplastado y confundido, malinterpretado y vencido? Resista la tentación de arremangarse y poner en acción un plan de recuperación autoimpuesto ¡Esta es su Oportunidad! En vez de contraatacar, ríndase. Acepte su debilidad. Dígale a su Padre celestial que está confiando en la fortaleza de su poder. Si Pablo pudo hacerlo, usted también puede, y yo también.

En este momento estoy enfrentando algunas situaciones difíciles. Con usted está también sucediendo lo mismo, sin duda. Muchas veces estoy a punto de llorar. Me desaliento con frecuencia. Casi no pasa una semana sin que no caiga en un leve sentimiento de desánimo. ¿Le suena familiar eso? ¡Reconózcalo! Algunas noches no duermo bien. Hay veces que lloro por la decepción que me causa el fracaso de alguna persona… o mi propio fracaso.  ¿Usted también? Tenemos que enfrentar el hecho de que nunca podremos manejar solos ninguna de estas presiones. Cuando reconozcamos esto, y solo entonces, la fortaleza del Señor se liberará en nosotros.

¿Está listo para enfrentar la próxima batalla con una nueva estrategia? Muy bien, empiece por rendirse, en vez de volver a su mismo método de antes, haciendo flexiones mentales, diciéndose a sí mismo que debe verse fuerte y actuar con valentía, poniéndose los guantes y entrando contoneándose al cuadrilátero, confiando en sus propias fuerzas para ganar, tener éxito e impresionar. Deténgase y ríndase. Caiga de rodillas y clame a Dios. Reconozca sus deficiencias y declare su incapacidad para seguir adelante con sus propias fuerzas.

Si usted está finalmente listo para hacerse a un lado y dejar que el Señor haga las cosas como Él quiere, dígaselo; y luego hágalo. Él honrará su reconocimiento de debilidad mostrándose a sí mismo fuerte a través de usted. Pero si usted no lo hace, Él tampoco lo hará.

Ese es el llamado que Él le hace.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Cómo aborrecer su propia vida

MAYO, 20

Cómo aborrecer su propia vida

Devocional por John Piper

En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. (Juan 12:24-25)

«El que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna»: ¿Qué significa?

Significa, al menos, que no necesitamos preocuparnos demasiado por nuestra vida terrenal. En otras palabras, lo que nos suceda en este mundo simplemente no tiene mucha importancia.

Si los demás hablan bien de nosotros, no tiene mucha importancia.

Si nos odian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos muchos bienes, no tiene mucha importancia.

Si tenemos pocos bienes, no tiene mucha importancia.

Si nos persiguen o calumnian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos fama o si pocos nos conocen, no tiene mucha importancia.

Si estamos muertos, nada de esto tiene mucha importancia.

Significa algo mucho más radical. Hay decisiones que se deben tomar y que no son meramente experiencias pasivas. Jesús agrega: «Si alguno me sirve, sígame». ¿Adónde? Hacia Getsemaní y hasta la cruz.

Jesús no solo dice: «Si las cosas van mal, no hay que preocuparse, debido a que ya estamos muertos de todos modos». Lo que él dice es: «Elijan morir conmigo. Elijan aborrecer la vida en este mundo del mismo modo en que yo elegí la cruz».

A esto se refería Jesús cuando declaró: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24). Él nos llama a elegir la cruz. Las personas solo hacían una cosa en la cruz: morir. «Tome su cruz» significa que, como el grano de trigo, «cae en la tierra y muere». Escojamos eso.

¿Por qué lo haríamos? Por un compromiso radical con el ministerio. «No estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24). Creo escuchar a Pablo decir: «No importa lo que me pueda suceder, si tan solo puedo vivir para la gloria de su gracia».

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El pájaro campana

sábado 20 mayo

(Jesús dijo:) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Juan 10:27-28

El pájaro campana

Un hombre perdido en la selva en América del Sur buscaba su camino. Sus fuerzas estaban disminuyendo cuando creyó oír a lo lejos el repique de una campana. Se animó pensando que estaba cerca de un pueblo, pero cuanto más avanzaba, más se alejaba el sonido. Al final cayó extenuado y no pudo levantarse más. Los que finalmente lo rescataron, le hicieron saber que había sido víctima del pájaro campana, cuyo canto resuena como repique de campana. Es muy poco sociable y huye apenas los seres humanos se acercan.

El canto de este pájaro era inocente, pero nos recuerda la manera como el diablo actúa para descarriar a los hombres, para conducirlos al mal. Su táctica se resume en impedir que escuchemos la voz de Dios y la de nuestra conciencia. Hace que oigamos todo tipo de ruidos engañosos. Se adapta a las debilidades de cada individuo para proponerle nuevas ocupaciones o diversos placeres. Su objetivo, en definitiva, es privarnos de toda relación con Dios y de su amor, para llevarnos a la muerte, a los tormentos eternos (2 Tesalonicenses 1:9). Los meses y los años van pasando sin que nos tomemos el tiempo para reflexionar sobre el sentido de la vida y el objetivo que perseguimos.

¡Cuidado! ¡No todos los caminos conducen al cielo! Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cristianos que conocemos la voz de nuestro Salvador, ¡que la Palabra de Dios siempre sea nuestra referencia! Si hay algo que no esté de acuerdo con lo que ella nos enseña, desconfiemos, incluso si parece que suena bien.

1 Reyes 16 – Marcos 15:1-20 – Salmo 60:6-12 – Proverbios 15:27-28

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Un ejemplo excelente

Un ejemplo excelente

5/19/2017

Sed imitadores de mí. (Filipenses 3:17)

No hay mejor ejemplo histórico de un cristiano que el apóstol Pablo. Él es una figura dominante en el Nuevo Testamento, de modo que podemos deducir que Dios quiere que imitemos su vida.

Pablo es un dechado de virtudes, adoración, servicio, paciencia a través del sufrimiento, victoria sobre la tentación y buena administración de bienes y relaciones. Él nos muestra cómo un hombre santo se enfrenta a su naturaleza caída, algo que Cristo no podía hacer porque era sin pecado (He. 4:15)

La vida de Pablo es un admirable ejemplo para nosotros. Por eso les dijo a los corintios: “Sed imitadores de mí” (1 Co. 11:1). También elogió a los tesalonicenses diciéndoles: “Vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1 Ts. 1:6). Pablo es mi propio ejemplo personal en el ministerio. Observo cómo resolvió las situaciones y trato de reaccionar igual que él.

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Tipología Davídica

19 MAYO

Tipología Davídica

Números 28 | Salmos 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

Uno de los rasgos de los Salmos que describen la llegada al trono, o el reino, de un rey davídico, es la manera como el lenguaje a veces parece exagerado. Este rasgo combina con la tipología Davídica inherente para dar a estos Salmos un doble enfoque. Por un lado, se pueden leer como descripciones algo extravagantes de uno de los reyes Davídicos (en este caso Salomón, según el título); por otro lado, invitan al lector a anticipar algo más que un David, un Salomón, o un Josías.

Así es el caso del Salmo 72. Por un lado, el rey Davídico reinaría en justicia, por lo cual es del todo apropiado que este salmo sea dedicado a este tema. En particular, debía ponerse del lado de los afligidos, “a los pobres del pueblo” (72:4), de aquel que “no tiene quien lo ayude” (72:12). Debe oponerse al opresor y al violento, estableciendo justicia para los que de otra manera sufrirían la opresión y la violencia (72:14). Su reino debe caracterizarse por la prosperidad, la cual es “fruto de la justicia” (72:3), principio que en Occidente estamos rápidamente perdiendo de vista. Dios entrará en la nación como un río abundante; el pueblo rogará por su rey; abundará el trigo por todas partes de la tierra (72:15–16).

Por otro lado, parte de este lenguaje es maravillosamente extravagante. En este aspecto el salmo refleja los términos con los cuales otros antiguos reyes de la región se hacían ensalzar. No obstante, dada la tipología Davídica y las crecientes expectativas mesiánicas, es difícil no captar algo más específico. “Que viva el rey por mil generaciones, lo mismo que el sol y que la luna” (72:5) – lo cual se podría aplicar a la dinastía, o bien podría tratarse del deseo extravagante de un rey Davídico puramente humano, pero que, en un sentido literal, puede referirse únicamente a un rey Davídico en particular. “Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra” (72:8) – lo cual encapsula una preciosa ambigüedad. ¿Son estos mares solamente los mares Mediterráneo y el de Galilea? El término hebreo ¿Debería traducirse (como de hecho es posible) de manera conservadora como refiriéndose al “fin de la tierra”? Tal lectura es muy poco probable. Puesto que no sólo le rendirán homenaje las tribus del desierto (es decir, de tierras colindantes), sino también los reyes de Tarsis – ¡España! – y de otras tierras lejanas le pagarán tributos (72:11). “Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras; que todas ellas lo llamen dichoso” (72:17) – un eco tan contundente como se pudiese imaginar de la alianza de Abraham (Génesis 12:2–3).

Ha venido alguien más grande que Salomón (Mateo 12:42).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 139). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Humildad genuina

19 Mayo 2017

Humildad genuina
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 11:22-28

Debemos admirar a Pablo por su fortaleza en las pruebas. Queremos aplaudir su indomable determinación frente a la brutal persecución. Pero si el hombre estuviera vivo hoy en día, no aceptaría nuestras felicitaciones. “No, no, no. Ustedes no entienden. Yo no soy fuerte. Aquel que derrama Su poder sobre mí es el fuerte. Mi fortaleza proviene de mi debilidad. Esa no es una falsa modestia. Pablo nos diría: “La fortaleza viene de aceptar la debilidad y de gloriarse en eso”. Es esa clase de respuesta lo que produce fortaleza divina y que le permite entrar en acción.

J. Oswald Sanders escribe en su libro Paul, the Leader (Pablo, el líder): “Somos parte de una generación que adora el poder: Militar, intelectual, económico y científico. El concepto de poder está en la base de nuestra vida diaria. Todo nuestro mundo se divide en bloques de poder. Los hombres en todas partes están buscando el poder en las diferentes esferas, muchas veces por motivaciones dudosas”.

El célebre predicador escocés, James Stewart, dijo unas palabras que son también un reto: “Es siempre sobre la debilidad y la humillación humanas, no sobre la confianza y la fortaleza que Dios elige construir su reino; y que Él puede utilizarnos no solo a pesar de nuestra insuficiencia, impotencia y descalificadora debilidad, sino precisamente a causa de ellas”.

Ese es un descubrimiento emocionante que podemos hacer. Un descubrimiento que transforma nuestra actitud mental hacia nuestras circunstancias.

Hagamos aquí una pausa lo suficientemente larga como para considerar este principio con toda seriedad. Las humillaciones, las luchas, las batallas, las debilidades, los sentimientos de incompetencia, la impotencia e incluso las llamadas fragilidades que nos descalifican son precisamente las que nos hacen efectivos; y yo añadiría aun que ellas representan la pasta de la grandeza. Una vez que usted esté convencido de su propia debilidad y ya no trate más de esconderla, hace suyo el poder de Cristo. Pablo ejemplificó maravillosamente esta cualidad, después que entendió el principio. El orgullo se fue, y en su lugar surgió una humildad genuina que ningún sufrimiento fue capaz de quitar.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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