“Dignidad y honor”

“Dignidad y honor”

17 MARZO

Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

Las vestimentas sacerdotales prescritas por Dios (Éxodo 28) son coloridas y misteriosas. Tal vez ciertos detalles no tienen un peso simbólico específico, sino que forman parte del propósito del todo en su conjunto: revestir a Aarón y a sus hijos de “honra y dignidad” mientras alivian sus obligaciones sacerdotales (28:2, 40).

Algunos de los símbolos son evidentes. El pectoral del Sumo Sacerdote llevaba 12 piedras preciosas o semipreciosas, ordenadas en cuatro hileras de tres piedras en cada hilera, “una por cada uno de los doce hijos de Israel. Cada una de las piedras llevará grabada como un sello el nombre de una de las doce tribus” (28:21).

Al pectoral también se le llama “el pectoral para impartir justicia” (28:29). Probablemente, esto es porque lleva el Urim y Tumim. Tal vez, se trataba de dos piedras, una blanca y la otra negra. Se utilizaban en la toma de decisiones, pero nadie sabe con seguridad cómo era el procedimiento. Ante asuntos importantes, el sacerdote buscaba la presencia y la bendición de Dios en el templo y utilizaba el Urim y el Tumim, los cuales salían de alguna manera u otra, con lo que, bajo el cuidado providencial de Dios, recibían dirección y guía. De modo que, sobre su corazón, el Sumo Sacerdote tiene simultáneamente los nombres de las doce tribus, “para recordarlos siempre ante el Señor”, y el Urim y Tumim, “entre en el Lugar Santo”, llevando así “De esta manera, siempre que Aarón se presente ante el SEÑOR, llevará en el pecho la causa de los israelitas” (28:29–30).

Delante de su turbante, Aarón debe fijar una fina lámina de oro, en la cual estarán grabadas las palabras: “Santidad para el Señor” (28:36). “Esta placa estará siempre sobre la frente de Aarón, para que el Señor acepte todas las ofrendas de los israelitas, ya que Aarón llevará sobre sí el pecado en que ellos incurran al dedicar sus ofrendas sagradas” (28:38). De esto se desprende que “todas las ofrendas de los israelitas” eran principalmente diferentes ofrendas por el pecado, presentadas para expiar la culpa. El sacerdote, incluso con el simbolismo incorporado en su vestimenta, lleva la culpa a la presencia del Dios Santo, quien es el Único capaz de eliminarla. El texto da a entender que, si el sacerdote no ejerce esta unción, los sacrificios ofrecidos por los israelitas no serán aceptables ante Dios. La estructura compuesta del sacerdote/sacrificio/templo está cohesionada en una unidad completa.

Algunas de las siguientes meditaciones nos ayudarán a reflexionar en pasajes que anuncian la futura obsolescencia de este sistema, y que constituyen, por tanto, una proclamación de la venida del último sacerdote, la última comunidad de la alianza, la última autoridad para dar guía y dirección, la última ofrenda, el último templo. Su “dignidad y honor” no tienen límite (ver Apocalipsis 1:12–18).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 76). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Lanzarse por fe

17 Marzo 2017

Lanzarse por fe
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:10-21

Lanzarse por fe nos sirve siempre para tener claro el plan de Dios. Cuando Ananías fue a ver a Saulo, recibió más información. Cuando Saulo se sometió al ministerio de Ananías, supo más del plan de Dios para su vida. “Eres mi vaso escogido. Voy a utilizarte para que des testimonio de mi nombre”. Saulo no había sabido eso antes (¡nunca antes había leído el libro de los Hechos!). No sabía nada de lo que estaba reservado para él, hasta que Ananías dio ese paso inicial de fe. Ambos hombres descubrieron que había sido Dios mismo quien escogió a Pablo para que fuera Su instrumento, y que un intenso sufrimiento caracterizaría su ministerio. Así es como Dios actúa.

Cuando Cynthia y yo sentimos por primera vez que Dios nos estaba dirigiendo a salir de California para establecer nuestro ministerio en otro lugar, casi no podíamos creerlo. Habíamos planeado permanecer en el mismo sitio por el resto de nuestras vidas, sirviendo a Cristo en la Primera Iglesia Evangélica Libre de Fullerton, y continuar al frente del ministerio de Visión Para Vivir. Ni el espacio ni el tiempo me permiten hablar de las cosas que Dios nos ha mostrado desde que tomamos la decisión de mudarnos. Al comienzo, muy pocas personas fueron capaces de entender el plan de Dios para nosotros. Fue una sorpresa para todos. De hecho, hubo quienes lo rechazaron firmemente. Pero ahora, mientras Dios sigue poniendo los toques finales en su magnífico retrato, lo que vemos es absolutamente hermoso. Hasta que tomamos ese paso inicial de obediencia, lo único que sabíamos era: “Es tiempo de irnos”. ¡Eso sigue siendo maravilloso para mí, aun mientras escribo estas palabras! Las sorpresas sirven siempre para tener claro el plan de Dios.

La obediencia siempre estimula el crecimiento. A propósito, los Swindoll hemos crecido en nuestra relación con el Señor por haber confiado en Él sin conocer primero todos los detalles. Obedecer a Dios hace que las raíces de la fe se vuelvan más profundas. Y esa obediencia estimula el crecimiento de todas las áreas de la vida. Nos hemos ensanchado emocionalmente, y muchas veces físicamente, pero más importante aún, espiritualmente.

La obediencia de Ananías al sorprendente plan de Dios le permitió ser testigo del poder sobrenatural. Ninguna otra persona de la Biblia vio caer escamas de los ojos del contrito fariseo de una manera milagrosa, sólo Ananías; y cuando le volvió la vista a Saulo, los ojos de Ananías se abrieron también al maravilloso poder de Dios que es capaz de transformar una vida. La obediencia siempre estimula el crecimiento.

Láncese por fe, y siempre encontrará terreno sólido por donde caminar.

Láncese por fe, y siempre encontrará terreno sólido por donde caminar.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El signo de exclamación de nuestras oraciones

MARZO, 17

El signo de exclamación de nuestras oraciones

Devocional por John Piper

 

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es una respuesta a las promesas, es decir, a la certeza de la gracia venidera de Dios.

La oración es como retirar de la cuenta en la que Dios ha depositado todas sus promesas de gracia venidera.

Orar no es tener esperanza, en la oscuridad, de que quizás haya un Dios con buenas intenciones por ahí. La oración va al banco todos los días y gira contra promesas de gracia venidera necesarias para ese día.

No perdamos de vista la conexión entre las dos mitades de este gran versículo. Observemos el «por eso»: «Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él [Cristo] son Sí; por eso (por lo tanto) también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios».

Para asegurarnos de que lo entendemos, vamos a invertir las dos mitades: Cuando oramos, decimos Amén a Dios a través de Cristo, porque Dios ha dicho Amén a todas sus promesas en Cristo. La oración es la súplica con la confianza en que Dios hará el bien según sus promesas de gracia venidera, por la causa de Cristo. La oración conecta nuestra fe en la gracia venidera con el fundamento de todo esto, que es Cristo Jesús.

Lo anterior nos lleva a un último punto: Amén es una palabra preciada y plena en momentos de oración. No significa principalmente: «Sí, ya he dicho toda esta oración». Fundamentalmente significa: «Sí, Dios ha hecho todas estas promesas».

Amén significa: «Sí, Señor, tú lo puedes hacer». Significa: «Sí, Señor, tú eres poderoso. Sí, Señor, tú eres sabio. Sí, Señor, tú eres misericordioso. Sí, Señor, toda gracia para el futuro viene de ti y ha sido confirmada en Cristo».

Amén es un signo de exclamación de esperanza después de una oración pidiendo ayuda.

Jesús, el Verbo eterno

Jesús, el Verbo eterno

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. – Apocalipsis 1:8

Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. – Juan 6:67-69

Texto del evangelio según Juan

“En el principio era el Verbo (o la Palabra), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba (el Verbo o la Palabra), y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-14).

Ezequiel 12 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una alternativa

Una alternativa

3/16/2017

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente. (Romanos 1:16)

Antes de que Dios enviara a su Hijo a la tierra, el plan de Dios era salvar al mundo por medio de Israel; pero Israel fue incrédulo. Se describe su incredulidad en una parábola acerca de un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y llamó a los convidados (Israel). Cuando los invitados no quisieron ir, algunos por indiferencia y otros por enemistad, el rey dijo a sus siervos: “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis” (Mt. 22:9). Jesús empleó esa parábola para describir a los israelitas apóstatas, que rechazaron a su Mesías y se perdieron la fiesta planificada para ellos.

Entonces Dios hizo la invitación a otro grupo: los gentiles. Dios escogió a un pequeño grupo de personas reunidas en un monte de Galilea y a otro grupo de discípulos en Jerusalén para evangelizar al mundo perdido. Por medio de ellos haría la obra que la nación de Israel se había negado a hacer, y a nosotros se nos llama a continuar esa obra.

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Jesús terminará la misión

MARZO, 16

Jesús terminará la misión

Devocional por John Piper

 

Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:14)

No conozco ninguna promesa sobre misiones que sea más inspiradora que esas palabras de Jesús.

No dice: este evangelio debería ser predicado.

Tampoco dice: este evangelio podría ser predicado.

Sino que dice: este evangelio será predicado.

No es una gran comisión ni un gran mandamiento. Es una gran certeza con gran seguridad.

¿Quién se atreve a hablar de esa manera? ¿Cómo sabe que así será? ¿Cómo puede estar seguro de que la iglesia no fallará en su tarea misionera?

La respuesta: la gracia de servicio misionero es tan irresistible como la gracia de la regeneración. Cristo puede prometer la proclamación universal porque él es soberano. Él conoce el futuro éxito de las misiones porque él crea el futuro. ¡Todas las naciones escucharán!

Una nación no es un país moderno. Cuando el Antiguo Testamento habla sobre naciones, se refiere a los grupos como los jebuseos, los ferezeos, los heveos, los amorreos, los moabitas, los cananeos y los filisteos. Las naciones son grupos étnicos con su propia cultura peculiar. Salmos 117:1 dice: «Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos».

Como soberano Hijo de Dios y Señor de la iglesia, Jesús simplemente tomó este propósito divino y lo declaró como una certeza absoluta: «Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones».

El éxito de la causa de las misiones en el mundo está completamente asegurado. No puede fallar. ¿No es razonable, entonces, que oremos con gran fe, que invirtamos con gran confianza y que vayamos con un sentir de triunfo seguro?

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Elementos sorpresivos

16 Marzo 2017

Elementos sorpresivos
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:10-21

Las sorpresas son siempre parte de cómo Dios actúa. En el caso de Saulo, la sorpresa vino en forma de una luz del cielo, haciendo en él una transformación que cambió su vida. Para Ananías, fue una orden del Señor aparentemente irrazonable e ilógica.

Si usted está esperando que el Señor se lo comunique todo antes, nunca dará el primer paso para obedecer Su voluntad. Usted tiene que estar preparado para confiar en el plan de Dios, sabiendo que ese plan estará lleno de sorpresas. Las sorpresas son siempre parte de cómo Dios actúa. Las sorpresas siempre aumentan nuestra necesidad de tener más fe. Si usted encuentra elementos sorpresivos en la voluntad de Dios, debe ejercitar su fe al máximo. De lo contrario, dará bandazos en la dirección equivocada. A veces, el plan de Dios le asustará, o se verá intimado por Sus demandas. Otras veces se sentirá decepcionado. Por ejemplo, cuando Dios le dice que no, que espere, o que no haga nada, usted querrá discutir. Decidirá luchar. Intentará negociar. Se enojará. Pero cuando su fe se ponga en acción, ninguno de estos impulsos le controlará. La fe dice: “Puedo hacer esto. Confío en ti, Señor. No lo entiendo todo, pero confío en ti plenamente. Vamos a hacerlo”.

Es muy posible que Dios le tenga reservado un cambio importante en un futuro cercano. Después de haber vivido casi 70 años en esta tierra, y de haber pasado 50 de esos años estudiando y aprendiendo más de las cosas de Dios, puedo decirle que su voluntad para nuestras vidas está llena de sorpresas. Él tiene más cambios en mente para nosotros que lo que podernos imaginar, y no todos son geográficos.

Muchos son ajustes en cuanto a actitud. Algunos consisten en sacarnos de nuestra agradable rutina para que toquemos las vidas de personas que nunca habíamos conocido antes. O puede tratarse de un viaje a otra parte del país, o de un ministerio transcultural que requiere un grado de fe que no habíamos ejercido en el pasado. Tenga cuidado de no apegarse mucho a donde se encuentra ahora, ya sea física, emocional, espiritual o geográficamente. Si el Señor quiere que usted experimente un cambio, le aconsejo seriamente que lo acepte, no importa los riesgos. Si Él le guía a tener un cambio, cambie, aunque sea difícil. Las sorpresas que Dios nos da siempre aumentan nuestra necesidad de tener más fe.

Las sorpresas siempre aumentan nuestra necesidad de tener más fe.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Pan de vida”

“Pan de vida”

16 MARZO

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

Jesús declara que es el “pan de vida” (Juan 6:35), el “pan de Dios” (6:33).

El lenguaje que utiliza es metafórico, por supuesto. Esto queda muy claro en Juan 6:35, donde a la metáfora se le da una explicación, al menos parcial: “Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed”. Uno suele comer el pan; no “viene al pan” ni “cree en el pan”. Por lo tanto, lo que Jesús quiere decir por “comer el pan de vida” debe ser equivalente a lo que quiere decir el “venir a Jesús” y “creer en él”.

El “discurso del pan de vida” (así lo llaman) viene después del milagro de la multiplicación del pan y de los peces para dar de comer a los cinco mil (6:1–15). Allí, Jesús provee pan y pescado para alimentar a la multitud hambrienta. Estos eran los alimentos más básicos y esenciales en Galilea; proveyó lo que hizo falta para sostener la vida. Pero, en este evangelio, el evangelista explica que los milagros no son meras manifestaciones de poder. Son significativos; van más allá de ellos mismos, como si fueran señales. Este milagro no sólo apunta al hecho que Jesús provee pan, sino que, a otro nivel, es pan. Él es aquel alimento básico, primordial, aparte del cual no hay vida verdadera.

Además, él es el último maná (6:30–33). Sus interlocutores le recuerdan que Moisés proveía maná, “pan del cielo” (Éxodo 16), y quieren que él haga lo mismo. Al fin y al cabo, ya lo había hecho en la alimentación de los cinco mil. Si Jesús ha realizado este milagro una vez, ¿por qué no otra? ¿y otra, y otra? ¿No es lo que hacía Moisés?

Pero Jesús insiste en que la primera fuente del “pan del cielo” no era Moisés, sino Dios, y el último “pan del cielo” no era el maná del desierto, sino Aquel que bajó del cielo – Jesús mismo. Todos los que comieron el maná del desierto murieron, pero los que comen el último Pan del cielo, arquetipo del maná, no mueren nunca.

Los que viven en un contexto agrario comprenden que casi todo lo que consumen es algo que murió antes. Para nosotros, cuando pensamos en comida nos viene a la mente algo empaquetado. La realidad es que cuando comes una hamburguesa, comes parte de una ternera muerta, trigo muerto, lechuga muerta, tomates muertos y cebolla muerta. La principal excepción es algún que otro material como la sal. Los que escuchaban a Jesús, y los que antiguamente leían estas palabras, comprendían que estas cosas deben morir para que nosotros vivamos; si ellas no mueren, morimos nosotros. Jesús entrega su vida para que nosotros vivamos; o muere él o morimos nosotros. Él es el pan verdadero del cielo que entrega su vida para la vida del mundo (6:51).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 75). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La adoración

La adoración

Hijitos, guardaos de los ídolos. 1 Juan 5:21

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:23-24

¡Adoro! ¡Cuántas veces escuchamos esta expresión para dar a entender que me gusta una melodía, una comida bien preparada, un libro…!

En la Biblia, “adorar” tiene un sentido muy diferente. Es la actitud del creyente cuando toma conciencia de la grandeza de Dios, de la inmensidad de su amor y de su gracia para el hombre, criatura débil que cayó en el mal. Adorar, en el sentido bíblico, significa “postrarse”, y esto solo lo hacemos ante Dios. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10). Cambiar el sentido de la palabra “adorar” significa la pérdida de conciencia respecto a la presencia de Dios.

Sin embargo, a la inversa, incluso si ignoramos el primer sentido del verbo adorar, ¿acaso no nos postramos ante muchas cosas de este mundo? Quizá no lo hagamos ante ídolos de madera o mármol, pero ¿no estamos fascinados por la tecnología, por ejemplo, al pensar que resolverá nuestros problemas? Lo que ella nos ofrece invade nuestra existencia: bienestar, distracciones… ¡Cuántas horas pasamos ante una pantalla para divertirnos! Somos idólatras cuando no podemos vivir sin esos múltiples «dioses», o cuando no podemos apartar nuestros pensamientos de tal o cual personaje extraordinario.

Los amigos de Daniel, arriesgando su vida, rehusaron adorar una estatua (Daniel 3). Ellos adoraban a Dios. ¡Que su ejemplo nos anime a dar a Dios el primer lugar en nuestra vida!

Ezequiel 11 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Toda autoridad

Toda autoridad

3/15/2017

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (Mateo 28:18)

Antes de que Cristo presentara la Gran Comisión, de hacer “discípulos a todas las naciones”, había establecido su autoridad divina para darla. De otro modo, habría parecido imposible de cumplir la orden.

Mientras los discípulos siguieron a Jesús durante tres años y medio, aprendieron mucho de su autoridad. Les mostró que tenía autoridad sobre la enfermedad (Mt. 4:23) y la muerte (Jn. 11:43-44). Él les dio a sus discípulos el mismo poder que Él tenía para vencer a la enfermedad y a los demonios (Mt. 10:1). Estableció que tenía la autoridad de perdonar pecados (Mt. 9:6) y de juzgar a todos los hombres (Jn. 5:25-29). Y probó que

tenía la autoridad de dar su vida y volver a tomarla (Jn. 10:18).

La sumisión a esa absoluta autoridad de Cristo no es una opción; es su obligación suprema.

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