Me encuentro muy afligido

20 JUNIO

Deuteronomio 25 | Salmo 116 | Isaías 52 | Apocalipsis 22

A veces, las dificultades de traducción obligan a los traductores de la Biblia a incluir notas de pie de página que expongan las diversas posibilidades. En otras ocasiones no se incluye alternativa alguna y, como consecuencia, se pierde algo importante. Hay un ejemplo de cada uno de estos escenarios en el Salmo 116 y los dos merecen nuestra atención.

(1) En la Nueva Versión Internacional (NVI) leemos: “Aunque digo: ‘Me encuentro muy afligido’, sigo creyendo en Dios. En mi desesperación he exclamado; ‘Todos son unos mentirosos’ ”: (versos 10–11) traducido literalmente de la (NVI). Por otro lado, la Revised Standard Version traduce la primera línea de la siguiente manera: “No dejé de creer, aun cuando me decía en mi interior…”. Esta segunda interpretación es perfectamente legítima como moderna traducción del Hebreo original, y es así como la mayoría de las versiones lo siguen. Pablo está usando la traducción en griego antiguo del original hebreo—que se llama la Septuaginta (o versión de los LXX)—, la cual conserva el significado reflejado en la versión NVI del salmo 116:10–11 (ver 2 Corintios 4:13).

Pero, en este caso, lo asombroso es lo poco que está en juego. Tal vez la traducción de la NVI es algo más fuerte: la razón por la cual el salmista dijo que estaba afligido era que creía (“creía y por tanto dije…”). En otras palabras, fue su fe en Dios –y de la relación con Dios que esta fe presupone– lo que le permitió ver que cuando se enfrentaba con el sufrimiento terrible, era ni más ni menos que una aflicción enviada por Dios. Y, más importante aún, tanto la traducción de la NVI como la de la Revised Standard Version, expresan una verdad que se ilustra con frecuencia en los salmos y, especialmente, en Job: cuando alguien se siente desesperado (116:11) y se atreve a decirlo, no quiere decir que ha abandonado la fe. Al contrario, los gemidos que a veces salen del interior de una persona, si se entregan a Dios, son evidencia tanto de vida como de fe auténticas.

(2) La frase de la NVI dice: “Mucho valor ante los ojos del Señor la muerte de sus fieles” (116:15). A menudo se cita en los entierros e indudablemente expresa una verdad muy profunda, pero hay buenos motivos para pensar que la palabra traducida por “mucho valor” tendría que rezar “costosa” o algo parecido. De ahí que en la Biblia de Jerusalén encontramos: “The death of the devout costs Yahvé dear” (Le cuesta enormemente a Yahvé la muerte de uno de sus fieles). El hecho de que el salmista fue rescatado de la muerte (116:3, 8) indica que esta es la traducción más probable. Por supuesto, es la que mejor encaja con lo que dijo Jesús acerca de lo dolorosa que es para el Padre la muerte de un solo ser humano (Mateo 10:29–31).

En este caso, es muy importante que comprendamos que, aunque la soberanía de Dios rige todo, incluidas todas las muertes, este gobierno divino no es una fría cuestión de números. Él sabe mejor que nosotros cómo es de fea y antinatural la muerte, y lo estrechamente ligada que está con nuestra rebeldía y con la maldición que nuestro pecado conlleva. Es enormemente reconfortante saber que la muerte de los fieles es dolorosa para Yahvé. Pero aún más maravilloso es el precio que estuvo dispuesto a pagar para que la muerte diera lugar a la resurrección.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 171). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Provisión para los pobres

19 JUNIO

Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

Es sorprendente hasta qué punto la ley de Moisés hace provisión para los pobres.

Consideremos Deuteronomio 24. Aquí Dios prohíbe tomar en prenda una piedra de molino, “ni la de arriba” (es decir, la más movible, 24:6). Sería como tomar en prenda las herramientas de trabajo de un mecánico, o el software del ordenador de un escritor. Sería quitarle los únicos medios con los cuales puede ganarse la vida, lo cual no sólo agravaría su pobreza, sino haría que el pago de la deuda fuese imposible.

En 24:10–12, hay dos estipulaciones que se establecen en lo que se refiere a los avales de las deudas. (1) Si haces un préstamo a tu prójimo, no entres en su casa para exigir la deuda. Mantente fuera; deja que sea él quien te la traiga. Una conducta así de discreta permite que el deudor conserve su dignidad, y frena la tendencia de parte de algunos ricos de usar su riqueza para intimidar a los pobres y tratarles como si fueran escoria. (2) No tomes en prenda aquello que un pobre necesita como fuente esencial de calor y de abrigo.

En 24:14–15, a los empleadores se les dice que paguen diariamente a sus obreros. En una sociedad pobre y agraria, donde hasta el 70% o el 80% de los ingresos se destinaban a la comida, esto garantizaba que los jornaleros y sus familias tuviesen al menos lo suficiente para poder comer cada día. No pagar ese sueldo no sólo infligía sufrimiento, sino que también era injusto. Hay consideraciones relativas a la justicia aún más amplias en los versos 17 al 18: los huérfanos y los extranjeros, es decir, los que carecían de protectores, y no comprendían cómo se manejaban “los hilos” de la cultura, merecen que se les trate con justicia y nunca deben ser tratados con injusticia, ni maltratados, ni explotados.

Finalmente, en 24:19–22, se les avisa a los agricultores que no recojan de forma exhaustiva todo el producto de sus cultivos a fin de maximizar sus beneficios. Es mejor dejar algo para “el extranjero, el huérfano y la viuda.” (Ver también la meditación del 9 de Agosto).

Dos observaciones: En primer lugar, esta clase de provisiones para los pobres funcionan mejor en una sociedad agraria y no tecnológica, donde la tierra y el trabajo van emparejados y donde son los miembros de una comunidad local los que ayudan a los otros miembros de la misma. No hay ningún sistema burocrático. Por otro lado, sin algún tipo de estructura organizada es difícil imaginarse cómo fomentar la de ayuda para los pobres, por ejemplo, el sur de Chicago, donde no hay agricultores que puedan dejar parte de sus cosechas sin recoger. En segundo lugar, el incentivo en todos los casos era actuar bien, por la gracia de Dios, especialmente teniendo presente el recuerdo de los años cuando ellos también fueron extranjeros en Egipto (24:13–20). Estos versos exigen una lectura muy detenida. Allí donde la gente vive en el temor, en el amor y en el conocimiento de Dios, la compasión social y la generosidad práctica se pondrán de manifiesto; allí donde se va olvidando a Dios o este desaparece en la niebla de lo sentimental, tampoco habrá una compasión robusta –como se ve más adelante en las rigurosas denuncias del libro de Amós.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 170). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La ley, sobre la ley

18 JUNIO

Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

De vez en cuando aparece en el Pentateuco un capítulo con leyes y estatutos diversas. Uno de estos capítulos es Deuteronomio 23. Excedería los límites de estas meditaciones reflexionar sobre cada asunto sobre el que se formuló un estatuto, e incluso comentar el principio del ordenamiento de algunas de las listas. Cae por su peso que parte de la legislación se basa en la experiencia histórica de los israelitas. (ej., 23:3–8). En otros casos se trata de la pureza ritual altamente simbólica (ej., 23:9–14); en otros se insta al pueblo a mantenerse alejado de las prácticas abominables del paganismo cananeo (23:21–23). Lo que sí comentaré hoy son los versos 24 al 25: “Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto. Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo”.

Hay una profunda sabiduría detrás de estos sencillos estatutos. Era una postura básicamente comunitaria que permitía a quienquiera coger lo que quisiera, cuando quisiera, y lo que quisiera; frente a una alternativa Comunista donde todos los productos pertenecen al Estado y dónde ningún individuo puede coger nada en absoluto sin el permiso de los líderes de la comunidad. Frente a una óptica Capitalista, (donde, el enfoque que prima es la propiedad privada), cualquiera que cogiera una sola uva de la viña de su prójimo sería considerado ladrón, cualquiera que recogiese unos cuantos granos de trigo para masticarlos mientras se paseaba por un camino que atravesaba la finca de alguien quedaría sujeto a todo el peso de la ley. Pero al permitir a la gente que comiesen lo que quisiesen mientras estaban en la finca de un vecino, este estatuto servía para fomentar una interdependencia que englobaba toda la comunidad, una visión de herencia común. Los muros y las vallas que se erigen por un concepto celoso de la propiedad quedan rebajados. Además, los desamparados encontrarían al menos algo para comer. Esto no supondría una carga demasiado onerosa para ningún propietario mientras el estatuto fuese respetado por todos. Por otro lado, el hecho que se estipulase que no se podía llevar nada a otro sitio, si se respetaba, servía no sólo para militar contra el robo y la pereza, sino para preservar el principio de la propiedad privada y los incentivos al trabajo y al esfuerzo disciplinado que lo acompañan.

Muchos son los estatutos de la ley de Moisés que, si se administran bien, reflejan un equilibrio piadoso de intereses complementarios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 169). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un salmo oracular

17 JUNIO

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

El capítulo del Antiguo Testamento que más se cita en el Nuevo es el Salmo 110. Es un salmo oracular: es decir, no describe la experiencia del autor sino que pronuncia palabras que el autor había recibido por revelación inmediata y directa – en forma de “oráculo” de Dios mismo. Incluso puede que haya partes del salmo que el mismo salmista no llegase a sondear (de la misma manera que Daniel no sondeaba el significado de todo lo que vio en sus visiones y tuvo que transmitir a una generación venidera [Daniel 12:4, 8–10]).

En el salmo, el Señor, Yahvé, se dirige a alguien a quien David mismo llama “mi Señor”. Este elemento, tanto como cualquier otro, ha convencido a muchos comentaristas, sean judíos o cristianos, que se trata explícitamente de un salmo mesiánico, y que la persona con quien David habla es el mismo anhelado Mesías.

Voy a centrar mis comentarios en el versículo 4: “El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” Dado que Yahvé aquí se dirige al Mesías, ¿qué quieren decir estas palabras? Hay dos cosas que llaman la atención:

En primer lugar, Mequisedec mismo – es la segunda vez que se menciona en toda la Biblia. La primera vez fue en Génesis 14:18–20. Después de la derrota de los reyes, Abraham tiene un encuentro con este extraño rey-sacerdote, y le da una porción del botín. Hay varias cosas que se pueden deducir de este breve encuentro (ver la meditación del 13 de enero), pero luego Melquisedec desaparece del mapa, hasta este salmo, compuesto casi mil años más tarde.

En segundo lugar. Muchas cosas han sucedido en la historia de Israel. El pueblo había sido sometido a una esclavitud feroz, habían sido rescatados en el Éxodo, habían recibido la ley en Sinaí, habían entrado en la Tierra Prometida, y habían vivido el período de los jueces antes de llegar a este trance, a principios de la dinastía Davídica. Por encima de todo, en Sinaí se había prescrito un tabernáculo, con sus ritos asociados, todo lo cual debía ser ministrado por los levitas y por los sumos sacerdotes procedentes de esta tribu. La Ley de Moisés había estipulado de manera inequívoca que únicamente los levitas podían desempeñar estas funciones sacerdotales. Sin embargo, aquí tenemos un oráculo de Dios que insistía que Dios levantaría a otro sacerdote-rey con una descendencia muy diferente. Yahvé extenderá el cetro de este poderoso rey desde Sión: es decir, su poder estará vinculado a Sión, con Jerusalén, y con la dinastía Davídica naciente. Como sacerdote pertenecerá no al orden Levítico sino al de Melquisedec.

No es de extrañar que el autor de la carta a los Hebreos comprende que aquí se anuncia ni más ni menos que la caducidad de la Alianza de Moisés (Hebreos 7:11–12). Nos hacía falta un sacerdocio mejor, y ahora lo tenemos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 168). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Exaltado seas, oh Dios!

16 JUNIO

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

El Salmo 108 se distingue algo de los otros salmos. Aparte de algunos cambios menores, está compuesto de partes de otros dos salmos. El salmo 108:1–5 sigue el salmo 57:7–11; salmo 108:6–13 sigue salmo 60:5–12. No obstante, el sentimiento que despierta el conjunto es asombrosamente diferente.

Tanto en los Salmos 57 como en el 60 encontramos a David bajo una presión enorme. En el caso de aquel primero, el subtítulo que introduce el salmo sitúa a David en plena huida de Saúl, y refugiándose en una cueva; en este segundo, David y sus tropas han sufrido una derrota. En ambos casos sin embargo, el salmo acaba en canto de alabanza y confianza – y estos cantos de alabanza respectivos se encuentran para constituir el salmo 108. Aunque dicho salmo, alude a una situación angustiosa que incluye cierta experiencia de castigo infligido por Dios (108:11), el tono del salmo en su conjunto se aleja de los tintes sombríos de las primeras partes de los dos otros salmos y acaba rebosando de adoración y confianza.

Este hecho sencillo nos obliga a reconocer algo muy importante. Los dos salmos anteriores, el 57 y el 60, nos resultarán sin duda particularmente apropiados cuando nos enfrentamos a algún peligro – sea individual o colectivo – o cuando hayamos sufrido alguna derrota humillante. El presente salmo, en cambio, resonará en nuestros oídos cuando en el momento de hacer alguna pausa para recordar las múltiples bendiciones de Dios, y para traer otra vez a la mente la grandeza de su soberanía y el hecho de que es absolutamente digno de recibir nuestra adoración. Puede que sea especialmente provechoso para cuando estemos a punto de emprender una nueva iniciativa para la cual nuestra fe deba anclarse de nuevo. Esta perspectiva de una aplicación nueva y diferente ocurre porque las mismas palabras se encuentran en dos contextos diferentes. Y de esto se trata, justamente.

Aunque todas las Escrituras sean verdaderas y de crucial importancia, mereciendo el estudio, la reflexión y el pensamiento aplicado con rigor, el Señor nuestro Dios, en su sabiduría, no nos ha dado una Biblia compuesta de principios abstractos, sino un tejido de textos muy diversos, cada uno de ellos fruto de vivencias muy diferentes. Pese a la diversidad, por supuesto, sigue habiendo un hilo conductor que lo engloba todo, y una única Mente detrás de ella. El rico entramado de experiencias humanas variadas que se refleja en los diferentes libros, y pasajes, de la Biblia – particularmente en los salmos – permite que la Biblia nos hable con una fuerza y poder singulares allí donde el encaje entre la experiencia del autor humano y la nuestra sea especialmente íntimo.

Gracias a esta asombrosa riqueza, Dios merece que lo adoremos con reverencia. ¿Qué otra mente que no sea la suya, qué amplitud de comprensión, qué benevolente soberanía en la composición de los escritos, podría dar lugar a una obra tan unificada y al mismo tiempo tan profundamente diversa? Aquí también hay razones para añadir nuestro “amén” a las palabras del 108:5: “Exaltado seas, oh Dios, por encima de los cielos más altos. Que tu gloria brille sobre toda la tierra”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 167). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Avivamiento!

15 JUNIO

Deuteronomio 20 | Salmos 107 | Isaías 47 | Apocalipsis 17

A lo largo de la historia, el término “Avivamiento” siempre se ha referido a un período de bendición extraordinaria enviada por Dios. Los Siervos de la Palabra llevaban a cabo sus ministerios: de oración, de predicación, de enseñanza, de consejería, fuese en tiempos de persecución, o en tiempos de relativa paz y crecimiento progresivo. Pero si el Señor. Todopoderoso, visitaba a su pueblo con un avivamiento, esto se ponía de manifiesto enseguida en un sentimiento extraordinario de la presencia de Dios, en un arrepentimiento profundo y en una pasión renovada por la santidad, y finalmente en la conversión inequívoca e incontrovertible de muchas personas. Podía ser algo más bien disciplinado y controlado, o podía verse mezclado con lo fraudulento o espurio.

Aunque en algunos círculos el “avivamiento” sigue teniendo este significado, en otros se refiere a una reunión o serie de reuniones en las que los predicadores hablan de la santidad personal o predican el evangelio. Se da por sentado que si el predicador tiene un don auténtico habrá fruto muy patente. En algunas partes de los EEUU, se oye decir que “tendrá lugar un avivamiento”, o “se predicará un avivamiento”. Serviría para esclarecer las cosas si en lugar de hablar así dijeran: “Vamos a celebrar una conferencia Bíblica” o “habrá una serie de predicaciones evangelísticas”.

El Salmo 107 nos retrata una serie muy diversa de escenas en las cuales hay gente que se encuentra inmersa en terribles peligros o sujeta a una opresión espantosa, en casi todos los casos como consecuencia de su propio pecado. En cada caso Dios les viene a rescatar. Los que andaban perdidos en los parajes desiertos clamaron a Dios, y él los libró de su aflicción (107:4–9). Otros habitaban afligidos y encadenados en las densas tinieblas, “por haberse rebelado contra las palabras de Dios, por menospreciar los designios del Altísimo” (107:11), y el Señor los libró (107::13–14). Otros han quedado tan mermados a causa de su propia necedad que llegan a despreciar la vida. Pero cuando en su angustia clamaron a Dios, “Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro” (107:20). Otros se hallaban en peligro de muerte en alta mar, y aquí también el Señor respondió a sus clamores y los salvó (107:23–32). De hecho, este Dios humilla a los soberbios, y por amor a los necesitados y afligidos “convirtió los desiertos en manantiales de agua” (107:33–42).

Para que no haya ningún malentendido en cuanto a la verdad que el salmista nos quiere transmitir, nos lo subraya de dos maneras. En primer lugar, en la mayoría de las secciones del salmo, refiriéndose a los que han sido salvados, prescribe lo siguiente: “¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!” (107:8, 15, 21, 31). En segundo lugar, la primera afirmación del salmo nos recuerda: que Dios “es bueno; su gran amor perdura para siempre” (107:1), mientras que la última insiste: “Quien sea sabio, que considere estas cosas y entienda bien el gran amor del Señor” (107:43). Aquí y tan sólo aquí está la primera y última fuente de las bendiciones de Dios – de las cuales el avivamiento no es la menos significativa. Y el último verso va aún más lejos, autorizándonos para incluir los avivamientos entre las bendiciones de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 166). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Ojo por ojo”

14 JUNIO

Deuteronomio 19 | Salmos 106 | Isaías 46 | Apocalipsis 16

La justicia que se contempla en Deuteronomio 19 parece distar mucho de los conceptos de justicia que prevalecen en Occidente hoy en día.

Con la mayor parte del enfoque de este texto, la mayoría de nosotros nos encontraremos en sintonía: los tribunales no pueden sentenciar a una persona a base de evidencias poco sólidas. En una época que carecía de las herramientas forenses que hoy damos por sentadas, esto casi siempre implicaba que se requería más de un testigo (19:15). Hoy día la base de evidencias necesarias se ha ampliado considerablemente: las huellas dactilares, identificación de grupos sanguíneos, etcétera. La mayoría de nosotros reconoce que estos avances son positivos. Pero hay suficientes casos de evidencias que han sido manipuladas como para que nos convenzamos que la preocupación esencial de nuestro texto sigue siendo actualísima. Hacen falta procedimientos y medidas que hagan que sea lo más difícil posible corromper al tribunal o sentenciar a una persona inocente.

Sin embargo el resto del capítulo (19:16–21) nos resulta, a primera vista, algo ajeno, por tres razones. (1) Si unos jueces cuidadosos deciden que uno de los testigos ha mentido, estos jueces deben imponer a dicho testigo la misma pena que habría sido impuesta al reo falsamente acusado: “entonces le harán a él lo mismo que se proponía hacerle a su hermano”. (2) El propósito es ni más ni menos que el de extirpar “el mal que haya en medio de ti”.

(3) Una vez más. La lex talionis (el estatuto del “ojo por ojo”) se repite (19:21; ver también Éxodo 21:24, y la meditación del 11 de marzo.

Estos tres puntos se miran de modo muy diferente en los tribunales Occidentales. (1) El castigo del perjurio malévolo normalmente es casi inexistente. Pero esto significa que hay poco interés oficial en ventilar las llamas de la sed colectiva de justicia pública. Mientes si lo puedes hacer con impunidad; la única vergüenza consiste en que te pillen con la mentira en la boca. (2) Los arquitectos de nuestros códigos penales creen que la encarcelación sirve para que nuestra sociedad sea un espacio más seguro, o que facilita una oportunidad para la reforma (sea terapéutica o de otra clase), o que asegura que el culpable “pague su deuda a la sociedad”. Se presta tanta atención al análisis de los condicionantes sociales que explican la aparición de los criminales, que la gente suele ser reacia a hablar del mal en relación a la persona como de sus actos. Tal vez sea por esto que las películas de venganza tienen que proyectar la crueldad en monstruos tan unidimensionales para que la venganza se acepte como justificable. La postura bíblica es verdaderamente radical (es decir: va a la radix, a la raíz de la cuestión): en términos jurídicos, los tribunales deben “[extirpar] el mal que haya en medio de ti”. (3) Encarcelamos; pero rara vez nos paramos a pensar en la necesidad justa de una pena que “corresponda” al delito. Sin embargo, esta fue justamente una de las funciones de la lex talionis.

Cuando nos centramos en la justicia y la responsabilidad personal, nos damos cuenta que nuestro sistema jurídico y penal es el que resulta estar cada vez peor encaminado y alineado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 165). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Papel de mediador

13 JUNIO

Deuteronomio 18 | Salmos 105 | Isaías 45 | Apocalipsis 15

La profecía acerca de la venida de un profeta semejante a Moisés (Deuteronomio 18:15–18) debe interpretarse dentro de su propio contexto. Cuatro observaciones servirán para arrojar luz sobre este pasaje.

En primer lugar, los versículos anteriores (18:9–13) condenan las prácticas religiosas de las naciones a las cuales los israelitas tenían que desplazar, especialmente aquellos rituales que se utilizaban como medio de guía y dirección: la adivinación, la hechicería, la interpretación de las señales, la brujería, la encantación, el espiritismo y la necromancia. Tales prácticas “detestables” (18:12) constituyen parte de la razón por la fueron expulsadas estas naciones – una lección que muchos occidentales aún no han aprendido, y siguen jugando con fuego. Estas prácticas implícitamente niegan la soberanía de Dios, y contribuyen a que la gente confíe para su seguridad y bienestar en necedades supersticiosas o en poderes demoníacos. En el versículo 14, que sirve de transición, Moisés contrasta a los israelitas con las demás naciones: “pero a ti el Señor tu Dios no te ha permitido hacer nada de eso”. Todo lo contrario, de la misma manera que Dios había revelado su palabra a través del profeta Moisés, después de la muerte de este, Dios levantará a otro profeta semejante a Moisés: “El Señor tu Dios levantará de entre tus hermanos un profeta como yo. A él sí lo escucharás” (18:15). El pueblo de Dios se debe guiar por la palabra de Dios transmitida con fidelidad por los profetas, no por ninguna superstición religiosa.

En segundo lugar, trata la cuestión de quién es un verdadero profeta (18:20–22), un tema del cual Moisés ya había hablado (Deuteronomio 13, ver la meditación del 9 de junio), pero que aquí vuelve a resurgir. Pues si el pueblo va a conocer la Palabra de Dios a través de los profetas de Dios, es importante reiterar algunos de los criterios mediante los cuales es posible distinguir entre los profetas verdaderos y los falsos.

En tercer lugar, Moisés recuerda a los israelitas que el papel del profeta es esencialmente el de un mediador (18:16–17). Por supuesto, esto es verdad en un sentido muy obvio: los profetas genuinos revelan palabras procedentes de Dios que de otra manera quedarían sin conocer, y de esta manera mediaba entre Dios y el pueblo. Pero Moisés habla de algo más profundo. Cuando Dios se dio a conocer en Sinaí, el pueblo estaba tan aterrado que sabían que no podrían atreverse a acercarse a este Dios santo: serían destruidos (Éxodo 20:18–19). El pueblo quería que Moisés fuese el mediador de la revelación de Dios. Dios aprueba esta decisión, este temor saludable a Dios (Deuteronomio 18:17). Del mismo modo, Dios levantará a otro profeta que también desempeñará este papel de mediador.

En cuarto lugar, en cierto sentido esta promesa se cumplía en cada profeta genuino que Dios envió. Pero el lenguaje de esta promesa es tan generoso que es difícil no darse cuenta de que este pasaje alude a un profeta muy especial: no sólo expondrá todo lo que Dios le manda que exponga, sino que si alguien no escucha las palabras proclamadas en el nombre de Dios, Dios le pedirá explicaciones. Meditemos no sólo en Hechos 3:22–23, sino también en Juan 5:16–30.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 164). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Necesitamos un Rey?

12 JUNIO

Deuteronomio 17 | Salmos 104 | Isaías 44 | Apocalipsis 14

Moisés contempla un tiempo futuro cuando la nación de Israel escogerá a un rey (Deuteronomio 17:14–20). No podía saber que, siglos después, cuando los israelitas pedirían un rey, sería por motivos equivocados – en primer lugar para que fuesen como las naciones alrededor. El resultado fue Saúl. Pero esa es otra historia.

Si el pueblo van a tener un rey, ¿qué clase de rey tendría que ser? (1) Debe ser un rey escogido por Dios mismo (17:15). (2) Debe ser israelita, “asegúrate de nombrar como rey a uno de tu mismo pueblo” (17:15), no un extranjero. (3) No debería acumular para sí mismo gran número de caballos, ed., amasar grandes fortunas y poder militar, especialmente si esto viene asociado con alianzas con poderes fácticos como Egipto, por ejemplo (17:16). (4) No debe tampoco acumular muchas esposas (17:17). No se trataba simplemente de la poligamia. En el antiguo Medio-Oriente, cuantas más esposas tenía un rey, mayor era su poder. Esta restricción, por tanto, es simultáneamente un límite del poder del rey y una advertencia de que tener muchas esposas entrañaba el riesgo de que su corazón se desviase (17:17). No era tanto porque las mujeres en cuestión sean intrínsecamente malas; más bien, por la probabilidad de que un rey que busca esposa, se case con princesas de casas nobles de las naciones colindantes que traerán sus creencias paganas. Con este trasfondo, el corazón del rey se desviará. Esto es exactamente lo que ocurrió en el caso de Salomón. (5) Al subir al trono, lo primero que el rey debería hacer sería escribir, para sí mismo, en hebreo, una copia de “esta ley” – ya sea el libro de Deuteronomio o todo el Pentateuco. Tras hacer esto, debería leerla cada día durante el resto de su vida (17:18–20). Los múltiples propósitos detrás de esta obligación resultan muy explícitos: para que reverencie al Señor su Dios, siga sus palabras con diligencia, y, por consiguiente, no se considere superior a sus conciudadanos, ni se desvíe de la ley. El resultado del cumplimiento de estas obligaciones sería una dinastía duradera.

Es difícil imaginarse hasta qué punto la historia de Israel habría sido diferente si cada uno de estos cinco criterios hubiese sido fielmente cumplido por cada rey que subió al trono de David. Pasaría un milenio y medio antes de que en Israel apareciera un rey que sería el Siervo escogido de Yahvé, alguien que “en todo se asemejara a sus hermanos” (Hebreos 2:17), un simple artesano sin riquezas ni poder, un hombre no seducido en absoluto por la belleza, por el poder ni por el paganismo (a pesar de los ataques tremendamente virulentos por parte de Satanás), un hombre inmerso en las Escrituras desde su juventud, y que seguía todas las palabras de Dios. ¡Cómo necesitamos un rey así!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 163). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Precio!

11 JUNIO

Deuteronomio 16 | Salmos 103 | Isaías 43 | Apocalipsis 13

Es difícil imaginarse un cántico más hermoso que el Salmo 103. Cuando nuestros hijos eran pequeños el “precio” que tuvieron que pagar para lograr su primera Biblia con funda de piel fue memorizar el Salmo 103. A través de los siglos, incontables creyentes han acudido a estas líneas para encontrar aliento, renovación de su alabanza y su gratitud, nuevos motivos para desear orar, y la restauración de una cosmovisión centrada en Dios. Este salmo podría fácilmente ocupar todas las meditaciones para este mes, e incluso para el resto del año. En lugar de ello, destacaremos tres aspectos.

1. El salmo se desarrolla entre dos paréntesis, que consisten en exhortaciones a la alabanza. Al principio David se exhorta a sí mismo a alabar, y con su ejemplo a sus lectores: “Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre” (103:1). Implícitamente David reconoce que desgraciadamente no es difícil mantener los rasgos externos de la alabanza, sin que haya nada que surja del corazón. Esto no está bien: “alabe todo mi ser su santo nombre”. Cuando llega al final del salmo, por muy honesta y profunda que haya sido la alabanza de un individuo, el marco para la alabanza de un Dios así resulta demasiado pequeño, puesto que, después de todo, Dios reina sobre todo (103:19): “Alabad al Señor, vosotros sus ángeles, que ejecutáis su palabra y obedecéis su mandato. Alabad al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplís su voluntad. Alabad al Señor, todas sus obras en todos los ámbitos de su dominio. ¡Alaba, alma mía, al Señor!” (103:20–22). Ahora la alabanza del salmista se une con la del mismo cielo, con la alabanza de toda la creación.

2. Cuando David comienza a enumerar todos “sus beneficios” (103:2), comienza con el perdón de los pecados (103:3). He aquí alguien que comprende aquello que es de mayor importancia. Si lo tenemos todo menos el perdón de Dios, no tenemos nada de valor, y si tenemos el perdón de Dios todo lo demás que sea realmente valioso también está prometido. (ver también Romanos 8:32)

3. David pasa de las bendiciones que disfruta como creyente individual a la justicia pública de Dios (103:6), y a su gracia al revelarse a sí mismo a Moisés y a los israelitas (103:7–18). Es aquí donde se detiene más tiempo, repasando una y otra vez en su mente las mayores bendiciones que el pueblo recibió de Dios. Por encima de todo lo demás, se mantiene enfocado otra vez más en el privilegio indecible de tener sus pecados perdonados, llevados lejos, olvidados. David percibe que todo esto, nace del carácter de Dios. “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor” (103:8). Se enfrenta con nuestro pecado – pero lo hace con compasión, tomando consciencia de nuestra debilidad. Nosotros seremos criaturas atrapados por el tiempo, “Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen” (103:17).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 162). Barcelona: Publicaciones Andamio.