¡Escuchad, rebeldes!

11 MAYO

¡Escuchad, rebeldes!

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

Hay pocos pasajes en el Pentateuco que sean menos alentadores, a primera vista, que el desenlace de Números 20:1–13.

No obstante, el relato contiene ciertos elementos sutiles y complejos. Comienza con otra dosis de la murmuración habitual. No obstante, se trata de una necesidad real: el pueblo tiene sed (20:2). Pero en lugar de buscar a Yahvé con una confianza gozosa que intervenga para cubrir la necesidad de su propio pueblo, discuten con Moisés, echándole en cara las mismas acusaciones de siempre: estaban mejor en la esclavitud, su vida actual en el desierto es insoportable, y no ven más allá.

Moisés y Aarón buscan el rostro de Dios. La gloria de Dios se les aparece (20:6). Dios dice explícitamente: “Habla con la roca a vista de ellos; y ella dará su agua…” (20:8). Pero Moisés no puede más. Convoca a la multitud y les dice, “¡Escuchad, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacaros agua de esta roca?” (20:10) – una pregunta retórica que no deja de ser algo presuntuosa. Luego golpea la roca dos veces, y sale agua a cascadas. Pero Dios dice a Moisés y a Aarón, “Por no haber confiado en mí, ni haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no seréis vosotros los que llevéis a esta comunidad a la tierra que les he dado.” (20:12).

Caben tres observaciones:

(1) Dios no dice, “Puesto que no me obedecisteis lo suficientemente …” sino “Puesto que no confiasteis …”. Por supuesto que hubo un acto de desobediencia: Dios les dijo que hablasen, y Moisés golpeó la roca. Pero Dios percibe que el problema es todavía más profundo. El pueblo ha llevado a Moisés a un estado de profundo agotamiento, y Moisés responde desde su agotamiento. Su respuesta no es sólo la de golpear la roca. Es la respuesta de un hombre que, bajo una enorme presión, se ha vuelto amargo y arrogante (¡con lo cual no pretendo decir que cualquiera de nosotros hubiese actuado mejor!). Lo que ha desaparecido es su confianza transparente en Dios: a Dios no le ha honrado como Santo.

(2) Leed el Pentateuco como una unidad: de lo que se trata al final es que Moisés mismo se queda sin poder entrar en la Tierra Prometida. Si leemos los siete primeros libros de la Biblia no podemos por menos que llegar a la conclusión que el antiguo pacto no ha servido para transformar al pueblo. Desde el punto de vista canónico esto es muy importante: La Ley nunca fue suficiente para salvar y transformar.

(3) A la luz de 1ª de Corintios 10:4, un texto que presenta a Cristo como el antetipo de la roca, es difícil no llegar a la conclusión que el motivo por el cual Dios había insistido que la roca fuese golpeada en Éxodo 17:1–7, mientras lo prohíbe aquí, es que percibe aquí la oportunidad de enseñar, mediante este símbolo, una verdad fundamental: la Roca definitiva, de la cual fluyen corrientes de agua viva, debe ser golpeada sólo una vez, no más de una.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 131). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“En Dios confiamos”

10 MAYO

“En Dios confiamos”

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

Las monedas americanas llevan las palabras “En Dios confiamos”. En nuestra era pluralista, es razonable que la gente pregunte, “¿Qué Dios?” Aunque la respuesta sea clara que se trata del Dios de la Biblia, sospecho que mucha gente concibe esta confianza en Dios como algo privado y místico. Es inquietante con qué facilidad se piensa en la fe en Dios como una especie de intuición religiosa, una sensibilidad piadosa, con sólo una vaguísima comprensión de lo que esta confianza en Dios realmente implica.

La fe de David no es así. Dos veces en el Salmo 56 su descripción del Dios en quien ha puesto su confianza implícitamente da sustancia al significado de la palabra “confianza”. “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:3–4). (Énfasis añadido). Y otra vez, “Confío en Dios y alabo su palabra; confío en el SEÑOR y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:10–11).

En ambos pasajes, David comprende que la confianza en Dios es la única solución a su miedo: “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza… confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” El texto que encabeza e introduce el salmo nos explica que fue escrito poco después de su experiencia horripilante en Gat (1 Samuel 21:10–15). Mientras huía, David se escondió en territorio de los filisteos, y estuvo muy cerca de la muerte. Se libró al fingir que estaba loco. Sin duda había sentido un miedo terrible, y en medio de su miedo había puesto su confianza en Dios, y encontró las fuerzas para realizar una hazaña espectacular que le salvó la vida.

Pero lo que más nos llama la atención en esta confesión de confianza por parte de David es el hecho de que repite una frase. Tres veces habla “de Dios cuya palabra alabaré”. En este contexto la palabra específica que da lugar a esta frase seguramente tiene mucho que ver con la razón por la cual David podía confiar tan plenamente bajo estas condiciones. En cuanto a cuál fue esta “palabra”, el candidato más probable es la promesa divina que recibiría el reino y que sería establecido como cabeza de una dinastía. Sus circunstancias actuales son tan nefastas que la incredulidad parecería más justificada que la confianza. Pero David confía en “el Señor, cuya palabra alabaré”.

Lo que necesitamos es confianza en el Dios que habla, una fe en Dios que esté firmemente fundada en lo que este Dios que habla ha dicho. Luego, en medio de las circunstancias más deplorables, podemos encontrar un descanso profundo en el Dios que permanece fiel a su palabra. Cae por su peso que una fe así está fundada en las palabras reveladas de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 130). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Vamos a morir!

9 MAYO

¡Vamos a morir!

Números 17–18 | Salmo 55 | Isaías 7 | Santiago 1

A un nivel, el relato conciso que nos ofrece Números 17 concluye la serie de episodios de rebelión del capítulo anterior. Dios quiere poner fin a la murmuración continua de los israelitas cuando desafían la autoridad sacerdotal de Aarón (17:5). De modo que Moisés toma el bastón del líder ancestral de cada tribu, lo identifica cuidadosamente y lo coloca, tal como se le da, en el Tabernáculo, “La Tienda del Pacto”. Dios declara, por adelantado, que el bastón del hombre a quien él escoge florecerá.

Moisés hace lo que se le manda. La mañana siguiente va a recoger los doce bastones. Únicamente el bastón que pertenece a Aarón ha florecido – de hecho, ha reverdecido, ha florecido y ha producido almendras. Por decreto divino, el bastón se conserva para la posteridad. En cuanto a los israelitas, se dan cuenta que su rebelión no es sólo contra Aarón y Moisés sino contra el Dios viviente. Ahora gritan: “¡Estamos perdidos, totalmente perdidos! ¡Vamos a morir!…” (17:12–13).

¿Qué significa este relato?

(1) La respuesta de los israelitas es buena en parte, pero sigue siendo horriblemente deficiente. Es buena en el sentido que este suceso les lleva, por ahora al menos, a comprender que no es sólo contra Moisés y Aarón que se han rebelado, sino contra el Dios viviente. El temor de Dios puede ser bueno. Pero en este caso parece más bien el miedo paralizante de los que no conocen a Dios. Tienen miedo de ser destruidos, pero este miedo no induce en ellos una mayor devoción a Dios. En Números 20 y 21, el pueblo de nuevo se queja y murmura: la señal milagrosa del bastón que floreció no produjo ninguna convicción duradera. Esto también refleja la realidad de manera espantosa: la iglesia cuenta con una larga historia de avivamientos poderosos cuyos resultados se han disipado y cuyo legado ha acabado por prostituirse al cabo de poco tiempo.

(2) Deberíamos preguntarnos por qué Dios da tanta importancia al hecho de que sólo el sumo sacerdote designado puede realizar las funciones sacerdotales. No debemos sacar la conclusión que es así como hay que tratar a todos los líderes cristianos. Dentro del marco canónico, hay mucho más en juego en el relato del bastón de Aarón que floreció. De lo que se trata es que sólo el sumo sacerdote designado por Dios es aceptable a Dios para ejercer el oficio sacerdotal. Cómo se explica con claridad al comienzo de Números 18, sólo Aarón y sus hijos se expondrán “a las consecuencias de ejercer el sacerdocio”. El Nuevo Testamento insiste en ello: “Nadie ocupa este cargo por iniciativa propia; más bien, lo ocupa el que es llamado por Dios, como sucedió con Aarón” (Hebreos 5:4). Así también Cristo (Hebreo 5:5). Sólo sirve el sacerdote designado por Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 129). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Rebelión!

8 MAYO

Números 16 | Salmo 52–54 | Isaías 6 | Hebreos 13

Siguen dos episodios de rebelión que ensucian la historia del pueblo de Israel en el desierto (Números 16).

El primero de ellos es el complot organizado por Coré, Datán y Abiram. Fomentan un espíritu de descontento no entre los menos destacados, sino entre los líderes de la comunidad, unos 250 de ellos. La crítica que dirigen a Moisés es doble: (a) Creen que ha asumido demasiada autoridad: “toda la comunidad es santa, lo mismo que sus miembros, y el Señor está en medio de ellos” (16:3). Moisés no tiene ningún derecho de colocarse por encima de “la comunidad del Señor” (16:3). (b) El ministerio de Moisés queda tan comprometido por sus fracasos que ya no se puede confiar en él. Los había sacado de “una tierra donde abundan la leche y la miel” (16:13), prometiéndoles mucho, pero conduciéndoles finalmente al desierto. Por tanto, ¿Qué derecho tiene de “enseñorearse sobre el pueblo”?

Este razonamiento gozaría de cierta credibilidad entre los que centraban su atención en sus adversidades, los que cuestionaban cualquier autoridad, las que tenían poca memoria de cómo habían sido rescatados de Egipto, los que menospreciaban todo lo que Dios les había cuidadosamente revelado, las que se veían influenciados por la retórica fácil pero que tenían en poco sus promesas de la alianza. Son numerosos sus descendientes hoy en día. En el nombre del “sacerdocio de todos los creyentes” y de la importante verdad que la comunidad cristiana en su totalidad es santa, se han dejado de lado otras cosas ciertas que Dios dijo acerca de los líderes cristianos. Detrás de muchas de las reivindicaciones a favor de la justicia a menudo se esconde ni más ni menos que la codicia del poder, alimentada por el resentimiento.

Por supuesto, no todos los líderes de la iglesia cristiana merecen ser tratados con la misma deferencia: algunos de ellos son trepas, motivados únicamente por sus propios intereses, de los cuales la iglesia tiene la obligación de deshacerse (p. ej.,: 2 Corintios 10–13). No se castiga a todos los que protestan con el mismo juicio que cayó sobre Coré y sus amigos: algunos, como Lutero y Calvino, como Whitefield y Wesley, y como Pablo y Amós en épocas anteriores, son reformadores genuinos. Pero en una era como la nuestra, caracterizada por la hostilidad hacia la autoridad, uno siempre debe asegurarse de que la conducta de los supuestos reformadores está siendo determinada por un auténtico compromiso con las palabras de Dios, en lugar de brotar de una manipulación de estas palabras a fin de perseguir los intereses propios y personales.

En la segunda rebelión, la comunidad israelita en su totalidad (16:14), nutrida por unos resentimientos patéticos, murmura contra Moisés y Aarón, acusándoles de haber matado a los rebeldes del día anterior – como si ellos pudiesen abrir la tierra bajo los pies de estas personas y hacer que desaparezcan. Miles de ellos perecen porque el pueblo en su conjunto aun no ha comprendido la santidad de Dios, la exclusividad de sus reivindicaciones, la inevitabilidad de su ira contra los rebeldes, su justa negación a que se le trate con desprecio.

¿Por qué tendría que ser menos severo el juicio de Dios contra nuestra generación?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 128). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La culpa. ¡Qué carga más horrorosa!

7 MAYO

Números 15 | Salmo 51 | Isaías 5 | Hebreos 12

La culpa. ¡Qué carga más horrorosa!

Hay gente que se carga con un peso tremendo de culpa subjetiva – es decir, de culpa sentida – cuando en realidad no se trata de ninguna culpa real. Es mucho peor la condición de aquellos que llevan una carga enorme de culpa objetiva – es decir, son realmente culpables de un pecado odioso a ojos del Dios viviente – y están tan endurecidos que no se dan cuenta de ello.

El texto que encabeza e introduce el Salmo 51 revela que cuando David lo escribe reconoce conscientemente, una carga tanto de culpa subjetiva como objetiva. Objetivamente ha cometido adulterio con Betsabé y se las ha arreglado para que Urías, su marido, muera; subjetivamente, la parábola narrada por Natán (2 Samuel 12; ver la meditación para setiembre 16) ha taladrado la conciencia de David, haciendo que se dé cuenta de la enormidad de su pecado, de modo que escribe desde su vergüenza.

(1) David confiesa su pecado y suplica la misericordia de Dios (51:1–2). No se percibe eco alguno del reclamo de la vindicación que encontramos en algunos de los salmos anteriores. Cuando somos culpables y sabemos que lo somos, no hay otro camino posible, y sólo este camino nos lleva allí donde debemos estar.

(2) David reconoce francamente que en primer lugar a quien ha ofendido es a Dios mismo (51:4), no a Urías, ni a Betsabé, ni al niño concebido, ni siquiera al pueblo de la alianza que llevan parte del castigo. Dios establece el listón. Cuando lo transgredimos estamos desafiando a Dios. Además, David sabe que ocupa el trono por el ejercicio de la pura gracia de Dios, quien lo escogió. Traicionar el pacto, desde una posición de la confianza otorgada por Dios mismo es doblemente deplorable.

(3) David es suficientemente honesto como para reconocer que esta letanía de pecados, por horribles que sean de por sí, no se puede mirar aisladamente. Es una manifestación de lo que hay en el corazón, de la naturaleza que heredamos de nuestros padres. No hay remedio posible que nos limpie interiormente, si no se nos concede un corazón puro y un espíritu de rectitud (51:5–6, 10).

(4) Para David no se trata de un proceso meramente cerebral o fríamente teológico. La culpa objetiva, y el reconocimiento subjetivo de la misma, se combinan para producir en él una profunda opresión de espíritu: sus huesos están quebrantados (51:8), no se puede librar del terrible peso omnipresente de su propio pecado (51:3), y el gozo de su salvación se ha desvanecido (51:12). La honestidad transparente y la pasión de la oración de David revelan que no tiene ninguna intención de refugiarse en una ligera limpieza o un ritual formalista.

(5) David reconoce el valor testimonial de ser perdonado, y usa esto como argumento ante Dios para que el perdón se le conceda (51:12–15). Implícitamente esto es ni más sin menos que una apelación a la gloria de Dios.

(6) Aunque está inmerso en el sistema sacrificial del sistema de la alianza de Moisés, sin embargo David adopta unos principios más profundos que estos. Los sacrificios prescritos no significan nada sin el sacrificio de un espíritu quebrantado, un “corazón quebrantado y arrepentido” (51:16–19).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 127). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cinco características de esta gran rebelión contra Dios

6 MAYO

Números 14 | Salmo 50 | Isaías 3–4 | Hebreos 11

Cinco características de esta gran rebelión contra Dios

Reflexionaremos otro día más en la Rebelión – es este caso se trata de la rebelión por parte del pueblo en Cades Barnea, cuando perdieron la oportunidad de entrar en la Tierra Prometida a causa de su pecado (Números 14).

(1) De la misma forma que en el capítulo anterior los diez espías que hicieron un informe negativo eran culpables de desalentar al pueblo, así también el pueblo era responsable a la hora de escoger a quien haría caso. Deciden dejarse llevar por la mayoría. Si se hubiesen mantenido fieles al pacto con el cual se habían comprometido, si hubiesen recordado todo lo que Dios ya había realizado a su favor, habrían escuchado a Caleb y a Josué. Aquellos que se dejen llevar por las mayorías en lugar de mantenerse fieles a la Palabra de Dios siempre se equivocan y están cortejando el desastre.

(2) Dudar de la fidelidad del Dios de la alianza, dudar de que fuese capaz o quisiese salvar a su propio pueblo, dudar de hacer lo que dijo que haría, es tratar a Dios con desprecio (14:11, 23). Prácticamente toda actitud de queja brota de este mismo espíritu de desprecio hacia Dios. Esto es un mal terrible.

(3) La gente a menudo esconde su falta de fe, su flagrante incredulidad, detrás de una máscara piadosa. Aquí expresan su preocupación ante la posibilidad que sus esposas e hijos sean llevados como botín (14:3). En lugar de admitir que están muertos de miedo y acudir a Dios, culpan a Dios, implícitamente, por estar menos preocupado por sus esposas e hijos que ellos mismos lo están.

(4) El castigo que se aplica corresponde perfectamente con la ofensa cometida: aquella generación de adultos, con un par de excepciones, muere en el desierto antes de que sus hijos (los mismos hijos por los cuales habían profesado tanta preocupación) hereden la tierra casi cuarenta años más tarde (14:20–35).

(5) Hay una clase de arrepentimiento que reconoce y lamenta los fracasos sucedidos, pero que no llega a someterse a la voluntad de Dios. Los israelitas lamentan su pecado – y luego deciden ocupar la tierra prometida, aunque Dios ahora les está diciendo que no lo intenten, puesto que ya no estará con ellos como su baluarte y su fuerza. Moisés discierne que se trata ni más ni menos que de otro acto más de desobediencia (14:41). Inevitablemente son derrotados (14:44–45).

Las mismas cinco características de esta gran rebelión siguen encontrándose hoy día: un apego popular a las opiniones religiosas mayoritarias, con poco deseo de conocer y obedecer la voluntad de Dios, una indiferencia despreciadora hacia Dios que brota de una incredulidad pura y dura, excusas piadosas que enmascaran el miedo y la incredulidad, juicios temporales que anulan cualquier posibilidad de una obra cristiana valiente, y un arrepentimiento deficiente y superficial con el cual se sale de un culto resuelto a rectificar, pero sin ninguna intención de escuchar la Palabra de Dios ni de obedecerle. Que Dios nos ayude a todos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 126). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Rebelión tiene múltiples caras.

5 MAYO

Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

La Rebelión tiene múltiples caras

Números 12–13 narra la historia de la rebeldía de dos formas muy distintas y complejas. En primer lugar encontramos a Aarón y Miriam que hablan mal de su hermano Moisés. El problema que se nos presenta es que al haber hablado Dios también por medio de ellos, al igual que por Moisés, creen tener derecho a compartir cualquier autoridad que él posea. Pero hay otras capas que permanecen escondidas bajo la superficie: están enojados contra Moisés a causa de su matrimonio con una mujer cusita. Las motivaciones con las que los seres humanos actuamos a menudo están muy mezcladas.

Por supuesto, a primera vista la protesta parece razonable y sensata, e incluso (a nuestros ojos) democrática. Pero posteriormente, tiene como propósito colocar a Moisés en una situación muy desagradable. Si el insiste en que es el líder a quien Dios ha llamado, de manera exclusiva, a esta tarea, los envidiosos y los escépticos le podrían acusar de una defensa egocéntrica de sus propios intereses. Lo que salva a Moisés, en parte, es que, igual que el Salvador que viene después de él, Moisés es extraordinariamente humilde (12:3; Mateo 11:29).

Es Dios mismo quien interviene y designa al verdadero líder. Moisés es único, puesto que la inmediatez de la revelación que recibe y transmite está más allá de la de cualquiera de los demás profetas; es más, Moisés ha demostrado ser fiel en toda la casa de Dios (12:6–8). Miriam recibe un castigo terrible. No queda claro por qué Miriam es castigada de esta manera mientras a Aarón no le pasa nada: tal vez fue ella la instigadora de esta rebelión, o tal vez Dios no quiso poner en tela de juicio la autoridad legítima que Aarón había recibido como sumo sacerdote. Lo que sí queda claro es que aun cuando Miriam, gracias a la intercesión de Moisés, es perdonada, tiene que enfrentarse con una semana de enfermedad y vergüenza fuera del campamento, a fin de que ella y la nación entera aprendan que la rebelión que se manifieste en un deseo de poder merece ser castigada por Dios.

La segunda rebelión, narrada en Números 13, comienza con los temores de los cinco espías que fueron enviados para reconocer la Tierra Prometida. No podían por menos que describir la asombrosa fertilidad que encontraron; sin embargo, escogieron poner el acento en los obstáculos. En este aspecto habían olvidado, o más bien voluntariamente ignorado, todo lo que Dio había obrado para llevarles hasta este sitio. Más su rebeldía resulta ser todavía peor. Como líderes tenían la obligación no sólo de hacer un informe verídico de aquello que viesen, sino también de formar las opiniones del pueblo. Como líderes del pueblo de Dios, tenían que haber presentado ante todos las características de la tierra tal como la encontraron, y luego llamado la atención del pueblo al carácter fiel del Dios de la alianza, recordándoles los hechos de las plagas, de la pascua, del éxodo, de la provisión abundante de alimentos y de protección durante su travesía en el desierto, y de la auto-revelación en Sinaí. Pero de hecho, lo único que logran es fomentar un motín gravísimo (ver cap. 14), principalmente al incitar al miedo y a la incredulidad.

¿De qué maneras se manifiesta el espíritu rebelde en el seno del pueblo de Dios hoy en día?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 125). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Jerusalén celestial”

4 MAYO

Jerusalén celestial

Números 11 | Salmo 48 | Isaías 1 | Hebreos 9

Una de las maneras de las cuales Dios habla acerca del futuro es, justamente, hablando explícitamente del futuro. Hay pasajes en la Biblia donde Dios predice, con palabras, lo que sucederá: habla acerca del futuro. Pero también nos facilita imágenes, patrones, tipos y modelos. En estos casos, establece una institución, o un ritual, o un patrón relacional. Luego deja pistas, las cuales pronto se convierten en una cascada de pistas, que nos dan a entender que estas “pistas” no existen para ellas mismas, sino que están allá como anticipos de algo mejor. En estos casos, entonces, Dios habla del futuro mediante imágenes.

Los cristianos que leen mucho su Biblia reflexionan sobre las conexiones entre el reino Davídico y el de Jesús, entre el cordero de la Pascua y Jesús como el “Cordero de la Pascua”, entre Melquisedec y Jesús, entre el descanso del Sábado y el descanso que Jesús ofrece, entre el papel del sumo sacerdote y el papel sacerdotal de Jesús, entre el templo en el que entró el sacerdote del antiguo pacto y el “lugar santísimo” donde entró Jesús, y muchísimo más. Por supuesto que para aquellos que vivían bajo el antiguo pacto, la fidelidad al pacto entrañaba un compromiso firme con las instituciones y los rituales que Dios había establecido, aun cuando estas mismas instituciones y rituales anticipaban algo todavía mejor, cuando se mira desde una perspectiva canónica más amplia. Mediante estas imágenes, Dios hablaba del futuro. Cuando un creyente capta esta realidad, estas partes de la Biblia cobran vida nuevamente para él.

Uno de estos modelos es la propia ciudad de Jerusalén, a la que las Escrituras a menudo se refieren como Sión (la antigua fortaleza). Jerusalén estaba estrechamente ligados no sólo con el hecho de que a partir de David fue la ciudad capital (aun después de la división entre Israel y Judá, seguía siendo capital del reino sureño), sino también con el hecho que a partir de Salomón fue el lugar del templo, y por lo tanto el centro de la auto-revelación de Dios.

Por tanto para el salmista, “la ciudad de nuestro Dios, su santo monte” no es sólo “bella” sino que también es “la alegría de toda la tierra” (Salmo 48:1–2). No es solamente el centro del poder y de la seguridad (48:4–8), sino el lugar donde el pueblo santo de Dios medita en torno a su amor constante (48:9), el centro de la adoración (48:10). No obstante, el salmista mira más allá de la ciudad a Dios mismo; él es quien “la hará permanecer para siempre”, cuya “alabanza llega a los confines de la tierra”, “para siempre” (48:10, 14)

Aunque profundamente enraizados en la ciudad histórica de Jerusalén, los escritores de la nueva alianza miran hacia una “Jerusalén celestial” (Gálatas 4:26), “al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente” (Hebreos 12:22), “a la nueva Jerusalén” (Apocalipsis 21:2). Reflexionemos largo y tendido sobre estas conexiones.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 124). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Reconoced que yo soy Dios

3 MAYO

Reconoced que yo soy Dios

Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

Un tema común de los Salmos 46 y 47 es la autoridad soberana de Dios sobre todas las naciones. No se trata de una mera divinidad tribal. Es el “Altísimo” (46:4). Puede que las naciones estén revueltas; los reinos suben, y luego se desploman. Pero Dios sólo necesita levantar su voz, y la tierra se derrumba (46:6). Por su autoridad la desolación constituye su juicio catastrófico; por su autoridad cesan las guerras (46:8–9). El Señor Altísimo es “Rey de toda la tierra” (47:2, 7). “Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono.” (47:8).

Esto garantiza la seguridad de la comunidad del pacto. Los naciones paganas alrededor pueden amenazar, pero si Dios es quien tiene el timón, el pueblo del pacto puede proclamar: “El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (46:7). “Sometió a nuestro dominio las naciones; puso a los pueblos bajo nuestros pies” (47:3). De hecho, en cuanto a Jerusalén, la morada del Altísimo: “Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda” (46:5).

El salmista aun ve al menos dos implicaciones más. En primer lugar, tarde o temprano Dios será: “exaltado entre las naciones” (46:10). Pues Dios “es el Rey de toda la tierra” (47:7). Estas últimas referencias se podrían leer como una amenaza en lugar de una promesa de bendición: Dios será enaltecido entre las naciones paganas de exactamente la misma manera como lo estuvo al destruir el ejército egipcio en el Mar Rojo. Pero a la luz de Salmo 46:9 y 10 sería imprudente insistir en una lectura tan negativa: “Los nobles de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los imperios de la tierra. ¡Él es grandemente enaltecido!” En otras palabras, una de las implicaciones del monoteísmo es que Dios es el Dios de todos, aunque no esté reconocido como tal. Y vendrá un día cuando será reconocido como tal por todos; en algunos casos este reconocimiento será acompañado por la adoración y la alabanza, como los nobles de las naciones que se congregan delante de Dios exactamente de la misma manera que el pueblo del Dios de Abraham. Echando mano del esquema paulino, podríamos decir que aquí se profetiza la inclusión de los gentiles como hijos de Abraham (ver Romanos 4:11; Gálatas 3:7–9). “Quedaos quietos, reconoced que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (46:10).

La segunda implicación es la alabanza. “Venid y ved los portentos del Señor” (46:8). “Aplaudid, pueblos todos; aclamad a Dios con gritos de alegría. ¡Cuán imponente es el Señor Altísimo, el gran rey de toda la tierra!” (47:1–2). “Cantad salmos a Dios, cantadle salmos; cantad, cantadle salmos a nuestro rey.” (47:6).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 123). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“la Tienda del Pacto”

2 MAYO

“la Tienda del Pacto”

Números 9 | Salmo 45 | Cantar de los Cantares 7 | Hebreos 7

Hay dos temas que controlan Números 9. El segundo es el descenso del pilar de la nube y la columna de fuego sobre el tabernáculo, “la Tienda del Pacto”, el primer día que fue montado (9:15–23). La columna había guiado y protegido al pueblo desde su partida de Egipto. Fue una señal visible de la presencia de Dios – y a partir de este momento esta tiene que ver con el tabernáculo (y más tarde con el templo). De modo que la línea narrativa de la manifestación de la presencia de Dios continúa.

Pero el primer tema es la celebración de la Pascua en el aniversario de la primera Pascua (9:1–14). La primera Pascua, tal como se describe en Éxodo 12, no sólo estaba inseparablemente vinculada con el Éxodo, sino que también se tenía que conmemorar, de acuerdo con el Pacto Mosaico, de maneras muy bien definidas (Ex. 12; Lev. 23:5–8; Deut. 16:1–8). Las instrucciones de Dios a Moisés son que el pueblo celebre la Pascua “ciñéndose a todos sus estatutos y preceptos” (Números 9:3). Pero esta estipulación precipita una crisis. Puesto que algunas personas se habían vuelto ceremonialmente impuras al entrar en contacto con un cadáver (por ejemplo de algún miembro de su familia que había muerto), en principio no podían participar de la fiesta de la Pascua hasta volver a estar limpios – y esto requería tanto tiempo que no podrían celebrar la fiesta en el día prescrito, el catorce de Ahib (llamado Nisán después del exilio), el primer mes del calendario judío.

De modo que Moisés consulta al Señor. La respuesta del Señor es que en tal caso, estas personas ceremonialmente impuras podían posponer la celebración de la Pascua hasta el día catorce del segundo mes. Pero esta posposición, el Señor insiste, sólo corresponde a los que no puedan, por motivos ceremoniales, celebrarla en el día prescrito. Los que opten por esta posposición por razones de conveniencia personal deben ser excluidos del pueblo.

Hay muchas cosas que podemos aprender de este episodio, pero hay una en particular que a veces no se tiene en cuenta. En cualquier sistema complejo de leyes, tarde o temprano llegará otra ley diferente que establecerá como válidas otras reivindicaciones que estarán en conflicto con las primeras. Como resultado, dichas leyes tienen que establecerse de acuerdo con una jerarquía de importancia. Aquí el mes se considera menos importante que la pureza ceremonial o la propia celebración de la Pascua. Jesús mismo reconoce este principio general. Según la Ley estaba prohibido realizar cualquier trabajo regular en el sábado, y luego la misma Ley dice también que el hijo varón tenía que ser circuncidado el octavo día. Supongamos que el octavo día caiga en un sábado (Juan 7:23). ¿Cuál de las leyes tiene prioridad?

Las mentes que sólo sean capaces de pensar en un plano legal tal vez no captarán la dirección hacia la cual todas las leyes apuntan. Cuando estas leyes se miran como es debido, dice Jesús (y Pablo señala lo mismo con otras palabras), descubriremos que todas ellas apuntan hacia él (Juan 7:24).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 122). Barcelona: Publicaciones Andamio.