“Tercer mundo”

21 MAYO

“Tercer mundo”

Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

Hace algunos años pasé un tiempo en un país del llamado “tercer mundo”, muy conocido por su terrible miseria. Lo que más me llamó la atención de la cultura de dicho país sin embargo no fue la extrema pobreza, ni la brecha entre los muy prósperos y los muy pobres – había leído tanto acerca de estos temas que no encontré nada en este aspecto que me sorprendiese, y había presenciado semejantes tragedias humanas en otras partes – sino su corrupción omnipresente y endémica.

Aquí en Occidente no somos nadie para señalar con el dedo a otros países en lo que se refiere a la corrupción; sin duda tenemos listas de precios publicadas para muchos servicios públicos que hacen que los sobornos y las recompensas ilícitas sean más difíciles de institucionalizar; sin duda el legado cristiano en nuestra cultura sigue siendo suficientemente sólido como para que reconozcamos, al menos en teoría, que la honestidad es buena, que la palabra de un hombre o una mujer debe constituir un compromiso firme, que la avaricia está mal – aunque también es cierto que estos valores se ven más honrados cuando se han desvirtuado que como patrón para la vida real. No obstante, somos con diferencia la sociedad más litigiosa del mundo entero. Formamos a muchos más abogados que ingenieros (lo contrario de Japón). El acuerdo más sencillo debe estar envuelto en un montón de lenguaje jurídico que proteja a los contratantes. Esto se debe en gran parte al hecho de que muchos individuos y muchas empresas son incapaces de mantenerse fieles a lo prometido, y de hacer lo justo, y harán lo posible para sacar alguna ventaja a la otra parte si lo pueden conseguir con impunidad. Una mentira sólo es embarazosa si te pillan los dedos. Las promesas y los compromisos públicos se convierten en herramientas para conseguir lo deseado, más bien que compromisos reales con la verdad. Los votos matrimoniales se descartan por un capricho, o se disuelven en el calor de la codicia. Y por supuesto, si abandonamos a la ligera los votos matrimoniales, los compromisos comerciales y personales, se vuelve mucho más fácil abandonar el pacto con Dios.

Decir la verdad y guardar las promesas en cualquier área de la vida tiene consecuencias para todas las demás áreas; la infidelidad en un área frecuentemente se desborda hacia otras áreas. Por tanto, anidadas dentro del pacto mosaico encontramos las palabras: “El Señor ha ordenado que cuando un hombre haga un voto al Señor, o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido” (Números 30:1–2). El resto del capítulo reconoce que los votos en cuestión hechos por individuos a menudo no tendrán que ver únicamente con asuntos individuales; puede que sean compromisos matrimoniales o familiares. De modo que para el buen ordenamiento de una cultura, Dios mismo es quien afirma quien tiene derecho a ratificar o a descartar una promesa; este patrón tiene mucho que decir acerca del liderazgo y la responsabilidad en la familia. Pero la cuestión fundamental es la de la verdad y la fidelidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 141). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Puros de Corazón”

20 MAYO

“Puros de Corazón”

Números 29 | Salmos 73 | Isaías 21 | 2 Pedro 2

Hay pocos Salmos que hayan brindado mayor consuelo a personas perturbadas por la frecuente y flagrante prosperidad de los malévolos que el Salmo 73.

Asaf comienza su cántico con un par de líneas provocadoras: “En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los puros de corazón!” ¿Significa este paralelismo que el pueblo de Israel sean los “puros de corazón”? Difícilmente; esto no concordaría ni con la historia ni con el contenido de este mismo salmo. La segunda línea resulta ser entonces una limitación de la primera. ¿Deberíamos equiparar a los que no son puros de corazón con los “malos” que salen tan vívidamente retratados e este capítulo? Tal vez sí, pero en todo caso lo que llama la atención en particular es que las próximas líneas retratan no tanto el mal de los malos sino el pecado que había en el corazón de Asaf mismo. Su propio corazón era impuro mientras contemplaba “la prosperidad de los malos” (73:3). Les envidiaba. Por lo visto, estaba tan consumido por la envidia que corría el peligro de perder su equilibrio moral: “poco me faltó para que resbalara” (73:2).

Lo que más atraía a Asaf en cuanto a los malos era que tantos de ellos parecían reflejar el mismo apogeo de la serenidad, la buena salud, y la felicidad (73:4–12). Incluso su arrogancia tenía su atractivo: parecía colocarles por encima de los demás. Su prosperidad y su poder les otorgaban popularidad. En el peor de los casos, ignoran a Dios y, no obstante, parecen inmunes al miedo. Según parece, “sin afanarse, aumentan sus riquezas” (73:12).

Por tanto, tal vez no merece la pena buscar la rectitud: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia” (73:13). Asaf era incapaz de llevar su razonamiento hasta hacer una afirmación así; reconocía que hablar así sería traicionar a “tus hijos” (73:15) – aparentemente se trataba del pueblo de Dios para con el cual Asaf sentía una profunda lealtad y para quienes sentía también una gran carga de responsabilidad. Pero todas estas reflexiones le eran “opresivas” (73:16), hasta que se dio cuenta de tres grandes verdades.

En primer lugar, a largo plazo los malos acabarían siendo arrasados. Al entrar Asaf en el santuario, reflexionaba en “el destino final” (73:17–19, 27) de todos aquellos a quienes había comenzado a envidiar, y les dejó de envidiar.

En segundo lugar, Asaf mismo, junto con todos aquellos que conocen a Dios y andan en sumisión a sus leyes, poseen muchísimo más que los malos – tanto en esta vida como en la venidera. “Pero yo siempre estoy contigo,” proclama Asaf gozosamente, “pues tú me cogiste de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria” (73:22–24).

En tercer lugar, Asaf ya puede contemplar su propia amargura por lo que es en realidad: un pecado nefasto (73:21–22), y resuelve, en lugar de recrearse en ella, acercarse a Dios y publicar sus hazañas (73:28).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 140). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tipología Davídica

19 MAYO

Tipología Davídica

Números 28 | Salmos 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

Uno de los rasgos de los Salmos que describen la llegada al trono, o el reino, de un rey davídico, es la manera como el lenguaje a veces parece exagerado. Este rasgo combina con la tipología Davídica inherente para dar a estos Salmos un doble enfoque. Por un lado, se pueden leer como descripciones algo extravagantes de uno de los reyes Davídicos (en este caso Salomón, según el título); por otro lado, invitan al lector a anticipar algo más que un David, un Salomón, o un Josías.

Así es el caso del Salmo 72. Por un lado, el rey Davídico reinaría en justicia, por lo cual es del todo apropiado que este salmo sea dedicado a este tema. En particular, debía ponerse del lado de los afligidos, “a los pobres del pueblo” (72:4), de aquel que “no tiene quien lo ayude” (72:12). Debe oponerse al opresor y al violento, estableciendo justicia para los que de otra manera sufrirían la opresión y la violencia (72:14). Su reino debe caracterizarse por la prosperidad, la cual es “fruto de la justicia” (72:3), principio que en Occidente estamos rápidamente perdiendo de vista. Dios entrará en la nación como un río abundante; el pueblo rogará por su rey; abundará el trigo por todas partes de la tierra (72:15–16).

Por otro lado, parte de este lenguaje es maravillosamente extravagante. En este aspecto el salmo refleja los términos con los cuales otros antiguos reyes de la región se hacían ensalzar. No obstante, dada la tipología Davídica y las crecientes expectativas mesiánicas, es difícil no captar algo más específico. “Que viva el rey por mil generaciones, lo mismo que el sol y que la luna” (72:5) – lo cual se podría aplicar a la dinastía, o bien podría tratarse del deseo extravagante de un rey Davídico puramente humano, pero que, en un sentido literal, puede referirse únicamente a un rey Davídico en particular. “Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra” (72:8) – lo cual encapsula una preciosa ambigüedad. ¿Son estos mares solamente los mares Mediterráneo y el de Galilea? El término hebreo ¿Debería traducirse (como de hecho es posible) de manera conservadora como refiriéndose al “fin de la tierra”? Tal lectura es muy poco probable. Puesto que no sólo le rendirán homenaje las tribus del desierto (es decir, de tierras colindantes), sino también los reyes de Tarsis – ¡España! – y de otras tierras lejanas le pagarán tributos (72:11). “Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras; que todas ellas lo llamen dichoso” (72:17) – un eco tan contundente como se pudiese imaginar de la alianza de Abraham (Génesis 12:2–3).

Ha venido alguien más grande que Salomón (Mateo 12:42).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 139). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“La perla de gran precio”

18 MAYO

“La perla de gran precio”

Números 27 | Salmos 70–71 | Isaías 17–18 | 1 Pedro 5

Muchos cristianos han escuchado testimonios que narran la manera como un hombre o una mujer vivían una vida de futilidad y de degradación flagrante, o cuanto menos una vida de desesperación silenciosa, antes de convertirse. La fe genuina en el Señor luego dio lugar a una revolución interior: vicios empedernidos que desaparecieron, nuevas amistades y nuevos compromisos se establecieron, un nuevo propósito y una nueva orientación; allí donde había desesperación, ahora hay gozo; allí donde reinaban los conflictos, hay paz; allí donde prevalecía la ansiedad, hay al menos cierta medida de serenidad. Y algunos de los que hemos crecido en el seno de un hogar cristiano nos hemos preguntado a veces si no hubiese sido mejor habernos convertido desde algún trasfondo desastroso.

No es así como razona el salmista. “Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud. De ti he dependido desde que nací; del vientre materno me hiciste nacer”. (Salmo 71:5–6) “Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios.” (71:17). De hecho, a causa de este trasfondo, el salmista repasa apaciblemente los años transcurridos desde su juventud, y suplica a Dios la continuación de su gracia hasta su vejez: “No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas.” (71:9). “Pero yo siempre tendré esperanza, y más y más te alabaré” (71:14). “Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido” (71:18).

Sin lugar a dudas había circunstancias concretas que Dios utilizó para hacer fluir estas palabras de la pluma del salmista. No obstante, la postura que adopta es en sí de mucho provecho. Los más sabios entre los que se han convertido más tarde durante su trayectoria desearían no haber perdido tantos años de su vida. Habiendo encontrado “la perla de gran precio”, lo único que lamentan es no haberla encontrado antes. Y lo que es más importante, los que crecieron en hogares cristianos piadosos están inmersos en las escrituras desde su juventud. Hay numerosos textos en las Escrituras y en su experiencia personal que les recuerda hasta que punto su corazón está inclinado hacia la perversidad; no hace falta que sean sociópatas para descubrir lo que significa la depravación. Estarán suficientemente avergonzados por los pecados que sí han cometido, a pesar de las ventajas de su educación, que, en lugar de desear haber tenido un trasfondo peor, se les cae la cabeza de vergüenza al pensar en lo poco que han aprovechado estas ventajas, y reconocerán que aparte de la gracia de Dios, no hay ni delito ni pecado el cual no pudiesen haber cometido.

Es mejor, con diferencia, estar agradecido por una herencia de piedad, y suplicar a Dios la gracia que nos permita atravesar también la vejez.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 138). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Ayuda!

17 MAYO

Números 26 | Salmo 69 | Isaías 16 | 1 Pedro 4

A un nivel, en el Salmo 69 tenemos a un salmista que derrama su corazón delante de Dios, suplicando ayuda mientras se enfrenta a unas presiones y a unos adversarios extraordinarios. Posiblemente no podamos reconstruir todas las circunstancias que aquí se presentan de manera poética, pero nos consta que David ha sido traicionado por gente próxima a él, y su angustia resulta palpable.

A otro nivel, el salmo es un repertorio riquísimo de textos que encontramos citados o parafraseados en el Nuevo Testamento: “Más que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin motivo” (69:4, ver Juan 15:25); “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre.” (69:8, ver Juan 7:5); “El celo por tu casa me consume” (69:9, ver Juan 2:17); “sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.” (69:9, ver Romanos 15:3); “Pero yo, Señor, te imploro en el tiempo de tu buena voluntad. Por tu gran amor, oh Dios, respóndeme.” (69:13, ver Isaías 49:8, 2 Corintios 6:2); “para calmar mi sed me dieron vinagre.” (69:21, ver Mateo 27:48; Marcos 15:36; Lucas 23:36); “Y en mi sed me dieron a beber vinagre” (69:21; ver Mateo 27:34; Marcos 15:23; Juan 19:28–30); “Quédense desiertos sus campamentos, y deshabitadas sus tiendas de campaña” (69:25; ver Mateo 23:38; Hechos 1:20); “Y no sean escritos entre los justos.” (69:28, ver Lucas 10:20).

Por la concentración de citas y de alusiones procedentes de un solo capítulo, este salmo es remarcable. Por supuesto que no se trata de la misma clase de referencias en todos los casos, y en esta breve reflexión no es posible indagar en todas ellas. Pero varias de ellas encajan dentro de un mismo patrón importante. Es un salmo escrito por David. (No hay buena razón para dudar de esta atribución a partir del título del salmo.) David no es sólo el cabeza de la dinastía que desemboca en “el hijo más grande del gran David” (como dice el himno), pero en muchos aspectos David resulta ser un modelo para el rey venidero, una especie de patrón, o un tipo, si se prefiere.

Es así como razonan los escritores del Nuevo Testamento. Es suficientemente fácil demostrar que este razonamiento está bien fundado. Aquí es suficiente entrever algo del resultado. Si el Rey David podía soportar el desprecio en nombre de Dios (69:7), ¡cuánto más este Rey último, quien sin lugar a dudas sufre el rechazo de sus hermanos en nombre de Dios (69:8). Si David tiene celo por la casa de Dios, ¿Cómo no podrían los discípulos de Jesús ver en la limpieza del templo y las frases que pronuncia en aquella ocasión algo de su propio celo (Juan 2:17)? De hecho, en las mentes de los escritores del Nuevo Testamento, estos pasajes encajan con el tema del “Siervo sufriente” que aparece también en Isaías, y que aquí se asocia con el Rey David, y con su último heredero y Señor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 137). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Balac & Balán

16 MAYO

Números 25 | Salmo 68 | Isaías 15 | 1 Pedro 3

Hay más de una manera de derrotar al pueblo de Dios.

Balac quería que Balán maldijese a los israelitas (Números 22–24). Bajo la amenaza del juicio divino, Balán se mantuvo firme y proclamó sólo aquello que Dios le reveló. Pero aquí en Números 25 descubrimos una táctica diferente. Algunas de las mujeres moabitas invitaron a algunos de los hombres israelitas a visitarlas. Algunas de estas visitas eran para asistir a festivales y sacrificios a sus dioses. Nacieron relaciones entre ellos. Al cabo de poco tiempo se inició la inmoralidad sexual y el culto dirigido a estos dioses paganos (25:1–2), en particular al Baal-Peor (25:3). “Y la ira de Dios encendió contra ellos” (25:3).

El resultado es inevitable. Ahora los israelitas se enfrentan no con la ira de los moabitas, sino con la ira del Dios Todopoderoso. Una plaga se extienda por el campamento y mata a 24.000 personas (25:9). Finees recurre a una medida drástica (25:7–8). Si la valoramos a través del prisma del pluralismo actual, e incluso según las medidas de castigo que la iglesia esté autorizada a imponer (p. ej., 1 Corintios 5), la ejecución llevada a cabo por Finees suscitará el horror y harán que se le dirijan acusaciones de actuar con un barbarismo primitivo. Pero si recordamos que bajo la alianza pactada con esta nación teocrática, la sanción que tenía que recibir tanto el adulterio flagrante como la idolatría era la pena capital, y cuando recordamos que Finees, al mostrarse fiel a los términos de la alianza (con la cual todo el pueblo se había comprometido), salvó incontables vidas humanas, puesto que puso fin a la plaga. Por tanto, se mostró más bien movido por principios que por el barbarismo. Sin lugar a dudas, este juicio, por muy severo que pueda parecer, no es nada comparado con el juicio venidero.

Pero quisiera hacer dos observaciones más.

En primer lugar, Moab había encontrado la manera de destruir a Israel al incitarles a cometer actos que conllevasen el juicio de Dios. Israel era fuerte, únicamente porque Dios era fuerte. Si Dios hubiese abandonado la nación, el pueblo sería capaz de muy poco. Según los oráculos de Balán, los israelitas tenían que ser “un pueblo que vive apartado, que no se cuenta entre las naciones” (23:9). El mal que tiene la violación de la ley de Dios en esta ocasión es que ahora parecen querer ser iguales que las naciones paganas.

¿Cuáles son las tentaciones que hoy día inducen a la iglesia de Occidente a una conducta que conduzca inevitablemente al juicio de Dios?

En segundo lugar, ciertos capítulos posteriores nos muestran que no se trataba aquí de los típicos encuentros casuales entre chico y chica, sino de una política oficial que nació de los consejos de Balán (31:16; ver también 2ª Pedro 2:16; Apocalipsis 2:14). Se nos presenta el espectáculo desgraciado de un profeta corrupto que conserva la fidelidad aparente en las grandes ocasiones, y que en secreto ofrece consejos malévolos, especialmente si hay la posibilidad de llevarse alguna ganancia personal.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 136). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Canciones de alabanza

15 MAYO

Canciones de alabanza

Números 24 | Salmos 66–67 | Isaías 14 | 1 Pedro 2

En una época de muchas “canciones de alabanza”, uno diría que en nuestra generación abunda la alabanza. ¿No es evidente que nosotros sabemos mucho más acerca de la alabanza que nuestros pobres padres y abuelos, con sus vestidos oscuros y sus cultos formales y rígidos, cantando sus himnos pasados de moda?

No contribuye nada en absoluto a la claridad de pensamiento en torno a estas cuestiones fijarse sólo en los estereotipos. Pese a las sospechas de algunas personas mayores, no todas las expresiones contemporáneas de la alabanza son frívolas y superficiales; pese a las sospechas de muchos jóvenes, no todas las formas tradicionales de generaciones anteriores a la nuestra deben ser abandonadas a favor de lo inmediato y lo contemporáneo.

Pero hay dos elementos que se expresan en el Salmo 66 de los que se oye muy poco hoy en día, y que deberían ser reincorporados en nuestra alabanza y en nuestra manera de pensar.

El primero se encuentra en Salmo 66:8–12. Aquí el salmista comienza por invitar a los habitantes de la tierra a escuchar al pueblo de Dios mientras le alaban, porque él “él ha protegido nuestra vida, ha evitado que resbalen nuestros pies”. Luego el salmista se dirige a Dios directamente, y menciona el contexto en el cual Dios les ha protegido: “Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata. Nos has hecho caer en una red; ¡pesada carga nos has echado a cuestas! Las caballerías nos han aplastado la cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has dado un respiro” (66:10–12).

Esto es asombroso. El salmista agradece a Dios por haber puesto a prueba a su pueblo, por haberles purificado bajo el fuego de alguna circunstancia difícil y por haberles sostenido a través de esta experiencia. Esta es la respuesta que nace de una fe perceptiva y piadosa. No suele proceder de los labios de los que sólo agradecen a Dios cuando se libran de la prueba o se sienten felices.

El segundo enlaza el grito del salmista con la justicia: “Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua. Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria” (66:17–19). Esto no quiere decir que el Señor nos escucha porque hayamos merecido su favor debido a alguna hazaña de justicia. Más bien nos escucha por el hecho de haber entrado en una relación personal con Dios según los términos de la alianza, le debemos nuestra lealtad, nuestra fe y nuestra obediencia. Si en lugar de esto, nutrimos el pecado en nuestro ser interior, y luego acudimos a Dios para que nos ayude, ¿Por qué no nos tendría que contestar con el juicio y el castigo que tan urgentemente merecemos? Es posible que simplemente se retire y permita que el pecado siga su curso nefasto.

Nuestra generación necesita desesperadamente enlazar la alabanza con la justicia, el culto con la obediencia, y la respuesta de Dios con tener un corazón limpio.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 135). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Nuestra confianza, nuestra esperanza!

14 MAYO

Números 23 | Salmos 64–65 | Isaías 13 | 1 Pedro 1

Balán se da cuenta que no puede controlar los oráculos que recibe (Números 23). No puede estar seguro siquiera que recibirá un oráculo: “Quédate aquí, al lado de tu holocausto, mientras yo voy a ver si el Señor quiere reunirse conmigo…” (23:3).

Entonces el Señor puso su palabra en boca de Balán” (23:5), y el mensaje que recibe se relata en el oráculo de los versículos 7 al 10. (1) Bajo una forma poética, explica la independencia del verdadero profeta. Aunque fue Balac quien le llamó, Balán pregunta: “¿Pero cómo podré echar maldiciones sobre quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo podré desearle el mal a quien el Señor no se lo desea?” (23:8). (2) La última parte de este primer oráculo atañe a los mismos israelitas. Se consideran distintos a las demás naciones – después de todo, ellos son el pueblo de Dios y de la alianza – y por tanto, un pueblo singular (23:9). No sólo se acrecentarán enormemente sus números, “¿Quién puede calcular la descendencia de Jacob, tan numerosa como el polvo,…?”, sino también se declaran “justos”, un pueblo cuyo fin será glorioso (23:10).

Balac no se rinde fácilmente, y el Señor acaba por darle a Balán otro oráculo (23:18–24). Aquí se repiten y se refuerzan los mismos temas. (1) Balán sólo puede pronunciar bendiciones con respecto a Israel. Evidentemente Dios no va a cambiar de parecer simplemente porque Balac quiere que Balán lo intente otra vez. “Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?” (23:19). De todas formas, a Balán “se le ha mandado bendecir”, pero aunque quisiera desobedecer este mandato, admite con franqueza: “Se me ha ordenado bendecir, y si eso es lo que Dios quiere, yo no puedo hacer otra cosa” (23:20). “Contra Jacob no hay brujería que valga, ni valen las hechicerías contra Israel” (23:23). (2) En cuanto a Israel, no se aprecia ninguna desgracia o infortunio, ya que “El Señor su Dios está con ellos” (23:21). Puesto que el Dios del Éxodo es su Dios, tienen la fuerza de un toro salvaje, y triunfarán sobre sus enemigos. (23:22, 24).

Caben dos observaciones: (1) Balac refleja la actitud hacia la religión que caracteriza a los supersticiosos. Para esta gente la religión sirve para multiplicar las bendiciones, e invocar muchas maldiciones. Los dioses están para servirme, y me enfurezco y me frustro si no pueden ser domados. (2) Tras la letanía que se nos da en la Biblia de todas las rebeliones del pueblo de Israel, es asombroso ver como se les loa en estos pasajes. Pero la razón de ello, por supuesto, es que Dios está con ellos, que es él quien les sostiene y les fortalece. Si Dios bendice a su pueblo, no hay maldición que contra ellos pueda prevalecer. Y siendo Dios mismo la fuente de estos oráculos, se trata de la perspectiva de Dios – lo cual es el fundamento de nuestra confianza y de nuestra esperanza.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 134). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios

13 MAYO

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios

Números 22 | Salmos 62–63 | Isaías 11–12 | Santiago 5

Recientemente recibí una llamada de alguien que quería contratarme como su teólogo particular. De modo que, en caso de que me escribiera o llamase, yo, tendría que responder a las preguntas que tuviese.

No llegué a preguntarle en qué cifra de dinero había pensado. Tampoco quiero cuestionar su motivación: es posible que quisiese ayudarme, o incluso honrarme o quizá simplemente quería pagarme un servicio prestado. Pero sabiendo con qué facilidad mis propias motivaciones se pueden corromper, le dije que de ninguna manera podía entrar en un arreglo de esta clase. Los predicadores no deberían considerarse como asalariados. Más bien, están siendo sostenidos por el pueblo de Dios a fin de que puedan estar libres para servir. Si me escribía, haría lo que pudiese para responder a sus preguntas, con los mismos criterios que aplico para decidir si responder o no a las numerosas preguntas que recibo cada año.

Números 22 comienza con el relato de Balán. Su vida de altibajos tiene mucho que enseñarnos, pero la lección que se destaca en el primer capítulo es el peligro que existe para un predicador o un profeta de sacrificar su independencia en el altar de la prosperidad material. Tarde o temprano el amor al dinero corromperá su ministerio.

El hecho de que Balán era profeta de Dios demuestra que seguía habiendo personas que retenían ciertos conocimientos acerca del único Dios verdadero. El llamamiento de Abraham y el nacimiento del pueblo de Israel no significan que no hubiese otros que también conociesen al único Creador soberano: otro ejemplo es Melquisedec (Gen 14). Además, Balán, parece que poseía un don profético de origen sobrenatural: a veces pronunciaba oráculos que realmente procedían de Dios mismo. Era suficientemente consciente de su don misterioso como para comprender que no era algo que pudiese manipular, y que si se trataba de un oráculo divino auténtico, él mismo no podía controlar el contenido. Sólo podía proclamar lo que Dios le mandaba decir.

Pero esto no impidió que codiciase la oferta de dinero por parte de Balac. A ojos de Balac, Balán era una especie de mago o hechicero, semejante a un practicante del vudú, alguien que viniese y maldijese al pueblo de Israel. Dios le prohíbe con contundencia que fuese con Balaac: Dios relaja la prohibición, permitiéndole que vaya, con la condición de que se limite a hacer lo que Dios le manda (22:20). Al mismo tiempo, Dios se opone a Balán en juicio, puesto que está motivado por un corazón avaricioso. Sólo la señal milagrosa de la asna que habla le inculca suficiente miedo como para guardar silencio (22:32–39).

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 133). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Levantado”


12 MAYO

“Levantado”

Números 21 | Salmos 60–61 | Isaías 10:5–34 | Santiago 4

El breve relato del serpiente de bronce (Números 21:4–9) es probablemente el mejor conocido de todos los relatos de semejante brevedad de todo el Antiguo Testamento, debido al hecho de que Jesús mismo se refiere a él en Juan 3:14–15: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.” ¿Qué significa este paralelismo que Jesús señala aquí?

En el relato de Números, se nos dice que mientras el pueblo continúa su itinerario, trazado por Dios, a través del desierto, se volvieron “En el camino se impacientaron y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés” (21:4–5). Incluso llegan a quejarse por los alimentos que Dios les ha estado dando, la provisión diaria de maná: “¡Ya estamos hartos de esta pésima comida!” (21:5). Como consecuencia, el Señor envía un castigo en forma de serpientes venenosas. Mucha gente muere. Bajo este terrible latigazo, el pueblo confiese su pecado ante Moisés: “Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti.” (21:7). Suplican a Moisés que interceda a Dios. Dios instruye a Moisés que haga un serpiente de bronce y que la coloque sobre un poste; “todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.” (21:8). Por tanto Moisés forja una serpiente de bronce, la coloca sobre un poste, y el resultado es justo el que Dios había ordenado.

Así que tenemos delante a un pueblo ingrato, emitiendo juicios contra Dios por cómo les ha tratado, y cuestionando a su líder. Se enfrentan al juicio de Dios, y la única manera de librarse del juicio es el remedio ordenado por Dios mismo, del cual se benefician simplemente al mirar a la serpiente de bronce.

La situación en la que se encuentra Nicodemo en Juan 3 no es tan diferente. Sus primeras palabras dan a entender que se ve autorizado a emitir juicios sobre Jesús (Juan 3:1–2), mientras de hecho demuestra muy poca compresión de lo que Jesús dice (3:4, 10). El mundo está condenado y perece. Su única esperanza estriba en la provisión que Dios ha hecho – en otra cosa que ha sido levantada encima de un poste, o mejor dicho en otra persona que ha sido levantada en una cruz. Esta es el primer uso del vocablo “levantado” en el evangelio de Juan. A medida que los capítulos del libro se desarrollan, se convierte casi en una expresión técnica de la crucifixión de Jesús. El único remedio, la única salida, de la ira de Dios consiste en mirar la provisión de Dios: Debemos creer en el Hijo del Hombre quien ha sido “levantado”, si vamos a tener vida eterna.

Esta palabra sigue dirigiéndose a nosotros. La murmuración masiva es señal de la incredulidad. Tarde o temprano Dios nos pedirá cuentas. Nuestra única esperanza es mirar a Aquel que fue levantado en un madero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 132). Barcelona: Publicaciones Andamio.