“En Dios confiamos”

10 MAYO

“En Dios confiamos”

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

Las monedas americanas llevan las palabras “En Dios confiamos”. En nuestra era pluralista, es razonable que la gente pregunte, “¿Qué Dios?” Aunque la respuesta sea clara que se trata del Dios de la Biblia, sospecho que mucha gente concibe esta confianza en Dios como algo privado y místico. Es inquietante con qué facilidad se piensa en la fe en Dios como una especie de intuición religiosa, una sensibilidad piadosa, con sólo una vaguísima comprensión de lo que esta confianza en Dios realmente implica.

La fe de David no es así. Dos veces en el Salmo 56 su descripción del Dios en quien ha puesto su confianza implícitamente da sustancia al significado de la palabra “confianza”. “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:3–4). (Énfasis añadido). Y otra vez, “Confío en Dios y alabo su palabra; confío en el SEÑOR y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:10–11).

En ambos pasajes, David comprende que la confianza en Dios es la única solución a su miedo: “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza… confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” El texto que encabeza e introduce el salmo nos explica que fue escrito poco después de su experiencia horripilante en Gat (1 Samuel 21:10–15). Mientras huía, David se escondió en territorio de los filisteos, y estuvo muy cerca de la muerte. Se libró al fingir que estaba loco. Sin duda había sentido un miedo terrible, y en medio de su miedo había puesto su confianza en Dios, y encontró las fuerzas para realizar una hazaña espectacular que le salvó la vida.

Pero lo que más nos llama la atención en esta confesión de confianza por parte de David es el hecho de que repite una frase. Tres veces habla “de Dios cuya palabra alabaré”. En este contexto la palabra específica que da lugar a esta frase seguramente tiene mucho que ver con la razón por la cual David podía confiar tan plenamente bajo estas condiciones. En cuanto a cuál fue esta “palabra”, el candidato más probable es la promesa divina que recibiría el reino y que sería establecido como cabeza de una dinastía. Sus circunstancias actuales son tan nefastas que la incredulidad parecería más justificada que la confianza. Pero David confía en “el Señor, cuya palabra alabaré”.

Lo que necesitamos es confianza en el Dios que habla, una fe en Dios que esté firmemente fundada en lo que este Dios que habla ha dicho. Luego, en medio de las circunstancias más deplorables, podemos encontrar un descanso profundo en el Dios que permanece fiel a su palabra. Cae por su peso que una fe así está fundada en las palabras reveladas de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 130). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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