El ancla de la renovación

30 Mayo 2017

El ancla de la renovación
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:33-38

Piense por un momento en lo que le estaba sucediendo a Pablo, ¿Imagina usted lo que es luchar contra una tormenta durante dos semanas y no comer nada durante ese tiempo? Eso fue lo que experimentaron los hombres que iban en el barco con Pablo.  Pero más extraordinario aun es como responder la mayoría de las personas a las tormentas de la vida. Nos quedamos sin combustible dando las batallas por nuestra propia cuenta, y terminamos físicamente debilitados, emocionalmente consumidos y sin poder conciliar el sueño.  El ancla de la renovación nos protege contra esa clase de agotamiento. Por eso Pablo animo a los hombres a comer y a renovar sus fuerzas. Pero primero oró. ¡Todos oraron!

¿Puede usted imaginar la escena? La tormenta rugía alrededor de ellos, mientras que casi 300 hombres tenían inclinados sus cabezas en oración mientras Pablo daba gracias por la poca comida que tenían; luego todos participaron juntos de la comida.

Su alimentación espiritual es crucial durante los períodos de tormenta. En los momentos de pánico, usted querrá comer menos. Asímismo, no dormirá lo suficiente.  No pasará mucho tiempo sin que deje de orar por completo, y se verá vacío espiritualmente. El cada vez mayor dolor emocional combinado con la cada vez menor renovación espiritual, puede ser fatal para su fe.

La renovación espiritual se logra fundamentalmente por medio de la oración. Pocas disciplinas tienen mayor importancia que la oración cuando todo se ve tétrico. Simplemente, dígale a Dios lo que le está sucediendo. Luche por saber cuál fue la razón de la tormenta. Busque la dirección de Dios, y no desista hasta estar satisfecho con la respuesta del Señor. Pablo fue ejemplo de eso en la cubierta de aquella tosca embarcación.

En cuanto a los hombres que se encontraban a bordo, estoy seguro de que fue la primera vez en sus vidas que oraron. ¡Fue, sin lugar a dudas la primera vez que oraron al Todopoderoso! Y es posible que fuera la primera vez en toda su vida que escucharon orar dando gracias por una comida. En medio de una rugiente tormenta de lluvia y vientos, hicieron  una pausa para ver a un hombre reverente y humilde ofrecer una oración de gratitud al Señor Dios, Creador del cielo y de la tierra, Capitán de los vientos y de las olas. Eso los animó. Fue algo sencillo, pero el efecto fue profundo. Pablo les había mostrado el ancla de la renovación, un destello de esperanza.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Goce anticipado de la gloria

30 de mayo

Goce anticipado de la gloria

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Efesios 1:3

En la actualidad no vivimos físicamente en el cielo, pero en cierto sentido sí vivimos en el reino celestial. Aunque no estamos en el cielo, estamos experimentando la vida celestial. Tenemos la vida de Dios en nosotros. Estamos bajo el gobierno de un Rey celestial, y obedecemos las leyes del cielo.

Como resultado, recibimos “gracia divina, santo poder”, como escribiera Fanny Crosby en el himno “Dulce consuelo”, es decir, un goce anticipado de la gloria divina. Estamos viviendo en una nueva comunidad, disfrutando de una nueva comunión que llegará a su cumplimiento en un lugar llamado cielo.

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Algo para gloriarse

MAYO, 30

Algo para gloriarse

Devocional por John Piper

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe. (Efesios 2:8)

El Nuevo Testamento establece una correlación entre la fe y la gracia para dejar en claro que no nos podemos jactar de lo que la gracia sola logra.

Uno de los ejemplos más conocidos dice: «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe» (Efesios 2:8). Por gracia, por medio de la fe. Existe una correlación que protege la libertad de la gracia.

La fe es el acto del alma que nos lleva a alejarnos de nuestras propias carencias y a buscar los recursos libres y absolutamente suficientes de Dios. La fe se centra en la libertad de Dios para conceder gracia a los indignos; confía en la abundancia de Dios.

Por consiguiente, la fe, por su propia naturaleza, anula la jactancia y se ajusta a la gracia. Dondequiera que la fe mire, ve la gracia detrás de todo acto digno de elogio. Así que no podemos jactarnos, excepto en el Señor.

Por eso Pablo, después de decir que la salvación es por gracia por medio de la fe, agrega: «Y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). La fe no puede gloriarse en la bondad o competencia o sabiduría humanas, porque la fe se enfoca en la gracia libre y abundante de Dios, que satisface todas nuestras necesidades. Toda bondad que la fe ve, la ve como fruto de la gracia.

Cuando la fe observa nuestra «sabiduría de Dios, justificación y santificación y redención», declara: «El que se gloría, que se gloríe en el Señor» (1 Corintios 1:30-31).

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Nuestras cargas

Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará.

Salmo 55:22

En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.

Isaías 30:15

Nuestras cargas

Parece que en Arabia, en algunos palmerales, existe la costumbre de colocar sobre la corona de hojas de las pequeñas palmeras una piedra pesada para impedir que crezcan demasiado. Así el tronco se vuelve más grueso, la madera más dura y los frutos más abundantes.

Las pruebas que el Señor permite que atravesemos siempre son para nuestro bien espiritual. Si las atravesamos con él, nos hacen más fuertes, más capaces de resistir a las malas influencias. Las pruebas hacen que oremos más a menudo. Tal vez no comprendamos la utilidad de esa carga, pero más tarde veremos el progreso, un resultado, un “fruto apacible de justicia” (Hebreos 12:11).

También se dice que en algunas tribus de África central, los que tienen que atravesar a pie un río, lo hacen llevando una carga pesada en la cabeza. Ese peso hace que sus pasos sean más seguros; les ayuda a mantener el equilibrio y a no ser arrastrados por la corriente. ¡Es justo lo que a veces experimentamos cuando pasamos por una prueba! La carga no nos aplasta, sino que incluso nos mantiene de pie en medio de la corriente de una vida a veces muy agitada, porque la compañía del Señor nos es indispensable. En vez de tratar de deshacernos lo más rápido posible de nuestros problemas y preocupaciones, pidamos más bien al Señor que nos dé la fuerza y la paciencia necesarias para soportarlas y atravesarlas con él.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-30).

2 Reyes 1 – Romanos 8:1-17 – Salmo 65:9-13 – Proverbios 16:13-14

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A fin de que no sirvamos más al pecado

30 de mayo

«A fin de que no sirvamos más al pecado».

Romanos 6:6

Cristiano, ¿qué tienes que ver tú ya con el pecado ¿No te ha costado lo suficiente? Niño que te has quemado, ¿deseas jugar otra vez con el fuego? ¡Qué, habiendo estado ya entre las quijadas del león, entrarás otra vez en su caverna! ¿No sabes bastante de la antigua serpiente? ¿No envenenó en otro tiempo todas tus venas? ¿Y vas a jugar sobre la cueva del áspid y poner tu mano, por segunda vez, sobre la caverna de la víbora? ¡Oh, no seas tan loco, tan necio…! ¿Te proporcionó el pecado alguna vez un placer real? ¿Hallaste en él verdadera satisfacción? Si es así, vuela a tu antigua tarea, y ponte otra vez la cadena, si es que te da placer. Sin embargo, ya que el pecado nunca te proporcionó aquello que te prometía, sino que te engañó con la mentira, no caigas otra vez en la trampa del viejo cazador: sé libre, y que el recuerdo de tu antigua esclavitud te impida entrar nuevamente en la red. El pecado es contrario a los designios del amor eterno, los cuales tienen por objeto tu pureza y santidad. Por tanto, no vayas contra los propósitos del Señor. Este otro pensamiento debiera impedirte pecar: a los cristianos el pecado nunca les sale barato; pagan un costoso precio por su iniquidad. La transgresión destruye la paz del espíritu, debilita la comunión con Jesús, impide la oración, trae tinieblas sobre el alma. Por tanto, no seas siervo ni esclavo del pecado. Y hay un argumento aún mayor: Cada vez que «sirves al pecado [crucificas] de nuevo [para ti mismo] al Hijo de Dios, y [lo expones] a vituperio» (He. 6:6). ¿Puedes soportar este pensamiento? ¡Oh, si has caído hoy en algún pecado particular, el Señor quizá te envíe la presente admonición en esta noche para hacerte volver antes de que te alejes del todo! Vuelve de nuevo a Jesús; él no ha olvidado su amor por ti. Ven a sus pies con lágrimas de arrepentimiento y otra vez te recibirá en su corazón. Se te pondrá nuevamente sobre una roca, y tu vida quedará restablecida.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 159). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

El amor y la verdad se encontrarán

30 MAYO

Deuteronomio 3 | Salmo 85 | Isaías 31 | Apocalipsis 1

¡Qué emparejamiento tan maravilloso! “El amor y la verdad se encontrarán”. Y le sigue otro: “Se besarán la paz y la justicia” (Salmo 85:10).

La traducción “amor y verdad” son bastante distintas de otras versiones bíblicas que han optado por “amor y fidelidad”. Pero el hebreo subyacente, un emparejamiento sumamente común (como en 86:15 o Éxodo 34:6; ver la meditación del 23 de Marzo), se podría traducir de ambas formas. El primer término suele aludir al amor del pacto de Dios, su misericordia: su pura bondad o gracia del pacto se derramó sobre su pueblo que no lo merecía. El segundo vocablo varía en las traducciones dependiendo de a qué se haga referencia. Cuando la reina de Sabá le comenta a Salomón que todo lo que había oído sobre él era “verdad”, literalmente “la verdad”, utiliza la palabra que se traduce “fidelidad”. Un informe “verdadero” es “fiel”; cuando la verdad se encarna en el carácter, se convierte en fidelidad.

Como expone este salmo, las categorías se utilizan de forma evocativa. Cuando leemos el primer emparejamiento: “El amor y la verdad se han encontrado”, lo natural es pensar que se tratan de descripciones de Dios: Él es el Dios de la gracia o el amor del pacto y de la fidelidad completamente fiable. El segundo emparejado podría tomarse de la misma manera: Dios es de una justicia que no se puede calificar y la fuente de todo bienestar. En él, la justicia y la paz se besan. Sin embargo, en el versículo siguiente, la segunda palabra del primer emparejado y la primera del segundo están tomadas y colocadas juntas para introducir un nuevo pensamiento: “La verdad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo” (85:11). En el contexto total del salmo, la fidelidad del pueblo parece vincularse a la justicia del Señor: la primera surge de la tierra, mientras que la segunda observa desde el cielo. No es absolutamente necesario tomar las cosas de este modo, pero el salmista reconoce implícitamente los vínculos al principio de su poema: “Perdonaste la iniquidad de tu pueblo […] Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación […] Muéstranos, oh Señor, tu misericordia […] Él promete paz a su pueblo, a sus santos; pero que no vuelvan ellos a la insensatez” (85:2–8; cursivas añadidas).

Como quiera que combinemos estos emparejados, resulta vital recordar que el amor y la fidelidad pertenecen a Dios, que la justicia y la paz se encuentran y se besan en él. Por ello, Dios puede ser al mismo tiempo justo y Aquel que justifica lo impío mediante la entrega misericordiosa de su Hijo (Romanos 3:25–26). ¿Acaso debe sorprendernos descubrir que, entre los portadores de su imagen, la misericordia y la verdad, la justicia y la paz suben y bajan juntos?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 150). Barcelona: Publicaciones Andamio.