Motivados por la venida de Cristo

Motivados por la venida de Cristo

5/29/2017

De donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. (Filipenses 3:20)

Esperar la venida de Cristo es el mayor recurso de motivación espiritual, responsabilidad y seguridad. Eso da una gran motivación en la búsqueda de Cristo porque usted deseará estar preparado cuando Él venga. Deseará haber sido fiel en su servicio. Usted puede hallar motivación con la esperanza de que un día Cristo lo recompense y usted oiga: “Bien, buen siervo y fiel… Entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:23).

La venida de Cristo da responsabilidad porque es cuando “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12).

Y su venida lo hará sentirse seguro, sabiendo que Jesús dijo: “Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (Jn. 6:39).

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El Señor es sol y escudo

29 MAYO

Deuteronomio 2 | Salmos 83–84 | Isaías 30 | Judas

El Señor es sol y escudo; Dios nos concede honor y gloria. El Señor brinda generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha. Señor Todopoderoso, ¡dichosos los que en ti confían!” (Salmo 84:11–12).

Gran parte de este salmo exulta del alegre privilegio y la delicia de morar en la presencia de Dios que, para los hijos del antiguo pacto, significaba vivir a la sombra del templo. “Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida.” (84:2). Tener un lugar “junto a tu altar” es tener un hogar, así como el gorrión halla una morada o la golondrina construye un nido (84:3). “Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando.” (84:4; ver también la meditación del 17 de Abril).

Pero ¿qué ocurre con los dos últimos versículos de este salmo? ¿Acaso no exageran y prometen demasiado? El salmista insiste en que Dios no niega “nada bueno” a aquellos cuyo caminar es irreprensible. Bueno, como todos pecamos, supongo que debe haber una cláusula de escape: ¿Quién es intachable? ¿No es evidente que Dios retiene muchas cosas buenas a un montón de gente cuyos caminos son tan irreprensibles como pueden serlo de este lado del nuevo cielo y la nueva tierra?

Consideremos a Eric Liddell, el famoso atleta olímpico escocés que se homenajea en la película Carros de fuego. Liddell se convirtió en misionero para China. Durante diez años impartió clases en una escuela y, después, pasó al interior del país para realizar una evangelización de primera línea. La obra no solo era desafiante, sino peligrosa, en gran parte por las crecientes incursiones de los japoneses. Finalmente, fue recluido con otros muchos occidentales. Fue una luz resplandeciente de servicio y buen ánimo en el miserable campamento; un faro para los muchos niños que no habían visto a sus padres durante años, un líder abnegado. Pero unos pocos meses antes de ser liberado, Liddell murió de un tumor cerebral. Tenía cuarenta y tres años. Jamás vio a la más pequeña de sus tres hijas en esta vida: su esposa e hijos habían regresado a Canadá antes del barrido japonés que acorraló a los extranjeros. ¿Acaso Dios no le negó una larga vida, años de servicio fructífero, el gozo de criar a sus propios hijos?

La respuesta se halla, quizás, en su himno favorito:

¡Descansa, alma mía! El Señor está de tu parte;

Lleva con paciencia la cruz de la pena y el dolor.

Deja que tu Dios ordene y provea;

En cada cambio, él permanecerá fiel.

¡Descansa, alma mía! Tu mejor Amigo, tu Amigo celestial

Te conduce a un gozoso final a través de caminos espinosos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 149). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El ancla de la unidad

29 Mayo 2017

El ancla de la unidad
por Charles R. Swindoll

Hechos 27:27-32

En la escena que tenemos se respiraban temores de amenazas de muerte. Los pensamientos estaban desbocados. Pablo sabía que el secreto para salvarse era que todos permanecieran juntos. La tentación de abandonar la embarcación y dejar que cada quién se defendiera solo era fuerte. Pero esa no es la manera de escapar con vida de una tormenta. A medida que la profundidad de las aguas se hacía menor, era mayor el temor a un naufragio. Pero Pablo les advirtió que si se dejaba escapar a los hombres, eso significaba una muerte segura.

La aplicación espiritual es obvia. Nuestra tendencia cuando tenemos problemas serios es levar anclas. Es más fácil en ciertos momentos decirle adiós a un matrimonio problemático, que enfrentar la situación para restaurar la relación. La naturaleza humana quiere retirarse a un lugar donde cada uno de nosotros pueda estar totalmente a solas, echar llave a la puerta y cerrar las persianas. Separados de todo el mundo, nos hundimos más en la depresión. Desgraciadamente, algunos recurren al alcohol, las drogas o, pero aún, a un revólver.

Si esto pinta de alguna manera su situación, entonces necesita el apoyo de su familia, sus amigos y, especialmente, del pueblo de Dios. Es más fácil bajar el bote de remos y saltar en él solo. Quiero decirle que no escape. Por el contrario, le aconsejo que permanezca en el barco junto con los demás. No salte, tratando de arreglar las cosas por su propia cuenta. Trabaje codo a codo con los demás. Mantenga el contacto con las personas que más le aman, que estarán con usted pase lo que pase. Usted necesita a su alrededor la presencia del pueblo de Dios cuando se le abra el piso debajo de sus pies. A pesar de lo que usted pueda pensar, es dudoso que pueda arreglar las cosas por su propia cuenta. En nuestro caso, tuvimos unos pocos amigos del ministerio, muy queridos, y una junta directiva unida, que estuvieron orando por nosotros y animándonos. Mudarnos a otro lugar fue una experiencia difícil, pero no solitaria. Usted y yo fuimos hechos por Dios para vivir en unidad. El ancla de la unidad nos mantiene cerca.

Usted necesitará el ancla de la unidad muchas veces en su vida, al igual que Pablo. Por lo tanto, ¡aférrese a la unidad!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Maldito sea delante del SEÑOR el hombre que se levante y reedifique esta ciudad de Jericó

29 de mayo

«Maldito sea delante del SEÑOR el hombre que se levante y reedifique esta ciudad de Jericó».

Josué 6:26 (LBLA)

Así como se maldijo al que reedificara Jericó, ninguno hay más digno de reprensión que quien se afana por restaurar el papado entre nosotros. En los días antiguos, por el poder de la fe de nuestros padres, por la perseverancia de sus esfuerzos y por el sonido de sus trompetas evangélicas, cayeron los gigantescos muros del papado; y ahora hay algunos que quieren reedificar aquel antibíblico sistema sobre sus viejos fundamentos. Señor, complácete en desbaratar sus inicuos intentos y derriba cada piedra que ellos edifiquen. Debiéramos ocuparnos seriamente en limpiarnos por completo de todo error que tenga la tendencia a fomentar el espíritu del papado; y, después de haber hecho un perfecto barrido en casa, tendríamos que procurar de toda forma posible resistir su tan rápida difusión en la Iglesia y en el mundo. Esto último se puede hacer en secreto, con ferviente oración; y en público, por un valiente testimonio. Debiéramos amonestar con sensata intrepidez a aquellos que se inclinan hacia los errores de Roma. Hemos de instruir a los jóvenes en la verdad del evangelio, y hacerles conocer los horrorosos hechos del papado en los tiempos antiguos. Tenemos que ayudar a difundir más profusamente la luz por todo el país, porque los sacerdotes odian la luz del día. ¿Estamos haciendo todo lo que podemos por Jesús y por el evangelio? Si no, nuestra negligencia se verá aprovechada por la superchería sacerdotal. ¿Qué estamos haciendo para difundir la Biblia, que supone veneno y ponzoña para el papa? ¿Estamos esparciendo por el mundo escritos evangélicos buenos y sanos? Lutero dijo una vez: «El diablo odia las plumas de ganso». Y, sin duda, tenía mucha razón, porque los escritores preparados, con la bendición del Espíritu Santo, han hecho mucho mal a su reino. Si los que leen esta hoja hacen todo lo que puedan por impedir la reedificación de esta Jericó, la gloria del Señor correrá entre los hijos de los hombres. Lector, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué quieres hacer?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 158). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Algo para gloriarse

MAYO, 30

Algo para gloriarse

Devocional por John Piper

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe. (Efesios 2:8)

El Nuevo Testamento establece una correlación entre la fe y la gracia para dejar en claro que no nos podemos jactar de lo que la gracia sola logra.

Uno de los ejemplos más conocidos dice: «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe» (Efesios 2:8). Por gracia, por medio de la fe. Existe una correlación que protege la libertad de la gracia.

La fe es el acto del alma que nos lleva a alejarnos de nuestras propias carencias y a buscar los recursos libres y absolutamente suficientes de Dios. La fe se centra en la libertad de Dios para conceder gracia a los indignos; confía en la abundancia de Dios.

Por consiguiente, la fe, por su propia naturaleza, anula la jactancia y se ajusta a la gracia. Dondequiera que la fe mire, ve la gracia detrás de todo acto digno de elogio. Así que no podemos jactarnos, excepto en el Señor.

Por eso Pablo, después de decir que la salvación es por gracia por medio de la fe, agrega: «Y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). La fe no puede gloriarse en la bondad o competencia o sabiduría humanas, porque la fe se enfoca en la gracia libre y abundante de Dios, que satisface todas nuestras necesidades. Toda bondad que la fe ve, la ve como fruto de la gracia.

Cuando la fe observa nuestra «sabiduría de Dios, justificación y santificación y redención», declara: «El que se gloría, que se gloríe en el Señor» (1 Corintios 1:30-31).

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“No llores”

lunes 29 mayo

He aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda… Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

Lucas 7:12-13

Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

Jesús habla a las mujeres (5) – “No llores”

Lucas 7:11-17

Ella caminaba lentamente tras el ataúd. A su alrededor todo el mundo, consternado, mostraba su compasión hacia esta viuda que enterraba a su hijo único. ¡Para este joven la vida se había detenido…! Otra multitud, de la que formaban parte Jesús y sus discípulos, se acercaba a la puerta de la ciudad de Naín. El séquito de la vida se cruzaba con el de la muerte. ¡En medio de este encuentro, la vida iba a triunfar!

¿Cuál fue la primera palabra que Jesús, lleno de compasión, dirigió a esta madre? “No llores”. Luego se acercó y tocó el ataúd. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo al muerto: “Joven, a ti te digo, levántate”. El muerto se levantó, se sentó y empezó a hablar. En seguida un temor reverente sobrecogió a los espectadores.

Jesús “lo dio a su madre”. Para los testigos de aquel acontecimiento, esa resurrección era una señal. Comprendieron que Dios había venido a ayudar a su pueblo, y que Jesús era un gran profeta. Este acontecimiento fue el evento del día; todo el mundo habló de él en la región.

Así, el gozo que tomó el lugar de la tristeza de esta mujer se convirtió en una alegría para muchos. Jesús efectuó otras resurrecciones durante su vida, pero la primera fue la del hijo de una viuda anónima. La resurrección de su hijo no dependía del grado de fe de esta viuda, sino del amor de Jesús. ¡Todavía hoy el Señor se compadece especialmente de las viudas!

1 Reyes 22:29-53 – Romanos 7 – Salmo 65:5-8 – Proverbios 16:11-12

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