Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:14)

Motivación espiritual

5/12/2017

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:14)

La meta del apóstol Pablo era ser semejante a Cristo. Él sabía que recibiría su recompensa cuando llegara el supremo llamamiento de Dios. Al igual que Pablo, no alcanzaremos la meta de la semejanza a Cristo en esta vida, pero la recibiremos en la vida futura: “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

El supremo llamamiento de Dios es nuestra motivación para correr la carrera. Debemos vivir pensando que se nos puede llamar en cualquier momento a la presencia de Dios, donde recibiremos nuestra recompensa eterna. Éramos pecadores camino del infierno cuando Dios nos escogió en su soberanía para salvación a fin de hacernos eternamente como su propio Hijo. ¡Qué gracia inefable! ¡Qué motivación para alcanzar la meta!

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«No temas»

12 de mayo

«No temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto y yo también te haré volver».

Génesis 46:3, 4

Jacob debe de haberse estremecido ante el pensamiento de dejar la tierra de la peregrinación de su padre y habitar entre extranjeros paganos. Aquella era una nueva situación y probablemente resultaría problemática. ¿Quién se arriesgaría a estar entre los cortesanos de un monarca extranjero sin ansiedad? No obstante, Dios le había preparado obviamente el camino y, en consecuencia, decidió ir a Egipto. Esta es frecuentemente la posición de los creyentes en la actualidad: se les llama a enfrentarse a peligros y tentaciones sin haber sido probados. En casos como esos deben imitar el ejemplo de Jacob, ofreciendo sacrificios de oración a Dios y buscando su dirección; y no deberían dar un solo paso sin haber aguardado antes la bendición del Señor. Entonces tendrán como amigo y ayudador al compañero de Jacob. ¡Qué bendición es sentir la seguridad de que el Señor está con nosotros en todos nuestros caminos, y que condesciende a bajar con nosotros a nuestras humillaciones y destierros. Aun allende el océano, el amor del Padre fulgura como el sol en toda su fuerza. No podemos vacilar en ir adonde el Señor nos promete su presencia. Aun el valle de sombra de muerte brillará con el resplandor de esta seguridad. Marchando adelante con fe en su Dios, los creyentes tendrán la misma promesa que Jacob: ellos volverán otra vez, ya sea de los malestares de la vida o de las cámaras de la muerte. La simiente de Jacob salió de Egipto a su debido tiempo; de la misma manera todos los fieles pasarán por las tribulaciones de la vida y por los terrores de la muerte sanos y salvos. Ejercitemos la confianza de Jacob. «No temas» es la orden y el estímulo del Señor a quienes, obedientes a su exhortación, se están adentrando en nuevos mares. La presencia y la seguridad divinas nos impiden temer como lo haría un incrédulo. Sin Dios temeríamos movernos; pero cuando él nos ordena salir, resultaría peligroso el quedarnos. Avanza, lector, y no temas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 141). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Levantado”


12 MAYO

“Levantado”

Números 21 | Salmos 60–61 | Isaías 10:5–34 | Santiago 4

El breve relato del serpiente de bronce (Números 21:4–9) es probablemente el mejor conocido de todos los relatos de semejante brevedad de todo el Antiguo Testamento, debido al hecho de que Jesús mismo se refiere a él en Juan 3:14–15: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.” ¿Qué significa este paralelismo que Jesús señala aquí?

En el relato de Números, se nos dice que mientras el pueblo continúa su itinerario, trazado por Dios, a través del desierto, se volvieron “En el camino se impacientaron y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés” (21:4–5). Incluso llegan a quejarse por los alimentos que Dios les ha estado dando, la provisión diaria de maná: “¡Ya estamos hartos de esta pésima comida!” (21:5). Como consecuencia, el Señor envía un castigo en forma de serpientes venenosas. Mucha gente muere. Bajo este terrible latigazo, el pueblo confiese su pecado ante Moisés: “Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti.” (21:7). Suplican a Moisés que interceda a Dios. Dios instruye a Moisés que haga un serpiente de bronce y que la coloque sobre un poste; “todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.” (21:8). Por tanto Moisés forja una serpiente de bronce, la coloca sobre un poste, y el resultado es justo el que Dios había ordenado.

Así que tenemos delante a un pueblo ingrato, emitiendo juicios contra Dios por cómo les ha tratado, y cuestionando a su líder. Se enfrentan al juicio de Dios, y la única manera de librarse del juicio es el remedio ordenado por Dios mismo, del cual se benefician simplemente al mirar a la serpiente de bronce.

La situación en la que se encuentra Nicodemo en Juan 3 no es tan diferente. Sus primeras palabras dan a entender que se ve autorizado a emitir juicios sobre Jesús (Juan 3:1–2), mientras de hecho demuestra muy poca compresión de lo que Jesús dice (3:4, 10). El mundo está condenado y perece. Su única esperanza estriba en la provisión que Dios ha hecho – en otra cosa que ha sido levantada encima de un poste, o mejor dicho en otra persona que ha sido levantada en una cruz. Esta es el primer uso del vocablo “levantado” en el evangelio de Juan. A medida que los capítulos del libro se desarrollan, se convierte casi en una expresión técnica de la crucifixión de Jesús. El único remedio, la única salida, de la ira de Dios consiste en mirar la provisión de Dios: Debemos creer en el Hijo del Hombre quien ha sido “levantado”, si vamos a tener vida eterna.

Esta palabra sigue dirigiéndose a nosotros. La murmuración masiva es señal de la incredulidad. Tarde o temprano Dios nos pedirá cuentas. Nuestra única esperanza es mirar a Aquel que fue levantado en un madero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 132). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Líderes cariñosos

12 Mayo 2017

Líderes cariñosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes aman a la gente. Pablo escribe: “Tanto es nuestro cariño para vosotros que nos parecía bien entregaros no sólo el evangelio de Dios…” (1 Tesalonicenses 2:8). Maravilloso, ¿no? Pablo no evitaba compartir sus emociones con su rebaño. Ese hombre fuerte, un apóstol de Cristo, cuando pensaba en los tesalonicenses decía: “Oh, que cariño tan grande tengo por ustedes! ¡Cuánto los amo!”. Estas son palabras íntimas de cariño.

Para mantener esto sencillo y fácil de recordar, quiero proponerle que el cariño por las personas se puede demostrar de dos maneras: Con demostraciones pequeñas, pero frecuentes, de afecto, y con palabras de aprecio por escrito cada tiempo. Las personas que lidera deberían estar recibiendo de usted ahora mismo una nota de aprecio y estímulo. Ellas deben acostumbrarse cada vez más a sus expresiones de cariño que incluyan pequeñas pero frecuentes demostraciones de afecto. Nadie es tan importante que esté más allá de las demostraciones de cariño. Ese aspecto del liderazgo cobra ánimo y  transmite confianza al espíritu por la gracia de Dios.

Encontré estos versos que resumen muy bien este punto:

La vida no es sino espuma,
hay dos cosas de valor:
cariño por los demás,
y arrojo en el corazón.

Me causan tristeza los líderes fuertes que siempre tratan mal a las personas. Nos preguntamos cómo gente así pudo llegar a tener posiciones importante influencia. Aquí tiene este consejo gratis: Si a usted no le gusta la gente, háganos a todos un favor, no se dedique al liderazgo. Dedíquese a otra cosa. Todo el mundo estará mejor así. Diga no cuando le ofrezcan la oportunidad de liderar.

Ni el mundo ni el ministerio se necesitan más autócratas. Ambos necesitan más líderes, almas con corazón de siervo para liderar, como lo hizo Pablo, sensibilidad y cariño hacia los demás. El amor y el cariño, cuando se dan de manera correcta, llenan el vacío cuando las palabras solas no son capaces consolar. Si las personas saben que usted las ama y las valora, le darán todo su respaldo. Pablo les dijo a los cristianos de Tesalónica que los amaba, y ellos nunca lo olvidaron.

Los buenos líderes aman a la gente.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Por qué debemos amar a nuestros enemigos

MAYO, 12

Por qué debemos amar a nuestros enemigos

Devocional por John Piper

Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. (Lucas 6:27)

Hay dos razones principales por las que los cristianos debemos amar a nuestros enemigos y hacerles bien.

La primera es que esto revela un aspecto del carácter de Dios: Dios es misericordioso.

  • «Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45).
  • «No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades» (Salmos 103:10).
  • «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).

Por lo tanto, cuando los cristianos vivimos de este modo, mostramos una parte del carácter de Dios.

La segunda razón es que el corazón de los cristianos está satisfecho en Dios y no se deja llevar por la sed de venganza, ni por el deseo de exaltarse a sí mismo, ni por el dinero, ni por la seguridad terrenal.

Dios se ha convertido en nuestro tesoro que todo lo satisface, y es por eso que no tratamos a nuestros adversarios conforme a nuestras propias necesidades e inseguridades, sino conforme a nuestra plenitud en la gloria de Dios, que todo lo satisface.

Hebreos 10:34 dice: «Aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes [es decir, sin tomar represalias], sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión». Lo que nos libra del impulso de tomar venganza es la confianza profunda en que este mundo no es nuestro hogar, y que Dios es nuestra recompensa, absolutamente segura y suficiente.

Por lo tanto, podemos apreciar que ambas razones para amar a nuestros enemigos producen un resultado fundamental: Dios se muestra como realmente es, es decir, como un Dios misericordioso y gloriosamente suficiente para nosotros.

El objetivo más importante de ser misericordiosos es glorificar a Dios: hacer que se vea grandioso a los ojos de los hombres.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

 

La oración de la reina

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame (de pecado).

Salmo 51:6-7

La oración de la reina

La reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), conocida por su fe, visitó a una señora mayor y a su joven sobrina. Después del té la reina propuso leer algunos pasajes del evangelio de Juan. Luego la soberana se dirigió a la joven y le preguntó si era cristiana. «¡Oh, por supuesto!», respondió la joven. «¿Cómo sabe que lo es?», preguntó la reina. «Majestad, fui bautizada y confirmada». La reina no añadió nada, pero propuso orar. Y oró así: «Señor, abre los ojos de esta querida joven, muéstrale que sin un cambio completo de su corazón no puede ser una cristiana, que las prácticas exteriores no pueden hacer nada para salvarla. Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Salvador».

Más tarde esta joven, al contar aquel suceso, añadió: «A menudo había cantado: Dios salve a la reina (himno nacional de Inglaterra), ¡pero no esperaba que la reina pidiese a Dios que me salvase a mí!».

La salvación que Dios ofrece gratuitamente no depende de un bautismo o de un rito, sino de un contacto personal con Jesucristo el Salvador, mediante la oración y la lectura de su Palabra. Ante el Dios santo solo podemos reconocernos pecadores perdidos, y arrepentirnos. Dios es amor e hizo lo necesario para salvar a los pecadores al dar a su Hijo en sacrificio. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:9-11).

1 Reyes 9 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

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