Reinado soberano

Reinado soberano

5/1/2017

Habiendo subido [Cristo] al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades. (1 Pedro 3:22)

 En todo el Antiguo como en el Nuevo Testamento, a la diestra de Dios se presenta como el lugar de preeminencia, poder y autoridad por toda la eternidad. Ese es el lugar adonde fue Jesucristo cuando hubo realizado su obra en la cruz, y allí es donde gobierna hoy.

Romanos 8:34 dice: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Su posición a la diestra de Dios le da autoridad sobre todas las cosas creadas.

Cristo asumió su posición de supremacía después que “ángeles, autoridades y potestades” se habían sujeto a Él (1 P. 3:22), es decir, cuando Cristo declaró su triunfo a los demonios encarcelados. La cruz y la resurrección fueron los que sometieron a Él a las huestes angelicales. Cuando ascendió al cielo, asumió su debida posición y reina soberano sobre todos.

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«Yo soy la rosa de Sarón»

1 de mayo

«Yo soy la rosa de Sarón»

Cantares 2:1

Todo lo que pueda haber de belleza en el mundo material, Jesús lo posee en el mundo espiritual en grado superlativo. Entre las flores, se considera la rosa como la más fragante; pero Jesús es mucho más hermoso en el jardín del alma que la rosa pueda serlo en los jardines de la tierra. Él ocupa el primer lugar como el señalado entre diez mil. Él es el sol, los otros las estrellas. Los cielos y el día resultan oscuros a su lado, porque el Rey, con su belleza, lo sobrepasa todo. «Yo soy la rosa de Sarón»: esta era la mejor y la más inusual de las rosas. Jesús no solo es «la rosa», sino la «rosa de Sarón». Así como él llama «oro» a su justicia, y añade: «Oro de Ofir»; lo mejor de lo mejor. Él es positivamente hermoso y superlativamente el más hermoso. Tiene una variedad de encantos. La rosa es hermosa a la vista y su perfume agradable y refrescante; así también cada uno de los sentidos del alma —el gusto, el tacto, el oído, la vista o el olfato espiritual— hallan su pertinente placer en Jesús. Aun el recuerdo de su amor resulta agradable. Toma la rosa de Sarón, quítale los pétalos uno por uno y guárdalos en el florero de la memoria, y hallarás, mucho después, que cada uno de esos pétalos ha conservado su fragancia y llenado la casa de perfume. Cristo satisface completamente el gusto más refinado de los espíritus más cultos. El más destacado de los aficionados a los perfumes se siente completamente satisfecho con la rosa; y cuando el alma haya llegado a su más alto grado de auténtico deleite, aun entonces se sentirá satisfecha con Cristo. Más aún: estará mejor capacitada para apreciarlo. El Cielo mismo no tiene nada que sobrepase a la rosa de Sarón. ¿Qué emblema puede exponer plenamente su belleza? El lenguaje humano y las cosas terrenales son insuficientes para revelar a Jesús. Los más exquisitos encantos de la tierra, todos juntos, reflejan débilmente su valiosísimo carácter. ¡Bendita rosa, florece tú en mi corazón para siempre!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 130). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Segunda Temporada – Programa 6 – “¿Quién es Jesucristo?”

“¿Quién es Jesucristo?”

Segunda Temporada – Programa 6

Eduardo Saladin – Sugel Michelén – Otto Sánchez

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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“ceremonialmente limpios”

1 MAYO

“ceremonialmente limpios”

Números 8 | Salmo 44 | Cantar de los Cantares 6 | Hebreos 6

Antes de llevar a cabo sus obligaciones por primera vez, los levitas fueron apartados mediante un ritual establecido por Dios mismo, a fin de hacerles “ceremonialmente limpios” (Números 8:5–14). No es necesario preocuparnos por los detalles en este momento. En lo que sí reflexionaremos es en el razonamiento teológico que Dios ofrece para este procedimiento.

Estas cosas ya se han tratado: aquí se trata de un repaso. Dios les ha “apartado para mí” (8:16): es decir, ha escogido a los levitas “de entre los israelitas” (8:6) para que le pertenezcan de una manera especial, “en lugar de todos los primogénitos de Israel” (8:16). Revisa otra vez más el razonamiento: brota del libro de Éxodo, de la primera Pascua, cuando los primogénitos de Egipto fueron asesinados, pero no así los primogénitos de Israel (8:17–18).

Pero aquí se plantea un nuevo elemento. Dios ha “recibido” a los levitas como particularmente suyos, y habiéndoles “recibido” también los ha “dado” como “regalos” a Aarón y a sus hijos, los sumo-sacerdotes, “… y se los ha entregado a Aarón y a sus hijos como un regalo. Los levitas ministrarán en la Tienda de reunión en favor de los israelitas, y harán propiciación por ellos, para que no sufran una desgracia al acercarse al santuario.” (8:19). Por tanto, Dios les ha “tomado” y “entregado” a su pueblo.

Formalmente, por supuesto, Dios les “dio” a Aarón y a sus hijos, pero puesto que el trabajo de los levitas sería a favor de todo Israel, hay un sentido en el cual Dios ha dado a los levitas a la nación entera. Este patrón se vuelve a exponer con detalle diez capítulos más tarde (Números 18:5–7). Dios dice a Aarón, “Considera que yo mismo he escogido, de entre la comunidad, a tus hermanos los levitas, para dártelos como un regalo. Ellos han sido dedicados al SEÑOR para que sirvan en la Tienda de reunión” (18:6). El paralelo más cercano que encontramos en el Nuevo Testamento está en Efesios 4. A raíz de su muerte y resurrección, Jesucristo “Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.” (Efesios 4:8). Ostensiblemente, las palabras proceden del Salmo 68:18, donde el texto en hebreo dice que Dios “recibió dones de los hombres”. Pero se ha argumentado, con razón, que el Salmo 68 asume el sistema expuesto en Números 8 y 18, y que en cualquier caso Pablo une Números y Salmo 68 para subrayar algo importante. Bajo el nuevo pacto, Cristo Jesús, gracias a su triunfo, nos ha “capturado” y a cada uno de nosotros (Efesios 4:7) nos ha dado gracia y nos ha devuelto a la iglesia como sus “dones a los hombres”.

Es así como debemos pensar en nosotros mismos. Somos los “cautivos” de Dios, capturados de entre la raza de portadores rebeldes de la imagen de Dios, y ahora derramados como sus “dones a los hombres”. Esto reviste nuestro servicio de una dignidad inimaginable.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 121). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una buena actitud

1 Mayo 2017

Una buena actitud
por Charles R. Swindoll

Hechos 14:1-29

En su libro titulado Man ‘s Search for Meaning (La búsqueda humana del significado de las cosas), Viktor Frankl escribió estas admirables palabras:

Nosotros, que tuvimos la experiencia de vivir en los campos de concentración, podemos recordar a los hombres que venían a las barracas para consolar a los demás, desprendiéndose de sus últimos pedazos de pan. Puede que hayan sido numéricamente pocos, pero ofrecen una prueba suficiente de que a un hombre se le puede quitar todo, menos una cosa: La última de sus libertades es elegir su actitud en cualquier circunstancia que se encuentre, elegir su propio modo de obrar.

Estoy absolutamente de acuerdo. Estamos haciendo decisiones en cada momento del día. Cuando despertamos en la mañana, elegimos la actitud que al final guiará nuestras acciones y nuestros pensamientos a lo largo de la jornada. Estoy convencido de que nuestras mejores actitudes surgen de una comprensión clara de nuestra propia identidad, de un sentido claro de nuestra misión divina y de un profundo sentido del propósito de Dios para nuestra vida. Esa es la clase de actitud que honra a Dios y que nos anima a seguir adelante a enfocarnos en la meta y a responder de manera excepcional a las circunstancias más difíciles de la vida.

Esa fue la clase de actitud excepcional que mantuvieron Pablo y Bernabé a lo largo de su viaje misionero. Los dos siervos de Antioquía enfrentaron y vencieron infinidad de obstáculos con la determinación inquebrantable de permanecer centrados en la meta.

Todos necesitamos tener un plan para enfrentar las circunstancias más difíciles. La amenazante situación que tiene ahora frente a usted puede que sea corregible, o tal vez imposible de superar con sus propias fuerzas. Es posible que sea el resultado de sus propias acciones, o quizás sea usted una víctima inocente que está recibiendo las consecuencias de lo que hizo otra persona. Sea cual sea el caso, podemos ser intimidados e incluso acobardarnos, y al final quedar paralizados frente a tales obstáculos. La única manera de superar esta clase de paralizante estancamiento es aprender a aceptar y a confiar en el plan de Dios. Renuncie a tener el control, y espere que Él actúe; y mientras espera, mantenga una buena actitud.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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No más trapos de inmundicia

MAYO, 01

No más trapos de inmundicia

Devocional por John Piper

Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas. (Isaías 64:6)

Es cierto que toda falta contra la ley de Dios es una ofensa a su santidad perfecta, nos hace culpables y nos expone a su juicio, debido a que Dios no puede mirar ningún pecado con benevolencia (Habacuc 1:13; Santiago 2:10-11).

En el Antiguo Testamento, al igual que hoy en día, lo que llevaba a una persona a la ruina no era la imposibilidad de tener una justicia absolutamente libre de pecado. Lo que la llevaba a la ruina era el hecho de no confiar en las misericordiosas promesas de Dios y, sobre todo, no confiar en la esperanza en que un día él proveería de un redentor quien sería una justicia perfecta para su pueblo («El Señor, justicia nuestra», según Jeremías 23:6, 33:16). Los santos sabían que era la manera por la cual ellos serían salvos, que esta fe era la clave para la obediencia y que aquella obediencia era la evidencia de esa fe.

Se genera una terrible confusión cuando las personas dicen que la única justicia que vale es la justicia de Cristo concedida a nosotros. Sin lugar a dudas, la justificación no se basa para nada en nuestra justicia, sino solo en la justicia de Cristo, que nos es conferida. Sin embargo, a veces algunas personas son imprudentes y hablan de toda la justicia humana en un tono despreciativo, como si no hubiera nada en ella que agradara a Dios.

A menudo citan Isaías 64:6, que dice que nuestra justicia es como trapos asquerosos, o «trapo de inmundicia». «Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas».

Pero en contexto, Isaías 64:6 no quiere decir que todos los actos de justicia del pueblo de Dios son inaceptables ante él. Isaías se refiere a aquellas personas cuya justicia es en realidad hipócrita. En tal caso, deja de ser justicia. Pero el versículo anterior dice que Dios sale al encuentro «del que con alegría hacía justicia», y les da su aprobación (v. 5).

Es verdad —una gloriosa verdad— que nadie en el pueblo de Dios, ni antes ni después de la cruz, sería acepto delante de un Dios inmaculadamente santo si la justicia perfecta de Cristo no fuera concedida a nosotros (Romanos 5:19; 1 Corintios 1:30; 2 Corintios 5:21). Pero eso no significa que Dios no produzca en aquellos «justificados» una justicia práctica que no sea un «trapo de inmundicia».

De hecho, él lo hace; esta justicia es preciosa ante Dios y es requerida por él. No como base de nuestra justificación (solo la justicia de Cristo lo es), sino como evidencia de que somos verdaderamente hijos justificados de Dios.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Jesús habla a las mujeres (1)

lunes 1 mayo

Jesús iba… y los doce con él, y algunas mujeres… y otras muchas que le servían de sus bienes.

Lucas 8:1-3

Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

Juan 19:25

Jesús habla a las mujeres (1)

Al leer los evangelios nos llama la atención la actitud de Jesús hacia las mujeres con quienes se encontraba. Se mostró libre de todo prejuicio, les hablaba como hablaba a los hombres, con el mismo respeto, el mismo amor, las mismas exigencias y las mismas promesas: su actitud estaba ligada a lo que leía en los corazones. Su comprensión, su tacto, son tan diferentes a las opiniones de su época… ¡y de la nuestra!

Jesús defendió a una mujer despreciada debido a su pasado y subrayó su actitud de arrepentimiento, de humildad y agradecimiento porque sus pecados habían sido perdonados (Lucas 7:36-50). Protegió a otra que le presentaron para ser lapidada (Juan 8:3-11). También defendió a María de Betania, a quien los discípulos habían criticado por su gesto de adoración (Juan 12:1-8).

Con algunas mujeres Jesús tuvo conversaciones profundas sobre temas espirituales. Unas mujeres estuvieron cerca de él cuando fue crucificado. Y después de su resurrección se reveló primero a unas de ellas.

Jesús no desprecia a nadie, ni a los niños, ni a las mujeres, ni a los pobres, ni a los ricos, ni a los pecadores, ni a aquellos que se creen justos… Por supuesto que no pasa por alto nuestras faltas, pero no es con el objetivo de condenarnos, sino para perdonarnos.

En los 7 lunes que vienen presentaremos los diálogos entre Jesús y esas mujeres, todas diferentes, pero todas interpeladas por la gracia de Dios, de ese Dios que nos busca y quiere salvarnos.

1 Reyes 1:28-53 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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