El máximo esfuerzo

El máximo esfuerzo

5/10/2017

Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)

El crecimiento espiritual no es un ejercicio intermitente; debe ocupar todo el tiempo. En realidad, la palabra griega para “prosigo” se empleaba para describir a un corredor de carreras cortas, y se refiere a un enérgico esfuerzo. Pablo estaba corriendo con todas sus fuerzas, distendiendo todos los músculos espirituales a fin de ganar el premio (cp. 1 Co. 9:24-27). También dijo que debemos pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12)

Esa perspectiva no estaba limitada a Pablo. El autor de Hebreos escribió: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1).

Nuestra búsqueda vitalicia es ser semejantes a Cristo. El correr esa carrera exige el máximo esfuerzo en el uso de los medios de gracia Dios nos ha dado.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

«El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»

10 de mayo

«El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»

Juan 1:14

Creyente, tú puedes testificar que Cristo es el unigénito del Padre, como también el primogénito de entre los muertos. Puedes decir: «Para mí, él es divino; aunque para todo el mundo sea humano. Él hizo por mí lo que solo Dios podía hacer. Él ha sometido mi terca voluntad, me ha ablandado el corazón de diamante, ha abierto las puertas de bronce y hecho pedazos los cerrojos de hierro. Él ha transformado mi llanto en risa y mi aflicción en gozo: llevó cautiva mi cautividad e hizo que mi corazón se regocijara con gozo inefable y glorioso. Que otros piensen de él lo que quieran; para mí, él tiene que ser el unigénito del Padre. ¡Bendito sea su nombre! Él está lleno de gracia. ¡Ah!, si él no lo estuviera, yo nunca me hubiera salvado. Él me atrajo cuando yo luchaba por huir de su gracia; y, cuando finalmente me acerqué a su propiciatorio, temblando como un reo condenado, me dijo: «Tus pecados —que son muchos— te son todos ellos perdonados. Ten ánimo». Él está también lleno de verdad: sus promesas han sido verdaderas; ninguna de ellas ha faltado. Testifico que jamás hubo un siervo que tuviera un Señor como el mío; ni un hermano que contara con un pariente como él; ni una esposa con un esposo como Cristo lo ha sido para mi alma; ni un pecador con un Salvador mejor que él; ni un hombre apesadumbrado con un consolador mejor que Cristo lo ha sido para mi espíritu. Fuera de él, no necesito a nadie. En la vida él es mi vida, y en la muerte será quien haga morir a la muerte. En la pobreza, Cristo es mi riqueza; en la enfermedad, él me hace la cama; en la oscuridad es mi estrella y en la claridad, mi sol. Él es el maná del campamento en el desierto, y será el nuevo grano de la multitud cuando esta entre en Canaán. Jesús es para mí todo gracia y ninguna ira; todo verdad y nada de falsedad. Y de verdad y de gracia él está lleno: infinitamente lleno. Alma mía, bendice al «Unigénito» en esta noche con todas tus fuerzas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 139). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Las Marcas de un Verdadero Discípulo II

Iglesia Bautista Ozama

Las Marcas de un Verdadero Discípulo II

Pastor Otto Sánchez

 

otto

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica. El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://ibozama.org/

“En Dios confiamos”

10 MAYO

“En Dios confiamos”

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

Las monedas americanas llevan las palabras “En Dios confiamos”. En nuestra era pluralista, es razonable que la gente pregunte, “¿Qué Dios?” Aunque la respuesta sea clara que se trata del Dios de la Biblia, sospecho que mucha gente concibe esta confianza en Dios como algo privado y místico. Es inquietante con qué facilidad se piensa en la fe en Dios como una especie de intuición religiosa, una sensibilidad piadosa, con sólo una vaguísima comprensión de lo que esta confianza en Dios realmente implica.

La fe de David no es así. Dos veces en el Salmo 56 su descripción del Dios en quien ha puesto su confianza implícitamente da sustancia al significado de la palabra “confianza”. “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:3–4). (Énfasis añadido). Y otra vez, “Confío en Dios y alabo su palabra; confío en el SEÑOR y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (56:10–11).

En ambos pasajes, David comprende que la confianza en Dios es la única solución a su miedo: “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza… confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” El texto que encabeza e introduce el salmo nos explica que fue escrito poco después de su experiencia horripilante en Gat (1 Samuel 21:10–15). Mientras huía, David se escondió en territorio de los filisteos, y estuvo muy cerca de la muerte. Se libró al fingir que estaba loco. Sin duda había sentido un miedo terrible, y en medio de su miedo había puesto su confianza en Dios, y encontró las fuerzas para realizar una hazaña espectacular que le salvó la vida.

Pero lo que más nos llama la atención en esta confesión de confianza por parte de David es el hecho de que repite una frase. Tres veces habla “de Dios cuya palabra alabaré”. En este contexto la palabra específica que da lugar a esta frase seguramente tiene mucho que ver con la razón por la cual David podía confiar tan plenamente bajo estas condiciones. En cuanto a cuál fue esta “palabra”, el candidato más probable es la promesa divina que recibiría el reino y que sería establecido como cabeza de una dinastía. Sus circunstancias actuales son tan nefastas que la incredulidad parecería más justificada que la confianza. Pero David confía en “el Señor, cuya palabra alabaré”.

Lo que necesitamos es confianza en el Dios que habla, una fe en Dios que esté firmemente fundada en lo que este Dios que habla ha dicho. Luego, en medio de las circunstancias más deplorables, podemos encontrar un descanso profundo en el Dios que permanece fiel a su palabra. Cae por su peso que una fe así está fundada en las palabras reveladas de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 130). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Su sola prioridad

10 Mayo 2017

Su sola prioridad
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

El estilo de liderazgo de Pablo no era distante ni esquivo. Él vivía en medio de la gente. Conocían su dirección. Hablaba con ellos. No les predicaba un sermón y después se marchaba convenientemente por la puerta trasera en el momento de la bendición final. Pablo era siempre accesible y auténtico. Su vida era un libro abierto. La mayoría estaría de acuerdo con que ese tipo de líder es inspirador. No tiene nada que probar, ningún secreto que guardar, ninguna pretensión o aire de jactancia, y nunca se siente obligado a recordar a los demás lo hábil que es para el trabajo que hace. Así era Pablo. Era auténtico. John Stott escribe:

El ministerio de Pablo en Tesalónica había sido público. Había sido ejercido a la vista de todos, delante de Dios y de los hombres, porque él no tenía nada que ocultar. ¡Felices los líderes cristianos hoy, que detestan la hipocresía y aman la integridad, que no tienen nada que esconder ni de lo cual avergonzarse, que son bien conocidos por quienes son y por lo que son, y que son capaces de apelar sin temor a Dios y al público como sus testigos! Hoy necesitamos más transparencia y naturalidad de esa clase.

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer. Pero si no para ni un momento, si está escondiéndose siempre detrás de puertas con cerrojo y con las persianas cerradas, el público tiene razones para sospechar que no es genuino. Tenga cuidado de no seguir a un líder que no sea accesible y vulnerable.

Recuerde, sin embargo, que el ministerio de Pablo no fue un lecho de rosas. Él literalmente entró cojeando a Tesalónica, con el cuerpo magullado y debilitado por los golpes que había recibido en Filipos, y por el encarcelamiento. Afortunadamente, yo nunca he tenido que soportar una persecución tan brutal. Pablo sí. Pero la buena noticia es esta: Esto no frenó su determinación. Él escribió lo siguiente: “A pesar de que habíamos padecido antes y habíamos sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos valentía en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de grande conflicto”
(1 Tesalonicenses 2:2).

Uno de los secretos del triunfo de Pablo se puede describir con cinco palabras: Siguió con su trabajo laborioso. Siguió adelante con su trabajo sin importarle si los vientos lo golpeaban con fuerza. La oposición y las dificultades no Ie importaban. La sola prioridad que le importaba a Pablo era que Cristo fuera proclamado. Cada camino en que él transitaba conducía a otros a la cruz.

¿Armonizan sus prioridades personales con las de Pablo?

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.EERIwOWp.dpuf

Un pueblo para su nombre

MAYO, 10

Un pueblo para su nombre

Devocional por John Piper
Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. (Hechos 15:14)

Resulta prácticamente imposible ser exagerado respecto del lugar central que ocupa la fama de Dios a la hora de incentivar a la iglesia en su misión.

Cuando el mundo de Pedro quedó de cabeza por de la visión de los animales impuros que relata Hechos 10 y por la lección que Dios le dio acerca de evangelizar tanto a gentiles como a judíos, él regresó a Jerusalén y le dijo a los apóstoles que todo esto se debía al celo de Dios por su nombre. Lo sabemos porque Jacobo resumió el discurso de Pedro en estas palabras: «Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre» (Hechos 15:14).

No es de extrañarse que Pedro haya dicho que el propósito de Dios era reunir un pueblo para su nombre, ya que algunos años antes Jesús había tocado el corazón de Pedro dándole una lección inolvidable.

Recordemos la escena en la que, luego de que un joven rico se alejara de Jesús y se negara a seguirlo, Pedro le dijo a Jesús: «He aquí, nosotros [a diferencia de este joven rico] lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?» (Mateo 19:27). Jesús le respondió con una leve reprensión, con la que en efecto intentaba advertir que no existe sacrificio supremo para quienes viven por el nombre del Hijo del Hombre: «Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mateo 19:29).

La verdad es clara: Dios está persiguiendo, con gozo omnipotente, el propósito mundial de reunir de toda tribu, lengua y nación un pueblo para su nombre (Apocalipsis 5:9, 7:9). Él tiene un entusiasmo inagotable porque su fama sea difundida entre las naciones.

Por lo tanto, cuando nuestros sentimientos entran en armonía con los suyos y, por causa de su nombre, renunciamos a ir en pos de los placeres mundanos y nos unimos a él en su propósito global, el compromiso omnipotente de Dios por su nombre nos invade y no podemos salir perdiendo, a pesar de que podamos atravesar muchas tribulaciones (Hechos 9:16; Romanos 8:35-39).

http://labuenasemilla.net/20170510

Levántate y anda…

Pedro dijo (al hombre cojo de nacimiento): No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó… se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.

Hechos 3:6-8

Levántate y anda…

Este es el título de una novela del escritor francés Hervé Bazin. La heroína lucha desesperadamente contra su parálisis. Por su valentía se descubre a sí misma y se impone a los demás. Desgraciadamente sus esfuerzos son vanos, pues la novela termina con su muerte. Este libro muestra una imagen de la vida humana en nuestro mundo sin Dios, y por ello sin esperanza. Por mucho que luchemos, que nos esforcemos, ¡todo parece estar condenado al fracaso!

Muchos lectores de Bazin quizás ignoren que el título de su libro fue sacado de un pasaje de la Biblia. Pero a diferencia de este personaje, el hombre paralítico a quien Pedro dirigió esta frase, creyó y fue curado. Después entró en el templo saltando de alegría y alabando a Dios.

El hecho de ser cristiano no garantiza la curación del cuerpo, como afirman algunos, pero da la salvación del alma. No todos estamos enfermos en nuestro cuerpo, pero todos tenemos que ser curados de ese mal que nos carcome y que la Biblia llama pecado. Se manifiesta bajo diferentes formas: envidia, odio, codicia, mentira, avaricia… Nos vuelve esclavos, nos paraliza y nos deforma.

Pero cuando vamos a Jesús con fe, Dios nos perdona y nos libera; cura nuestra alma. Entonces, conscientes de su bondad y amor, la alabanza surge espontáneamente de nuestro corazón. ¡Nos levantamos con una vida nueva y caminamos con Jesús!

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch