Una expectativa del cielo

Una expectativa del cielo

5/26/2017

Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. (Colosenses 3:1)

El apóstol Pablo estaba interesado en el cielo; tuvo pocas comodidades terrenales. Fue golpeado, apedreado, dado por muerto, privado de lo más necesario y a menudo decepcionado por las personas. Pero no tenía interés en las sensaciones placenteras: él solo quería llevar una vida productiva en pos de su meta celestial.

Nosotros debemos tener ese mismo interés si anhelamos nuestra recompensa celestial. Cristo es del cielo y está en el cielo. El cielo es su lugar, y como somos suyos, el cielo también es nuestro lugar. Si estamos interesados en ser semejantes a Él, estaremos lógicamente interesados en el cielo. Lo que ocurre allí debe ser más importante para nosotros que lo que ocurre aquí.

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«Que permaneciesen en la fe»

26 de mayo

«Que permaneciesen en la fe».

Hechos 14:22

La perseverancia es la divisa de los verdaderos santos. La vida cristiana no consiste solo en empezar, sino también en permanecer en los caminos del Señor toda la vida. Pasa con el cristiano lo que con el gran Napoleón, quien dijo: «La conquista me ha hecho lo que soy, y la conquista debe sostenerme». Así, querido hermano en el Señor, por obra de Dios, la conquista ha hecho de ti aquello que eres y la conquista deberá sostenerte. Tu lema debe ser: «Excelsior» («Siempre hacia arriba»). Solo quien continúe hasta que termine la guerra será el verdadero vencedor y quien, al final, resultará coronado. La perseverancia es, por tanto, el blanco de todos nuestros enemigos espirituales. El mundo no objeta a que seas cristiano por un tiempo, si con ello puede tentarte para que dejes tu peregrinación y te sientes a vender y comprar con él en la Feria de Vanidad. La carne procurará engañarte y te impedirá avanzar hacia la gloria. Te dirá: «Es aburrido ser peregrino; ven, deja de serlo. ¿Debo estar yo siempre mortificada? ¿No puedo complacerme nunca? Por lo menos, permíteme una licencia en esta constante guerra». Satanás atacará ferozmente tu perseverancia; esta será el blanco de todos sus proyectiles. Él se esforzará por ponerte obstáculos en el servicio cristiano. Te insinuará que no estás haciendo nada bueno, y que necesitas descanso. Se esforzará por hacerte sentir que estás cansado de sufrir, y te susurrará al oído: «Maldice a Dios y muérete». O atacará tu constancia y dirá: «¿Qué ganas con ser tan celoso? Quédate quieto como los demás; duerme como los otros, y deja que tu lámpara se apague como aquellas de las vírgenes insensatas». O asaltará las doctrinas que profesas y dirá: «¿Por qué sostienes esas doctrinas denominacionales? Los hombres sensatos se están haciendo más liberales; están quitando los linderos antiguos; adáptate, pues, a los tiempos». Por tanto, querido cristiano, utiliza tu escudo junto con tu armadura y pídele a Dios insistentemente que, por su Espíritu, te permita perseverar hasta el fin.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 155). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Ciudades de refugio

26 MAYO

Números 35 | Salmo 79 | Isaías 27 | 1 Juan 5

Cuando se hicieron los planes para dividir la Tierra Prometida entre las doce tribus, se excluyó a Leví. Se les dijo a los levitas que Dios era su herencia: no recibirían territorio tribal, pero vivirían de los diezmos entregados por el resto de los israelitas (Números 18:20–26). Aun así, necesitaban un lugar donde vivir. De modo que Dios ordenó a cada tribu que apartara algunas ciudades para ellos, junto con los pastos circundantes para su ganado (Números 35:1–5). Como los levitas debían enseñar al pueblo la ley de Dios, además de sus deberes en el tabernáculo, las disposiciones del terreno tenía la ventaja añadida de dispersarlos entre el pueblo donde pudieran hacer el mayor bien. Asimismo, sus tierras diseminadas no podían pasar a otras manos que no fueran levíticas (Levítico 25:32–34).

La otra disposición peculiar del territorio establecido en este capítulo es la designación de las seis “ciudades de refugio” (Números 35:6–34). Debían salir de las cuarenta y ocho asignadas a los levitas, tres a cada lado del Jordán. Si alguien mataba a otro, intencionada o accidentalmente, podía huir a una de estas ciudades donde se protegería de la ira de los vengadores de la familia. En una época en la que las peleas de sangre no eran desconocidas, esta norma enfriaba el ambiente hasta que el sistema oficial de justicia pudiera dilucidar la culpa o la inocencia del homicida. Si se le hallaba culpable mediante una prueba convincente (35:30), debía ser ejecutado. Acude a la memoria el principio establecido en Génesis 9:6: quienes derramaran sangre de un ser humano, hecho a imagen de Dios, habrían cometido un acto tan vil que se ordenaba la pena máxima. No se trataba de una lógica disuasiva, sino de valores (cf. Números 35:31–33).

Por otra parte, si se trataba de una muerte accidental y el homicida era inocente de asesinato, no quedaba libre de culpa y se le enviaba sencillamente a su casa, sino que debía permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote (Números 35:25–28). Solo entonces podía regresar a su propiedad ancestral y retomar una vida normal. Esperar que el sumo sacerdote falleciese podía ser cuestión de días o de décadas. Si el tiempo era sustancial, podía servir para aplacar a los vengadores de la familia de la víctima. Pero el texto no proporciona este razonamiento.

Probablemente existen dos razones para que se estipule que el asesino debiera permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. (1) Su muerte marcaba el final de una era y el principio de otra. (2) Y, de forma más importante, puede ser que su muerte simbolizara que alguien tuviera que morir para pagar por la muerte de un portador de la imagen de Dios. Los cristianos sabemos adónde conduce este pensamiento.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 146). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Actitud valiente frente a los poderosos

26 Mayo 2017

Actitud valiente frente a los poderosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 26:1-32

Hace poco leía un conmovedor discurso pronunciado por la difunta Madre Teresa de Calcuta en el cuadragésimo cuarto “Desayuno nacional de Oración”, un evento que tuvo lugar cuando Bill Clinton era presidente de los Estados Unidos de América. En el curso de su discurso, hecho sin ninguna jactancia, la humanitaria monja de Calcuta habló con sencillez y valentía acerca de la iniquidad del aborto y del daño que sigue causando esa horrenda falla moral en nuestra ya desintegrada sociedad. Mientras leía su escrito cuidadosamente preparado, nadie en el salón movía un músculo. En realidad, los bien vestidos dignatarios sonreían nerviosamente dando una apariencia de calma y serenidad exterior, pero interiormente estaban muy agitados.

Al igual que Pablo, la frágil figura de esta mujer dijo lo que tenía que decir y salió de la habitación tan silenciosamente como había entrado. Así como unos funcionarios políticos de la antigüedad se habían sentado para mirar con animosidad a Pablo, la nobleza de Washington se sentó silenciosa, con sus conciencias golpeándoles el pecho.

Estoy convencido de que muchas personas hoy en día, de haber existido las situaciones enfrentadas por algunos de los héroes que hemos mencionado, habrían tenido la misma actitud heroica. Yo creo que usted tiene el potencial para retar a los enemigos de la verdad que desafían el poder del Todopoderoso, o para hablar con toda valentía contra la evidente injusticia y la abierta discriminación.

El desafío viene en esos momentos de privacidad y sinceridad cuando usted ve que la verdad es atacada en los pasillos de la universidad, en la junta directiva de una empresa, en la reunión de la asociación de padres y maestros de la escuela, en la oficina del director de deportes o mientras va sentado en un avión. En esos momentos, ¿se levantaría usted valientemente y diría la verdad cuando está en juego un principio? ¿Dirá lo que usted cree, con amabilidad, pero también con firmeza?

Es posible que usted nunca sea invitado a estar de pie delante de reyes o reinas, ni tampoco a dar un discurso a una elite política o a unos militares de alta graduación, pero sí tendrá otras oportunidades para levantarse y defender la verdad. Si usted toma la decisión de actuar con valentía, Dios le presentará esas oportunidades cuando usted menos las espere. Téngalo por seguro.

Y cuando Él lo haga, ¿estará usted preparado?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Fuerza para esperar

MAYO, 26

Fuerza para esperar

Devocional por John Piper

Fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo. (Colosenses 1:11)

Fuerza es la palabra apropiada. El apóstol Pablo oraba por la iglesia de Colosas para que los miembros fueran «fortalecidos con todo poder según la paciencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia» (Colosenses 1:11). La paciencia es la evidencia de una fuerza interna.

Las personas impacientes son débiles y, por consiguiente, dependen de puntos de apoyo externos —tales como horarios que se cumplan al minuto y circunstancias que sostengan su frágil corazón—. Los arrebatos de juramentos, amenazas y duras críticas dirigidos a las personas que interfieren en sus planes no suenan débiles. Sin embargo, todo ese ruido sirve de camuflaje para sus debilidades. La paciencia exige una tremenda fuerza interna.

Para el creyente, esta fuerza viene de Dios. Por eso Pablo oraba por los colosenses. Le pedía a Dios que los fortaleciera para que tuvieran la paciencia y entereza que exige la vida cristiana. Pero cuando decía que la fuerza de la paciencia es «según la potencia de [la] gloria [de Dios]», no solo quería decir que hacer que una persona sea paciente requiere poder divino. Quería decir que la fe en este poder glorioso es el canal mediante el cual viene el poder para tener paciencia.

La paciencia es, sin lugar a dudas, un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), pero el Espíritu Santo nos fortalece (con todo su fruto) «por el oír con fe» (Gálatas 3:5). Por lo tanto, la oración de Pablo es que Dios nos conecte con el «poder glorioso» que reviste de paciencia. Esa conexión es la fe.

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Nuestra única esperanza ante el mal

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

2 Corintios 4:18

… Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.

Colosenses 1:27

Nuestra única esperanza ante el mal

El mal está continuamente con nosotros. Está en los conflictos, en las guerras, y también en nuestros corazones. Está acompañado por su séquito de sufrimientos, de relaciones rotas y de vidas destrozadas.

En su camino Jesús se enfrentó al mal rechazándolo, denunciándolo mediante sus palabras, su actitud y sus hechos. En la cruz, en medio de su sufrimiento, Jesús todavía halló palabras de esperanza para los que estaban a su lado: palabras de perdón hacia los que lo condenaban, palabras de amor hacia el ladrón que se dirigió a él, palabras de aliento hacia los suyos. Además llevó sobre sí mismo, durante las tres sombrías horas de la crucifixión, la condenación de ese mal que habíamos cometido. ¡Por ello es nuestro Salvador!

Al resucitar a Jesús de entre los muertos, Dios introduce una esperanza con respecto a la muerte, una seguridad de vida para todo creyente. Esta victoria de Cristo y sus consecuencias fueron adquiridas para todos los que confían en él. ¡Esta es la esperanza cristiana!

Amigos cristianos, a veces podríamos sentirnos como aplastados por la progresión del mal en este mundo. ¡Pero no nos desanimemos! Nuestra esperanza está ligada a Jesús resucitado. Ella no hace que nuestras luchas desaparezcan, pero nos permite sostenerlas mirando hacia a él, quien pronto vendrá a llevarnos al cielo. Esta perspectiva nos dirige hacia el Dios de gloria y nos anima a actuar pensando en lo que es eterno.

1 Reyes 20:22-43 – Romanos 4 – Salmo 63:5-11 – Proverbios 16:5-6

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