“Casa de Dios”

“Casa de Dios”

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27 ENERO

Génesis 28 | Mateo 27 | Ester 4 | Hechos 27

alimentemos_el_almaEl nombre Bet-el significa “Casa de Dios”. Me pregunto cuántos son los refugios cristianos, los seminarios y colegios bíblicos, las iglesias y las casas que han escogido este nombre para adornar sus letreros y sus membretes.

No obstante, los sucesos que condujeron a este nombre en su origen (Génesis 28) constituyen una mezcla ambivalente. Aquí tenemos a Jacob, cubriendo apresuradamente la gran distancia que le separa de su tío Labán. A primera vista, busca una esposa piadosa – pero este motivo de su viaje está más en la mente de Isaac que en la de su hijo Jacob. En realidad, este intenta poner a salvo su vida, como el capítulo precedente da a entender de forma muy clara: quiere evitar la muerte a manos de su propio hermano como consecuencia de su acto sórdido de traición y engaño. A juzgar por lo que pide a Dios, corre el peligro de quedarse sin comida y ropa adecuada, y ya añora a su familia (28:17).

Por su parte, Dios reitera los términos esenciales del pacto que hizo con Abraham al nieto de este. La visión de la escalera abre la perspectiva del acceso a Dios, de una relación inmediata entre Dios y un hombre que, hasta este momento, ha actuado más por la conveniencia que por los principios. Dios promete que sus descendientes se multiplicarán y que recibirán la tierra. La gran expansión de estos descendientes se repite: “y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia” (28:14). Incluso en la esfera más personal, Jacob no será abandonado, puesto que Dios declara: “Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido.” (28:15).

Una vez despierto tras este sueño, Jacob erige un altar y llama este sitio Betel. No obstante, en gran parte sigue siendo el mismo artero que antes. Hace una promesa a Dios: Si Dios hace esto y lo otro, si saco de este acuerdo todo lo que quiero y a lo que aspiro “entonces el Señor será mi Dios” (28:20–21).

¡Y Dios no le fulmina! El relato sigue: Dios cumple sus promesas, y mucho más. Todas las condiciones exigidas por Jacob se cumplen. Uno de los grandes temas de las Escrituras es que Dios se encuentra con nosotros allí donde estemos: en medio de todas nuestras inseguridades, del carácter condicional de nuestra obediencia, de nuestra mezcla de fe y duda, de temor hacia Dios y de autointerés, de comprensión sublime y necedad. Dios no se revela únicamente a los grandes ni a los héroes espirituales, sino a nosotros mismos, allí donde esté nuestro Betel.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 27). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La providencia es misteriosa

La providencia es misteriosa

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26 ENERO

Génesis 27 | Mateo 26 | Ester 3 | Hechos 26

Los cuatro pasajes escogidos para hoy tienen algo que decir sobre la providencia de Dios.

alimentemos_el_almaGénesis 27 es, en muchos sentidos, un relato patético y sucio. Anteriormente Esaú había despreciado su herencia (25:34). Y ahora su hermano recurre a una artimaña para llevársela. Con el fin de lograrlo, Jacob encuentra ayuda y apoyo en Rebeca, quien de este modo, muestra favoritismo hacia uno de sus hijos y deslealtad hacia su marido. Esaú pierde los estribos y no se hace responsable de sus actos. Al contrario, abriga su rencor muy dentro suyo, y comienza a tramar el asesinato de su hermano. Para la familia que constituye la línea mesiánica, las cosas no van muy bien.

No obstante, los que han leído este texto dentro del contexto de toda la narrativa se acordarán de que Dios mismo le había dicho a Rebeca, antes del nacimiento de los gemelos, que el mayor serviría al menor (25:23). Tal vez sea este uno de los motivos por los cuales hizo lo que hizo; parece que creía que Dios necesitaba un empujón para que fuese fiel a su promesa. No obstante, tras estas acciones sucias y malas, Dios sigue llevando a cabo su propósito: conducir el hilo de la promesa a la conclusión que ha determinado. Por supuesto que Dios podía haber hecho que primero naciese Jacob, si este era quien había de continuar la línea mesiánica. En lugar de ello, Esaú nace primero, pero es Jacob quien había sido escogido, como si fuese para proclamar que, por importante que sea la línea, la elección soberana de Dios lo es mucho más que cualquier jerarquía humana de prioridades, más que la mera primogenitura.

En Mateo 26, las autoridades organizan una conspiración nefasta para corromper la justicia con el fin de resolver un problema político: Judas, un miembro del círculo más cercano a Jesús, vende a su maestro; Jesús se encuentra en medio de una terrible angustia en el huerto de Getsemaní; es arrestado, traicionado por un beso; el Sanedrín condena a su preso; Pedro niega conocer a Jesús. No obstante ¿quién se atrevería a afirmar, en el curso de la narrativa del libro, que Dios no mantiene el control soberano con el objeto de llevar a cabo el fin que él desea? Jesús acabará dando su vida “en rescate por muchos” (20:28), y todos los fracasos, todo el dolor, todo el pecado que relata este capítulo desembocan en la redención.

El libro de Ester ni siquiera menciona el nombre de Dios, pero aquí también, incluso el genocidio masivo tramado por Amán y aprobado por el gobierno, constituye un paso más hacia la salvación. Y Pablo (Hechos 26) aparentemente habría sido puesto en libertad si no hubiese apelado al Cesar – sin embargo, precisamente esta apelación es lo que le lleva al final a proclamar el evangelio desde el mismo corazón del imperio.

La providencia es misteriosa. Nunca se debe invocar para justificar actos injustificables, ni para restar importancia a la seriedad del pecado: Isaac y su familia no son trigo limpio, Judas es un desgraciado mentiroso, Amán es un ser vil, y el tribunal romano que enjuicia a Pablo es corrupto. No obstante prevalece la soberanía de Dios, detrás del escenario, logrando gloria de lo más putrefacto, y honra de la vergüenza.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 26). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La parábola de la oveja y las cabras

La parábola de la oveja y las cabras

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25 ENERO

Génesis 26 | Mateo 25 | Ester 2 | Hechos 25

alimentemos_el_almaLa parábola de la oveja y las cabras (Mateo 25:31–46) llama nuestra atención sobre los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Tiene mucho que decirnos en un mundo donde los pobres, los desgraciados y los menos afortunados pueden verse descartados con tanta facilidad, situados en la periferia de nuestro campo de visión. Aquí, Jesús, el Hijo del Hombre y el Rey, proclama: “Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, por mí lo hicisteis” (Mateo 25:40; ver también v. 45). ¿No significa esto que, de alguna manera, cuando servimos a los desgraciados servimos a Cristo? ¿No significa que esta se convierte en una marea característica – incluso la marea distintiva – de los verdaderos seguidores de Jesucristo?

Así es como se suele interpretar esta parábola, y lejos de mí llevar la contraria, puesto que siempre es de vital importancia que los que conocen y siguen al Dios Viviente exhiban esta vida en Dios mediante la compasión, el servicio y la abnegación. No cabe duda de que el resto de las Escrituras tienen muchísimo que decir acerca de nuestro compromiso con los pobres.

Sin embargo, es poco probable que este sea el meollo de la cuestión en esta parábola. Otra antigua corriente interpretativa es mucho más plausible. Hay dos elementos en la parábola que esclarecen el asunto. En primer lugar, Jesús insiste en que lo que hacían las ovejas y lo que no hacían las cabras se hacía o no hacía “por uno de mis hermanos” (25:40; ver también el v. 45). Resulta abrumadora la evidencia de que esta expresión no abarca a todos los que sufren, sino a los seguidores de Jesús que sufrían. El énfasis no está en la compasión en sus dimensiones genéricas, por mucha importancia que se dé a esta en otras partes, sino en la compasión mostrada hacia los seguidores de Jesús que padecen hambre o sed, que estén desnudos, enfermos o en la cárcel.

En segundo lugar, tanto las ovejas como las cabras (25:37–41, 44) se sorprenden al pronunciar Jesús su veredicto en función de la manera como ellos han tratado a los más humildes de sus hermanos. Si Jesús estuviese refiriéndose a la compasión en términos generales, es difícil comprender por qué esto produciría sorpresa. Lo importante aquí es la identificación por parte de Jesús con los que han recibido (o no han recibido) ayuda – y esta es una característica recurrente y permanente de la religión bíblica. Por ejemplo, cuando Saulo persigue a los cristianos, persigue a Jesús (Hechos 9:4). Los verdaderos seguidores de Jesús harán todo lo que esté a su alcance para ayudar a otros seguidores de Jesús, especialmente a los más humildes y más despreciados entre ellos; otros no sentirán ninguna inclinación especial en este aspecto. He aquí lo que separa las ovejas de las cabras (25:32–33).

Entonces, ¿cómo tratas a otros creyentes, incluso a los más humildes?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 25). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mateo 24:42).

“Despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor

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24 ENERO

Génesis 25 | Mateo 24 | Ester 1 | Hechos 24

alimentemos_el_almaEn medio de tiempos tempestuosos, los cristianos han caído a menudo en la tentación de fijar fechas para el retorno de Jesús – en casi todos los casos, diciendo que esto ocurriría dentro de una generación a partir de la fecha de la predicción. En Mateo 24:36–44, sin embargo, Jesús insiste en que el tiempo de este acontecimiento queda oculto. No podemos conocerlo, y no deberíamos intentar conocerlo.

Para ser más preciso, el texto dice dos cosas:

En primer lugar, no sólo se trata de un secreto que el Padre se guarda para sí sólo, sino que cuando se produzca el juicio será repentino, inesperado e irrevocable. Esta es la verdad que Jesús señala al compararlo con la llegada repentina del Diluvio: “La venida del Hijo del hombre será como en tiempos de Noé” (24:37). El punto que quiere enfatizar no es que la gente de los últimos tiempos sea tan mala como la gente que vivía en los tiempos del Diluvio. Esto puede que sea, o no, así, pero no es lo que Jesús enseña aquí. “Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca” (24:38). El Diluvio les sorprendió y los destruyó por completo. “Así será en la venida del Hijo del hombre” (24:39). “Estarán dos hombres en el campo: uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo: una será llevada y la otra será dejada.” (24:40–41). El fin de los tiempos será repentino e inesperado.

En segundo lugar, es lógico (“Por lo tanto…” 24:42) que los sirvientes fieles estén siempre listos. Evidentemente, el propietario de una vivienda en un barrio problemático ignora cuándo llegará un ladrón. Pero toma tales precauciones que siempre está preparado. De lo que se trata aquí no es de que el retorno de Jesús al final de los tiempos sea encubierto – como la llegada de un ladrón-, sino, más bien de que aunque desconocemos cuándo se producirá, de lo que sí podemos estar seguros es de que se producirá, y su pueblo debe estar preparado de la misma manera que el propietario de la vivienda ha de estarlo para la llegada del ladrón (la cual también ocurre en un momento imprevisible). “Por eso también vosotros debéis estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis” (24:44).

¿Qué os gustaría estar haciendo, diciendo, pensando o planificando cuando Jesús vuelva? ¿Qué no os gustaría estar haciendo, diciendo, pensando o planificando? Jesús nos dice que siempre nos mantengamos “despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (24:42).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 24). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“sepulcros blanqueados”

sepulcros blanqueados

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23 ENERO

Génesis 24 | Mateo 23 | Nehemías 13 | Hechos 23

alimentemos_el_almaEl lenguaje de Mateo 23 es francamente chocante. Jesús pronuncia repetidamente sus “ayes” sobre los fariseos y maestros de la ley, tildándoles de “hipócritas”, llamándoles “guías ciegos” y “Ciegos insensatos”, comparándoles con “sepulcros blanqueados” que “Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre.” Les llama “Serpientes”, “camada de víboras”. ¿Qué es lo que provoca un lenguaje tan poco mesurado por parte del Señor Jesús?

Estas personas reúnen esencialmente tres características que despiertan la ira de Jesús.

En primer lugar está una pérdida de perspectiva, la cual, con respecto a la revelación de Dios, enfatiza lo trivial a expensas de lo que es realmente importante. Son fastidiosos en lo que se refiere al diezmo, hasta tal punto que llegan a apartar la décima parte de las hierbas que se cultivan en los huertos, mientras se quedan indiferentes ante las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad (23:23). Jesús aclara, por supuesto, que no resta importancia a los asuntos relativamente secundarios: sus interlocutores no deberían dejar de lado esto asuntos, puesto que se trata, al fin y al cabo, de prescripciones mandadas por Dios. No obstante, enfatizar estas cosas y al mismo tiempo no tomar en serio los temas de mayor peso es como “Coláis el mosquito pero os tragáis el camello.”. Asimismo, articular un cuerpo de reglas que enseñan cuando es importante decir la verdad y cuando podemos mentir con la conciencia tranquila (23:16–22) no sólo implica negar la importancia fundamental de la verdad, sino que implícitamente niegan que el universo entero pertenece a Dios, y que cada vez que asumimos una promesa, lo hacemos delante de él.

La segunda característica es su amor hacia las formas externas de la religión, con poca experiencia de una naturaleza transformada. Buscar el reconocimiento como gran líder religioso, que te honre toda la comunidad, que te consideren un santo, un modelo religioso, mientras en tu fuero interno estás consumido por la avaricia, la auto-complacencia, la amargura, la rivalidad y el odio es un mal profundo (23:5–12, 25–32).

La tercera acusación que les dirige es que, al desempeñar el papel de enseñadores, estos líderes difunden este veneno y contaminan a los demás, sea por precepto o por ejemplo. No sólo no entran ellos en el reino, sino que impiden la entrada a otros (23:13–15).

¿Cuántos líderes evangélicos hoy día invierten la mayor parte de sus fuerzas en asuntos periféricos, y muy pocas en las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad – en nuestras familias, nuestras iglesias, en el lugar de trabajo, en todas nuestras relaciones y en la nación. ¿A cuántos de entre nosotros nos importa más que nos consideren sabios y santos que ser sabios y santos? ¿Cuántos acaban así por traer la condenación a sus oidores, mediante su mal ejemplo y por su gradual alejamiento del evangelio y de todo lo que este conlleva?

Nuestra única esperanza reside en este Jesús que, aunque denuncia con tanta ferocidad esta escandalosa culpabilidad, también llora sobre la ciudad (Mateo 23:37–39; Lucas 19:44).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 23). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿cómo es su hijo?

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22 ENERO

Génesis 23 | Mateo 22 | Nehemías 12 | Hechos 22

alimentemos_el_almaLos versículos finales de Mateo 22 (Mateo 22:41–46) contienen uno de los más sorprendentes diálogos del conjunto de los Evangelios. Tras eludir hábilmente caer en la trampa de una serie de preguntas tendenciosas, planteadas más para su descrédito que por un genuino deseo de saber, Jesús reacciona ante sus oponentes haciendo él a su vez una pregunta: “¿Qué pensáis del Cristo?” “¿De quién es hijo?” (22:42). Algunos judíos creían que iba de hecho a haber dos Mesías: el de la línea de David (de la tribu de Judá) y otro de la tribu de Leví. No sorprende por tanto que los fariseos respondan acertadamente: “De David” (22:42). Pero es entonces cuando Jesús plantea la cuestión clave, que cae como una bomba: “¿Cómo pues David, en el Espíritu, le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (22:43–44).

Jesús estaba ahí citando el Salmo 110, designado por los escribas como salmo de David. De haber sido compuesto por un simple escriba de la Corte, al escribir “El SEÑOR dijo a mi Señor,” lo habría entendido como “El Señor [Dios] dijo a mi Señor [el Rey].” Y, de hecho, así es como lo han interpretado muchos teólogos de la escuela liberal, haciendo caso omiso de lo indicado en el rótulo. Pero, si en verdad fue David el autor del salmo, ese ‘mi Señor’ estaría obviamente apuntado a alguien distinto al autor. La explicación propuesta por muchos expertos en Biblia, tanto judíos como cristianos, durante siglos, es por tanto adecuada: David, “en el Espíritu” (22:43), habría escrito ahí un salmo oracular (esto es; un oráculo, o profecía, inspirado por el Espíritu), en referencia al futuro Mesías que habría de venir: “El SEÑOR [Dios] dijo a mi Señor [el Mesías].” El contenido del resto del salmo, lo establece por tanto como rey universal y verdadero y perfecto sacerdote.

En unos tiempos en los que las jerarquías familiares señalaban a los hijos como inferiores respecto al padre, Jesús hace patente la intención de sus palabras: “Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (22:45).

Las implicaciones son realmente impresionantes. El Mesías del linaje de David tendría que ser de la estirpe de David, separado por un milenio del propio David, pero aun así genuino heredero con derecho a ese trono. Por otra parte, además, iba a ser tan grandioso monarca que hasta el propio David tendría que dirigirse a él como “mi Señor”. Toda otra forma de entenderlo sería excesivamente limitada y reduccionista. Los textos relacionados del Antiguo Testamento apuntan en la dirección adecuada ya desde generaciones atrás. Pero eso no evita que vaya siempre a haber quien prefiera las simplificaciones del reduccionismo antes que las profundidades de la revelación del conjunto de la Biblia en su totalidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 22). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios”

El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios

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21 ENERO

Génesis 22 | Mateo 21 | Nehemías 11 | Hechos 21

alimentemos_el_almaLa fuerza dramática que se concentra en el relato de la prueba de la fe de Abraham cuando Dios le mandó sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22) es muy conocida. El carácter escueto de la narrativa nos conmueve profundamente. Cuando dice a su siervo: “El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a vosotros.”, ¿acaso creía Abraham que Dios resucitaría a su hijo de la muerte? ¿Esperaba que Dios interviniera de algún otro modo imprevisible? ¿Qué explicación le podría dar a Isaac al atarlo y estirarlo en el altar preparado para el sacrificio?

Un poco antes, cuando Isaac le pidió explicaciones por la falta de víctima, Abraham le supo contestar de manera magistral: “El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios” (22:8). No es legítimo deducir que aquí Abraham entreviese la cruz de Cristo. A juzgar por su disposición a llevar a cabo el sacrificio, incluso es dudoso que esperase que Dios proveyese un animal. Incluso podríamos pensar que se trata de una respuesta piadosa para su hijo hasta el momento en que la terrible verdad ya no pudiese esconderse. No obstante, en el marco de esta historia, Abraham dijo más de lo que él mismo pudiese saber al respecto. Dios sí proveyó un cordero, un sustituto para Isaac (22:13–14). De hecho, igual que algunas otras figuras bíblicas, Abraham dijo mucho más de lo que sabía: Dios suministraría no sólo un animal que sirviese de sustituto en este caso, sino que proveería el sustituto definitivo, el Cordero de Dios, quien, solo, llevaría sobre sí mismo nuestro pecado y haría que se cumplieran todos los magníficos propósitos de Dios para la redención y el juicio (Apocalipsis 4–5; 21:22).

El Señor provee” (22:14): hasta aquí Abraham lo podía comprender. Uno se puede imaginar cómo esta misma realidad habrá quedado muy grabada también en la mente de Isaac, y en la de sus herederos. Dios enlaza este episodio con la promesa de la alianza: la fe de Abraham le abre la puerta a una obediencia a Dios tan radical, que ni siquiera eleva a su propio hijo amado a una posición que pudiese estar comprometida. Luego, Dios le reitera la alianza: “que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia” (22:17–18). En esta ocasión, Dios jura por sí mismo (22:16), no porque fuese posible que mintiese, sino porque no hay nadie más grande cuyo nombre pudiese invocar, y porque el juramento serviría de ancla estabilizadora para la fe de Abraham y para la de todos aquellos que hubiesen de venir después de él (ver Hebreos 6:13–20).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 21). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Siervos de Cristo

Siervos de Cristo

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20 ENERO

Génesis 21 | Mateo 20 | Nehemías 10 | Hechos 20

alimentemos_el_almaEn el siglo XIX Lord Acton escribió que todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los padres fundadores de la República Estadounidense estarían de acuerdo. Esta es la razón por la cual construyeron un gobierno con un sistema de frenos y equilibrios – no querían que nadie tuviese un exceso de poder, porque sabían que tarde o temprano se corrompería. Fue también por este motivo que querían un sistema constitucional de votación democrática. No fue en absoluto porque confiasen en la sabiduría colectiva del pueblo – sus escritos demuestran que estaban algo preocupados ante la posible cesión de un exceso de poder al voto popular. Sin embargo, veían la necesidad de un mecanismo que permitiese apartar a alguien de su posición, y poner a otro en su lugar. De esta manera, ningún gobernador podría ir acumulando poderes: tarde o temprano, sería sustituido, sin derramamiento de sangre.

Jesús comprendía muy bien la naturaleza del poder en las jerarquías gubernamentales: “Como sabéis, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.” (Mateo 20:25). Tristemente, el poder eclesial puede ser igualmente corruptor. Por esta razón, Jesús plasma un paradigma radicalmente diferente: “Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre vosotros deberá ser vuestro servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás” (Mateo 20:26–27).

Es de una importancia crucial para la salud de la Iglesia que comprendamos bien estas palabras. Hay tres consideraciones que podrían esclarecer su significado.

En primer lugar, el modelo definitivo en este aspecto es el propio Señor Jesús, quien “no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (20:28). Este versículo no es solamente uno de los grandes textos acerca del carácter vicario de la expiación efectuada por Jesús al morir en la cruz (ver 20:17–19), sino que también insiste de manera muy poderosa en que la vida y la muerte de Jesús constituyen el listón del liderazgo cristiano.

En segundo lugar, convertirse en siervo de todos no implica que el líder cristiano deba volverse ni servil, ni tonto, ni ignorante, ni meramente “simpático” – ¡como si el liderazgo de Jesús reflejara esta clase de incompetencia!

En tercer lugar, lo que sí significa es que el líder cristiano debe ser profundamente abnegado a favor de las personas, mirando siempre este último ejemplo de autoabnegación de Cristo a favor de los demás. Por tanto, la iglesia no debe elevar a posiciones de liderazgo a personas que carezcan de este rasgo, por mucho que reúnan muchas de las cualidades propias de un líder. Para dirigir o para enseñar, por ejemplo, hay que tener el don de la enseñanza (Romanos 12:6–8). Sin embargo, también hay que estar profundamente comprometido con el principio de la abnegación a favor de los hermanos y hermanas en Cristo. Si no, uno queda forzosamente descalificado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 20). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿quién podrá salvarse?

¿quién podrá salvarse?

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19 ENERO

Génesis 20 | Mateo 19 | Nehemías 9 | Hechos 19

alimentemos_el_almaDespués de la entrevista que Jesús tuvo con el joven rico, dice a sus discípulos: “- Os aseguro – comentó Jesús a sus discípulos – que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.” (Mateo 19:23–24). Los discípulos, según se nos relata, “quedaron desconcertados”. Preguntaron: “En ese caso, ¿quién podrá salvarse?” (19:25).

Su pregunta delata mucho su manera de pensar. Es como si los discípulos creyeran que si alguien iba a ser salvo sería como este joven justo, recto y francamente rico que acababa de alejarse, cabizbajo y algo triste, de Jesús. Si no se salvaba ni este, ¿quién se salvaría entonces? Es posible que pensaran que sus riquezas eran prueba de que Dios le había bendecido, mientras que su carácter públicamente tan recto parecía confirmar esta idea.

Pero, de esta forma, lo que delatan es lo poco que habían comprendido la afirmación de Jesús. Quiso señalar con qué facilidad las riquezas se convierten en un sucedáneo de Dios. Es extraordinariamente difícil que alguien que esté apegado a las riquezas, especialmente las acumuladas a lo largo de los años y de las cuales uno se siente orgulloso, se acerque a Dios como un niño se le acercaría (19:13–15), y sencillamente pida ayuda y busque misericordia. Los discípulos están mirando estas cosas justamente al revés. Los bienes materiales son una bendición, según razonan, y proceden de Dios. Si alguien goza de muchos bienes, estas bendiciones tienen su origen en Dios. Por tanto, es más probable que se salve una persona con grandes bendiciones, que no una que cuente con menos.

Jesús no entra en un debate con ellos. Si comenzase a hablar en este momento sobre las probabilidades mayores o menores de que alguien se salve, supondría reconocer la legitimidad de la pregunta, la cual, de hecho, está muy mal planteada. No es así como hay que abordar esta cuestión. Tomemos, por ejemplo, el grupo que los discípulos consideran estar más cerca del reino. ¿Ellos se salvarán? “A base del esfuerzo humano, es imposible”, dice Jesús. Y esto significa, desde la perspectiva de los discípulos, que, si el colectivo más privilegiado no puede entrar, entonces no entrará nadie. Está clarísimo: “Para los hombres es imposible”.

Sin embargo, esta imposibilidad puede convertirse en realidad, puesto que servimos a un Dios que hace cosas que nosotros, los seres humanos nunca podríamos realizar. “¿quién podrá salvarse?”, “… mas para Dios todo es posible” (19:26). En esto estriba nuestra confianza: un Dios que se fija en los individuos más improbables, sean ricos o pobres, y escribe su ley en sus corazones. Aparte de la gracia de Dios, que interviene en nuestra condición, no hay esperanza para ninguno de nosotros.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 19). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

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18 ENERO

Génesis 19 | Mateo 18 | Nehemías 8 | Hechos 18

alimentemos_el_almaSi no vamos con cuidado, es muy fácil distorsionar una analogía. La razón es obvia. Cuando una cosa sirve de analogía para otra, inevitablemente habrá unos aspectos en los cuales ambas serán semejantes, y otros en los cuales serán muy diferentes. Si fueran paralelas en todos los aspectos, no se trataría de una relación análoga, sino de dos cosas idénticas. Que una relación análoga sea tan fructífera y reveladora estriba precisamente en que las dos en cuestión no sean idénticas. Pero ahí está justamente lo que hace que la analogía sea difícil de comprender.

Así que hay que tener esto en cuenta a la hora de interpretar la analogía que Jesús usa en Mateo 18:1–6. Cuando sus discípulos comienzan a discutir acerca de quién es el más grande en el reino de los cielos, Jesús llama a un niño pequeño e insiste en que, si ellos no cambian y son como niños pequeños, no “entraréis en el reino de los cielos” (18:3). De hecho, “el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (18:4). Recibir a un niño pequeño en nombre de Jesús es recibir a Jesús mismo (18:5); hacer que uno de estos pequeños tropiece es cometer un pecado tan serio, que habría sido mejor no haber nacido (18:6).

Es importante notar lo que no establece esta analogía. No hay ninguna indicación aquí de que los niños sean inocentes o libres de pecado, ni que su fe sea intrínsecamente pura; no encontramos aquí el espejismo sentimental de que los niños comprendan mejor la naturaleza de Dios que los adultos. La primera verdad a la que la analogía apunta se encuentra en el contexto de la discusión entre los discípulos. Mientras ellos se preocupan por quién será el más grande en el reino de los cielos, Jesús les llama la atención sobre aquellos miembros de la sociedad a quienes nadie consideraría “grandes”. Los niños son criaturas dependientes. No son ni fuertes ni sabios ni sofisticados. Son relativamente transparentes. Los adultos orgullosos, pues, se deben humillar a fin de acercarse a Dios como niños pequeños: sencillamente, con una dependencia natural y sincera, sin abrigar deseo alguno de ser el más grande.

Además, si como estos niños ponen su confianza en Jesús – sin pretensiones de ningún tipo y con una sencillez transparente –, aquellos que los corrompan y desvíen son patética y profundamente malévolos.

Aquí se nos ofrece entonces una imagen de la grandeza en el reino de los cielos que desmonta por completo todas nuestras pretensiones, desinfla nuestro orgullo y expone como vergonzosas nuestras aspiraciones egoístas. Si bien es cierto que no debemos sacar las conclusiones equivocadas de esta analogía, también lo es que hay muchísimas conclusiones correctas en las que debemos reflexionar y poner en práctica.

Quienes aspiran a lograr grandes cargos y grandes reputaciones en el liderazgo cristiano deben reflexionar prolongadamente en estas palabras: “Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 18). Barcelona: Publicaciones Andamio.