[El Señor] también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. (1 Corintios 1:8-9)
MARZO, 30
[El Señor] también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. (1 Corintios 1:8-9)
¿De qué estamos dependiendo para que nuestra fe dure hasta la venida de Jesús?
La pregunta a hacerse no es: ¿Creemos en la seguridad eterna? La pregunta es: ¿Cómo nos mantenemos seguros?
¿Acaso la perseverancia de nuestra fe descansa en la confiabilidad de nuestra propia determinación? ¿O descansa en la obra de Dios de «mantenernos confiando»?
Una maravillosa y grandiosa verdad de las Escrituras es que Dios es fiel y que sostendrá para siempre a aquellos a quien él ha llamado. ¡Nuestra confianza en que estamos eternamente seguros es una confianza en que Dios nos «mantendrá confiando»!
La certeza de la eternidad no es más grande que la certeza de que Dios nos mantendrá confiando ahora, y esa certeza es muy grande para todos aquellos a quien Dios ha llamado.
Por lo menos tres pasajes ponen juntos el llamado de Dios y el estar a su cuidado:
La fidelidad de Dios garantiza que él mantendrá a salvo a todos los que él ha llamado (ver también Romanos 8:30, Filipenses 1:6, 1 Pedro 1:5 y Judas 1:24).
MARZO, 29
El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)
Dios elimina el poder destructivo de cada sufrimiento. Debemos creer esto o no lograremos desarrollarnos, o quizás ni siquiera sobrevivir como cristianos, con las presiones y las tentaciones de la vida moderna.
Hay tanto sufrimiento, tantos contratiempos y desalientos, tantas controversias y presiones que yo no sé a dónde recurriría si no creyera que el Dios Todopoderoso está tomando todo contratiempo y todo desaliento y toda controversia y toda presión y todo sufrimiento para eliminar su poder destructivo, y hacer que obre para incrementar mi gozo en Dios.
El mundo es nuestro. La vida es nuestra. La muerte es nuestra. Dios reina de manera tan suprema a favor de sus elegidos, que todo lo que enfrentemos durante el transcurso de nuestra vida en obediencia y ministerio estará sometido a la mano poderosa de Dios, y estará al servicio de nuestra santidad y nuestro gozo eterno en Dios.
Dios está a nuestro favor; y si Dios es Dios, entonces es cierto que nada puede tener éxito en nuestra contra. El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, indefectiblemente y sin reservas nos concederá con Él todas las cosas todas las cosas, el mundo, la vida, la muerte y Dios mismo.
Romanos 8:32 es un amigo adorado. La promesa de la gracia de Dios para el futuro es incontenible, pero lo más importante es el fundamento. Este es el lugar para pararse en contra de todo obstáculo. ¡Dios no escatimó a su propio Hijo! ¿Cuánto más, entonces, no escatimará esfuerzo para concederme todo lo que Cristo compró al morir, es decir, todas las cosas, todo lo bueno?
¡Esto es tan seguro como la certeza de que Él amó a su Hijo!
MARZO, 28

Cuando todos nos abandonan
Devocional por John Piper
En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (2 Timoteo 4:16-18)
Esta mañana me detuve a pensar en esas magníficas palabras que le rompen el corazón a uno. Pablo estaba bajo custodia en Roma. Hasta donde sabemos, no lo soltaron. Su última carta termina de esta manera.
¡Consideren esto y queden atónitos!
Él fue abandonado. Un hombre mayor, un fiel servidor en una ciudad ajena, lejos de su casa, rodeado de enemigos y en peligro de muerte. ¿Por qué? Respuesta: Para poder escribir esta oración maravillosa a nuestras almas: ¡«Pero el Señor estuvo conmigo»!
¡Oh, cuánto amo esas palabras! Cuando los amigos más cercanos nos abandonan, ¿clamamos en contra de Dios? ¿Será que nuestro dios en realidad es la gente en nuestra vida? ¿O será que esta verdad gloriosa nos llena de coraje: «Estaré con ustedes hasta el fin del mundo»? ¿Se fortalece nuestro corazón con el juramento inexorable: «Nunca te dejaré ni te desampararé»?
Entonces digamos: «¡El Señor estuvo conmigo!».
Pregunta: ¿Cuál era la amenaza en el versículo 18? Respuesta: ¡Que Pablo no llegara a salvo al reino celestial del Señor! «El Señor me traerá a salvo a su reino celestial».
Pregunta: ¿De qué manera estaba en peligro el hecho de que Pablo alcanzara el reino celestial? Respuesta: «toda obra mala». «El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial».
Pregunta: ¿Cómo puede ser que una obra mala ponga en peligro el hecho de que Pablo alcance el reino celestial? Respuesta: al tentarlo a abandonar su lealtad a Cristo por medio de la desobediencia.
Pregunta: ¿Fue esta tentación de «la boca del león» de la que él fue librado? Respuesta: Sí. «Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar. Pero resistidle firmes en la fe».
Pregunta: ¿Entonces quién se lleva la gloria de que Pablo no cediera ante esta tentación sino que permaneciera en fe y obediencia hasta el final? Respuesta: «A Él [el Señor] sea la gloria por los siglos de los siglos».
La última pregunta: ¿Por qué? ¿No fue acaso Pablo quien se mantuvo firme? Respuesta: ¡«El Señor estuvo conmigo y me fortaleció»!
MARZO, 27

Diez resultados de la resurrección
Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. (1 Corintios 15:17)
He aquí diez cosas extraordinarias que tenemos gracias a la resurrección de Jesús:
1) Un salvador que no puede volver a morir nunca más: « sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir» (Romanos 6:9).
2) Arrepentimiento: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habíais matado colgándole en una cruz. A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel» (Hechos 5:30-31).
3) Un nuevo nacimiento: « según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1 Pedro 1:3).
4) Perdón de pecados: «Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:17).
5) El Espíritu Santo: «A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís» (Hechos 2:32-33).
6) Ninguna condenación para los escogidos: «¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios» (Romanos 8:34).
7) Una relación personal con Jesús y su protección: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).
8) Pruebas de juicio venidero: «Él [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos» (Hechos 17:31).
9) Salvación de la ira venidera de Dios: « y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10; Romanos 5:10).
10) Nuestra propia resurrección de entre los muertos: « sabiendo que aquel que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. (2 Corintios 4:14; Romanos 6:4; 8:11; 1 Corintios 6:14; 15:20).
MARZO, 26

Cómo deleitarse en la Palabra de Dios
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca. (Salmos 119:103)
Nunca hemos de reducir el cristianismo a un asunto de demandas, resoluciones y fuerza de voluntad. El asunto es qué es lo que amamos, qué es lo que nos da gozo, y qué es apetitoso para nosotros.
Cuando Jesús vino al mundo, la humanidad estaba dividida de acuerdo a lo que los hombres amaban: «La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz» (Juan 3:19). El justo y el malvado están separados por aquello en lo que se deleitan: la revelación de Dios o los caminos del mundo.
Alguien podría preguntarse: ¿Cómo puedo deleitarme en la Palabra de Dios? Mi respuesta sería dual:
Oremos por nuevas papilas gustativas en la lengua de nuestro corazón, y meditemos en las extraordinarias promesas de Dios para su pueblo.
El mismo salmista que dijo: «Cuán dulces son a mi paladar tus palabras» (119:103); dijo antes: «Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley» (119:18). Él oró, porque tener papilas gustativas santas en la lengua del corazón es un don de Dios. Ningún hombre tiene hambre por la sabiduría de Dios y se goza en ella de manera natural.
Pero cuando hayamos orado, incluso mientras oramos, meditemos en los beneficios que Dios promete a su pueblo y en el gozo de tener al Dios Todopoderoso como nuestro ayudador ahora y como esperanza para siempre.
¿A quién no le gustaría leer un libro cuya lectura lo cambiara de ser paja a ser un cedro del Líbano, o de ser el efecto dust bowl (cuenca de polvo) en Texas a ser un huerto de árboles frutales en Hawái? En el fondo, ninguno de nosotros quiere ser paja sin raíces, sin peso, inútil. Todos nosotros queremos tomar fuerzas del río profundo de la realidad y convertirnos en personas útiles y productivas.
Ese río de la realidad es la Palabra de Dios, y los grandes santos se han hecho grandes por ella.
MARZO, 25

Satisfechos para siempre
Devocional por John Piper
Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. (Juan 6:35)
Este pasaje señala el hecho de que creer en Jesús es alimentarse y beber de todo lo que Jesús es. Abarca tanto como decir que la sed de nuestra alma se satisface con Jesús, de manera que no tenemos más sed.
Él es el fin de nuestra búsqueda de satisfacción.
Cuando confiamos en Jesús de la manera en que Juan quiere que lo hagamos, la presencia y la promesa de Jesús nos satisfacen tanto que ya no estamos dominados por la atracción de los placeres del pecado (ver Romanos 6:14). Esto explica por qué ese tipo de fe en Jesús anula el poder del pecado y hace posible la obediencia.
Juan 4:14 señala en la misma dirección: «pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna». De acuerdo con Juan 6:35, la fe que salva de la que se habla acá es como beber del agua que satisface los deseos más profundos del alma.
Ocurre lo mismo en Juan 7:37-38: «Jesús, puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’».
A través de la fe, Cristo se convierte en una fuente inagotable de vida dentro de nosotros que nos satisface para siempre y que nos guía al cielo. Esto lo hace enviándonos su Espíritu (Juan 7:38-39).
MARZO, 24

El ministerio y el temor al hombre
Devocional por John Piper
No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte declara el Señor. (Jeremías 1:8)
Un gran obstáculo para servir al Señor, especialmente en los jóvenes, es el temor al rechazo y a la oposición.
Muchos pensamientos me vienen a la mente acerca del hecho que a algunas personas pueda no gustarles la manera en que yo procedo. Puede ser que la gente esté en desacuerdo o que se ofenda. Puedo cometer un error y ser criticado.
El temor al hombre es un gran impedimento para el ministerio.
Por eso Dios dice: «No teman porque yo estaré con ustedes y yo los liberaré». La presencia de Dios y su aprobación son de más valor que todas las acoladas del hombre. Y Dios dice que en nuestros problemas y a través de ellos: «Yo los liberaré. Triunfarán al final. Serán más que vencedores».
Y lo mismo se nos promete en Cristo Jesús hoy día:
Dios le dijo a Jeremías, y le dice a los jóvenes a quienes él ha llamado a servirlo hoy: «No digan “Soy solo un joven”». ¿Por qué?
Porque el mismo Dios estará con ustedes para librarlos de todas las dificultades.
MARZO, 23

La ignorancia garantiza la impiedad
Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. (2 Pedro 1:3)
Estoy maravillado del poder que la Biblia otorga al conocimiento.
Consideremos 2 Pedro 1:3: «su divino poder [de Dios] nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia».
Literalmente, todo el poder disponible de Dios para vivir y ser piadosos viene a través del conocimiento. ¡Increíble! ¡Qué gran valor deberíamos darle a la doctrina y a la instrucción de las Escrituras! La vida y a la piedad están en juego.
No es que el saber garantice una vida piadosa. No lo hace; pero parece ser que la ignorancia garantiza la impiedad, porque Pedro dice que el poder divino que lleva a la piedad es otorgado a través del conocimiento de Dios.
He aquí tres implicancias, una advertencia y una promesa:
1. ¡Leamos, leamos, y leamos! Pero cuidado con perder el tiempo con doctrinas espumosas. Leamos libros ricos en doctrina acerca de «aquel que nos llamó para su gloria y excelencia».
2. ¡Meditemos y meditemos! Vayamos más despacio. Tomemos el tiempo para pensar en la Biblia. Hagamos preguntas. Escribamos un diario. Permitamos ser turbados humildemente por cosas confusas. Las percepciones más profundas vienen al tratar de ver la raíz que une las dos ramas aparentemente antagónicas.
3. Discutamos y discutamos. Seamos parte de un grupo pequeño al que le importe mucho la verdad. Que no sea un grupo al que simplemente le guste hablar y plantear problemas, sino un grupo que crea que hay respuestas bíblicas a problemas bíblicos.
Una advertencia: «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento» (Oseas 4:6). «Tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento» (Romanos 10:2).
Una promesa: «Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor, porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos. Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados» (Hebreos 8:11-12).
MARZO, 22

La tienda de golosinas de Satanás
Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado. (1 Pedro 4:1)
Al principio, esto confunde. ¿Acaso Cristo tuvo que dejar de pecar? ¡No! «El cual no cometió pecado» (1 Pedro 2:22).
Luego hace clic. Cuando nos armarnos del pensamiento de que Cristo sufrió por nosotros, nos damos cuenta de que nosotros morimos con él. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia» (1 Pedro 2:24). Cuando morimos con él, dejamos de pecar.
Es precisamente lo que dice Romanos 6: « sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6:6-7, 11).
Pedro dice: «vosotros también armaos del mismo pensamiento».
Pablo dice: «consideraos muertos».
El arma para nuestras vacaciones es un pensamiento, una consideración.
Cuando la tentación de Satanás venga tentación de lujuriar, robar, mentir, codiciar, envidiar, tomar represalias, apocar, temer armémonos de este pensamiento: Cuando mi Señor sufrió y murió para liberarme del pecado, ¡morí al pecado!
Cuando Satanás nos diga, ¿Por qué te niegas el placer de la lujuria? ¿Por qué lidiar con embrollos cuando lo puedes evitar mintiendo? ¿Por qué no seguir adelante con el lujo inofensivo que tanto codicias? ¿Por qué no buscar justicia devolviendo el mismo mal que recibiste?
Respondámosle: El Hijo de Dios sufrió (¡verdaderamente sufrió!) para liberarme del pecado. No puedo creer que él haya sufrido para hacerme miserable. Por lo tanto, lo que compró al morir debe ser mucho mejor que los placeres del pecado. Como yo confío en él, mi susceptibilidad a tus seducciones se ha marchitado y muerto.
¡Atrás, Satanás! Mi boca ya no babea cuando paso por tu tienda de golosinas.
Marzo, 21

Devocional por John Piper
El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)
La promesa de mayor alcance sobre la gracia venidera se encuentra en Romanos 8:32. Para mí, este es el versículo más precioso de la Biblia. Parte de la razón es que la promesa es tan vasta, que está presente para ayudarme en prácticamente cada paso de mi vida y ministerio. Nunca ha habido, ni habrá, una circunstancia en mi vida donde esta promesa sea irrelevante.
Por sí sola, esta promesa tan extensa probablemente no haría que este versículo fuera tan valioso. Hay otras promesas de gran amplitud, como Salmos 84:11: «nada bueno niega [Dios] a los que andan en integridad»; y 1 Corintios 3:21-23: « todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios». Es difícil exagerar la espectacular extensión y alcance de estas promesas.
Pero lo que sitúa a Romanos 8:32 en una categoría única es la lógica que eleva la promesa y hace que sea tan sólida e inamovible como lo es el amor de Dios por su Hijo infinitamente admirable.
Romanos 8:32 contiene un fundamento y una garantía tan fuertes, tan sólidos y tan seguros, que no existe en lo absoluto la posibilidad de que la promesa pudiera ser quebrantada alguna vez. Esto es lo que hace que sea una fortaleza siempre presente en momentos de gran confusión. Sin importar qué ocurra, qué nos decepcione, o qué falle, esta promesa tan extensa de gracia para el futuro nunca puede fallar.
«El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ». Si esto es verdad, dice la lógica del cielo, ¡entonces Dios ciertamente dará todas las cosas a aquellos por quienes él dio a su Hijo!
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