El silencio de Dios

Martes 22 Febrero

Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.

Salmo 4:1

Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Salmo 40:1

El silencio de Dios

Muchos cristianos han pensado, una u otra vez, que sus oraciones parecían chocar contra el silencio de Dios. ¿Cómo vivir esos silencios, esa aparente falta de respuesta a nuestras oraciones? Con respecto a esto, los autores de los salmos son un ejemplo para nosotros. No se dieron por vencidos; al contrario, sus oraciones se volvieron más intensas. Lo que esperaban no era tanto una palabra audible, sino una respuesta visible a través de la intervención de Dios en su vida.

Este aparente silencio de Dios nos enseña a hacer la diferencia entre nuestros pensamientos y los del Señor. Dios dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

El silencio de Dios nos conduce a tomar un lugar más apropiado ante él, con confianza, para alcanzar su liberación sin desesperarnos, pues sabemos que nos ama. Él responderá en el momento oportuno y de la mejor manera. Esta espera no debería alejarnos de su presencia, sino todo lo contrario. David, autor de varios salmos, dijo: “En el día del mal” Dios “me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto” (Salmo 27:5). En otro salmo Asaf, con el alma atormentada, comprendió la voluntad de Dios viniendo simplemente a su presencia (Salmo 73:17).

Dios no permanecerá siempre en silencio. En el momento que él decida, responderá, liberará y salvará.

“Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:3).

Éxodo 6 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

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La Biblia habla de usted y de mí (3)

Lunes 21 Febrero

Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu… ¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo… ? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias… Esto también es vanidad.

Eclesiastés 1:142:22-23

La Biblia habla de usted y de mí (3)

No todo el mundo tiene el privilegio de tener un trabajo. Pero todo el mundo sabe que, incluso sin trabajo, uno puede verse atrapado en una actividad al punto de sacrificar su tiempo y su energía por ella.

En este libro de la Biblia, llamado Eclesiastés, hallamos ecos del sentimiento amargo que uno puede experimentar cuando da todo por una ocupación: trabajo, ocio, distracciones, etc. Finalmente, ¿de qué sirve? Me canso, me aferro a lo que hago… sin darme cuenta de que el tiempo pasa, de que la vida pasa. Entonces llego a esta conclusión: cuando pasamos la vida perdiendo el tiempo, también perdemos la vida…

Continuando la lectura del Eclesiastés, hallé esta advertencia: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia… pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (cap. 11:9). Como Dios nos da tiempo, tendremos que rendirle cuentas. Nos preguntará cómo hemos empleado ese tiempo: ¿para nuestros intereses personales, o para agradarle?

Pero, ¿puede usted agradarle? Cada uno de sus pecados merece el juicio. ¿Cómo puede escapar a ese juicio? Crea en el Señor Jesucristo y será salvo. Dios le dará la fuerza para agradarle, para servirle.

En este libro también encontramos una exhortación a no perder nuestro tiempo, a aprovechar esas ocasiones que Dios nos ofrece para servirle: “Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano” (cap. 11:6).

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 5 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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Un Dios de amor cercano a mí

Domingo 20 Febrero

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá.

Salmo 27:10

El Padre mismo (Dios) os ama.

Juan 16:27

Un Dios de amor cercano a mí

“Tenía 20 años. Amaba a mis padres y los respetaba, pero ellos querían casarme a la fuerza. Deseaban un futuro feliz para mí, pero yo no aceptaba su manera de controlarme. Guardaba toda esa molestia dentro de mí, pues no podía explicarles nada. Mi padre era frío y muy autoritario. Yo recitaba la oración musulmana cuando tenía dificultades y me refugiaba en ella. Dios me parecía inaccesible, incluso si sabía que estaba presente. Para mí la oración tenía un poder mágico. Dios tenía el rol de un protector, pero eso era todo.

Entonces hui de casa y fui a trabajar en París; mis padres me rechazaron. Estaba desesperada, ya no quería seguir viviendo. Fue en ese momento cuando me puse nuevamente en contacto con un amigo, quien me habló de Jesús y de un Dios de amor que me conocía y me comprendía. Él se había convertido al cristianismo durante el tiempo en que nos habíamos distanciado.

Entonces me contó lo que Dios había hecho en su vida. Y era verdad, pues yo sabía cómo era mi amigo antes. Estaba transformado, radiante, transmitía paz. El Dios del que me hablaba, ¿podría ayudarme? Para mí, Dios estaba lejos. Nunca me habían hablado de un Dios de amor que pudiese acercarse a mí como un amigo.

¡Qué cambio cuando me convertí y pasé a ser una cristiana! Por medio de Jesucristo, mi Salvador, descubrí a un Dios que me escuchaba y me hablaba, un Dios al que podía orar como a un Padre. ¡Sí, Dios me comprendía! Entonces empecé una nueva vida”.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).

Djamila

Éxodo 4 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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Isaías y Simón Pedro

Sábado 19 Febrero

Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Isaías y Simón Pedro

 – El profeta Isaías tuvo una visión: vio al Señor sentado en un trono en el templo de Dios. Los ángeles, con gran respeto, proclamaban su santidad y su majestad: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3). Entonces Isaías reconoció que era pecador y exclamó: “¡Ay de mí! que soy muerto” (v. 1-7).

 – Simón Pedro, el discípulo, había pescado toda la noche sin éxito, pero Jesús lo invitó a echar otra vez sus redes en pleno día. “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía” (Lucas 5:4-6). Simón obedeció, y los peces vinieron. Entonces se echó a los pies de Jesús y exclamó: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (v. 8). Estas dos escenas presentan grandes similitudes.

La santidad y la majestad de Dios llevaron a Isaías a tomar conciencia de que estaba perdido. El poder de Jesús condujo a Simón a declarar que era pecador.

Esto confirma lo que atestigua toda la Biblia: Jehová, el Señor, quien llena el templo de su gloria, y Jesús, el compañero de modestos pescadores de Galilea, son la misma persona. ¡Jesús y el Jehová del Antiguo Testamento son uno! El evangelista Juan declara que Isaías vio la gloria de Jesús (Juan 12:41).

En presencia de Jesús, Simón exclamó: “Apártate de mí…”, ¡sin embargo se acercó a él y se echó a sus pies! Entonces Jesús le dijo: “No temas”. Jesús no vino para asustarnos con su divina grandeza, ni para condenarnos. Él trajo “la gracia y la verdad” (Juan 1:17).

Éxodo 3 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

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El cartel indicador

Jueves 17 Febrero

Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta.

2 Timoteo 4:2

Id, y haced discípulos a todas las naciones.

Mateo 28:19

El cartel indicador

Un día de mercado, como todos los sábados por la mañana, un hombre estaba en su puesto de literatura cristiana, entre un apicultor y un vendedor de frutas y verduras. Su puesto era muy pequeño: una mesa con algunas Biblias y varios ejemplares del Nuevo Testamento. La gente pasaba… Unos saludaban discretamente y sonreían, otros caminaban rápidamente frente al puesto, o incluso miraban hacia otro lado.

Alguien se acercó y le dijo: -Señor, usted viene a este lugar con sus libros desde hace ocho años, sin importarle el tiempo que haga, pero no veo que venda mucho. ¿Funciona lo que hace?

 – Amigo, ¿usted le preguntaría a un cartel si funciona bien? ¿Cuál es la función de un cartel indicador? Es indicarnos una dirección, ¿no? ¡Pues esa es mi labor aquí! Muestro una dirección al mundo que va cada vez más rápido, que va camino a la perdición. Este libro es un Nuevo Testamento, la segunda parte de la Biblia. Las cuatro primeras partes de este Nuevo Testamento son los cuatro evangelios. Cada uno presenta la vida de Cristo. ¿Sabe cómo murió Cristo?

 – ¡Sí, fue crucificado!

 – Pues mi misión es presentarle a Cristo. Su cruz divide a la humanidad en dos grupos: los que creen que Jesús expió sus pecados en la cruz, y los que no creen y están perdidos porque no quieren aceptar el perdón de Dios. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Tome este Nuevo Testamento y lea el relato de la crucifixión. Allí verá que el único justo murió por nosotros, los injustos.

Éxodo 1 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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Diferentes reacciones ante la disciplina

Miércoles 16 Febrero

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él… Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:511

Diferentes reacciones ante la disciplina

La palabra disciplina hace referencia a la educación, a los cuidados formadores de los padres hacia sus hijos. Si Dios nos disciplina es precisamente porque somos sus hijos. Para ayudarnos a crecer en la fe, él nos hace pasar por diferentes situaciones, que a veces pueden ser difíciles. ¿Cómo reaccionamos?

Hay tres reacciones posibles ante la disciplina:

 – Despreciarla, es decir, no darle importancia y pensar que lo que sucedió fue debido al azar. Entonces no aprovechamos esta disciplina, aunque nos haga sufrir. Es como si no tomásemos posesión de algo que pagamos caro.

 – Desanimarnos: en lugar de ver que Dios desea actuar en nosotros, empezamos a dudar de su amor. Pero Dios no permite una prueba que esté por encima de nuestras fuerzas (1 Corintios 10:13). Si los padres terrenales sensatos saben cómo disciplinar a sus hijos, nuestro Padre celestial sabe hacerlo mucho mejor (Hebreos 12:9-10).

 – Aceptar la prueba es la buena reacción; así la disciplina puede sernos útil. Entonces escucharemos más al Señor. Por medio de ella, muy a menudo, Dios prueba nuestra confianza en él, para afirmarla. También quiere ayudarnos a identificar nuestras faltas, nuestros pasos en falso y su origen. Dejemos que Dios nos pruebe (Salmo 139:23) y nos purifique. Así descubriremos que la disciplina de Dios “da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”.

Génesis 50 – Hechos 1 – Salmo 22:25-31 – Proverbios 9:13-18

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La conversión de Hudson Taylor

Martes 15 Febrero

(Ana, la madre de Samuel, dijo:) Por este niño oraba, y el Señor me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también al Señor; todos los días que viva, será del Señor.

1 Samuel 1:27-28

La conversión de Hudson Taylor

Hudson Taylor, misionero en China, contó lo siguiente: “Un día que nunca lo olvidaré, cuando tenía quince años y mi madre estaba a 130 km del lugar donde yo me encontraba, empecé a buscar en la biblioteca… un libro para pasar el tiempo… Escogí un tratado de evangelización porque pensaba que tendría una historia interesante y una moraleja. Leeré la historia, me dije, y dejaré la moraleja… Me senté y empecé la lectura, indiferente a toda idea religiosa…

No tenía idea de lo que sucedía en ese mismo momento en el corazón de mi madre. Esa misma tarde dejó la mesa del comedor con un deseo intenso de que su hijo se convirtiera al Señor. Fue a su habitación, cerró la puerta con llave, y decidió no salir hasta que su oración fuese respondida. Hora tras hora intercedió por mí hasta que al fin… el Espíritu Santo le dio la seguridad de que la conversión de su único hijo se había producido.

Durante ese tiempo yo estaba ocupado en leer mi tratado. Pronto me sorprendió una expresión: “la obra cumplida de Cristo”… Si la obra… estaba cumplida… ¿qué me quedaba por hacer?… Al instante la luz resplandeció en mi corazón por el Espíritu Santo, y recibí la gozosa convicción de que ya no tenía que hacer nada, sino caer de rodillas y aceptar a ese Salvador y su amor, y alabar a Dios para siempre. Mientras mi madre daba gracias a Dios, yo hacía lo mismo en la biblioteca a donde me había retirado para leer mi tratado”.

Génesis 49 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

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La Biblia habla de usted y de mí (2)

Lunes 14 Febrero

Alégrate con la mujer de tu juventud… Y en su amor recréate siempre.

Proverbios 5:18-19

Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque el Señor… aborrece el repudio.

Malaquías 2:1516

La Biblia habla de usted y de mí (2)

En general, el sueño de toda persona es encontrar el gran amor y conservarlo. La Biblia, de manera ilustrada, consagra todo un libro a este tema: El Cantar de los Cantares, escrito por Salomón.

¿Es una utopía buscar un amor que no sea pasajero, sino que dure toda la vida? ¿Un amor que crezca y madure con los años en la vida de pareja?

Esta visión del amor entre un hombre y una mujer es la visión bíblica del matrimonio. ¡Y la Biblia afirma que es posible! No queremos causar pena a quienes no lo han experimentado, sino justificar a Dios quien creó ese vínculo del matrimonio para la verdadera felicidad de la pareja. El amor del que habla la Biblia nunca induce a la infidelidad, cuyo resultado es tristeza y desdicha. El amor conyugal no solo se basa en los sentimientos. Debemos contar con Dios, quien instituyó el matrimonio para el bien de sus criaturas. Si esperamos en él, Dios renovará y cultivará ese amor. Dicho de otro modo, orémosle con confianza y leamos juntos su Palabra.

Cristo nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros. Cada marido es invitado a hacer lo mismo con su esposa: amarla como a sí mismo (Efesios 5:25-29). Esforcémonos, sea cual fuere nuestra situación actual, en tomar la Biblia al pie de la letra y volver a sus enseñanzas, confiados en Dios para que nos ayude.

(continuará el próximo lunes)

Génesis 48 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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Perder lo principal

Domingo 13 Febrero

¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Mateo 16:26

Perder lo principal

Leer Lucas 12:16-21

Jesús contó esta parábola a la multitud:

 – “La heredad de un hombre rico había producido mucho”.

Quizá disfrutemos de la prosperidad material. Podemos, por supuesto, atribuirla a nuestras capacidades y a nuestros esfuerzos, pero no olvidemos que también está ligada a la bondad de Dios.

 – “Él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?… derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes”.

En lugar de dar gracias a Dios por su bondad, hizo proyectos para desarrollar sus negocios. ¡Su materialismo le hizo olvidar lo principal!

 – “Diré a mi alma… muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate”.

El único objetivo de su vida era disfrutar de todo lo que sus riquezas podían ofrecerle. Pensaba vivir aún mucho tiempo, pero olvidaba que el futuro no le pertenecía.

 – “Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”. ¡Necio! Esta es la apreciación de Dios. Su vida, exitosa materialmente, era un fracaso. Su locura materialista le impidió crear una relación vital con Dios.

Jesús concluyó: “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Vayamos a él para conocer “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Génesis 47 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

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Oración en la nieve

Sábado 12 Febrero

(Jesús dijo:) Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará… pedid, y recibiréis.

Juan 16:23-24

Oración en la nieve

La nieve había caído por montones, aislando la casa del mundo exterior. La madre había enviado a sus dos hijos al pueblo, ubicado a varios kilómetros, a comprar lo necesario para comer. En la vía principal, limpiada por la máquina quitanieves, un camión se detuvo y el conductor ofreció a los niños llevarlos hasta el pueblo. Al dejarlos, les dijo:

 – Si dentro de veinte minutos están en este cruce, los llevaré de regreso, pues tengo que volver a pasar por aquí.

Después de hacer las compras los niños se dirigieron al lugar señalado, pero al pasar cerca de una sala de reuniones cristianas, escucharon cantar himnos.

 – Es una reunión, entremos, dijo el mayor.

 – Sí, pero vamos a perder el camión.

 – Pues oremos para que otra persona nos lleve de regreso.

Y allí, en la nieve, los niños oraron en voz alta; luego fueron a la reunión. Al salir pasaron por el cruce señalado y, de repente, un camión, el mismo camión, se detuvo.

 – Disculpen, niños, tuve un contratiempo de una hora, dijo el chófer; y los llevó cerca a su casa.

No dudemos en orar al Señor Jesús cuando tenemos una dificultad. Él sabe qué necesitamos, en los mínimos detalles, y sus recursos son inmensos. Confiemos en él, pues nos ama, y a menudo responde más allá de lo que nos atrevemos a pedirle.

“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido” (Salmo 25:3).

“Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él” (Salmo 34:8).

Génesis 46 – Mateo 26:47-75 – Salmo 22:6-11 – Proverbios 8:32-36

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