Confiemos en Dios

Viernes 22 Febrero

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré.

Isaías 41:10

Confiemos en Dios

Los períodos más difíciles de la vida cristiana son quizá los tiempos de espera. Hay “valles” donde nos encontramos entre el temor y la esperanza, o entre la angustia y el socorro. No obstante, es en esos tiempos de crisis cuando la fe puede adquirir su verdadera madurez. Aprendamos a permanecer tranquilos, esperando en Dios (Salmo 37:7). A menudo solo vemos el giro de las circunstancias de la vida, en lugar de dirigir inmediatamente nuestras miradas hacia Él.

Muchas personas viven confiadas en el mundo. Se acostumbran a la comodidad, olvidando que todo proviene de Dios, y que las riquezas son inciertas. Cuando las cosas visibles sobre las cuales nos apoyamos comienzan a tambalear, nos desesperamos. El único fundamento firme, el único refugio, es la fidelidad de Dios, Dios mismo. “Mi refugio eres tú en el día malo” (Jeremías 17:17).

Los pensamientos de Dios hacia nosotros no son negativos, son pensamientos de paz. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). Cuando creemos esto, podemos contar con Dios. Él quiere conducirnos hasta el fin con bondad. Abandonemos toda confianza en nosotros mismos. Dios, ¿no es nuestro Dios? Nuestra espera y nuestra confianza en él serán más eficaces que todo apoyo humano.

¡Cuán bueno es esperar la liberación del Señor!

“Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría” (Daniel 2:20).

2 Samuel 15 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

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Promesas de Jesús para los suyos

Jueves 21 Febrero

El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 14:26

Promesas de Jesús para los suyos

Leer el evangelio según Juan 14:15-31

Jesús iba a dejar a sus amados discípulos, pero no quedarían huérfanos. La primera promesa que les hizo fue que les enviaría una Persona divina para consolarlos, sostenerlos y ayudarlos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). El Espíritu Santo no solo estaría con los creyentes, sino en ellos, para instruirlos: “El Espíritu Santo… os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (v. 26). El Señor lo llama “otro Consolador”, porque él mismo sigue siendo el Consolador celestial, el Abogado que está junto al Padre (1 Juan 2:1).

Jesús hizo tres promesas más a los suyos: la vida nueva, que fluye de la suya (Juan 14:19); una cercanía particular en el amor del Hijo y del Padre, para quien muestre su afecto guardando sus mandamientos (v. 21, 23); y finalmente la paz, su propia paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (v. 27). ¡Cuán real es que él no la da “como el mundo la da”! El mundo ofrece poco y toma mucho, distrae y aturde la conciencia. Actúa como un tranquilizante engañando momentáneamente las inquietudes y los tormentos del alma. Pero esto es solo una paz ilusoria. La paz que Jesús da satisface el corazón, y es eterna.

Finalmente, el Señor dio a entender a sus discípulos que si tenían verdadero amor por él, no debían tratar de retenerlo egoístamente en la tierra, sino regocijarse con su gozo (v. 28).

Extracto de «Cada día las Escrituras»

2 Samuel 14 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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El Evangelio entre los indígenas

Miércoles 20 Febrero

El evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

El Evangelio entre los indígenas

El joven misionero David Brainerd (1718-1747), yendo a una aldea indígena, se detuvo en un bosque para pasar la noche. Antes de acostarse oró fervientemente, sin darse cuenta de que algunos aldeanos lo habían seguido. En ese momento espiaban detrás de los árboles la misteriosa escena del «rostro pálido» que imploraba a Dios. Habían decidido matarlo, pues pensaban que los blancos emborrachaban a los indios para robarles sus pertenencias. Sin embargo, después de haber visto al misionero postrado en tierra, dirigiéndose al «Gran Espíritu», se retiraron discretamente.

Al día siguiente el joven, ignorando lo que había sucedido la noche anterior, siguió su camino y tuvo una inesperada recepción en la aldea. Los indígenas rodearon al misionero, quien les leyó el capítulo 53 de Isaías. Más tarde él escribió: «Muchos se emocionaron, y cuando les hablé de la salvación de sus almas, comenzaron a sollozar. Me escucharon atentamente hasta el fin. Les hablé del amor y de la compasión de Dios, quien envió a su propio Hijo para morir por los pecados de los hombres. Para mí fue una sorpresa ver cómo sus corazones parecían traspasados por el Evangelio».

Aún hoy el Evangelio del amor de Dios es anunciado. Con frecuencia la vida de los cristianos es el testimonio más poderoso. Aquí vemos cuán provechosa fue la actitud de oración del misionero para que todo el pueblo prestara atención al Evangelio. Y nosotros, ¿sabemos orar con la misma convicción?

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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¿Hábil o experto?

Martes 19 Febrero

Ninguno… podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás).

Salmo 49:7-8

¿Hábil o experto?

Hay personas habilidosas a quienes les gusta reparar las cosas que se les averían. Sin embargo, a veces se empeñan en intentarlo durante horas, pero sin éxito. Finalmente deben recurrir a expertos en la materia.

Nuestra situación en el plano moral es análoga. Tratamos de reparar, pero nuestros esfuerzos son inútiles, y a menudo caemos en las mismas cosas. En cuanto a quitar nuestra culpa, somos totalmente incapaces de hacerlo. Fácilmente nos convencemos de que el pecado no es tan terrible, y que podemos eliminarlo con «remiendos»: recubriendo el óxido con una capa de pintura, ¡todo brilla otra vez como antes!

¡Qué error! La solución es ir directamente al experto, volvernos hacia nuestro Creador. ¿Quién mejor que él conoce nuestra vida y sus secretos más íntimos? “El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios 4:5). ¿Y quién, sino él, puede reparar todo?

Dios mismo nos invita a volvernos a él: “Mirad a mí, y sed salvos” (Isaías 45:22). Él nos ofrece, por la fe en Jesucristo, el perdón de nuestros pecados y una vida nueva.

No tratemos de reparar nuestra alma. Si vamos a Jesús sin rodeos, nos evitaremos muchas penas y decepciones. Vayamos pues a Aquel que dijo: “Venid luego… y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

2 Samuel 12 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

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Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

Lunes 18 Febrero

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Mateo 5:6

(El Señor) me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Salmo 23:3

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (4)

No se trata de un vago deseo, sino de una necesidad imperiosa y vital como el hambre y la sed. Sentimos rápidamente el hambre o la sed cuando no nos alimentamos. Pero, ¿sentimos de igual manera la necesidad de justicia? Esta no se limita a las relaciones justas y equitativas entre los hombres, por más importantes que sean. Evoca primero la justicia de Dios.

¿Cómo podemos obtener esta justicia de Dios? No queriendo justificarnos nosotros mismos, sino tomando consciencia de nuestra incapacidad de ser justos por nuestros propios esfuerzos. Entonces descubriremos que “Dios es el que justifica” (Romanos 8:33). Su justicia no es algo que él nos pida, es un don que nos hizo, un regalo gratuito de su gracia (Romanos 3:24), recibido por la fe en el Señor Jesucristo. La justicia de Dios no nos condena; ella nos hace vivir, nos libera, nos da la paz, nos pone ante su gracia (Romanos 5:2).

Esta justicia de la que estamos revestidos por Dios aleja todo sentimiento de culpa. Entonces Dios produce en nosotros un hambre y una sed de justicia concreta, vivida en nuestras diversas relaciones. Sed de hacer su voluntad en nuestra vida diaria, sed de dar a cada uno lo que le corresponde, sed de santidad para uno mismo. Sed de justicia respecto a Dios obedeciendo su Palabra. Cuando estas aspiraciones profundas reinan en nuestra vida, somos bienaventurados, “saciados” en la fe, el amor, la paz y la esperanza.

(continuará el próximo lunes)

2 Samuel 11 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

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La presencia del Señor

Domingo 17 Febrero

En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.

Éxodo 20:24

(Jesús dijo:) Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18:20

La presencia del Señor

¿Cuál es el objetivo de los cristianos cuando se reúnen? Adorar a Dios, alabar, orar, leer juntos la Biblia, encontrarse con los hermanos y hermanas en la fe… ¡por supuesto! Pero, sobre todo, estar con el Señor. La presencia del Señor es uno de los grandes beneficios de las reuniones cristianas.

El Señor Jesús es invisible, sin embargo está allí según su promesa. Su presencia es espiritual, pero efectiva y real para la fe, como cuando se presentó en medio de los suyos el domingo de su resurrección. “Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Juan 20:19).

Jesús hizo esta promesa a quienes se reunirían en torno a él, en su honor. El Espíritu Santo también está allí obrando. Comunica lo que viene de Dios, y nos presenta todas las virtudes de la persona de Cristo. Podemos decir que anima la reunión. Obra en los pensamientos de cada uno, en tanto que el Señor, mediante su presencia efectiva, es la fuente misma de la bendición. Siendo nuestro Salvador y al mismo tiempo el Dios soberano, sigue siendo Aquel que nos amó y que nos ama. Él es a quien amamos, a quien oramos y adoramos, sirviéndole con gozo y fervor. Él está allí, en medio de aquellos por quienes se dio a sí mismo.

Es tu presencia el bien supremo;

Tu amor no menguará jamás;

Tu corazón da a los que te aman

Descanso, gozo, plena paz.

2 Samuel 10 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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El verdadero gozo en la intimidad del matrimonio

Sábado 16 Febrero

Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y… no sois vuestros. Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.

1 Corintios 6:19-20

El verdadero gozo en la intimidad del matrimonio

Desde el Génesis, la Biblia emplea el verbo conocer para hablar de la relación conyugal. Conocer al cónyuge sobrepasa la intimidad física o intelectual. Esto significa vivir una relación de corazón y espíritu, una comunión profunda entre los esposos.

Lo que permite que el encuentro conyugal sea vivido como una comunión, es la capacidad de amar al otro con respeto, lealtad, ternura y pureza de corazón. Lo opuesto es querer imponer su manera de vivir las relaciones conyugales, o dejarse llevar por el deseo egoísta. Recordemos que lo que toca el cuerpo, toca la persona y puede dejar heridas en el alma y en el corazón.

Esta pureza en los afectos recíprocos de la pareja ayudará a dominar una sexualidad «instintiva», sin control, para vivirla como un regalo de Dios en la esfera del matrimonio. La Palabra de Dios advierte: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro” (1 Corintios 7:4-5).

El noviazgo es un período privilegiado para aprender a entrar en esa comunión de las almas, que precede al encuentro de los cuerpos, reservado para el matrimonio.

Esta pureza de sentimientos, buscada en la oración común (1 Pedro 3:7) y en la lectura de la Palabra de Dios, guardará a los esposos cristianos en ese camino según Dios, que lejos de ser frustrante, lleva al verdadero gozo de la pareja.

2 Samuel 9 – Hechos 1 – Salmo 22:25-31 – Proverbios 9:13-18

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Horóscopos

Viernes 15 Febrero

No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera que hace estas cosas.

Deuteronomio 18:10-12

Horóscopos

La mayoría de los periódicos y revistas poseen su página de astrología, y muchos lectores los tienen como referentes para explicar su carácter, interpretar lo que les sucede y tomar sus decisiones. Suerte, trabajo, amor perdido o encontrado, salud, solo se necesita leer en cada sección la predicción que corresponde a su signo astrológico. Redactado de una manera hábilmente ambigua, tiende a orientar la conducta del lector en la semana. El astrólogo que lo firma se vuelve un poco su dueño, y se lucra explotando la credulidad del lector. Algunas personas, pese a ser escépticas sobre la fiabilidad de estos horóscopos, los leen regularmente como una distracción, sin creer demasiado. Pero, ¡cuidado, peligro! La Palabra de Dios nos alerta solemnemente contra los videntes, médiums, y cualquier tipo de gurús, sea como juego o por convicción (ver el versículo del día). Estas prácticas pueden realmente llegar a poner en contacto con los demonios. Sin saberlo, muy a menudo los lectores se ponen así bajo la influencia de fuerzas ocultas y nefastas.

No se deje engañar. Solo Dios es dueño del futuro, próximo o lejano. Crea en Aquel que merece ser creído, quien nunca engaña. Él no nos revela todo sobre nuestro futuro cercano, para que mantengamos activa nuestra confianza en él; sin embargo, es muy claro respecto al futuro eterno de cada uno. Este futuro reposa exclusivamente sobre una persona: Jesucristo, a quien tenemos que recibir como Salvador durante el tiempo de nuestra vida en la tierra.

2 Samuel 8 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

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El gozo de confiar en Dios

Jueves 14 Febrero

Alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre.

Salmo 5:11

Has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Salmo 63:7

El gozo de confiar en Dios

Una palabra para los jóvenes cristianos

Queridos jóvenes: ¿Cómo podemos conocer y conservar el gozo profundo de la fe? “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Para perseverar en la fe debemos buscar cada día la presencia de Jesús, tener un diálogo real, humilde y confiado con él.

Buscar su presencia es poner nuestra confianza en él, conscientes de que vivimos bajo su mirada. Aprendan a ver cómo el Señor Jesús obra en sus vidas, descúbranlo en el día a día. Él nunca los abandonará. Él dio su vida en la cruz por amor a ustedes.

Buscar al Señor también significa recibir su Palabra, la cual alegra el corazón: “Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16). Aprendan a leer y meditar la Biblia, allí encontrarán respuestas a sus preguntas. La Palabra de Dios nos permite descubrir las maravillas que él hizo. Ella nos invita a alabar, a adorar y a regocijarnos ante Dios: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:2).

Algunas veces el cristiano debe atravesar momentos de prueba, sufrimiento y tristeza. Pero, incluso en esos momentos, el Señor desea hacerle sentir el gozo de su amor. El apóstol Pablo dio testimonio de ello: “Entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10).

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría… Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” (Colosenses 3:16-17).

2 Samuel 7 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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Encontré a Cristo

Miércoles 13 Febrero

Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?

Juan 4:29

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

1 Juan 5:5

Encontré a Cristo

Testimonio

«En el mercado de mi pueblo, en Senegal, encontré a un cristiano inglés que me invitó a su casa y me ofreció un libro. Era una Biblia. Leyéndola aprendí que Dios creó el universo y al hombre, que el hombre pecó al desobedecer a Dios en el huerto de Edén, y que Dios echó al hombre y a su mujer de su presencia. Pero algunos textos de la Biblia concernientes a Jesús, llamado el Hijo de Dios, me turbaban. Mi primera pregunta fue: ¿Cómo puede Dios tener un hijo en esta tierra?

Un día ese creyente me invitó a un estudio bíblico que hacía en su casa. Allí se leyó el comienzo del evangelio según Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1, 14). Esto me habló profundamente y sondeó lo más íntimo de mi corazón. Descubrí que la luz del mundo es Jesús, el Hijo de Dios. Comprendí que debía arrepentirme de mis pecados y dar mi vida a mi Salvador y Señor Jesucristo.

Mi vida cambió y mis padres comenzaron a perseguirme, pero las oraciones del misionero y las mías fortalecieron mi fe en Cristo. Poco a poco sentí la necesidad de acrecentar mi conocimiento del Señor Jesús y de su obra con la lectura de la Biblia. Agradezco al Señor por todo el camino recorrido, y mi anhelo más profundo es que mi esposa y mis hijos se vuelvan a él».

Saïd A.

2 Samuel 6 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

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