Equilibrio y salud

Martes 5 Junio

Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga.

Isaías 1:6

Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo.

Hechos 10:38

Equilibrio y salud

Un médico cristiano hizo un balance de la salud de nuestra sociedad a principios de este tercer milenio: «A pesar del valor colosal que se gasta cada año para velar por la salud de nuestros contemporáneos, podemos decir que el hombre de nuestra época es un enfermo. Está enfermo debido a esta sociedad, debido a la actualidad, a la soledad, a una alimentación mal equilibrada, enfermo de sufrir y de estar enfermo. Cada uno vive para sí y olvida que forma parte de una gran comunidad: la humanidad. Y sobre todo, cada uno olvida que es una criatura de Dios. En esta vida agitada, en la que no tenemos tiempo para reflexionar, estamos metidos en un engranaje sin fin».

Este diagnóstico invita a cada uno a hacerse serias preguntas: ¿Quién soy? ¿Para qué sirvo? ¿Cuál es el objetivo de mi vida?

Dios no nos creó para que formemos parte de la locura de este mundo que va a la deriva, sino para que vivamos en la paz y la plenitud de una verdadera relación con el Padre.

¿Cómo podemos establecer esta relación? Confesando a Dios nuestros pecados y teniendo fe en Jesucristo. ¿Y cómo se mantiene? Buscando continuamente su voluntad revelada en su Palabra, sometiéndonos confiadamente a ella, y también por medio de la oración, ese diálogo de un niño con su Padre celestial.

Deténgase un momento y escuche a Aquel que está listo para darle paz interior y orientar su vida en una nueva dirección.

Levítico 15 – Romanos 11:25-36 – Salmo 68:7-14 – Proverbios 16:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Deseaba la vida eterna

Lunes 4 Junio

(Jesús dijo:) Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

Juan 10:14-15

Deseaba la vida eterna

«Nací en una familia feliz, muy religiosa. Era una niña obediente, mis padres me enseñaban buenos valores. En otras palabras, crecí en un entorno lleno de amor. Íbamos a la iglesia cada domingo, y continué yendo hasta que fui a la universidad. Como formaba parte de un grupo musical, debía ir todos los domingos. Apreciaba mucho las felicitaciones que recibíamos después de cada presentación.

Sin embargo, no conocía al Señor Jesús. Creía, sin ni siquiera haber reflexionado, que como era una «buena» persona, y «además» practicante, iba por el buen camino.

Varios encuentros me llevaron a hacerme preguntas sobre la vida eterna y cómo obtenerla. Deseaba tener esta vida eterna después de mi muerte. Entonces mi marido y yo empezamos unos pequeños estudios de la Biblia con un amigo cristiano. Descubrí que Jesús da la vida eterna gratuitamente a todo el que cree en él como su Salvador. Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). También comprendí la importancia de seguirle por el resto de mi vida.

Hoy mi vida es diferente. El Señor está conmigo cada día. Me da la paz en los momentos difíciles, el gozo de cada día y la seguridad de la vida eterna».

Isabelle H.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Levítico 14:33-57 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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El lugar donde Dios habita

Domingo 3 Junio

Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Isaías 57:15

El lugar donde Dios habita

Solo de Dios se puede decir que es “Alto y Sublime”. Su grandeza sobrepasa lo infinito del cielo.

Dios “habita la eternidad”: esta expresión es insondable para los seres humanos, quienes estamos de paso por esta tierra, como llevados por el tiempo. ¡Qué magnífica dignidad para el Señor vivir en la eternidad!

Su nombre es “el Santo”: en la pureza perfecta, es ajeno a todo mal y está por encima de todo, es el Dios bendito (1 Timoteo 1:11).

¿En qué lugar habita un Dios así? Vive “en la altura y la santidad”, por encima de las concepciones humanas, en un lugar santo, separado de todo mal.

¡Qué impacto tienen estas declaraciones en nosotros, que por nosotros mismos somos indignos de entrar en su presencia! Sin embargo, Dios no se detiene ahí. Cosa sorprendente, ¡él habla de morar “con el quebrantado y humilde de espíritu”! ¡Sí, así es nuestro Dios! Vive desde ahora en el creyente humilde, arrepentido y que confía en Dios. Pero el cristiano pronto tendrá el privilegio de estar con él en su casa, “la casa de mi Padre”, dijo el Señor Jesús (Juan 14:2).

El que es humilde de espíritu sabe que es indigno de la gloria infinita del Señor, pero ¡qué gozo cuando está en su presencia! Sí, Dios vive realmente con nosotros los creyentes, “para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. ¡Qué maravillosa gracia!

Levítico 14:1-32 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22

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Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Sábado 2 Junio

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

Dejar que el más fuerte lleve la carga

El tiempo se hace largo en mi habitación del hospital, pero desde la ventana tengo una pequeña distracción: la construcción de un nuevo edificio. Entre todas esas máquinas que trabajan, una me llama la atención de forma especial: la grúa. Cada mañana su conductor es el primero en llegar a la obra. Sube a la máquina y espera las órdenes del equipo, que pronto se pone en marcha. Hay cargas muy pesadas para mover, pero ninguno de los obreros se aventura a hacerlo, pues basta con atarlas al cable de la grúa y, por medio de un teléfono, pedir al conductor que las mueva. ¡Sería realmente absurdo tratar de levantar centenares de kilos, mientras la grúa puede hacerlo tan fácil!

Esto me hace pensar en tantos esfuerzos que hacemos tratando de levantar cargas demasiado pesadas para nosotros: las muchas preocupaciones, la búsqueda de un empleo, quizás una mala conciencia, el vacío de nuestro corazón, la necesidad de ser amado, una ofensa que no podemos perdonar… ¡Cuántas cargas, preocupaciones y angustias, que apenas podemos levantar!

Jesús está dispuesto a llevar en nuestro lugar todas estas cosas que nos oprimen. Encomendémosle todas esas cargas mediante la oración y pidámosle que se ocupe de ellas.

Querido lector, ¡no se agote tratando de llevar solo aquello que Dios quiere llevar con usted, o incluso en su lugar! ¡Vaya a él y háblele! Él le ama y quiere su bien. ¡El Señor Jesús quiere ser su Salvador, su apoyo cada día, su consejero, su guía!

Levítico 13:29-59 – Romanos 9 – Salmo 66:16-20 – Proverbios 16:19-20

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Se llamaba «Dolor»

Viernes 1 Junio

En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz… y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

Salmo 18:6

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.

Salmo 4:8

Se llamaba «Dolor»

Acababa de nacer un niño. Desgraciadamente el parto había sido difícil, con grandes sufrimientos para la madre. Esta le puso por nombre “Jabes”, que significa “dolor”, pues dijo: “lo di a luz en dolor” (1 Crónicas 4:9). Dicho nombre marcó la niñez de este hombre.

En su oración, Jabes abrió su corazón a Dios y le contó toda su preocupación: ¡“Si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe!”. No dudó en pedir mucho, porque estaba marcado por la cuestión del sufrimiento: deseaba romper con este dolor asociado a su nombre. Puso su confianza en la bondad de Dios, quien podía liberarlo y bendecirlo. ¿Cómo le respondió Dios? “Le otorgó Dios lo que pidió” (1 Crónicas 4:10). Y la Biblia añade que “fue más ilustre que sus hermanos”.

Si nuestra infancia dejó dolorosas cicatrices, pidamos ayuda a Dios y contémosle toda nuestra tristeza. El Creador que nos formó, y que nos amó incluso antes de nuestra concepción, no nos decepcionará. Acerquémonos con fe y abrámosle nuestro corazón. Él desea liberarnos de la amargura y del resentimiento. Quiere darnos una paz que sobrepasa todo entendimiento. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Levítico 13:1-28 – Romanos 8:28-39 – Salmo 66:8-15 – Proverbios 16:17-18

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La gracia nos enseña

Jueves 31 Mayo

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.

Tito 2:11-12

La gracia nos enseña (2)

Ayer vimos cómo la gracia de Dios se manifestó y nos trajo la salvación y la liberación.

¡Pero todavía hace más! Ella enseña e instruye a todos los que han aceptado la salvación ofrecida. La gracia, que me sacó de la miseria del pecado, ahora se manifiesta en mi vida diaria. Me hace percibir el amor de Dios. Me muestra quién es Dios y qué espera de mí, mucho mejor de lo que lo hacía la ley del Antiguo Testamento. Me produce el deseo de agradar a Dios.

Renunciar a la impiedad y a las codicias mundanas significa echar de mi vida todo lo que desagrada a Dios, y que antes yo aceptaba.

Ser impío es actuar como si Dios no existiese. Es ser independiente con respecto a Dios y a su voluntad. Todo lo que hago sin tener en cuenta a Dios es, en el fondo, impiedad.

Los deseos mundanos abarcan todo lo que el mundo puede ofrecer para seducirnos. ¡Qué variadas son sus propuestas, y con qué facilidad podríamos dejarnos tentar!

El camino que la gracia abre para el creyente es el que Jesús trazó. Seamos sobrios en nuestra vida personal, rectos en nuestros contactos con los demás. Vivir piadosamente es mantener una buena relación con Dios, en el amor, la deferencia, la obediencia, el temor a desagradarle; no con miedo, sino con el respeto que un hijo debe tener ante su Padre que le ama, quien también es el Dios Salvador.

“La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).

Levítico 11:29-12:8 – Romanos 8:18-27 – Salmo 66:1-7 – Proverbios 16:15-16

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La gracia se ha manifestado

Miércoles 30 Mayo

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.

Tito 2:11

La gracia se ha manifestado (1)

¿Cómo una noción abstracta, como la gracia, pudo manifestarse?

Dios nos reveló su gracia mediante su Hijo, enviado a la tierra entre los hombres. El Hijo de Dios, Jesucristo, tomó forma humana e hizo visibles los caracteres esenciales de Dios: “la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). Todos los que abrían los ojos y prestaban atención podían conocer la gracia de Dios mediante las palabras y los hechos del Señor.

A través de la predicación del Evangelio, la buena nueva, la gracia también se manifestó como un mensaje nuevo que ofrece la libertad a todo hombre culpable. Este mensaje no afirma que Dios pase por alto ciertas cosas, o que no mire de cerca todo lo que tenga que ver con el pecado. Esto no sería la gracia divina, que es inseparable de la verdad. No, en el Evangelio la justicia de Dios también fue revelada: la justicia mediante la fe, la justicia que justifica en vez de condenar, porque los culpables saben que Alguien sufrió en su lugar el castigo que ellos merecían (Romanos 3:22-26). Esta es la fe en Jesucristo, quien murió en la cruz por nuestros pecados.

La gracia que trae la salvación es ofrecida a todos los hombres, sin excepción. Todos son invitados a apropiarse de ella. No es un derecho, sino un don gratuito de parte de Dios. Le costó muy caro, pues lo pagó con la vida de su Hijo unigénito.

Esta gracia de Dios, ¿se ha manifestado en su vida?

“Se ha manifestado… la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:21-23).

Levítico 11:1-28 – Romanos 8:1-17 – Salmo 65:9-13 – Proverbios 16:13-14

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Lo que aprendemos en el hospital

Martes 29 Mayo

Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido.

Salmo 63:6-8

El Señor lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad.

Salmo 41:3

Lo que aprendemos en el hospital

«Cuando estamos acostados boca arriba, los ojos miran hacia arriba», explicaba un cristiano enfermo a un amigo que lo visitaba. «¿Sabe por qué el Señor me acostó en esta cama de hospital? Para obligarme a mirar hacia él. ¿Y esta perfusión, que me une a un sistema de botellas? Es mi cadena, ella me recuerda que debo depender de mi Señor. Yo había hecho mi programa; mi agenda estaba llena de citas, pero tuve que anularlas y hacerme la pregunta: ¿Había pedido la opinión del Señor antes de hacer mis proyectos?

Yo que soy una persona activa, que siempre tengo prisa, ¡estoy como atrapado! Mire esta habitación. Descubrí que no es una cárcel, sino más bien un lugar de encuentros: encuentro con ese enfermo que ayer me vio leer mi Biblia y me hizo preguntas; con el personal, desde el médico hasta el vigilante… ¡Es todo un mundo que ignoraba, y cuya dedicación, amabilidad y obligaciones estoy descubriendo, así como el consuelo que me traen todos los que vienen a visitarme! También deseo que cada uno de los que vienen pueda llevar algo, es decir, la imagen de alguien que pudo beneficiarse un poco de las lecciones del Señor: paciencia, olvido de sí mismo, confianza en Dios… En otras palabras, esta habitación es un lugar de encuentro con el Maestro mismo. Nunca tuve tanto tiempo para leer la Biblia, orar y meditar. ¡Gracias, Señor, por esta experiencia!».

Levítico 10 – Romanos 7 – Salmo 65:5-8 – Proverbios 16:11-12

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Demasiado tarde

Lunes 28 Mayo

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

1 Juan 2:1

He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.

2 Corintios 6:2

Demasiado tarde

Una señora debía ser juzgada por haber cometido una grave infracción. Le habían recomendado un excelente abogado, muy conocido, quien probablemente podría defender su causa de la mejor manera. Varias veces pospuso para el día siguiente su encuentro con el abogado. Por fin un día decidió solicitar sus servicios. Pero el abogado le respondió: «Señora, siento mucho no poder ayudarla. Hace algunos días me nombraron juez. Sigo defendiendo algunos casos durante unas semanas, pero no puedo tomar casos nuevos. ¡Hace algunos días hubiese podido defenderla!».

No sabemos si esta negligencia tuvo alguna incidencia en el resultado del juicio. Pero hay un caso en el que las consecuencias de nuestra negligencia podrían ser muy graves: cuando comparezcamos ante Dios. La Biblia evoca claramente este solemne acontecimiento: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Aún hoy Jesús el Salvador puede, no defender nuestra causa ante Dios, sino obtener un pleno perdón para nosotros, porque él sufrió en nuestro lugar la condenación que merecíamos. Murió por nuestros pecados. No aceptarlo ahora como Salvador es arriesgarse a tenerlo más tarde como juez (Romanos 2:16). ¡Pronto será demasiado tarde! Todo hombre será llamado un día ante su Creador. Hoy todavía puede tomar la buena decisión: ¿Se encontrará con un juez que pronunciará una condenación definitiva, o con un Padre que lo recibirá junto a él?

Levítico 9 – Romanos 6 – Salmo 65:1-4 – Proverbios 16:9-10

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Números 36 | Salmo 80 | Isaías 28 | 2 Juan

27 MAYO

Números 36 | Salmo 80 | Isaías 28 | 2 Juan

Incluso una lectura somera de 2 Juan muestra que los antecedentes de esta corta epístola se solapan en cierta medida con los de 1 Juan. En ambas epístolas, encontramos el tema de la verdad vinculado a la identidad de Jesucristo: “Es que han salido por el mundo muchos engañadores que no reconocen que Jesucristo ha venido en cuerpo humano” (2 Juan 7). Estos engañadores particulares negaron que Jesús fuese el Cristo hecho carne. Separaron al Jesús de carne y hueso del “Cristo” que vino sobre él. Así pues, rechazaron la singularidad esencial de Jesucristo, el Dios/hombre, aquel que era al mismo tiempo Hijo de Dios y ser humano. Había muchas consecuencias tristes.

Las razones de esta aberración doctrinal tenían relación con presiones culturales generalizadas. Basta con decir que esos “engañadores”, esos “desviadores” (como algunos los han llamado), creían ser pensadores superiores, progresistas. No se veían analizando la fe cristiana y escogiendo rechazar ciertas verdades fundamentales, eligiendo según algún oscuro principio. Más bien, consideraban que suministraban una interpretación verdadera y avanzada del conjunto, por encima de los conservadores y tradicionalistas que no comprendían realmente la cultura. Juan habla de ellos por esta razón, con gran ironía, como si fuese corriendo por delante de la verdad: “Todo el que se descarría y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza sí tiene al Padre y al Hijo” (9). La postura del apóstol es muy parecida a la del anciano ministro que escucha una doctrina moderna y opina:

Dices que no estoy con ella.

Amigo mío, no lo dudo.

Pero, cuando veo que no estoy con ella,

debería estar sin ella.

Lo esencial, por supuesto, no es si uno es o no “progresista”, o “tradicionalista”: se pueden ser ambas cosas en un sentido bueno o malo. Tales etiquetas, por sí mismas, son frecuentemente manipuladoras y raramente añaden demasiada claridad a los asuntos complejos. Lo que importa de verdad es si nos agarramos o no al evangelio apostólico, si continuamos o no en la enseñanza de Cristo. Esa es la prueba eterna.

¿Qué movimientos contemporáneos fallan en esta prueba, bien porque se precipitan “por delante” del evangelio en su esfuerzo por ser modernos, bien por haberse incrustado en tradiciones que lo domestican?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 147). Barcelona: Publicaciones Andamio.