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Números 36 | Salmo 80 | Isaías 28 | 2 Juan

27 MAYO

Números 36 | Salmo 80 | Isaías 28 | 2 Juan

Incluso una lectura somera de 2 Juan muestra que los antecedentes de esta corta epístola se solapan en cierta medida con los de 1 Juan. En ambas epístolas, encontramos el tema de la verdad vinculado a la identidad de Jesucristo: “Es que han salido por el mundo muchos engañadores que no reconocen que Jesucristo ha venido en cuerpo humano” (2 Juan 7). Estos engañadores particulares negaron que Jesús fuese el Cristo hecho carne. Separaron al Jesús de carne y hueso del “Cristo” que vino sobre él. Así pues, rechazaron la singularidad esencial de Jesucristo, el Dios/hombre, aquel que era al mismo tiempo Hijo de Dios y ser humano. Había muchas consecuencias tristes.

Las razones de esta aberración doctrinal tenían relación con presiones culturales generalizadas. Basta con decir que esos “engañadores”, esos “desviadores” (como algunos los han llamado), creían ser pensadores superiores, progresistas. No se veían analizando la fe cristiana y escogiendo rechazar ciertas verdades fundamentales, eligiendo según algún oscuro principio. Más bien, consideraban que suministraban una interpretación verdadera y avanzada del conjunto, por encima de los conservadores y tradicionalistas que no comprendían realmente la cultura. Juan habla de ellos por esta razón, con gran ironía, como si fuese corriendo por delante de la verdad: “Todo el que se descarría y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza sí tiene al Padre y al Hijo” (9). La postura del apóstol es muy parecida a la del anciano ministro que escucha una doctrina moderna y opina:

Dices que no estoy con ella.

Amigo mío, no lo dudo.

Pero, cuando veo que no estoy con ella,

debería estar sin ella.

Lo esencial, por supuesto, no es si uno es o no “progresista”, o “tradicionalista”: se pueden ser ambas cosas en un sentido bueno o malo. Tales etiquetas, por sí mismas, son frecuentemente manipuladoras y raramente añaden demasiada claridad a los asuntos complejos. Lo que importa de verdad es si nos agarramos o no al evangelio apostólico, si continuamos o no en la enseñanza de Cristo. Esa es la prueba eterna.

¿Qué movimientos contemporáneos fallan en esta prueba, bien porque se precipitan “por delante” del evangelio en su esfuerzo por ser modernos, bien por haberse incrustado en tradiciones que lo domestican?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 147). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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