La Biblia no esconde nada

miércoles 16 agosto

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Tú eres Dios, y tus palabras son verdad.

2 Samuel 7:28

La Biblia no esconde nada

Nos gusta escuchar cosas agradables, y la verdad sobre ciertos temas considerados sensibles a menudo es adulterada o disimulada. La historia sobre múltiples personajes célebres a veces está basada en indicios poco objetivos. Por ejemplo, en el antiguo Egipto no se relataban las guerras perdidas; solo se inscribía aquello que era gratificante o elogioso para el faraón de la época.

En la Biblia no sucede lo mismo. Desde Moisés hasta el apóstol Pablo, pasando por muchas otras personas, las debilidades y los pecados de todos son revelados. Dios no nos los esconde. Sus siervos, dirigidos por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), hablaron de todos los aspectos de la vida sin maquillarlos: el mal, el bien, la sexualidad, el matrimonio, la vejez, el trabajo, la guerra, la paz, etc. La Palabra de Dios es viva; en todo tiempo cada uno puede reconocer que Dios le habla personalmente. La Biblia proyecta una gran luz sobre nuestros pensamientos, nuestra conducta y nuestros objetivos. Contrasta el bien y el mal.

Aún más, transforma la vida de todo el que la recibe con fe. Millones de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos pueden dar testimonio de ello y afirmar que la Palabra de Dios cambió sus vidas. La Biblia declara con toda claridad que soy pecador ante el Dios santo y justo, pero al mismo tiempo me muestra el amor de Jesucristo, su Hijo, quien murió por mis transgresiones y resucitó para mi justificación (Romanos 4:25).

1 Crónicas 29 – Lucas 22:1-23 – Salmo 95:1-5 – Proverbios 21:17-18

 Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Le dije no a Dios

He visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.

Eclesiastés 8:17

Le dije no a Dios

Jean Rostand declara en su libro «Inquietudes de un biólogo»: «Cuanto menos creemos en Dios, mejor comprendemos que otros crean». Y en cuanto al tema de la fe, en el mismo artículo declara: «Me hago la pregunta cada día, sin cesar… Dije no a Dios afirmando las cosas un poco brutalmente, pero a cada paso la pregunta resurge. Me pregunto: ¿Es posible? Con respecto al azar, por ejemplo, me repito: no puede ser el azar el que combine los átomos. Pero entonces ¿cómo es posible?…

Biológicamente me parece difícil explicar incluso una flor mediante el azar. Me falta algo… siempre aparece la misma cadena de preguntas. Les doy vueltas… Estoy obsesionado, sí, obsesionado, si no es por Dios, por lo menos lo es por el no-Dios».

Apreciamos la sinceridad del científico y deploramos su rechazo a introducir a Dios en su pensamiento. Trata de buscar por sí mismo el gran misterio de la vida, ¡y es en vano! Se queda con las preguntas que no le dan ninguna paz. Pero, incluso si hubiese aceptado que Dios llamó todas las cosas a la existencia, sacando los mundos de la nada, todavía no conocería al Dios Salvador. Y la obra de la salvación a favor de cada una de sus criaturas es tan incomprensible como la obra de la creación: Dios dio a su Hijo para salvar a seres moralmente miserables como nosotros. ¿Puede haber algo más grande?

Dios “hace cosas grandes e incomprensibles, Y maravillosas, sin número” (Job 9:10).

1 Crónicas 28 – Lucas 21:25-38 – Salmo 94:16-23 – Proverbios 21:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Miren las estrellas

lunes 14 agosto

¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos?

Job 38:32

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?

Salmo 8:3-4

Miren las estrellas

En el mes de agosto (en el hemisferio norte) es muy agradable acostarse en la hierba, en la noche, y mirar el cielo. En esta época, lluvias de estrellas fugaces aparecen ante nuestros ojos maravillados. Siempre es fascinante contemplar en una noche clara la diversidad, la harmonía, la belleza del cielo, y buscar la Osa Mayor, Orión, Pegaso… Pero incluso si nos hemos esforzado en conocer el nombre de muchos astros, debemos reconocer que nos es imposible nombrarlos a todos. Entonces tomamos consciencia de nuestra pequeñez frente al infinito que se presenta ante nuestros ojos.

Pero hay alguien que puede contar y nombrar todas las estrellas: Dios “cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres” (Salmo 147:4). El testimonio de su poder y de su majestad está ahí ante nosotros.

Dios cuenta igualmente las nubes (Job 38:37). También cuenta nuestros pasos (cap. 14:16), e incluso los cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10:30). Tiene en cuenta nuestras lágrimas (Salmo 56:8).

El que creó el universo y lo mantiene en movimiento se interesa en mí, un ser tan pequeño y débil comparado con la inmensidad del universo. Ningún detalle de mi vida le es indiferente; me conoce y me ama personalmente. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). ¿Podría uno permanecer insensible ante tal amor?

1 Crónicas 27 – Lucas 21:1-24 – Salmo 94:8-15 – Proverbios 21:13-14

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Dios es accesible

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Dios es accesible

Antes de hacer una petición para obtener algo, nos preguntamos si la persona a quien nos vamos a dirigir puede darnos una respuesta satisfactoria. También tratamos de buscar el momento preciso para no molestarla y ser bien recibidos.

¡Qué diferencia con la acogida que tenemos cuando acudimos a Dios! Sabemos que él es todopoderoso, que nos ama: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). Podemos dirigirnos a él libremente, en todo tiempo, sin temor a molestarlo (Lucas 11:5-13).

¡Sí, en teoría sabemos todo esto! Pero, ¿lo creemos realmente cuando nos dirigimos a él? ¿No nos sucede que a veces oramos pensando que no nos va a responder? ¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque nos hacemos una imagen de Dios a la medida de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia nos habla de diferentes caracteres de Dios: su poder que libera, su fidelidad a sus promesas, su bondad en sus cuidados diarios…

Jesús vino a dárnoslo a conocer como Padre. “El Padre mismo os ama” (Juan 16:27). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Aprendamos a conocerle en esta maravillosa relación. Esto nos llevará a comprender mejor su voluntad y en consecuencia a orar con mayor inteligencia y oportunamente.

1 Crónicas 26 – Lucas 20:27-47 – Salmo 94:1-7 – Proverbios 21:11-12

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La voz de la creación

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.

Salmo 19:1-4

Alaben la misericordia del Señor, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

Salmo 107:31

La voz de la creación

Un cristiano de la ex República democrática alemana cuenta lo siguiente: «En el koljós (granja colectiva) teníamos un jefe muy difícil. Pero cierto día llegó al trabajo totalmente transformado. Todos notamos el cambio inmediatamente. Nos trataba bien, no maldecía y nos ayudaba mucho. Durante la pausa nos contó lo siguiente:

Hace algunos días fui a dar un paseo. Era tarde, ya estaba oscuro, pero el cielo estaba estrellado. Esto me impresionó. Entonces empecé a dudar: ¿Todo esto pudo crearse solo? ¡Imposible! Para toda construcción se necesita un arquitecto, un ingeniero… ¿Este universo se habrá creado solo? ¡Qué terrible error! Derrotado, me incliné entonces ante el Creador. Pero Dios prosiguió la obra que había empezado en mí: encontré la paz confesando mis pecados y creyendo en Jesucristo. Ahora quiero servir a Aquel que murió por mí y que creó toda esta maravillosa naturaleza.

Ese cambio consternó a nuestros compañeros, sin embargo respetaron a su superior. Y nosotros, los cristianos, vivimos este cambio como un regalo de Dios. Desde entonces nuestro jefe se convirtió en un amigo y hermano para nosotros. Nos aportó una valiosa ayuda y fue un testigo fiel a su Señor.

Dios utilizó la voz de la creación para llevar a cabo esta conversión milagrosa».

1 Crónicas 25 – Lucas 20:1-26 – Salmo 93 – Proverbios 21:9-10

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¡Muchacha, levántate!

viernes 11 agosto

Como (Dios) el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Juan 5:21

¡Muchacha, levántate!

En una época de hambruna, el profeta Elías vivía en casa de una viuda, quien milagrosamente tuvo con qué alimentarle. El hijo de esta mujer cayó enfermo y murió. Entonces el profeta tomó el cuerpo del niño y lo llevó a la habitación donde él se hospedaba. Allí suplicó intensamente a Dios para que devolviese la vida al niño, y Dios le respondió. El niño fue entregado a su madre (1 Reyes 17:17-24).

Eliseo fue el sucesor de Elías. Él también halló en su camino a una mujer cuyo hijo murió súbitamente. El niño muerto fue acostado en la cama del profeta, Eliseo cerró la puerta de la habitación y suplicó a Dios que le devolviese la vida. Poco a poco el niño volvió a la vida y al final abrió los ojos (2 Reyes 4:18-36).

Leamos ahora un pasaje de los evangelios. Jesús fue llamado a la cabecera de una niña de doce años. La joven había muerto y estaba en su cama cuando Jesús entró en la habitación. ¿Iba a suplicar a Dios, como lo habían hecho Elías y Eliseo, para que la niña volviese a la vida? ¿Serían necesarias la paciencia y la insistencia? ¡Nada de eso! Con su propia autoridad y poder divino, Jesús le dio una orden muy sencilla: “Muchacha, levántate”. La tomó de la mano y, cuando ella oyó la voz del Hijo de Dios, se levantó inmediatamente. Jesús aconsejó a los padres de la niña que le diesen de comer, luego se retiró (Lucas 8:40-56).

¡Qué majestad llena de gracia y bondad se ve en la persona del Hijo de Dios! Él es el Dios a quien Elías y Eliseo oraron, el que tiene la vida en sí mismo (Juan 5:26). Hoy Jesús transmite la vida a todos los que creen en él. ¡Y esta vida va más allá de la vida en la tierra; él nos ofrece una vida eterna en el cielo!

1 Crónicas 24 – Lucas 19:28-48 – Salmo 92:10-15 – Proverbios 21:7-8

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¿Y mañana?

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas… Teme al Señor, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.

Proverbios 3:5-8

¿Y mañana?

Muchas personas, ante la avalancha de consejos y advertencias para proteger el planeta o cuidar nuestra salud, reaccionan y se someten a una higiene de vida muy estricta. Pero, ¿basta esto para darnos la seguridad sobre el futuro? ¿Qué sucederá mañana?

Nuestro mañana será diferente si recibimos las palabras de Dios. Pero, ¿le damos crédito a Dios, o preferimos fiarnos de nuestra propia sabiduría?

Obviamente, creer lo que Dios dice es ver muy lejos, más lejos que el futuro inmediato, es la seguridad de una eternidad junto a Dios, completamente feliz. Pero quizás, y con razón, el día de hoy le preocupe y le impida ver más lejos. ¡A lo mejor usted no puede comprender qué beneficio le aportará el hecho de creer en Dios desde hoy!

Dios quiere darse a conocer a cada uno de nosotros como Aquel cuyo amor sobrepasa toda esperanza. Nos asegura aquello que nadie puede darnos: un futuro sin sombras en su presencia, y desde ahora la paz interior y el gozo, incluso en la adversidad. ¡Sí, aquello que los hombres buscan desesperadamente sin Dios, solo se encuentra en él!

Pero, dirá usted: si Dios existe, ¿cómo podría acercarse a él alguien como yo? Ciertamente esto no es posible… sin pasar por Jesucristo. Él se acercó a nosotros para atraernos a él. Nos pide que oremos con fe, que creamos que él hizo todo para llevarnos a Dios. ¡Lea el Evangelio, créalo, y así podrá mirar el futuro con confianza!

1 Crónicas 23 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6

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¡Qué felicidad!

(Dios dijo:) Bienaventurado el hombre que me escucha.

Proverbios 8:34

Mis siervos cantarán por júbilo del corazón.

Isaías 65:14

¡Qué felicidad!

Esta era la expresión favorita y a menudo repetida por los presentadores de un programa que atraía a millones de telespectadores. ¡Pero la realidad era totalmente diferente! Interrogadas al final de la serie de programas, las personas que habían sido invitadas a participar hacían un balance triste y amargo. Una de ellas dijo que lo único que habían hecho era explotar su ingenuidad, otras declararon que todo era hipocresía. ¡Qué lejos estaban de la felicidad!

Debemos reconocer que este mundo solo nos propone una felicidad artificial, virtual y mentirosa; los momentos de alegría pasajera que nos ofrece solo son artificios y engaños.

Desde que el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12), el hombre que vive sin Dios está privado de la verdadera felicidad. Cuando cree haberla encontrado, solo se trata de una impresión fugaz, pasajera, y nunca duradera. La Biblia precisa: “Si aquel viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?” (Eclesiastés 6:6).

La verdadera felicidad solo puede venir de un acercamiento a Dios. Jesucristo el Salvador dio su vida perfecta y justa por amor a nosotros, para salvarnos de la muerte eterna y para que estemos en paz con Dios. Un amor así va más allá de la razón, pero confiere al corazón paz y gozo (Gálatas 5:22). La Biblia nos invita a ir a Dios para conocer su paz y la verdadera felicidad, eterna, obtenida por el amor de Jesús.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23:6).

1 Crónicas 22 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

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Se hace lo que se puede

martes 8 agosto

Vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

1 Pedro 2:25

Hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma.

Salmo 143:8

Se hace lo que se puede

«Todo el mundo es diferente y cada uno trata de conducir su vida con sus propios medios como puede». Este comentario pesimista de uno de nuestros lectores refleja el pensamiento de muchos sobre la manera de conducir su vida. Se hace lo que se puede, lo mejor posible, vamos de un lado a otro sin tener ningún punto de referencia, ninguna seguridad.

¡Nada de esto es nuevo! Hace casi tres mil años, un profeta constataba: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Y Jesucristo mismo “tuvo compasión” de las multitudes, “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).

“El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Pero Dios quiere orientar nuestra vida de forma segura. En la Biblia nos revela su plan para el bien de su criatura. Él traza una senda para el que quiere escuchar. Primero nos da un punto de partida llamado el nuevo nacimiento. Se llega a él mediante la fe en su Hijo Jesucristo. Luego nos muestra el destino, es decir, la felicidad de estar con él en el cielo. Para indicarnos el camino que debemos seguir cada día, nos guía por medio de su Espíritu: “Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21). Mediante su Palabra nos ilumina: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

1 Crónicas 21 – Lucas 18:1-17 – Salmo 91:11-16 – Proverbios 21:1-2

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La Biblia es la revelación de Dios (2)

Os he enseñado… que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día.

1 Corintios 15:3-4

Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Romanos 10:11

La Biblia es la revelación de Dios (2)

La Biblia es un mensaje vivo. Si usted cree en la Palabra de Dios, experimentará que ella produce en usted lo que dice. Ella crea pensamientos y referencias nuevas, una paz interior profunda y la seguridad de la vida eterna. Este mensaje es la buena nueva, es decir, el Evangelio que proclama que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15:3). ¡Sí, el Hijo de Dios murió por usted y por mí! No piense que ante Dios usted está limpio, que no cometió pecados, o que hizo suficientes buenas obras para equilibrar el peso de sus faltas. Eso equivaldría a pensar que Dios miente, pues en su Palabra dice que todos los hombres pecaron y están destituidos de su gloria. Tendré acceso a esta gloria si acepto que todo aquel que cree en Cristo es justificado ante Dios ¡gratuitamente! Entonces puedo disfrutar de la gracia divina, perfecta.

Ese maravilloso regalo de Dios se hace posible porque Jesús, su Hijo, sufrió en mi lugar el juicio que yo merecía por mis pecados. Me amó, pagó el precio, dio su vida, su sangre fue derramada en la cruz. Dios perdona a todo el que cree, lo declara justo y le da la vida eterna. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados (Romanos 3; Juan 3; 1 Juan 1).

Dios le ama y le está llamando. Acérquese a él ahora y descubra el mayor testimonio de su amor y de su poder: Jesús murió, pero no permaneció en la tumba; Dios lo resucitó de entre los muertos y ahora vive para siempre.

1 Crónicas 20 – Lucas 17 – Salmo 91:7-10 – Proverbios 20:29-30

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