De la mano

Yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.

Salmo 73:23-24

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:1-2

De la mano

Desde mi ventana observé a una niña que caminaba por la acera de enfrente. Tenía más o menos dos años. Entonces pensé: esta niña apenas sabe hablar. ¿Conoce su apellido, su dirección, su número de teléfono? ¡No! ¡Apenas sabe su nombre! ¿Sabe a dónde va? Tampoco. ¿Está preocupada? ¡Para nada! Anda con paso firme, pues sabe una cosa: el hombre que camina a su lado es su papá y puede confiar totalmente en él. Su pequeño brazo está levantado, ella toma su mano. ¡Si su padre decidiese dejarla sola en la acera, sería una catástrofe! Pero esta idea ni se le ocurre. La toma con firmeza… Van tomados de la mano, y este contacto silencioso es toda la seguridad de la niña.

Esta relación tan dulce y sencilla entre un padre y su hija está llena de sentido para el cristiano, pues todo cristiano es un hijo de Dios, y Dios es un Padre lleno de ternura.

Un padre espera implícitamente de su hijo una confianza así. Para nuestro Padre celestial, esta confianza tiene un valor inmenso. El cristiano, si fuese abandonado a sí mismo, estaría sin recursos en la vida. Pero, aunque ignora el camino por donde ha de pasar, le basta saber que Dios conoce todo de antemano y que puede dejarse llevar por esta mano divina.

“Yo soy el buen pastor… (El pastor) va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:14, 4).

“Así los apacentó conforme a la integridad de su corazón y con la habilidad de sus manos los pastoreó” (Salmo 78:72, V. M.).

Ezequiel 40:1-23 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

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La crucifixión de Jesucristo: la sepultura y la resurrección (3)

domingo 16 abril

Hallaron removida la piedra del sepulcro… no hallaron el cuerpo del Señor Jesús… He aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y… les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.

Lucas 24:2-6

La crucifixión de Jesucristo: la sepultura y la resurrección (3)

Algunas mujeres, que habían seguido a Jesucristo durante su vida, asistieron con dolor a su crucifixión y a su sepultura. Su tumba había sido tallada en la roca y cerrada con una enorme piedra. Los jefes religiosos temían que los discípulos de Jesús robasen su cuerpo, por eso sellaron la piedra y unos soldados la vigilaban.

Estas mujeres, al amanecer del primer día de la semana (domingo), fueron a la tumba para embalsamar el cuerpo de Jesús con especias aromáticas. Ellas se preguntaban: “¿Quién nos removerá la piedra?” (Marcos 16:3). A su llegada quedaron estupefactas, ¡la piedra estaba removida y la tumba vacía! Unos ángeles les declararon: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? … ha resucitado”. Llenas de gozo dejaron la tumba y recordaron que, efectivamente, Jesús había anunciado su resurrección.

De este modo se cumplieron los planes de Dios. ¡A la aparente derrota pública de Jesús en la cruz, le siguió su victoria sobre la muerte! ¡La muerte está vencida! Jesús se apareció vivo a María, y después a los discípulos (Juan 20:11-23). Luego, más de 500 personas lo vieron a la vez (1 Corintios 15:6). Ignacio, historiador del segundo siglo, escribió: «Jesús murió realmente, fue sepultado y resucitó de entre los muertos». ¡El Hijo de Dios vive para siempre! La resurrección de Jesucristo es la prueba y la garantía de la resurrección de los creyentes y de una vida eterna de felicidad junto a él.

Ezequiel 39 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

La crucifixión de Jesucristo (2)

sábado 15 abril

Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo… Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:6-10

La crucifixión de Jesucristo (2)

Los hombres tienen una gran responsabilidad en la muerte de Jesucristo. Pero, ¿se puede reducir esta muerte a una decisión jurídica injusta?

Los evangelios nos revelan otro aspecto: Jesús sabía por adelantado lo que le esperaba. Lo había dicho varias veces a sus discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán” (Mateo 17:22-23). Jesús, pues, sabía esto, sin embargo había decidido ofrecerse voluntariamente a Dios y dar su vida para salvar a la humanidad.

Dios es santo, absolutamente separado del mal, y el pecado (la desobediencia a Dios) es totalmente incompatible con su santidad. Pero Dios también es amor y se compadece de nosotros los pecadores. ¿Cómo pudo conciliar su santidad y su amor? La cruz de Jesucristo es la respuesta divina a esta pregunta. Jesús aceptó morir en una cruz por obediencia a Dios, quien lo había enviado, y por amor al pecador. Él, que no tenía pecado, tomó los nuestros sobre sí y sufrió el castigo. Jesús tomó el lugar de los culpables. El precio fue pagado y la justicia de Dios fue satisfecha. Dios es justo al perdonar totalmente a todos los que reconocen que Jesús murió para expiar sus pecados.

Cristo murió un viernes por la noche y fue puesto en la tumba, ¡pero la muerte no pudo retener al Hijo de Dios!

(mañana continuará)

Ezequiel 38 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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La crucifixión de Jesucristo (1)

viernes 14 abril

Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando…

Hechos 10:38

(Pilato) les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de muerte he hallado en él… Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado… Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían.

Lucas 23:22-24

La crucifixión de Jesucristo (1)

La crucifixión, «ese castigo de los más crueles y viles», según las palabras de Cicerón (autor latino del 1er siglo), era infligido por los romanos a los esclavos fugitivos y a los extranjeros criminales y rebeldes. Miles de condenados lo sufrieron, hasta que el emperador Constantino lo prohibió en el año 320.

Los evangelios relatan que Jesucristo fue condenado a esta muerte horrible. Pero, ¿qué crimen había cometido? Había manifestado compasión por los pobres, los abandonados, había alimentado a las multitudes, sanado a los enfermos, resucitado a muertos… Las multitudes se daban prisa para escuchar sus palabras de sabiduría y gracia. Pero Jesús también desenmascaraba las hipocresías y denunciaba el mal. Entonces, ¿por qué fue condenado? Las autoridades religiosas, celosas de su influencia, lo detuvieron y, después de un simulacro de juicio, lo acusaron de blasfemia porque había declarado que era el Hijo de Dios. Lo entregaron a la autoridad romana para que lo matasen. Pilato, aunque en tres ocasiones reconoció la inocencia de Jesús, cedió a su presión y lo condenó al suplicio de la cruz.

Pero, ¿fue esta la única razón de la muerte del Cristo? ¿Podemos considerarla solo como el resultado de un proceso inicuo, de un error jurídico voluntario? La Biblia nos señala otro aspecto sorprendente: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas?” (Lucas 24:26).

(mañana continuará)

Ezequiel 37 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

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Un destino incomparable

Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle.

Mateo 26:2-4

Un destino incomparable

Nadie sabe de antemano lo que le reserva la vida; nadie, excepto el Hijo de Dios. Jesús sabía perfectamente todo lo que le iba a suceder. Sabía que iba a nacer en medio de la pobreza, que poco después de su nacimiento un rey trataría de matarlo, que durante toda su vida sería incomprendido y odiado por sus conciudadanos, que finalmente sería condenado a morir crucificado. Anunció su suplicio incluso antes de que los jefes religiosos decidiesen qué hacer con él. Él prosiguió su camino hasta aceptar la muerte en la cruz: “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

¡Su actitud es un misterio para la razón! Solo la fe puede apreciar el amor de Jesús, que lo hizo seguir un camino tan duro para salvar al hombre. Esta vida de sufrimiento hasta la cruz hizo resaltar la obediencia de un hombre totalmente consagrado a la obra que Dios le había encomendado, de un hombre que, con pleno conocimiento de lo que le iba a suceder, nunca dio marcha atrás. Solo él, el hombre sin pecado, tuvo que soportar el juicio de Dios contra nuestros pecados: “El castigo de nuestra paz fue sobre él… El Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:5-6).

Jesús también sabía que la muerte no podía retenerlo, y que debido a su perfección de hombre obediente, Dios lo resucitaría de entre los muertos, lo llevaría al cielo y lo glorificaría: ¡qué final tan glorioso!

Ezequiel 36:13-38 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

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¿Cómo podemos creer?

miércoles 12 abril

(Jesús dijo:) ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?

Juan 5:44

Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

Juan 12:46

¿Cómo podemos creer?

Algunas preguntas de la Biblia

Jesús da este consejo: leer atentamente las Escrituras (la Biblia), pues “ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

Y añade: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (v. 40). Es a él a quien debemos ir. Pero nuestra propia voluntad puede ser el primer obstáculo que nos impide aceptar su oferta. Ir a Jesús para tener la vida es aceptar un verdadero acercamiento, sin sombras, porque Jesús es la verdad. ¿Esto va a orientar nuestra decisión? Sea como sea, la invitación del Salvador es generosa, liberal, gratuita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados…” (Mateo 11:28). Pero Dios no fuerza a nadie, pues respeta al hombre. Cada uno está invitado a responder: «¡Sí, voy!».

Otro obstáculo puede presentarse a la fe: el hecho de buscar la gloria que viene del hombre. Esto consiste en decir: «¿Qué van a pensar si acepto el Evangelio? ¿Podré conservar mis amigos, mi reputación, la consideración de los demás?».

¡Sin embargo, la verdad es mucho más valiosa que la reputación! Jesús nos enseña que debemos buscar “la gloria que viene del Dios único”, es decir, buscar su aprobación, tratar de agradarle humildemente y cueste lo que cueste. Así experimentaremos la verdadera libertad y una profunda paz. Jesús también dijo: “Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla” (Mateo 7:8). El Señor va al encuentro de todo el que lo busca.

Ezequiel 35:1-36:12 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

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¿Qué es nuestra vida?

martes 11 abril

¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano del Señor la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano.

Job 12:9-10

Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.

Salmo 103:14

¿Qué es nuestra vida?

Santiago 4:14

Tenemos la tendencia a instalarnos en la tierra y a hacer proyectos como si nuestra vida fuese ilimitada. ¿Olvidamos que el espíritu de cada hombre está en las manos de Dios? ¿O queremos liberarnos de esta dependencia y tratar de explicar nuestra existencia mediante el fruto del azar y la acción del tiempo? ¿Hemos apreciado las bendiciones de Dios, lo que pone en nuestras manos, es decir, la vida y las innumerables capacidades? ¡Él tiene derecho de recibir algo a cambio! (Mateo 25:15-28). En vez de reconocer que fue Dios quien nos las dio, corremos el riesgo de utilizarlas en nuestro propio detrimento. Pero, en su gracia, Dios no nos paga según nuestras iniquidades. En efecto, se acuerda de que somos polvo, un “soplo que va y no vuelve” (Salmo 78:39).

Si nuestra vida solo es una “neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Santiago 4:14), no olvidemos que nuestra alma nos será pedida (Lucas 12:20).

En la escala divina, todos nuestros proyectos son vanidad (Eclesiastés 1:14). Y, “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26). El rey Salomón dijo: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).

¿Cómo recordarlo? ¡Leyendo la Palabra, orando!

Ezequiel 34:11-31 – 2 Tesalonicenses 1 – Salmo 42:1-6 – Proverbios 13:11

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Los siete milagros de Jesús (3)

lunes 10 abril

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:30-31

Los siete milagros de Jesús (3)

–Sexto milagro (Juan 9:1-12): Jesús dio la vista a un hombre que había nacido ciego. Era un cumplimiento de la profecía: “Te pondré por… luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos” (Isaías 42:6-7). El ciego que ahora veía sabía que Jesús era el Hijo de Dios, pues él mismo se lo había dicho. Él creyó y adoró (Juan 9:38). Jesús nos hace ver espiritualmente, es la fe. Por el contrario, los fariseos que pretendían “ver”, espiritualmente quedaron cegados, es decir, fueron incapaces de discernir quién era Jesús. No es nuestro conocimiento religioso lo que hará que veamos las realidades del Evangelio, sino la fe en Cristo.

–Séptimo milagro (Juan 11:17-44): Jesús resucitó a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días. Así Jesús mostró que él es la resurrección y la vida. La vida de los vivos y la resurrección de los muertos, “para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). Quizás usted o uno de sus seres queridos está en una situación difícil. ¡Mire a Aquel que resucita a los muertos! De una vida estropeada, el Señor puede hacer relucir una vida nueva para su gloria.

Estos siete milagros que Juan recopila en su evangelio traducen en acción las glorias de Jesús: Él inaugura un nuevo orden, comunica la vida, ejerce el juicio y controla las fuerzas de la naturaleza. Es el pan de vida, la luz del mundo. Es la resurrección y la vida. Podemos y debemos creer en él.

Ezequiel 33:21-34:10 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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Los siete milagros de Jesús (2)

domingo 9 abril

Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.

Juan 6:18-20

Los siete milagros de Jesús (2)

–El tercer milagro que Jesús hizo fue sanar a un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, quien reconocía su total incapacidad para salir de su situación por sí mismo (Juan 5:1-9). Esta historia nos muestra que Dios puede liberarnos, independientemente de nuestra edad o situación: basta reconocer nuestra propia incapacidad.

–Cuarto milagro (Juan 6:1-15): Jesús alimentó de forma milagrosa a 5.000 personas con cinco panes y dos peces, señal de que Jesús es el pan de vida, como lo declaró después, añadiendo: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). En el corazón humano hay necesidades semejantes al hambre y la sed, las cuales solo Jesús puede apaciguar.

–Quinto milagro (Juan 6:16-27): Jesús caminó sobre las aguas, señal de que las fuerzas de la naturaleza están sujetas a su autoridad. Este milagro manifiesta su divinidad (Salmo 77:15-20; Job 9:8). Por ello los discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús, pero al escuchar su voz, se tranquilizaron; y en el momento en que le recibieron, su barca llegó a tierra al lugar a donde querían ir. Al reconocer a Jesús, al escuchar su voz, pasaron de la agitación, de la turbación (figurado por el mar), a la paz, la serenidad.

Este pasaje muestra el verdadero carácter de la fe. La fe cristiana confía en Jesús, quien nos acerca a Dios y hace que esté a nuestro lado.

(mañana continuará)

Ezequiel 33:1-20 – 1 Tesalonicenses 4 – Salmo 41:1-6 – Proverbios 13:7-8

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Los siete milagros de Jesús (1)

sábado 8 abril

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

Juan 2:11

Los siete milagros de Jesús (1)

En su evangelio el apóstol Juan relata solamente siete milagros de Jesús entre tantos otros que hizo, a favor de los que le rodeaban (Juan 20:30-31). En la Biblia, los milagros ponen en evidencia el poder de Dios. A veces son llamados “prodigios”, porque suscitan la admiración, o “señales”, porque centran nuestra atención sobre lo que Dios quiere revelarnos. Los milagros que Jesús hizo son señales que nos muestran diferentes aspectos de su persona. Nos han sido dados para invitarnos a creer en él (Juan 2:11).

–El primer milagro de Jesús fue cambiar el agua en vino (Juan 2:1-11). Es la señal de que él regocija el corazón del creyente y hace “nuevas todas las cosas”. En las bodas de Caná, las seis tinajas de piedra, que contenían el agua empleada para las purificaciones rituales, son símbolos de la antigua religión, dominada por la “ley”. Pero, en contraste, el milagro del agua transformada en vino da testimonio de que en Jesús el reino de Dios está presente, un reino de amor, de paz y de gozo.

–El segundo milagro que Jesús hizo fue curar a un enfermo a distancia, mediante una frase (Juan 4:46-54). Un hombre le pidió que fuese a ver a su hijo enfermo. Jesús le respondió: “Ve, tu hijo vive”. El hombre creyó, regresó a su casa y encontró a su hijo sano. La palabra de Jesús es poderosa para dar la vida. ¡Escucharla y recibirla es vivir! Este hombre le tomó la palabra a Jesús. Así es como deberíamos recibir la Palabra de Dios. Pidámosle que toque nuestros corazones para que creamos lo que nos promete.

(mañana continuará)

Ezequiel 32 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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