Aún en la cáscara

viernes 7 abril

 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.

1 Corintios 2:9

Aún en la cáscara

El alma en el interior del cuerpo humano puede ser comparada al pajarito escondido en la cáscara del huevo. Si por algún medio el pollito pudiera enterarse de que al exterior del huevo existe un vasto mundo lleno de luz, flores, praderas, ríos, colinas; si se le dijera que todo es magnífico, que sus padres viven en ese mundo y que él mismo formará parte de él cuando salga de su prisión, no entendería nada y no creería nada de lo que se le dice. Si usted pudiera explicarle que un día verá todo esto con sus pequeños ojos, que volará con sus alas aún imperfectas, tampoco creería; ninguna prueba lo convencería.

Así mucha gente no cree en la vida futura ni en la existencia de Dios, porque no puede verlas mientras está en su «cáscara» terrenal. Su imaginación, semejante a ojos cerrados, a alas demasiado débiles, es incapaz de volar más allá de los límites de su razón; no puede ver con sus ojos físicos las cosas espléndidas y eternas que Dios preparó para los que le aman.

El hombre, criatura limitada, necesita la fe para elevarse al nivel de los misterios del Dios infinito. Es imposible que el ser humano con su inteligencia limitada pueda penetrar en las profundidades de los secretos divinos con los únicos medios que posee en sí mismo.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:1, 7).

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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A cada uno su papel

jueves 6 abril

 Hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra.

2 Tesalonicenses 3:1

Orando en todo tiempo… y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que… me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio.

Efesios 6:18-19

A cada uno su papel

Los pasajes del Antiguo Testamento son ricos en enseñanzas para nuestra vida cristiana. El combate de Israel contra Amalec (Éxodo 17:8-13) nos habla de diferentes servicios para Dios. En la llanura, Josué estaba a la cabeza de la batalla del pueblo de Dios contra una nación enemiga que lo había atacado. Al mismo tiempo, en la colina, Moisés levantaba las manos hacia Dios y oraba por los combatientes. “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec” (Éxodo 17:11). Entonces Moisés, sostenido por sus dos asistentes, no dejó de orar hasta que la victoria fuese total.

Es muy importante que cada uno desempeñe su rol. Los que oran son tan útiles como los que están al frente. Su contribución es menos visible pero igual de real; tan pronto cesa, se nota su ausencia.

Aunque no haya recibido un don de evangelista, puedo orar por los predicadores. Si Dios me ha guardado de ser torturado o desterrado debido a mi fe, puedo orar por mis hermanos perseguidos. Aunque no sepa explicar la Biblia o consolar a los creyentes afligidos, sí puedo orar por aquellos que lo hacen. ¡No subestimemos la importancia de la oración, individual o colectiva! Los cristianos necesitan intercesores para ganar los combates espirituales. No hay que tener cualidades específicas para ello, sino solo interés por la Iglesia de Cristo, amor por nuestros hermanos y perseverancia.

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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Trabajar para el Señor

A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Efesios 4:7

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. Hebreos 10:24

Trabajar para el Señor

Aunque no todos los creyentes trabajan en la misma medida en Su obra, el Señor Jesús se interesa en todo lo que se hace para él y aprecia el esfuerzo de cada uno. No todos tenemos las mismas capacidades, la misma energía y las mismas ocasiones de servirle. El Señor solo nos pide poner a su disposición lo que nos ha dado. Algunos ejemplos de la Biblia deberían estimularnos:

–Un niño tenía cinco panes y dos peces. Jesús los empleó para alimentar a 5.000 personas (Juan 6:9-13).

–Bernabé vendió un terreno y puso el dinero a disposición de los apóstoles (Hechos 4:35-37).

–Dorcas hacía ropa, según sus capacidades, para las viudas pobres (Hechos 9:39).

–Lidia, la vendedora de púrpura, recibió al apóstol Pablo y a sus compañeros en su casa (Hechos 16:14-15).

–Febe, como sierva de la asamblea, fue una ayuda para Pablo y muchos otros cristianos (Romanos 16:1).

–Priscila y Aquila, colaboradores del apóstol Pablo, arriesgaron su vida por él (Romanos 16:3-4).

Todos estos cristianos trabajaban para el mismo Maestro. A cada uno de ellos el Señor dirá un día: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Mientras esperamos la venida de nuestro Señor, seamos fieles en lo que nos confía.

Ezequiel 29 – Gálatas 6 – Salmo 39:7-13 – Proverbios 13:1

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Era un esclavo encadenado por Satanás (2)

martes  4 abril

Dios… saca a los cautivos a prosperidad. Salmo 68:6

(Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Colosenses 1:13-14

Era un esclavo encadenado por Satanás (2)

«Era un esclavo encadenado y no pertenecía a Dios sino a Satanás, quien solo tenía un objetivo: conducirme a la muerte. También comprendí que solo Jesús tenía el poder para hacerme cambiar de vida. Jesús había venido para liberar a los hombres de sus cadenas y del poder de Satanás. Comprendí que Jesús había muerto para llevar sobre sí mismo todas las suciedades de mi vida. Me invitaba a dejarlo entrar en mi corazón.

Me puse de rodillas, solo en mi habitación, y allí le dije que no soportaba más ser la persona que era, que quería cambiar, y le supliqué que me salvase. Ya no podía hablar; sentía que Satanás no quería soltarme. Luego, de repente, llegó la calma total. Un profundo gozo llenó mi ser y echó fuera todas las tinieblas. En seguida experimenté una seguridad total: Dios me había oído. Ya no estaba solo; el Espíritu de Dios venía a morar en mí.

A partir de ese momento todo lo que formaba parte de mi vida pasada dejó de existir. Mis centros de interés fueron transformados. Solo tenía un deseo: leer la Biblia. Poco después de mi conversión escribí una carta a mi padre y le pedí perdón por todos los problemas que le había causado.

Eso fue hace treinta años. Durante todo este tiempo Dios veló sobre mí, me enseñó a conocerle mejor, a amarle y a servirle».

Thierry

“La paz de Dios gobierne en vuestros corazones… y sed agradecidos” (Colosenses 3:15).

Ezequiel 28 – Gálatas 5 – Salmo 39:1-6 – Proverbios 12:27-28

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Era un esclavo encadenado por Satanás (1)

 Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis. Romanos 6:16

Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:36

Testimonio

«En mi niñez no fui feliz, pues todo el ambiente familiar estaba ensombrecido por el alcoholismo de mi padre. Aspiraba a encontrar amor y consuelo. Cuando tenía alrededor de 18 años me uní a un grupo de jóvenes marginales. Vivíamos en una época llena de idealismo y pensábamos que era posible tener una vida diferente, pero la decepción estuvo a la altura de la esperanza. Me sentía profundamente infeliz, mi única aspiración era la esperanza egoísta de que los demás pudiesen responder a mis deseos.

Un día recibí una carta de mi hermano mayor en la que me decía que había descubierto a Jesús y que su vida había cambiado totalmente. También me envió una Biblia y me invitó a leerla. Me alegraba por él, pero durante un año, a pesar de algunos intentos por leer la Biblia, no sucedió nada. Me estaba sumiendo en una desesperación cada vez más profunda. Un día quise saber qué contenía ese libro. Me retiré de mi entorno durante tres semanas para leer la Biblia. Cada noche, antes de abrirla, oraba a Dios diciendo: «Si lo que mi hermano dice es cierto, no hay ningún motivo para que no sea cierto para mí también». Aconsejado por mi hermano, leí el Nuevo Testamento, pero no comprendí gran cosa.

Sin embargo, una noche mientras leía quedé como fulminado interiormente. El texto hablaba del diablo, fue como una revelación. Yo creía que era libre, pero Dios me mostró que no lo era».

(mañana continuará)

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

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¿Quieres ser sano?

¿Quieres ser sano?

Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado… le dijo: ¿Quieres ser sano?… Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado. – Juan 5:5-9

Algunas preguntas de la Biblia

Esta pregunta nos sorprende. Todos deseamos ser curados, entonces, ¿por qué Jesús hizo esta pregunta a un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años?

Traslademos la situación al plano moral:

–¿Quiero ser sano de mi tendencia a hacer el mal, ser liberado de mi culpabilidad, de ese vacío que siento desde hace tanto tiempo? La pregunta es muy pertinente: ¡para ser sanado primero hay que desearlo!

–Este hombre deseaba ser sanado. Pero no sabía qué hacer, pues era paralítico y no tenía quién le ayudase… Era consciente de que su situación no tenía solución.

–Yo también traté de mejorar, pero debo reconocer que soy incapaz. ¿Cómo puedo liberarme del mal que hay en mí? ¡Nadie puede ayudarme!

–Jesús vio la desesperación de ese paralítico y le dijo: “Levántate, toma tu lecho, y anda”. ¡Al momento el paralítico fue curado y empezó a caminar!

–La curación moral que Jesús me ofrece es igual de repentina y maravillosa. Él llevó en la cruz esa culpabilidad que me agobiaba, las dudas que me carcomían, la condenación que merecían mis pecados y mi naturaleza opuesta al bien. ¡Me ofrece el perdón! Es como si me dijese: «Levántate y anda. Mira, puedes orar a Dios como a un Padre, eres libre. ¡Ven, sígueme!». Que mi respuesta sea: ¡Sí, Señor Jesús, voy a ti tal como soy!

Ezequiel 26 – Gálatas 3 – Salmo 38:9-14 – Proverbios 12:23-24
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El sufrimiento y la gloria

El sufrimiento y la gloria

Una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Mateo 17:5

Dos escenas de los evangelios presentan la persona de Jesucristo de manera muy diferente: su transfiguración y su crucifixión.

Jesús tomó a tres de sus discípulos y los llevó aparte a una montaña; allí se transfiguró delante de ellos, “resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2). Sin embargo, el profeta Isaías dijo con respecto a Cristo y su sufrimiento: “De tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14).

En la montaña de la transfiguración, “sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Marcos 9:3). Pero en la cruz del Gólgota Jesús, despojado de sus vestiduras, coronado de espinas y clavado en un madero, quedó expuesto a las miradas de todos los que pasaban. “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Juan 19:24).

En la montaña apareció la nube de la presencia de Dios, pero en la cruz todo era tinieblas; el Hijo de Dios estaba solo.

En la montaña la voz del Padre se hizo oír: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5). En la cruz se oyó el insondable clamor de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46; Salmo 22:1).

¡La felicidad y la libertad de los creyentes costaron un precio muy alto! “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lucas 24:26).

Ezequiel 25 – Gálatas 2 – Salmo 38:1-8 – Proverbios 12:21-22
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Dios me tendió una emboscada

Dios me tendió una emboscada

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. – 1 Timoteo 2:3-4

Dios… me llamó por su gracia. – Gálatas 1:15

Testimonio

«A los veintiséis años era un militar endurecido por la vida, sediento de todos los placeres, pero encerrado en mí mismo y haciendo infelices a mi mujer y a mis hijos debido a mi egoísmo e inmoralidad. En esta situación, Dios me tendió una emboscada.

Cierto día un oficial de mi unidad me invitó a una reunión, sin darme detalles. No esperaba oír hablar de Dios, y si él hubiese hecho alguna alusión al tema, seguro que yo hubiese rechazado la invitación. Al oír el Evangelio me di cuenta de toda mi miseria. Comprendí la justicia de Dios y acepté el perdón que me ofrecía por medio de la crucifixión de Cristo. Fui consciente de la afrenta que hacía a Dios con mi manera de vivir. Le pedí que cambiara mi corazón y me ayudara a reparar mis faltas. Jesucristo se convirtió en mi Salvador.

Hoy, después de haber vivido veinte años con él, puedo afirmar que la vida espiritual es una realidad. La fidelidad y la bondad de Dios nunca me defraudaron. Aprendí (y sigo aprendiendo) a obedecer, a veces con gozo pero también en medio del sufrimiento, y descubro su inmensa compasión hacia mí. En mi debilidad, su amor es para mí un poderoso sostén.

Estos últimos años el Señor me condujo, junto con mi esposa, a visitar las cárceles. Allí vemos cómo la gracia de Dios interviene en el corazón de personas que cayeron muy bajo, y tenemos el privilegio de estar a su lado para comunicarles las palabras restauradoras de Dios».

Pierre-Antoine

Ezequiel 24 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

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¿Tiene sed de paz?

Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien. – Job 22:21

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. – Isaías 26:3

Él (Jesucristo) es nuestra paz. – Efesios 2:14

¿Cómo podemos combatir el estrés? Un artículo de una revista aconsejaba emplear una frase, por ejemplo: «Estoy en paz conmigo y con el mundo», y repetirla, bien concentrado, al menos durante cinco minutos. Dudamos del resultado duradero de tal práctica. Sin embargo el tema escogido traduce una necesidad universal: la necesidad de paz, paz interior, paz con los demás, pero primeramente paz con Dios.

La Biblia nos enseña que, debido a su desobediencia, Adán y Eva perdieron esta paz. Tuvieron miedo de Dios y se escondieron (Génesis 3:10). Ellos mismos se hicieron “enemigos” de Dios. Desde entonces, las relaciones humanas también se deterioraron: conflictos familiares, guerras, violencia… ¡Es la triste historia de la humanidad!

Sin embargo, una esperanza de paz se vislumbró cuando Jesús nació. “En la tierra paz…”. Este fue el mensaje anunciado por los ángeles (Lucas 2:14). Después de su muerte y resurrección, Jesús se presentó a sus discípulos temerosos y les dijo: “Paz a vosotros”. Creer que Jesús vino a la tierra, que murió y resucitó, es el medio ofrecido a todo hombre para que se reconcilie con Dios, a quien ha ofendido. Jesús hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). El que cree en Jesús tiene “paz para con Dios” (Romanos 5:1). Solo por medio de ella podremos vivir en paz con nosotros mismos. No es a través de un condicionamiento mental ni de esfuerzos personales, sino mediante un encuentro liberador con el autor de nuestra paz: Jesucristo.

Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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Tal como soy… heme aquí (2)

Tal como soy… heme aquí (2)

(Dios dijo:) Venid a mí… y vivirá vuestra alma. Isaías 55:3

(Jesucristo dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

«Vaya a Jesús tal como es». Charlotte Eliott no solo retuvo estas palabras de César Malan,

sino que las vivió y la inspiraron para componer el muy conocido cántico: «Just as I am», cuya traducción al español es:

Tal como soy, sin más decir,

Que a otro yo no puedo ir,

Y tú me invitas a venir.

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, sin demorar,

Del mal queriéndome librar.

Tú solo puedes perdonar.

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, en aflicción

Expuesto a muerte y perdición,

Buscando vida y perdón,

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, tu gran amor

Me vence y busco tu favor.

Servirte quiero con valor.

Bendito Cristo, heme aquí.

¿Cómo ir a Jesús? Simplemente tal como soy, sin máscara. Entonces el amor incondicional del Salvador que perdona al pecador transformará la vida del que se acerca a él por medio de una

oración sincera. ¡Dé ese paso ahora!

Ezequiel 23:1-27 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

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