A Cristo el Señor servís
11 de diciembre

«A Cristo el Señor servís».
Colosenses 3:24
¿Aqué selecta clase de funcionarios se dijeron estas palabras? ¿A los reyes que pomposamente hacen alarde de un derecho divino? ¡Ah no, pues ellos a menudo se sirven a sí mismos o a Satanás, y olvidan al Dios cuya tolerancia les permite ostentar su imitativa majestad por pocas horas! ¿Habla, entonces, el Apóstol a los así llamados «muy reverendos padres en Dios», los obispos, o a «los venerables archidiáconos?». Tampoco: en realidad, Pablo no sabía nada de estas invenciones de los hombres. Estas palabras no se dirigieron siquiera a los pastores y maestros, ni a los ricos y estimados entre los creyentes, sino a los siervos: sí, y a los esclavos. Entre la multitud trabajadora: los jornaleros, los peones, los sirvientes, los cocineros, encontró el Apóstol (como nosotros los encontramos aún ahora) algunos de los elegidos del Señor, a quienes les dice: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia; porque a Cristo el Señor servís» (Col. 3:23, 24). Esto ennoblece la fastidiosa rutina de las ocupaciones terrenales y pone una aureola alrededor de los trabajos más humildes. El lavar los pies quizá sea servil, pero el lavar los pies de Jesús es un trabajo regio. Desatar la correa del calzado es una ocupación humilde, pero desatar el calzado del gran Maestro es un privilegio de príncipe. La tienda, la granja, el fregadero y la fragua se convierten en templos cuando los hombres y las mujeres hacen todo para la gloria de Dios. Entonces, el «culto divino» no es una cosa de unas pocas horas o limitado a ciertos lugares; al contrario, pues la vida entera llega a ser santidad al Señor, y toda cosa y el lugar que sea se hacen tan consagrados como el Tabernáculo y su candelero de oro.
Anhelo ser obrero de valor,
confiando en el poder del Salvador.
Y el que quiera trabajar,
hallará también lugar
en la viña del Señor.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 356). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


«Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».