Como una catarata ruidosa

Isha – Salmos

DÍA 129 – Salmo 92

Dosis: Gratitud

Como una catarata ruidosa

¡Cuán bueno, Señor, es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre. Proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche, al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!” (Salmo 92:1–3) (NVI)

Todas hemos visto un chorro de agua, hemos contemplado y disfrutado de la regadera. Pero nada nos prepara para una catarata. ¡Miles y miles de litros de agua! Un ruido estruendoso, una vista magnífica. Como dice el salmista, es bueno dar gracias. Y cuando Dios dice en su palabra que algo es bueno, debemos tomarlo muy en cuenta.

Pero a veces nuestra gratitud semeja a las gotas que salen de un gotero. Mientras el salmista se desborda en gratitud y escribe un poema para cantarse: “Tú, SEÑOR, me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos. Oh SEÑOR, ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos! Él había aprendido a contemplar la catarata de bendiciones.

El salmista reconoce las bendiciones en su propia vida: “Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume. Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos. Tanto como aquéllas que se desbordan hacia su pueblo amado: “Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del SEÑOR, florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos, para proclamar: «El SEÑOR es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia.»334

¡Qué admirable es nuestro Dios! ¡Qué increíble su creatividad al formar seres humanos únicos! Cientos, cientos de ellos y tener un propósito para cada vida.

Demos gracias a Dios porque esto es bueno, desbordándonos en gratitud como una catarata que no puede dejar de fluir. Pensemos en los detalles de nuestra vida, nuestra familia, nuestra historia. Glorifiquemos a Dios con alegría. Como decía el salmista, todo el día encontraremos motivos de alabanza y por la noche podremos recordar y proclamar su fidelidad.

Oración: Señor, tengo tantas cosas que agradecerte. Dame la sencillez para reconocer tus muchos detalles que hacen mis días más hermosos. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 145). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Los Nombres de Dios

Isha – Salmos

DÍA 128 – Salmo

Dosis: Protección

Los Nombres de Dios

“Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro.” (Salmo 91:1–2) (NTV)

Aunque no sabemos quién escribió este salmo, se le considera uno de los más populares del salterio. ¿La razón? La completa confianza que el salmista deposita en Dios. Dice Calvino: “Aunque muchos hablan de la providencia de Dios y dicen creer que Dios cuida a los suyos, pocos están dispuestos a dejar su seguridad completamente a él”. Debo aceptar que muchas veces tomo precauciones innecesarias porque no confío plenamente en Dios. Pero el salmista conocía tan bien a Dios que usa cuatro nombres que nos enseñan grandes verdades.

Altísimo (‘elyon). La raíz de esta palabra se usa para describir algo que está arriba o una persona en una posición prominente. En el caso de Dios, sugiere a un Dios que está por encima, y como él está arriba nos puede cuidar todo el tiempo. ¡Qué privilegio saber que podemos comunicarnos y confiar con reverencia en el que está por encima de todo y todos! Este nombre del Señor nos trae confianza.

Todopoderoso (shadai). Este nombre apunta al poder de Dios. En la raíz de esta palabra se implica la palabra “pecho”. Es decir, el Todopoderoso es quien nos suple, nos satisface y nos nutre, tal como una madre a su bebé. Es un Dios que ayuda y nos colma de todo tipo de bendiciones. Como él todo lo puede, nada está fuera de su alcance. Lo mismo puede darnos de comer que el vestido, o incluso nos puede sacar de todo peligro. Este nombre del Señor nos trae descanso.

Jehováh (yahveh). Los judíos temían tanto pronunciar este nombre que solo usaban las letras como siglas. El verbo, sin embargo, se deriva de “ser”. Esto declara que Dios es eterno. Pensemos en la reverencia y asombro que los judíos tenían ante Dios. ¿Y cómo usamos nosotros su nombre? Saber que Dios es asombroso, único y eterno nos debe hacer callar y arrodillarnos. No usemos el nombre del Señor en vano. El significado de este nombre del Señor nos produce reverencia.

Dios (‘elohim). El nombre de Dios está en forma plural pero se usa como un adjetivo o un verbo en singular. Conlleva la idea de fuerza y preeminencia. Esta palabra indica la idea la Trinidad. ¡Qué hermoso nombre para recordarnos que Dios nos libra vez tras vez de todo peligro! Este nombre nos trae paz.

Dice Spurgeon: “Tomar una verdad general y hacerla nuestra por fe personal es la más alta sabiduría”. Recordemos que podemos confiar en Dios y ocultarnos bajo sus alas. Creamos sus palabras: «Yo la libraré, porque ella se acoge a mí; la protegeré, porque reconoce mi nombre. Ella me invocará, y yo le responderé; estaré con ella en momentos de angustia; la libraré y la llenaré de honores. La colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación.» él nos puede y quiere cuidar, y descansemos en ello.

Oración: Señor, ayúdame a comprender la profundidad del significado de tus nombres para conocerte mejor y confiar más en ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 144). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Tiempo y Eternidad

Isha – Salmos

DÍA 127 – Salmo 90

Dosis: Sabiduría

Tiempo y Eternidad

“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.” (Salmo 90:12) (NVI)

El cuarto libro del salterio comienza con este salmo atribuido a Moisés, ¿y quién mejor que el caudillo de Israel para enseñarnos sobre el tiempo? En primer lugar, nos confronta con la eternidad de Dios: “Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios. ¡Qué hermosa afirmación, donde se nos asegura que Dios no se rige por el tiempo, ni funciona de la misma manera que para nosotras, porque Él que es eterno: “Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche.”328

¿Te dice algo el número 22,550? Si bien a Dios el tiempo no lo limita, nosotras dependemos del tiempo. Moisés nos recuerda que: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, sólo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.” ¡Y nos lo dice un hombre que murió a los 120 años! Pero Moisés trata de ilustrar su punto: Dios es eterno, el hombre es pasajero.

En ocasiones suspiramos: ¡Cómo pasa el tiempo! De niñas, tal vez se nos figura demasiado lento; cuando somos adultas, solo sabemos que el bebé que ayer sosteníamos hoy se está graduando. ¡El tiempo vuela! Por esa razón, en todo este debate del tiempo, Moisés nos da el mejor consejo: acudamos a Dios en oración y que él nos enseñe a contar nuestros días para vivirlos con sabiduría. Siendo conscientes de la brevedad de la vida.

¡Setenta años no son nada! ¡Solo 22,250 días! Y Moisés no nos pide contar los años, ni los meses, ni las semanas, sino cada día. Cada día importa. El día de hoy forma parte del total de nuestra vida. Así que por eso debemos pedir a Dios que nos enseñe a no olvidar que la muerte es una realidad, y que cada día cuenta. De ese modo, debemos pedir a Dios que el día de hoy tengamos sabiduría y usemos el tiempo correctamente. No olvidemos la promesa: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.”

Aprovechemos el tiempo que Dios nos ha dado a cada una, vivamos a plenitud recordando que el tiempo es corto y que Dios lo controla. Que su eternidad sea un bálsamo para nosotras y una llamada de alerta a examinarnos si estamos ocupadas en asuntos que no son eternos, ¡el tiempo es corto! ¡Regresa hoy a Dios!

Oración: Señor, enséñame a entender la brevedad de la vida para así crecer en sabiduría. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 143). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Promesas Santas Y Eternas

Isha – Salmos

DÍA 126 – Salmo 89

Dosis: Fidelidad

Promesas Santas Y Eternas

“Una sola vez he jurado por mi santidad, y no voy a mentirle a David: Su descendencia vivirá por siempre; su trono durará como el sol en mi presencia. Como la luna, fiel testigo en el cielo, será establecido para siempre.” (Salmo 89:35–37) (NVI)

¿Conoces la historia del pueblo de Israel registrada en el Antiguo Testamento? Leerla siempre causará en nosotras un gran asombro. El pueblo de Israel desobedecía de continuo: sus quejas y rebeldía en el desierto, su idolatría durante el tiempo de los jueces, su infidelidad en cada reinado. Por eso mismo, la promesa de este salmo nos asombra. Imagina a una esposa que vez tras vez perdone a su esposo adúltero, o borracho, o drogadicto. ¿Qué le recomendaría una psicóloga o trabajadora social? ¡Déjalo! ¡Recházalo! Y si no lo hace, la juzgamos débil.

Así trató Dios a su pueblo. Prometió que sus descendientes no dejarían el trono. A pesar de su desobediencia, Dios estableció la dinastía de David hasta el fin. Como sabemos, Dios es confiable, pues tiempo después esta promesa se cumplió en su totalidad por medio de Cristo. En él, la descendencia de David vivirá por siempre y su trono no será removido jamás.

Volvamos al ejemplo de la esposa que perdona a su esposo vez tras vez. Si nos ponemos del lado de la esposa, nos enfadamos por su fidelidad. Pero si estamos en los zapatos del esposo, no podríamos sino deshacernos en vergüenza y gratitud. Dios nos ha repetido sus promesas vez tras vez. Así como mujeres queremos que nuestro esposo nos repita que nos ama, no porque no le creamos, sino porque necesitamos oírlo, de ese modo Dios nos ha llenado de promesas que se basan en su carácter y no en nuestras acciones. Por eso el salmista podía decir: “Oh SEÑOR, por siempre cantaré la grandeza de tu amor; por todas las generaciones proclamará mi boca tu fidelidad. Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que has afirmado en el cielo tu fidelidad.

Ciertamente hay promesas condicionales: si… entonces… Pero en este salmo leemos una de esas promesas que no dependen del ser humano sino del carácter de Dios. ¿Puedes pensar en alguna más? Cuando estés abatida o confundida, recuerda las promesas de Dios y deja que el asombro te refresque.

El perdón no es debilidad sino una expresión del amor de Dios actuando en nosotras, si perdonamos movidas por misericordia y piedad, como Él nos perdonó… Es débil el esposo que, a pesar de ese amor, vuelve vez tras vez a su pecado. No seamos espiritualmente como ese esposo ingrato e insensato. Valoremos las promesas de Dios y glorifiquemos su nombre.

Oración: Señor, gracias porque cumpliste tu promesa a David y vino mi Señor Jesús a ocupar el trono para siempre. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 142). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Desnudando El Alma

Isha – Salmos

DÍA 125 – Salmo 88

Dosis: Fe

Desnudando El Alma

“Yo he sufrido desde mi juventud; muy cerca he estado de la muerte. Me has enviado terribles sufrimientos y ya no puedo más.” (Salmo 88:15) (NVI)

Al parecer este es uno de los salmos más pesimistas en la Biblia. La única nota positiva está en el primer verso donde el salmista llama al Señor el Dios de su salvación. Sin embargo, apreciemos el realismo de la Biblia. A diferencia de otros tratados religiosos, la Biblia no esconde la realidad del sufrimiento. Entonces ¿qué provecho encontramos al leer un salmo así?

Pensemos que algunos sufrimientos no tienen alivio aquí en la tierra. Las enfermedades terminales hacen que un paciente clame como en este salmo en los momentos de agudo dolor. No comprendemos el porqué algunos sufren de este modo, pero podemos escuchar cuando ellos elevan a Dios sus lamentos. Dios no censura al salmista por alzar la voz. Lo deja desahogarse.

Segundo, el sufrimiento nos recuerda que este mundo no es el estado final. A veces nos sentimos tan cómodas en este mundo que ya no anhelamos el cielo. Clamar: “¡Ven pronto, Señor Jesús!” no surge de labios que disfrutan la vida, sino de aquellos que buscan la redención. Pero si estamos muy alegres y cómodas en este mundo, pensemos por un momento qué está pasando dentro de nosotras. Nuestro anhelo debe ser Dios y su presencia. Quizá le conocemos tan poco, que por eso no deseamos estar con él.

Del salmista aprendemos una gran lección. A pesar de la oscuridad, siguió orando. Leamos la sinceridad de sus palabras: “Estoy aprisionado y no puedo librarme; los ojos se me nublan de tristeza. Yo, SEÑOR, te invoco cada día, y hacia ti extiendo las manos. No importa el momento, ni las circunstancias, debemos depender de Dios. Esto es un estilo de vida que marca a quién pertenecemos.

La oración a veces parecería no tener respuesta, pero cuando Hudson Taylor viajaba a China, el capitán entró a verlo a su camarote. Le dijo que no tenían viento y encallarían en un lugar peligroso. “¿Qué puedo hacer por usted?” preguntó el misionero. El capitán respondió: “Ore a Dios por viento”. “Entonces ice las velas”. El capitán arrugó el ceño. ¿Cómo izar las velas si no había viento? Cuarenta y cinco minutos después, el viento rugía. A veces, como ese capitán, oramos a Dios pidiendo algo, pero sin creer que lo recibiremos. Mientras el salmista oraba, estoy segura que Dios le pidió que izara las velas. Si hoy te lo pide, no dudes en hacerlo. Él está escuchando.

Oración: Señor, gracias porque puedo abrirte mi corazón y ser honesta en mi oración. Sé que tú me escuchas, y a su tiempo contestarás. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 141). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Mi Ciudad Favorita

Isha – Salmos

DÍA 124 – Salmo 87

Dosis: Eternidad

Mi Ciudad Favorita

“El Señor ama las entradas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. De ti, ciudad de Dios, se dicen cosas gloriosas.” (Salmo 87:2–3) (NVI)

Todos tenemos una ciudad favorita. A mí me gustan los pueblos pequeños y pintorescos, mi esposo prefiere las ciudades cosmopolitas. ¿Y el Señor? Según este salmo, él ama Jerusalén de modo especial. Este salmo, entonado probablemente por los peregrinos que iban a las fiestas cada año, les recordaba cómo Dios había elegido esa ciudad para poner ahí el templo. Sin embargo, nosotras tenemos hoy el privilegio de esperar una ciudad mejor que ninguna otra, pues su arquitecto es el mismo Dios.

Esta es una ciudad segura. Sus cimientos son los montes de santidad del carácter de Dios. Sobre ese fundamento descansamos. Dios es santo, es decir, no tolera el pecado ni Él puede pecar. Pero las puertas de esta ciudad están hechas de su amor. Por la sangre de Cristo, nosotras, aunque no somos santas, podemos entrar a esta ciudad porque en Jesús, Dios nos hace santos. ¿Y qué hay dentro? Nada menos que la presencia gloriosa de Dios mismo.

Además de segura, esta ciudad es permanente. Es un reino que abarca todas las naciones y que no se limita solo para ciertas nacionalidades. Lo único que necesitamos para entrar a ella es formar parte de los conocidos del Señor. En otras palabras, conocerle por medio de la salvación que se ofrece en Cristo. Y esto nos da estabilidad. Nadie nos quitará el derecho de entrar a esta ciudad pues hemos nacido de nuevo. En otras palabras, somos hijas del Rey, con derecho a vivir en la ciudad de nuestro Padre. Solo debemos recibirle, creer en su nombre y somos hechas sus hijas.

Finalmente, esta ciudad es alegre. Se nos recibe con un canto de bienvenida. Después hay una danza producida por el arrepentimiento. ¡Pues cuánto gozo tenemos al sabernos parte de esta ciudad! Y en medio de la ciudad encontramos una fuente rebosante de gozo y bendición.

Hoy somos solamente extranjeras y peregrinas en esta tierra. Ninguna ciudad es eterna. Cualquier día de estos nos podemos mudar. Pero esta ciudad no tiene fin. ¿Estás segura que entrarás a ella? Recuerda una advertencia: “Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero”. ¿Está tu nombre allí?

Oración: Señor, gracias porque has preparado una ciudad eterna donde tu nombre será alabado por siempre. Gracias porque para estar allí solo debe creer en Jesús como mi Salvador. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 140). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

 

Una Bella Oración

Isha – Salmos

DÍA 123 – Salmo 86

Dosis: Integridad

Una Bella Oración

“Instrúyeme, Señor, en tu camino para conducirme con fidelidad. Dame integridad de corazón para temer tu nombre.” (Salmo 86:11) (NVI)

¡Qué hermosa petición eleva David en medio de problemas profundos! Le reitera varias veces a Dios que es suyo, que lo ama, y finalmente pide algo hermoso. En primer lugar, quiere la dirección de Dios. Caminar en la verdad es un hábito y un estilo de vida. Haríamos bien en rogar a Dios todos los días el andar por sus caminos. ¿Pero cómo lo podemos hacer? Al tener integridad de corazón. El corazón que incluye las emociones, los pensamientos y las actitudes debe estar unificado, con un mismo propósito: que el nombre de Dios sea honrado. ¿Está nuestra vida ordenada por esta oración?

Tal vez estamos transitando el camino del ignorante, quien no conoce los caminos de Dios y cuya vida no tiene un propósito específico. Muchas veces caemos en esta trampa. Nos conducimos como si nada importara. Por ello, no hay fidelidad de nuestra parte; no hay pureza de corazón. ¿Para quién vives? ¿Para qué vives? Si no puedes responder estas palabras, ora a Dios con las palabras de este salmo para que te dé un camino y un propósito.

Quizá andamos por el camino del renegado quien es celoso de las doctrinas pero no las aplica. ¿Cómo es esto? Nos ocupamos mucho por comprender cuál es el camino, lo trazamos, lo estudiamos, lo predicamos, lo compartimos, pero nosotras no andamos por él. Nuestro corazón no es íntegro, por lo tanto hablamos de las reglas, pero nosotras no las seguimos. Si nuestra mente está más ocupada que nuestros pies, oremos a Dios que nos instruya y nos dé un corazón íntegro.

Tal vez caminamos al lado de los fariseos, quienes no miran tanto el corazón sino las acciones. Recordemos esto: “lo que hacemos no define lo que somos; lo que somos define lo que hacemos”. En otras palabras, podemos fingir andar en el camino, pero solo Dios puede ver si en nuestro corazón hay pureza e integridad. Podemos ser fieles asistentes a un templo y cumplir con nuestras obligaciones religiosas, pero de nada sirve si no estamos buscando honrar el nombre de nuestro Dios.

Finalmente, quizá deambulamos por los caminos del inconstante. Hoy ando por los senderos de Jesús, mañana me desvío a la carretera del pecado, pasado mañana prefiero la calle de la filosofía. Una vida dividida no es vida. Pidamos a Dios que nos enseñe el camino de la santidad, para así practicar la verdad y poder así adorar a Dios.

Oración: Señor, quiero vivir de acuerdo con tu bondad. Concédeme pureza de corazón para que te honre.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 139). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Las paradojas de la cruz

Isha – Salmos

DÍA 122 – Salmo 85

Dosis: Verdad y Amor

Las paradojas de la cruz

“El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia. De la tierra brotará la verdad, y desde el cielo se asomará la justicia.” (Salmo 85:10–11) (NTV)

Una paradoja es una verdad en supuesta contradicción. Santa Teresa de Jesús dijo: “Vivo sin vivir en mí”. Uno pensaría: ¿cómo puedes vivir sin vivir en ti? Pero cada una de estas frases encierra una profunda enseñanza que es cierta. Solo basta comprenderlas. El texto de hoy encierra la paradoja más grande de la vida: ¿puede la justicia reconciliarse con el amor? ¿Puede la verdad encontrar la paz?

Este versículo logró hacerse realidad en la cruz. La misericordia venía de la promesa que Dios dio al hombre de una reconciliación con él. La verdad se dio cuando Jesús murió en la cruz para cumplir esa promesa. En la cruz la misericordia y la verdad se encontraron. La justicia fue la manera de dar cumplimiento a lo que Dios advirtió desde el principio. En la cruz, esa justicia se llevó a cabo y trajo como resultado la paz para la humanidad. La paz y la justicia se besaron.

Como hijas de Dios, debemos lograr que estas cuatro virtudes se fundan en un abrazo fraternal. Pero a veces elegimos el amor por encima de la verdad. “Si le digo lo que siento, va a dejar de amarme”. En ocasiones elegimos la justicia a la paz. “Se lo merece. No debió haberlo hecho. Ya no le volveré a hablar”. Ninguna religión ofrece el abrazo de la misericordia y la verdad salvo el verdadero cristianismo.

Una amiga mía, a quien llamaré Sandra, luchaba con un pecado que la avergonzaba. Por diversas situaciones en su niñez, comenzó a sentirse atraída por otras mujeres. Temía confesar sus batallas, pero sobre todo no sabía a quién acudir. Algunas filosofías le decían: “Vive como quieras y sé feliz”, pero negaban la verdad: su vergüenza profunda conducida por su conciencia. Vivía sin paz. Hasta que un día conoció a Jesús como su Salvador personal, pudo enfrentar su pecado y confesarlo, luego hallar la misericordia en el abrazo del Padre. Hoy es aceptada y se siente amada. Como ella muchas de nosotras hemos experimentado el perdón y la bondad de Dios cumpliéndose en nuestras vidas lo que dice este precioso salmo: “El SEÑOR mismo nos dará bienestar, y nuestra tierra rendirá su fruto. La justicia será su heraldo y le preparará el camino. Seamos verdaderas hijas de Dios que mostremos que la justicia y la paz se pueden lograr, que la misericordia y la verdad se funden en la cruz de Cristo. Y que esa gracia nos alcanza.

Oración: Señor, gracias porque tu amor y tu verdad se han encontrado, porque la justicia y la paz se han besado, y por ello, hoy puedo ser tu hija. Enséñame a mostrar estas virtudes en mi vida.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 138). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

 

Moradas Celestiales

Isha – Salmos

DÍA 121 – Salmo 84

Dosis: Comunión

Moradas Celestiales

“¡Cuán hermosas son tus moradas, SEÑOR Todopoderoso! Anhelo con el alma los atrios del SEÑOR; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida. SEÑOR Todopoderoso, rey mío y Dios mío, aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos.” (Salmo 84:1–3) (NVI)

Este es uno de los salmos más dulces, compuestos por los hijos de Coré, quienes eran los porteros y músicos del Tabernáculo y del Templo. Por tener esta responsabilidad eran partícipes directos de la adoración del pueblo y la valoraban. Aquí expresan lo hermoso que es estar en el templo de Dios. Lo describen como un lugar hermoso y seguro, donde incluso la golondrina puede anidar. Entendemos así cuán importante era para un judío llegar y estar en el lugar de adoración: “Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos.”

En la vida tenemos preferencias de poca trascendencia que se basan en gustos y afinidades. Pero el salmista aquí nos habla de dos cosas que marcan nuestra vida y definen quiénes somos.

Primero, ¿qué lugar prefieres? El salmista prefiere un día en la casa de Dios a mil en otros lugares. Un día de escuchar la Palabra, de confesar, de creer, de adorar, de comunión, de avivamiento, es mejor que mil días de placer, de hacer dinero, de cosechar, de discutir, de vivir para uno mismo. ¿Por qué son tan preciosos los días en la casa de Dios? Porque son más placenteros, aún cuando nuestra mente a veces nos engañe diciendo lo contrario. Son de más provecho, pues nos fortalecen y nos acercan a Dios. Sobre todo, son preparatorios para el futuro: el cielo. Si un día en el templo de Salomón emocionaba hasta las lágrimas al salmista, ¿cómo nos sentiremos en nuestro primer día en el cielo? Preparémonos hoy para ese día, prefiriendo aquí: un día reunidos con la iglesia del Señor.

En segundo lugar, el salmista compara personas. Él prefiere ser un portero en el templo a ser un líder entre los impíos. Habla de prioridades. Ha comprendido que la mejor dicha consiste en servirle y buscar la bendición de Dios: “Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando. Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que sólo piensa en recorrer tus sendas. Cuando pasa por el valle de las lágrimas lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle. Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas, y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.

Los peregrinos recorrían grandes distancias para llegar al lugar de adoración y dice el salmo que cuanto más se acercaban cobraban fuerzas. ¿Qué de nosotras? ¿Cuántas veces hemos priorizado otras actividades en vez de ir a la casa de Dios a escuchar su palabra y adorarle? Los hijos de Coré eligieron lo mejor, optaron por ser fieles a Dios y buscarle. Amada, ordenemos nuestras prioridades para que nuestra preferencia sea hoy y siempre honrarle a Él.

Oración: Señor, quiero anhelar con todo mi ser el estar en tu presencia, reunida con mis hermanos en la fe. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 137). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Entre Cánticos

Isha – Salmos

DÍA 120 – Salmo 83

Dosis: Victorias

Entre Cánticos

“Que sepan que tú eres el Señor, que ése es tu nombre; que sepan que sólo tú eres el Altísimo sobre toda la tierra.” (Salmo 83:18) (NVI)

Al parecer, este salmo fue escrito por un descendiente de Asaf durante un ataque enemigo en tiempos del rey Josafat. Los reyes de Moab, Amón y otras naciones se reunieron para pelear contra Judá. El rey Josafat se atemorizó ante las noticias y rogó a Dios su guía. También ordenó que todo Judá ayunara. ¡Qué bueno es cuando todos nos unimos en una misma causa delante de Dios! ¿Cuándo fue la última vez que oraste con otros por una causa en particular?

Josafat entonces oró al Señor una súplica parecida a la de este salmo, y mientras lo hacía, el Espíritu descendió sobre uno de los hombres que estaban allí: Jahaziel, hijo de Zacarías. Dios le dio un mensaje de valor para el pueblo. Les pidió que no tuvieron miedo sino que marcharan contra ellos al día siguiente. En pocas palabras les dijo: “Yo estaré con ustedes”. El proceso de cimentar nuestra confianza en Dios en circunstancias adversas a menudo es complicado. Pero Dios mismo nos lleva de la mano para experimentar en fe su paz y su poder. Por eso te dice hoy. “No importa las batallas que enfrentes, estaré a tu lado.”

Josafat y el pueblo adoraron, y al día siguiente, salieron a la batalla. Pero ¿sabes qué hicieron? Enviaron a los cantores del templo por delante. Ellos entonaban un salmo: “Den gracias al Señor; su gran amor perdura para siempre”. ¿Te imaginas ganar una guerra con música? Dice la Biblia que tan pronto empezaron los cánticos, Dios puso emboscadas entre los enemigos. ¡Se pelearon entre ellos! Así que cuando llegaron los israelitas, vieron que todos sus enemigos estaban muertos. Se habían matado unos a otros. Recogieron botín, que tardaron tres días en colectar, y al cuarto día se reunieron en el Valle de la Bendición donde dieron gracias a Dios. Cuando volvieron a Jerusalén, ¡lo hicieron cantando!

La próxima vez que enfrentes una batalla, acude a Dios en oración, y luego canta salmos a su nombre. Él se encarga de tus enemigos. A ti solo te tocará recoger botín y luego dar gracias en el Valle de la Bendición. El mismo Dios de Josafat es el que hoy está contigo. Solo recuerda que al pedir ayuda a Dios, puedas decir como el salmista que lo único que buscas es que los demás sepan que el Señor es el único Dios, y que su nombre sea reverenciado.

Oración: Señor, gracias porque nos das victoria en medio de las más complicadas circunstancias. Quiero usar los salmos y los cánticos antes de salir a batalla y después de obtener la victoria. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 136). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.