¡Pasajes dignos de una meditación!

5 SEPTIEMBRE

1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

1 Corintios 10 incluye varios pasajes dignos de una meditación prolongada. Pero hoy reflexionaremos sobre un pasaje que, superficialmente hablando, es uno de los más fáciles.

Pablo dice a los corintios que las cosas que la Escritura señala que les sucedieron a “nuestros antepasados” (10:1) ocurrieron “para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos” (10:6). Después de dar varios ejemplos, el apóstol vuelve a decir: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos” (10:11).

(1) Es importante observar la diversidad de propósitos que tienen las Escrituras. En otra parte, por ejemplo, aprendemos que el Antiguo Testamento (o algunas partes del mismo) fue dado: para mostrar el pecado como la atrocidad que es, nada menos que transgresión; para preparar el camino de Cristo, no sólo mediante palabras proféticas, sino con modelos, patrones y “tipos” que anticiparan cómo sería el Cristo; para anunciar el tiempo en el que Dios actuaría definitivamente a favor de su pueblo; para advertir en contra del pecado y el juicio; y por muchas otras razones. Pero aquí la Biblia nos presenta ejemplos para evitar que persigamos cosas malvadas. Esto significa que, si bien los relatos del Antiguo Testamento nos ofrecen indudablemente más que “meras” lecciones morales, tampoco es menos que esto. A la vez que buscamos los complejos niveles de conexión interna en el canon, no podemos ignorar la instrucción moral que yace en la superficie misma del texto.

(2) Los pecados flagrantes que Pablo expone como ejemplo—idolatría, inmoralidad sexual, “poner en prueba” a Dios (es decir, dudar de su bondad o capacidad, como en Ex. 17:2) y murmuración (10:7–10) —no nos son ajenos a los creyentes contemporáneos.

(3) Según Pablo, la intención de Dios era que, al figurar este material en la Escritura, nosotros nos beneficiáramos; “nosotros” se refiere a aquellos a quienes “nos ha llegado el fin de los tiempos” (10:11). Sin duda, esto no se debe tomar como una declaración exhaustiva de la intención de Dios, pero ciertamente es fundamental. Por tanto, desde la perspectiva de Dios, los libros del Antiguo Testamento no eran sólo para su audiencia original. Son también para “nosotros” que vivimos en este momento formidable de la historia en el que estamos experimentando la primera etapa del cumplimiento de promesas eternas.

(4) La implicación de esto es que resulta mucho más chocante si nosotros, que hemos recibido tanta instrucción y advertencias desde la antigüedad, ignoramos el arsenal de beneficios que nos pertenece. En nuestra ceguera, a veces nos asombramos de que los personajes o grupos del Antiguo Testamento abandonaran tan rápidamente la herencia santa y el pacto que habían recibido. ¡Cuánto peor si lo hacemos nosotros!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 248). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Cómo se formó la Biblia?

Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2 Pedro 1:21

Toda la Escritura es inspirada por Dios.

2 Timoteo 3:16

¿Cómo se formó la Biblia?

Unos 45 autores contribuyeron a su redacción. Pertenecieron a todos los ámbitos socioculturales. Entre ellos encontramos a Moisés, hombre de gran erudición, formado en la misma escuela que un faraón; Josué, un jefe de guerra; David, rey de Israel; Daniel, ministro de varios gobiernos sucesivos; Nehemías, copero real; Amós, pastor; Pedro, pescador; Mateo, recaudador de impuestos; Lucas, médico; Pablo, erudito y fabricante de tiendas.

Los libros que constituyen las Santas Escrituras fueron redactados en circunstancias a veces extrañas: Moisés escribió en el desierto, Jeremías y Pablo en la cárcel, Lucas durante sus viajes, Juan durante su exilio. Estos autores experimentaron todos los estados del alma: alegría, amor, temor, inquietud, desamparo, duda.

En el transcurso de varios siglos los autores inspirados por Dios escribieron las diferentes partes de la Biblia. El Antiguo Testamento fue redactado en el idioma hebreo con algunas porciones en arameo, mientras que el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Pese a ello, el conjunto presenta una unidad humanamente inexplicable. Sus diferentes autores abordaron cientos de temas sin contradecirse.

¿Cómo es posible que hombres provenientes de épocas y lugares tan variados hayan podido expresar ideas convergentes sobre tan gran número de temas? No es nada sorprendente. Cualesquiera que sean los instrumentos que haya empleado, Dios mismo los inspiró y se reveló a lo largo de las páginas de la Biblia. Para conocer a Dios, escuchémosle: leamos su Palabra.

2 Crónicas 21 – 1 Corintios 12 – Salmo 103:19-22 – Proverbios 22:22-23

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

9/4/2017

Puede también salvar perpetuamente a los que
por él se
acercan a Dios.
HEBREOS 7:25


El alcance de su seguridad como creyente es tan ilimitado como su certeza es absoluta. En rea-lidad, la expresión “perpetuamente” en el versículo de hoy literalmente significa “por completo” o “para siempre”. La seguridad de la salvación es absolutamente amplia, sin salvedades ni límites.
El infalible decreto del Padre de seguridad para los cristianos se cumplió misericordiosa y completamente mediante la obra de su Hijo en el Calvario (vea 1 Jn. 2:1). Y esa seguridad es lo bastante firme como para que dure toda su vida en la tierra, hasta que usted llegue a la presencia del Señor. El apóstol Judas presenta esta alentadora bendición, en la que siempre usted puede confiar: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud. 24).

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En qué cimentar nuestra vida

SEPTIEMBRE, 04

En qué cimentar nuestra vida

Devocional por John Piper

El dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. (2 Corintios 4:4)

Probémonos a nosotros mismos. ¿Cómo pensamos? ¿Empezamos por Dios y su ley y sus objetivos? ¿O empezamos por nosotros mismos y nuestros derechos y nuestros deseos?

Cuando miramos hacia la muerte de Cristo, ¿qué sucede? ¿Será que nuestro gozo en realidad proviene de convertir esta asombrosa obra divina en un incentivo para nuestra autoestima? ¿O será que la cruz nos lleva a mirar afuera de uno mismo y nos llena de asombro y reverencia y alabanza, porque en la muerte de Cristo se halla la declaración más clara y profunda de la infinita estima que Dios tiene por su gloria y por su Hijo?

Aquí encontramos un fundamento, importante y objetivo, para asegurar plenamente nuestra esperanza: el perdón de los pecados se basa, en última instancia, no en mi valor o en mi trabajo finito, sino en el valor infinito de la justicia de Dios —en el férreo compromiso de Dios con la preservación y la vindicación de la gloria de su nombre—.

Les ruego de todo corazón que asienten su posición en esta garantía. Basemos nuestra vida en ella. Cimentemos nuestra esperanza en ella. Así seremos libres del vano modo de pensar del mundo, y nunca caeremos.

Cuando la exaltación de Dios de sí mismo en Cristo se vuelve nuestro gozo, esto no puede fallar.


Devocional tomado del articulo“Did Christ Die for Us or for God?” 

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Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis

4 de septiembre

«Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis».

Levítico 19:36

Las pesas, las balanzas y las medidas tenían que adaptarse a la ley de justicia. Sin duda, ningún cristiano necesita que se le recuerde esto en su negocio, pues si la justicia se desterrara del mundo que nos rodea, debería hallar asilo en los corazones creyentes. Hay, además, otras balanzas que pesan géneros morales y espirituales las cuales tienen que examinarse con frecuencia. Invitemos al Juez en esta noche.

¿Funcionan bien las balanzas en las cuales pesamos nuestro carácter y el carácter de los otros hombres? ¿No estamos convirtiendo en kilos nuestros gramos de bondad y en litros los decalitros de los demás? Cristiano, mira bien cómo andan esas pesas y medidas. Las balanzas en las cuales pesamos nuestras pruebas y aflicciones ¿funcionan según la ley? Pablo, que sufría más que nosotros, calificó de «leves» sus tribulaciones (cf. 2 Co. 5:17); en cambio, nosotros consideramos «pesadas» las nuestras. Sin duda, algo anda mal en las balanzas. Debemos pensar en este asunto, no sea que se nos denuncie ante el tribunal celestial por proceder injustamente. ¿Y van bien esas balanzas con las cuales pesamos nuestras creencias doctrinales? Las doctrinas de la gracia debieran tener para nosotros el mismo peso que tienen los preceptos de la Palabra, ni más ni menos; pero es de temer que en el concepto de muchos, bien un platillo de la balanza o bien el otro, esté injustamente cargado. Dar medida justa es, en realidad, una gran cosa. El cristiano debe ser cuidadoso en esto. Las medidas con las cuales estimamos nuestras obligaciones y responsabilidades dan la impresión de ser más bien pequeñas: cuando un rico no da a la causa de Cristo más de lo que contribuye un pobre, ¿es eso efa justo e hin justo? Cuando los pastores están medio muertos de hambre, ¿es ese un proceder justo? Cuando los pobres son menospreciados mientras se admira a los ricos impíos, ¿es esa una balanza justa? Lector, podríamos alargar la lista, pero preferimos ponerle punto final para descubrir y destruir ahora todas las balanzas, las pesas y las medidas injustas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 258). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La Insensatez de la Voluntad Humana

La Insensatez de la Voluntad Humana

Y el Señor dijo a Samuel: Oye su voz y nómbrales un rey. – 1 Samuel 8:22

Encontramos en la Escritura varios ejemplos registrados donde el Señor concede los deseos de los hombres, aun y cuando tales deseos son contrarios a Su propia voluntad. Pareciera, en efecto, ser un principio del gobierno moral de Dios, donde Él no va más allá de cierto punto para resistir a la voluntad propia de Sus criaturas, en todo caso durante el período de prueba de Su trato con ellos. Las circunstancias que rodearon el nombramiento de Saúl, hijo de Cis, como el primer rey de Israel, son una ilustración notable de esta verdad. Si el propósito Divino era finalmente introducir la forma monárquica del gobierno en Israel, o no, es claro que el deseo del pueblo para tal cambio no sólo era malo, sino que fueron impulsados ​​por motivos erróneos al considerar tal idea. El orden teocrático, bajo el cual el Señor mismo preparó y puso a cargo a un hombre para que fuera Su instrumento en el gobierno de Su pueblo, fue la elección divina original, y la insistencia del pueblo en sustituir este orden por otro, significó, como hemos aprendido del registro sagrado, un virtual rechazo al Señor mismo cómo la cabeza y gobernante de la nación. No obstante, la petición del pueblo fue concedida en las palabras citadas arriba, y encontramos que no mucho tiempo después Saúl es ascendido y unánimemente aceptado como rey. Los capítulos subsiguientes del primer libro de Samuel relatan una serie de consecuencias desastrosas para Israel, resultado de su propia impaciencia y su propia voluntad. Podemos estar seguros de que si ellos hubieran manifestado un espíritu recto y una actitud de humildad, paciencia y auto juicio, si hubieran esperado en el Señor para dejar en claro Su propio acuerdo para suplir las necesidades de la nación, los acontecimientos hubieran tomado un curso muy distinto. El libro de los Jueces repite una y otra vez la gracia (del Señor), que en tiempos de necesidad nacional y de desastre, aunque fuera ocasionado por el pecado y el retroceder del pueblo, si sólo se volvían de todo su corazón al Señor, Él estaba dispuesto a encargarse de ellos, y darles a alguien escogido y preparado por Él, para liberarlos.

A medida que avanzamos en la historia del Rey Saúl, nos impresiona el hecho de que, aunque parece haber fracasado en un período relativamente temprano de su reinado, la intervención divina para su destronamiento fue llevada a cabo lentamente. Es verdad que en cuanto al propósito fue rechazado del reino, y que el hombre, quien en la Providencia Divina iba a ser su sucesor, fue ungido para el oficio real; sin embargo, pasaron largos años, durante los cuales se nos dice que el Espíritu de Dios había sido retirado de Saúl, y había sido entregado a la influencia de un espíritu maligno, convirtiéndose así en un íncubo y una desgracia en cuanto a la prosperidad de su país. La experiencia del pueblo de Israel durante este largo periodo, nos brinda un instructivo ejemplo de verdad; que cuando los hombres por impaciencia y voluntad propia insisten en algo que no es el propósito de Dios para ellos, seguramente tendrán que comer el fruto de sus propias acciones, y la serie de consecuencias que ha sido puesto en marcha tendrá que seguir su curso, aun si resulta ser algo triste y lleno de maldades. Estas cosas están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos, y corresponde específicamente a los llamados a participar activamente en el servicio del Señor, tener cuidado de sí mismos; a menos que descuiden su caminar en el Señor o negligencia en los medios de gracia, llegaran poco a poco a estar cada vez más lejos de Dios, y perderán su capacidad de percibir Su voluntad. No hacer caso a la conciencia y la falta de plena obediencia al Espíritu Santo en la vida personal de un cristiano le exponen al grave peligro de, o exhibir su voluntad propia, o por lo menos tomar un curso de acción equivocado en tiempos de prueba y perplejidad.

El caso del patriarca Abraham en relación con el nacimiento de Ismael nos muestra cómo hasta el hombre de la fe y obediencia más eminentes puede equivocarse y cometer un error fructífero en maldades durante los años siguientes. Se recordarán que cuando él percibió que su acción iba a resultar en discordancia, Abraham envió lejos a Agar, con la esperanza de evitar así el problema que estaba evidentemente próximo sobre su familia. Pero no sucedió así: Dios mismo trajo a Agar de vuelta. Tampoco es difícil ver que, durante años después, hubo elementos de conflicto e infelicidad en la vida doméstica de Abraham como resultado de su fracaso en un tiempo de pruebas para ejercer una fe y una paciencia tan plenas como debió haber hecho.

1861-1946
Dixon Edward Hoste (23 Junio 1861 – 11 Mayo 1946).

El negro corazón de toda idolatría

4 SEPTIEMBRE

1 Samuel 28 | 1 Corintios 9 | Ezequiel 7 | Salmo 45

Hay varias preguntas en cuanto a la adivina de Endor (1 Samuel 28) para las que no tenemos respuestas. ¿Realmente evocó ella, mediante sus actividades de médium, al profeta Samuel, o se trató de una especie de engaño demoniaco? Si hizo que Samuel apareciera, ¿fue esto una excepción a lo que Dios normalmente permite o sanciona? Y si realmente era Samuel, ¿por qué le responde a Saúl, satisfaciendo así la sed que este tenía de conocer el futuro por cualquier medio, aunque fuera un método específicamente condenado en Israel?

Aunque es difícil ofrecer respuestas seguras a algunas de estas preguntas, pueden destacarse ciertos aspectos.

(1) Lo malo del espiritismo no es que nunca funciona (es posible que algunas cosas sean estupideces manipulativas y otras en realidad provean respuestas), sino que es hacerle el juego a los poderes demoníacos. Sobre todo, hace que las personas se alejen de Dios, quien es el único que controla tanto el presente como el futuro. Buscar dirección para la vida a través de estos medios sólo acabará por desviarnos, tarde o temprano y, además, es de por sí una señal de rebelión: una terrible burla a Dios.

(2) Saúl actúa aquí hipócritamente. Por un lado, ha desterrado a todos los médiums y espiritistas del país (28:3); por otro, él mismo busca uno desesperadamente. Si Saúl hubiera vivido más tiempo, no hubiera podido mantener escondido del pueblo su doble juego. Los fundamentos mismos del orden y la justicia de una sociedad se deshacen cuando las autoridades no sólo se permiten las hipocresías personales que aquejan a nuestra humanidad caída, sino que cometen infracciones públicas de la ley que han jurado sostener.

(3) Cuando Dios no responde por ninguno de los medios que él mismo ha designado (28:6, 15), esto no nos da permiso para desafiarle, sino que debe llevarnos al arrepentimiento, a la perseverancia y a la paciencia. Es deprimente y patético ver que alguien busca el consejo de Dios a la vez que tranquilamente da pasos que Dios mismo ha prohibido.

(4) La raíz del pecado de Saúl ha sido la misma durante mucho tiempo. Él quiere un dios domesticado, alguien como el genio de la lámpara de Aladino, uno que jure hacerle cosas maravillosas mientras él aguante la lámpara. De alguna manera, siente que David tiene ahora la lámpara y desea mantenerse en el poder, pero no percibe que el Dios verdadero debe ser adorado, reverenciado, obedecido, temido y amado, incondicionalmente. Aquí tenemos a un hombre que se cree el centro del universo y piensa que los dioses que existan deberían servirle a él. Si el Dios de Israel, el Dios del pacto, no le ayuda como él quiere, Saúl está dispuesto a encontrar otros dioses. Un claro ejemplo del negro corazón de toda idolatría.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 247). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Más precioso que el oro

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.

Salmo 119:162

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mateo 24:35

Más precioso que el oro

Louise había vivido muy modestamente toda su vida en Lyon (Francia). Ya mayor y viuda, tuvo que mudarse a un miserable desván. Un día notó que en la pared había un lugar rectangular ligeramente abombado. ¿Se trataba de un escondite? Recordó que en otros tiempos mucha gente escondía sus ahorros de esa manera. La anciana dio unos golpecitos en la pared; esta parecía hueca. Quizás había un tesoro escondido… Intrigada, logró abrir el escondite. Para su mayor decepción, solo encontró un viejo libro lleno de polvo, en vez del dinero o el oro esperados. Iba a cerrar el escondite sin sentir el mínimo interés por aquel libro, cuando pensó que entre sus páginas quizás podrían haber guardado documentos de valor. Pero no encontró nada valioso. ¿Por qué habrían escondido este libro tan cuidadosamente? Su curiosidad se despertó. Empezó a leerlo… y continuó hasta bien entrada la noche.

Se trataba de una Biblia del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes (creyentes perseguidos del siglo 16 al 18). Si bien Louise asistía a una iglesia, hasta ese momento desconocía las Santas Escrituras. Al día siguiente volvió a abrir el viejo libro, y pronto reconoció que había descubierto un tesoro. Poco a poco su vida fue transformada por la Palabra eterna. Louise estaba feliz y agradecida.

Muchos cristianos han sido y siguen siendo detenidos y encarcelados porque poseen la Biblia. ¿Cómo valoramos hoy este Libro?

“Los juicios del Señor son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Salmo 19:9-10).

2 Crónicas 20 – 1 Corintios 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Proverbios 22:20-21

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

9/3/2017

Puede también salvar perpetuamente a los que
por él se acercan a Dios.
HEBREOS 7:25


El alcance de su seguridad como creyente es tan ilimitado como su certeza es absoluta. En rea-lidad, la expresión “perpetuamente” en el versículo de hoy literalmente significa “por completo” o “para siempre”. La seguridad de la salvación es absolutamente amplia, sin salvedades ni límites.
El infalible decreto del Padre de seguridad para los cristianos se cumplió misericordiosa y completamente mediante la obra de su Hijo en el Calvario (vea 1 Jn. 2:1). Y esa seguridad es lo bastante firme como para que dure toda su vida en la tierra, hasta que usted llegue a la presencia del Señor. El apóstol Judas presenta esta alentadora bendición, en la que siempre usted puede confiar: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud. 24).

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

El «Yo seré» de Dios

SEPTIEMBRE, 03

El «Yo seré» de Dios

Devocional por John Piper

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Algunas mañanas me despierto sintiéndome frágil, vulnerable. A menudo, esto es un sentimiento vago. No hay amenaza ni debilidad alguna. Solo un sentido indefinido de que algo saldrá mal y de que yo seré responsable por ello.

Suele pasarme luego de recibir muchas críticas, o cuando tengo muchas expectativas con plazos definidos y que parecen demasiado grandes y numerosas.

Cuando miro hacia atrás y traigo a memoria alrededor de cincuenta años de estas mañanas recurrentes, me sorprende ver cómo el Señor Jesús ha guardado mi vida y mi ministerio. La tentación de escapar del estrés nunca ganó, o al menos no hasta ahora. Esto es increíble. Lo alabo por ello.

En lugar de dejar que me hundiera en la parálisis del miedo o que corriera hacia un espejismo de pastos más verdes, él despertó en mí un clamor en pedido de auxilio y luego lo respondió con una promesa concreta.

Permítanme dar un ejemplo reciente. Una mañana me desperté sintiéndome frágil en el sentido emocional. Débil y vulnerable, oré: «Señor, ayúdame. Ni siquiera estoy seguro de cómo orar».

Una hora más tarde estaba leyendo Zacarías, en busca de la ayuda por la que había orado. La ayuda llegó:

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Habrá tanta prosperidad y crecimiento para el pueblo de Dios que Jerusalén no podrá contenerlos dentro de sus muros. La «multitud de hombres y de ganados» será tan numerosa que Jerusalén será como muchos pueblos esparcidos en una tierra sin murallas.

La prosperidad es buena, pero ¿qué hay de la protección?

A esto Dios responde en Zacarías 2:5: «yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor». Sí, así es. Esa es la promesa, el «yo seré» de Dios. Eso es lo que necesito.

Y si eso es cierto para las aldeas vulnerables de Jerusalén, también es cierto para mí como hijo de Dios. Dios será «una muralla de fuego en derredor» mío. Sí, él lo será. Lo ha sido y lo será.

Y se pone aún mejor. Dentro de los límites de esa abrasadora muralla de protección, él dice: «gloria seré en medio de ella». Dios nunca se contenta con darnos la protección de su fuego; él nos dará el deleite de su presencia.


Devocional tomado del articulo“Qué Hacer si Te Sientes Frágil al Despertarte” 

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