El SEÑOR prueba al justo

3 de septiembre

 

«El SEÑOR prueba al justo».

Salmo 11:5 (LBLA)

Todos los acontecimientos están bajo el gobierno de la Providencia. Por tanto, cada una de las pruebas de nuestra vida exterior se puede atribuir en el acto a la gran Causa Primera. Desde las puertas de oro del decreto de Dios, los ejércitos de tribulaciones marchan en orden de combate, vestidos con coraza de hierro y equipados de armas de guerra. Todos los actos de la Providencia constituyen una puerta para las pruebas. Aun nuestras misericordias, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden verse sumergidos tanto en mares de prosperidad como en ríos de aflicción. Para las tentaciones, nuestras montañas no son demasiado altas ni nuestros valles demasiado bajos. Las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos rodeados de peligros. Sin embargo, ninguna lluvia cae desde la amenazadora nube sin permiso; cada gota recibe órdenes antes de precipitarse a tierra. Las pruebas que proceden de Dios se nos envían para fortalecer nuestros dones, y para demostrar, a la vez, el poder de la gracia divina, a fin de probar la autenticidad de nuestras virtudes y acrecentar sus energías. Nuestro Señor, en su infinita sabiduría y superabundante amor, valora tanto la fe de los suyos que no impedirá las pruebas por las cuales esa fe resulta fortalecida. Nunca hubieras poseído la preciosa fe que ahora te sostiene, si la prueba de tu fe no hubiese sido semejante al fuego. Eres un árbol que jamás habrías arraigado tan bien si el viento no te hubiese sacudido de aquí para allá y hubiera hecho que te aferraras a las preciosas verdades del pacto de gracia. La tranquilidad mundana es un gran enemigo para la fe: afloja las articulaciones del valor santo y rompe los músculos del sagrado coraje. El globo no se levanta hasta que se han cortado las cuerdas. La aflicción hace esta obra severa en las almas creyentes. Mientras el trigo duerma confortablemente en la espiga no tendrá ninguna utilidad para el hombre: debe trillarse y entonces se conocerá su valor. Así, también, es bueno que el Señor pruebe al justo, porque la prueba hace a este rico para con Dios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 257). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Historia de los Puritanos

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Historia de los Puritanos

La palabra “Puritano” se originó en los años 1560s como un peyorativo hacia las personas que querían una reforma más profunda la “purificación”de la Iglesia de Inglaterra.

La Revolución Puritana fue un movimiento surgido en Inglaterra en el siglo XVI, de confesión calvinista, que rechazaba tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana. Las críticas a la política de la Reina Isabel salían de los grupos calvinistas ingleses, que fueron denominados puritanos porque pretendían purificar la Iglesia Anglicana, quitándole los residuos del catolicismo y acercando su liturgia al calvinismo.

Desde el inicio los puritanos aceptaban la doctrina de la predestinación. El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

ORÍGENES CALVINISTAS DEL PURITANISMO

Esta variante del protestantismo sería seguida en países como Suiza, Países Bajos, Sudáfrica (entre los afrikaners), Inglaterra, Escocia y los Estados Unidos. Juan Calvino se opuso a la Iglesia Católica y a los Anabaptistas y criticó la misa cristiana y por eso sus seguidores rompieron con la Iglesia Anglicana.

En Ginebra, cuando vivía Calvino, se inició un conflicto entre los partidarios de la Casa de Saboya (católicos) y los confederados (protestantes), que darían más tarde origen a los hugonotes. Con los ideales iluministas y la doctrina de Calvino, los primeros protestantes ingleses se volvieron un grupo típicamente conservador.

LOS PURITANOS EN INGLATERRA

El surgimiento del puritanismo está ligado a las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1509-1547) y a la llegada del protestantismo continental a Inglaterra. El movimiento puritano, en sus primeros estadios, fue claramente influido y apoyado por Calvino que, a partir de 1548 pasó a escribirse con los principales líderes de la reforma inglesa. En 1534 fue promulgada el Acta de Supremacía, convirtiendo al rey en “cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra”. Con la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, tía de Carlos I de España, el rey Enrique VIII y el Parlamento inglés separaron la Iglesia de Inglaterra de Roma, en 1536, adoptando la doctrina calvinista por comodidad. La Reforma se inició en Inglaterra gracias al rey y al Parlamento. En 1547, Eduardo VI, un niño muy enfermo, se convirtió en rey.

La Reforma protestante avanzó rápidamente en Inglaterra, pues el duque de Somerset, el regente del trono, simpatizaba con la fe reformada. Thomas Cranmer, el gran líder de la Reforma en Inglaterra, publicó el Libro de Oración Común, dando al pueblo su primera liturgia en inglés. María Tudor, católica, se convirtió en reina en 1553. Asesorada por el cardenal Reginald Pole, restauró su religión en 1554. En 1555 intensificó la persecución de los protestantes. Fueron asesinados trescientos, entre los cuales se hallaba el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer (canonizado por la Iglesia Anglicana) y los obispos Latimer y Ridley. Ochocientos protestantes huyeron al continente, a ciudades como Ginebra o Fráncfort, donde absorbieron los principios doctrinales de los reformadores continentales. Isabel I ascendió al trono a los 25 años en 1558, estableció el “Acuerdo Isabelino”, que era insuficientemente reformador como para satisfacer a aquellos que luego serían conocidos como “puritanos”.

Enseguida promulgó el Acta de Uniformidad (1559), que autorizó el Libro de Oración Común, y restauró el Acta de Supremacía. En 1562, fueron redirigidos los Treinta y Nueve Artículos de la Religión, que son el patrón histórico de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de enero de 1563 fueron establecidos por el Parlamento como la posición doctrinal de la Iglesia Anglicana. Entre 1567 y 1568 una antigua controversia sobre las vestimentas llegó a su auge en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión inmediata era si los predicadores tenían que usar los trajes clericales prescritos. Esta controversia marcó una creciente impaciencia entre los puritanos en relación con la situación de una iglesia “reformada a medias”. Thomas Cartwright, profesor de la Universidad de Cambridge, perdió su posición a causa de sus prédicas sobre los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, en las cuales argumentó a favor de un cristianismo simplificado y una forma presbiteriana de gobierno eclesiástico. La primera iglesia presbiteriana fue la de Wandsworth, fundada en 1572. En 1570, un poco antes de ese evento, Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V. La muerte de Isabel ocurrió en 1603 y no dejó heredero. Designó como sucesor a Jacobo I, hijo de María Estuardo, que ya gobernaba en Escocia. Cuando el rey fue coronado, los puritanos, a causa de la presunta formación presbiteriana del rey, tuvieron inicialmente esperanza de una mejoría de su situación. Para enfatizar esa esperanza presentaron la Petición Milenar en 1603, firmada por cerca de mil ministros puritanos, en la que pedían que la Iglesia Anglicana fuera “completamente puritana” en la liturgia y en la administración.

En 1604 se encontraron con el nuevo rey en la conferencia de Hampton Court para presentar sus peticiones. El rey amenazó con “expulsarlos de la tierra, o hacer algo peor”, habiendo dicho que el presbiterianismo “armonizaba tanto con la monarquía como Dios con el diablo”. Carlos I, opositor de los puritanos, fue coronado rey en 1625. En 1628, William Laud se convirtió en obispo de Londres (en 1633 fue nombrado arzobispo de Canterbury) y tomó medidas severas para eliminar la disidencia de la Iglesia Anglicana. Buscó instituir prácticas ceremoniales consideradas “papistas” por los puritanos, aparte de ignorar la justificación por la fe, a causa de su énfasis arminiano, oprimiendo violentamente a los puritanos y forzándolos a emigrar a América.

En 1630, John Winthrop lideró el primer gran grupo de puritanos que fue hasta la Bahía de Massachusetts y, en 1636, se fundó el Harvard College. Laud intentó imponer el anglicanismo en Escocia, pero esto degeneró en un motín que sirvió para aliar a puritanos y escoceses calvinistas. En 1638, los líderes escoceses se reunieron en una “Solemne Liga y Alianza” y sus ejércitos marcharon contra las tropas del rey, que huyeron.

En 1640, el Parlamento restringió el poder del rey Carlos I. Las emigraciones a Nueva Inglaterra se estacionaron de forma considerable. La Asamblea de Westminster, así llamada por reunirse en la Abadía de Westminster, templo anglicano de Londres, fue convocada por el Parlamento de Inglaterra en 1643 para deliberar sobre el gobierno y la liturgia de la iglesia y para “defender la pureza de la doctrina de la Iglesia Anglicana contra todas las falsas calumnias y difamaciones”.

Es considerada la más notable asamblea protestante de todos los tiempos, tanto por la distinción de los elementos que la constituyeron, como por la obra que realizó y aún por las corporaciones eclesiásticas que recibieron de ella los patrones de fe y las influencias salutares durante esos trescientos años.

LA ASAMBLEA DE WESTMINSTER

La Asamblea de Westminster se caracterizó no sólo por la erudición teológica sino por una profunda espiritualidad. Se tomaba mucho tiempo para orar y todo era hecho con un espíritu de reverencia. Cada documento producido iba al Parlamento para ser aprobado lo que sólo ocurría después de mucha discusión y estudio. Los llamados “Patrones Presbiterianos” elaborados por la Asamblea fueron los siguientes:

  1. Directorio del Culto Público: concluido en diciembre de 1644 y aprobado por el parlamento al mes siguiente. Tomó el lugar del Libro de Oración Común. También fue preparado el Salterio: una versión métrica de los Salmos para uso en el culto (noviembre de 1645).
  2. Forma de Gobierno Eclesiástico: concluida en 1644 y aprobada por el parlamento en 1648. Instituyó la forma de gobierno presbiteriana en lugar de la episcopal, con sus obispos y arzobispos.
  3. Confesión de Fe: concluida en diciembre de 1646 y sancionada por el Parlamento en marzo de 1648.
  4. Catecismo Mayor y Breve Catecismo: concluidos a finales de 1647 y aprobados por el Parlamento en marzo de 1648.

Como consecuencia de la ayuda de los escoceses, las fuerzas parlamentarias derrocaron al rey Carlos I, que fue decapitado en 1649.

El comandante victorioso, Oliver Cromwell, asumió el gobierno. Sin embargo, en 1660, Carlos II subió al trono y restauró el episcopado en la Iglesia de Inglaterra. Se inició una nueva era de persecuciones contra los presbiterianos.

En Escocia, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana adoptó los Patrones de Westminster después de ser aprobados, dejando de lado sus propios documentos de doctrina, liturgia y gobierno que databan de la época de John Knox. La justificación era el deseo de una mayor unidad entre los presbiterianos de las Islas Británicas. De Escocia, esos patrones fueron llevados a otras partes del mundo.

DOGMA Y CREENCIAS

El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos.

Además, los puritanos subrayaban que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios. Cada persona, a la que Dios mostraba misericordia, debía comprender su propia falta de valor y confiar en que el perdón que está en Cristo le había sido dado, por lo que, por gratitud, debía seguir una vida humilde y obediente.

Otros puntos de su doctrina incluyen:

  • Un énfasis en el estudio privado de la Biblia.
  • Un deseo de que todos alcancen educación e ilustración (especialmente para que todos puedan leer la Biblia por sí mismos).
  • El sacerdocio de todos los creyentes.
  • Simpleza en la adoración, la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc.
  • La no celebración de festividades tradicionales que ellos consideraban estar en violación de los principios regulares de adoración.
  • Creencia en guardar como obligatorio un día de la semana como está ordenado en los Diez Mandamientos, en el caso de ellos el día de la Resurrección de Jesús, Domingo.
  • Algunos aprobaban la jerarquía de la Iglesia, pero otros buscaban reformar las iglesias episcopales al modelo presbiteriano. Algunos puritanos separatistas eran presbiterianos, pero la mayoría eran congregacionalistas.

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¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

Aparentemente, algunos cristianos en Corinto, firmes en su conocimiento de que los ídolos no son nada y de que toda la carne ha sido creada por el único Dios verdadero, por lo cual es buena para comer aunque haya sido ofrecida a un ídolo, sienten la maravillosa libertad de comer lo que se les antoje. Otros, tal vez convertidos tras una vida encadenada a supersticiones paganas, detectan lo demoniaco de los ídolos y creen que es peligroso comer algo que se les ha ofrecido (1 Corintios 8). La conclusión principal del argumento de Pablo es suficientemente clara: Los que tengan una conciencia bien formada sobre estos asuntos deben estar dispuestos a renunciar a sus derechos para no perjudicar a los demás hermanos y hermanas en Cristo.

Ahora bien, podríamos precisar la aplicación si destacamos algunos elementos:

(1) El asunto trata acerca de algo que no está intrínsecamente mal. Uno no puede imaginarse al apóstol enseñando que si unos cristianos piensan que el adulterio está bien, mientras otros no piensan lo mismo sobre dicha práctica, aquellos deberían tal vez renunciar a su libertad para no ofender a estos. En ese caso, nunca hay excusa, pues está prohibido. De manera que los principios que Pablo presenta aquí sólo se aplican a acciones que en símismas son moralmente neutrales.

(2) Pablo supone que está mal ir en contra de la conciencia, porque esta puede quedar herida (8:12). Una conciencia endurecida en un área, sobre algún asunto indiferente, puede también endurecerse en otra, con algo más crucial. Desde luego, lo ideal sería que la conciencia se alinee de manera perfecta con lo que Dios dice en la Escritura, para que, en asuntos triviales, el individuo quede libre. Podemos instruir y moldear la conciencia mediante la verdad, pero, hasta que la conciencia haya sido reformada por la Escritura, es mejor no ir en contra de ella.

(3) El hermano “débil” de este capítulo (8:7–13) es uno cuya conciencia es “débil”; es decir, uno que cree que determinada acción está mal a pesar de que no hay nada intrínsecamente malo en ella. Por tanto, el hermano “débil” está más atado por las reglas que el “fuerte”. Ambos adoptarán las que conciernen a actos verdaderamente malos, pero el hermano débil añade normas en cuanto a cosas que no están mal en realidad, pero que para él, en ese momento, son malas porque él piensa que lo son.

(4) Pablo hace que el mayor peso de responsabilidad recaiga sobre los “fuertes”, indicándoles que restrinjan su propia libertad por amor a los demás. En otras palabras, nunca basta que el cristiano se pregunte: “¿Qué se me permite hacer? ¿Cuáles son mis derechos?” Los cristianos sirven a un Señor que definitivamente no se aferró a sus derechos cuando fue a la cruz. Siguiendo la autonegación de Jesús, ellos también preguntarán: “´¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?”

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Juntos en torno a Jesús

domingo 3 septiembre

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

Salmo 133:1

Yo me alegré con los que me decían: A la casa del Señor iremos.

Salmo 122:1

No dejando de congregarnos… sino exhortándonos.

Hebreos 10:25

Juntos en torno a Jesús

Un creyente estaba preocupado porque uno de sus hermanos había dejado de asistir a los cultos y demás reuniones. Creía que debía hablar con él, pero no sabía cómo hacerlo sin molestarlo. Al final se decidió y fue a visitarlo a su casa. Ambos se sentaron cerca de la chimenea en la que unos troncos acababan de consumirse. Permanecieron unos instantes sin decirse nada, luego el creyente se agachó y tomó una brasa roja con una pinza y la colocó fuera del hogar. El silencio continuó hasta que el visitante se agachó nuevamente, tomó el tizón apagado y volvió a ponerlo en la chimenea. Al cabo de algunos minutos, el tizón estaba rojo y ardiente.

Entonces el amigo rompió el silencio: «Querido hermano, comprendí qué quiere decirme; en efecto, mi amor y mi celo por mi Salvador se han enfriado durante todo este tiempo en que me quedé solo. Desde ahora volveré a las reuniones».

Esta anécdota es una lección para nosotros. Los cristianos no están hechos para vivir solos. La lectura en común de la Biblia es una fuente de enriquecimiento espiritual, la oración compartida hace más estrechos los vínculos de amor, el culto que rendimos juntos eleva nuestros corazones y nuestras almas por encima de las circunstancias de la vida, que a menudo nos endurecen. No olvidemos que Jesús se alegra al vernos reunidos en torno a él. ¡Este será nuestro lugar en el cielo!

2 Crónicas 19 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

9/2/2017

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
JUAN 10:29

Lamentablemente, muchos creyentes a lo largo de la historia de la iglesia, incluso muchos en la actualidad, se han negado a creer que Dios garantiza la seguridad eterna de ellos. Tal negación se deriva de la errónea convicción de que esa salvación es un esfuerzo cooperativo entre las personas y Dios. Tal razonamiento dice que un Dios Todopoderoso no dejará de hacer su parte, pero que un cristiano falible pudiera dejar de hacer la suya.
Pero el creer en lo que dice la Biblia acerca de la salvación, que viene solo de un Dios soberano, lo llevará a la confianza de que su salvación es segura. Si la salvación es toda de Dios, entonces puede saber con certeza que Él no dejará de asegurarla. Cualquiera que sea verdaderamente hijo de Dios no tiene nunca que temer perder su ciudadanía en el cielo. Y si usted lo es, puede confiar en las palabras de Cristo del versículo de hoy de que “nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Devastados y entusiasmados

SEPTIEMBRE, 02

Devastados y entusiasmados

Devocional por John Piper

El Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. (Deuteronomio 7:6)

¿Cómo sonarían las doctrinas de la gracia si por cada una de sus ramas fluyera la savia del deleite agustiniano (es decir, lo que yo llamo hedonismo cristiano)?

  • La depravación total no es solo maldad, sino también es la imposibilidad de ver la belleza de Dios y la falta de vida para experimentar el gozo más profundo.
  • La elección incondicional implica que la compleción de nuestro gozo en Jesús estaba planeada para nosotros desde antes de que siquiera existiéramos, y que este gozo es un desborde del superabundante gozo que Dios tiene en la comunión de la Trinidad.
  • La expiación limitada es la certeza de que el gozo indestructible en Dios está asegurado para nosotros de un modo infalible por medio de la sangre del nuevo pacto.
  • La gracia irresistible es el compromiso y el poder del amor de Dios asegurándose de que no nos aferremos a placeres suicidas y liberándonos, por medio del poder soberano, para disfrutar de los deleites supremos.
  • La perseverancia de los santos es la obra todopoderosa de Dios, que impide que caigamos en la esclavitud de los placeres inferiores, y en su lugar nos guarda, a través de toda aflicción y sufrimiento, para recibir la herencia de la plenitud del gozo en su presencia y placeres a su diestra para siempre.

La elección incondicional dicta a mi alma las sentencias más severas y las más dulces. El hecho de que sea incondicional echa por tierra todo tipo de exaltación personal; el hecho de que sea elección hace de mí su posesión preciada.

Esta es una de las maravillas de las doctrinas bíblicas de la gracia: la peor devastación nos prepara para el más grande de los deleites.

Cuán presuntuosos nos volveríamos ante las palabras: «El Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra» (Deuteronomio 7:6), si esta elección dependiera en algún modo de nuestra voluntad. No obstante, para guardarnos del orgullo, el Señor nos enseña que fuimos escogidos incondicionalmente (7:7–9). Como dice la canción que con tanto agrado cantamos, Él «hizo de un vil pecador su tesoro» [traducción literal del verso de Profundo es el amor de Dios].

Solo la devastadora libertad e incondicionalidad de la gracia electiva nos permite tomar tales dones y gustarlos sin exaltarnos a nosotros mismos.


Devocional tomado del libro “Why We Love the Doctrines of Grace” (Por qué amamos las Doctrinas de la Gracia)

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Si no viereis señales y prodigios, no creeréis

2 de septiembre

«Si no viereis señales y prodigios, no creeréis».

Juan 4:48

Un síntoma del estado enfermizo de la mente del hombre en los días de nuestro Señor era el ardiente deseo de ver prodigios. Rechazaban el alimento sólido y ansiaban meros portentos. El evangelio, que tanto necesitaban, no lo querían y reclamaban ardientemente los milagros que Jesús no siempre estaba dispuesto a efectuar. Muchos en nuestros días tienen que ver señales y maravillas, de lo contrario no creen. Algunos han dicho: «Yo tengo que sentir un profundo horror en el alma; si no, no creeré en Jesús». ¿Pero… y si nunca llegas a sentir ese horror, como, probablemente, sucederá? ¿Quieres ir al Infierno por despecho contra Dios, porque no desea tratarte como trata a otros? Alguno se ha dicho a sí mismo: «Si yo tuviese un sueño o si sintiese una repentina sacudida de no sé qué clase, entonces creería». ¿Así que tú, indigno mortal, piensas que mi Señor va a recibir órdenes de ti? Tú eres un mendigo que está a su puerta solicitando piedad, ¿y has de prescribir reglas y reglamentos en cuanto a cómo te ha de dar esa gracia? Mi Señor es de espíritu generoso, pero tiene un corazón muy ilustre; por eso rechaza toda imposición y mantiene su soberanía de acción. Si es esta tu situación, querido lector, ¿por qué ansías señales y prodigios? ¿No es en sí mismo el evangelio una señal y un prodigio? ¿No es un milagro de milagros que «de tal manera [haya amado] Dios al mundo que ha [ya] dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda»? Sin duda, las palabras «el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente», y esta solemne promesa: «Al que a mí viene, no le echo fuera», son mejores que las señales y los prodigios. Un Salvador veraz debe ser creído. Él es la verdad misma. ¿Por qué has de pedir pruebas de la veracidad de Uno que no puede mentir? Los demonios declaran que él es el Hijo de Dios, ¿y dudarás tú de él?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 256). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La edificación de familias

Gracia a Vosotros

John MacArthur 

La edificación de familias

La familia es la unidad designada por Dios para pasar el camino de rectitud de una generación a la siguiente (Dt. 6:7, 20-25). Satanás, sin embargo, ataca todo aquello que Dios ha establecido para preservar la rectitud.

  Satanás ataca las tres fuerzas preservadoras de la sociedad: El gobierno, la iglesia y la familia. Cada vez que Dios ha ordenado un gobierno para castigar a los que hacen el mal y apoyar a los que hacen el bien, Satanás lo asaltará. Siempre que hay una iglesia que exalta a Cristo y proclama la Palabra, Satanás la atacará. Y a él no le gustan las familias que pasan la rectitud divina, por eso procura desintegrarlas.

  Satanás está usado la sociedad inmoral y lujuriosa en la que vivimos para atacar a la familia. Ha hecho que a la familia le resulte difícil sobrevivir. La iglesia tiene que ayudar a preservar a la familia. Esa es una de nuestras prioridades en la iglesia; enseñamos y discipulazos a los hijos y a los jóvenes. Es inspirador ver a los adultos de la iglesia trabajar con los jóvenes, porque los jóvenes tienen la responsabilidad de preservar lo que aprenden y pasarlo a la siguiente generación. Quiero que nuestros jóvenes conozcan los principios de Dios para el matrimonio y la familia.

  Cuando los creyentes están llenos de Espíritu de Dios, se someten unos a otros (Ef. 5:21-6:9). En una situación familiar, eso quiere decir que las esposas se someterán a sus esposos, y los esposos se someterán a sus esposas mediante un amor que nutre, valora y purifica. Los hijos se someterán a sus padres y los padres se someterán a las necesidades de sus hijos, no provocándolos a la ira, sino cuidándolos y criándolos en los camino de Cristo. La sumisión brota de vidas llenas del Espíritu Santo. La iglesia tiene que asegurarse de que las familias vivan controladas por el Espíritu de Dios de forma que puedan experimentar la bendición que viene por la sumisión de unos a otros. Si cada uno en la familia pelea por sus propios derechos, entonces se destruye la posibilidad de una relación significativa.

  Las familias de una iglesia se debieran apoyar unas a otras. Se debieran ayudar y orar unas a otras con sus hijos. ¿Cuál es su reacción cuando ve hijos rebeldes? ¿Ora por ellos? ¿Ayuda usted a otros padres enseñando a sus hijos un comportamiento correcto? Una iglesia debe cuidar de sus familias.


 Extraído del libro, “El Plan del Señor Para La Iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz. 

¡El tiempo es corto!

2 SEPTIEMBRE

1 Samuel 26 | 1 Corintios 7 | Ezequiel 5 | Salmos 42–43

Al referirse a las personas “solteras” (1 Corintios 7:25–38; la palabra alude a los que no han tenido experiencias sexuales, ya sean hombres o mujeres), Pablo escribe: “a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está” (7:26). Así que, es bueno que el célibe siga siéndolo, que el casado no procure el divorcio y así sucesivamente. Esto no significa, añade Pablo, que si se casa una soltera, comete pecado. Pero sí insiste en que “el tiempo es corto” (7:29). ¿Qué quiere decir esto?

(1) Algunos argumentan que, al igual que todos los demás miembros de la iglesia primitiva, Pablo creía que Jesús iba a regresar muy pronto, definitivamente mientras ellos aún estaban vivos. Con un horizonte tan limitado, Pablo dice que, en general, es mejor que los que están solteros se queden sin casarse. Ahora bien, esta lectura del pasaje significa que Pablo y el resto de la iglesia primitiva estaban claramente equivocados: Jesús no regresó tan pronto. Pero hay tantos pasajes en el Nuevo Testamento que visualizan la posibilidad de una espera larga, que no podemos mantener la noción de que los primeros cristianos sufrían este delirio particular.

(2) Otros han explicado que “la crisis actual” (7:26) se refiere a un período de persecución particularmente difícil. Si las autoridades están buscando a los cristianos, sobre todo a sus líderes, sería una ventaja estar soltero: uno tiene más movilidad, es más fácil esconderse y las autoridades no pueden ejercer presión amenazando a la familia. Pero esta interpretación tiene dos problemas insuperables. (a) Puede que encaje con los solteros, pero no con todos los demás que Pablo menciona: por ejemplo, los que lloran deben vivir como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran (7:29–30). (b) Sobre todo, no hay suficiente evidencia que demuestre que los corintios estaban amenazados por la persecución. El tono general de esta carta insinúa que estaban tomando la vida muy ligeramente.

(3) El término traducido como “crisis” sencillamente significa “necesidad” o “compulsión”. Pablo no se refiere al regreso de Cristo ni a la persecución, sino a la necesidad presente, la compulsión de vivir con el finalmente. Contrario a los paganos o seculares, no podemos hacer del matrimonio nuestro gozo principal, ni de la prosperidad o de ninguna otra cosa temporal. Todos están bajo la fórmula de “como si no”: vivir “como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer” (7:31). Hay maneras responsables en que los cristianos pueden disfrutar de estas cosas, o llorar o ser felices, pero nunca como si estas fueran lo máximo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 245). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Yo (el Señor) la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.

Oseas 2:14

Bueno es esperar en silencio la salvación (el socorro) del Señor.

Lamentaciones 3:26

Samuel dijo (al Señor): Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Hoy son numerosos los que no saben aislarse y detenerse para reflexionar. Algunos incluso sienten una verdadera angustia solo al pensar en estar solos. Y si no pueden aturdirse con los ruidos o las distracciones de todo tipo, alimentan ideas oscuras. La sociedad contemporánea está organizada de tal modo que se ha hecho casi imposible leer o reflexionar en los lugares públicos. Un periodista constató en un diario: «La música y el ruido nos acompañan en el camino, en el autobús, en el centro comercial, en el restaurante e incluso en el trabajo, en la playa… Giramos el botón de la radio para escuchar palabras sin hacer caso de su sentido, pues solo le pedimos que tranquilice nuestras conciencias. El ruido es un estupefaciente, y como todos los estupefacientes, un remedio para la angustia de estar solo».

Desgraciadamente, el cristiano no escapa a esta calamidad. Por ello es imperativo que reserve algunos momentos a solas con Dios. Así como el rocío no cae cuando sopla el viento, la Biblia no nos transmite el mensaje divino cuando nuestra mente está turbada por la contaminación sonora o moral. El creyente debe descubrir o redescubrir esos momentos favorables de intimidad con el Señor, para que él hable a su corazón.

¡Hagamos silencio, no solo a nuestro alrededor, sino en nosotros mismos, para poder escuchar la Palabra de Dios!

2 Crónicas 18 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch