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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El SEÑOR prueba al justo

3 de septiembre

 

«El SEÑOR prueba al justo».

Salmo 11:5 (LBLA)

Todos los acontecimientos están bajo el gobierno de la Providencia. Por tanto, cada una de las pruebas de nuestra vida exterior se puede atribuir en el acto a la gran Causa Primera. Desde las puertas de oro del decreto de Dios, los ejércitos de tribulaciones marchan en orden de combate, vestidos con coraza de hierro y equipados de armas de guerra. Todos los actos de la Providencia constituyen una puerta para las pruebas. Aun nuestras misericordias, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden verse sumergidos tanto en mares de prosperidad como en ríos de aflicción. Para las tentaciones, nuestras montañas no son demasiado altas ni nuestros valles demasiado bajos. Las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos rodeados de peligros. Sin embargo, ninguna lluvia cae desde la amenazadora nube sin permiso; cada gota recibe órdenes antes de precipitarse a tierra. Las pruebas que proceden de Dios se nos envían para fortalecer nuestros dones, y para demostrar, a la vez, el poder de la gracia divina, a fin de probar la autenticidad de nuestras virtudes y acrecentar sus energías. Nuestro Señor, en su infinita sabiduría y superabundante amor, valora tanto la fe de los suyos que no impedirá las pruebas por las cuales esa fe resulta fortalecida. Nunca hubieras poseído la preciosa fe que ahora te sostiene, si la prueba de tu fe no hubiese sido semejante al fuego. Eres un árbol que jamás habrías arraigado tan bien si el viento no te hubiese sacudido de aquí para allá y hubiera hecho que te aferraras a las preciosas verdades del pacto de gracia. La tranquilidad mundana es un gran enemigo para la fe: afloja las articulaciones del valor santo y rompe los músculos del sagrado coraje. El globo no se levanta hasta que se han cortado las cuerdas. La aflicción hace esta obra severa en las almas creyentes. Mientras el trigo duerma confortablemente en la espiga no tendrá ninguna utilidad para el hombre: debe trillarse y entonces se conocerá su valor. Así, también, es bueno que el Señor pruebe al justo, porque la prueba hace a este rico para con Dios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 257). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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