2 Crónicas 34 | Apocalipsis 20 | Malaquías 2 | Juan 19

29 DICIEMBRE

2 Crónicas 34 | Apocalipsis 20 | Malaquías 2 | Juan 19

En la meditación del 9 de noviembre, reflexioné brevemente sobre el celo reformador de Josías, quien dirigió el último intento por realizar una reforma a gran escala en Judá (2 Reyes 22). Ya habían pasado tres cuartos de siglo desde la muerte de Ezequías, pero mucho de esto fue presidido por Manasés, cuyo reino de más de medio siglo estuvo casi enteramente dedicado a la maldad pagana. Ahora, regresamos al mismo evento, esta vez registrado en 2 Crónicas 34. Aquí podríamos aprender algunas lecciones adicionales y complementarias.

(1) El redescubrimiento del libro de la ley (probablemente Deuteronomio) entre los escombros del templo le revela a Josías el peligro de la posición de Judá: la ira de Dios pende sobre su cabeza. Josías se rasga las vestiduras, se arrepiente y ordena una reforma. Además, instruye a sus asistentes a consultar a la profetisa Hulda (34:22) sobre la inminencia de estos peligros. La respuesta de Dios es que el desastre y el juicio sobre Jerusalén ya son inevitables: “todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá” (34:24). El patrón de desobediencia deliberada y recurrente al pacto se ha vuelto tan constante y horrendo, que el juicio tiene que llegar. No obstante, el Señor añade: “Como te has conmovido y humillado ante mí al escuchar lo que he anunciado contra este lugar y sus habitantes, y te has rasgado las vestiduras y has llorado en mi presencia, yo te he escuchado” (34:27). Le asegura a Josías que el desastre inminente no ocurrirá mientras él esté vivo.

Aquí hay dos lecciones obvias. Primero, se nos permite vislumbrar a lo que Dios espera de nosotros si vivimos en una época de declive catastrófico: no filosofar, sino humillación, arrepentimiento sincero, lágrimas, contrición. Segundo, como suele suceder en la Biblia, precisamente porque Dios es lento para la ira y tan paciente, él está más ansioso por suspender y retrasar el juicio que es el correlativo necesario de su santidad, que lo que estamos nosotros por pedirle misericordia.

(2) La imagen del propio rey juntando a los ancianos de Judá y leyéndoles solemnemente las Escrituras (34:29–31) es profundamente conmovedora. No hay nada que nuestra generación precise más que escuchar la palabra de Dios, esto en una época en la cual el analfabetismo bíblico está aumentando muy velozmente. Además, necesita escuchar a líderes cristianos que se sometan personalmente a la Biblia, que lean directamente las Escrituras y las enseñen. Esto, no mediante formas oscuras que meramente asumen alguna especie de herencia de enseñanza cristiana mientras en realidad se centran en cualquier otra cosa, sino de manera reverente, ejemplar, comprensiva, insistente y persistente. Nada—nada en absoluto—es más urgente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 363). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1 Juan 2:15-17

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

La historia del mundo es de guerras y conflictos. En todos los tiempos ha habido hombres que desean dominar por todos los medios. Hoy en día, a pesar de las apariencias, esa determinación es la misma.

Se evoca la globalización como una necesidad que conduce a eliminar los problemas mayores de la humanidad. Se piensa en curar males y sufrimientos exaltando la solidaridad universal, mientras sigue manifestándose el afán de dominar, siempre dispuesto a hacer la guerra, a matar. Unas pocas decisiones humanas, por más loables que sean, ¿podrán cambiar la cara del mundo? Satanás es su jefe, y los hombres son sus ejecutantes inconscientes.

Ya en el principio de la humanidad, un hombre, Caín, irritado contra su hermano, lo mató porque este, al obrar más sabiamente, había sido del agrado de Dios, y no él. Desde entonces el corazón humano no ha cambiado, y el mundo sigue siendo un vivero de violencia. Dios declara en su Palabra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor…” (Jeremías 17:9-10). Quizás usted piensa poder escapar de ese diagnóstico. A eso también Dios responde: “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23), pero no se detiene en estas declaraciones. Él es el Dios Salvador y da a todo ser humano una esperanza viva que no está ligada a este mundo, sino a su corazón de Padre: dio a su Hijo Jesucristo para liberarnos del dominio del mal.

Malaquías 1 – Apocalipsis 21:1-14 – Salmo 148:9-14 – Proverbios 31:8-9

La gloria es la meta

DICIEMBRE, 28

La gloria es la meta

Devocional por John Piper

Por medio de [Él] también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Romanos 5:2)

Ver la gloria de Dios es nuestra esperanza final. «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Romanos 5:2). Dios nos presentará «sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría» (Judas 24).

Él dará a conocer «las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria» (Romanos 9:23). Él nos llama «a su reino y a su gloria» (1 Tesalonicenses 2:12). «[Aguardamos] la esperanza bienaventurada [que es] la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús» (Tito 2:13).

Jesús, en toda su persona y obra, es la encarnación y revelación final de la gloria de Dios. «Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza» (Hebreos 1:3). «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria» (Juan 17:24).

«Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada» (1 Pedro 5:1). «La creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).

«Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria» (1 Corintios 2:7). «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Corintios 4:17). «Y a los que justificó, a ésos también glorificó» (Romanos 8:30).

Ver y compartir la gloria de Dios es la esperanza final en el evangelio de Cristo.

La esperanza que realmente conocemos y atesoramos tiene un peso enorme y decisivo sobre nuestros valores y elecciones y acciones de hoy.

Profundicemos en el conocimiento de la gloria de Dios. Estudiemos la gloria de Dios, la gloria de Cristo, la gloria del mundo que revela la gloria de Dios, y la gloria del evangelio que revela la gloria de Cristo.

Atesoremos la gloria de Dios por sobre todas las cosas.

Examinemos nuestra alma. Sepamos qué es aquello cuya gloria nos seduce, y examinemos por qué atesoramos otras glorias que no son la gloria a Dios.

Examinemos nuestra propia alma para saber cómo hacer para que las glorias del mundo se derrumben como Dagón (1 Samuel 5:4), en míseros pedazos esparcidos por el piso de los templos del mundo.


Devocional tomado del libro “Rebuilding the Basics: The Centrality of God’s Glory”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«No he venido para traer paz, sino espada».

28 de diciembre

«No he venido para traer paz, sino espada».

Mateo 10:34

El cristiano, sin duda, se granjeará enemigos. Él procurará desde luego no tener ninguno; pero, si por hacer lo recto y confiar en la verdad, llega a perder todos los amigos terrenales, no le importará demasiado, pues su gran Amigo, que está en los cielos, le brindará, por su fidelidad, una amistad más íntima, y se manifestará a él más bondadosamente que nunca. ¡Oh vosotros que habéis tomado su cruz!, ¿no sabéis lo que dijo nuestro Señor? Dijo: «He venido a poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa» (Mt. 10:35, 36). Cristo es el gran Pacificador, pero antes de la paz trae la guerra. Donde llega la Luz, las tinieblas tienen que retirarse. Donde se hace presente la verdad, la mentira debe huir. Si se queda, se producirá un gran conflicto, pues la verdad no puede ni quiere bajar su bandera y, por tanto, la mentira ha de ponerse debajo de sus pies. Si sigues a Cristo, todos los perros del mundo estarán ladrando detrás de ti. Si quieres vivir de tal manera que puedas soportar la prueba del último Tribunal, ten por cierto que el mundo no hablará bien de ti: el que es amigo del mundo es enemigo de Dios. No obstante, si te muestras sincero y fiel para con el Altísimo, los hombres se sentirán ofendidos por tu inquebrantable fidelidad, pues ella constituye un testimonio contra sus iniquidades. Debes practicar siempre lo recto, sin temer las consecuencias. Necesitarás el coraje de un león para proseguir, sin titubear, una carrera que convertirá a tus mejores amigos en tus peores enemigos. Pero, por amor a Jesús, debes ser valiente. Arriesgar reputación y afecto por causa de la verdad es un acto de tal naturaleza que, para practicarlo constantemente, necesitarás un grado de principio moral que solo el Espíritu de Dios puede producir en ti. No vuelvas, sin embargo, tu espalda como un cobarde, sino muéstrate valiente. Sigue recta y varonilmente en las pisadas de tu Señor, pues él anduvo antes que tú por este escabroso camino. Mejor es una guerra breve y un descanso eterno que una falsa paz y un tormento eterno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 373). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 33 | Apocalipsis 19 | Malaquías 1 | Juan 18

28 DICIEMBRE

2 Crónicas 33 | Apocalipsis 19 | Malaquías 1 | Juan 18

Apocalipsis 19 se divide en dos partes. En la primera, Juan oye el bullicio de una gran multitud en el cielo que exclamaba varias líneas de alabanza desenfrenada, a quien se le unen otros en unidad antifonal. La primera estrofa de adoración (19:1–3) alaba a Dios porque ha condenado a la gran prostituta (ver meditaciones del 26 y 27 de diciembre), demostrando así la verdad y la justicia de sus juicios (19:2). Esta estrofa provoca un coro: “¡Aleluya! El humo de ella sube por los siglos de los siglos” (19:3) y los ancianos alrededor del trono se unen en adoración y aprobación (19:4). Una voz desde el trono exhorta a todos los siervos de Dios a sumarse a la alabanza—“los que le teméis, así pequeños como grandes” (19:5) — y nuevamente Juan escucha a una multitud inmensa en el estruendo de la adoración. Ahora, el enfoque no es tanto en la justicia de Dios al condenar a la prostituta, sino más bien en la pura gloria del reinado de “nuestro Dios Todopoderoso” y en las inminentes “bodas del Cordero” (19:6–8).

La segunda parte del capítulo presenta a Jesús con categorías extremadamente simbólicas. Nuevamente, es importante recordar que el Apocalipsis mezcla sus metáforas. Aquel a quien, desde el capítulo 5 en adelante, se le conoce como el Cordero (designación que todavía es muy común en los capítulos 21–22) ahora se presenta como un guerrero montado en un caballo blanco. Este guerrero se llama “Fiel y Verdadero” (19:11), su nombre es “la Palabra de Dios” (19:13; comparar con Juan 1:1, 14) y su título es “Rey de reyes y Señor de señores” (19:16). Dirige a los ejércitos en el ataque final sobre las dos bestias (es decir, la bestia y el falso profeta) y sobre todos los que lleven su marca. Su arma es una espada afilada que sale de su boca: para ganar, sólo tiene que hablar. Es él quien “exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso” (19:15), lo cual nos remonta a la terrible imagen de 14:19–20.

En un sentido, el capítulo 19 no adelanta la trama del libro de Apocalipsis ni lo intenta. Ya se nos ha dicho que Dios destruye a la gran prostituta, que aquellos que tengan la marca de la bestia habrán de enfrentarse a la ira de Dios y todo lo demás. Lo que añade—y esto es vital—es el recordatorio enteramente saludable de que Dios tiene el control total, que es digno de ser alabado por su justo juicio sobre todo lo malo y que el agente que destruye toda la oposición al final es nada más y nada menos que Jesucristo. Más aún, esto se presenta, no sólo en el lenguaje espectacular apocalíptico, sino con la lengua gozosa de la alabanza entusiasmada. A los lectores, se nos invita implícitamente a unirnos, aunque en esta etapa sólo lo hagamos por fe y no por vista.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 362). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Por fin libre!

El Señor… me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos.

Isaías 61:1

¡Por fin libre!

Desde su infancia, Kevin tenía el sentimiento de ser prisionero. En un pequeño apartamento de un gran edificio anónimo, peleas y vejaciones destrozaron su familia. En la escuela no tenía amigos. Estaba excluido de todo. Tampoco tuvo la oportunidad de aprender un oficio… ¡Estaba solo!

Luego empezaron las ataduras con la droga. Estaba encerrado en una espiral de la cual no podía salir. Detenido por la policía, fue a parar a un centro penitenciario para menores. Allí sus compañeros de celda lo insultaron, lo humillaron… ¡Qué desesperación!

Un domingo fue al servicio religioso de la cárcel. La sala era alta y espaciosa, lo cual dio un poco de alivio a su oprimido corazón. El capellán habló de Jesús, quien vino al mundo para buscar a aquellos que estaban atormentados por su pasado, sus faltas, por aquellos que no tenían ninguna esperanza en la vida. Luego dijo: «Que el mundo le tome a usted por un vencedor o por un vencido, Jesús le ama y le libera del peso de sus pecados. La Biblia dice que Jesucristo le está escuchando ahora. Cuéntele su desesperación. Háblele de sus pecados. En la cruz, donde murió, sufrió en su lugar el castigo que usted merecía. Crea que Jesús le perdonará y le convertirá en un hijo de Dios».

Kevin tuvo una larga conversación con el capellán. Reconoció que Jesús era la persona a quien estaba buscando desde hacía mucho tiempo. Tuvo la impresión de que las paredes que lo encerraban desde su infancia empezaban a caer lentamente. Vio un rincón del cielo azul que estaba por encima de él: ¡Jesús lo amaba!

Zacarías 14 – Apocalipsis 20 – Salmo 148:1-8 – Proverbios 31:1-7

¿Cuál es nuestro objetivo?

DICIEMBRE, 27

¿Cuál es nuestro objetivo?

Devocional por John Piper

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24)

Cuando se levantan en la mañana y ven el día que tienen por delante, ¿qué se dicen a sí mismos acerca de lo que esperan en ese día? Cuando consideran desde el principio del día hasta el final del día, ¿qué es lo que desean que suceda porque ustedes han vivido ese día?

Si su respuesta es: «Ni siquiera lo pienso, solo me levanto y hago lo que tengo que hacer», entonces se están privando de un medio de gracia esencial y de una fuente de guía y fuerza y fructificación y gozo. En la Biblia está claramente expresado, inclusive en este texto, que Dios quiere que tengamos en la mira, a conciencia, algo significativo para nuestros días.

La voluntad revelada de Dios para ustedes, desde el momento en que se levantan en la mañana, es que no caminen por el día a la deriva, dejando que solo las meras circunstancias dicten lo que tienen que hacer, sino que apunten hacia algo —que pongan la mirada en cierto tipo de propósito—. Aquí me refiero a niños, y a adolescentes, y a adultos —sean solteros, casados, viudos, madres, y en todo tipo de oficio—.

Una vida sin rumbo es como una vida sin vida. Las hojas secas en el jardín de mi casa podrían moverse de un lugar a otro más que ninguna otra cosa —más que el perro y más que los niños—. Si el viento sopla para un lado, las hojas van para ese lado. Si el viento sopla para el otro lado, las hojas van para el otro lado. Dan vueltas, se levantan, caen, se amontonan contra un cerco, pero no tienen dirección de ningún tipo. Están llenas de movimiento, pero carentes de vida.

Dios no creó a los seres humanos a su imagen para que anduvieran sin rumbo, como hojas secas que vuelan por el patio de la vida. Él nos creó para que tengamos un propósito, algo en qué enfocarnos, un objetivo en todos nuestros días. ¿Cuál es el de ustedes hoy?


Devocional tomado del sermón “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor”

 

«Y el SEÑOR te guiará continuamente».

27 de diciembre

«Y el SEÑOR te guiará continuamente».

Isaías 58:11 (LBLA)

«El Señor te guiará». No te guiará un ángel, sino el Señor. El Señor había dicho que él no atravesaría el desierto al frente de su pueblo, sino que enviaría un ángel para que los guiara en el camino. Moisés respondió: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí» (Éx. 33:15). Cristiano, Dios no te ha dejado bajo el cuidado de un ángel en tu peregrinación, sino que él mismo va en cabeza. Quizá no veas la columna de nube ni la columna de fuego; pero, a pesar de ello, el Señor nunca te abandonará. Observa la construcción afirmativa del versículo: «El Señor te guiará». ¡Qué cierto es que Dios no va a abandonarnos! Sus preciosas promesas son mejores que los juramentos de los hombres: «No te desampararé ni te dejaré». Observa, también, el adverbio «continuamente». No tenemos que ser guiados simplemente algunas veces, sino que necesitamos contar con un instructor permanente. Tampoco hemos de confiarnos de vez en cuando en nuestra capacidad y así vagar de un lado para otro, sino que debemos oír en todo momento la voz rectora del Gran Pastor. Si seguimos de cerca sus pasos, no erraremos, sino que se nos guiará por un camino recto hacia una ciudad habitable. Si tienes que cambiar de posición en la vida; si necesitas emigrar a costas distantes; si, por casualidad, caes en la pobreza o te elevas de repente a una posición más alta que la que ahora ocupas; si te ves colocado en medio de extranjeros o echado entre tus enemigos, no tiembles, pues «el Señor te guiará continuamente». No hay dilemas de que no vayas a ser librado si vives cerca de Dios y tu corazón arde con un amor santo. No anda mal el que anda en compañía de Dios. Camina tú con Dios, como hizo Enoc, y no errarás el camino. Cuentas, para dirigirte, con una sabiduría infalible; para alentarte, con un amor inmutable; y para defenderte, con un poder eterno. «El Señor —observa esta palabra— te guiará continuamente».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 372–373). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 32 | Apocalipsis 18 | Zacarías 14 | Juan 17

27 DICIEMBRE

2 Crónicas 32 | Apocalipsis 18 | Zacarías 14 | Juan 17

Si Apocalipsis 17 expone las abominaciones de “Babilonia”, Apocalipsis 18 anuncia su inminente destrucción. Gran parte del lenguaje surge de pasajes del Antiguo Testamento que predicen la destrucción de la Babilonia histórica o de alguna otra ciudad pagana que se caracterizara por la corrupción, violencia e idolatría.

Lee el capítulo otra vez, lentamente, y reflexiona. Vale la pena recordar que, si bien Roma se enfrentó a varios contratiempos durante los trescientos años siguientes, la ciudad no fue completamente saqueada por los bárbaros del norte hasta la época de Agustín. Así que mucha de la descripción de este capítulo se cumplió de manera muy brutal y literal. Pero, para ese entonces, el cristianismo ya se había convertido en la religión del Estado y a muchos cristianos, por tanto, les costó aceptar el saqueo y explicarlo.

Fue Agustín quien escribió un libro enmarcando el saqueo de Roma en un contexto teológico que ayudó a los cristianos a entenderlo todo. Su volumen Ciudad de Dios retrata dos ciudades: la de Dios y la del hombre. (Ver la meditación del 9 de enero.) Estas categorías se convirtieron para él en la tipología principal, no sólo para su repaso veloz de la historia bíblica, sino para su análisis del bien y el mal dentro de la historia. Es una obra maestra y merece una lectura cuidadosa aun hoy día.

Sobre todo, Agustín nos advierte en contra de asociar demasiado la iglesia y el evangelio con las ciudades y reinos de este mundo, ciudades que son todas temporales y destinadas a la destrucción, que han cedido sin esperanza. Como contraste, los cristianos deberían identificarse con la nueva Jerusalén, la ciudad del gran Rey, la Jerusalén que viene de arriba, cuyo edificador y hacedor es Dios.

Evaluar correctamente estos asuntos nunca es fácil ni sencillo. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados, ni os alcance ninguna de sus plagas” (18:4). En el contexto del libro de Apocalipsis, esto es una exhortación convincente a no alinearse con ninguna de las riquezas que corroen y los valores pervertidos de Babilonia. Uno debe “salir” y abandonar esta ciudad maldita que está bajo el juicio del Dios Todopoderoso. Pero estas palabras se han usado para justificar separaciones de segundo y tercer grado, como si eso fuera lo que Apocalipsis enseña. Mientras algunos disfrutan tanto de Babilonia, que acaban siendo destruidos junto con ella, otros esperan construir sus propios centros, totalmente alejados de la influencia corruptora de Babilonia. No se dan cuenta de que, hasta que Jesús regrese, el pueblo de Dios estará constantemente atraído en direcciones diferentes por la ciudad de Dios y por la ciudad de los rebeldes portadores de la imagen de Dios. Nuestra esperanza máxima está en Dios mismo, quien no sólo introduce la nueva Jerusalén (Apocalipsis 21–22), sino que acaba con esta “madre de las prostitutas” en su propio juicio soberano.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 361). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Mirad qué amor!

Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:8-10

¡Mirad qué amor!

¿Ha reflexionado alguna vez en el amor que Dios le ha manifestado? La Biblia revela este amor sin igual. “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Solo Dios puede amar de esta manera. El amor humano bien puede manifestarse hacia una persona digna de ser amada, pero el amor divino engloba de una forma unilateral a seres que le daban la espalda, pecadores, sus enemigos. Se manifestó hacia personas detestables, que se odiaban unas a otras (Tito 3:3). Dios dio a su Hijo unigénito y muy amado por estos hombres. “No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). Este sacrificio era indispensable para nuestra salvación, y Dios lo consintió por amor.

Solo Jesucristo podía expiar nuestros pecados, y lo hizo una vez para siempre. Ahora ofrece su perdón a todo aquel que cree. Además conduce al creyente a tener una relación de intimidad con Dios, la de un hijo con su Padre. Por ello el apóstol Juan puede exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

El creyente aprende a conocer un amor así, inmenso privilegio en medio de un mundo tan duro. ¿No quiere usted experimentar tal amor? Lea la Biblia, en ella hallará a Jesús, quien revela plenamente ese amor infinito.

Zacarías 12-13 – Apocalipsis 19:11-21 – Salmo 147:12-20 – Proverbios 30:32-33