Un olor fragante

Domingo 6 Mayo

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Efesios 5:2

Estoy lleno, habiendo recibido… lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

Filipenses 4:18

Un olor fragante

Sin duda usted habrá notado la expresión repetida en los dos versículos de hoy: “olor fragante”.

En el primero, este “olor fragante” es atribuido al sacrificio que nuestro Señor Jesucristo llevó a cabo en la cruz del Gólgota. Había consagrado toda su vida a la gloria de Dios, pero eso no había sido suficiente para salvarnos; fue necesario que diese su vida para quitar nuestros pecados. Había recibido este mandamiento de su Padre (Juan 10:18), y fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8). “Cristo… se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Hebreos 9:14). Esta obediencia y consagración absolutas son una fuente de satisfacción eterna para Dios.

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, empleó la misma expresión para caracterizar una ofrenda que había recibido de los cristianos de la ciudad de Filipo, en Macedonia. Obviamente, esta ayuda material era útil y reconfortaba a Pablo, prisionero en aquel momento, pero el apóstol precisa que ese donativo era para Dios un sacrificio en olor fragante.

Nuestro Dios está verdaderamente lleno de gracia y cuidados hacia sus hijos. El gesto más modesto que hagamos para él recibe el mismo calificativo que el sacrificio supremo cumplido por su Hijo. Esto debería animarnos a perseverar en las buenas obras, a ser generosos. “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:16).

Isaías 50 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

5 MAYO

Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

La primera sección de Isaías 2 (vv. 1–5) mira simultáneamente al pasado y al futuro. La primera línea recuerda al lector el primer versículo del libro. Cuando se leen conjuntamente las dos introducciones, 1:1 y 2:1, se nos ofrece una visión global del mismo, gran parte del cual se centra en los días de Uzías y de los demás reyes mencionados en 1:1. Sin embargo, esta es tan exhaustiva que incluye “los últimos días” (2:2). Trata de Judá y Jerusalén, pero anuncia a la Sion que está por venir.

Estos primeros versículos también tienen relación con las bendiciones prometidas en los versículos finales del capítulo 1. Ahora, sin embargo, la visión es abiertamente escatológica. Un monte santo, el del Señor, reinará de forma suprema. Esta visión es exclusiva en un sentido, y global en otro, ya que “hacia él confluirán todas las naciones” y “muchos pueblos” dirán: “¡Venid, subamos al monte del Señor!” (2:2, 3). Isaías describe la paz universal en términos que se han vuelto proverbiales (2:4). Aunque denuncia rotundamente la injusticia de su época, nunca pierde de vista el hecho de que nuestra esperanza definitiva no es una reforma política sino la intervención final de Dios.

Estos primeros versículos también apuntan al futuro. Antes de los “últimos días” de 2:2–5, el Señor tiene preparado otro “día” (2:6–22, especialmente 2:12). El profeta sabe que el juicio es inminente, porque lo que está ocurriendo en la nación significa que en cierta medida Dios ya ha abandonado a su pueblo (2:6). Los israelitas han adoptado supersticiones religiosas de Oriente y practican ahora la adivinación como los filisteos (que vivían al oeste). En otras palabras, buscan la idolatría allá donde pueden encontrarla. Las bendiciones materiales los han vuelto insoportablemente arrogantes (2:7–9). Sin embargo, cuando caiga el juicio, los “ojos del altivo serán humillados y la arrogancia humana será doblegada. ¡En aquel día sólo el Señor será exaltado!” (2:11). Algunos se esconderán entre rocas y cuevas, huyendo de los invasores que Dios ha enviado sobre ellos (2:10, 19–21; compárese Apocalipsis 6:12–17). Cuando Dios “se levante” en “el esplendor de su majestad” (2:21), no habrá dónde esconderse.

¿Cuánto tiempo más estará gran parte de la iglesia en Occidente bajo un juicio parecido? “Su tierra está llena de oro y plata, y sus tesoros son incalculables” (2:7). No somos un pueblo caracterizado por una gran humildad y celo por la gloria del Señor. La solución es la misma que en la época de Isaías: “¡Dejad de confiar en el hombre, que es muy poco lo que vale! ¡Su vida es un soplo nada más!” (2:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 125). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un hombre insensato

Sábado 5 Mayo

 No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo.

Proverbios 23:4-5

Un hombre insensato

Algunas parábolas (10): Lucas 12:13-21

Resumen: Un hombre se había enriquecido. Quiso construir nuevos graneros para sus cosechas. Y dijo a su alma: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”.

Significado: Existen dos maneras de ser rico: como este hombre insensato, podemos ser ricos en bienes terrenales acumulados egoístamente. Pero también podemos ser enriquecidos por Dios mismo; no por nuestros propios méritos, sino recibiendo lo que Dios mismo nos da: su justicia, su perdón, una conciencia tranquila y una esperanza eterna.

Aplicación: El Señor refirió esta parábola porque alguien le había hecho una pregunta con respecto a la herencia. Él aprovechó para poner al descubierto la raíz del desacuerdo: la avaricia y el deseo de tener cada vez más. “Raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10). Hay algo mucho más importante que acumular bienes para el corto tiempo de nuestro paso por la tierra. ¡Pensemos en nuestra alma, y entonces nos ocuparemos de cosas a largo plazo! ¿Tenemos la vida eterna? Dios califica de insensato a aquel que no se preocupa por ella.

La verdadera previsión consiste en depositar nuestra confianza en Dios. Él conoce nuestras necesidades diarias: “Vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas” (Lucas 12:30). Pongamos sus intereses en primer lugar, y él se ocupará de nuestras preocupaciones diarias.

Isaías 49 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

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La debida justicia

La debida justicia

5/4/2018

No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo. (Filipenses 3:9)

Conocer a Jesucristo es tener su justicia, su santidad y su virtud imputadas a nosotros, lo que nos hace justos delante de Dios.

En los primeros años de su vida, el apóstol Pablo trató de alcanzar la salvación por el apego estricto a la ley. Pero cuando fue confrontado por la admirable realidad de Cristo, estuvo dispuesto a cambiar toda su justicia propia y moralidad externa, buenas obras y ceremoniales religiosos por la justicia concedida a él mediante la fe en Cristo. Pablo estuvo dispuesto a perder la débil y descolorida vestidura de su reputación si podía ganar el espléndido e incorruptible manto de la justicia de Cristo.

Ese es el mayor de todos los beneficios porque garantiza nuestra posición delante de Dios. Es el don de Dios para el pecador el apropiarse por fe de la obra perfecta de Cristo, que satisface la justicia de Dios.

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Números 11 | Salmo 48 | Isaías 1 | Hebreos 9

4 MAYO

Números 11 | Salmo 48 | Isaías 1 | Hebreos 9

El primer versículo de Isaías 1 presenta el gran alcance del libro. Anuncia una visión de Isaías, que tiene lugar a lo largo del reinado de los cuatro reyes de Judá desde Uzías en adelante.

La primera sección (1:2–9) expone la profundidad de la caída de la nación. Dios mismo levantó a Israel (1:2) y, de hecho, crió a los israelitas como hijos. Estos se rebelaron contra él. Un buey o un asno conocen mejor su verdadero hogar que Israel el suyo. Se invita a los cielos y la tierra a escuchar la reprensión (1:2), como medida de la intensidad de la rebelión y porque hay un sentido en el que el bienestar de todo el universo depende de si el pueblo de Dios obedece o desobedece su palabra. La descripción de la devastación de la tierra (1:5–9) no es metafórica: probablemente, se está describiendo la sangrienta carnicería que acompañó a la invasión de Judá por parte de los ejércitos asirios de Senaquerib (701 a.C.), un anticipo del juicio venidero.

Desde aquí hasta el final del capítulo, la atención se centra en tres movimientos:

(1) Israel es reprobado por su adoración corrupta e hipócrita (1:10–17). Dios se dirige a su pueblo con gran sarcasmo, llamándolo Sodoma y Gomorra. Mantienen el sistema de sacrificios estipulado y los días de fiesta, pero Dios declara que no soporta que le ofendan con su adoración (1:13); la odia (1:14). Ni siquiera escuchará a su pueblo cuando este ore (1:15), porque la opresión a los débiles y la corrupción de la administración ha alcanzado tales proporciones que debe actuar de acuerdo al pacto de Sinaí (Deuteronomio 21:18–21). Ya no puede ignorar más estas violaciones.

(2) Sin embargo, Dios sigue invitando a Israel al perdón y la purificación: “Venid, pongamos las cosas en claro”, dice el SEÑOR. “¿Son vuestros pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” (1:18–20). Lo que da lugar al perdón no es la observancia de los rituales, sino el arrepentimiento: “¿Estáis dispuestos a obedecer? ¡Comeréis lo mejor de la tierra!” (1:19). La alternativa es el juicio (1:20). Más adelante en el libro, se explica la base de este perdón; el juicio devastador de opresión y exilio no era necesario, pero preferimos con demasiada frecuencia el pecado a la salvación, la avaricia a la gracia.

(3) No obstante, un día, Sion (que representa al pueblo de Dios) “será redimida con justicia, y con rectitud, los que se arrepientan” (1:27). No existe una redención final que ignore a la justicia; los que no se arrepienten solo pueden esperar juicio (1:28, 31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 124). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un tesoro bajo las cenizas

Viernes 4 Mayo

 ¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo… con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa.

Eclesiastés 2:22-23

A mí… me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.

Efesios 3:8

Un tesoro bajo las cenizas

Al excavar en los alrededores de Pompeya, ciudad de Italia sepultada bajo las cenizas del Vesubio en el año 79, unos obreros sacaron el cadáver fosilizado de una mujer que tenía las dos manos llenas de joyas: pulseras, collares, anillos y un magnífico par de pendientes. Nos imaginamos a esta mujer, al ver que el peligro se acercaba, corriendo para salvar lo más valioso que tenía, y finalmente atrapada por la lluvia de cenizas.

¡Ejemplo impresionante de como aún hoy muchos se aferran a sus bienes materiales! ¿Sabía usted que Dios nos ofrece riquezas seguras, adquiridas y conservadas para nosotros por Jesucristo, quien está en el cielo? ¿Posee usted la vida eterna, y con ella el gozo y la paz? ¡Jesucristo los da al que sencillamente cree en él!

¿Sabe que el juicio caerá sobre la tierra como las cenizas del volcán? Desde hace dos mil años el libro del Apocalipsis, escrito en la época de la erupción del Vesubio, anuncia estos juicios que caerán sobre el mundo. “Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira del Señor” (Sofonías 1:18). Escuchemos lo que Jesús dice en el último libro de la Biblia: “Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17). Y usted, ¿ha hecho caso de estas riquezas? ¡Recíbalas mediante la fe en Jesús, quien las ofrece gratuitamente!

Isaías 48 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Comunión íntima

Comunión íntima

5/3/2018

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. (Juan 10:27

El apóstol Pablo enseñó a los efesios que una de las funciones de la iglesia es preparar a las personas en el “conocimiento del Hijo de Dios” (4:13). Aquí la palabra conocimiento se refiere al conocimiento pleno, correcto y preciso. Ese es el conocimiento del que Jesús habló en el versículo de hoy. No se refería al simple conocimiento de sus identidades, sino a conocerlos íntimamente, y esa es la manera en la que Él quiere que las personas lo conozcan.

El deseo de Pablo es que todos los creyentes desarrollen ese profundo conocimiento de Cristo al establecer una relación con Él mediante la oración y el fiel estudio de la Palabra de Dios y la obediencia a ella. El crecer en ese mayor conocimiento de Cristo es un proceso de toda la vida que no terminará hasta que veamos al Señor cara a cara.

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Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

3 MAYO

Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

Cantares 7:9b–8:4 representa la consumación renovada. El libro describe varios ciclos de distanciamiento, búsqueda y consumación. Sin embargo, en los versículos finales (Cantares 8:5–14), estos ya no se ven más. Todos los personajes, la mujer (la amada), su amante, las doncellas de Jerusalén, el rey Salomón, la madre, los hermanos, reaparecen cuando el gozo y el compromiso de los enamorados se reafirman.

Las “amigas”, aparentemente las doncellas de Jerusalén, preguntan: “¿Quién es esta que sube por el desierto apoyada sobre el hombro de su amado?” (8:5a). No viene “apoyada” porque se encuentre débil o enferma. Este término indica intimidad. Probablemente, se esté recordando el tema de la chica de campo que se convierte en la novia feliz.

Los pronombres hebreos muestran que, en la segunda mitad del versículo 5, es la propia novia, la amada, la que habla dirigiéndose a su amante. No conozco una explicación totalmente satisfactoria de 8:5b. Quizás la mujer está mirando al pasado, a su primer encuentro con el que acabaría siendo su amante, que tal vez tuvo lugar en el mismo momento en que su madre lo concibió y llevó en su vientre. De ser así, se está indicando algún tipo de vínculo familiar, una relación intergeneracional. Las parejas pueden pensar que son los primeros en enamorarse, pero esta mujer es suficientemente inteligente para comprender la cohesión del amor humano y la vida. Para ella, “fuerte es el amor, como la muerte” (8:6). Cuando la muerte llama, nadie puede pararla; cuando llama el amor, ocurre lo mismo. En este contexto, “la pasión” (8:6) no es un monstruo, sino una declaración exaltada y justa de posesión (como en Éxodo 20:5). El amor auténtico no puede apagarse ni comprarse (8:7).

Los comentaristas debaten acerca de quién está hablando en 8:8–9, pero parece que pueden ser los hermanos (cp. 1:6). La “hermana pequeña” que mencionan puede ser la propia amada, a la que aún no consideran preparada para el matrimonio y a los que ella contesta de forma contundente; o más probablemente, una hermana menor de esta que no es madura sexualmente. El sentido de su comentario es doble: menciona a otra generación próxima que se enamorará, repitiendo el ciclo de nuevo, y sirve de contraste con la madurez y el deleite de la amada en la relación consumada con su amante.

Si el significado metafórico de la “viña” persiste (8:11–12; cp. 2:15), la amada indica que Salomón puede tener una gran harén, pero la única que puede entregar la “viña” de la amada es ella misma. Él no puede comprar su amor, ni para él (las mil monedas), ni para otros (las doscientas, el porcentaje del beneficio de una viña compartida por los labradores); ella lo da. Los últimos versículos repiten el tema del amor consumado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 123). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡No podía saberlo!

Jueves 3 Mayo

 ¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4:14

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Hebreos 4:7

¡No podía saberlo!

El año pasado tuve en mi clase de último curso de estudios secundarios un alumno poco aplicado. Estaba muy seguro de sí mismo y siempre esperaba el último momento para ponerse a trabajar. Dos meses antes de presentar los exámenes finales tuvo un accidente automovilístico grave. Tuvo que permanecer varias semanas en el hospital y no aprobó los exámenes. Este año volví a tenerlo en clase y me dijo: «Es normal, no pude estudiar, no tuve suerte; ¡no podía saberlo!».

Es cierto, no podía saberlo; nadie puede saber qué le sucederá mañana. Precisamente por eso debemos prepararnos, reflexionar a largo plazo, ver más allá de nuestra vida terrenal, que puede interrumpirse en cualquier momento. La pregunta es demasiado seria para no pensar en ella. ¿Dónde pasaremos la eternidad si nuestra vida se trunca brutalmente? ¿Estamos listos para encontrarnos con Dios?

Satanás no es un mito, sino un poder espiritual real, y trata de llevarnos con él al infierno. Para ello emplea diversas estrategias, en particular distrae nuestra atención y nos agobia mediante toda clase de medios. ¡No nos dejemos engañar por él! Tomemos el tiempo de escuchar hoy la voz de Dios que nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados y a aceptar su perdón mediante la fe en Jesucristo. ¿Tendremos nuevamente la oportunidad de hacerlo?

“Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12).

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

Isaías 46-47 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Nos lleva en triunfo

Nos lleva en triunfo

5/2/2018

A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. (2 Corintios 2:14)

Hay muchas posibilidades que surgen del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. Dios pudiera usar el sufrimiento de usted para guiar a alguien a Cristo. Pudiera usarlo para ayudarlo a triunfar sobre la persecución demoníaca, o pudiera hacer que otros vean la actitud de usted ante la persecución y reaccionen de la misma manera.

Cualquiera que sea el triunfo de su sufrimiento, puede estar seguro de una cosa: Si usted sufre por el nombre de Cristo, Dios lo levantará y exaltará a su presencia misma. Cristo siempre nos hará triunfar aunque suframos injustamente. No menosprecie la potencialidad del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. ¡Así que soporte cualquier sufrimiento que se le presente teniendo en cuenta su triunfo venidero en Cristo!

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